Conducta

Psicología. Personalidad. Emociones. Imaginación. Sueños. Función cognoscitiva. Inteligencia. Fantasía

  • Enviado por: Adrian Maximiliano
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 45 páginas
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ASPECTOS ENERGETICOS DE LA CONDUCTA. VINCULOS INTERHUMANOS.

LAS IDENTIFICACIONES PERSONALES

Llamamos identificaciones personales o binarias a aquellas en las que se ven comprometidas dos personas por un vínculo afectivo.

La necesidad que tienen los hombres de convivir con los demás y por lo tanto de ajustarse a las características e intencio­nes de los otros hace que se multipliquen las formas de vínculo afectivo. Es en la vida de relación donde nacen las emociones. los sentimientos, las actitudes que mueven al sujeto a actuar de distinto modo en distintas situaciones.

Dos son las características fundamentales de los vínculos afectivos:

1) Representan una gran cantidad de energía móvil que encauza la conducta en distintas direcciones. Dicha erier­gía puede estar por momentos difusa o puede activarse y concentrarse en la búsqueda de un objetivo.

2) Llevan implícita en sí mismos la ambivalencia. El vínculo afectivo puede derivar en amor u odio, amistad o enemis­tad, ayuda mutua o agresión, admitiendo en la escala distintas graduaciones.

Esta dualidad de la vida afectiva se explica, según lo dicho en el capítulo anterior, por el núcleo identifica­ción-agresión. La ambivalencia radica en que en el mismo vinculo afectivo se manifiesta la identificación y la agre­sión. Es decir, que el núcleo afectivo lleva en sí mismo la contradicción de sus opuestos, desde el momento en que uno puede identificarse con determinados aspectos de la personalidad del otro y rechazar otros.

Si la relación engendra vínculos de acercamiento y afecto entre los dos seres se da una identificación entre ellos como eje de dicho vínculo.

Si la identificación no es posible, se origina entonces el estado de agresión.

La multiplicidad de vínculos posibles hace dificultosa la.tarea de ordenarlos para su mejor comprensión. Sin embargo, dichos vínculos difieren profundamente entre sí según sean transitorios y fugaces —como las conductas emocionales— o duraderos y estables —como en las conductas sentimentales.

Los trataremos, pues, en este orden.

LAS EMOCIONES

Las conductas emocionales expresan vínculos pasajeros, ef­meros, entre dos personas. Representan un estado afectivo más rudimentario que los sentimientos más elaborados, que analizare­mos luego.

Las emociones manifiestan un estado de shock afectivo que se expresan niimicamente en forma muscular o postural: se dan en ellas cambios fisiológicos tales como la aceleración del ritmo cardiaco, respiración agitada, movimientos del diafragma, tem­blores, transpiración, descarga de adrenalina, palidez, explosión en el llanto, la risa, etc.

Es una conducta evidentemente motriz por acción-reacción en el sujeto.

Hay emociones en las cuales se logra la identificación entre los seres como resultante de ese estado afectivo, mientras que en otros, al no llegarse a la identificación emocional, el vínculo se transforma en agresivo. Veremos a continuación algunos de estos casos, y agrupados en ese orden.

IDENTIFICACIÓN EN CONDUCTAS EMOCIONALES

La alegría o júbilo: es una emoción placentera que puede llegar a manifestaciones exuberantes. El individuo que festeja un acontecimiento, o que ha logrado resolver una situación difícil, o que se regocija con el éxito de su amigo, vive en ese momento una gran alegría que exterioriza de distintos modos.

La compasión: es una emoción piadosa frente a una desgra­cia de un amigo, vecino o compañero de labor. Puede conducir a una simpatía profunda, al generoso auxilio del otro o simplemente a manifestar una simulación de identificación tierna o sensiblería. Hay quienes derraman lágrimas ante el mero relato del infortunio de alguien a quien ni siquiera conocen.

AGRESIÓN EN CONDUCTAS EMOCIONALES

Al no lograrse la identificación, surge el vínculo agresivo, que puede manifestarse emocionalmente de diversos modos.

La ira: es una forma de indignación súbita que se manifiesta en una crisis emocional. Queda en ella suspendida la acción de ataque físico hacia el adversario, se inhiben el pensamiento y el lenguaje, apareciendo el tartamudeo, la ronquera, etc.

