Crecimiento económico

Economía ecológica. Ecología. Sistema. Georgescu-Roegen. Rifkin. Hardin. Commoner. Meadows. Randers. Mas-Colell. Postel. Comisión Mundial para el Desarrollo y el Medio Ambiente

  • Enviado por: Lcal
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¿Es factible y deseable el crecimiento?

Reflexiones nuevas sobre una vieja polémica.

Considerando esta pregunta desde el punto de vista medioambiental, la respuesta no puede única. Como todos los problemas que atañen al medio ambiente debe tratarse teniendo en cuenta varias perspectivas, debido a que el medio ambiente es un sistema complejo de relaciones que engloba el mundo en el que vivimos. Por tanto, la respuesta más acertada será la que proporcione diversas soluciones, adecuándose a las diferentes temáticas afectadas.

Revisaremos, pues, algunas impresiones sobre el tema que aportan distintos autores, valorando su adecuación a la resolución del problema, centrando sucintamente el análisis sobre la dimensión económica del mismo.

Georgescu-Roegen, N. (1989), propone un desarrollo económico deseable, pero factible solo a través de un tratamiento físico del sistema económico, completando los estudios de economía convencional con los conocimientos de termodinámica, debido a que entiende el medio ambiente como un sistema complejo de flujos de energía y que, por ello, no sólo se puede abordar como un conjunto de componentes con valor económico. Analizando la posición actual en la que se encuentra como sistema energético, el autor concluye que el aumento de entropía que se genera actualmente en el planeta acabará con las reservas de energías disponibles en la Tierra para la continuación de la vida. Los argumentos son convincentes, desde el punto de vista físico. No obstante, en el texto no se presentan soluciones factibles al problema, como la manera de aplicar esa visión termodinámica al sistema económico, es decir, cómo llevar una economía monetaria y física de los recursos al mundo real. Rifkin, J (1990), también estudió el problema desde el mismo punto de vista, definiendo las fases del sistema energético de las civilizaciones humanas como de despegue, transformación de la energía (instituciones y política centralizadas) y disminución del flujo de energía o fase culminante (instituciones y política descentralizadas). La solución, según este autor, pasa por la decisión de la civilización de estancarse en la segunda fase o continuar hasta la tercera. Con una segunda fase prolongada en el tiempo, se agotarán las energías sostenibles. Al menos aquí, se aporta una posible solución al problema entrópico-económico, que aplicada a la pregunta que nos ocupa se traduce en un desarrollo económico posible y deseable a través de una nueva organización política e institucional que provoque una menor desaparición de la energía disponible del planeta y de este modo se pueda prolongar en el tiempo.

Otro punto de vista, lo aporta Hardin, G. (1989), que aboga por un desarrollo deseable, pero sólo posible a través de la regulación de la población mundial. Los argumentos del autor son fuertes y coherentes si se analiza a la especie humana como a cualquier otra especie, desde el punto de vista biológico. No obstante, al tratar la población mundial con modelos matemáticos (o de ecología pura) se abandonan otras muchas consideraciones que no pueden olvidarse en la especie humana, precisamente por ser humana, sobre todo aspectos éticos y sociales. No considero ética una tesis que propone como solución regular “la vida humana” a escala global.

La idea de que la desaparición de la pobreza (en términos de igualdad) puede ser una de las soluciones a los problemas medioambientales en principio es aceptable, pero no desde el punto de vista que lo plantea Commoner, B. (1992). Resumido en una frase, el principal argumento que expone es, que sólo se invierte en medio ambiente si se tiene capital para ello, así, los países empobrecidos son aquellos que más impactos causan y los países ricos, al menos, “pueden” reducir los impactos que originan. Esta suposición cae por su propio peso al comprobar los datos históricos que corroboran precisamente lo contrario, como asegura, entre otros autores, Bermejo, R. (1996).

En la Comisión Mundial para el Desarrollo y el Medio Ambiente (1988), se defiende un desarrollo no sólo deseable sino imprescindible para el progreso de la humanidad, y sólo posible a través de la sostenibilidad. No parece mal argumento, pero lo considero insuficiente, primero porque debe ser una sostenibilidad bien entendida, segundo porque debe ser factible de llevar a la realidad y tercero porque se tiene que aplicar de manera rigurosa y a nivel mundial. Todo bastante problemático y entrelazado. Un desarrollo sostenible bien entendido supone un cambio global de políticas, economía, gestión empresarial, modelos, valores, educación, modos de vida, etc. De hecho, varios autores han tratado el problema de llevar a la práctica, al ciudadano de a pie, el desarrollo sostenible, y la mayoría de las veces no se ha logrado nada. No quiero ser pesimista, es un buen comienzo, pero no está llegando a la gente. Basta leer a Wackernagel, M (1996) o a Espinoza, L. E. (2004). El problema reside en un tratamiento global y local del mismo problema que no puede ser tratado sin rigurosidad y sin igualdad, como se ha hecho hasta ahora.

