Crisis del Antiguo Régimen y expansionismo industrial

Historia Universal Contemporánea. Industrialización. Desarrollo económico. Revolución Industrial. Acumulación de capital. Cambio técnico

  • Enviado por: Rubens
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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1. Una visión a largo plazo de la economía mundial.

Hubo un crecimiento desequilibrado de la riqueza en el tiempo y el espacio. El aumento de la población, de los ingresos medios de los habitantes, el continuo crecimiento de la producción, la conquista y colonización de América y África, el desarrollo del comercio internacional (sobre todo el marítimo), el desarrollo de los movimientos de capital y la innovación tecnológica fueron algunos de los factores que llevaron a cabo una serie de transformaciones económicas y los que conllevaron a la revolución industrial.

2. El Antiguo Régimen:

1.1. Sociedad basada en la desigualdad:

El rey poder absoluto (monarquía absoluta)

El rey pretendía que su poder derivaba de Dios, a quien únicamente debía cuenta de sus actos (absolutismo regio). Sus súbditos no tenían ningún derecho, pero sí el deber de obedecer. El rey declaraba la guerra y hacía la paz; comandaba los ejércitos; determinaba los gastos y fijaba los impuestos; nombraba y destituía a los funcionarios y dirigía la administración entera. Las provincias eran administradas por los intendentes, con poder omnímodo y arbitrario. El rey hacía las leyes, que eran la expresión de su voluntad personal, pues si bien debía tener en cuenta las "costumbres fundamentales del reino", tales costumbres eran contradictorias y vagas, y hubiera sido difícil definirlas claramente. Además, el rey dirigía la administración de justicia, pues esta se dictaba en su nombre y por funcionarios que el designaba. Se usaba el tormento para lograr la confesión de los acusados, a quienes se juzgaba en secreto y a los que se aplicaban las penas bárbaras de las marcas con hierros candentes, de la picota, del látigo y de la horca. En definitiva era un despotismo ilustrado es decir: el rey actuaba para el pueblo pero sin el pueblo.

2.2. La economía:

La industria estaba entorpecida con excesivas reglamentaciones e impuestos. Existían aduanas internas; las pesas y medidas variaban según las regiones; algunos artículos, como los cereales, debían consumirse en el lugar de producción; se aplicaban derechos de aduna que en muchos casos anulaban el intercambio.

Unos derechos de propiedad confusos:

La propiedad de la tierra, principal factor de la producción, estaba sometida a vinculaciones que incluían los mayorazgos en poder de la nobleza que consistía en que el mayor de todos los hermanos se quedaba con todas las tierras familiares, las manos muertas en poder del clero y las tierras comunales de los ayuntamientos. La naturaleza compartida de este tipo de propiedad, con un propósito de permanencia en el tiempo, hacía que no se podía disponer libremente de ella, con lo que la existencia de un mercado libre de tierras era imposible.

Lo mismo podría decirse del mercado libre para los otros dos factores de producción: ni capital (sospechoso de representar una forma de riqueza no compatible con el modo de vida noble o clerical, y aún lejos de la acumulación necesaria para una revolución industrial) ni trabajo (impropio de los privilegiados, y considerado como una maldición bíblica) se venden libremente en el mercado como mercancías sujetas al libre juego de oferta y demanda. El comercio estaba controlado por los gremios y las asociaciones gremiales, que controlaban la calidad y cantidad de producción que se realizaba en todo momento. Sólo aquellos que pertenecieran a un gremio o tuvieran autorización real podían dedicarse a la fabricación de productos. No existe, por lo tanto, libertad económica ya que todo estaba controlado o por los gremios, por las Corporaciones o por el propio Estado. El mercantilismo en sus variadas formas, metalismo, bullonismo, colbertismo, es la doctrina económica que justifica la política económica dominante: el proteccionismo. Fisiocracia y librecambio o liberalismo económico aparecen en el siglo XVIII como propuestas alternativas que van abriéndose camino en una coyuntura de transformación del sistema.

2.3. El sistema social:

1) El clero: (que en su parte alta correspondía a los hijos segundones de las familias nobles) era la primera de las clases sociales privilegiadas. Conservaba un gran prestigio e influencia. Además recibía los diezmos de los fieles, poseían extensas propiedades, que abarcaban la cuarta parte de la superficie, y como si fuera poco, no pagaban impuestos.

