Conquista española de América: la expedición de Martín de Pinedo a la Florida

Historia universal. Descubrimiento y conquista de América. Siglo XVI. Nueva España. Mesoamérica. México. Francisco de Garay. Expediciones. Biografía

  • Enviado por: Esteban
  • Idioma: castellano
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LA EXPEDICIÓN DE MARTÍN DE PINEDO

A LA FLORIDA (1519): NOTICIAS INÉDITAS

1.-INTRODUCCIÓN

Hasta estos momentos las noticias que teníamos sobre esta expedición descubridora eran muy escasas. Baste decir que no existía ni un solo documento manuscrito en el que se mencionase a Martín de Pinedo o su viaje descubridor.

La mayor parte de los cronistas de la época parecen estar escasamente informados sobre esta campaña. Gonzalo Fernández de Oviedo omite totalmente a Martín Pinedo y su viaje, citando tan solo la que Francisco de Garay aprestó en 1523, capitaneada por él mismo. Por su parte, fray Bartolomé de Las Casas, reconoce la jornada de 1519 pero atribuye equivocadamente la capitanía a Diego de Camargo. En realidad, sabemos que Camargo no viajó en la expedición de 1519 sino en la que el propio Pinedo realizó en 1520, como segundo de a bordo.Tampoco Hernán Cortés, en sus “Cartas de Relación”, menciona el nombre de Pinedo, limitándose a narrar los hechos ocurridos tras la llegada de la expedición al puerto de Veracruz. Muy probablemente, el conquistador de Medellín silenció intencionadamente una expedición enviada por su enemigo Francisco de Garay y de cuyos descubrimiento, como veremos en las páginas que vienen a continuación, tanto se aprovechó. En cuanto a Francisco López de Gómara sí reconoce la expedición de 1519 pero hace capitán de ella al propio Francisco de Garay en persona.

El único cronista que parece estar mejor informado, aunque no mucho más, es Bernal Díaz del Castillo, pues, cuando en el camino de regreso la expedición se detuvo en Veracruz él estuvo presente junto a Hernán Cortés. Y cita que al frente de ella estaba el capitán Alonso Álvarez Pinedo. Y hasta aquí llega todo lo que sabíamos hasta la fecha de este controvertido descubridor. Cronistas posteriores, que copiaron a Bernal Díaz, como Antonio de Herrera o Antonio Solís lo citan con ese mismo nombre, al igual que infinidad de historiadores modernos y contemporáneos.

Nosotros a continuación analizaremos esta expedición a la luz de un documento en el que, aunque sea circunstancialmente, aparecen datos concretos sobre la misma. E insistimos, que es la primera vez que esta expedición descubridora y el nombre de su capitán aparecen de forma manuscrita y en unas fechas relativamente cercanas a los sucesos narrados.

2.-LA INFORMACIÓN DE LOS HEREDEROS DE JUAN SÁNCHEZ GALINDO

Los datos en cuestión los encontramos en una información presentada por los herederos de un tal Juan Sánchez Galindo que fue, como ballestero, en la primera expedición de Martín de Pinedo, es decir, en la de 1519. De Juan Sánchez sabemos que nació en Carmona, provincia de Sevilla, y que era hijo de Antón Sánchez de Rueda y de Catalina Domínguez Galindo. Según se especifica en la información, además de ballestero, era un habilidoso jinete, lo cual demostró en numerosos enfrentamientos con los aborígenes. Participó en la conquista de Nueva España, pues, a su regreso del viaje de Pinedo, se enroló en la expedición de Pedrarias Dávila, terminando al final en las huestes de Cortés. Al parecer, tomó parte activa en la captura y prisión de los hijos de Moctezuma y, posteriormente, en la conquista de las tierras del Mar del Sur, junto a Alvarado. En recompensa por sus servicios recibió la mitad del pueblo de Nextlalpan que rentaba en total trescientos sesenta pesos de oro, ciento ochenta en metálico y otros tantos en fanegas de trigo. Se asentí en la ciudad de México, casándose con Elvira Rodríguez, con quien tuvo una hija llamada Juana Bautista Galindo que se desposó con el mercader, Cristóbal de Azevedo.

La corta renta de su encomienda y la difícil situación económica de sus herederos fue lo que provocó que reclamaran alguna merced, atentos a que el carmonense fue, como declaraba el clérigo Gerónimo del Álamo, “uno de los primeros conquistadores de esta tierra, y este testigo así lo cree porque lo oyó decir a muchas personas de crédito que así lo vieron”.

En ella se inserta un interrogatorio realizado en la ciudad de México en 1536, es decir, diecisiete años después de suceder los hechos. Además de la relativa cercanía en el tiempo el documento tiene a su favor el hecho de que los testigos presentados, siete en total, fueron personas que estuvieron presentes en todo el proceso conquistador. Incluso, dos de ellos, concretamente el escribano Guillén de Lalo, que es citado por la historiografía como Guillén de Loa, probablemente por un error de transcripción, y Francisco del Castillo, viajaron en rolados en la expedición de 1519. De hecho, ambos afirmaron saber la respuesta porque iban en la misma expedición capitaneada por “Martín Pinedo” -los dos lo citan así- y en compañía del mencionado Juan Sánchez Galindo.