Raramente toma la forma de violencia activa hacia el otro, generalmente se irrumpe en insultos y gesticulaciones ofensivas. A veces llega a una violencia atenuada, como el bofetazo.

En algunos casos, el impulso agresivo se vuelve contra el sujeto mismo —como si se identificara con el adversario— y entonces se muerde las manos, se golpea y hasta llega a lastimarse.

Algunos sujetos amplían su agresión verbal deseando la muer­te de todos sus enemigos y del mundo entero. Otros imitan grotescamente al enemigo, exagerando sus gestos, maneras, tics, como en una caricatura.

El asco: es una emoción deprimente en donde se observan raros tipos de identificación negativa. Al advertir la suciedad —física o moral— de otra persona, puede el sujeto introyectar la. misma hasta sentirse impregnado de ella, e incluso hasta sentirla en la boca: en estos casos es frecuente ver que dicho sujeto escupe, como si quisiese lib erarse de ella. Puede inclusive causar náuseas el contacto con algo asqueroso.

El miedo: produce en el sujeto una reacción inhibitoria en situaciones en que se amenaza la propia dignidad. La falta de confianza en sí mismo, el temor al ridículo, a las críticas, paraliza la acción.

En el caso de poder descargar la actividad, el sujeto tenderá fácilmente a la huida respecto del otro que se visualiza como peligroso.

La ansiedad: es una emoción similar al miedo que se carac­teriza por la falta de especificación de la causa que lo produce.

LA IDENTIFICACIÓN EN LOS SENTIMIENTOS

A diferencia de las emociones, los sentimientos emplean identificaciones con otros de manera estable o permanente.

Representan estados anímicos más o menos duraderos y son formas de vínculo más regulares entre dos seres.

Dichos estados afectivos son formas más elaboradas y com­plejas que surgen de la vida de relación entre los demás. Es en los sentimientos donde la ambivalencia afectiva se ve más claramen­fe. La polaridad identificación-agresión se observa nítidamente y aunque predomine una de las dos formas de vínculo siempre está latente la otra. Se dice comúnmente que agredimos más a la persona más amadá, aún sin desearlo.

El amor: en el predomina la identificación con el ser querido y éxiste un apego recíproco entre ambos, aunque se da en algunos momentos la agresión entre ellos.

En el amor entre padres e hijos, en la amistad y en la pareja conyugal se observa esta dualidad. En esta última, existe una atracción específica que puede subsistir —aunque parezca contradictorio — aún después de una ruptura. He ahí la arnbiva­lencia. Pasional al principio, cede luego hacia un vínculo tierno disminuyendo la influencia de la sensualidad, aunque en ciertas parejas persiste hasta la vejez.

La identificación amorosa puede darse por cornplementación de caracteres opuestos y hasta incompatibles, lo que puede ocasionar en el transcurso del tiempo la ruptura del vínculo.

En una relación amorosa, la falta de armonización entre la agresión y la identificación pueden perturbar en forma grave dicho vínculor

El odio: sentimiento contrario al del amor, se expresa como una repulsión hacia otra persona; repulsión agresiva que se da por el fracaso de la identificación con el otro ser.

Sin embargo, lo opuesto al amor no es el sentimiento de odio sino la indiferencia, que implica el fin de todo vinculo afectivo.

Los celos y la envidia forman parte del amor y del odio al percibir el peligro de pérdida del ser amado por la intervención de un tercero.

El sentimiento de culpa suele surgir por una rebeldía contraí­da. Al no poder agredir al otro por una situación conflictiva, se invierte la agresión hacia el sujeto mismo, cargando él con la culpa total; es decir que se transforma en una forma de autoagre­sión.

Los vínculos afectivos, ya sean emocionales o sentimentales, son siempre vínculos interhumanos. Aunque frecuentemente el hombre deposita afectos en objetos, éstos no son más que símbolos de las personas a quienes van asociadas. Así, un sujeto puede amar un objeto pero en realidad ama a la persona que lo fabricó, se lo obsequió o que es la dueña. Otro hombre puede romper con rabia un objeto que representa para él a otra persona y descarga en aquél su ira. Es decir, los objetos no son nada más que intermediarios entre los afectos interhumanos y pueden llegar a constituirse en sus depositarios aparentes.

