Conflicto árabe-israelí

Política internacional. Oriente Medio. Conflictos armados. Israel. Palestina. Conferencia de Fez. Arafat. Shimon Peres. Egipto OLP (Organización para la Liberación de Palestina) Intifada. Likud. Plan Baker. Hamas. Hezbolá

  • Enviado por: Gil
  • Idioma: catalán
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Conflicte de Israel i Palestina:

Dècada dels 80:
La conferencia de Fez (1982) implícitamente reconocía el estado de Israel por parte de la Liga árabe.
1984:
Arafat consolida su autoridad como máximo líder del movimiento nacional palestino (1984) A pesar de una serie de fracasos diplomáticos de Arafat (ruptura del acuerdo con Jordania sobre la soberanía compartida en Cisjordania, 1985) y militares (en el Líbano), su política moderada se reforzó. En octubre de 1985 Israel inicia una gran ofensiva en el Líbano y lanza un ataque aéreo sobre la sede de la O.L.P en Túnez.
1986:
En 1986 se intensifican los ataques contra campos de refugiados palestinos en el Líbano. En enero España e Israel intercambian embajadores. En Julio el primer ministro laborista israelí Shimon Peres se reúne con Hassan II de Marruecos buscando una conferencia de paz. En octubre el líder del Likud Ytzhak Shamir es nombrado primer ministro israelí.
1987:
En febrero de 1987 Shimon Peres se entrevista con el presidente egipcio Hosni Mubarak. En abril, durante la sesión del Consejo nacional palestino, en Argel, Arafat logra la reunificación de la O.L.P. bajo su mando. En diciembre Arafat lanza la campaña de movilización civil de los palestinos en Cisjordania y Gaza (Intifada).
1988:
En agosto de 1988 Husayn de Jordania cedió a los palestinos sus derechos sobre Cisjordania. En noviembre el consejo nacional palestino proclama en Argel el estado de Palestina y acepta la resolución 242 de la ONU, que implica el reconocimiento del estado de Israel. La liga árabe durante la década de los 80 había hecho grandes esfuerzos, mediante conversaciones, para conseguir la reinstauración del estado de Palestina. En noviembre el Likud y los laboristas intentan un gobierno de coalición que se romperá en unos meses . Se produce una alta inmigración de judíos procedentes de la URSS. Israel lleva a cabo el atentado contra el activista palestino Abu Yihad.
1989:
En abril de 1989 Arafat es nombrado primer presidente por el comité central de la O.L.P. En la conferencia de Casablanca la Liga árabe asume las resoluciones de la ONU y da su apoyo a la Intifada. Egipto es readmitido en la Liga árabe y la sede central vuelve a El Cairo. La ONU aprueba la denominación de Palestina en sus textos (diciembre).
1990:
En marzo de 1990 los laboristas israelíes rompen la coalición con el Likud por su intransigencia. El Likud gobierna en coalición con grupos nacionalistas y religiosos integristas (junio) Se produce la matanza de Jerusalén que dio lugar a una resolución condenatoria del consejo de seguridad de la ONU contra Israel (noviembre). La O.L.P. se alinea en contra de la alianza liderada por los EEUU durante la crisis del Golfo. La Liga árabe protesta por la masiva emigración de judíos soviéticos a Israel.
1991:
En febrero de 1991 misiles iraquíes caen en Israel, que no responde al ataque. La derrota de Iraq debilita la posición de Arafat en el seno del movimiento de liberación palestino. Tras el conflicto del Golfo el plan Baker fracasa al negarse Israel a que la O.L.P. representase a los palestinos y el trueque de paz por territorios. En septiembre de 1991 Arafat es reelegido por el consejo nacional palestino como presidente del comité ejecutivo. Israel lleva a cabo el atentado contra Abu Iyad. En octubre de 1991 tiene lugar en Madrid la conferencia de paz sobre Oriente medio.

El asesinato de Isaac Rabin por parte de un judío(nov 1995) reveló que la división interna de la sociedad israelí entre los que se adhieren al orden civil del Estado, y los que se guían por las normas divinas es muy profunda. Por su búsqueda de acuerdos de paz, hay sectores fundamentalistas judíos que identifican a gobiernos democráticos, a sus líderes y a la forma misma que tiene el Estado como una traición a las sagradas escrituras. La violencia es para ellos un arma legítima para ocupar la tierra que les pertenece por palabra divina.

Hamas plantea un desafío muy fuerte a Arafat . Este grupo le disputa el poder a la Autoridad Nacional Palestina en el terreno educacional, judicial, cultural, de los derechos de la mujer, y hasta en el bienestar económico de los ciudadanos. Para Hamas, el nacionalismo secular que encarna Arafat es una traición a los valores islámicos. Su crítica radical al acuerdo de paz con Israel deriva de un rechazo total a la presencia de este último país en la región y, a la vez, al gobierno palestino al que acusa implícitamente de corrompido ante los valores no religiosos.(Mariano Aguirre)

