Conquista de América

Historia universal. Colonización. Viajes de Colón. Indígenas

  • Enviado por: Cynthiak
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
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Pocos momentos en la historia de la humanidad han tenido una connotación histórica y económica tan importante como la conquista y posterior colonización de América llevada a cabo en los siglos XVI, XVII y XVIII. Este periodo significó muchos cambios tanto para el continente europeo como para el americano y el africano; tal es su importancia que podría describirse como el primer pinino de la globalización que vivimos hoy en día. Es mucho lo que puede decirse de este momento histórico desde el plano de vista económico, social, cultural e incluso político, el encuentro de tres culturas tan diametralmente opuestas dio lugar a una diversidad sin precedentes. Sin embargo, como nos ha enseñado la historia, cuando culturas diferentes se encuentran, normalmente no pueden co-existir o por lo menos no al principio. Este caso no fue la excepción, la etnia blanca (española) dominó y explotó a la etnia indígena y negra dando lugar a muchas desigualdades, a medida que desarrollemos este tema no nos concentraremos en los ámbitos cultural ni político, nuestro objeto de estudio será el desarrollo tanto social como económico que se dio lugar en este proceso.

Debido a la corriente de pensamiento mercantilista en España en ese momento, uno de los motores de la expansión y de la ocupación del suelo por parte de los españoles fue la búsqueda de metales preciosos. El oro y la plata significaban para los españoles más que una simple oportunidad de elevar su rango social y equiparse a una nobleza terrateniente en España; a pesar de que este tipo de resorte sicológico individual jugó un papel importante, la verdadera importancia de los metales preciosos radicaba en la posibilidad de mantener un nexo permanente con el viejo mundo, es por tal motivo que la economía del Nuevo Reino de Granada durante el período colonial reposó casi exclusivamente sobre la producción minera, en especial la de oro, dando lugar así a que la economía indígena, de carácter comunitario, fuese sustituida por una economía privada de encomenderos, hacendados, mineros y comerciantes, perdiendo de esta manera el oro y la plata (principales elementos para la fabricación de sus cerámicas) y el significado sagrado que estas poseían, para convertirse en mercancías y dinero que eran símbolo del poderío de los monarcas españoles. Como es suponerse para esta explotación, no sólo se necesitaba buenas intenciones por parte de los españoles, también era necesaria una enorme cantidad de mano de obra, pero, debido a que el conquistador vino a realizar su vida como señor y no como trabajador; el elemento indígena entra a colación, el cual después de ser dueño y señor de su tierra, se ve reducido a un simple esclavo, situación muy bien disfrazada bajo las instituciones de la mita minera y la encomienda. Sin embargo debido a la combinación del maltrato inflijido por los españoles y la reducida resistencia física indígena a trabajos de alto impacto la etnia indígena llega al abismo de su extinción a principios del siglo XVII dando lugar a una importante depresión en la economía colonial por falta de mano de obra conlleva a la llegada masiva del esclavo negro africano, con el cual no solo se mantiene sino incluso de aumenta la extracción,exportación y /o apropiación minera llevada a cabo en el territorio americano exponiendo así la influencia de esta economía predominantemente minera no solo en la economía propiamente dicha sino indirectamente en el ámbito social.

En la segunda mitad del siglo XVI la alta productividad de las minas dio a la Nueva Granada el prestigio casi legendario de gran productor de oro. En las décadas que van de 1570 a 1610 los yacimientos de Antioquia dieron sus mayores rendimientos y las exportaciones promedio sobrepasaron la cifra del millón de pesos anuales, sin incluir el cuantioso contrabando que en éste, como en los siglos posteriores, pudo calcularse en un ciento o cuando menos en un 50% del oro legalmente registrado. Como brevemente se expuso en el párrafo anterior; desde comienzos del siglo XVII la economía neogranadina del oro entró en un período de profunda depresión, que llegó a su punto más bajo de 1620 a 1640 debido a la reducción de mano de obra indígena. El descenso de la población indígena creó una crónica penuria de mano de obra tanto en la agricultura como en la minería, la cual no podía ser sustituida con la creciente población mestiza razón por la cual empieza la comercialización (compra y venta) del esclavo negro en los América. Es importante anotar que a la situación depresiva no sólo contribuían los factores internos, sino también los externos, pues, como es sabido, el siglo XVII fue también un siglo de crisis para la economía española, en contraste con el siglo XVIII, catalogado como un verdadero período de crecimiento y modernización en todos los órdenes de la vida social y económica. Ya a finales del siglo XVIII la crisis vivida a mitades del siglo XVII era cosa del pasado, en 1780 el oro representó casi el 100% de las exportaciones; situación que sólo cambió en las dos últimas décadas del siglo, cuando la Corona española hizo un esfuerzo para aumentar y diversificar las ventas externas, pero a pesar de esta nueva política comercial, sólo se redujo levemente su importancia como elemento dinámico del comercio exterior. Aun entonces, siguió representando el 90% de las exportaciones. El 10% restante la constituían productos agrícolas y pecuarios como el algodón, el cacao, el azúcar, el palo de tinte, la quina y los cueros dando fe así de que a pesar de no tener tanto peso ponderativo en el total de la economía, la agricultura, la ganadería y la pesca también fueron actividades económicas en el periodo colonial diferenciandose de la minería porque estas no tuvieron un carácter tan mercantil, sino mas bien encaminado a la subsistencia y comercialización a pequeña escala.