2) La nobleza: (laica)esta era la segunda clase privilegiada formada por un número de personas análogo al del clero, que poseían tierras de parecida importancia y extensión. Percibían de los campesinos, que vivían en sus tierras, los antiguos derechos feudales, y sólo pagaban impuestos en casos especiales.

3) En El Tercer Estado se distinguían distintas categorías, alguna de las cuales había logrado privilegios. La capa superior del estado llano era la burguesía la cual se desarrollaba dentro de esta desigual sociedad y empezaba a despuntar para conseguir sus propios privilegios; la inferior, los obreros y campesinos. Estos últimos soportaban pesadas cargas que, en la generalidad de los casos, les privaban de las cuatro quintas partes del fruto de su trabajo. Debían pagar los impuestos al estado, el diezmo a la iglesia y los derechos feudales al señor.

No existía la libertad individual puesto que esta sufría represalias. Existía la censura previa y no existía la libertad de conciencia. Los derechos de las personas no eran igualitarios, sino que, legalmente, los nobles laicos y eclesiásticos tenían una serie de privilegios que no tenían los pecheros.

2.4. Crisis del Antiguo Régimen:

Este sistema, que se había desarrollado en Europa desde el Renacimiento, comenzó a ser cuestionado durante el siglo XVIII por las ideas de la Ilustración, que se difundieron entre la nobleza y sobre todo entre la burguesía. Pero mientras los nobles limitaban sus aspiraciones a conseguir una monarquía similar a la iglesia, en la que el poder real estaba mediatizado por la nobleza, la burguesía iría más lejos, pretendiendo la implantación de gobiernos verdaderamente representativos, basados en dos derechos fundamentales: libertad, para expresar las opiniones, e igualdad de todos los hombres ante la ley. En los países católicos se lucharía también por apartar a la Iglesia de la intervención en la vida política y en la enseñanza. A finales del siglo XVIII estas ideas fructificarían primero en América, con la independencia de las Trece Colonias inglesas de América del Norte (1776), y después en Europa, con la Revolución francesa de 1789.

3. Capitalismo y acumulación de capital

3.1. Características del capitalismo:

A lo largo de su historia, pero sobre todo durante su auge en la segunda mitad del siglo XIX, el capitalismo tuvo una serie de características básicas. En primer lugar, los medios de producción —tierra y capital— son de propiedad privada. En este contexto el capital se refiere a los edificios, la maquinaria y otras herramientas utilizadas para producir bienes y servicios destinados al consumo. En segundo lugar, la actividad económica aparece organizada y coordinada por la interacción entre compradores y vendedores (o productores) que se produce en los mercados. En tercer lugar, tanto los propietarios de la tierra y el capital como los trabajadores (asalariados), son libres y buscan maximizar su bienestar, por lo que intentan sacar el mayor partido posible de sus recursos y del trabajo que utilizan para producir; los consumidores pueden gastar como y cuando quieran sus ingresos para obtener la mayor satisfacción posible. Este principio, que se denomina soberanía del consumidor, refleja que, en un sistema capitalista, los productores se verán obligados, debido a la competencia, a utilizar sus recursos de forma que puedan satisfacer la demanda de los consumidores; el interés personal y la búsqueda de beneficios les lleva a seguir esta estrategia. En cuarto lugar, bajo el sistema capitalista el control del sector privado por parte del sector público debe ser mínimo; se considera que si existe competencia, la actividad económica se controlará a sí misma; la actividad del gobierno sólo es necesaria para gestionar la defensa nacional, hacer respetar la propiedad privada y garantizar el cumplimiento de los contratos. Esta visión decimonónica del papel del Estado en el sistema capitalista ha cambiado mucho durante el siglo XX.

