Cooperativismo agropecuario

Cooperativas. Trabajo en común. Actividades. Historia. Evolución

  • Enviado por: Paco
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Tema 6: El cooperativismo agropecuario

(12-04-00). El cooperativismo agropecuario actual es el resultado del largo proceso experimentado por diversas formas de trabajo en común, que tiene su inicio en la cooperativa de consumo que en 1843 fundan varios tejedores de Rochdale en el Reino Unido y en la asociación de ayuda agrícola que Raiffeisse crea en Alemania hacia 1846 para paliar los efectos del hambre. Esta última sociedad constituye el origen de las Cajas Rurales y Cooperativas Agrarias que más tarde se extenderán por toda Europa.

Por lo que respecto al cooperativismo agropecuario español, diversos acontecimientos han acompañado su desarrollo en Cataluña, que se convierte muy pronto en la principal vía de entrada en España del asociacionismo agrario a partir de la ley de asociaciones promulgada en 1887. Con esta ley se intentó mitigar las míseras condiciones en que la filoxera dejó a multitud de personas, a partir de aquí se legalizan las sociedades que se habían creado con este fin.

Posteriormente, tras un periodo dominado por los sindicatos agrarios de raíz católica, se funda en 1918 la Federación de Cooperativas de Cataluña. El notable desarrollo alcanzado por el fenómeno cooperativo durante la Segunda República Española queda totalmente cercenado tras la Guerra Civil. A partir de este momento, el cooperativismo es muy controlado manteniéndose una estructura con rasgos católicos y sumamente debilitada.

Esta es la época de las famosas uniones territoriales de cooperativas (Ufeco) y de las Cooperativas del Campo que perdura hasta el año 1977, momento en el que se disuelven las estructuras anteriores y se plantea una nueva situación aún intentando aprovechar todo lo que se pudiera de la antigua organización.

(13-04-00). Pese a la evolución de las últimas décadas, concretada en hechos como la Ley de Agrupaciones y Organizaciones de Productos Agrarios que contempla horizontes mercantiles más amplios y una estructura cooperativa de grado superior.

El cooperativismo agrario español sigue arrastrando la debilidad de tantos años de marginación y abandono por parte de la administración de haber aprovechado las bases existentes durante la Segunda República y continuado el ambiente favorable que gozaban las asociaciones agrarias, el cooperativismo estaría hoy más extendido, más consolidado y no habría que recorrer un camino tan duro, para acercarnos al competitivo modelo europeo.

El paso de una economía agraria basada en el autoconsumo y la subsistencia a otra orientada al mercado y los profundos cambios demográficos y socioeconómicos experimentados por España desde finales de los años 50 son factores determinantes para la configuración del actual panorama cooperativo.

Las transformaciones económicas y sociales llevan consigo un cambio importante en la demanda de productos agroalimentarios cuya respuesta se haya en la intensificación de los métodos productivos. La tecnología necesaria para llevar consigo dicha intensificación se aleja de las posibilidades de las pequeñas y medianas explotaciones familiares, ya que solo una estructura empresarial fuerte, eficaz y muy capitalizada puede hacer frente a los nuevos planteamientos productivos.

Por otro lado, el progresivo deterioro de las rentas agrarias agravado por la crisis energética de comienzos de los años 70. Así como la escasa participación en el valor añadido que genera la transformación y comercialización de los productos, todo esto sumen a la explotación familiar en un estado crítico de difícil solución, si a ello unimos los problemas de comercialización que presenta los productos agropecuarios procedentes de una oferta agonizada y la necesidad imperiosa de acceder a mercados cada vez más grandes y alejados, comprenderemos entonces el obstáculo que tienen entre sí los productores individuales.

Las formulas asociativas constituyen hoy en día la mejor forma de evitar la desaparición de la explotación familiar o que simplemente sobreviva en condiciones precarias. Este problema se acentúa por la enorme carga sociocultural que conlleva este tipo de explotación.

El cooperativismo puede mantener el sistema de producción familiar asegurando su rentabilidad, al mismo tiempo que se presenta como la principal forma de lucha ante las exigencias comerciales y la agresiva competencia que surge a partir del mercado único europeo, la Reforma de la PAC y la Agenda 2000. El principal escollo estriba lógicamente en el arraigado individualismo de los campesinos, pues muchos de ellos prefieren no arraigar y someterse a los dictámenes de las grandes empresas integradoras antes que cooperar afrontando los riesgos del mercado. La falta de confianza en el asociacismo agrario y las prevenciones que se toman ante este fenómeno, quizá radiquen en la limitada formación cultural y profesional de los agricultores y también en el fracaso de un amplio número de cooperativas agrarias constituidas.

