Corriente positivista en el pensamiento político venezolano

Política en Venezuela. Positivismo. Estatismo determinista. Dictadura gomecista. Laureano Vallenilla

  • Enviado por: Mireya
  • Idioma: castellano
  • País: Venezuela Venezuela
  • 16 páginas

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República Bolivariana de Venezuela

Universidad Rafael Urdaneta

Facultad de Ciencias Políticas, Administrativas y Sociales

Escuela de Ciencias Políticas y Administrativas

Cátedra: Historia Política de Venezuela


La corriente positivista en el pensamiento político venezolano

ESQUEMA

INTRODUCCIÓN

  • El positivismo como filosofía; sus ideas sociales.

  • La "liberación" positivista en Venezuela.

  • El movimiento positivista en Venezuela.

  • El positivismo como paradigma de pensamiento.

  • a.- El estatismo determinista.

      b.- "Evolucionarios" en lugar de revolucionarios.

    c.- Transfusión de sangre.

    d.- Lavado de cerebro.

    e.- El fin de la libertad.

    f.- Liberales "realistas".

  • Laureano Vallenilla Lanz y el Positivismo.

  • El Pensamiento en Venezuela.

    • Dictadura Gomecista.

    • 1945: Junta Cívico Militar.

    • Auge Petrolero.

    • Paradigmas del pensamiento positivista aplicados a los crisis política de la actualidad venezolana.

    • CONCLUSIÓN

      ANEXOS

      BIBLIOGRAFÍA

      INTRODUCCIÓN

      Positivismo, el cuerpo de doctrinas expuestas por el filósofo francés Augusto Comte (1798-1857) en sus diversas obras, principalmente el Curso de Filosofía Positiva ( 1830-1842) , el Discurso sobre el Espíritu Positivo ( 1844) , el Catecismo Positivista ( 1852) y el Sistema de Política Positiva (1854) . Universales son las cuestiones que puede plantearse legítimamente el hombre respecto a su existencia actual y su destino, y son científicos por estar basados sobre los hechos, es decir, susceptibles de demostración por la experiencia y según los métodos de la ciencia moderna.

      El método positivo es la experiencia sensible externa. El positivismo, erigido por Comte en un sistema coherente universal, comprende también la religión positiva, en la que la Humanidad remplaza a Dios. Solo es fecundo el conocimiento de los hechos.

       

      Para dar una respuesta a la revolución científica, política e industrial de su tiempo, Comte ofrecía una reorganización intelectual, moral y política del orden social. Adoptar una actitud científica era la clave, así lo pensaba, de cualquier reconstrucción. Afirmaba que del estudio empírico del proceso histórico, en especial de la progresión de diversas ciencias interrelacionadas, se desprendía una ley que denominó de los tres estadios y que rige el desarrollo de la humanidad.

      Dada la naturaleza de la mente humana, decía, cada una de las ciencias o ramas del saber debe pasar por "tres estadios teoréticos diferentes: el teológico o estadio ficticio; el metafísico o estadio abstracto; y por último, el científico o positivo". En el estadio teológico los acontecimientos se explican de un modo muy elemental apelando a la voluntad de los dioses o de un dios. En el estadio metafísico los fenómenos se explican invocando categorías filosóficas abstractas. El último estadio de esta evolución, el científico o positivo, se empeña en explicar todos los hechos mediante la aclaración material de las causas. Toda la atención debe centrarse en averiguar cómo se producen los fenómenos con la intención de llegar a generalizaciones sujetas a su vez a verificaciones observacionales y comprobables. La obra de Comte es considerada como la expresión clásica de la actitud positivista, es decir, la actitud de quien afirma que tan sólo las ciencias empíricas son la adecuada fuente de conocimiento.

      Desde fines del XIX, es el positivismo, en sus diversas variantes, impregna la vida cultural venezolana: con ello, Venezuela sigue la tendencia iberoamericana. Desde México a Argentina, sin olvidar a Brasil, donde se llegó a incorporar el lema central positivista en la propia bandera «Ordem e Progresso», el Continente iberoamericano recibió de pleno el impacto de la doctrina comtiana. En Venezuela, fue así hasta la aparición de la llamada «generación del 28».

      1.- El positivismo como filosofía; sus ideas sociales.

       

      Como corriente filosófica, el positivismo surgió como reacción al "viejo orden" de la sociedad, pretendiendo establecer una ciencia que fundamentara un orden social unitario que, a su vez, garantizara el progreso natural de la humanidad.

      El "viejo orden" se identificó con la estructura socio-histórica de la Edad Media, en la cual el poder político estaba en manos de la nobleza y los señores feudales, y en el cual la Iglesia Católica tuvo en sus manos el absoluto poder del "orden espiritual".

      El "nuevo orden" surgió a través de la crítica científica que propuso la filosofía positiva. Este movimiento ideológico comenzó en Francia con Saint-Simon (1760-1825), quien concibe a la historia como un proceso en continuo movimiento, regida por leyes que estableces dos tipos de épocas: las orgánicas (la historia progresa dentro de ciertos límites) y las críticas (sobrevienen de tiempo en tiempo y en ellas se produce un cambio en las ideas básicas de la sociedad). Comte estuvo también invadido por la preocupación de encontrar una fórmula social que garantizara la estabilidad, un Estado que garantizara el orden y promoviera el progreso.

