Crisis militar entre Chile y Argentina

Historia de América contemporánea. Cita en Mendoza: Plumerillo. Puerto Montt: Tepual. Orígenes. Planes. Preparativos militares. Acuerdo de Montevideo. Posturas. Batallas. Combates

  • Enviado por: Terrin
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 26 páginas
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TRABAJO SOBRE EL CONFLICTO MILITAR ENTRE CHILE Y ARGENTINA EN 1978

INDICE

INTRODUCCION 3

EL INICIO DE LA CRISIS 4

DOS CITAS CUMBRES 5

CITA EN MENDOZA: PLUMERILLO 5

CITA EN PUERTO MONTT: EL TEPUAL 7

APRESTOS ARGENTINOS 8

PLANES Y PREPARATIVOS MILITARES 10

LOS PLANES ARGENTINOS 10

PRESUNTA REACCIÓN CHILENA 11

PREPARATIVOS CHILENOS 11

PERU ADOPTA UNA NUEVA POSTURA 14

LOS ULTIMOS INTENTOS 15

LOS DIAS Y HORAS TENSOS 15

LA ACTITUD PERUANA 17

EL DIA D Y EL DIA H 18

ACUERDO DE MONTEVIDEO 22

CONCLUSION 25

BIBLIOGRAFIA 26

INTRODUCCION

De principio no es de extrañar que las relaciones chileno-argentinas no sean de lo mejor por lo que cuenta la historia de ambos países. Nos han precedido épocas en las cuales éstos países son matizados con el nombre de antagónicos pero, fuera de aquel ambiente, no debe dejar de ser meritorio que un marco de relaciones bilaterales para un fin no muy lejano, principie en que las perspectivas de uno u otro bando han de ser encauzadas fuera de los intereses particulares de cada país y en vez de aquello, guiado a relaciones de buena sociabilidad, que en última instancia concluyen en un ambiente próspero para el desarrollo de ambos conglomerados, para lo cual aquel ideal debe ser que se comprenda una diferenciación clara de lo que son los aspectos políticos y lo que es un resentimiento opresivo, que permanece oculto bajo ideales de unificación y amor cívico.

Esa ironía de ambos países, que de una u otra forma lleva a congraciar tratados de diversa índole, rotos en momentos de una situación externa o interna fluctuante, debe ser dejado de lado no para llegar a utopías sino para enfrentar la realidad de aquellos países de la mejor forma posible.

La paradoja del valor parece ser una realidad- a la cual nos veremos expuestos, porque de buena forma la influencia de un patriotismo exacerbado nos puede guiar a influencias ideológicas que están fuera de todo orden en un trabajo de índole histórico. Pero siendo nuestros preconceptos la lucha a llevar, se tratará de la forma más neutral posible, consultando y verificando las fuentes de las cuales emanará una opinión, certificada posteriormente por medio de parámetros aliados a un positivismo férreo.

Ya que el motivo que mueve al trabajo es la crisis de los años antes mencionados; no por ello el trabajo se limitará a precisar los acontecimientos posteriores a sucedida la crisis, sino que ha de manejar de la mejor forma posible los acontecimientos anteriores, procediendo por medio de una consulta histórica para concluir en el aspecto que lleva el título del trabajo.

Con todo lo anteriormente dicho, esperamos que aquellas metas propuestas sean vistas de forma clara en lo que expondremos.

1.- EL INICIO DE LA CRISIS

Todo comenzó a partir del fallo de la reina de Inglaterra, el 2 de Mayo de 1977, el fallo arbitral declaraba que el verdadero curso del Canal Beagle era poniente-oriente, las islas (Lennox, Picton y Nueva y los roqueríos e islotes anexos) serían chilenas por hallarse situada al sur del Beagle, aplicando el Tratado de 1881. Se otorgaban 6 meses de plazo para cumplir lo fallado.

Argentina guardó ominoso silencio. El 5 de mayo, llegaba el enviado de la Junta Militar trasandina: el Almirante Julio Torti; quien invitaba al General y en ese tiempo, Presidente de la República de Chile, don Augusto Pinochet a conversar y negociar directamente. La Cancillería de Chile presionaba porque todo se llevara jurídicamente. Si se fracasaba en las negociaciones directas el plan chileno era lograr que se acudiera a la Corte Internacional de Justicia en la Haya.

En ese mismo mes, los argentinos instalaron una baliza en la isla Barnevelt. Por este y otros incidentes, José Toribio Merino dispuso que se devolvería con acciones bélicas cualquier otra acción que significara una nueva violación a la soberanía de Chile.

Consciente que si se iba a ello, se ratificaría el Laudo, los argentinos, con el Presidente Videla a la cabeza, optarían por presionar en las negociaciones o por las armas. En esto, mientras Chile se mantenía sólo, Argentina estaría cerca de la URSS, ya que en definitiva ésta última recibiría al General Viola y le ofrecería apoyo militar y condecoraría al mismo general.

En las conversaciones, Chile iba representado por el antiguo jurista Julio Phillipi y los argentinos con el General Osiris Villegas. Las dos rondas de conversaciones que se desarrollaron entre julio y septiembre de 1977, fueron un fracaso. Más tarde sería el fracaso de Carvajal y del canciller argentino Oscar Montes en diciembre de 1977, tras dos reuniones de trabajo, lo que demostrará la pauta en las negociaciones entre ambos países. La raíz del problema era que los argentinos deseaban cambiar el fallo respecto de las islas Picton, Nueva y Lennox quedando de manifiesto que los argentinos estimaban a la guerra como última ratio, pero viable en todo caso.

Se dictó el decreto que se refería a las Líneas de Base Recta y se nombró Alcalde de Mar, actitud chilena legítima pero apresurada (por presiones de la Armada), lo que hizo surgir nuevas protestas y que el General Pinochet acentuara el mando sobre las unidades, que quedaron ahora en máxima alerta.

Para el 5 de diciembre el almirante Torti estaba de vuelta con una propuesta, que versaba en firmar un tratado complementario al de 1881, que alteraba su sentido de fondo, por lo que asignaría las islas a los argentinos.