La insuficiencia del sector agrario español, no sólo se manifiesta en bajo grado de cooperación, sino también en la escasa afiliación sindical. La participación de los campesinos en unos sindicatos agrarios que defienden sus intereses profesionales, económicos y sociales, se cifra en España alrededor del 12%, cuando estos porcentajes son 100%, 85%, 85%, 70% en Dinamarca, Bélgica, Alemania y Francia respectivamente.

(17-04-00). No existe en España mentalidad, ni tradición cooperativa como las que encontramos en otros países de la Unión Europea, aunque ciertas zonas como Cataluña, Navarra o Galicia rompen la pauta general y se acercan al modelo europeo.

Las cooperativas de producción, transformación, comercialización y financiación son habituales en países como Alemania, Dinamarca, Francia, Holanda o Bélgica. Un caso digno de mención es el de Dinamarca, pues la cuota de mercado que poseen las cooperativas vinculadas al sacrificio de ganado porcino y a la elaboración de productos derivados representa hoy en día el 90%. Se trata en realidad de 5 mataderos con régimen cooperativo que gracias a una serie de procesos de concentración empresarial son los de mayor capacidad de sacrificio del país y los que poseen una tecnología más avanzada. Solo estos mataderos representan el 62%.

Así mismo, el trabajo en común, también está muy extendido en otras producciones agropecuarias diversas, pues la cuota de mercado del ganado bovino es del 55% y la de los huevos y aves del 65%. A su vez, los Países Bajos también cuentan con un alto grado de asociacionismo agrario, ya que solo dos cooperativas fusionadas recientemente concentran el 25% del mercado cárnico del país.

Además, las cooperativas Holandesas de cereales, estrechamente ligadas a la ganadería intensiva, poseen casi el 60% del mercado. En Francia las mayores cooperativas del país se encuentran en la región de Bretaña que constituye el principal bastión de la ganadería intensiva francesa, actividad que ha sido impulsada gracias a la acción asociativa de varias asociativas que de esta manera pueden acceder a los circuitos comerciales nacionales e internacionales y de alguna manera competir con el capital multinacional y privado.

La cuota de mercado de las cooperativas francesas vinculadas al ganado y a la carne es del 34%. Con estos ejemplos se resalta la veracidad de que los agricultores y ganaderos españoles no han asumido el sentido cooperativo de la misma forma que los europeos y que las formulas asociativas tienen una implantación muy modesta. Sin embargo, las áreas más dinámicas ofrecen varias cooperativas pujantes que constituyen una respuesta al vínculo de necesidades que derivan de la intensificación de los métodos productivos.

Evidentemente, no se trata de las clásicas sociedades pequeñas vinculadas a la mera comercialización y a los suministros agrarios con escasas pretensiones mercantiles o que se dedican a la fabricación de piensos compuestos para abastecer una demanda local o comarcal.

  • LOS TIPOS DE COOPERATIVAS Y SU ACTIVIDAD:

Obviando las características jurídicas, legislativas y financieras que ya están suficientemente estudiadas y que distinguen varios tipos de sociedades agrarias con orígenes, objetivos y métodos distintos o desde el punto de vista de la actividad realizada, se pueden clasificar las cooperativas en 3 grupos básicos:

  • Las cooperativas generales del campo.

  • Las especializadas en alguna rama concreta de la producción agropecuaria (fruta, cereales, aceite,...).

  • Las grandes cooperativas de grado superior y con integración vertical de la producción ganadera intensiva.

Las cooperativas generales del campo con las herederas directas de la tradicional UTECO. No están especializadas en ninguna producción. Aunque el desarrollo de algunos subsectores ha obligado a muchas de ellas ha adaptarse a los nuevos tiempos y necesidades. Se orientan hacia la comercialización, no a la producción, prestan diversos servicios a los socios y les proporcionan algunos insumos. Por regla general, su ámbito territorial se circunscribe al municipio, o como mucho a la comarca y no son pocas a las que están en crisis debido a la carencia de técnicos y de una gestión racional y eficaz.

La abundancia de este tipo de cooperativas genera una atomización negativa que limita sus posibilidades económicas por lo que respecta a la comercialización de los productos. Las más dinámicas y mejor dotadas son las que se dedican a los sectores agropecuarios punteros como la hortofruticultura o la ganadería intensiva.

Las cooperativas especializadas suelen ser muy importantes por sus cifras de comercialización y buena gestión, aunque normalmente tengan pocos socios. Destacan las que están vinculadas a los cereales, que luego ellos mismos suelen convertir en piensos compuestos y a la leche. Por diversas razones, estas agrupaciones se parecen más a sociedades mercantiles y centrales lecheras respectivamente que a auténticas cooperativas.