      2. La "liberación" positivista en Venezuela.

       

      El positivismo surgió en Francia como una respuesta ideológica a situaciones conocida y contrasta con otras ideologías que pretenden dar salida a las mismas situaciones. Roto el orden colonial, impuesto por España en América, surgen en los pueblos latinoamericanos dos tendencias: los que deseaban hacer de cada país repúblicas modernas de acuerdo a los ideales de libertad y democracia y los que se conforman con implantar un régimen semejante al fundado por los españoles, pero sin España, "liberales" y "conservadores".

      Enmarcado dentro de esta situación, el positivismo apareció a los ojos de los latinoamericanos como la doctrina salvadora. En ella se concentraron todas las ilusiones de transformación social, apareció como un movimiento de liberación política, económica, cultural y científica. Aunque en honor a la verdad, la realidad se presentó de forma diferente. Se conservaron muchos de los males sociales de la época, no llegó la ansiada felicidad, se cambió la metrópoli española por el imperialismo norteamericano y europeo.

      3. El movimiento positivista en Venezuela.

      La presencia del positivismo es muy temprana en Venezuela. Incluso algunos autores, insisten en que dicha corriente tiene antecedentes lejanos en Simón Bolívar. En la constitución propuesta por éste para Bolivia, se encuentran semejanzas con las ideas que Comte publicara en su "Política Positivista". En Simón Rodríguez, es permanente el tema de la emancipación mental de América Latina y la necesidad de convertir a la educación en unos elementos transformadores adaptado a la condición peculiar de nuestro medio. Don Andrés Bello, en su conocido discurso en la instalación de la Universidad de Chile (1843), expuso un concepto muy cercano al positivismo. Igualmente Fermín Toro, hace críticas al positivismo en sus reflexiones sobre la Ley del 10 de Abril de 1834.

       

      En sentido estricto, el positivismo como movimiento se difunde a través de tres etapas:

       

      1.- La primera, la de los iniciadores, comienza cuando Adolfo Ernst es nombrado titular de la cátedra de Cs. Naturales de la Universidad Central de Venezuela. Desde allí se convierte en difusor de las teorías darwinistas. Las ideas de este movimiento que adquiere la difusión de las ideas positivistas queda plasmado en la organización de la Sociedad de Ciencias Físicas y naturales, el Instituto de Ciencias sociales y la Sociedad de Amigos del Saber.

       

      2.- La segunda etapa, es la de los positivistas durante el período Liberal Amarillo; constituye la etapa de expansión de estas ideas a diversos campos del quehacer humano, encontramos expresiones positivistas en las ciencias naturales, la historia, la sociología, la literatura, el arte y la educación, destacándose Luis López Méndez, Alejandro Urbaneja y Lisandro Alvarado. Sus ideas políticas se orientan a la defensa de la democracia, entendida como la superación de una fase.

       

      3.- Y la tercera etapa la constituye el período durante el cual el positivismo se impone como el paradigma de pensamiento generalmente aceptado en el país. Coincide esta etapa con los años finales del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Los escritos de Vallenilla, entre otros, nos dan una interpretación de la historia desde la perspectiva del positivismo que concluye en la justificación de la dictadura gomecista como la etapa necesaria para asegurar el orden en el estadio de la evolución de Venezuela.

      4. El positivismo como paradigma de pensamiento.

       

      Como todo movimiento en el ámbito de las ideas es prácticamente imposible señalar una fecha de inicio del predominio del paradigma positivista en nuestro país. Más difícil todavía en un país que se ha caracterizado por ser abierto a la influencia de las corrientes europeas de pensamiento desde finales del siglo XVIII. La situación geográfica de Venezuela, la presencia en ella de las Compañías Mercantiles portadoras también de libros e ideas, la existencia de grupos étnicos como los catalanes y los vascos que sirven de catalizadores a ideas renovadoras y, luego, la prolongada lucha por la emancipación que exige la formulación ideológica de la propia identidad, para la cual fue elemento fundamental el pensamiento de la ilustración. Junto a eso, la necesidad de consolidad la nueva república para lo cual fue necesario ponerse en contacto frecuente y fecundo con el resto del mundo. Finalmente, la llegada de las ideas liberales que ofrecían un esquema mental alternativo al de la colonización española para la organización de la sociedad.

       

      Desde el punto de vista de la historia de las ideas, el enciclopedismo es el pensamiento inspirador en Venezuela hasta la Guerra de Independencia. El pensamiento ilustrado de los líderes de la Emancipación completó con las ideas liberales de personas como T. Lander y A. Leocadio Guzmán, puestas en práctica desde el Estado por Santos Michelena y otros, forman lo que sería el paradigma de pensamiento anterior al positivismo venezolano.

      Todas estas corrientes de pensamiento adquieren al llegar a nuestro suelo, una originalidad propia, el enciclopedismo, la ilustración, el liberalismo y el positivismo son refractados por las peculiaridades y características de la sociedad venezolana. Bajo esos nombres se cubre el esfuerzo de las élites intelectuales y políticas por sustituir definitivamente la realidad impuesta por España y heredada por nuestro pueblo. El afán de ser otros, distintos a los españoles, se expresa a través de la adopción de esas ideas.