2.- DOS CITAS CUMBRES

2.1.- Cita en Mendoza: Plumerillo

La cita en Mendoza se acordó con dos visitas o instancias: La de Contreras, el 9 de Enero de 1978, que, en su versión se llegó a la idea de la “cita cumbre”. Allí se encontró con el embajador René  Rojas Galdames quien se sintió pasado a llevar. También se presentó otro enviado: el general Agustín Toro Dávila y consecuencia de ello se citaron en Plumerillo.

El jueves 19 de Enero de 1978 se reúnen en la base aérea de Plumerillo Pinochet y Videla, en la ciudad de Mendoza; le acompañarían dentro del espacio aéreo argentino, seis aviones pintados de camuflaje, tras los saludos protocolares y con altas temperaturas, los mandatarios se reunieron a puertas cerradas por casi 13 horas (8 según Vial Correa), separadas por un almuerzo (palmitos, mariscos y champiñones con carne).

La reunión se hace sin asesores diplomáticos, los que se encuentran en otro lugar, y que se encontraban en contacto con Pinochet a través del Coronel Ernesto Videla.

Reunidos en el despacho del jefe de la Base Aérea Militar, la versión argentina menciona que Pinochet presentó el reclamo frente a la actitud de desconocimiento del Laudo, lo que fue apenas observado por Videla. Pinochet, insistiendo en la idea de la paz, que para eso ellos estaban ahí, hasta que en determinado momento tomó del escritorio que los separaba un papel borrador, se puso de pie y se dirigió a la pared donde estaba un mapa de la zona en disputa….Pinochet hizo un croquis a mano alzada y regresó al escritorio. Mostrando el dibujo, le preguntó a Videla: ¿Qué le parece una cosa así?…. en el dibujo había una línea vertical norte-sur que partía por el medio las islas Evout y Barnevelt….Videla contestó que como base le parecía bien, pero la línea debiera empezar en Nueva, partiéndola en dos, y terminar en Hornos, partiéndolo también. Pinochet le detuvo con un gesto y agregando que debía dejar todo así como en un principio, sin avanzar más. Hizo un calco con el dibujo, y cada uno firmó el ejemplar con que el otro se quedó.

El encuentro sería un fracaso a medias, en el que se acordaron 3 fases sucesivas: negociaciones (45 días); temas de fondo (180 días) y formalización de los textos y firma. Argentina sacaba del ámbito jurídico el problema y entraba a negociaciones directas con Chile.

Una de las señales que se daban para estimarla fracasada era que no pudo firmarse acta alguna, pues un representante de la Armada las objetaba: debían decir que Chile retiraba sus tropas de las islas o que Argentina debía situar las suyas ahí, conjuntamente. Pinochet la rechazó destempladamente y con ira la idea.

El Laudo Arbitral fue rechazado oficialmente por los argentinos el 25 de enero de 1978, en una nota desordenada y con faltas de ortografía fue informado en la Embajada, René Rojas Galdames del rechazo argentino y que se declaraba “insanablemente nulo” el Laudo, por el Canciller Montes.

Cuando Cubillos llegó al mando de la cancillería en abril de ese año, abrió las puertas a los hombres de la cancillería. Se hizo asesorar de un grupo de embajadores, sin importarle tendencias políticas.

Uno de los problemas graves era la actitud de desconfianza endémica de Pinochet frente a los funcionarios que no pensaran igual que él, como el caso de Enrique Berstein, quien integró la delegación chilena que fue a Buenos Aires, vetado la principio por ser DC, más al final Pinochet aceptó su asistencia.

2.2.- Cita en Puerto Montt: El Tepual

Esto llevó a un nuevo encuentro en El Tepual, en Puerto Montt, mientras que el presidente Videla llegaba en el Tango 02, elaborando de antemano un documento a través de las diversas negociaciones. La idea apoyada en el papelito dibujado por Pinochet se fue a pique y sería el propio presidente Pinochet quien le diría a su par argentino que el dibujo hecho por él debía romperlo, porque no se lo aceptaron.

A la hora de almuerzo los aviones de la FACH carretearon por la pista del aeropuerto, provocando las normas de rigor.

Como nota particular de la cita el discurso de despedida del presidente Videla, el presidente Pinochet leyó un discurso preparado por un jurista (las versiones argentinas responsabilizan a Julio Phillipi) en la que se sostenía:

1) respeto integral del Tratado de 1881;

2) Delimitar los espacios marítimos conforme a los mismos instrumentos y a las normas de Derecho Internacional y

3) en caso de desacuerdo, aplicar el Tratado de Solución de controversia.

Para atender a la crisis, el Comité Asesor Político Estratégico CAPE, se reunía todas las mañanas en el Diego Portales, donde intentaba coordinar a militares y civiles. Ronald MacIntyre era el representante de la Armada en este punto. Las reuniones del canciller Cubillos con su propio comité asesor continuaron en las oficinas de La Moneda.

Para apoyar las posiciones chilenas, funcionarios de la Cancillería se reuniría en diversas naciones. Enrique Berstein y Patricio Pozo viajaron en septiembre de 1978 en secreto a Brasilia, solicitando al canciller de ese país Azeredo da Silveira que alertara al gobierno norteamericano en su siguiente viaje a Washington. Pedido su pronunciamiento acerca de la actitud que podía tomar la Cancillería brasileña, Berstein se inclinó porque, aprovechando su viaje a Washington interpusiera sus buenos oficios. Así sucedió con el viaje.

Al mismo tiempo se pidió ayuda a Alemania, Inglaterra y España.

Cubillos se reuniría con los Papas Juan Pablo I y II, pidiendo su intervención, conversando en esa ocasión con Agostino Casaroli, secretario de Estado de la Santa Sede. Esas maniobras resultaron, el Secretario de estado Cyrus Vance se mostró preocupado igual que el Papado.

En octubre se desarrolló una reunión secreta en el piso 22 del edificio Diego Portales, donde el embajador Landau se reuniría con el Presidente, trayendo un mensaje de Jimmy Carter, en el que pedía que imperara la paz. Para el embajador norteamericano en Buenos Aires la guerra era un hecho consumado.

