Contaminación en las playas de Acapulco

Turismo en México. Playas mexicanas. Degradación medioambiental. Impacto turismo en Acapulco. Gestión resíduos. Limpieza de playas

  • Enviado por: Alejandra Paquentin
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 5 páginas
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Acuérdate de Acapulco

"Acuérdate de Acapulco, de aquellas noches, María bonita, María del alma....". Así cantaría Agustín Lara hace ya más de 60 años. Ahora bien, viendo Acapulco en estas épocas, ¿seguiría cantándole a María que se acordara de Acapulco? Probablemente cambiaría de playa.

Como bien sabemos el turismo es la tercera fuente de divisas para México, y emplea a 2 millones de personas en este país. Sin embargo, ese turismo pierde adeptos cuando los visitantes se encuentran con playas llenas de basura, de malos olores, que producen irritación en la piel, o que sencillamente el servicio no es el adecuado.

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) anunció que, al menos 16 playas mexicanas, se encuentran altamente contaminadas, e incluso que ya habían provocado problemas de salud entre residentes y turistas. También, la Profepa señaló que “la contaminación por desechos fecales, aguas negras, basura y residuos industriales ha provocado desde enfermedades gastrointestinales hasta infecciones respiratorias agudas”.

Pese a estos datos, aún existen autoridades locales que rechazan que sus playas estén contaminadas aunque se comprueba que hay más de 58 mil toneldas de desechos sólidos y 848 mil litros de desechos líquidos. Cantidades que fueron recolectadas por la Secretaria de Marina en costas mexicanas. Pero no hace falta escuchar que se encontraron miles de toneladas de desechos, cuando simple y sencillamente nos topamos flotando en el mar un pañal usado al lado nuestro.

Imaginémonos actualmente en Acapulco, esa playa maravillosa, donde millones de turistas que buscan diversión o relajación acuden en manada. Por las mañanas, sobre la playa trabajadores de la Administradora de Playas -a los que mejor hay que darles una propina antes de que la cosa pase a mayores - se afanan instalando sombrillas deshilachadas con dos sillas de plástico ya deformes por 40 pesos, como derecho a estar en la playa. Nos sentamos y la silla se hunde y de pronto la sombrilla se vence hacia un lado. Nos levantamos a caminar por la playa, un caminar de vendedores ambulantes vendiendo quesadillas, ceviche, camarones secos con sal y limón, mangos petacones con chile, trensitas y tatuajes que duran tres días, no permiten que llegues a entablar una conversación coherente con tu acompañante. Las vacaciones también con comida hecha en casa: sandwiches armados en el supermercado de enfrente; refrescos de dos litros, papas fritas y eso sí, six de cervezas que nadan en la hielera. Envases que en menos de media hora terminaran en la arena. ¿Acapulco contaminado? Para nada. ¿De dónde podrían sacar tales acusaciones?

En abril de 2003, el entonces gobernador René Juárez y el alcalde de Acapulco Alberto López Rosas desmintieron que Acapulco fuera una de las playas más contaminadas de México. Ambos se metieron a la playa a darse un chapuzón y salieron como león para el combate. Que se sepa, no sacaron ninguna roncha de su zambullida en playa Tlacopanocha para desmentir los infundíos de la Semarnat, de que Acapulco tenía algunas playas contaminadas, y si se le cayó el pelo en estos meses seguramente fue del coraje de que se difamara al puerto. Posteriormente, durante un recorrido por Caleta y Caletilla para supervisar las condiciones de los servicios públicos, el alcalde recibió peticiones de vendedores ambulantes para que los dejen vender sus productos en la playa y además, recorrió en lancha la bahía para tratar de localizar alguna posible descarga de aguas negras con resultados negativos. A este viajecito asistieron el subgerente de la Comisión Nacional del Agua (CNA) Humberto Gastelum; el jefe de la Unidad de Ecosistemas y Ambientes Costeros de la Semarnat, Roberto Velasco Delgado; la directora de Servicios Turísticos de la Sefotur, Artemisa Alarcón Nájera; la coordinadora de Servicios Públicos Municipales, Rosa María Gómez Saavedra; y el secretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, Orlando Soberanis Vargas. Posteriormente recorrió en la lancha de Protección Civil la bahía de Acapulco, para detectar posibles descargas de aguas negras al mar. Y según dice, no encontró muchos problemas. ¿Qué significa eso? ,¿no muchos?, ¿pues cuántos son?.

Hagamos un pequeño análisis, empezando por el porqué Acapulco se convirtió en el lugar que es actualmente: Acapulco se trata de una playa turística que, para empezar es la más cercana a la capital del país, lo que le da un gran atractivo de entrada; además tuvo su época y apogeo hace algunos años, ya que los “famosos” visitaban el puerto constantemente y hasta lo consideraban un paraíso. La gente comenzó a visitar Acapulco en masas… y ya sabemos que pasa cuando una gran cantidad de seres humanos pisan un lugar.