      De allí la importancia del encuentro con el positivismo para los pensadores y las élites conductoras de nuevas naciones latinoamericanas, Venezuela entre ellas, que hasta ese momento habían sido incapaces de resolver la anarquía social que había seguido al rompimiento de los nexos sociales por el poder colonial. Desde finales del pasado siglo, se impuso el paradigma positivista como forma de pensamiento original y dominante en Venezuela.

       

      Las principales ideas que conforman este paradigma son las siguientes:

       

      a.- El estatismo determinista: es decir, la convicción de que la humanidad marcha en su historia a través de etapas determinadas y, por tanto, el momento de anarquía social que se vive durante el siglo XIX no es un punto de llegada, sino un momento de transición hacia un nuevo orden. Inspirados en las ideas de John Stuart Mill y Hebert Spencer, los positivistas venezolanos consideraron a la sociedad como un organismo vivo, sujeto, como todo organismo a leyes fijas. El problema de nuestras sociedades era, a su juicio, de reorganización de manera que a través de la integración progresiva de sus elementos dispersos pueda surgir un organismo complejo en el que habite la libertad dentro del orden.

       

      b.- "Evolucionarios": el positivismo es ferviente creyente en la evolución de las sociedades hacia grados de mayor perfeccionamiento social. Si se intenta de alguna manera "quemar etapas", se condena a las sociedades al fracaso. Los positivistas criticaron a quienes intentaron conducir a la sociedad venezolana con leyes transplantadas de sociedades en otro estado de su evolución y que no son, por tanto, aplicables al nivel de la evolución en que se encuentra nuestro pueblo. Igualmente estuvo en esta convicción de la evolución ascendente de la sociedad, el fundamento de la justificación de las dictaduras como etapa necesaria para imponer el orden que acabara con la anarquía y asegurara el progreso como camino expedito a la verdadera libertad. El "gendarme necesario", el "césar democrático" o el "tirano honrado" serán expresiones de esta necesidad de evolución de los pueblos desde el viejo orden colonial a la civilización.

       

      c.- Transfusión de sangre: En diversas formas los autores positivistas afrontan el problema de las razas que forman el sustrato étnico de nuestro pueblo. En el sentido de que todas estas razas tienen su lugar y su influencia en el orden social. Por ejemplo, la inmigración de europeos dio paso a las "sociedades militares" a las "sociedades industriales.

      d.- Lavado de cerebro: la confianza en la educación como forma de transformar los hábitos del pueblo, es otra de las características del positivo nativo. Una educación dirigida a abrir las mentes a los nuevos descubrimientos de la ciencia positiva y que deje atrás las explicaciones metafísicas o teológicas que no hacen más que paralizar a los hombres haciéndolos conformes con lo que se les ha impuesto, es lo que propusieron estos autores como otra medida eficaz para acelerar la construcción del nuevo orden que sustituya la anarquía desintegradora que acaba con las posibilidades de progreso y de realizar lo que soñaron los libertadores.

       

      e.- El fin de la libertad: el paradigma positivista a largo plazo. La evolución de los pueblos lleva hacia la libertad en todos los ámbitos de la vida. Lo importante es saber atravesar cada etapa lo más rápido posible y detener las fuerzas disgregativas presentes en las etapas más primitivas de la evolución. Esa esperanza en un futuro de libertad es la que permite pasar el trago amargo de las etapas de orden necesarias para contener la anarquía que no hace sino alejar ese futuro deseado.

       

      f.- Liberales "realistas": el positivista latinoamericano se considera realizador de las aspiraciones de los liberales. Estos cumplieron la tarea de romper el orden colonial. Ahora les toca a los positivistas la creación de un nuevo orden que sustituya al destruido.

       

      5.- Laureano Vallenilla Lanz y el Positivismo.

       

      Laureano Vallenilla Lanz nace en la ciudad de Barcelona el día 11 de Octubre de 1870, constituye una de las figuras más controvertidas del pensamiento histórico-político de Venezuela. Su más famosa obra: El cesarismo Democrático. Laureano Vallenilla Lanz poseía una personalidad científica bien definida, que se notaba en su profunda unidad entre sus convicciones de historiador, sociólogo y político, no tenía discrepancia de ningún género. Por otro lado, tenía un afán de hacer uno su acción y su pensamiento, nos va a mostrar un tipo de pensamiento positivista que estará saltando continuamente del papel a la acción y de la acción al papel, en constante contacto con la realidad.

       

      Es por ello que Vallenilla es , pues, uno de los más densos, coherentes y brillantes expositores del positivismo latinoamericano y podemos considerarlo como uno de los más esclarecidos divulgadores de las doctrinas comtianas y spencerianas. Otro rasgo que comprueba la inclinación positivista del autor es su continua insistencia en la necesidad de utilizar un método científico en los análisis de nuestra formación histórica y la forma como utilizó el método. En su pensamiento metodológico, denunció la existencia, todavía en su tiempo de muchos escritores que se empeñaban en explicar la realidad social con criterios "metafísicos y teológicos". Es un ferviente defensor del empleo del método científico-positivo de observación, experimentación y comparación en la historia.