Cuanto más fuerte es la influencia de Hamas y más golpes armados asesta, más invierte Arafat en fuerzas de seguridad y menos en beneficios sociales para la población, y más se identifica con Israel y EEUU. El Gobierno israelí considera que Hamas recibe alrededor de 70 millones de dólares al año de grupos musulmanes de Siria, Jordania, e Israel, y alrededor del 10% de Irán. EEUU tiene concentrada su atención en señalar a Irán como culpable principal del fomento del terrorismo en la región. Pero aunque se cortasen las raíces económicas, el problema más grave es que tanto Hamas, como el GIA argelino, los fundamentalistas judíos, las milicias de EEUU que luchan por la supremacía blanca, o la secta de Shoko Asahara que arrojó gas nervioso en el metro de Tokio, tienen en común el rechazo al estado secular y una visión religiosa del orden social. La cuarta parte de los grupos terroristas conocidos en el presente actúan movidos por razones religiosas. El terrorismo religioso no siempre actúa con el fin de movilizar a un sector de la sociedad. Los terroristas religiosos se consideran fuera de una sociedad a la que quieren redimir mediante la violencia. El marco global de la visión religiosa permite, además, la actuación individual o de grupos pequeños que se sienten legitimados y que no precisan un comité central que les ordene, como en la guerrilla política tradicional. Las raíces del terrorismo religioso anidan en la marginación económica y en la falta de democracia en las sociedades árabes. Con políticas, negociaciones y financiaciones de largo plazo. (Mariano Aguirre)

El objetivo de los llamados movimientos terroristas es hacerles ver a sus seguidores, al Gobierno de Israel y a los demás gobiernos árabes, que habrá que tenerlos en cuenta en las negociaciones. La violencia, empleada con fines concretos, como la destrucción de la OLP, la expulsión de los judíos, el despertar de Occidente a favor de la causa palestina, era ya de por sí condenable. Pero lo que ahora vemos es el uso de la violencia como estrategia de supervivencia política. Las divisiones internas de Hezbolá (Partido de Dios) y de Hamas son prueba de que al menos algunos sectores son partidarios de dejar las armas y tomar el camino de las negociaciones políticas. Entre quienes están a favor de las soluciones militares en Oriente Próximo, muy pocos creen que con la fuerza se conseguirán los objetivos en teoría alcanzables. Por otro lado, todos los sectores extremistas saben por experiencia que la violencia a veces produce precisamente el efecto contrario al deseado.

Contra Hezbolá, a diferencia de Hamas, se pueden tomar represalias atacando objetivos concretos. Pero las demás partes en conflicto, al igual que Israel, también cuentan con excusas para sus actuaciones. Afirmar que Siria no debería permitir los ataques de Hezbolá supone pasar por alto el complejo entramado de apoyos que el movimiento recibe de Siria e Irán. La postura intransigente de Irán se debe a los esfuerzos de Estados Unidos e Israel de aislar internacionalmente y castigar al régimen de Teherán. La intransigencia de Siria, menos acusada, se debe al temor de que no recobrará el territorio de los altos del Golán y de que puede verse aislada en el futuro por la creación de un espacio político y económico entre Israel, Palestina y Jordania. En cuanto a Hezbolá y Hamas, ambos se encuentran, a su manera, en estado de guerra. No pueden ser considerados como una simple patología. El movimiento se apoya en una importante base social y sus exigencias responden a razones históricas. Los objetivos de los distintos gobiernos y pueblos son tan distintos que cada cual ve su propia existencia en peligro.

[...] Tanto los palestinos como los israelíes son ahora conscientes de que no cuentan con poder suficiente para doblegar por la fuerza al adversario. La paz podría surgir de este reconocimiento de los propios límites de las partes en conflicto, de que no podrá haber una Gran Israel ni una Palestina árabe desde el Jordán hasta el mar, como tampoco se cumplirán los sueños de Siria de dominar Oriente Próximo. Los islamistas no han de ser considerados como villanos, sino como movimientos que no acaban de darse cuenta de la imposibilidad de obtener una victoria clara. Mientras, el reconocimiento de que la fuerza no es la solución se combina con la creencia de que su uso es inevitable. (Martin Woollacott)

[...] Después de cada atentado, Israel ha practicado el ritual de sellar los territorios ocupados. Es tanto una compensación necesaria para la opinión pública israelí como un castigo colectivo para los palestinos. Pero hasta ahora, estas crisis han acabado con la reapertura de las fronteras porque Israel sabe que los palestinos no pueden tolerar un cierre indefinido, ni su propia gente el golpe interminable del terror. Pero esto se está convirtiendo en un círculo vicioso. Si se abren las fronteras, los terroristas suicidas pueden infiltrarse, pero cuanto más dura el cierre, más aumenta la reserva de terroristas, porque el terror se alimenta ni más ni menos que de la pobreza y las duras condiciones de vida fomentadas por ese cierre.

[...] Las encuestas indican que una enorme mayoría de palestinos se opone a los actos terroristas en gran parte por las penurias materiales que acarrean para la población. Pero, como de costumbre, el corazón palestino está en desacuerdo con la cabeza palestina y cada atentado va seguido de un increíble regocijo que va más allá de los familiares del último «mártir». En este clima, siempre habrá al menos una minoría de palestinos con la voluntad de continuar con el terror contra el que, según reconocen los principales analistas israelíes, no existe disuasión posible. (David Hirst)