Por otro lado, teniendo en cuenta el estado de los recursos hoy y la gestión actual de los mismos, como ponen de manifiesto Meadows, D. & D. y Randers, J. (1992), un desarrollo tecnológico y económico sería posible a través de una buena gestión de los recursos, teniendo en cuenta las fuentes, los sumideros y la vida completa del recurso hasta que es residuo o es reciclado o es reutilizado. El problema es que cuando se intenta llevar esto al campo de la industria o al campo de la economía o a los mismos ciudadanos, los resultados no son una mejor gestión de los recursos, sino un rechazo por parte de los sectores afectados que ven en la “gestión sostenible” una carga para sus negocios, sus mercados, sus políticas y sus instituciones. Como en otros casos, la idea es buena, pero carece de una aplicación efectiva, rigurosa e igualitaria.

Mas-Colell, A. (1994) defiende un crecimiento económico no solo deseable, si no además, factible y necesario para la vida, como lo ha sido siempre, ya que los problemas medioambientales son pasajeros y los defiende como predecesores de una época de mayor desarrollo tecnológico y económico. Se basa en los hechos históricos, en los que “nunca ha pasado nada” medioambientalmente significativo para apoyar su tesis. Esto, hoy día, con los datos que se manejan, es indefendible. Estas ideas son fruto de un tratamiento reduccionista del problema ambiental, enfocado sólo desde el punto de vista económico. Precisamente lo que se planteó al principio de este escrito, en una visión transdisciplinar del conflicto, se encuentra la solución, no en una convicción unilateral de que la materia que defendemos es la panacea. Este tema está más que discutido y refutado, y los argumentos que exponen otros autores son mucho más convincentes (Naredo, J. M. y Valero, A., 1998), más coherentes y están comprobados científicamente. Sólo comentar que la economía medioambiental debe empezar por ser completa, teniendo en cuenta los costes y los beneficios verdaderos y reales, tanto para la naturaleza como para el hombre.

Otro punto de vista que puede aportar luz al problema del desarrollo, es la de Postel, S. (1994), que propone como principal problema la superación de la capacidad de carga del planeta y como solución al mismo, un cambio tecnológico, ético y de mercado que parta de los ciudadanos. Creo que la visión es acertada debido a que las soluciones deben comenzar a ponerse en práctica desde varios flancos, pero no comparto la idea de la superación de la capacidad de carga del planeta como origen del problema ambiental. Los comienzos del problema no son actuales y no son únicos, la superación de la capacidad de carga, el aumento de la “mochila ecológica” (Espinoza, L. E., 2004) o el incremento de la “huella ecológica” (Dillon, J., 2000; Wackernagel, M., 1996) los ha causado el hombre desde que habita la tierra. Son consecuencias y no fuentes del problema ambiental. El origen del problema es por qué se ha superado la capacidad de carga del planeta. Delimitando el origen y analizando los procesos se podrá llegar a las soluciones.

Por último, comentar la idea de reducción del consumo como solución al problema ambiental, de manera que el desarrollo es posible pero deseable una modificación de los hábitos de consumo, como defienden Gardner, G., Assadourian, E. y Sarin, R. (2004). Desde luego que es uno de los principales problemas de nuestro tiempo, pero no sólo tiene una dimensión ambiental o económica y no es el único problema. Este es el tema que más conflictos podría resolver si se resolviera, pero también es el que más dificultad presenta de llevar a la práctica. ¿Quién renuncia a la tecnología, la comodidad, los hábitos de vida a los que estamos acostumbrados?. Es un cambio de valores muy fuerte que no creo que se pueda abordar desde otro perspectiva que no sea la de la educación y la psicología (Riechmann, J. 2000). Además es de ámbito mundial, como todos los tratados aquí, y sin una buena organización y política internacional no es factible. Quizá sea factible a largo plazo pero se debe reestructurar la cultura consumista para que sea una cultura de comercio justo y de enriquecimiento personal y no económico.

CONCLUSIONES

Mucho se ha hablado y escrito sobre el desarrollo y el medio ambiente, y desde varias perspectivas como hemos visto. De todo lo comentado se pude resumir que, el desarrollo es deseable, pero sólo será posible a partir de un cambio radical del sistema económico mundial, que conlleva también modificaciones políticas, sociales y culturales.