       

      Toda afirmación histórica es válida para Vallenilla, si posee documentos y hechos que la respalden y no sólo el prestigio o autoridad del historiador. El "hecho positivo" viene a ser, para Vallenilla, lo que el "fenómeno" observable para Comte, y desecha de plano todo lo que pueda ser imaginación. Dentro de su actitud metodológica exige no sólo que la historia esté fundamentada en hechos sino también que los historiados den un tratamiento a su alcance, parte de ello está explicado en su libro Críticas de sinceridad y Exactitud. Otra innovación importante de Vallenilla y el grupo de intelectuales positivistas en nuestros estudios históricos, es la adopción de otras ciencias como "auxiliares" a los estudios históricos, entre ellas la sociología, psicología y otras.

      La originalidad del pensamiento de Vallenilla se encuentra en la concepción autodidacta que posee de su propio ser de científico que lo lleva a considerar a la ciencia como la "aventura espiritual de los hombres solos", es fundamentalmente acción; se hace, no se aprende. Otro aspecto netamente original es la idea de separar la labor de los historiados científico, que sigue la línea de un método positivo y la del literato que se preocupa por un discurso lindo y no se preocupa por la objetividad de o que se relata. como consecuencia, de su valiente actitud científica posee una característica que puede considerarse como un aporte.

       

      Habló de su profunda actitud antidogmática y su esfuerzo por evitar todo prejuicio. No aceptó dogmas ni prejuicios de ninguna índole. Básicamente su aporte se centró en la exigencia de criterio de una metodología científica para la historia, considerándola distinta a la literaria, es una ciencia positiva, basada en hechos observables. Los dos grandes supuestos filosóficos que se señalaron en el positivismo venezolano, se hallan presentes en Vallenilla, a través de la influencia directa de Compte y de Spencer, quienes son las fuentes del pensamiento positivista del autor.

       

      La presencia de Augusto Comte es menos expresa que la de Spencer. Los conceptos de "orden" como base para el progreso social, y en general el trasfondo sobre el cual se mueve Vallenilla es de procedencia comtiana. Está claro esta presencia, cuando Vallenilla defiende que la realidad social no se hace a base de los decretos de los legisladores sino que surge de forma espontánea según sus propias leyes. Posee un agudo determinismo, que es claro a lo largo de sus obras, especialmente en la obra Disgregación e Integración.

       

      La influencia spenceirana es mucho más clara y explícita. Vallenilla defiende el organicismo o biologismo social, pero yendo mucho más lejos que Spencer, haciendo paralelismo entre los organismos vivos y organismos sociales. Dadas estas concepciones evolucionistas y científicas Vallenilla tiene un profundo afán de progreso y capacidad de llegar a la formulación de ideas nuevas, en busca de la originalidad del pensamiento venezolano. Es así como: "...es bien sabido que ningún sistema de gobierno ni ninguna constitución puede ser permanente e inmutable. Todas son cambiantes, como la sociedad misma, sometidas e igual modo que todo organismo a las leyes de la evolución" (Vallenilla, Cesarismo Democrático, Monte Ávila Editores, 1990,p.174).

       

      Vallenilla Lanz se presenta como uno de los más preclaros integrantes del positivismo venezolano, fundamentalmente por su clara actitud científica frente al método, el modo de plantear y el tratamiento de los problemas de afronta en su estudio, con la adopción de categorías intelectuales positivas en sus trabajos.

       

      6. El Pensamiento en Venezuela:

      Dictadura Gomecista:

      El positivismo, dominante en la época de Gómez, pronto se transmutó en ideología encubridora del sistema dictatorial, tomado a conveniencia de los que ejercían el poder. Para ello no tuvieron sino que desarrollar al límite las tesis deterministas contenidas a la vez en el positivismo de Comte y en el evolucionismo spenceriano. En efecto, tanto geografía, clima, composición étnica como condiciones sociales, sicológicas y materiales les sirvieron para levantar la noción del «caudillo» necesario.

      De lo que se trataba, con esa figura intermedia, y obligada por las circunstancias negativas, era de asegurar el avance social que garantizara el ingreso en la idea comtiana e irrenunciable de «progreso», siempre dentro de un «orden». No es necesario insistir en el hecho de que fue el mismo Comte el encargado de subrayar la importancia del orden social hasta el punto de enfrentarse abiertamente con las ideas socialistas de la época, que para Comte eran, en tanto expresión de violencia revolucionaria, la negación de toda posibilidad de progreso. De modo que antes de apresurarse a depositar toda la carga acusatoria sobre un Gil Fortoul o un Vallenilla Lanz, convendrá tener presente que pertenece al más clásico espíritu positivista la valoración del orden en tanto condición esencial para aspirar a cualquier progreso.

