Conservación de cítricos

Refrigeración de productos vegetales. Tratamientos térmicos. Calentamientos intermitentes

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ÍNDICE:

1. INTRODUCCIÓN

1. INTRODUCCIÓN

La conservación de cítricos se sigue realizando casi con las mismas técnicas que en décadas pasadas. La conservación frigorífica basaba su aplicación en mantener condiciones gaseosas y térmicas constantes para prolongar la supervivencia comercial de los productos y preservar su calidad lo más intacta posible.

En la actualidad se ha demostrado para gran número de especies y variedades climatéricas y no climatéricas, que puede optimizarse el empleo de la refrigeración de una forma totalmente novedosa que es no mantener las condiciones térmicas y gaseosas constantes, es decir variando adecuadamente los rangos de temperatura a lo largo de la conservación frigorífica (pretratamientos térmicos y tratamientos térmicos).

Al conjunto de técnicas que utiliza este tratamiento tecnológico postcosecha es denominado Conservación de frutas y hortalizas en condiciones moduladas y programadas, el precusor de este concepto innovador en la conservación es debido al Profesor Pierre Marcelin (fallecido en París, 1992).

Una de las razones muy de actualidad para la aplicación de estas técnicas es la de evitar el uso de ciertos tratamientos químicos postcosecha. El mercado actual demanda productos hortofrutícolas, en la medida de lo posible, exento de productos químicos. Otra de las razones para su aplicación es que se adapta mejor a la evolución fisiológica del órgano vegetal a conservar.

2. JUSTIFICACIÓN DEL EMPLEO DE ESTAS TÉCNICAS

Como ya se ha comentado en el párrafo anterior, el desarrollo y aplicación de estas técnicas favorece la progresiva eliminación de los tratamientos químicos que van unidos a la conservación.

Las razones que justifican el empleo y desarrollo de estas técnicas para evitar los tratamientos químicos son las siguientes:

  • Comerciales En la actualidad cada vez son mayores las exigencias de los consumidores de productos sin residuos químicos, por tanto la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías de conservación deberá ir dirigido a la consecución de líneas de trabajo como la que nos ocupa.

  • Sanitarias Con la eliminación de tratamientos químicos en los productos evitaremos el riesgo de toxicidad en el hombre.

  • Ecológicas. El nuevo milenio se va a caracterizar por la defensa del medio ambiente, si evitamos los tratamientos se eliminaran una fuente importante de contaminación y toxicidad para el mismo.

  • Técnicas Los tratamientos químicos no tienen ningún efecto para frenar o retrasar la maduración.

3. OBJETIVOS

Los objetivos de los pretratamientos térmicos y tratamientos térmicos cíclicos, casi todos comunes a los tratamientos de conservación tradicionales (sin variación de la temperatura a lo largo de la consevación), son los siguientes:

  • Mejorar la conservación de la calidad

  • Reducir la actividad respiratoria y la emisión de etileno

  • Frenar o inhibir reversiblemente la maduración

  • Retrasar la senescencia

  • Evitar las alteraciones fisiológicas provocadas por el frío

  • Disminuir el desarrollo de algunos microorganismos

  • Estimular la resistencia del órgano vegetal al ataque de hongos

  • Evitar tratamientos químicos durante la conservación

4. PRETRATAMIENTOS TÉRMICOS, PRECALENTAMIENTO O CURADO

En determinados casos se ha conseguido mejorar la calidad comercial de frutas y hortalizas, si en vez de aplicar los tratamientos frigoríficos convencionales se retrasa un cierto tiempo la aplicación de la refrigeración, o se recurre a una breve exposición de los frutos a una temperatura relativamente moderada (15 a 25ºC) e incluso elevada (35 a 60º C) antes de refrigerar, lo que se denomina precalentamiento, curado o acondicionamiento.

Se han utilizado varios métodos y modalidades del retraso de la refrigeración (Marcelin y Urich, 1983). Así, el mantenimiento inicial de los frutos durante 1 a 15 días a temperatura ambiente (15 a 24º C) antes de la refrigeración (premaduración o curado), se ha mostrado eficaz para reducir la escaldadura, la descomposición interna y el core flush de manzanas, la textura algodonosa (woolliness) del melocotón y el picado (pitting) de pomelo y melón.