Landau asistía a reuniones en la casa del ex canciller Germán Vergara Donoso, a los almuerzos asistían Julio Phillipi, Helmut Brunner y Enrique Berstein, Santiago Benadava y el hombre del contacto con el Gobierno, el Coronel Ernesto Videla. Se esperaba a cambio de las invitaciones el apoyo moral norteamericano.

A principios de octubre Landau informaba al Departamento de Estado que era imposible negociar con la Argentina ya que si el presidente Videla aceptaba un trato, la Junta de Generales lo desautorizaba,eran informes cada vez más negativos. Desde la oficina de Pastora, severo crítico de la política de Derechos Humanos se empezó a tratar la idea de recurrir al Vaticano, pero chocó con la muerte de Juan Pablo I, y después con una gran confusión en Roma por tener un Papa polaco.

En el Vaticano, el embajador Robert Wagner se acercó al Papa Juan Pablo II para que actuara como mediador.

Aprestos argentinos

El Almirante Massera supervisaría las maniobras de su flota, de la Aviación Naval y de la Infantería de Marina. Como los argentinos estimaban que las conversaciones no habían fracasado no tenían porque ir a la Corte Internacional de La Haya. La postura chilena era la inversa.

La campaña sicológica en Argentina pronto comenzaría con oscurecimientos en San Juan, Neuquén, y Buenos Aires. Aviones Boeing 707 y los recientemente adquiridos 747 viajaban llevando tropas, hacia el sur (símil de LAN, LADECO y la FACH); los hospitales eran repintados y señalizados.

Desde la provincia de Buenos Aires se desplazan hacia la frontera el Primer Cuerpo de Ejército, integrado por la Brigada de Caballería Blindada I y la Brigada de Infantería X.

Mientras el Cuerpo de Ejército II, al mando de Leopoldo Fortunato Galtieri con la Brigada de Caballería Blindada II y la Brigada de Infantería VII.

Se trasladó al mismo tiempo el Grupo de Artillería de Defensa Aérea 601 junto a la brigada de Infantería de Montaña IX. Más al sur se destacó el regimiento de infantería Nº 24.

Como podemos apreciar, el contingente argentino se desplazaba de una manera abierta y segura hacia sus puestos de batalla, lo que evidenciaba la clara intención trasandina de llegar una guerra.

En Chile, en virtud del embargo derivado de la Enmienda Kennedy de febrero de 1976, y con el mercado europeo cerrado, no podía adquirir armamento bélico; no así para los vecinos trasandinos que adquirirían cazacarros Kurasier de Austria y aviones de guerra

A esas fechas los informes de inteligencia chilenos y norteamericanos fijaban el día de invasión el 21 de diciembre, evidencia de ello eran fotos satelitales del sector al norte del paso Puyehue, cuando los tanques y vehículos argentinos empezaban a movilizarse.

El general Pinochet guardaba en un cajón de su escritorio la información de que Chile estaba en guerra con Argentina, mientras el Ministro Secretario General de Gobierno revisaba el Bando Nº 1 que contenía entre otras informaciones el horario del toque de queda, de racionamiento de los servicios básicos y los puntos que servirían de refugios antiaéreos. Para la población civil serían las estaciones del Metro, los estacionamientos subterráneos, mientras las máximas autoridades lo harían en la bóveda del Banco Central.

3.- PLANES Y PREPARATIVOS MILITARES

Los planes argentinos

Denominado “Operativo Soberanía”, en principio había quedado sin fecha ni hora en el cual tendría lugar.

Este comenzaría con una operación de intrusión con 24 o 36 horas de antelación con tropas especiales de la infantería de marina en los islotes Freycinet, Herschel, Wallaston, Deceyt y Hornos, eliminando toda resistencia. La ocupación sería precedida por una denuncia ante el Consejo de Seguridad de la ONU, denunciando el emplazamiento de destacamentos militares en dichas islas, acompañados de artillería.

No se esperaba una reacción chilena inmediata, pero si la había la Flota del Mar se encargaría de ella. Se encontraba dividida en dos grupos, uno de ellos situado cerca del Beagle y otro en la entrada del Estrecho de Magallanes. Una vez ocupadas, tarea del GT1 (Grupo de Tareas Nº 1) era el de protegerlas, los Mirage y los Skyhawk bombardearían Punta Arenas y Puerto Wiliams, además de rutas, caminos, puentes y otros objetivos relacionados con el transporte y abastecimiento de Magallanes. Para esas horas y las posteriores se esperaba la reacción de la Flota Chilena y enfrentamientos aeronavales en el Estrecho de Magallanes y el Beagle.

El Ejército argentino cruzaría la zona de la Patagonia en cuatro puntos distintos, en las zonas de Chubut y Santa Cruz y la Fuerza Aérea atacaría en masa las instalaciones chilenas. Y luego la guerra se llevaría a lo largo de toda la frontera especialmente en la zona de Mendoza y Jujuy.

Otro ataque con el fin de cortar Chile en dos se llevaría a cabo en la zona del paso Pueyhué, en la provincia de Neuquén.

Se estimaba necesaria la ocupación de Santiago o Valparaíso, apoyados con la Fuerza Aérea, mientras en el sur austral se quedaba con otra ciudad marítima, con el apoyo de la Aviación Naval y las Fuerzas de Infantería de Marina.

La tesis dominante entre los argentinos era que Chile sólo haría una defensa simbólica, pidiendo la intervención de los organismos internacionales.

En cuanto a la duración de la guerra esta debería serlo hasta destruir el aparato militar chileno o su economía, cualquiera de los dos objetivos que se consiguiera primero bastaría.