Los otros cuatro declarantes no participaron en la expedición de 1519 pero llevaban en Nueva España muchos años y habían vivido de primera mano toda la vorágine descubridora. El primero de ellos se llamaba Cristóbal Hernández, de estado civil soltero, carpintero de profesión y originario de Portugal que al parecer, en la fecha de la información, estaba avecindado en México. El segundo era Alonso Soltero, converso natural de Gibraleón (Huelva) que luchó junto al conquistador de Medellín en la toma de Tenochtitlán y coincidió con Juan Sánchez Galindo en las batallas de Alvarado. El tercero, Antonio de Carvajal, residió en la Española desde 1509, posteriormente emigró a la isla de Cuba y, en 1536, decía ser regidor de la ciudad de México. El cuarto, Francisco de Zamora, tomó parte en la conquista del Imperio Azteca con Cortés y residía también en la capital de Nueva España. Y por último, Esteban Miguel, natural de Aracena (Huelva), quien participó asimismo en la conquista de México como “camarero” de Cortés.

En definitiva, todos los testigos presentados eran personas que participaron en los acontecimientos históricos del Descubrimiento y de la Conquista y, en algunos casos, incluso, conocieron personalmente y sirvieron bajo las órdenes de Martín de Pinedo.

3.-EL ADELANTADO FRANCISCO DE GARAY Y SUS PLANES EXPANSIONISTAS

La expedición que capitaneó Martín de Pinedo fue una de otras muchas que preparó, patrocinó y pertrechó Francisco de Garay fruto de sus ambiciosos planes expansionistas. Por ello, antes de entrar a hablar de Pinedo y de su expedición conviene que nos detengamos en Francisco de Garay y en sus planes de descubrimiento

Como es sabido, Francisco de Garay, natural de la localidad de Garay, en Vizcaya, fue el segundo gobernador de la isla de Jamaica, tras Juan de Esquivel. Fue una persona muy ambiciosa que desde muy pronto quiso aprovecharse de las ventajas de los descubrimientos. Mucho antes de la marcha de Cortés a la conquista de México ya planeaba armadas descubridoras por toda la costa del Pánuco y de la Florida.

En cualquier caso, huelga decir que la Florida había sido ya descubierta en 1512 por Juan Ponce de León, con tres naves que armó desde la misma isla de Puerto Rico. Sabemos que, en dicha expedición, descubrió y registró la primera porción de Tierra Firme de la Nueva España. Al parecer, descubrió lo que hoy es la Península de Florida el día de Pascua de Resurrección o Florida de 1512 en honor de lo cual la bautizó de esa forma. De todas formas no debió recorrer todas sus costas porque él siempre pensó y defendió que era una isla. No obstante, por su descubrimiento obtuvo del Rey poco después el título de Adelantado de las islas de Biminí y la Florida

Pero, retomando a Francisco de Garay, es obvio que éste tuvo apetencias expansionistas desde mucho antes, al igual que Diego Velázquez. Probablemente, en los años anteriores a la gran expedición de Pinedo, objeto de este artículo, había patrocinado otras campañas quizás con objetivos descubridores más modestos. Ello ha provocado que hayan pasado totalmente desapercibidas para la historiografía. Y en este sentido, las palabras de Pedro Mártir de Anglería son muy aclaratorias al decir, en relación a la armada de 1519, que ya el año anterior había realizado “largas excursiones marítimas con tres carabelas por aquellas tierras (se refiere al Pánuco)…”.

Los objetivos del Adelantado vizcaíno estaban muy claros: pretendía continuar los descubrimientos de Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva, obviamente pensando en encontrar riquezas más al norte, concretamente oro y esclavos. Como es bien sabido, el primero partió de Cuba el 8 de febrero de 1517 con tres barcos y un centenar de hombres y, aunque la mitad de los miembros de la expedición murieron y otros llegaron enfermos y heridos, los supervivientes, impresionados por las ciudades y templos de la ya por entonces decadente civilización maya, debieron contar grandes historias de lo que vivieron y vieron. El segundo, un hidalgo natural de Cuéllar, como el mismísimo Diego Velázquez, partió con otros tres buques el 8 de abril de 1518, recorriendo las costas de la Península de Yucatán y llegando algo más al norte que Hernández. Tras varios meses de travesía, regresó en ese mismo año a la isla de Cuba. Realizó algunos rescates, intercambiando ropas castellanas por objetos de oro indígenas. Contaba Juan de Herrera que, aunque no fue mucho el oro que trajo, unos veinte mil pesos de oro, fue lo suficiente como para despertar la codicia y el interés de los españoles por aquellas tierras “por las muchas señales que vieron de riqueza”. No menos claro fue en este sentido el padre Las Casas, al decir que Garay envió la expedición porque “sonó el descubrimiento y riqueza de la tierra que Juan de Grijalva había corrido”

Cegado, pues, por el afán de enriquecimiento, centró sus objetivos en recorrer, descubrir, y finalmente obtener en capitulación, los territorios al norte de Veracruz, conocidos entonces como el Pánuco. Obviamente, este ambicioso proyecto entró en contradicción con el de Hernán Cortés que, no conforme con la conquista de Tenochtitlán, albergaba la misma idea de expandir sus conquistas hacia la parte septentrional del Imperio Azteca. Como es de sobra conocido, de todo este enfrentamiento saldrá un único vencedor que no fue otro que el conquistador de Medellín.

