Consumo de drogas en adolescentes argentinos

Adicciones. Drogadicción. Adolescencia. Problemática adolescente. Drogas

  • Enviado por: Franco
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 5 páginas
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ConsumodeDrogasenAdolescentes:

Los datos provienen de la encuesta nacional de Adicciones del año 2010.

El artículo presenta una investigación descriptiva y no experimental que identificó el consumo de drogas legales e ilegales y los factores psicosociales de riesgo y de protección relacionados con el consumo.

Instrumento

Para la recolección de la información se construyó y validó el Cuestionario de factores de riesgo y de protección para el consumo de drogas, compuesto por 311 ítems divididos en tres aspectos de interés:

- Aspectos sociodemográficos. Incluye 10 ítems que identifican el género, la edad, el estado civil, el programa y semestre académico, con quién viven, si tienen pareja y las actividades de ocio. 
- Presencia de consumo de drogas legales. 24 ítems con opción múltiple de respuesta que evalúan la conducta (frecuencia y forma), las situaciones antecedentes y las consecuencias, en el consumo de alcohol y tabaco. 
- Presencia de consumo de drogas ilegales. 48 ítems con opción múltiple de respuesta que evalúan la conducta (frecuencia y forma), las situaciones antecedentes y las consecuencias. Se incluyeron las siguientes sustancias: opiáceos (heroína, morfina, metadona, etc.); cocaína (basuco, cocaína, base libre y crack); marihuana y éxtasis y otros alucinógenos (LSD, polvo de ángel, hongos y peyote). 
- Factores psicosociales de riesgo y protección para el consumo de drogas: 229 ítems con respuesta tipo «sí/no» que miden: alteraciones psicológicas, autoestima, comportamientos perturbadores, maltrato, habilidades de autocontrol, sociales, emocionales, de afrontamiento y enfrentamiento, espiritualidad, preconceptos y valoración de las drogas, relaciones interpersonales, relaciones con consumidores y funcionamiento familiar.

El consumo de drogas en adolescentes aumentó un 70% en la última década debido en gran parte al fácil acceso a la misma. En el ámbito mundial y nacional existe la preocupación por el incremento constante del consumo de drogas ilegales y legales entre jóvenes.

Las drogas, en general, modifican las condiciones físicas o químicas del organismo, mediante una acción directa sobre el sistema nervioso central alterando su estructura y funcionamiento (World Health Organisation, WHO, 2002). A su vez, afecta la conciencia del individuo (Pérez, 2000) con efectos en el comportamiento (Parrott, Morian, Moss & Scholey, 2004). La palabra consumo describe específicamente el comportamiento de entrar en contacto con la droga, ya sea por vía oral -tragada o masticada-, inyectada, fumada, por absorción anal o vaginal; generalmente, el consumo inicia con bebidas alcohólicas, cigarrillo y marihuana (Salazar, Varela, Cáceres, 2004; Salazar, Varela, Cáceres y Tovar, 2005, 2006). Entre los daños ocasionados por el consumo de drogas se cuentan: 1) los efectos crónicos sobre la salud como el daño a ciertos órganos o la aparición de enfermedades; 2) los efectos físicos que ocasiona directamente la sustancia en un período corto de tiempo y, 3) los efectos sociales derivados del consumo, como el daño de las relaciones interpersonales, la pérdida del trabajo, la desintegración familiar, entre otros.

Las drogas mas consumidas por adolescentes de entre 13 y 18 años son el alcohol, la marihuana, el tabaco, las pastillas estimulantes( efedrina, éxtasis, mdma, noan, etc). El alcohol es de venta libre y el mas utilizado.

Los jóvenes se ven tentados en horarios nocturnos sobre todo para comprar y consumir este tipo de estupefacientes, siendo de tan fácil acceso para ellos.

Motivos:
Los motivos por los cuales en síntesis los adolescentes son influenciados al consumo de estas sustancias son generalmente para encajar en su círculo social, o ingresar al círculo social al que quieren pertenecer.
Para inhibir sensaciones o emociones.

Para experimentar con ellos.

Discusión

En la muestra seleccionada se encontró asociación significativa global entre los factores psicosociales y psicológicos evaluados y el consumo de todas las drogas ilegales y legales y, de manera independiente, con algunas variables que conforman los factores psicológicos y sociales. Los factores sociales globales, se relacionaron significativamente con el consumo de tabaco, marihuana, éxtasis y opiáceos, pero no con el alcohol y la cocaína.