Con estos pretratamientos convenientemente mejorados se han obtenido éxitos para favorecer la calidad la calidad y supervivencia de numerosas especies y variedades hortofrutícolas, tales como cítricos (Purvis, 1985, Ben-Yeshoshua et al.,1987 a y b, Martínez et al., 1987, 1988 y 1993; Chun et al., 1988; Miller et al., 1990; Houck et al., 1990; Ben Shalom et al., 1993), manzana, melocotón, nectarina, ciruela, cereza, mango, tomate melón pepino, pimiento, calabacín, batata, etc. Con su aplicación, se han conseguido evitar desordenes fisiológicos provocados por el frío (chilling injury), pérdidas de textura y firmeza y el desarrollo de ciertos ataques fúngicos durante el almacenamiento frigorífico posterior.

Por su importancia económica, los cítricos han sido especial objeto de estudio en cuanto a su comportamiento ante situaciones de estrés térmico en la postrecolección, aplicadas para conservar su calidad organoléptica y comercial. En este sentido, Casas y Cuñat (1990) efectuaron una revisión sobre el acondicionamiento térmico previo a la conservación frigorífica, de diversas especies y variedades de distintos países productores.

Varios productos gaseosos del metabolismo tales como el dióxido de carbono, etileno, etanol y acetaldehido, se han utilizado como bioindicadores para evaluar y detectar las alteraciones organolépticas, fisiológicas y patológicas antes que se manifiesten los síntomas (Couey, 1982); algunas investigaciones recientes inciden particularmente en el control de los intercambios gaseosos tanto de los cítricos como de otros tipos de frutos sometidos a pretratamientos térmicos.

Así, en el caso de naranjas, pomelos, pummelos y limones, envueltos individualmente en películas de polietileno de alta densidad o poliolefina curados durante 2 ó 3 días a temperaturas de 33 a 36ºC, se reducen o eliminan los desordenes fisiológicos, los ataques fúngicos y se limitan las pérdidas de peso y el ablandamiento de los frutos, durante la conservación frigorífica posterior, sin sufrir modificaciones indeseables del aroma y sabor del fruto. La película plástica protege además a los cítricos de los daños provocados por las elevadas temperaturas y evita el estrés hídrico de la postrecolección (Ben-Yehoshua et al., 1981, 1983 y 1987 a, b; Grierson et al.,1982; Martínez et al., 1988; Miller et al., 1990 y Del Río et al., 1992).

Chun et al. (1988) han mostrado que los desórdenes fisiológicos del pomelo (picado y escaldadura superficial) se ven reducidos o eliminados por la acción de la envoltura plástica y no por el efecto del curado.

McDonald et al. (1993) señalan que se conoce muy poco sobre el modo de acción del curado, pero mantienen que provoca un efecto positivo en la reducción de los síntomas de los daños por el frío, como consecuencia de los efectos físicos sobre la reducción de la pérdida en peso, aunque en menor medida de lo que se había sugerido previamente (Wang, 1990 y 1991) y, sobre todo, del aumento de la resistencia a la difusión de gases no condensables (O2, CO2 y C2H4) a través de la epidermis de los frutos. Este efecto de barrera provocada por la envoltura plástica individual de los cítricos, había sido expuesto previamente (Purvis y Ben-Yehosua et al., 1985). En apoyo de esta misma tesis Nordby y McDonald (1991) indicaron que, aunque el daño por el frío tiene su origen sin duda a nivel de la membrana celular (Wang,1982), la zona cuticular tiene también alguna influencia en el inicio y extensión de la alteración del pomelo, debido a que la capa externa del fruto se vuelve más porosa a temperaturas de refrigeración que a temperatura ambiente, facilitando el aporte oxígeno hacia la membrana y la salida de agua (y en consecuencia la deshidratación), por lo que los tratamientos que dificultan estos flujos limitan los daños por el frío. Entre ellos el curado del pomelo durante 7 ó más días a 15ºC, antes de almacenarlo a 5ºC, prácticamente elimina el riesgo de daños por el frío. Estos investigadores han demostrado que durante el curado a 15ºC se acumulan en la cera epicuticular tres tipos de lípidos: escualeno, alcanos y aldehidos de cadena larga (tetra y hexacosanal) y que durante el almacenamiento a 5ºC estos dos últimos compuestos van desapareciendo. Concluyen que una posible causa de los daños por el frío en el pomelo es un inadecuado balance de lípidos específicos de su capa protectora natural, la cera epicuticular, y que el efecto protector del curado contra el daño por el frío es consecuencia de la biosíntesis de dichos lípidos y de la restricción de la transpiración que provocan en el fruto, separadamente o en combinación, al obturar los poros de la capa cérea cuando se almacena a baja temperatura.