Sea como fuere lo cierto es que, en 1523, Garay se embarcó personalmente en una gran flota, dirigida por el experimentado Juan de Grijalva y compuesta por más de una decena de barcos y unos setecientos hombres que aprestó de su propio erario. Y arribó a la región del Pánuco con la intención de explorarla y poblarla. Hernán Cortés, que acababa de conocer una Real Cédula, fechada el 24 de abril de 1523, por la que se pedía a Garay que no se estableciera en ningún lugar ocupado por él, se apresuró a acudir a la zona. Allí, Hernán Cortés alcanzó a regañadientes un pacto con él por el que le cedía el río Palmas para su poblamiento. Ambos dieron por bueno el acuerdo porque si algo sobraba en Nueva España en esos momentos eran tierras por colonizar. Sin embargo, Garay no tuvo fortuna, pues, los indios le destruyeron su asentamiento y él, aunque consiguió salvar su vida, murió en México poco tiempo después

4.-MARTÍN DE PINEDO: UN DESCUBRIDOR CASI DESCONOCIDO

El desconocimiento de la figura, importante en la historia de los descubrimientos, de Martín de Pinedo es prácticamente absoluto. Y hasta tal punto es cierta esta afirmación que ni siquiera conocíamos su verdadero nombre. Bernal Díaz del Castillo lo citaba en varias ocasiones, una llamándolo “Alonso Álvarez de Pineda ó Pinedo”, con la duda de género incluida, y unas páginas después como “fulano Álvarez Pinedo. Obviamente, dichas dudas nos hacen pensar que Bernal Díaz no estaba bien informado ni del descubridor ni de su expedición. Pues, bien, Antonio de Herrera y prácticamente toda la historiografía posterior repiten este nombre, unos optando por la versión masculina -Pinedo- y otros por la femenina -Pineda-. También hay quien simplificó su nombre en Alonso de Pineda. Éste es el caso de Antonio de Solís, autor de una Historia de la Conquista de México escrita en el siglo XVII, que probablemente actuó de forma arbitraria porque no debió contar con ninguna información adicional.

Sin embargo, en el documento que nosotros hemos analizado se cita reiteradamente al descubridor con el nombre de capitán Martín de Pinedo o simplemente como Martín Pinedo. Así lo escribe Juan Sánchez Galindo y así lo citan todos los testigos, incluido Guillén de Lalo que sabemos por distintas fuentes que viajo con Pinedo y que tuvo incluso amistad personal con él.

Nos encontramos, pues, ante dos nombres, uno citado por Bernal Díaz del Castillo y, siguiendo a éste, el resto de los cronistas, y otro por los compañeros de viaje del propio Pinedo. Pero, no olvidemos que Bernal Díaz del Castillo lo conoció seguramente de oídas en Veracruz y, si tuvo algún contacto con él, debió ser muy puntual. En cambio, sus compañeros en la expedición a la Florida, alguno ya hemos dicho que amigo personal de él, debían saber exactamente cómo se llamaba. Por ello, es obvio que su nombre, o el nombre con el que se le conocía usualmente fue Martín de Pinedo y no Alonso Álvarez de Pinedo o de Pineda.

En abril o mayo de 1519, enviado por Francisco de Garay capitaneó una expedición desde Cuba con el objetivo de recorrer las costas de la Florida y de circunnavegar el golfo de México. Viajó al frente de tres navíos y de unos trescientos hombres, que tardaron nueve meses en regresar de nuevo a Cuba. El recorrido de prácticamente todas las costas del Golfo de México le permitió confeccionar un detallado mapa de las costas del golfo de México, desde Yucatán hasta la Florida

Sin embargo, dado que en este año se presenta como un experimentado marino conocedor del área, todo parece indicar que llevaba años participando en otras jornadas, quizás incluso en la que el propio Ponce de León emprendió a la Florida en 1512.

Al parecer, en 1520, lideró otro viaje, en esta ocasión formado por tres navíos y ciento cincuenta hombres, con el objetivo de hacer una fundación estable en algún lugar al norte de Veracruz. Lamentablemente, las cosas no salieron según lo esperado, pues, chocaron con la belicosidad de los indios que abortaron nuevamente la idea de fundar una colonia estable en el Pánuco. Se hicieron a la vela de forma precipitada, buscando la seguridad de Veracruz, con tan mala fortuna que la capitana se fue a pique, muriendo en tan luctuoso suceso Martín de Pinedo y varias decenas de españoles. Extrañado Garay de la falta de noticias envió a Miguel Díaz de Aux con un navío para auxiliarlo si fuera necesario, pero ya era demasiado tarde.cretamente en 1520 en aguas cercanas al puerto de Veracruz. Sus restos reposan en el fondo del mar Caribe, frente a las costas que él mismo con tanta valentía exploró.