      Por lo mismo, en la medida en que las ideas positivistas, en su fase social y política de la dictadura, sirvieron de ideología de respaldo al régimen gomecista, no es de extrañar que, a la desaparición física del caudillo andino, comenzara la declinación del positivismo como expresión conceptual representativa del pensamiento venezolano. Habrá que tener también en cuenta que hasta los años treinta del siglo XX cualquier manifestación conceptual venezolana era exclusiva de las clases superiores en la escala social, únicas con posibilidades de acceso a la educación universitaria, en el país o en el extranjero. En dicho sentido, bien podría tildarse de «elistesco» el pensamiento positivista venezolano.

      El que además cobrara su expresión más representativa a través de las ciencias biológicas y de la historia puede explicarse por los orígenes académicos y las especializaciones que de ahí resultaban: los pensadores venezolanos de principios de siglo, hasta el final del gomecismo, fueron en su mayoría médicos y abogados. Habrá que tener en cuenta que, desde la extinción del sistema universitario de la Colonia, de marcado corte teológico, no existían estudios específicos de ciencias humanas (la tradicional Filosofía y Letras, más las disciplinas sociales y sicológicas), sino que, en forma fragmentada y subordinada, se encontraban incluidos en los planes de estudio de la carrera de derecho.

      Ello puede explicar el cierto retraso que se registra en la expresión conceptual venezolana respecto de otros países latinoamericanos. En Argentina, por ejemplo, pudo darse un pensamiento comprehensivo positivista como el de Alejandro Korn, o en México, el de José Vasconcelos, por haber continuado ambos países con la tradición de centros autónomos de formación humanística (Facultades de Filosofía, Letras e Historia). No así Venezuela, que hubo de esperar a 1946 para que, en el primer gobierno acción democrática, se reabriera una Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Central. Ello origina una curiosa paradoja.

      Y es que, con la irrupción en la escena política de los partidos revolucionarios (Acción Democrática, tras sus cambios de siglas; URD y, sobre todo, el Partido Comunista), a la desaparición del gomecismo, entran en escena las clases sociales inferiores, hasta entonces no representadas ni política ni culturalmente en la vida social venezolana. La paradoja aludida viene dada por el hecho de que mientras eran las clases mantuanas elitescas, superiores, las que tuvieron el control del pensamiento nacional, no consideraron conveniente disponer de un centro académico superior para la transmisión y enseñanza de las ideas de que se alimentaban. Mientras que fueron precisamente los representantes populares, tanto del proletariado, como de la burguesía en ascenso, quienes dieron el paso de restaurar la vieja Facultad de Filosofía y Letras, expresión tradicional del pensamiento occidental de corte europeo.

      1945: Junta Cívico-Militar:

      En el interregno de transición política que vivió Venezuela de 1935 a 1945 (de la muerte de Gómez a la toma del poder por una Junta Cívico-Militar encabezada por Rómulo Betancourt), declina definitivamente el positivismo como expresión de pensamiento social. No sólo sucede así por la ya registrada vinculación de dicho pensamiento con el régimen dictatorial gomecista, sino que es en parte consecuencia del empuje con que se presentaban nuevos sistemas conceptuales en el agitado horizonte político y social de aquella Venezuela.

      Las ideas que desplazan del primer lugar al positivismo son el nacionalismo informe, pero combativo, de los primeros acción democraticas, y el marxismo, deficiente y rudimentario, de los introductores de las ideas comunistas en Venezuela. Hay que observar, no obstante, que ninguna de las nuevas ideas logra suplantar al positivismo en su papel de ideología oficiosa y dominante. Tanto las ideas nacionalistas como las marxistas se presentaron en estado de agitación y confusión, más aptas para combatir la ideología establecida (determinista, gradualista y, en el fondo, pesimista) que para reemplazarla por una nueva y potente ideología de repuesto.

      El nacionalismo se alimentó al principio de las ideas indoamericanistas que estaba desarrollando en el Perú Haya de la Torre, mientras que el marxismo no penetró a través de influencias directas, sino o por textos de gran simplismo conceptual (casi todos, breviarios de materialismo dialéctico) o por adaptaciones latinoamericanas del marxismo, como la efectuada, también en tierras peruanas, por Mariátegui.

      De modo que, en esta nueva fase, la dependencia fue doble: no sólo se trataba de ideas tomadas en préstamo de ideologías euro céntricas (aquellos nacionalismos tenían inspiración remota en el francés Maurras y en el fascismo italiano), sino que en esta ocasión ni siquiera se operaba el préstamo directamente, sino a través de intermediarios latinoamericanos.

      El ejemplo de pensamiento político más representativo de este periodo sigue siendo Rómulo Betancourt por haber coincidido en él ambas corrientes. Tributario a la vez de las ideas nacionalistas y americanistas peruanas y de las más generales categorías marxistas, el Betancourt de la primera época, esto es, el creador de Acción Democrática, viene a sintetizar la incorporación de la nueva ideología populista. No fue el único representante de esas tendencias. En el campo marxista, fue más profunda y sostenida la representación social comunista, con nombres en lo teórico como el de Salvador de la Plaza y, más tarde, Rodolfo Quintero. Eran marxistas militantes de la época economicista del marxismo, que ponían todo el énfasis en la lucha de clases, aplicada a lo social, y en lo político y económico, en las contradicciones que creían detectar en el sistema capitalista.