3.2. Acumulación de capital:

Los motivos propulsores de la acumulación del capital son la sed de ganancia de los capitalistas y la competencia. La acumulación del capital tiene lugar en el proceso de la reproducción capitalista ampliada. En el proceso de la acumulación del capital se efectúa la reproducción de las relaciones capitalistas de producción, se repite la explotación en mayor escala: aumenta el capital en manos de los capitalistas y, al mismo tiempo, crece el ejército explotado de obreros asalariados. Cuando, en una proporción dada, la plusvalía se divide en fondo para el consumo personal del capitalista y fondo utilizado para ampliar la producción, la magnitud de la acumulación será determinada por el volumen absoluto de la plusvalía. Todos los factores que contribuyen a elevar la plusvalía incrementan la acumulación del capital. Esto concierne, ante todo, al aumento del grado de explotación de los obreros, a la reducción de sus salarios por debajo del valor de la fuerza de trabajo.

El crecimiento de la acumulación capitalista depende de lo que se eleve la fuerza productiva del trabajo, de la magnitud del capital en funciones, etc. La acumulación del capital se da cuando crece su composición orgánica, y conduce inevitablemente a la formación del ejército industrial de reserva, al paro forzoso.

El crecimiento de la riqueza en manos de los capitalistas va acompañado del empeoramiento de la situación de los trabajadores (ver Ley general de la acumulación capitalista). Bajo el imperialismo, los monopolios tienen la posibilidad económica de aumentar sistemáticamente la acumulación a costa de la superganancia monopolista. Además de apropiarse de la plusvalía creada por los obreros en las empresas monopolistas, redistribuyen en su propio favor parte de la ganancia de las pequeñas, medias e incluso grandes empresas no monopolizadas. Los monopolios expolian a los pequeños productores de mercancías adueñándose de parte del producto necesario creado por estos últimos, explotan cruelmente a la población de los países poco desarrollados y dependientes. Sirve de importante medio de acumulación de capital en manos de los grandes monopolios, la militarización de la economía, la carrera de armamentos.

En el proceso de acumulación del capital, se acentúan las contradicciones del capitalismo, se socializa la producción y el trabajo, se crean las premisas objetivas y subjetivas para que el socialismo sustituya al capitalismo.

3.3. Los limites del crecimiento capitalista antes de la revolución industrial:

  • El fracaso de Italia en el XVII:

La península italiana arrastró a lo largo del siglo XVII el peso de un profundo estancamiento, con claros síntomas de decadencia económica y deterioro social y muy condicionado por la excesiva fragmentación política que seguía padeciendo y por continuar siendo objeto de disputa en la lucha que mantenían los Habsburgo y Francia por el dominio internacional. Tan sólo supo conservar su prestigio cultural y artístico, hasta el punto de que, a pesar de la debilidad que presentaba, sus famosas ciudades eran visita obligada para los hombres de letras, artistas y científicos que destacaban en el Viejo Continente. España controlaba una gran parte de Italia. Su mayor dominio se ejercía por el Sur, es decir, sobre los extensos Reinos de Nápoles y Sicilia, siendo gobernados por sendos virreyes en representación del soberano de las Españas. Sobre ambos territorios se imponía una política de corte absolutista que potenciaba el papel del delegado regio y que era dirigida desde el Consejo de Italia con sede en la Corte de Madrid, en detrimento de los parlamentos y diputaciones de ambos territorios, instituciones representativas con escaso poder y mínima autonomía que fácilmente eran manipuladas por el virrey respectivo. Una preponderancia nobiliaria, que fue en aumento, impuesta sobre un campesinado empobrecido y explotado, al igual que las masas urbanas, en beneficio de los intereses aristocráticos y de la Hacienda real por medio de una fuerte presión fiscal cada vez más agobiante, teniendo en cuenta los grandes apuros financieros que estaba pasando la Monarquía para poder seguir costeando su ambiciosa política de grandeza. A este respecto, aumentaron considerablemente las exigencias recaudatorias de la Corte de Madrid sobre las clases populares italianas, con el objetivo de hacer frente a los continuos gastos de guerra que se le presentaban a consecuencia de su política belicosa, con la contrapartida de la concesión de mayores poderes a las noblezas locales a cambio de su colaboración en este proceso de explotación fiscal. Los problemas no tardaron en surgir en forma de protestas populares. La opresión aristocrática sobre el campo y las ciudades no hizo sino agudizar los movimientos de rebeldía, produciendo un amplio levantamiento de los sectores humildes de población en contra de los señores que poco a poco se fue extendiendo desde el marco rural hasta el urbano, alcanzando la revuelta en 1647 su momento álgido. Las revueltas de Nápoles y Sicilia de 1647-1648 no alteraron, por tanto, las formas de gobierno absolutista que desde el poder central de la Monarquía hispana se imponían sobre aquellos reinos, ni modificaron la hegemonía aristocrática allí existente, que se vio confirmada con el fracaso de la rebelión popular.