LA FORMACIÓN DE LOS SENTIMIENTOS EN EL NIÑO.

El período de la infancia tiene gran importancia para la formación de los sentimientos. Es en este momento, y por la influencia de los vínculos familiares, cuando se dan las formas de identificación más estables. Es en la niñez y en la relación con los padres donde se establecen los cimientos del carácter: en ella se aprende a amar y a comportarse socialmente de acuerdo con el sexo biológico.

La pareja padre-hijo tiene una influencia insospechada. Por el vínculo infantil con el padre, el niño aprende a identificarse con su rol social masculino y adquiere las primeras formas de con­ducta amorosa. Progresivamente se irá, luego, desprendiendo de la tutela paterna. En algunos casos puede originar un sentimiento de amor-culpa, por la deuda que se tiene con él, especialmente si la figura paterna es muy fuerte. Otras veces, puede darse el sentimiento amor-agresión al no poder el hijo lograr la indepen­dencia deseada y continuar bajo el dominio de su autoridad.

De la misma importancia es el modelo materno encarnado en afecto. La niña aprende el rol social femenino de su madre y la conducta maternal.

Si el vínculo afectivo con los hijos progresa sin obstáculos dará, sin duda, hijos seguros de sí mismos y de su capacidad de amar. Sin embargo, puede convertirse en un fuerte obstáculo si impide la evolución afectiva de los hijos hacia otras personas (amigos, pareja, etc.).

Del curso que sigan los complejos vínculos familiares puede darse, a grandes rasgos, según predomine la identificación o la agresión:

- una persona afectivamente equilibrada y segura de sí misma.

- una persona sumisa y dependiente para establecer lazos afectivos con otros, al no superar la dependencia y la deuda hacia sus padres.

- una persona agresiva y esquiva, con dificultad para esta­blecer otros vínculos afectivos, por no superar la agresión hacia los lazos familiares y la culpa que deriva de ellos.

LA IDENTIFICACIÓN COMO ACTITUD

Las actitudes son formas de conducta persistentes de raíz afectiva hacia las otras personas o ante distintas situaciones de la vida.

La influencia del medio familiar y aun después, la influencia de otros círculos sociales, determinan en el sujeto cierta prefe­rencia para determinadas metas y cierto rechazo por otras. Incli­naciones hacia ciertos amigos, hacia la moda, hacia los deportes, hacia la política, inciden en la forma de vinculamos con los demás.

Nos identificamos con algunas tendencias y nuestra conduc­ta está así orientada o dirigida hacia ellas. Así, tenemos actitudes favorables hacia las personas que piensan como nosotros y acti­tudes desfavorables hacia los miembros de otros grupos, como en el caso de los prejuicios raciales, religiosos, sociales, que hacen que, antes de conocer a la persona, ya estemos predispuestos negativamente hacia ella.

Las actitudes implican, pues, predisposiciones generalizadas hacia otros, ya sean tendientes a la identificación con ellos o a la agresión hacia ellos.

Al status de empleado le corresponde también un papel determinado, un rol particular. propio, como por ejemplo ayudar a ejecutar los planes que han sido elaborados por los jefes, poner­los en práctica.

En síntesis, los individuos que ocupan status de mayor jerar­quia toman mayor participación que los que ocupan status de

menor jerarquía en la elección y ejecución de las metas.

IDENTIFICACIONES COLECTIVAS

Son las identificaciones que se dan entre los miembros de un grupo en relación con otros grupos.

Cada miembro se vincula afectivamente con los demás dando origen a una vasta red de intercomunicaciones afectivas. Es precisamente esta red de comunicaciones la que crea en el grupo una estructura afectiva que nos permite diferenciarlo de otros.

Pertenecer a un grupo humano no significa de ninguna mane­ra perder las identificaciones personales, individuales, sino por lo contrario el grupo brinda la posibilidad de llevarlas a su plenitud.

Es por el grupo que las identificaciones personales logran su mayor grado de desarrollo cualitativo. Se origina una estructura afectiva propia. característica de ese grupo y no de otro.

Ese intercambio de relaciones afecta el comportamiento total del grupo. así como también cl comportamiento particular de cada individuo.

Por otra parte el grupo cuyos miembros participan de senti­mientos comunes como por ejemplo lealtad, amistad, coopera­ción, logra desarrollar un alto grado de cohesión.