Durante el curado ocurren también otros procesos favorables. Ismail y Brown (1975 y 1979) y Brown et al. (1978), demostraron que la cicatrización de heridas en la corteza de los cítricos curados durante 2 días a 30ºC y 96-98% h.r., por la biosíntesis de lignina y de sus precursores fenólicos, catalizada por la enzima fenil-alanina amonioliasa (PAL), proporciona una barrera mecánica en el flaveado que retrasa la penetración de los micelios de Penicilum digitatum en los tejidos afectados. Pero además, el curado favorece la acumulación de fitoalexinas, cumarinas y otras sustancias antifúngicas en el flaveado de los cítricos (Ben-Yeosua et al., y Kim et al., 1991).

A pesar de la considerable transcendencia económica de los daños por el frío en la postrecolección de productos hortofrutícolas, se han llevado a cabo pocas investigaciones que relacionen estos desordenes fisiológicos con las modificaciones del metabolismo de los productos, y en particular con las inducidas por los pretratamientos térmicos, aunque en los últimos años se han producido notables progresos.

Sobre el mecanismo de acción del precalentamiento, aún desconocido, se sabe que estimula la producción de etileno, desarrolla la maduración y favorece la resistencia a las bajas temperaturas. Las especies climatéricas son más sensibles a los desordenes fisiológicos en plena crisis respiratoria, cuando su metabolismo es más activo, y en ambas especies, climatéricas y no climatéricas, los frutos precoces son más sensibles al frío que los tardíos de la misma cosecha (Marcelin y Ulrich, 1983 y Jackman et al., 1988) por lo que una posible explicación del efecto de los precalentamientos puede ser el provocar un ligero envejecimiento de los frutos climatéricos, lo que mejoraría su aptitud para soportar la refrigeración (Marcelin y Ulrich, 1983).

Es conocido que las poliaminas pueden actuar para inhibir varios procesos relacionados con la senescencia en los tejidos vegetales, como la actividad de enzimas degenerativos (ribonucleasas, protesas, poligalacturonasas) o la peroxidación de lípidos (por su actividad antioxidante) y estabilizar la estructura de las membranas, retrasando su senescencia (Kramer y Wang, 1990). También se ha comprobado la acumulación de ciertas poliaminas durante los pretratamientos térmicos en algunos productos, aunque las opiniones sobre su relación con la inhibición de los daños por el frío son contradictorias. Así, durante el curado del limón Bears 3 ö 7 días a 10º, 15º, 21º, ó 27ºC, previo al almacenamiento a 1ºC, la putrescina se acumula en el flaveado de los frutos tratados a las dos temperaturas más elevadas, mientras la espermidina, o no resulta afectada (a 10, 15 ó 21ºC o se reduce su nivel a 27ºC. Después del almacenamiento durante 3 semanas a 1 ó 10ºC y 2 semanas complementarias a 21ºC, las concentraciones de putrescina y espermidina fueron superiores en los frutos conservados a 10ºC (McDonald, 1989), pero el autor concluye que no existe evidencia directa que ligue el metabolismo de las poliaminas con la fisiología de los daños por el frío, a pesar que en trabajos previos se hayan encontrado nexos para la putrescina (McDonald y Kushad, 1986) y para la espermidina (Wang, 1987).

Del análisis de la tabla 1 (J.P. Fernández- Trujillo; F. Artés CEBAS, CESIC, Murcia, 1994; Curso de Doctorado en Tecnología de Alimentos , Innovaciones en la refrigeración de productos vegetales, Profesor Doctor D. Francisco Artés, EPSO, Orihuela, Alicante, 1999), se determina a la vista de los resultados que solo el tratamiento de curado tiene las pérdidas mayores en peso del ensayo no teniendo pérdidas por oleocelosis; sin embargo el tratamiento conjunto de curado con envoltura plástica obtiene unas pérdidas totales en peso muy similares al tratamiento solo con envoltura plástica, destacando que en el tratamiento conjunto curado-plástico no se detectan pérdidas por pitting

En la tabla 2 (Curso de Doctorado en Tecnología de alimentos, innovaciones en la refrigeración de productos vegetales, Profesor Doctor D. Francisco Artés,EPSO, Orihuela, Alicante, 1999) se comprueba que los porcentajes de frutos podridos aplicando el tratamiento curado-envoltura plástica son contundentemente más bajos, casi mínimos en los primeros días, que en los frutos de control y con solo envoltura plástica, tanto en frutos inoculados, heridos y testigos.