Dada la naturaleza del terreno, las operaciones seguramente no serían rápidas (basta con pensar en el cruce de la cordillera), sino, por el contrario, lentas y sangrientas. Por tanto era razonable tener en cuenta la posibilidad de que, antes del logro de los objetivos argentinos, la guerra fuera detenida por Estados Unidos o por la ONU. Además, crear dificultades es tarea del defensor, y la cordillera de Los Andes, por si sola, hubiera hecho un magnífico trabajo en ayuda de las tropas chilenas….Se debe tener en cuenta que el factor sorpresa, no influía en absoluto, desde el momento en que ambos ejércitos estaban enfrentados y alertas desde mucho tiempo.

Presunta reacción chilena

Para las fuentes argentinas,Chile respondería al ataque con tres movimientos al unísono: cruce de la Cordillera con objetivo la ciudad de Río Gallegos, un ataque al sur de Chubut en la zona del Río Mayo, y una invasión de la zona norte de Argentina.

Preparativos chilenos:

Quince mil soldados chilenos fueron movilizados para defender Puerto Natales, Tierra del Fuego y Punta Arenas. En la Isla Grande de Tierra del Fuego había cinco mil hombres, estaban integrados estos contingentes de 3 regimientos de infantería, 1 de artillería y la Escuela de Suboficiales, dirigidos por el Teniente Coronel Oscar Vargas. Sus instrucciones eran ocupar la ciudad de Río Grande.

En la zona de Coyhaique, el uso del Cuerpo Militar del Trabajo dejaba una forma de infiltración de tropas cubierta por una idea ajena a lo militar, que alcanzaba a los diez mil hombres.

La escuadra fondeada en los canales, esperaba su turno para rechazar la invasión. A esto cabe repetir que si bien el fondeadero de las torpederas Guacolda, Fresia, Tegualda y Quidora, era Puerto Williams, nunca se encontraban allí. Estaban estratégicamente ubicadas en algún lugar entre el área de Navarino y Cabo de Hornos y de océano a océano. Su andar, de 30 nudos, les permitía cambiar, especialmente en las noches, de fondeaderos sin que nadie pudiera detectarlas.

Se movilizó todos los medios humanos, paracaidistas deportivos entrenados para combate, pescadores de la Patagonia como espías, radioaficionados para las comunicaciones, corredores de motocross, para servir de cazatanques con cohetes LAW. La FACH, LAN y LADECO trasladarían tropas para el sur en numerosos vuelos, durante todos esos meses.

En la zona central, frente a la invasión argentina aguardaba la 2ª División de Ejército para resistirle, bajo el mando del General Enrique Morel. La planeación chilena era defensiva para rechazar la invasión pero no para invadir a los argentinos, al menos no al principio, sino que una vez rechazados contraatacar. Las órdenes del general Pinochet eran de guerra total, conquistar la mayor extensión de territorio argentino, ejecutar las acciones de sabotaje y sembrar el pánico en el enemigo, lo que implicaba en todo caso la población civil.

Se crea la TOA, es decir, el Teatro de Operaciones Austral cuyo jefe es el General Nido Floody (intendente de la zona), encargado de la lucha allí y sucesora de la región Militar Austral.

La FACH dentro del ambiente general tiene sus objetivos de cortar comunicaciones y de hostigar a las tropas argentinas, aunque en declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea de la época Fernando Mathei, era su rama la más afectada por la enmienda Kennedy.

En Punta Arenas los ventanales del aeropuerto se tapiaban. Este centro aéreo tiene dos pistas y a él llegaba el personal militar y de Carabineros que marchaba casi de inmediato a la frontera.

En los días críticos hubo grandezas y bajezas. Por ejemplo, se cobraban cinco veces el precio habitual de los materiales de construcción. También se hizo un catastro de los radioaficionados porque la radio Presidente Ibáñez llegaba a Comodoro Rivadiaba por el norte y la Antártica por el sur, pero, por ejemplo, a Cerro Sombrero (Tierra del Fuego) no llegaba por culpa de la geografía del lugar. También hubo un censo de vehículos, camiones y camionetas, para saber qué estaba disponible para la guerra y que no.

Para el día 21 el Intendente, General Nilo Floody realizó una reunión en el teatro municipal donde informaba que la guerra se venía y que había que prepararse. La autoridad regional dio a conocer los planes de emergencia y se repartieron instructivos para cavar trincheras en el patio de las casas.

En el evento de un estallido bélico, el Presidente de la República había dispuesto que el titular de Interior continuaría encabezando un gabinete íntegramente de civiles, con la sola excepción de la cartera de Defensa. Todos los altos oficiales que ocupaban cargos ministeriales, serían desligados de sus tareas gubernativas y regresarían a funciones militares. El 5 de noviembre, en un escueto comunicado hizo saber que el Comandante en Jefe del Ejército había dispuesto que las nuevas destinaciones de la oficialidad superior quedaban postergadas. Todos los generales continuarían en los mismos cargos y funciones que detentaban en ese momento, hasta el 1º de enero siguiente. Se había decidido qué civiles asumirían los cargos de gobierno vacantes por el alejamiento de los militares. Los designados no tuvieron conocimiento de ello. El desenvolvimiento de la administración interna descansó principalmente en el subsecretario del Interior, Coronel de Aviación Enrique Montero Marx. El Ministro de Hacienda, Sergio de Castro, en silencio destinaba al frente bélico cuantos recursos era posible reunir, sin abandonar el plan económico, financió la preparación contra la guerra y apertrechó al país.

Los intentos de lograr la intervención de Paulo VI en la crisis eran infructuosos pues éste se negaba y además se encontraba enfermo. Lograda una cita en el Vaticano, para el 6 de agosto ella no fue posible por la muerte del Pontífice, de lo cual le fue informado al Canciller por el Nuncio Sodano por teléfono en la madrugada del mismo 6 de agosto.

Una vez elegido Juan Pablo I, el canciller Cubillos asistió a la entronización del mismo y Agostino Casaroli, secretario de Estado, le obtuvo una audiencia, pidiéndole que apoyara la paz en el Cono Sur. Ya el Cardenal Silva Henríquez se lo había solicitado al momento de rendirle homenaje en el que prometen obediencia al Papa.

El resultado de ello fue que finalmente Juan Pablo I, el 20 de septiembre dirigió a los episcopados de ambos pueblos un llamamiento solemne a la paz.