      De cualquier forma, a partir de entonces, el marxismo hace su aparición en el panorama de las ideas sociales en la Venezuela contemporánea, por más que conviene registrar aquí una diferencia histórica: en sus comienzos (período de 1935 a 1950, aproximadamente), el marxismo era un instrumento de lucha política manejado casi exclusivamente por militantes comunistas y afines. Pero, a partir de los años cincuenta, el marxismo pasó a ser una filosofía de raigambre universitaria, que se discute, enseña y polemiza a partir de las aulas o de escritos especializados.

      Pero la generación del 28 originó también el surgimiento de nombres independientes de lo político y abiertos al campo creativo y especulativo que han cubierto con su obra y expresión conceptual prácticamente todo el periodo. Desde un Picón Salas a un Úslar Pietri, sin olvidar nombres como Gabaldón Márquez, Enrique Bernardo Núñez, Isaac Pardo o Briceño Iragorry, los hombres de aquella generación, por dispares que fueran sus posiciones y diversos sus medios de expresión, coincidieron en la obsesión de entender y recrear la historia y las costumbres venezolanas.

      En el plano meramente político, que al fin y al cabo fue predominante en la fase de transición de la dictadura de Gómez a la de Pérez Jiménez, también ejercieron cierta influencia las ideas totalitarias, representadas en Europa por el nacionalsocialismo y el fascismo. En Venezuela, la introducción parcial de semejantes ideologías se hizo mayormente a través de partidos políticos de la derecha, como el incipiente Copei, vagamente influido en sus orígenes por la Falange Española y la derecha de Gil Robles, también de España.

      En cierta medida, el golpe de Octubre de 1945, unido a la victoria aliada de ese mismo año en la Segunda Guerra Mundial, dieron al traste con cualesquiera pretensiones totalitarias de la derecha. De 1945 a 1948, la ideología que trató de penetrar en los grupos de poder político tenía más de nacionalismo populista que de otra cosa. Fue el momento en que el gobierno propició la enseñanza laica en los colegios, no sin cierta resistencia, y fomentó el tipo de enseñanza normalista inspirada en la pedagogía y experiencia chilenas. Fruto de aquella política fue la creación del Instituto Pedagógico y, más tarde, de la Facultad de Filosofía y Letras. A través de ambas instituciones, pero especialmente de la segunda, penetran en Venezuela nuevas ideas y corrientes de pensamiento.

      El vehículo más poderoso para la propagación de teorías científicas y filosóficas fueron los refugiados españoles de la Guerra Civil. Si bien su impacto cultural en Venezuela no fue, ni con mucho, tan poderoso como el que experimentó México, no dejaron de instalarse en el país representantes de calidad que pronto dejaron sentir su influencia. Fue en el terreno del pensamiento especulativo en donde los republicanos españoles hicieron sentir más acusadamente su influencia.

      El resultado fue que los sistemas de pensamiento especulativo que prendieron en Venezuela de fines de los cuarenta y principios de los cincuenta fueron, en su mayoría, de ascendencia y filiación alemanas. Ello explica la formación de una corriente importante de profesionales venezolanos adictos de la tradición metafísica germana. Sin embargo, fue imposible cerrarse a ciertas corrientes en boga, tales como el existencialismo de Sartre o, mucho más tarde, ya en los sesenta, el estructuralismo francés.

      Mientras tanto, en la recién fundada Universidad Católica, penetraron y se difundieron en ciertos círculos, más bien reducidos, las ideas sociales y filosóficas de Maritain y las del personalismo de Mounier. Los nuevos cuadros del partido socialcristiano (igualmente en la clandestinidad durante la dictadura) se formaron al calor de tales doctrinas.

      Auge petrolero:

      En el orden económico, la sociedad venezolana había seguido, desde que se inició la explotación del petróleo a gran escala, una tendencia keynesiana de facto: era el Estado el dispensador de presupuestos para asegurar tanto la disponibilidad de empleos como la capacidad importadora de bienes y servicios. Semejante línea se acentuó con la dictadura, no sólo porque, durante ésta, el auge de la explotación petrolera se acrecentó al calor de nuevas concesiones a las compañías multinacionales.

      En la medida en que Pérez Jiménez no fue una excepción a tal regla y promovió la construcción de grandes obras, de vialidad (autopistas), suntuarias (hoteles, teleféricos) o habitacionales (bloques multifamiliares), la visión keynesiana del Estado venezolano se consolidó. Los gobiernos posteriores de la democracia no hicieron gran cosa por abandonar esa tendencia, por más que reorientaran el gasto público hacia obras de mayor interés social (salud, educación).

      Durante los sesenta y setenta tal tendencia se vio complementada con la no menos expansionista de la economía, de ahí, la industrialización forzada y la acumulación de grandes deudas, fruto de esa política económica de crecimiento a cualquier costo. Ha sido menester que sobrevenga la crisis general de los ochenta para que el pensamiento económico venezolano se diversifique y surjan expresiones criticas tanto desde los sectores planificacionistas y centralistas como desde los más agresivos neoliberales.