Por su parte, las grandes cooperativas ligadas a la ganadería intensiva, trascienden su ámbito inicial de origen, aunque tengan en él su principal actividad e implantación. Generalmente, nacieron vinculadas a los cereales y a los piensos, pero de forma progresiva fueron ampliando sus actividades hasta suponer hoy en día una competencia notable para el proceso integrador de las compañías multinacionales y de algunas empresas privadas autóctonas.

Estas grandes cooperativas tienen muchos socios, notables volúmenes de producción y elevadas cuotas de mercado que las hacen competitivas, pero según algunos autores ello ha desembocado en la adopción de caracteres típicos de sociedades anónimas, sin llevar a cabo casi ninguna actividad de las consideradas propios de una cooperativa.

La gestión democrática se hace casi imposible en entidades de este tamaño y los beneficios se destinan casi íntegramente a aumentar la capacidad competitiva. Esta actitud responde a la idea de que la cooperativa es un medio más que un fin y por eso se tiene más en cuenta el criterio económico que la filosofía cooperativa.

(8-05-00). En cualquier caso, existen sensibles diferencias entre la actitud de estas cooperativas y empresas capitalistas por lo que concierne a la integración. Ante el cariz que tomaba el afán absorbente de las multinacionales mediante el control de la genética, el comercio de las materias primas, tecnología moderna, producción, industria transformados y la distribución de algunas cooperativas inician proceso de auto-integración en el que el socio es además un ganadero integral.

En la integración cooperativa la relación entre las dos partes es idéntica capitalista, diferenciándose básicamente en:

  • Que la empresa integradora reporte beneficios, al menos en teoría, al final del ejercicio.

  • Una empresa de capital cobra una cantidad fija por cada animal engordado, sin tener en cuenta la coyuntura del mercado. Mientras que el socio de una cooperativa con contrato de integración obtiene sus ingresos según las oscilaciones de los precios y los resultados de la sociedad.

En el primer caso: los riesgos del mercado los asume la integradora, en el segundo lo hace el propio ganadero. En el seno de una cooperativa el socio se siente participe de la empresa y con propietarios de los medios de producción, transformación y comercialización y sabe hasta cierto punto que puede ejercer ciertos controles sobre su organización y gestión. Sin embargo, el integrado por una empresa mercantil siempre obtiene algún beneficio a corto plazo, aunque el mercado ofrezca una situación de crisis y los precios caigan. Esto no ocurre en las cooperativas porque sus posibles pérdidas repercuten directamente en los ingresos de los socios, esto es lo que provoca que muchos ganaderos prefieran la integración capitalista a una costa de hipotecar su independencia y perder el carácter empresarial.

Así mismo, las pequeñas cooperativas y las empresas de capital acusan a las grandes asociaciones de productores de competencia desleal porque según ellas actúan como cualquier otra empresa mercantil, utilizando todos los resortes propios de la actividad y estableciendo con el ganadero contratos de larga duración, pero solo recurren al carácter cooperativo para obtener subvenciones y ventajas fiscales.

Los alimentos para el ganado son el elemento esencial de la actividad economía de estas cooperativas porque a partir de él construyen importantes estructuras verticales compuestas de los más diversos servicios. Las secciones que componen sus engranajes económicos se encaminan hacia el desarrollo del ciclo productivo completo (piensos compuestos, granjas, hibridaciones, mataderos, industrias cárnicas, distribución mayorista, distribución minorista, mercadotecnia, publicidad,...). Con todos los medios técnicos, genéticos y sanitarios que se requieren para culminar el ciclo productivo.

El modelo de cooperativismo ganadero intensivo ejercido por las grandes agrupaciones con integración vertical constituye una formula eficaz para que el ganadero tenga acceso a las innovaciones tecnológicas y participen del valor añadido que genera el proceso de transformación y comercialización de sus productos. De este modo tiene lugar una comercialización más directa y un acercamiento entre el productor y el consumidor a través de la cooperativa, es decir, muchas explotaciones familiares cooperativas consiguen una participación relevante en el mercado cárnico y propician mayor transparencia en las estructuras comerciales.

Estas cooperativas localizadas, la mayoría de ellas en zonas agrícolas insuficientes nacieron con el claro objetivo de prestar a los socios unos servicios que les permitiera conseguir buenos resultados económicos de sus explotaciones agrícolas y ganaderas, así como la rentabilización de los escasos recursos agrarios de la zona mediante la actividad pecuaria.

Geografía rural Página 1

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