5.-LA EXPEDICIÓN A LA FLORIDA DE 1519

En cuanto al promotor de la expedición y a su lugar de partida siempre se pensó que fue patrocinada y financiada por Francisco de Garay desde la isla de Jamaica. Qué éste estuvo detrás de la expedición no hay ninguna duda, pues las pruebas son abrumadoras. De hecho, cuando la expedición llegó al puerto de Veracruz, tanto Hernán Cortés como Bernal Díaz del Castillo supieron de inmediato que eran navíos enviados por Garay. Concretamente Hernán Cortés escribió lo siguiente:

“Ocho o diez días después de haber dado con los navíos a la costa, y siendo ya salido de la Vera Cruz hasta la ciudad de Cempoal, que está a cuatro leguas de ella, para de allí seguir mi camino, me hicieron saber de la dicha villa cómo por la costa de ella andaban cuatro navíos y que el capitán que yo allí dejaba había salido de ellos con una barca y les había dicho que eran de Francisco de Garay, teniente y gobernador en la isla de Jamaica, y que venían a descubrir…”

También contamos con otras pruebas documentales que corroboran este patrocinio. En el juicio de residencia de Alonso de Zuazo, a fines de 1519, el mercader Marcos Martínez afirmó que él mismo había negociado en la Española con los padres Jerónimos el permiso para hacer el dicho viaje. Concretamente a la pregunta quinta del interrogatorio respondió:

“Que en tiempo del dicho licenciado (Zuazo) ha visto que se han descubierto las tierras de el Yucatán y Cozumel, y que ha visto que el dicho licenciado ha escrito muchas veces al dicho Francisco de Garay y que cree que ha sido sobre que armase y descubriese, porque después acá el dicho Francisco de Garay envió ciertos navíos desde Jamaica a descubrir según que el dicho Francisco de Garay lo ha escrito a éste que depone: y que este testigo negoció con el dicho licenciado y con los Padres Jerónimos que en estas partes residían para que diesen licencia al dicho Francisco de Garay para ello y se la envió después firmada de los dichos padres y que vio cartearse al dicho Francisco de Garay y al dicho licenciado (Zuazo) muy a menudo sobre las cosas que tocaban a la dicha Armada que quería hacer…”.

En las mismas capitulaciones firmadas por el Adelantado vizcaíno se decía que, en 1519, aprestó una armada de cuatro navíos con licencia de los frailes Jerónimos de Santo Domingo, estuvieron en la mar ocho o nueve meses y llegaron hasta la Florida. Por tanto, queda claro que el promotor del viaje de Martín de Pinedo fue Francisco de Garay.

Otra cuestión diferente y muy controvertida por cierto es el lugar desde el que partió la expedición. Según toda la historiografía el viaje se organizó y se aprestó en la isla de Jamaica, retornando a la misma isla a su regreso. Y en ello coinciden cronistas como Pedro Mártir de Anglería, Fernández de Oviedo o el padre Las Casas. También, como ya hemos apuntado, en la capitulación de Francisco de Garay de 1521, se referían a la expedición de 1519, enviada desde la isla de Jamaica. Sin embargo, en el interrogatorio de Sánchez Galindo se reitera que la expedición partió de Cuba y, tras la travesía, retorno a la citada isla. Pero, es más, es que se aportan datos muy concretos que verifican estos hechos. La pregunta tercera del interrogatorio era muy clara en este sentido:

“Ítem, si saben que, después de haber descubierto esta tierra, volvieron a Cuba de donde salieron a donde hallaron en Guaniguanico a Narváez que venía por capitán con mucha armada en la cual yo el dicho Juan Galindo volví con el dicho Narváez”

Esta cuestión fue respondida afirmativamente por todos los testigos presentados en la información sin excepción, incluidos, por supuesto, los que viajaron en ella. Y como se puede observar contenía un dato tan concreto como el nombre de la provincia oriental de Cuba. Pero es más, los mismos hechos verifican tal circunstancia porque muchos de los expedicionarios de la armada de Pinedo se enrolaron, acto seguido, en la de Pedrarias Dávila que, como es bien sabido, partió en marzo de 1520 en busca de Hernán Cortés.

En cualquier caso, ninguno de los cronistas parece estar bien informado de los acontecimientos lo que unido a que el armador fuese el teniente de gobernador de Jamaica debió inducir al error. Hernán Cortés sí que se mostró mucho más cauto en este sentido, pues, en sus Cartas de Relación afirma que la armada era de Francisco de Garay, teniente de gobernador de la isla de Jamaica, pero no concretó si la misma se aprestó en Jamaica o en Cuba. Y en parecidos términos se expresó Bernal Díaz del Castillo, pues aunque afirma, como Cortés, que los enviaba el teniente de gobernador de Jamaica tampoco especifica si la expedición provenía o no de aquella isla. Por otro lado, por los datos aportados en el interrogatorio no parece que fuera una simple escala a su paso desde Jamaica como hizo, en 1523, el mismísimo Francisco de Garay cuando aportó a Cuba y estuvo allí unos días recabando información sobre la situación de Hernán Cortés y sus conquistas en Nueva España.

Por tanto, desconocemos los motivos exactos por los que Garay preparó la armada en Cuba, pero dado que, contaba con licencia expresa de los Jerónimos de la Española, era sin duda factible y, como no, legal. Además, las relaciones entre Velázquez y Garay debieron ser fluidas y amistosas, pues ambos tenían el mismo rango de tenientes de gobernador por nombramiento expreso de Diego Colón. Y el hecho de que una parte de la tripulación de Pinedo se integrase sin problemas en la expedición de Pánfilo de Narváez, a la sazón enviado de Diego Velázquez, es una buena muestra de esa amistad.