El centro de la península seguía estando ocupado por los Estados Pontificios, a cuyo frente se hallaba el Papa, que mantenía su doble papel de cabeza de la Iglesia católica y de soberano de dichos territorios. En la esfera internacional, el Pontífice romano perdía cada vez más protagonismo, pues ya no era requerida su mediación ni podía convertirse en árbitro de la situación como había sucedido en tiempos cada vez más lejanos. En un siglo marcado por los duros enfrentamientos entre las grandes potencias y donde primaba la defensa de los intereses materiales y territoriales como fórmula de engrandecimiento de los Estados, resultaba casi un anacronismo los intentos del Papado de hacer valer su poder espiritual o sus protestas sobre el reparto de influencias que se estaba produciendo; tan sólo le quedaba la posibilidad de maniobrar, como un príncipe terrenal cualquiera, en el complicado juego de las alianzas y de los pactos entre soberanos, como forma de salvaguardar sus posesiones territoriales. En el plano de la política interior tampoco se modificaron apenas los rasgos característicos del siglo anterior. La frecuente sucesión de los ocupantes del solio pontificio, motivada por la corta duración de la mayor parte de los reinados papales, continuaba siendo un notable inconveniente para el fortalecimiento del poder principesco y para la fijación de unos proyectos políticos que pudieran mantenerse a medio y largo plazo, aparte de la inestabilidad de gobierno que esto implicaba y de los problemas que se planteaban en los cónclaves cada vez que había que nombrar un nuevo Sumo Pontífice. Nada menos que once Papas se contabilizan en el transcurso del siglo XVII. En consecuencia, basta una simple comparación con el amplísimo reinado de Luís XIV de Francia (1661?1715), o con el de muchos otros gobernantes europeos del mismo siglo, para poner de manifiesto el serio problema que suponía para el soberano romano su corta permanencia al frente de los Estados de la Iglesia. Tampoco pudo conseguir el Papado un mayor control sobre los diversos feudos que integraban el Estado pontificio, ni imponer una autoridad indiscutida, ya que las poderosas familias que en ellos se disputaban el poder continuaron disfrutando de autonomía en las zonas que quedaban bajo su jurisdicción. Por otra parte, la Curia romana siguió dando pruebas de ostentación, derroche y atracción por el lujo que contrastaban enormemente con las formas de vida y la penuria que padecían las masas urbanas y campesinas de su entorno inmediato.

Además de Nápoles-Sicilia y de los Estados pontificios, la república de Venecia era todavía una de las piezas sobresalientes en el mosaico italiano, quizá la más fuerte, pues seguía contando con un amplio territorio, con sus posesiones marítimas y con una apreciable flota que le permitía ocupar un lugar destacado entre las potencias mediterráneas. Sin embargo, no pudo librarse de la decadencia generalizada que se extendió por la península italiana en el transcurso del siglo, acabando por perder su esplendor comercial y su dinamismo mercantil tanto por el conservadurismo social de su patriciado, volcado cada vez más hacia la propiedad de la tierra y a vivir, al igual que toda clase aristocrática, de rentas, como por la debilidad creciente que mostraba respecto a sus muy poderosos contrincantes y rivales en el plano internacional, sin olvidar la sangría en dinero, hombres y esfuerzos que le supuso el largo conflicto que sostuvo con los turcos por el dominio de la isla de Candía (Creta), que finalmente terminaría perdiendo en 1669, prueba evidente de la merma que había sufrido su potencial y de su posición cada vez más marginal en el sistema de alianzas imperante por entonces. Por lo menos pudo permanecer independiente, sin estar sometida a ninguna potencia extranjera, hecho nada desdeñable si se tiene en cuenta que la mayor parte de los Estados italianos se hallaban bajo la influencia de Francia o de España.