5. CALENTAMIENTOS INTERMITENTES

Numerosos estudios han puesto de manifiesto el interés de los calentamientos intermitentes para favorecer la conservación frigorífica convencional o en atmósfera controlada de diversas especies hortofrutícolas sensibles al frío. La técnica consiste en someter a los frutos a elevaciones intermitentes de la temperatura, en el curso de la conservación frigorífica, con periodicidad, duración e intensidad variables, según los productos. El origen de esta técnica se encuentra en las experiencias iniciadas sobre fruta de pepita por Kidd y West en 1934, citado por Marcelin (1992), quien considera estos tratamientos como uno de los procedimientos más eficaces para minimizar los riesgos de daños por el frío sobre los productos vegetales refrigerados. Como ejemplos de aplicación se pueden citar los trabajo realizados sobre cítricos (David y Hoffman, 1973; Cohen et al.,1983; Martínez y Cuquerella, 1984; Martínez et al., 1987; Artés et al.,1987b,1990 y 1993; Salmerón et al., 1989; Salmerón y Artés, 1990; Arras y Usai, 1991 y 1992). También existen trabajos sobre melocotón, nectarina, ciruelas, aguacates, mangos, tomates, pimientos y pepinos.

El factor primordial para que se obtenga éxito de la aplicación de esta técnica, es que la elevación de la temperatura se produzca durante la fase en la que el desequilibrio del metabolismo que conduce a la alteración sea aún reversible, lo que se denomina el periodo de latencia de la alteración (Marcelin 1992). Si se realiza muy precozmente resulta ineficaz y si, por el contrario, se realiza tardíamente acelera la aparición de los síntomas de la alteración.

A escala industrial, por su importancia económica, los calentamientos intermitentes se vienen aplicando en Israel para la conservación a largo plazo de cítricos, en Europa para la fruta de pepita (manzana y pera) y en USA para la fruta de hueso.

5.1 MECANISMOS BIOQUÍMICOS Y FISIOLÓGICOS

El mecanismo bioquímico y fisiológico por el que los calentamiento intermitentes reducen los daños por el frío, todavía no se conoce suficientemente. En 1954 Pentzer y Heiner, citados por Ben Aire et al. (1970), avanzaron la hipótesisque a una temperatura crítica para cada variedad, las reacciones a nivel celular de síntesis y degradación de sustancias tóxicas están en equilibrio, pero por debajo de ella la síntesis se acelera y causa la alteración de los tejidos. Se han expuesto también que la interrupción del almacenamiento frigorífico durante breves periodos de calentamiento reduce la severidad de las alteraciones fisiológicas provocacdas porel frío, bien porque acelera la maduración de los frutos (Marcelin y Ulrich, 1983), bien porque aumenta los intercambios gaseosos entre la atmósfera interna del órgano vewgetal y la atmósfera que lo rodea, lo que favorecería la eliminación de compuestos orgánicos volátiles perjudiciales (Lyons, 1973).

Pero fundamentalmente, se considera que la acción de los calentamientos intermitentes reside en la restauración de la integridad de la ultraestructura celular y del metabolismo normal, previamente alterado por las bajas temperaturas, de forma tal, que permite reparar los desequilibrios reversibles del metabolismo durante el periodo de latencia del daño por el frío y antes de que se produzca una desregulación irreversible de la actividad celular responsable de la alteración fisiológica, cuyos síntomas se manifiestan con mayor intensidad al volver el fruto a la temperatura ambiente (Wang, 1982; Marcelin y Ulrich, 1983; Lyons y Breidenbach, 1987; Jakman et aL., 1988). De hecho, el aumento de la temperatura parece provocar la reparación de los orgánulos celulares, membranas y/o rutas metabólicas, antes de que ocurran cambios degenerativos irreversibles. La metabolización de compuestos potencialmente tóxicos que pueden acumularse durante la refrigeración y/o la restauración del metabolismo normal, como el de disponibilidad de factores esenciales o metabolitos que llegaron a ser deficitarios durante la refrigeración (Wade, 1979; Wang, 1982; Lyons y Breindenbach, 1987; Jakman et al., 1988).