      En el campo político-social, la nota más destacada de los últimos veinte años la proporciona el derrumbe a escala mundial de la ideología marxista y las consecuencias que ello ha tenido en los países sometidos a su influencia, bien directa (política) bien indirecta (simplemente filosófica). Particularmente influyentes fueron en Venezuela durante los años sesenta las doctrinas indigenistas y tercermundistas de Fanon y las foquistas, de Debray y el Che Guevara. Su influencia no fue meramente académica, sino que se llevó al sangriento terreno de la práctica con una enorme pérdida de esfuerzos y vidas humanas. Todo ello contribuyó en no pequeña medida al hundimiento de las teorías revolucionarias de inspiración marxista, que comenzó a registrarse en los setenta y alcanzó su punto más bajo a fines de los ochenta, y que han tenido un pequeño resurgir en la actualidad.

      Desde el punto de vista político, ello ha supuesto el reforzamiento de las posiciones moderadas (tanto socialdemócrata como socialcristiana), pero desde el punto de vista teórico, conceptual, ha marcado un clima de desorientación y confusión que influye negativamente en las posiciones intelectuales contemporáneas. Hay que tener en cuenta que, en gran medida., el marxismo había sido aceptado a modo de doctrina religiosa de salvación en la mayoría de los países latinoamericanos; lo que significa que su desaparición va a traer consigo un vacío espiritual para las nuevas generaciones. Ello pudiera explicar la fácil penetración que en los últimos tiempos han logrado los credos religiosos no tradicionales, de orientación cristiana (sectas protestantes), orientales (budismo, harekrishna) o simplemente paganas (magia, hechicería).

      Por su parte, la evolución del pensamiento filosófico, en su mayor parte de pertenencia y formación académicas, puede concentrarse en dos palabras: revisión y pluralismo. Desde fines de los años sesenta, las grandes corrientes del pensamiento (fenomenología, existencialismo, historicismo hegeliano) pierden la casi exclusividad temática de que gozaban en los pensam de estudios y tienen que dar paso a otras escuelas filosóficas, tales como el estructuralismo, tanto en su vertiente marxista (Althusser) como socio-cultural Foucault). En los siguientes años va a destacar el populismo como corriente política.

      7. Paradigmas del pensamiento positivista aplicados a la crisis política de la actualidad venezolana.

      a.- Estatismo determinista: “la humanidad marcha en su historia a través de etapas determinadas y, por tanto, el momento de anarquía social que se vive no es un punto de llegada, sino un momento de transición hacia un nuevo orden”. Según este paradigma podríamos considerar que la crisis política que atraviesa Venezuela es una etapa y es parte de la evolución la cual nos llevara a un mejor orden. Es decir, este proceso es esencial para lograr una madures política que nos permita construir un mejor futuro.

      La doctrina positivista sirvió a muchos sociólogos y escritores para justificar los desmanes de grandes dictaduras (casos de Rosas, J.V. Gómez, Porfirio Díaz y otros). Según estos, el problema de nuestras sociedades era de reorganización, de manera que, a través de la integración progresiva de sus elementos pudiera salir un organismo complejo en el que habitara la libertad dentro del orden.

      El positivismo no debe interpretarse para justificar las dictaduras o aquellas soluciones arbitrarias que aseguren la existencia del orden necesario para el progreso del cual habla. En el positivismo solo caben salidas que sean legitimas, es decir que se encuentren establecidas en el marco jurídico legal, lo contrario seria una contradicción de la doctrina.

      Aunque el positivismo nos lleva a pensar que los problemas actuales son etapas necesarias para poder evolucionar a otros niveles, en ningún momento se debe cruzar de brazos a los problemas, al contrario, a través de esta corriente se debe buscar soluciones con mayor rapidez.

      b.- Evolucionarios: al igual que el paradigma anterior nos habla sobre la evolución ascendente de la sociedad. Y sobre como la crisis política actual no puede resolverse por leyes transplantadas de otras sociedades u otros regímenes, hay que tomar medidas que sean aplicables al nivel de evolución de nuestro país. Las medidas que se tomen en pro de la solución de la crisis deben estar basadas según como se ha venido desarrollando el conflicto. No se puede tomar decisiones ni medidas si no se ha estudiado el caso especifico y con total profundidad.

      c.- La transfusión de sangre: ya no solo puede referirse a la variedad étnica y el efecto que tiene esta en la sociedad. En la actualidad tendríamos que hablar de la diversidad de clases sociales. El ignorar alguna de estas clases sociales, como es el caso en Venezuela con las clases menos favorecidas, produce un resentimiento muy fácil de manipular por las personalidades políticas que aspiran o que se encuentran en el poder. Personalidades que al lograr su objetivo las han abandonado como otras tantas promesas vacías, cosa que sucede en Venezuela desde el siglo XIX y lo seguimos viendo en el actual siglo XXI. O simplemente culpar a las clases mas altas por todos los males de la sociedad. El pueblo es un elemento fundamental del Estado, y el pueblo somos todos, y nadie puede ser excluido del mismo, ya que tarde o temprano esto traería consecuencias inevitables, como ya se ha visto.