Hernán Cubillos se enteró de la muerte del Pontífice y la elección de Juan Pablo II durante su viaje a China, y, sin interrumpirlo, envió desde su hotel en Pekín un telegrama a Casaroli, por la que pedía una nueva entrevista con el Papa. El 26 de octubre se recibía en la embajada en Chile recibió el mensaje de telex: se le recibiría el 30. El viaje Pekín - Hong Kong - Roma - Santiago casi no puede realizarse por una tormenta. Llegado al Vaticano, el 30 a las 11 hrs. el Canciller realizó su exposición ante el Papa empleando el inglés, aunque Su Santidad prometió que la próxima vez sería en español, ilustrando su exposición con cartas náuticas, recalcando la idea de la utilidad de la participación de Roma en el conflicto.

A su regreso ya era 2 de noviembre, día en que se reunían por última vez las comisiones, sin lograr acuerdos. El mismo día Chile proponía llevar el conflicto a La Haya o solicitar la mediación de un gobierno amigo, escogido de común acuerdo. Ya en dos oportunidades los argentinos rechazaron ir a la Corte, con sólo cinco días de diferencia, más en la segunda nota, los chilenos ofrecieron la posibilidad de un gobierno amigo, aceptando los argentinos para el día 23. En una semana el canciller Cubillos y su comité asesor, barajaron todas las posibilidades y se preparó el viaje para el 12 de diciembre.

4.- PERÚ ADOPTA UNA NUEVA POSTURA

En Noviembre de 1978 la Cancillería limeña recibió la visita de un Almirante, embajador de Argentina, el que venía a proponer una alianza para la guerra contra Chile, el canciller De La Puente lo rechazó recordando la historia de la guerra del pacífico, días después el Canciller viajó allá  para poner en conocimiento de los chilenos la propuesta y asegurar la neutralidad peruana en la guerra, a su vez por esos días un mensaje similar llevó a los argentinos el Ministro de defensa del Perú el General Oscar Molina, pero esto no aseguraba nada en verdad para el caso de una guerra de verdad.

Las discusiones fuertes en aquellos momentos entre duros y blandos, los primeros liderados por el Ministro del Interior el Gaucho Cisneros. La amistad entre De la Puente y Morales evitó esta entrada al conflicto, así como la situación económica del Perú, además de estar empezando el proceso de transición destinado a dejar el poder por lo que eran bastante criticadas y se encontraban aisladas. La situación tensa se detuvo con el retiro argentino de su situación bélica

5.- LOS ÚLTIMOS INTENTOS

Los días y horas tensos

El 12 de diciembre de 1978, a las 18:40 Hernán Cubillos descendía de un avión en Ezeiza, llevando consigo la última oferta del gobierno militar chileno para lograr una salida pacífica del posible conflicto. Desde ahí los trasladaron en el avión presidencial hasta el Aeroparque Jorge Newey.

Se trasladó a la embajada chilena con rapidez y desde ahí, el representante diplomático chileno, Sergio Onofre Jarpa, le dio un resumen de la situación que se vivía en Buenos Aires. Allí le sorprendió la invitación de Videla a una cena en Olivos, la residencia presidencial.

Cubillos portaba la aprobación chilena a la idea de nombrar mediador a Juan Pablo II, y sólo eso.

Antes de entrar a la cena misma, el Canciller chileno se acercó al Nuncio Apostólico ante el Gobierno de la Casa Rosada, Monseñor Pío Laghi, al cual no dejó de preguntar las seguridades que podían pensarse en una negociación en que la contraparte no tenía un solo centro de poder sino que se encontraba atomizado, el Nuncio respondió que la confianza en la mediación era vital, por cuanto el mismo Nuncio afirmaba que Videla no quería la Guerra.

Luego de una reunión protocolar al día siguiente en la Casa Rosada con Videla, se llevó a cabo la negociación en el palacio de San Martín, precisamente en el Salón Dorado. Se esperaba su conclusión como a las 10, pero terminaba a las 12:50, en ella se llegó a sólo dos puntos de acuerdo: la aceptación del mediador y del sistema que se iba a seguir ante él (negociaciones bilaterales), pero en cuanto a los temas a proponer ante este mediador, es decir sobre qué debía mediar: los espacios marítimos solamente, ya que los terrestres ya habían sido decididos en el Laudo (tesis chilenas) o también incluía estos (tesis argentina).

Mientras en el contiguo Salón Verde se reunían los asesores, allí estaban Moncayo y Berstein, agregándose otros funcionarios, entre ellos el comandante Allara (Armada), el cual les invitó a salir a otra oficina. Ambas partes presentaron sus proyectos de declaraciones, suspendiendo la reunión para estudiarlos. La discusión posterior entre otras cosas implicaba que el Mediador se limitaría a apoyar lo ya acordado por las partes y a rechazar la inclusión del compromiso de no recurrir a la fuerza ni a la amenaza del uso de la misma, llegando a considerarla irritativa.

Reunidos más tarde esta sólo duraría 8 minutos. No había acuerdo.

En la tarde y cuando ya se había acudido a sus respectivos superiores (Pinochet y Videla) los Cancilleres no pudieron avanzar. Aquí Cubillos propuso a Pastora hacer, entre ellos, el documento que pidiera al Santo Padre su intervención como mediador sin más precisiones. A las 19:30 quedó concluido el texto y aprobado por Pastora, quien tocaba llevárselo a sus superiores.

Pinochet, una vez informado, aceptó el documento, pero el Canciller Pastora, frente a la Junta Militar Argentina, fue avisado que no era admisible, aunque aceptaban como un avance que Chile aceptara al Papa como mediador. Viola estimaba que si Chile no indicaba cuáles serian los temas en que se mediaría, nada impedía a Chile después desconocerlos en caso necesario. Los demás miembros de la Junta sostenían la misma opinión.