Por otro lado, es posible que en 1519 en Jamaica no hubiera los medios, los barcos y el contingente humano necesario para preparar una expedición de esta envergadura. De hecho, en 1515, Pedro de Mazuelo, explicó al Rey, que las tareas de abastecimiento de Castilla del Oro se habría hecho más eficazmente si hubiera dispuesto de los medios necesarios y de un número suficiente de “naves emplomadas”. No obstante, también es justo reconocer que, cuatro años después, concretamente en 1523, Francisco de Garay organizó en esta pequeña isla caribeña su gran armada descubridora que era casi tres veces mayor que la de Pinedo.

Sea como fuere, los datos documentales contrastados por nosotros en esta información nos obligan a pensar que la expedición partió de la isla de Cuba y regreso a la misma. En cambio, ninguno de los testigos concretó la localidad concreta. No obstante, tenemos pocas dudas de que la misma debió partir de la localidad de Santiago, en la costa sur oriental de la isla. Hemos de tener en cuenta que en esas fechas era la capital de la isla y la única localidad donde había potencial suficiente como para organizar y pertrechar una expedición de estas características. Por otro lado, dado la ruta que siguió la expedición en dirección directamente a la península de la Florida, nos parece muy probable su partida del puerto cubano de Santiago.

En cuanto a la fecha de la partida es otro aspecto que desconocemos aunque tenemos algunas referencias cronológicas que nos permiten acercarnos a ella. Los datos de que disponemos son los siguientes: primero, que el dos de junio de 1519 la expedición se encontraba en la desembocadura del Mississippi, pues, al ser el día del Espíritu Santo, Pinedo lo bautizó con este ultimo nombre. Segundo, que pocos días después de que Cortés se marchara de Veracruz, el 16 de agosto de 1519, estando en Cempoala arribó la armada a aquel puerto Novohispano. Y tercero, que al regreso a Cuba aún no había partido Pánfilo de Narváez, pues muchos tuvieron tiempo de enrolarse en esta nueva armada. Teniendo en cuenta que la expedición de Narváez, partió en marzo de 1520 la expedición debió llegar unos meses antes. Probablemente, la expedición partió de Así, pues, la expedición de Pinedo se hizo a la mar inmediatamente después de la de Cortés, pero, ¿qué sentido tenía esto?. Pues bien, probablemente Velázquez y Garay planearon ambas expediciones de forma más o menos coordinada: una armada iría directamente a la conquista de la tierra conocida, mientras que, la otra, exploraría nuevos territorios, comprendidos entre la Florida y Yucatán. El hecho de que Hernán Cortés traicionara a Diego Velázquez terminó modificando una situación que ambos adelantados creían tener controlada.

Tampoco hay acuerdo en lo referente al número de navíos que fueron aprestados. El padre Las Casas, que no parece estar muy bien informado, habló vagamente de uno o dos buques mientras que Bernal Díaz del Castillo escribió que fueron tres y un total de 270 hombres. Por su parte, Hernán Cortés afirma que recibió la información de que eran cuatro los barcos cifra que también comparte López de Gómara. La información que nosotros analizamos no aporta ninguna luz sobre esta cuestión. En el documento que establece la capitulación de Francisco de Garay de 1521 se afirma que fueron cuatro los navíos enviados por el adelantado en 1519.

Con respecto a la tripulación conocemos tan sólo un puñado de nombres de los cerca de trescientos que viajaron a bordo. Entre ellos, el escribano Guillén de Lalo, un carpintero santanderino llamado Andrés Núñez y el valenciano maestre Pedro, conocido como “el de la Arpa” seguramente porque tocaba este instrumento. Por lo demás, Hug Thomas ofrece una lista con los nombres de otros probables tripulantes de la expedición de 1519 y pasamos a mencionarlos, aunque de algunos de ellos no tenemos suficientemente verificada su presencia: Hernando de Aguilar, Andrés Alonso, Antonio Anguiano, Alonso Bueno, Pedro Calvo, Gutierre de Casamori, un tal Castromorcho, Juan Dávila, Diego de Figueroa, Francisco Guisado, Juan de Ledesma, Pedro López Montealegre, Alfonso Lucas, Juan Márquez, y Bernardino y Diego de Santiago.

Muchos más nombres conocemos de la expedición de 1520 que, como es bien sabido, tuvo mucha menos importancia desde el punto de vista de los descubrimientos y, además, terminó fracasando por la belicosidad de los indios. Incluso, la mala fortuna hizo que le costara la vida a muchos de sus tripulantes, entre ellos al propio Martín de Pinedo

Martín de Pinedo estuvo nada menos que nueve meses en la mar, rescatando por las costas del golfo de México. Tiempo más que suficiente para hacer todo el recorrido; a modo de referencia diremos que, por ejemplo, Juan Ponce de León, tardó veinticuatro días, los comprendidos entre el tres de marzo de 1513 y el 27 del mismo mes, en llegar desde Puerto Rico a la Florida.