La presente investigación encontró que el alcohol es la droga más consumida entre los jóvenes, confirmando los hallazgos de estudios realizados en los últimos años en Colombia y el mundo (Becoña & Vázquez, 2001; OMS, 2005; Plan Nacional sobre Drogas, 1997) incluyendo población universitaria (Fenzel, 2005; Higgins & Marcum, 2005; Parrott et al., 2004; Salazar & Arrivillaga, 2004) corroborando la permanencia del riesgo en los países en desarrollo y sus consecuentes efectos negativos en los ámbitos sociales, económicos y de salud.

De manera similar a las sustancias legales, se da una baja percepción de consecuencias negativas en el consumo de drogas ilegales entre los consumidores, colocándolos en un riesgo mayor (Novak, Reardon & Buka, 2002; Salazar & Arrivillaga, 2004; Sim, Jordan-Green, Lee, Wolfman & Jahangiri, 2005) ya que le dan mayor valor a las sensaciones placenteras y a los cambios en el estado de ánimo. Además, clasifican algunas sustancias como menos peligrosas y ellos mismos se atribuyen una mayor capacidad de control sobre el consumo cuando se hace de manera ocasional o recreativa, tal y como lo afirman Mcleod et al. (2004); Turner et al. (2003); UNODC (2004, 2005) y U.S. Department of Health and Human Services (2003). Esto podría explicar que la droga ilegal más consumida sea la marihuana, respaldando los resultados de otros estudios.

A diferencia del alcohol, en donde las mujeres aparecen con un 2% superior de consumo, se encontró una mayor utilización de tabaco y de las drogas ilegales en los hombres. Sin embargo, el porcentaje de mujeres consumidoras es alto y en algunos casos (opiáceos) igual que el de los hombres (Patton et al., 2002; Turner, Russell & Brown, 2003). Según el Centro Nacional para la Prevención de Enfermedades Crónicas y la Promoción de la Salud (2005) y la presente investigación, es menor la diferencia entre los géneros con relación al consumo, convirtiéndose en una situación crítica, teniendo en cuenta que las mujeres son la base del desarrollo social y económico de los países.

En todas las sustancias ilegales y legales es mayor el porcentaje de mujeres que nunca han consumido drogas. Sin embargo, entre el grupo de personas que ha abandonado el consumo es mayor el porcentaje de hombres, con excepción del alcohol en donde son las mujeres quienes han dejado de hacerlo en mayor medida.

Se encontró un menor consumo actual de drogas ilegales y legales en los universitarios menores de edad y la más alta proporción de consumo histórico y actual en los de mayor edad. Sin embargo, el inicio del consumo en los dos tipos de sustancias (legales e ilegales) aparece antes de los 18 años, corroborando los hallazgos de Becoña y Vázquez (2001); Fenzel (2005) y Oman et al. (2004). Esto último, nos lleva a considerar la importancia de implementar programas preventivos desde los primeros años de escolaridad, centrados en las características del consumo y los factores psicosociales más determinantes, como se precisará más adelante.

Los resultados revelan, además, que el consumo de las sustancias legales e ilegales tiene un importante componente social (Parrott et al., 2004). El uso de las sustancias se relaciona con actividades de ocio, diversión y eventos sociales, en las cuales otras personas han participado en la provocación del comportamiento de consumo. Sólo el consumo de tabaco se presenta también cuando están solos.

La presencia de comportamientos perturbadores parece estar asociada con el consumo de todas las drogas (Fundación BACC, 2003; Graña & Muñoz, 2000b; Kuperman et al., 2001; Marmorstein & Iacono, 2003; Shrier, et al., 2003). La ausencia en el repertorio conductual de los indicadores que corresponden a los trastornos de conducta, el déficit de atención con hiperactividad, la conducta antisocial y el comportamiento desafiante parece constituir un elemento protector en los jóvenes, porque se asocia con características de baja impulsividad, una mayor tolerancia a la frustración y mejor aceptación de la norma. Con respecto al consumo, quienes logran una mayor autorregulación tienen una menor vulnerabilidad, evitan exponerse a situaciones de riesgo o pueden presentar un consumo exploratorio y esporádico y no avanzar hacia la dependencia.