Para la noche a las 20:45 Pastora retornaba al Palacio de San Martín y se comunicaba con su par chileno, en ese momento en la Embajada de Chile, en calle Tagle (barrio de Palermo), para indicar que se rechazaba el acuerdo si Chile no indicaba cuáles eran los temas en que se sometería la mediación. El pensaba poder dar vuelta la situación. Así, en el salón de honor, decorado patrióticamente para la ocasión con banderas chilenas y argentinas se llevó a cabo la negociación. Por la delegación chilena concurrieron Cubillos, Ernesto Videla, Helmut Brunner, Francisco Orrego, Rolando Stein y Enrique Berstein; entregando en algún momento un regalo que se traía para la ocasión. Los argentinos, sorprendidos, no tenían nada preparado por lo que debieron dirigirse a la joyería Riccardi, par adquirir una cigarrera de plata, entregada a la hora del postre. Pastora conferenciaría que el asunto ya no tenía salida, mientras la delegación chilena intentaba consolarlo. Terminada la cena se fueron a la sede diplomática.

A las dos de la mañana, ante Videla, Pastora cansado comunicó a Jorge que no había nada que hacer, no hay márgenes para un acuerdo porque los chilenos son inamovibles.

Tras saludos protocolares y la aceptación de la fórmula se sentarían a cenar tanto el Canciller argentino como el chileno. Pero no habría celebración ya que ese 12 de diciembre la Junta militar argentina rechazaba la posibilidad, desautorizando al ministro Pastora.

La actitud peruana

En diciembre de 1978, el 15 para precisar, el Gobierno peruano empieza a tomar medidas acerca de los acontecimientos ocurridos en la zona del Beagle, así la Escuadra Peruana parte al sur, el aeropuerto de Lima es cerrado para maniobras de la Fuerza Aérea, y las tropas quedan en estado de inamovilidad.

La 2ª Región Militar del Perú con sede en Arequipa empieza a ser reforzada, así como los depósitos han sido diseminados para evitar su destrucción, movimientos de tanques así como vuelos de aviones de reconocimiento. Por último en la localidad boliviana de Santa Cruz se reunían en secreto los mandos militares bolivianos y peruanos rodeados de intensas medidas de seguridad.

En Santiago se decidió a través del Comité Asesor Político Estratégico, creado por Pinochet para atender al conflicto, integrado entre otros por Ronald MacIntyre, decidió volcar los esfuerzos con Argentina, en el norte se quedaba solo. Así para paliar la situación se trasladaba de noche en aviones comerciales una masa de material destinado a los depósitos para que se sobreviviera, Misileras y torpederas tendrían las defensa de la costa.

El puesto de mando de la VI División en una mina abandonada bajo tierra estaba dirigido por Juan Guillermo Toro Dávila (Su segundo jefe era Dante Iturriaga, que a la vez era Jefe de estado Mayor de la Región Militar Norte), quien tenía directa comunicación con Santiago, en una de esas tardes un llamado llegaba a Santiago informando un avión enemigo y pidiendo ordenes acerca de si derribarlo o no, recibido por el Jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional el General Joaquín Ramírez. El avión peruano volvió a pasar esta vez a Bolivia.

Para atender mejor el mando ante una posible alianza tripartita se crea una Región Militar Norte, similar a la Austral con sede en Punta Arenas destinada a coordinar la batalla en su totalidad. El General julio Canessa, situado en el desierto estaba al mando, viajando constantemente al norte y al sur sería cosa de unas pocas horas estar de nuevo en el norte.

Para trabajar se empleó todo el material humano disponible, grupos motorizados armados para realizar pequeñas incursiones en moto, hombres en alas delta destinados a pasar desde el Morro al otro lado para finalmente llegar a atacar por detrás a las líneas enemigas.

Gigantescos pulpos de concreto podían guarecer a 20 hombres, eran fabricados por miles para situarlos en diversos lugares estratégicos, resistiendo diversos ataques aéreos.

El día D y la hora H

El 18 de diciembre se encuentra cada vez más cercana la idea de un raid aéreo en el sur. Se envía un avión de exploración al Atlántico, el que es objeto de una interceptación por parte de dos aviones del portaaviones 25 de Mayo, se esconderá entre las nubes y volverá a territorio nacional. 

Para el 19 la flota en el sur espera: está integrada por el crucero Prat, buque insignia, los destructores misileros Williams y Riveros, así como las fragatas del mismo tipo, Lynch y Condell, cuatro destructores artilleros: Portales, Centeno, Cochrane y Blanco; el petrolero Araucano y el Yelcho, unidad de apoyo logístico, en total dos mil hombres entre ellos 150 oficiales. Desde principios de ese año habían realizado maniobras lo más reales posibles, contando para ello con el abastecimiento necesario.

Al mediodía llega un mensaje cifrado de la Comandancia en Jefe, “Prepárense para iniciar acciones de guerra al amanecer. Agresión inminente. Buena Suerte”.

El mensaje fue retransmitido del Estado Mayor a todos los demás buques, llegando luego otro comunicado, esta vez ordenando la destrucción de cualquier nave enemiga que se encontrara en territorio nacional. En el atardecer la flota viaja al sur, de la zona del Cabo de Hornos, la igual que ocurriera en marzo y en octubre de 1978, pero ahora iba en serio.

Ahora cualquier zafarrancho de combate podía ser la guerra misma. Durante todo el tiempo de espera, la flota estuvo celebrando cuanto onomástico, fiesta o cumpleaños que hubiera. El almirante López, jefe de la flota visitaba a las tripulaciones explicando la situación.

Al amanecer del día 20, la flota estaba en el mar de Drake, alejándose rumbo al sur de las bases aéreas de la flota argentina.