Los objetivos encomendados a Pinedo fueron dos: uno, recorrer las costas de la Florida para verificar si era o no una isla, como se había pensado. Y dos, continuar la exploración del Golfo de México, desde poco más allá de donde lo dejó Grijalva, es decir, desde las tierras del río Pánuco hasta la Florida. Tenemos algunos datos que nos permiten reconstruir aproximadamente la ruta seguida por Martín de Pinedo y que mostramos en un mapa anexo. La capitulación firmada por Francisco de Garay en Burgos hacia 1521 nos ofrece algunos datos de primera mano ya que nos resume en sus partes esenciales los principales hitos de la expedición de 1519:

“…Vos armasteis cuatro navíos muy bien (a)bastecidos, y con razonable gente y buenos pilotos los enviasteis desde la dicha isla para que fuesen a descubrir algún golfo o estrecho en la tierra firme… en lo cual anduvieron ocho o nueve meses y nunca lo hallaron; pero entre otra tierra baja estéril que descubrieron toparon la tierra Florida, que Juan Ponce descubrió y…fueles (sic) forzado volver costeando la tierra hacia el Poniente, por la cual costa fueron muy bien mirando la tierra, puertos y ríos y gente de ella y todo lo demás que se debía mirar, y tanto anduvieron hasta que toparon con Hernando Cortés y los españoles que con él estaban en la misma costa… y se tornaron con los dichos navíos hacia atrás y, entrando por un río que hallaron muy grande y muy caudaloso; a la entrada del cual dicen que hallaron un gran pueblo…”.

Está bien claro en el texto extractado que, tras partir en abril o mayo de 1519 probablemente desde el puerto de Santiago, Pinedo dobló hacia el oeste por las costas de Baracoa, dirigiéndose directamente a la Florida. Curiosamente, se trata de la misma decisión que tomó Garay en 1523, quien después de dejar las costas cubanas de Guaniguanico se dirigió al norte y, desde la zona del Mississippi bojeó la costa al sur.

Posteriormente, siguió la línea costera hasta encontrarse con la desembocadura del Mississippi, río que él bautizó, como ya hemos dicho, con el nombre del Espíritu Santo. Desde allí continuó la línea costera hacia el sur hasta llegar al puerto de Veracruz. Por ello, dicen todos los cronistas que cuando arribó a este puerto fundado por Cortés la expedición “había corrido mucha costa en busca de la Florida, y tocado en un río y tierra cuyo rey se llamaba Pánuco”. Al parecer, después de fondear unos días en el río Pánuco, decidieron bajar hasta Veracruz, probablemente con la intención de entrevistarse con Hernán Cortés. Y efectivamente, tres miembros de la expedición, el escribano Guillén de Lalo, junto a otros dos testigos se acercaron a la costa para comunicar a los emisarios del conquistador de Medellín que las tierras del Pánuco habían sido descubiertas por Pinedo y que había tomado posesión de ellas en nombre de Francisco de Garay. Está bien claro en la información que, cuando la expedición de Pinedo arribó a Veracruz, no iba sino que venía de la Florida. Después del mal recibimiento en Veracruz decidieron retornar de nuevo al río Pánuco, lo cual explica que el encuentro en Veracruz fuese en agosto y la expedición no regresara a Cuba hasta prácticamente finales de 1519. Probablemente, poco después se trasladó Hernán Cortés hasta el río Pánuco para negociar.

. Dicho mapa fue enviado por Garay a España para demostrar sus avances descubridores y, contrariamente a sus intereses, fue utilizado por Cortés para proseguir su expansión por el golfo de México.

6.-VALORACIONES FINALES

La empresa de Martín de Pinedo tenía un carácter meramente económico como todas las armadas de esta época, financiadas, como es de sobra conocido, con capital particular. Concretamente tenía un doble objetivo: primero, explorar los nuevos territorios y obtener noticias de sus riquezas. Y segundo, obtener los máximos beneficios posibles en el rescate con los indios, lo cual era un objetivo inherente a toda campaña financiada con capital privado. Para ello, debía no solo descubrir y registrar los golfos y calas sino también establecer contactos con la población indígena y, sobre todo, rescatar con ella. Y en este sentido, López de Gómara decía que en las tierras de Pánuco vieron algún oro, pues “habían rescatado hasta tres mil pesos de oro, y obtenido mucha comida a cambio de cosillas de rescate…”. Pese a todo, la empresa no obtuvo los beneficios económicos esperados. El cronista Antonio de Herrera definía la situación de manera muy grafica:

“Supo, en llegando, que el alguacil mayor Juan de Escalante, que se había (a)delantado para saber qué gente era, enviaba a decir que era un navío que iba de hacia el norte, que había corrido la costa de Pánuco y que había rescatado bastimentos y hasta tres mil pesos y que la gente iba descontenta de la tierra, y que la enviaba Francisco de Garay desde Jamaica; y era el capitán Alonso Álvarez de Pineda…”.