La elevación de la temperatura por encima de un cierto nivel crítico en el curso del periodo de latencia, debe restituir el estado físico de las membranas celulares, modificado por la refrigeración (rigidez de la estructura lipídica y alteración de la disposición de las proteínas asociadas a las cadenas de lípidos), eliminar ciertos metabolitos tóxicos acumulados a bajas temperaturas o incluso favorecer la síntesis de ciertos constituyentes indispensables para la célula (Marcelin y Ulrich, 1983). A este propósito dichos autores citan que los calentamientos intermitentes restablecen la respiración normal de los cítricos, melocotones y tomates y el equilibrio de la actividad pectinesterasa y poligalacturonasa en el melocotón. Por otra parte, Buescher y Furmanski (1978), citados por Wang y Anderson (1982), sugirieron que los calentamientos intermitentes previene la textura algodonosa de los melocotones, al mantener la capacidad de producir enzimas pectolíticas a concentraciones adecuadas.

También es posible que la acción combinada del frío y del calor estimule la biosíntesis de ácidos grasos insaturados que protegen la integridad física de las membranas (Wang, 1982). De hecho la hipótesis de Lyons et al. (1964), citados por Wang y Anderson (1982) que un alto grado de insaturación de los ácidos grasos está relacionada con una mayor resistencia a los daños por el frío, se ha visto apoyada por estos autores al mostrar que tanto el ácido linoléico como el linolenico se acumulan bajo un tratamiento de calentamiento intermitente y atmósfera controlada, que redujo los daños por el frío. Ello ha podido ocurrir bien porque provoque un aumento de la sintesis de ácidos grasos insaturados, o bien porque dicha composición de la atmósfera retrase su oxidación y degradación.

5.2 CALENTAMIENTOS INTERMITENTES EN CÍTRICOS

Desde que Davis y Hoffman (1973) pusieron de manifiesto el efecto favorable sobre el pomelo Marsh y naranjas Valencia y Temple, de los calentamientos intermitentes de 8 horas por semana a 21ºC para reducir los daños por el frío en la conservación de 8 semanas a 4,4ºC y 12 semanas a 1,1ºC respectivamente, se ha extendido su aplicación a diversos cítricos.

Un calentamiento durante 7 días a 13ºC cada 21 días, a lo largo de 6 meses de almacenamiento a 2 u 8ºC de limón Villa-Franka evitó el picado y redujo las podredumbres respecto a los frutos conservados constantemente a 2 u 8ºC (cohen et al., 1983) incluso en la práctica comercial (Cohen, 1988 y Cohen et al., 1990b).

Como se observa en las tablas siguientes la evolución en la respiración y en la producción de etileno es mucho menor en los tratamientos con calentamientos intermitentes que en el resto de los tratamientos de conservación.

En limones de la variedad Primofiori o Fino cultivados en España, se ha obtenido los mejores resultados para controlar alteraciones fisiológicas y podredumbres, aplicando un calentamiento durante 2 semanas a 13ºC cada 2 semanas de conservación a 2ºC, durante 1 y 2 meses de almacenamiento (Artés et al., 1987b,1990 y 1993). Por su parte en limón de la variedad Verna, durante 1 mes de conservación, el ciclo de 2 semanas a 2ºC y 2 semanas a 13ºC resultó más favorable que el de 2 semanas a 8ºC y 2 semanas a 13ºC (Salmerón y Artés, 1990).

Para controlar las alteraciones en naranja Valencia, el ciclo de calentamiento durante 20 horas a 20ºC cada 2 semanas, aplicado a lo largo de 5 meses y medio de conservación a 2ºC resultó muy eficaz, mientras en mandarina Clementina fue muy favorable el de 6 horas por semana a 20ºC durante 3 meses de conservación a 2ºC (Martínez y Cuquerella, 1984). Este último equipo de investigadores ha puesto de manifiesto la importancia de la modulación tiempo-temperatura en el calentamiento intermitente de la madarina Clementina Fina; una secuencia de 5 horas por semana a 20ºC durante 2 meses de conservación a 2ºC controló el desarrollo de los daños por el frío (1,5 frente al 9,8% en el testigo a 2ºC), mientras que aplicando 5 horas a 20ºC cada 2 semanas se contabililizó un 10,7% de pérdidas por desordenes fisiológicos. En naranja Navel, sometida a dos modulaciones idénticas a las anteriores, mientras el picado y la membranosis no se vieron afectados por la distinta influencia, la necrosis peripenducular (stem-endrind-brahdown) fue controlada durante 3 meses de conservación a 1ºC solo por la segunda modulación (Martínez et al., 1987).