      d.- Lavado de cerebro: “la confianza en la educación como forma de transformar los hábitos del pueblo”. Según el positivismo la educación debe hacerse de forma objetiva. Hoy en día, la educación que recibimos sobre el conflicto nacional esta en poder de los medios. Donde observamos una total parcialización en la información que me emite, tanto en los medios de comunicación privados como en los medios de comunicación que pertenecen al Estado. Los cuales al igual que todos aquellos encargados de analizar el acontecer nacional, deberían hacerlo dejando atrás sus intereses personales. Son los educandos (o los espectadores) quienes tienen la libertad, el derecho y el deber de juzgar lo que aprenden, lo que escuchan o lo que ven. El progreso e integración de la sociedad solo de puede lograr a través de la educación integra. El método científico debe seguirse siempre en los análisis de nuestra formación histórica.

      e.- Libertad: la lucha del hombre siempre ha estado dirigida hacia a búsqueda de la libertad, y mientras el pueblo se sienta oprimido, sea una opresión real o manipulada, no habrá paz ni tranquilidad política la cual todos o la mayoría de nosotros deseamos.

      f.- Liberales "realistas": “Ahora les toca a los positivistas la creación de un nuevo orden que sustituya al destruido”. Aplicado a la conflictividad actual, el positivismo no solo nos debe servir para analizar los hechos de una manera científica y objetiva. Mas que para la critica, debe servir en la practica, donde los actos y acontecimientos que se realicen para solucionar los problemas, sean mas que pasionales e irracionales, todo lo contrario. Y que a partir del mismo se construya un proyecto.

      Hemos visto el despertar de una clase social ignorada por tanto años, el cual reclama sus derechos, una sociedad civil que reclama su soberanía. El resurgir de los partidos políticos, un resurgir que debería ser diferente, honesto y donde los ciudadanos se sientan identificados. Todos estos hechos y muchos mas, son las cosas positivas que se pueden sacar de este conflicto, los cuales deberían aprovecharse al máximo y a partir de ellos construir un proyecto de país, el cual merezcan todos los venezolanos.

      Y es que, lamentablemente hay muy pocas personas en este juego político actúen de la manera debida, donde se le informe a la población el porque de las decisiones tomadas, y mas importante aun se les consulte. La democracia es de todos y se debe dar en todos los niveles, no solo en el gobierno o en la oposición. La democracia va mas allá que de la simple elección de los representantes del gobierno, es una forma de vida.

      CONCLUSIÓN

      La conducta política actual es clara. Nadie tolera nada. Prevalecen las pasiones destapadas y la irracionalidad desbocada. La conseja popular dice que sólo hay 2 bandos y el mayor problema no es que cada quien jala lo bueno para su lado sino que para ninguna de los 2 sectores hay término medio. En Venezuela, la dualidad parece, entonces, recobrar vida en su máxima expresión: Chávez o no Chávez…

      Esos 2 sectores le han hecho demasiado daño a nuestras emociones y a nuestra capacidad de discernimiento. Y es mas que demostrable que seguir en el mismo camino no nos llevara a ningún sitio.

       

      Y aquí es donde podría formar parte el positivismo, ya que posiblemente a través de esta puedan empezar a darse las respuestas necesarias para salir del conflicto. Y hacer uso de todas las herramientas empíricas y científicas que tanto estudiamos pero que poco ponemos en practica.

      El positivismo ha sido acusado de poseer una frialdad imposible de lograr en los seres humanos. Pero esto no es lo que nos pide esta doctrina. Debemos actuar acorde con la racionalidad e inteligencia que nos caracteriza, y para esto no debemos abandonar nuestras ideologías o maneras pensar y sentir, simplemente respetar y ser honestos con todos los elementos que entran en juego.

      El problema es que para poder solucionar nuestros problemas hay que comenzar por reconocer que el otro —el que se diferencia y a veces se opone— también es importante.

        

      Pero para salir de esta situación debemos comenzar por elaborar un nuevo pensamiento, una nueva visión sobre nosotros mismos y una nueva concepción sobre el mundo que nos rodea. Esto significa que no podemos señalar una salida sin antes definir un nuevo sistema de ideas que se origine en una recuperación de la identidad. Una redefinición de lo que somos y de lo que nos rodea, realizada en función de lo que podemos ser a partir de la permanente transformación de lo que nos rodea.

      “ La valoración del orden en tanto condición esencial para aspirar a cualquier progreso”

      BIBLIOGRAFÍA

      • Carmen Anaya, Carolina Díaz, Yenny Gourmets y Maria Angela Petrizzo. El positivismo como filosofía; sus ideas sociales.

      http://www.faces.ula.ve/~petrizzo/Positivismo.htm

      • Juan Nuño. Pensamiento en Venezuela, de Gómez a nuestros días.

      http://www.analitica.com/bitblioteca/juannuno/pensamiento.asp

      • Positivismo y Filosofía.

      http://www.aldeae.net/donbosco/aldea/Tareas2.asp?which=1666

      • Sosa A., Arturo. (1985). Ensayos sobre el pensamiento político positivista venezolano. Caracas: Ediciones Centauro 85.

      • Vallenilla L. L. (1990). El cesarismo democrático Venezuela: Monte Avila Editores. 2da edición.