En efecto, los restantes componentes del conglomerado italiano se vieron de continuo presionados por una u otra potencia, y a duras penas pudieron desarrollar una política propia al margen de las directrices que marcaban los dos grandes colosos del occidente continental.

  • El caso de China:

El carácter chino durante los siglos XVI y XVII es el retraimiento sobre si misma, la auto limitación a lo puramente tradicional, con el consiguiente olvido del mundo exterior. Precisamente en el momento que, tras el despliegue renacentista, Europa se vuelca hacia el exterior, en busca de nuevos territorios. China abandona su política expansionista que le caracterizaba durante la edad media. La dinastía de los Ming muestra señales de decadencia. El nacionalismo extremo, en el que el desprecio por lo extranjero no esta exento de temor, llevara a esta nación a olvidar que existe un mundo más allá de sus fronteras.

Encerrada en sus fronteras históricas, la comunidad china experimentara un crecimiento fabuloso durante estos siglos. Un crecimiento demográfico tan desmesurado y el hecho de que a su vez no crecían las tierras cultivables, llevo al país a una serie de crisis debido a las sublevaciones y a las épocas de hambre. La introducción de nuevos cultivos de alto rendimiento como el maíz o la batata, y la explotación intensiva de las tierras con abonos naturales y la rotación de cultivos, no pudieron paliar el desequilibrio entre la población y los recursos alimenticios. Por eso la imagen proyectada por china no corresponde a la vivida en el interior de sus fronteras.

Esta comprometida situación coincide con una decadencia de las instituciones imperiales. Los Ming viven recluidos en su corte, aislados del pueblo, repitiendo en la cima de la sociedad lo vivido por su nación. Quienes realmente gobiernan en china son los altos funcionarios. La nobleza vive en una continua lucha en contra de los funcionarios, y estos buscaran apoyo en la burguesía.

El desarrollo de la burguesía se vio favorecido por varios motivos: el aumento de la población y de los gastos de la corte, de los príncipes feudales; el aumento del comercio del algodón y la especulación con productos alimenticios enriquecieron aun más a la burguesía. Por otra parte el sistema de oposiciones permitió a la burguesía acceder a los puestos políticos. Todas estas luchas repercutieron sobre todo en el campesinado., y la suerte de éste empeoro progresivamente. Incluso en regiones donde la pobreza azotaba cruelmente el campesinado opto por convertirse en bandoleros.

Estas series de crisis en las que cada grupo social intentaba ponerse por encima del resto llevo al país a un estado de crisis crónica.

  • El caso británico:

En Gran Bretaña se dio la primera manifestación histórica del crecimiento económico que se materializo mediante el crecimiento de la producción, en el aumento de la población y de los ingresos medios de los habitantes. Estas transformaciones tuvieron como causa una revolución industrial.

Antes de todo esto la sociedad tenían escasos salarios, y la característica principal de estas economías era la baja productividad y la escasez. La mayor parte de la población, un 90%, era campesina. La renta estaba repartida de forma muy desigual. Por lo tanto cuanto mas baja era la renta familiar mas recursos se dedicaban a la compra de alimentos. En la época antes anterior a la industrialización gastaban un 80% de sus rentas en comprar productos de primera necesidad y por eso las malas cosechas y la subida de los precios creaban crisis muy graves. Y debido a ello con frecuencia se daban motines y revueltas, para conseguir que bajasen los precios sobre todo. Además la escasez de recursos hacia muy complicado el ahorro.

El paso a la industrialización se dio mediante la industria casera que consistía en que las familias agrícolas llevaban a cabo simultáneamente las labores del campo con la producción textil, la cual pasaban a recogerla los comerciantes para venderlas en mercados lejanos, esto se conocía como la protoindustrializacion. Tres cuartas partes de las familias se dedicaban a esta producción manufacturera que les proporcionaba unos ingresos extras.

Por esta simultaneidad, en una primera fase, se reducía la producción en épocas de siembra y recolección. Los campesinos dedicados a esta actividad eran dueños de sus instrumentos. Es lo que se conoce como domestic system.