En pomelo Redblush un calentamiento de 18 h por semana a 20ºC durante 2 meses de conservación a 5ºC se mostró muy eficaz para prevenir los daños por el frío (Martínez et al.,1987). En mandarina Nova un calentamiento de 16 h a 20ºC cada semana, durante 2 meses de conservación a 3ºC, redujo la seriedad de las alteraciones fisiológicas detectadas en los frutos almacenados continuamente a 3ºC (Martínez et al., 1991).

En mandarina Murcott un calentamiento intermitente de 1 día por semana a 14ºC durante 2 meses de conservación a 6ºC, controló los daños por el frío al desarrollo de ataques fúngicos (Arras y Usai, 1991). En naranja Navel Thompson, un ciclo de 6 días a 2ºC y 1 día a 14ºC redujo significativamente los daños por el frío durante 4 meses de conservación (Arras y Usai, 1992). Estos investigadores han señalado que el contenido en limoneno y en citral puede ser considerado como un índice de degradación de la naranja Navel Thompson e informaron que un ciclo térmico de 6 días a 6ºC mas 1 día a 14ºC, durante 3 meses de conservación, seguida de 2 semanas de comercialización a 20ºC, mereció el mejor resultado para evitar la degradación de los aceites esenciales (Usai et al., 1992).

5.3 OTROS RÉGIMENES TÉRMICOS MODULADOS

Con objeto de reducir los daños por el frío en frutas y hortalizas, tratando de atemperar su sensibilidad a las bajas temperaturas, se han desarrollado algunas modulaciones térmicas particulares. Entre los ejemplos que se han descrito se pueden citar las fluctuaciones de temperatura. Ito y Nakamura (1984) han aplicado con éxito esta técnica sobre berenjena y judía verde variando la temperatura en *5ºC alrededor de la temperatura basal de 6ºC, en periodos de 12 ó 24 h, con lo que se eliminó el picado y se mantuvo mejor el aspecto visual durante 15 días para la berenjena y 10 días para la judía verde. Sin embargo, en pepino y pimiento, los resultados no fueron satisfactorios.

Se han tratado limones mediante ciclos de refrigeración durante 1 semana a 8 ó 2ºC seguidos de 3 semanas a una temperatura superior considerada como la óptima de conservación (13ºC), lo que se denomina enfriamientos intermitentes (Escriche y Artés, 1984), con objeto de intentar acondicionar termicamente a los frutos para mejorar su resistencia a los ataques fúngicos y a los daños por el frío que esporadicamente ocurren a temperatura moderada. Los resultados no fueron suficientemente positivos(Artés et al., 1987b) ya que a pesar de detectarse una ligera reducción de Alternaria sp., la membranosis fue más severa. Sin embargo, se considera que estos resultados son alentadores y se están desarrollando nuevas aplicaciones.

Los enfriamientos intermitentes han sido utilizados con éxito en otros frutos sensibles al frío, como el mango, combinados con calentamientos intermitentes, entre las temperaturas de 16 y 5ºC, con lo que se controlaron los daños por el frío (Sankat y Mohammed, 1993). Sin embargo, presentaron problemas de ataques fúngicos, provocados por las condensaciones de agua sobre los frutos, por lo que se hace necesario proseguir en la mejora de los modos de aplicación de esta técnica.

Las técnicas de tratamientos intermitentes están siendo acompañadas con nuevas técnicas como son las películas plásticas (HDPE) y como se puede observar en las diferentes tablas que a continuación se citan, los calentamientos intermitentes acompañados de las películas plásticas mejoran la conservación de los cítricos, tanto de pérdida de peso como en % de ácidos y contenidos en etanol y acetaldehidos.

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CURSO DE DOCTORADO: INNOVACIONES A LA REFRIGERACIÓN DE PRODUCTOS VEGETALES.

PRETRATAMIENTOS TÉRMICOS Y CALENTAMIENTOS

INTERMITENTES EN CÍTRICOS. 27