Ocurre lo mismo con las metas y normas. Las identifica­clones son colectivas porque sus integrantes comparten senti­mientos similares respecto de las normas y metas. Se pueden compartir las mismas metas altruistas o egoístas, las mismas pautas morales.

Tomemos por ejemplo un grupo en el cual sus integrantes se vinculan amistosamente. A fuerza de relacionarse amistosamente surgirá una estructura afectiva caracterizada por permitir preci­samente relaciones de ese tipo y no de otro.

Este comportamiento grupal, que lo distingue de otros, basa­do en relaciones de amistad, cooperación, respeto entre sus miembros, nos muestra que todos ellos comparten un sentimiento común: la amistad.

Es una identificacion colectivo porque todos, o por lo menor la mayoria, comparten el criterio de relacionarse entre si de un modo cooperativo y amistoso. Las identificaciones colectiva constituyen el resorte esencial que mueve la accion del grupo.

IDENTIFICACIONES CULTURALES

El comportamiento es la relación del hombre con el mundo. Ese omportamiento es inicialmente un intercambio con el otro. Pero también es un intercambio con las cosas que el mismo hombre crea, es decir, moral, arte, religión, ciencia: en general. cultura.

La cultura también abarca actividades tales como cepillarse los dientes, escuchar radio, conducir un automóvil, lavar la ropa, poner la mesa, etc. En tal sentido, todos los seres humanos somos cultos porque somos los portadores de la cultura. No hay hombre que carezca totalmente de ella.

La cultura es el marco de referencia que permite a los nombres compartir y trasmitir las cosas que crea. Las costum­bres, tradiciones, ideas, creencias, actitudes son compartidas por la mayoría de sus miembros en la medida en que estos crecen en un medio en el que se practican.

El primer contacto social del hombre se produce al nacer y por intermedio de sus padres recibe las primeras influencias. Posteriormente el niño se identifica con los mayores y aprende de ellos las actitudes que debe mantener respecto de otros seres, dueños también de una personalidad como la suya. Aprende a tolerar el comportamiento de los demás y a encauzar sus accio­nes en el respeto de las acciones de los otros. Introyecta las normas morales que conducen, guían, pautan su conducta en relación con sus semejantes. Es el momento en el que se identi­fica con la personalidad de un hombre adulto que encarna y representa en forma viviente la cultura de su época.

Cultura y persona mantienen relaciones semejantes a la de la pareja. Cuando la cultura impide la libertad del hombre y la posibilidad de su proyección personal en ella, la relación creada es de sometimiento.

Contrariamente, cuando la relación entre la cultura y la persona es armoniosa el individuo se identifica con los valores que recibió de padres y mayores y profundiza en ellos recreán­dolos y enriqueciéndolos.

Pero también dijimos que la cultura al mismo tiempo que se comparte, se trasmite. Tiene aquí un papel muy importante la educación que posibilita el desarrollo de los valores culturales, entre ellos el valor moral.

El niño incorpora desde muy temprano normas morales que son impuestas inicialmente por los padres. Trata de ejecutar solamente aquellos actos que son agradables a sus padres. Va formando su propia conciencia moral a partir de la aprobación o desaprobación de sus actos.

Reitera aquellos actos que son aprobados, porque le resultan gratificantes. En cambio rechaza los actos desaprobados por padres y mayores,porque no le producen placer.

Insistir en la ejecución de una acción desaprobada por los padres o mayores lo puede llevar a la vergüenza personal y más tarde a un fuerte sentimiento de culpa. Las primeras influencias morales paternas se basan en la prohibición, no exenta de frus­tración y agresión.

Posteriormente esas prohibiciones iniciales se agregan a la vida socio-cultural del joven para convertirse en prescripciones positivas que nacen no ya de una amenaza exterior agresiva sino más bien de una identificación basada en el vínculo de la comunión.

A partir de los educadores, elegidos con mayor libertad que sus padres, comienza a comportarse éticamente a través de relaciones caracterizadas por vínculos de amistad, generosidad, cooperación y respeto, es decir, comienza a comportarse según vínculos identificatorios y no agresivos.

Finalmente, el joven ya maduro está en condiciones, a partir de la educación moral recibida y de los valores que introyectó, de vivir lo que aprendió, de ponerlo en práctica.