Al ser la industria minera el sector predominante de la economía de este periodo (debido a esta situación de enajenación del trabajo del hombre por el hombre sufridas por indígenas y negros) sobrepasando por amplio margen a la agricultura, la ganadería y la pesca , es fácil inferir su rol como sector inductor de los otros campos del desarrollo económico. El oro no sólo impulsó e hizo posible el comercio interno y externo en todo el continente, sino también el desarrollo agrícola, ganadero y manufacturero, creando en las zonas mineras un mercado para los productos agrícolas y ganaderos de varias provincias y para los lienzos y ropas que se producían en Quito, Pasto y las provincias de Tunja y Socorro en el territorio que actualmente constituye Colombia, nuestro principal objeto de estudio en esta ocasión. Muy probablemente, no exageran los informes y leyendas coloniales indígenas al afirmar que en todo el territorio del Nuevo Reino de Granada había oro y que éste era el país de "El dorado". Por lo menos así lo indicaban los filones de las Cordilleras Central y Occidental y las arenas y placeres de los ríos que fluían hacia el Pacífico, el Cauca y el Magdalena, no menos que las minas existentes en la región oriental, el llamado Reino en la terminología administrativa colonial. Desde luego, ni la calidad de las minas ni sus posibilidades de explotación eran las mismas en todos los lugares y desde un principio hubo ciertos distritos mineros que fueron el centro de la producción. Tales, en los siglos XVI y XVII, fueron Antioquia, Popayán y Mariquita en el occidente, y Pamplona y Girón en el oriente. A comienzo del siglo XVIII, las minas de Remedios, Cáceres, Zaragoza, Segovia y Guamoco en Antioquia, entraron en decadencia, lo que obligó a los mineros antioqueños a trasladarse al centro de la provincia, donde se desarrolló un nuevo ciclo de producción alrededor de las ciudades de Santa Rosa de Osos y Rionegro. De esta manera, fueron la pequeña minería antioqueña, las que proporcionaron el gran impulso al crecimiento de la producción aurífera en el siglo XVIII.

Internándonos en el tema de la explotación minera en el territorio colombiano podríamos clasificar en dos las formas de actividad minera: la efectuada por el empresario minero con capital suficiente para tener una cuadrilla de esclavos para explotar el territorio de su propiedad (con licencias expedidas por la corona) y la efectuada por el pequeño y mediano minero, los cuales generalmente se constituían de familias dedicadas a la extracción de oros corridos, que eran los metales que arrasaban en sus ríos y quebradas, o a la explotación de placeres y aluviones, llamados "aventaderos", situados fuera de la zona de las grandes minas, incluso en terrenos antiguamente explotados por los grandes mineros. Estos pequeños mineros o mazamorreros fueron numerosos, especialmente en Antioquia. Su instrumental se reducía a una especie de azada manual llamada almocafre, algún barretón, una pala para remover el material y una batea para separar el oro de sus gangas mediante un movimiento de rotación.

A su vez cabe resaltar que que existieron varios tipos de minas en la época colonial, las llamadas veta o filón, las cuales estaban localizadas en terrenos rocosos y en ellas existía una veta de oro o plata, o de una mezcla de ambos, que penetraba en la montaña. Y las de aluvión, el metal estaba contenido en los playones de los ríos o en las terrazas vecinas a éstos. Estos terrenos auríferos eran también llamados "placeres". La consideración de estos dos grandes tipos de minas es importante, ya que de estas minas se extraía el mayor volumen de la producción minera y la tecnología e inversión requeridas para su explotación eran diferentes. Las minas de filón exigían una tecnología más compleja y una inversión mayor por parte del minero. Algunos historiadores de la minería colonial afirman que los indígenas prehispánicos sólo explotaron minas de filón en forma limitada, pues sus instrumentos de trabajo no les permitieron una explotación amplia de ellas. Los españoles explotaron filones en las minas de Remedios y Buriticá en Antioquia, en los siglos XVI y XVII, pero ya en el XVIII, su explotación estaba prácticamente abandonada en todo el territorio del Nuevo Reino. Por excepción se mantenían en actividad algunas minas en el Cauca y Antioquia, en Santa Rosa, Buriticá, Timbiquí y Marmato. Las razones de este hecho fueron varias. Sin embargo, la más importante fue el descubrimiento de los placeres y aluviones del Chocó, de fácil explotación y menores exigencias de tecnología e inversión, que atrajeron los capitales del Cauca y Antioquia. En estas condiciones, en la época del Virreinato la minería neogranadina llegó a ser casi exclusivamente de aluviones y placeres.

Es por estos sucesos explicados anteriormente que no resulta para nada exagerado afirmar que toda la economía y organización social en epocas del Virreinato en América estubo vinculada a la producción de oro y que las coyunturas de alza o baja que ésta sufría se tradujeron en depresiones o bonanzas de la economía general. Demostrando asi que aún hace 500 años el hombre nunca a tenido problema en pisotear la dignidad de sus congéneres con tal de obtener un beneficio.

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