En una segunda fase el campesino perdió su autonomía para decidir como y cuando producir puesto que el comerciante pasó a ser quien decidía todo esto. A la larga los campesinos comenzaron a cobrar un salario, que era fijado por el comerciante, el cual se convirtió en una especie de empresario de la industria rural dispersa. Este fenómeno se conoció como putting out system.

En una tercera fase y ya hacia el final de siglo el comerciante comenzó a reunir todos sus recursos en un mismo local, es decir reuniendo tanto trabajadores, como maquinaria y herramientas, creando a si una especie de empresa industrial como las que conocemos hoy en día. Esto se conoce como factory system.

4. Los pasos previos a la industrialización:

4.1. Las revoluciones burguesas:

La última condición previa a la Revolución Industrial fue la naturaleza política. Las monarquías absolutas aseguraban los privilegios de las clases feudales. Otra barrera era los gremios, asociaciones de artesanos que se protegían de la competencia a través de normas municipales que coartaban la libertad de industria e muchas ciudades.

Las revoluciones burguesas se encargaron de crear parlamentos desde los que la burguesía y las clases medias construyeron el marco legal necesario para la industrialización. Fueron suprimidos los privilegios y derechos feudales; se vendieron las tierras de la Iglesia y las comunales; desaparecieron las aduanas interiores y se permitió la libertad de industria y de comercio.

4.2 Revolución agraria

Se denomina revolución agrícola al proceso que por medio de la introducción y el uso masivo de nuevas técnicas o sistemas en el proceso de producción agrícola se obtienen resultados que son por lo general un aumento de la productividad. Así como en algunos caso su impacto en la estructura de una sociedad en la cual se produce dicho proceso.

Se inicia en Inglaterra al final del siglo XVIII. En su primera fase, se aplicaron nuevos métodos de cultivo. Se eliminan los barbechos, se aumenta la superficie cultivada y se obtienen mayores rendimientos de cada hectárea. Los barbechos se suprimen mediante un sistema de rotación cuatrienal de cultivos. El número de cabezas aumentó, y también lo hizo la cantidad de abono de origen animal. Un segundo grupo de innovaciones posteriores a 1830 introdujo el uso de máquinas de vapor y de fertilizantes químicos.

Todos estos cambios tecnológicos no hubieran sido posibles sin modificar la propiedad feudal y comunal de la tierra.

El Parlamento inglés dictó desde el siglo XVII y a lo largo del siglo XVIII unas leyes conocidas como actas de cercamiento de tierras. Los campesinos fueron expropiados y sus pequeñas parcelas se unificaron en forma de grandes explotaciones agrícolas.

La Revolución Francesa destruyó el sistema feudal y comunal de propiedad de la tierra en varias fases. Se suprimieron los derechos feudales, la nobleza perdió el privilegio de vincular su tierra y las propiedades de la Iglesia fueron vendidas.

Durante la etapa revolucionaria más radical, las tierras comunales y las de la nobleza exiliada se repartieron entre los campesinos.

Los efectos de la revolución agraria fueron los siguientes: en primer lugar fue una mayor producción de alimentos, permitiendo una progresiva desaparición de las hambrunas así como el abastecimiento de las ciudades cada vez más pobladas. En segundo lugar un éxodo rural que crea una mano de obra disponible para trabajar en la industria.

El tercer efecto fue el aumento de la renta de los propietarios de la tierra y de los jornaleros. Este aumento de la renta en el campo permitió consumir más productos industriales. La revolución agraria, por tanto, impulsó un primer arranque de la industria del hierro, proveedora de bienes de capital y un primer tirón de la industria textil de bienes de consumo. No solo se creó una primera gran demanda de bienes industriales: sostuvo luego esa demanda.

El cuarto efecto fue el suministro de capital y de empresarios a la industria.

Tres condiciones previas para la producción industrial a gran escala fueron: demanda, mano de obra y capital. La revolución agraria contribuyó a materializar parte de esas condiciones y constituyó una condición necesaria para el crecimiento económico.

4.3 La revolución demográfica

Los demógrafos admiten que el factor más importante del crecimiento vegetativo fue el retroceso de la mortalidad. Las hipótesis que manejan son estas: avance de la medicina, mayor higiene y mejor alimentación.

