Consecuencias de la Modernidad; Anthony Giddens

Relaciones laborales. Organizaciones. Estabilidad. Era post-moderna

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Introducción previa

Consecuencias de la modernidad es un ensayo escrito por Anthony Giddens.

Giddens nació en el Reino Unido el 18 de Enero de 1938 en una familia de clase media baja en el norte de Londres, y fue el primer miembro de su familia en ir a la Universidad. Actualmente está casado y tiene dos hijos. Sus estudios de filosofía los realizó en la Universidad de Hull y en la London School of Economics -que dirige desde 1997-, cuando eran focos de la ultraizquierda en la década del `60. En 1976 fue admitido como profesor en Cambridge, pero durante sus 15 años allí fue nueve veces rechazado para una promoción. Algunos lo atribuyen a su origen humilde.

Es autor de 31 libros y más de 200 artículos publicados en 29 idiomas. Su penúltima obra, Un mundo desbocado, fue lanzada en la Argentina en el 2000. Más allá de popularizar la idea de la tercera vía, Giddens ha desarrollado la teoría de la “estructuración”, que consiste en comprender la relación entre los individuos y las condiciones que los rodean. “Deberíamos ver a la sociedad como una serie de actividades y prácticas que la gente lleva a cabo, pero que al mismo tiempo reproducen a grandes instituciones”, señala.

Entre los libros más recientes escritos por el autor destacan: “Un mundo desbocado”, que fue lanzado al mercado el año 2000; “Modernidad e identidad del yo”; “La transformación de la identidad”; ”sociología”; ”Más allá de la izquierda y la derecha”; “In defense of Sociology” ;“La tercera Via: la renovación de la socialdemocracia” y “On de Edge” que ha sido su último libro.

Las ideas que quedan reflejadas en el libro están directamente vinculadas a los trabajos anteriores del autor y con frecuencia hace referencia a ellas. Giddens ha escrito este libro confiando en que el lector comprenda que las frecuentes citas a él mismo que carecen de intención pretenciosa, y que han sido utilizadas a modo de respaldo para las pretensiones de validez, no pueden ser defendidas en todo su alcance en un trabajo tan breve como este. Vemos también que el autor ha preferido dividir el libro en secciones en vez de capítulos, para poder desarrollar el hilo de los argumentos de manera ininterrumpida.

En dicho libro el autor hace un análisis institucional de la modernidad poniendo el énfasis en las alusiones culturales y epistemológicas. Hace, también un estudio tanto de la naturaleza del orden moderno como del postmoderno que podría surgir de aquí al final de esta era.

La idea desarrolla el autor en este libro tiene su punto de origen en lo que ya en otro lugar había llamado una interpretación “discontinua”del desarrollo social moderno.

Contenido del libro

En las sociedades industrializadas sobre todo, dice el autor, pero también en cierto sentido en el mundo en general, hemos entrado en un período de alta modernidad que ha roto las amarras de la seguridad de la tradición, y en lo que por mucho tiempo fue, anclada a un “punto de ventaja”(tanto para aquellos que estaban “dentro” como para los otros), el dominio de Occidente.

Si bien es cierto que quienes originaron ese dominio de Occidente buscaron certidumbres que reemplazaran los dogmas pre- establecidos, la modernidad implica efectivamente la institucionalización de la duda.

En las condiciones de modernidad, todas las exigencias del conocimiento son inherentemente circulares, aunque “circularidad”, en las ciencias naturales, posea una connotación diferente a la que tiene en las ciencias sociales.

En las primeras, la circularidad concierne al hecho de que la ciencia es un método puro, que tal manera que todas las formas substantivas de “conocimiento aceptado”, en principio, son susceptibles de ser descartadas.

Las ciencias sociales presuponen una circularidad en dos direcciones (que es fundamentalmente constitutiva de las instituciones modernas), y las pretensiones de validez del conocimiento que ellas producen son, en principio, revisables, pero también son “revisadas”, en un sentido práctico, mientras circulan dentro y fuera del entorno que ellas mismas describen.

La modernidad es inherentemente globalizadora, y las inquietantes consecuencias de este fenómeno se combinan con la circularidad de su carácter reflexivo para configurar un universo de acontecimientos en el que los riesgos y los peligros adquieren un nuevo carácter.

Las tendencias globalizadoras de la modernidad son simultáneamente extensivas porque conectan a los individuos a los sistemas de gran escala como parte de una compleja dialéctica de cambio tanto en los polos locales como globales

.Muchos de los fenómenos frecuentemente denominados postmodernos verdaderamente conciernen a la experiencia de vivir en un mundo en el que presencia y ausencia se mezclan en formas históricamente inéditas.

El progreso se vacía de contenido mientras que circularidad se afianza, y en un plano lateral, la cantidad de diaria información interna que implica el vivir en “un mundo”, puede resultar abrumadora a veces.

Con todo, ésta no es esencialmente la expresión de la fragmentación o de la disolución del sujeto dentro de un “mundo”de signos” sin centro. Es un proceso de transformación simultánea de la subjetividad y de la organización social global que se da contra el inquietante telón de fondo de los riesgos de graves consecuencias.

La modernidad está inherentemente orientada-al- futuro, hasta tal punto, que el futuro, posee status de modelador contra fáctico.

Aunque existen otras razones para hacerlo, éste es uno de los factores en que el autor fundamenta la noción de realismo utópico.

Las previsiones de futuro se hacen parte del presente, y por lo tanto, reinciden sobre las formas en que verdaderamente se desarrolla el futuro; el realismo utópico combina un “abrir de ventanas”al futuro con el análisis de las tendencias institucionales en curso, en las que los futuros políticos están inmanentes en el presente.

El autor hace una pregunta que es la siguiente: ¿Cómo podría ser un mundo postmoderno respecto e los tres primeros conjuntos de factores a los que nos referimos inicialmente como sustentadores de la naturaleza dinámica de la modernidad? Porque si un día las instituciones modernas fueran ampliamente superadas, necesariamente quedarían fundamentalmente alteradas. Llegando a este punto, el autor concluye con los siguientes comentarios, intentando dar una respuesta a la pregunta anterior.

Las utopías del realismo utópico son antitéticas tanto de la reflexividad como de la temporalidad de la modernidad.

Las prescripciones, o las previsiones, utópicas, establecen una línea de deferencia para los futuros estados de las cosas que obstruyen el carácter incesantemente abierto de la modernidad.

En un mundo postmoderno, el tiempo y el espacio dejarán de ordenarse en su interacción con la historicidad. Si esto trae consigo el resurgimiento de la religión de una u otra manera, es difícil de afirmar, pero, presumiblemente, habría una renovada estabilidad en ciertos aspectos de la vida que retomaría algunas características de la tradición.

Esta estabilidad, a su vez, proporcionaría el fundamento para la sensación de seguridad ontológica reforzada por la conciencia de un universo social sujeto al control humano. No sería un mundo que se “colapsa externamente” en organizaciones descentralizadas sino uno que, sin duda, entrelazaría lo local con local de manera compleja. Giddens se pregunta lo siguiente: ¿ Llevaría ese mundo una reorganización radical del espacio-tiempo? Parece probable, responde el autor, pero con esta clase de reflexiones, no obstante, comenzamos a disolver la conexión entre la especulación utópica y el realismo.