El 21 de diciembre ya argentina rechazó a la Santa Sede, la escuadra zarpaba para rechazar el desembarco, dirigida por el Almirante Raúl López. Mientras la flota de invasión llevaba dos semanas esperando en el mar, entre las Malvinas y Tierra del Fuego, a falta de fondeaderos dignos de ese nombre. Era un crucero, cuatro unidades misileras, cuatro artilleras y antisubmarinas y buques de reabastecimiento, así como las unidades de transporte de tropas, bajo el mando del almirante Humberto Barbuzzi. El 19 partieron a 20 nudos al sur, por el este de la isla de los Estados

Jefe de la 3ª Zona Naval en Punta Arenas era el Almirante Luis de los Ríos y el comandante de la Flota de Alta Mar, el Almirante Raúl López Silva esperaban. Al enterarse de la salida de la flota trasandina fueron a interceptar, tomando curso noreste. Si todo seguía igual su flota iba a ser detectada electrónicamente en 4 horas y en seis podía haber combate

En el mes de diciembre el cielo sobre Santiago estuvo nublado. Al amanecer del jueves 21, se daba como un hecho que la invasión argentina se desataría esa misma noche.

Ese mismo 21 Pinochet en la Escuela Militar, en medio de una ceremonia de graduación de oficiales, su edecán militar, Jorge Ballerino le entregaba un mensaje urgente de Punta Arenas que indicaba que las hostilidades se iniciaban.

En el piso 10 del Diego Portales el CAPE reunido esperaba decidir si recurrían a la Corte o no. Se sabía que de hacerlo, era un “casus belli”, informado de ello por el Ministro del Interior Argentino Álvaro Eduardo Harguindeguy al embajador chileno, Sergio Onofre Jarpa. Pinochet mantuvo el silencio en la discusión y optó por decir al final que se aguardaría 24 horas más antes de iniciar cualquier acción.

La inteligencia militar chilena entregó su último informe en el crepúsculo: la invasión comenzaría aquella misma noche… Otros dos gobiernos incrementaron la información conocida. El de Brasil confirmó la magnitud del movimiento argentino. El de Estados Unidos aportó la certeza de la fecha y hora del ataque, más el conocimiento de que Perú organizaba sus fuerzas para una operación en el Sur.

Entre el 19 y 21 el clima es desastroso e impide la partida de los aviones ya del 25 de Mayo y de las bases de Ushuaia, Río Gallegos y Río Grando.

La aviación mantenía bajo vigilancia, y hacia el mediodía del día 20, ella informa: que la flota argentina enfrenta el temporal y que se hacía difícil la navegación, ya que había mar gruesa que dificulta el avance en el área. Más tarde se indica que las naves están virando 180 grados. Al parecer se retiran del sector. Finalmente concluye: Afirmativo, los barcos se repliegan hacia la isla de los Estados.

El comité se enteró pocas horas después que una flota argentina se dirigía contra las islas Picton Lennox y Nueva, pero una tormenta la obligó a retornar. Esa tormenta llevaba bastante tiempo, ya que el 20 de diciembre se encontraba en la zona y se esperaba que ésta durase 72 horas. Fue de olas impresionantes, de 12 metros de altura y el mar estaba tan encrespado que era inimaginable siquiera intentar maniobra de aproximación alguna a las islas. Pese a la alta moral de los infantes de marina el mal tiempo causaba estragos entre ellos.

Los buzos tácticos de la armada trasandina por ende, se encontraban impedidos de acercarse a reconocer el terreno, y los vehículos anfibios tampoco podían llegar. Ni despegar los helicópteros.

Pedro Daza, diplomático enviado a Washington estaba listo para pedir la convocatoria urgente al TIAR.

Para el jueves 21 en la noche en Roma llegaban las respuesta de los cables cifrados para Videla y Pinochet, aceptando la propuesta del Papa como mediador, lo que fue informado al mundo el 22 al mediodía (8 y 7 de la mañana en Buenos Aires y Santiago respectivamente).

A las 18:30 dos horas y media antes del punto de no retorno, la Junta Argentina aceptaba la mediación Papal.

La Junta Militar reunida durante todo este tiempo estaba en esa reunión, de aproximadamente una hora, en la que Videla llegó a amenazar con renunciar a la Presidencia. La posición de Viola (Ejército) Lambruschini (Armada) y Agosti (Aviación), era la contraria de no detener la invasión y más aún cuando ellos presionaban a sus hombres para atacar Chile con la mayor prontitud. Se adopto finalmente la tesis de paralizar el ataque tras una ardua discusión, en la que Videla amenazó con presentar su renuncia, bajándose del “caballito” de la guerra primero Viola, luego Agosti y finalmente Lambruschini.

Ahora tocaba avisarles a las tropas que retornaran, lo que se hacía desde el edificio Libertadores, los equipos de comunicaciones enviaban en clave la noticia del cese de la operación, pero hubo algunas dificultades en cuanto a las tropas de la zona de Neuquén, zona de la X Brigada, que lograron entrar a Chile unos pocos kilómetros en cuanto a sus avanzadas (esto a las 20 horas), por lo que debieron enviarse helicópteros a detener el movimiento de sus unidades.

El día 22 en la noche la flota chilena que había vuelto a sus fondeaderos parte de nuevo a la zona de Beagle-Nassau. En la mañana del 23, los servicios de escucha de la flota chilena captan un mensaje que pasa a llamarse de los 200 grupos, desde Buenos Aires. La flota argentina se dirigió a Puerto Belgrano, seguido por la aviación chilena que la siguió hasta cerciorarse que esa era su ruta, destino al que llegarían para Navidad.

El día 23 de diciembre anunciaba el Papa de la designación del cardenal Samoré para esa tarea, lo cual no fue bien recibido por la cúpula militar argentina.

Para la Navidad de 1978, se vivió en medio de una tensión extrema. Con toque de queda, la misa del gallo fue a las 10 de la noche. Luego de Navidad se había aceptado la Mediación y se dio libertad a los soldados. Para año nuevo, estaban tan contentos que iban a los supermercados a comprar papel higiénico. Y con esos rollos hacían guirnaldas en la ciudad. Pedían “platita” y la gente estaba eufórica, feliz. Iban al supermercado a comprar pisco. Al día siguiente, primero de Enero, había una cantidad de chiquillos conscriptos ebrios. Claro la euforia, la tensión del momento, se había ido.

El Cardenal Antonio Samoré viajó el 26 de diciembre. Tras varias reuniones se estableció la base para el acuerdo de Montevideo firmado por Chile y Argentina en el Palacio de Taranco el 8 de Enero de 1979.