La presencia o ausencia de preconceptos y valoraciones positivas sobre las drogas facilita el riesgo o protección de consumo, respectivamente, según se observó en el estudio. Al respecto, Graña y Muñoz (2000b) y Marsden et al. (2005) hallaron que las personas pueden tener una gran variabilidad de opiniones y posiciones frente a las drogas, pero es probable que aquellas ideas que son más favorables coloquen en riesgo a las personas, puesto que se incurre más fácilmente en actitudes relacionadas con el poco conocimiento de estas sustancias y se minimizan los efectos que puedan tener, como sucede en el caso de la marihuana, el alcohol y el cigarrillo. Relacionar el consumo de drogas con efectos como el aumento de sensaciones placenteras, mayor facilidad para la expresión de opiniones y sentimientos, aceptación por parte de sus iguales, mejor rendimiento académico, laboral o deportivo y aumento de la creatividad, favorece no sólo el consumo experimental de una droga, sino también el uso regular de ella. Esto sumado a la baja percepción de riesgo y de consecuencias negativas en sus propias experiencias, se convierte en un importante factor de mantenimiento del comportamiento de consumo de drogas ilegales y legales (Becoña & Vázquez, 2001; Butters, 2004). Ahora por el contrario, si un joven percibe una droga como un riesgo y valora su consumo como peligroso, la probabilidad de convertirse en consumidor o de pasar a consumos compulsivos o intensos será mucho menor (Bachman et al., 1990). Esto se refleja en sustancias como los opiáceos y la coca, percibidos como más nocivos que las demás drogas y consumidas en menor cantidad.

Los resultados sobre el déficit en habilidades de autocontrol como factor de riesgo para consumir drogas ilegales y legales, apoyan lo encontrado en otros estudios (Benda, 2005; Gutierrez-Baró & Aneiros-Riba, 1999; Risolidaria, s.f., Tibbetts & Whittimore, 2002; Wills et al., 2003). Centrarse en sí mismo, tener un bajo control emocional, preferir las tareas físicas a las mentales (Higgins & Marcum, 2005), la dificultad para reflexionar acerca de las consecuencias de las propias acciones, la sensibilidad al refuerzo y la gratificación inmediata y los estilos atribucionales de carácter externo y global se asocian frecuentemente con el mantenimiento del comportamiento de consumo de drogas.

La asociación estadística significativa entre el maltrato y el consumo de las sustancias marihuana y opiáceos se observa también en otros estudios (Bernstein et al., 1998; Compton et al., 2005; Mullings et al., 2004). Es importante tener presente la ausencia de relación importante con las demás drogas legales e ilegales teniendo en cuenta que el maltrato (entre los que se incluye la negligencia) predispone a alteraciones emocionales y trastornos del comportamiento y estos, a su vez, se asocian con el consumo de drogas. Se confirman los hallazgos de Bernstein et al., 1998, quien sólo encontró relación entre el maltrato y algunas drogas.

Respecto a los factores sociales, los resultados mostraron que la ausencia o presencia de relación con personas consumidoras es el principal factor que actúa como protector o riesgo frente al consumo de todas las sustancias ilegales y legales. Graña y Muñoz (2001a) y Parrott et al. (2004) coinciden en plantear que uno de los mejores predictores del consumo de tabaco y alcohol es el hecho de tener amigos que los consuman y que exista un efecto protector en los casos en que haya desaprobación del consumo por parte de los iguales (Bachman, Houston & O’Malley, 1990; Butters, 2004; Jaccard, Blanton & Dodge, 2005). En el presente estudio se observó que esta variable es relevante tanto para las drogas legales como para las ilegales.

Los demás factores psicológicos y sociales evaluados en el estudio parecen no estar fuertemente asociados al consumo de drogas ilegales y legales, pero es probable que se requieran más estudios para confirmar o no la asociación de factores como el funcionamiento familiar y las relaciones interpersonales con el consumo (Anicama, 2001; Allen, Porter, McFarland, Marsh & McElhaney, 2005; Carballo et al., 2004; Dorius et al., 2004; Mckeganey et al., 2003; Mcleod et al., 2004; Risolidaria, s.f; Rojas, 2001; Wu et al., 2004).

El artículo incluyó, en resumen, una descripción del consumo de drogas en un grupo de universitarios, así como la asociación de este comportamiento con aquellos factores individuales y sociales que, en casos específicos, muestran una tendencia a proteger o a poner en riesgo a los jóvenes con relación al consumo de drogas legales e ilegales. Sin duda, un importante reto para los investigadores es replicar la investigación, con el propósito de corroborar o refutar los hallazgos, o continuar con estudios más específicos que permitan establecer relaciones de tipo causal. Ahora, al analizar las situaciones y características del consumo descritas, se establece la importancia de realizar programas de prevención del consumo de drogas y la promoción de la salud en las instituciones educativas en todos los niveles de formación (primaria, secundaria y terciaria o superior), en donde se tenga en cuenta información precisa y efectiva sobre los efectos del consumo, facilitando la percepción del riesgo y la vulnerabilidad personal que incremente la valoración negativa de las sustancias; el manejo del tiempo de ocio; el desarrollo de habilidades sociales, de autocontrol, de afrontamiento y enfrentamiento, de manejo y seguimiento de alteraciones psicológicas y de los comportamientos y las emociones perturbadores.