Así, pues, desde el punto de vista económico la expedición fracasó pero no podemos decir lo mismo de su aporte al proceso descubridor. Y es que, como en toda la expansión española en América, aunque el motor fue básicamente el ansia de riquezas, lo cierto es que eso trajo consigo avances muy rápidos en el proceso de descubrimiento y conquista de los nuevos territorios ultramarinos. Esta jornada fue muy importante por varios motivos: uno, porque sirvió para verificar de forma definitiva el carácter de península de la Florida, que había sido considerada una isla desde los tiempos en que llegó a sus costas Ponce de León. Dos, porque por primera vez se exploró la región comprendida entre la Península de Florida y el río Mississippi, franja costera que Pinedo bautizó con el nombre de Amichel. Y tres, porque, fruto de esos descubrimientos, Pinedo pudo confeccionar un mapa ya bastante detallado de los principales accidentes costeros del Golfo de México. Presumiblemente, el mapa del golfo de México que apareció como ilustración en las Cartas de Relación de Cortés, publicadas en Sevilla en 1522, y otros posteriores, se apoyaron en el mapa que en 1519 trazara Martín de Pinedo.

En definitiva, los datos presentados nos permiten acercarnos en alguna medida a una expedición descubridora casi olvidada por la historiografía. Sirvan estas pocas páginas para ubicar el nombre de Martín de Pinedo entre los grandes descubridores de las primeras décadas del quinientos.

FERNÁNDEZ DE OVIEDO, G.: Historia general y natural de las Indias, T. II. Madrid, Editorial Atlas, 1992, pp. 151 y 184-185.

LAS CASAS, f. B. de: Historia de las Indias, T. III. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 195, p. 233.

CORTÉS, H.: Cartas de Relación. Madrid, Historia 16, 1985, p. 84-85.

LÓPEZ DE GÓMARA, F.: Historia general de las Indias, T. II. Madrid, Ediciones Orbis, 1985, p. 72.

Citado en MADARIAGA, S.: Hernán Cortés. Madrid, Espasa Calpe, 1986, p. 191.

HERRERA, A.: Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y Tierra Firme del mar Océano, T. II. Madrid, Universidad Complutense, 1991, p. 18.

SOLÍS, A.: Historia de la Conquista de Méjico. Madrid, Imprenta y librería de Gaspar Roig, 1851, p. 45.

Información presentada por Cristóbal de Acevedo, vecino de México, sobre su suegro Juan Sánchez Galindo, 1579. AGI, Patronato 75, N. 3, R. 4.

Ibídem.

Ibídem.

Ibídem.

Sabemos que Guillén de Lalo era natural de Vizcaya, hijo de Guillén de Lalo y de Isabel de Alvarado. Al parecer viajaba en la expedición de Pinedo como escribano. Posteriormente estuvo en la conquista de Nueva España, participando en batallas junto a Cristóbal de Olid y Jaramillo. Se avecindó en México y se caso con una sobrina de Pedro de Alvarado, doña Isabel de Alvarado -curiosamente con el mismo nombre que su madre-. Tuvo cuatro hijos y murió hacia 1560. THOMAS, H.: Quién es Quién de los conquistadores. Madrid, Salvat Editores, 2001, p. 174.

De Francisco del Castillo sabemos que fue como marinero en una de las naves de Pinedo, concretamente en la que pilotaba Francisco Ramírez. En 1536 se declaraba vecino de México. Interrogatorio de Juan Sánchez Galindo, México, 10 de junio de 1536. AGI, Patronato 75, N. 3, R. 4.

THOMAS: Quién es quién de la conquista…, p. 263.

Ibídem, p. 302.

Ibídem, p. 117.

Véase por ejemplo, GONZÁLEZ OCHOA, J. M.: Quién es quién en la América del Descubrimiento. Madrid, Acento, 2003, p. 146. También THOMAS: Quién es quién de los conquistadores…, pp. 365-367. Sobre su gobierno en Jamaica MORALES PADRÓN, F.: Jamaica Española. Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1952, pp. 66 y ss.

HERRERA: Ob. Cit., T. I, p. 637.

ANGLERÍA, P. M.: Décadas del Nuevo Mundo. Madrid, Editorial Polifemo, 1989, p. 294.

MORALES PADRÓN, F.: Historia del Descubrimiento y Conquista de América. Madrid, Editorial Gredos, 1990, p. 220.

IBÍDEM.

HERRERA: Ob. Cit., T. I, p. 724. La cifra exacta de oro que trajo la expedición de Grijalva la ofrecía DÍAZ DEL CASTILLO, B.: Historia verdadera de la conquista de Nueva España. Madrid, Editorial Sopena, 1970, p. 208.

LAS CASAS: Ob. Cit., T. III, p. 233.

ANGLERÍA: Ob. Cit., p. 443.

CODOIN, Serie 1ª, T. XXVI, p. 71.

FERNÁNDEZ DE OVIEDO: Ob. Cit., T. II, p. 151.

DÍAZ DEL CASTILLO: Ob. Cit., p. 209. Que Bernal Díaz dudara entre Pineda o Pinedo, e incluso, priorizara el primero se debía posiblemente a que éste era un apellido mucho más conocido, pues, muchos de sus miembros fueron regidores perpetuos en Burgos y Salamanca y Caballeros Veinticuatro y Escribanos Mayores del Cabildo de Sevilla. GONZÁLEZ-DORIA, F.: Diccionario heráldico y nobiliario de los reinos de España. Madrid, Editorial Bitácora, 1987, p. 701.