Acuerdo de Montevideo

Para el 7 de Enero en la tarde, se recibía la información de parte de Samoré en cuanto a que las últimas negociaciones se llevarían a cabo en Uruguay, por lo que solicitaba que viajara a ese país. Finalmente a las 9 de la mañana obtuvo la confirmación que el documento llegaría a ser firmado el 8, al día siguiente. Había que informar a Pinochet, quien se encontraba en Tierra del Fuego, en la Punta Catalina, inaugurando una instalación petrolífera. Por teléfono Pinochet le dio la autorización al Canciller para que fuera a Montevideo y firmara el Acta.

El canciller Cubillos viajó hasta Montevideo, siendo recibido por los embajadores chilenos en Argentina y Uruguay y el canciller uruguayo. A las 5 de la tarde se reunía con Pastora y Samoré en la Nunciatura uruguaya. Se trabajó por varias horas y al terminar Pastora anuncia que el Acta de Compromiso, el segundo documento que sería signado, iba a tener el carácter de secreto, lo que fue rechazado por el canciller Cubillos, pese a las insistencias de Samoré, los argumentos sobre la inconveniencia de un documento secreto fue acogida por Samoré, quien apoyó al chileno, obligando a Pastora a llamar a Buenos Aires y pedir nuevas instrucciones, de lo que se tardó una hora y media en lograrla.

En el palacio Taranco, a las 20 horas se realizaría la firma del documento

Para el 8 de Enero, día de la firma del Acta, el Canciller Argentino Washington Pastora estaba a punto de salir en avión rumbo a Montevideo cuando al mismo aeropuerto llegaba el general Benjamín Menéndez, quien casi forcejeando intentó evitar la salida del canciller, evitando la firma del documento; pero ello fue imposible. Al llegar a Montevideo, aún se tuvo que esperar hasta tener nuevas órdenes y finalmente firmar el documento.

Este documento tenía ciertas menciones, convenientes de repetir acá:

8)…acuerdan solicitarle que actúe como mediador (a la Santa Sede) con la finalidad de guiarlos en las negociaciones y asistirlos en la búsqueda de la solución del diferendo para el cual ambos gobiernos convinieron buscar el método de solución pacífica que consideraron más adecuado. A tal fin se tendrán cuidadosamente en cuenta las posiciones sostenidas y desarrolladas por las partes en las negociaciones ya realizadas relacionadas con el Acta de Puerto Montt y los trabajos a que ésta dio lugar.

9) Ambos gobiernos declaran no poner objeción a que la Santa Sede en el curso de estas gestiones manifieste ideas que le sugieran sus detenidos estudios…

Y tan importante como lo anterior, es el Compromiso firmado en la misma oportunidad en que las partes no recurrirán a la fuerza en sus relaciones mutuas, realizarán un retorno gradual a la situación militar existente al principio de 1977 y se abstendrán de adoptar medidas que puedan alterar la armonía en cualquier sector.

En este último párrafo lo destacado, hay que decirlo, convenía infinitamente a Chile en peor situación militar que su vecino, y explica la oposición de los sectores duros argentinos a su acuerdo.

Es así como el conflicto suscitado entre estos dos países vecinos y hermanos, llegaba a su final, por cuanto la mediación papal en el tema fue de vital trascendencia. De no haber

intervenido, el conflicto habría tomado rumbos y consecuencias insospechadas, a tal punto que la historia no sería la misma.

CONCLUSION

Ya a lo anteriormente mencionado en éste compendio de información, ahora nos preocupa la proyección de los hechos acaecidos en aquella fecha y su repercusión en la realidad nacional de éste siglo que nos precede.

Con un ambiente de hostilidad política, que perdura en el tiempo, cabe preguntarse que si un ideal territorial es causa justificada para actuar en forma opresiva durante tanto tiempo.

Algo que es característico de los problemas de Chile y Argentina, es que nunca se ha llegado a una guerra declarada y efectuada entre ambos países y más bien, son sentidos opresivos o tácticas de disuasión, las que crean cambios estructurales. Puede ser que el conflicto sea el sueño de una Argentina de ampliarse de forma gloriosa o tal vez en otros términos, de que la nación chilena, tenga problemas en consentir medidas de buena distribución ya que se siente aliado de forma indisoluble a su tierra. De cualquier modo, el motor de todos los problemas no es completamente racional, aunque se quiera justificar el hecho después de sucedido el problema con argumentos probatorios, aparentemente alejados de concepciones ideológicas. ¡Qué ironía es la que manejan los pueblos!.

Sostenemos lo dicho porque el ambiente en que se desarrollan los conflictos de éstas dos naciones no es para nombrarlos con un toque de relevancia inquebrantable, en donde se debe presentar de forma ineludible la obtención de un beneficio.

Por último queremos meditar en la posibilidad de que el conocimiento de la realidad chileno-argentina sea posible en magnitud y no que nazca de pensamientos nacionalistas, que van en contra de cualquier otra idea y que son el gran error de una nación cuando no tiene conciencia de los hechos.

De más está mencionar que los objetivos antes mencionados al parecer son evidenciables en el trabajo y esperamos la comprensión del problema, como una contienda que perdura en el tiempo.

BIBLIOGRAFIA

-RECUERDOS DE LA MEDIACIÓN PONTIFICIA ENTRE CHILE Y ARGENTINA- SANTIAGO BENADAVAR- Editorial Universitaria, Primera edición 1989.

-ARGENTINA, EL LAUDO ARBITRAL DEL CANAL BEAGLE-GERMAN CARRASCO- Editorial Jurídica de chile, Primera edición 1978.

-ARBITRAJE DEL BEAGLE, ACTITUD ARGENTINA-CORONEL ( R ) ALBERTO MARIA MADRID- Editorial Universitaria, Primera edición 1978.

-SOCIETAS: ACADEMIA CHILEMA DE CIENCIAS SOCIALES, POLITICAS Y MORALES- Boletín Número siete. Año décimo, 2001.

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