En 1796 Jenner descubre la vacuna contra la viruela reduciendo la mortalidad infantil. También se consigue diagnosticar algunas enfermedades y se utiliza la quinina para combatir la fiebre. Desaparece la peste gracias al establecimiento de cordones sanitarios y progresos en la higiene.

La mejor alimentación debe considerarse una causa crucial en el desplome de la mortalidad. Mejor alimentada, la población se hizo más resistente a las enfermedades.

El comportamiento de la natalidad entre 1750 y 1850 añadió más fuerzas al crecimiento de la población. Un alto número de matrimonios y de hijos por cada matrimonio no permitió que la natalidad descendiera.

La revolución demográfica, ¿fue causa o consecuencia de la Revolución Industrial?. La revolución demográfica fue primero consecuencia de las transformaciones económicas y luego causa de las mismas.

4.4 El cambio tecnico (La Primera Revolucion Industrial):

La primera Revolución Industrial, también conocida como Revolución Científico Tecnológica (RCT), se gestó durante casi 300 años, pero su expresión tecnológica se dio en la revolución industrial y sus efectos se prolongan hasta 1780.

El término Revolución Industrial sólo se utiliza para los Estados que pusieron en marcha el proceso. Se utiliza el de industrialización para los demás estados que van importando las nuevas técnicas.

Existieron una serie de factores para hacer posible dicha revolución: endógenos o internos (inventos e innovaciones, políticas adecuadas, dinamismo en los empresarios, acumulación de capital), y exógenos o externos (transportes, crecimiento de la población, modernización de la agricultura, educación) Seis fueron las circunstancias económico-sociales asociadas a esta primera RCT: La descomposición de la sociedad feudal, el desarrollo del capital comercial (la nueva industria está cimentada en el maquinismo y en las fábricas que sustituyen los pequeños talleres), el desarrollo de las relaciones comerciales marítimas, el impulso de la industria pesada (minera y metalúrgica), revolución agrícola (gracias a la industria química: abonos, fertilizantes...) y desarrollo de la industria química. Analizamos los más importantes:

  • Revolución agrícola: aumento progresivo de la producción gracias a la inversión de los propietarios en nuevas técnicas y sistemas de cultivo, además de la mejora del uso de german fertilizantes.

  • El desarrollo del capital comercial: Las máquinas se aplicaron a los transportes y a la comunicación iniciando una enorme transformación. Ahora las relaciones entre patronos y trabajadores es únicamente laboral y con el fin de obtener beneficios.

  • Cambios demográfico-sociales: la modernización de la agricultura permitió un crecimiento demográfico debido a la mejora de la alimentación. También hubo adelantos en la medicina y en la higiene que favorecieron un descenso de la mortalidad; pero la natalidad se mantenía, de ahí que creciera la población. También hubo una emigración del campo a la ciudad porque la ocupación en labores agrícolas disminuyó mientras crecía la demanda de trabajo en las ciudades.

Esta primera RCT se caracterizó por una innovación en los instrumentos de trabajo de tipo artesanal por la máquina de vapor, movida por la energía del carbón (la máquina exige individuos más cualificados, produce una reducción en el número de personas empleadas, arrojando de manera incesante masas de obreros de un ramo de la producción a otra, especialmente del campo a la ciudad), o en la energia hidraulica.

La revolución industrial generó también un ensanchamiento de los mercados extranjeros y una nueva división internacional del trabajo (DIT). Los nuevos mercados se conquistaron mediante el abaratamiento de los productos hechos con la máquina, por los nuevos sistemas de transporte y la apertura de vías de comunicación, así como también, mediante una política expansionista.

El Reino Unido fue el primero que llevó a cabo toda una serie de transformaciones que la colocaron a la cabeza de todos los países del mundo. Los cambios en la agricultura, en la población, en los transportes, en la tecnología y en las industrias, favorecieron un desarrollo industrial. La industria textil algodonera fue el sector líder de la industrialización y la base de la acumulación de capital que abrirá paso, en una segunda fase, a la siderurgia y al ferrocarril.

Tema 1: La crisis del antiguo régimen, expansión del capitalismo y revolución industrial