DÍAZ DEL CASTILLO: Ob. Cit., p. 209. En la obra de Giménez Fernández se mencionaba con el nombre de Antón Álvarez Pineda, citando como referencia a Madariaga. Obviamente, debe tratarse de una simple errata porque este historiador toma el dato correctamente de Bernal Díaz del Castillo. GIMÉNEZ FERNÁNDEZ, M.: Bartolomé de Las Casas, T. II. Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1984, p. 1012.

SOLÍS: Ob. Cit., p. 45.

ANGLERÍA: Ob. Cit., pp. 346-347.

Diego de Camargo se hizo entonces cargo de la expedición, llevándola hasta la ciudad de Veracruz, donde todavía tuvieron tiempo los supervivientes de unirse a Cortés en su conquista del imperio azteca. THOMAS, H.: La conquista de México. Barcelona, Planeta, pp. 496-497.

CORTÉS: Ob. Cit., pp. 84-85.

La licencia de los padres Jerónimos está transcrita en FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, M.: Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles, desde fines del siglo XV, T. III. Madrid, Imprenta Real, 1825, p. 147.

Testimonio de Marcos Martínez a la pregunta 5ª. Juicio de residencia de Alonso de Zuazo, Santo Domingo, 1519. AGI, Justicia 43, Pieza 1ª, fol. 212.

RAMOS, Demetrio: Audacia, negocios y política en los viajes españoles de descubrimiento y rescate. Valladolid, Universidad de Valladolid, 1981, pp. 306-307.

Capitulación de Francisco de Garay, Burgos, h. 1521. El original se conserva en AGI, Patronato 26, R. 15. Publicada en CODOIN, serie 1ª, T. XXXIX, pp. 514-516, en FERNÁNDEZ DE NAVARRETE: Ob. Cit., T, II, pp. 98-102 y en RAMOS: Ob. Cit., pp. 548-554.

Interrogatorio presentado por Juan Sánchez Galindo, pregunta 3ª. México, 10 de junio de 1536. AGI, Patronato 75, N. 3, R. 4.

CORTÉS: Ob. Cit., p. 85.

DÍAZ DEL CASTILLO: Ob. Cit., p. 208.

MORALES PADRÓN: Jamaica española…, p. 71.

LAS CASAS: Ob. Cit., T. III, p. 233.

DÍAZ DEL CASTILLO: Ob. Cit., p. 209. Antonio de Solís reproduce los mismos datos. SOLÍS: Ob. Cit., p. 45.

CORTÉS: Ob. Cit., p. 84.

LÓPEZ DE GÓMARA: Ob. Cit., T. II, p. 72.

Citados en MADARIAGA: Ob. Cit., p. 191.

THOMAS: Quién es quién de los conquistadores…, pp. 173-175.

Hug Thomas nos proporciona una lista de posibles miembros de esta expedición que pasamos a enumerar: Juan de Aguilar, Martín Alonso, Alonso Álvarez, Antonio Anguiano, Gonzalo y Hernando de Arcos, Andrés Becerra, Pedro de Berra, Pedro de Bocarez, Martín Bola, Alonso Bueno, Juan de Cabra, Diego Camargo, Andrés de Carteo, Hernando de Carvajal, Francisco del Castillo -que también participó en la de 1519-, Andrés Castro, Pedro Chico, Juan Delgado, Miguel Díaz de Aux, Pedro de Escalona, Antonio Gabarro, Francisco Gallego, Lepe Gallego, Alonso García Bravo, Pierre Gómez -francés-, Francisco Guisado, Francisco Gutiérrez, Francisco Hernández Morillos, Alonso Hernández Puebles, Gonzalo Hernández de Zahorí, Alonso Herrera del Lago, Alonso Hidalgo, Alonso Huelano, Juan de Iniesta, Alonso López, Pedro López, Alonso Madrid, Juan Mallorquín, Francisco Martín, Joan Martínez, Juan Martínez, García de Mérida, Pedro Moreno, Francisco Motrico, Juan Niño, Bartolomé Ocampo, Juan Ochoa, escribano, Alonso Orduña, Bartolomé Pérez, Juan de la Plaza, Juan de la Puebla, Francisco Ramírez, Francisco Rodríguez, Ginés Rodríguez, Jácome Rolando, Juan Ruiz Caro, Lope Sánchez Agraz, Núñez de Valencia, Serván Bejerano, Pedro de Velasco, Francisco Velázquez de Lara y Juan de Villagrán. Ibídem, pp. 175-181.

Capitulación de Francisco de Garay, Burgos, h. 1521. RAMOS: Ob. Cit., pp. 548-554.

LÓPEZ DE GÓMARA: Ob. Cit., T. II, p. 73.

MADARIAGA: Ob. Cit., p. 191.

El mapa, conservado en el Archivo General de Indias, no se publicó hasta 1914 en que se incluyó como ilustración en la crónica de CERVANTES DE SALAZAR, F.: Crónica de Nueva España (ed. De Francisco del Paso y Troncoso), T. I. Madrid, Hauser y Menet, 1914, pp. 57-58.

LÓPEZ DE GÓMARA: Ob. Cit., T. II, p. 73.

HERRERA: Ob. Cit., T. II, p. 18.

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