Con una economía completa que tuviera en cuenta la “parte oscura” de los productos (recursos) y sus flujos energéticos (entropía) y de materiales, así como sus beneficios y costes reales a largo plazo, se podría conseguir un reparto equitativo de riquezas mediante un mercado justo. Esos productos y sus procesos bien gestionados permitirían un desarrollo económico cuyo crecimiento fuera coherente con las existencias de los proveedores (planeta) a largo plazo, lo que incluiría una reducción de la tasa de consumo actual, entre otras muchas cosas.

De lo anterior se deduce la modificación de toda la sociedad actual, que a nivel global es imposible de conseguir. Las soluciones deben partir de los ciudadanos y no de instituciones u organizaciones, y si así fuera, como se intenta en la actualidad, los resultados no son los más alentadores, ya que se genera rechazo por parte de la población. Las ideas de modificación son correctas, pero ¿cómo llevarlas a cabo? Los grandes cambios deben generarlos las personas, en su día a día, en su casa, en sus comportamientos, en sus costumbres. Y esto debe programarse a largo plazo, pero se debe empezar ya fomentando la motivación por el conocimiento del problema y cómo les afectará en el futuro.

Los comportamientos individuales sumados dan como resultado un comportamiento integral que puede transformar los sistemas globales, como los flujos de energía, los flujos de materiales y en fin, el sistema económico. Porque si la innovación a nivel total procede de algún grupo concreto, los conflictos están asegurados y considero que con la situación mundial actual se deben evitar en lo posible. Los cambios reales y duraderos comienzan poco a poco.

Considero que todas las tesis aquí planteadas contienen parte de las soluciones y parte de los errores (algunos ya cometidos) para resolver el problema del desarrollo económico actual. Pero ninguna se debe tomar por separado y corresponde estudiar la influencia del sistema económico en cada una de ellas, pues es el hilo conductor entre todas.

¿Desarrollo económico deseable? Sí, desde luego, no se puede frenar el desarrollo de la humanidad, sea en el sentido que sea. Además el desarrollo también puede aportar soluciones innovadoras. ¿Desarrollo económico factible? Siguiendo las pautas actuales no. Sí, mediante cambios importantes, sobre todo en el sistema económico, que provocaría transformaciones a otros muchos niveles también necesarios para solucionar el problema ambiental a nivel global.

REFERENCIAS

  • Bermejo, R. Libre comercio y equilibrio ecológico. Ed. Bakeaz. Bilbao. 1996.

  • Comisión Mundial para el Desarrollo y el Medio Ambiente. “Hacia un desarrollo sostenible”, capítulo 2 de Nuestro futuro común. Ed. Alianza. Madrid. 1988.

  • Commoner, B. “Población y pobreza”, capítulo 7 de su libro En paz con el planeta. Ed. Crítica. Barcelona. 1992.

  • Dillon, J. “La deuda Ecológica. El Sur dice al Norte es hora de pagar” Ecología Política nº 20. pp. 131-151. 2000.

  • Espinoza, L. E. “Visión crítica sobre el desarrollo sostenible” en Tomarse en serio la naturaleza : Ética ambiental en perspectiva multidisciplinar de J. Ma. Ga. Gómez-Heras, C. Velayos Castelo (Coords.) Madrid: Biblioteca Nueva, D.L. 2004.

  • Gardner, G., Assadourian, E., Sarin, R. “La situación del consumo actual”, Worldwatch Institute. La situación del mundo 2004. Ed. Fuhem-Icaria. Madrid. 2004.

  • Georgescu-Roegen, N. “La ley de la Entropía y el proceso económico”, en: Daly, H. E. (ed.): Economía, ecología y ética. México. 1989.

  • Hardin, G. “La treagedia de los espacios colectivos” en H. E. Daly (ed.) Economía, ecología y ética. México, 1989.

  • Mas-Colell, A. “Elogio del crecimiento económico” en: Nadal, J. (coord.) El mundo que viene. Ed. Alianza. Madrid. 1994.

  • Meadows, D. & D., Randers, J. “Los límites: Fuentes y sumideros”, capítulo 3 de Más allá de los límites. Ed. Aguilar. 1992.

  • Naredo, J. M. y Valero, A. Desarrollo económico y deterioro ecológico. Ed. Argentaria-Visor. Madrid. 1998.

  • Postel, S. “Capacidad de carga: Los mínimos de la Tierra” en: Worldwatch Institute. La situación del mundo, 1994. Ed. Fuhem. Madrid. 1994.

  • Riechmann, J. Un mundo vulnerable: Ensayos sobre ecología, ética y tecnociencia Madrid : Los Libros de la Catarata, D.L. 2000.

  • Rifkin, J. Entropía, hacia el mundo Invernadero. Ed. Urano. Barcelona. 1990.

  • Wackernagel, M. “¿Ciudades sostenibles?” Ecología Política nº 12. pp. 43-49. 1996.

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