El principal problema de Acapulco, en cuanto a contaminación, son las descargas al mar de aguas servidas. No debemos olvidar que muchos hoteles lanzan aguas negras a las bahías sin reparar que están matando la gallina de los huevos de oro. Se trata de un fenómeno generalizado en la región, que a menudo enfrenta a organismos sanitarios y grupos ecologistas con autoridades locales y empresarios, quienes buscan preservar la actividad turística. Pero veamos más allá: Los contaminantes humanos del agua pueden afectar la calidad de las playas turísticas o las lagunas costeras y convertirlas en no aptas para desarrollar actividades recreativas y deportivas. Si esto es así, el turismo en la zona se vería afectado. En poco tiempo, las bellas playas mexicanas serán un cochinero y, tanto el turismo extranjero como el nacional, se ausentarán por razones obvias. Por lo que resulta necesario que los empresarios abran sus ojitos y se den cuenta de los efectos a largo plazo que tienen sus acciones.

Por otra parte, también sería conveniente que las Secretarías de Turismo, Salud y Medio Ambiente proporcionen datos a los turistas que sean confiables, que recomienden a las autoridades hacer la limpieza necesaria y correspondiente en las playas y alertar a los ciudadanos, no únicamente acerca de los niveles de contaminación, sino incluso qué tipo de padecimientos pueden contraer si se zambullen en aguas contaminadas. .

Lo más perturbador del asunto es que las autoridades siguen negando que Acapulco esté tan contaminado como los vemos. Hace un año, el secretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas del Gobierno estatal de Guerrero, Juan Farill Herrera, aseguró que “ninguna de las playas de Acapulco está fuera de las normas de calidad, el monitoreo en 20 puntos específicos arrojó un 96 por ciento de aceptabilidad”. Sin embargo, resultó que días después el periódico Reforma publicó que las cifras que había anunciado el secretario databan de meses anteriores y que prestadores de servicios turísticos habían notificado contaminación en Acapulco derivada de la descarga de aguas residuales a la bahía.

Las playas que actualmente se encuentran con más problemas ambientales en nuestro país son principalmente las bahías de Banderas, Acapulco y Zihuatanejo; así como en Huatulco, Puerto Ángel y Puerto Escondido, todas en el Pacífico mexicano.

Para la limpieza de las playas, la Secretaría de Marina puso en marcha 3 mil 565 operaciones de control y disposición de desechos sólidos y líquidos con los mandos navales y personal de los departamentos de Coordinación de Programas Contra la Contaminación y el de Protección al Medio Ambiente Marino. Además, implementó 2 mil 323 operaciones de inspección y vigilancia terrestres y 5 mil 392 operaciones marítimas en las playas y zonas costeras, con el objetivo de detectar fuentes contaminantes. Y, además, la Secretaría de Marina “iniciará un nuevo estudio que analizará la presencia en el mar de químicos resistentes como plaguicidas y pesticidas”. De esta forma el especialista Fausto Arce, coordinador del "Atlas de Contaminación Marina", advirtió que los resultados ayudarán a tener un diagnóstico más detallado sobre las fuentes de contaminación y los efectos en la salud.

Es decir, no se puede negar que hay labores que nuestras autoridades están llevando a cabo y que, en definitiva, son benéficas para evitar o controlar la contaminación de playas como Acapulco, sin embargo también es cierto que no es válido tratar de vernos la cara diciéndonos que Acapulco no está tan contaminado, cuando no es cuestión de que no veamos los bichitos del mar, sino que estamos viendo la basura acumulada, las pestes que surgen el agua, las bolsas de plástico en el mar, en fin.

Fuera de la acciones de nuestras autoridades, también sería conveniente pensar un poco en las acciones de los turistas. Al fin y al cabo las bolsa de papas fritas y los envases de cerveza en la arena, probablemente no lo avienen los hoteles. Los turistas, tanto extranjeros como nacionales parecen no tener una cultura de viaje. Pareciera que necesitan llegar a un lugar y dejar huella. Desgraciadamente esa huella no es una cuestión positiva, sino todo lo contrario. ¿Porqué no establecer sanciones fuertes a los turistas y locales que se les vea maltratando o contaminando el medio ambiente? ¿Porqué no hacerlo así? Al fin y al cabo es un programa que funcionaría para muchas cuestiones: al sancionar a la gente, la contaminación bajaría por lo que no se necesitaría tanto presupuesto para ocuparse de ese problema, y a la vez, ese dinero que no se utilizaría para eso puede ser aplicado para otras cuestiones que también resultan importantes en las playas como Acapulco. Y además, como quien no quiere la cosa, se ganan un buen dinero con las sanciones ,que puede ser utilizado para seguir con el programa. Sería cuestión de analizar bien esta propuesta.

Debemos de hacer conciencia que la contaminación en las playas mexicanas, como en el caso particular de Acapulco, es un problema grave que afecta al turismo, a nuestra fauna marina y a nosotros mismos, ya que el agua contaminada produce muchas infecciones. Además de ser concientes (porque no dudo que muchos lo sean), hay que hacer algo, no solamente decir “si, que mal, deberíamos hacer algo”, y quedarse así por los siglos de los siglos.