Si introyectó las normas morales impuestas por sus mayores con amor y simpatía habrá aprendido a vivir con tolerancia y sin agresión, perfeccionando así su propia actitud de relacionarse con los demás.

Por lo contrario, si las normas le fueron impuestas por la fuerza, le será más difícil respetarlas y trabará relaciones antiso­ciales con sus semejantes. Será incapaz de progresar y madurar en el desarrollo del vínculo de la comunión. Detendrá su progre­so personal, sufrirá una regresión en el desarrollo de las identifi­caciones personales, colectivas y culturales y participará de vínculos negativos.

Esos comportamientos desestructurantes o antisociales surgen porque el proceso de desarrollo de la vida afectiva fue defec­tuoso. La falta de identificación conduce a la frustración y ésta al ejercicio de conductas agresivas.

LA ACTIVIDAD REPRESENTATIVA DE LA IMAGINACIÓN

La imaginación es la actividad psíquica por la cual se repre­sentan interiormente imágenes que reproducen y combinan datos que alguna vez hemos percibido. Por ejemplo, si observamos una fotografía de un amigo y luego de mirarla detenidamente ce­rramos los ojos, podremos reproducir interiormente la fisonomía del mismo. Se nos presentará mentalmente la imagen o “copia” de su rostro. Esta última es la imagen de la imaginación o representación mental cuyo origen se encuentra en aquello que hemos percibido.

Pero la imaginación no sólo reproduce más o menos fiel­mente esos datos, sino que también elabora nuevas imágenes combinando elementos de distintas percepciones. Así podemos imaginar a nuestro amigo con o sin bigotes, saltando o dur­miendo, vestido de frac o de futbolista, etc. También imagi­namos paisajes que nunca liemos visto o situaciones que nunca hemos vivido, aunque es importante destacar en este punto que los elementos que componen esta nueva y original imagen han sido alguna vez objeto de nuestra percepción.

La actividad representativa de la imaginación tiene como producto la elaboración de imágenes mentales o imágenes inte­riores que:

1. reproducen los datos de la percepción.

2. combinan datos de distintas percepciones fabricando una nueva imagen.

FORMAS DE MANIFESTACION DE LA ACTIVIDAD DE LA IMAGINACION.

La actividad de la imaginacion puede manifestarse al servicio de la conducta intelectual o al servicio de la conducta afectiva. En el primer caso cumple con el papel de soporte en la elabora ción de los conceptos y está ligada a la percepción y a la memoria. Ligada a la inteligencia, llega a sus manifestaciones más complejas en la invención y en la creación artística. Este aspecto de la imaginación será tratado en capítulos posteriores.

En cambio, nos dedicaremos ahora a tratar la actividad de la imaginación al servicio del área afectiva o energética de la con­ducta. En este aspecto, la imaginación cumple un papel funda­mentalmente expresivo: a través de ella el sujeto demuestra sus deseos, sus motivaciones, sus conflictos, sus aspiraciones. Com­bina y transtorma las imágenes como para expresar libremente sus afectos y aun fabrica personajes con los cuales se identifica. Ésta suele ser una de las vías más comunes en la resolución de los conflictos. Las formas en que esta actividad aparece son:

a) Los suefios

b) Las fantasías diurnas

c) La imaginación colectiva

El siguiente cuadro intenta sintetizar lo dicho en este nunto:

En el aspecto estructurante de la conducta

Papel al servicio de la inteligencia. Ligada

a la percepción y a la memoria.

IMAGINACION

En el aspecto energético de la conducta

Al servicio de los impulsos afectivos,

liga­da a las motivaciones, a los conflictos,

a los procesos de identificacion.

Formas: sueños, fantasías diurnas e

Imaginacion colectiva.

Pasaremos a tratar cada una de estas tres formas.

LOS SUEÑOS O IMAGINACION ONIRICA.

Especialista no interpretaba los presagios de los sueños. El mismo Alejandro Magno llevaba en sus expediciones militares a famosos interpretadores de sueños. Algunos creían que eran mensajes de los dioses o de los familiares muertos. Tanto se exageró en este sentido, que el estudio de los fenómenos oníricos cayó en descrédito.

Hoy mismo algunos creen adivinar en los sueños qué nú­mero saldrá en la lotería o qué le ocurrirá a alguna persona, etc.

En nuestra epoca, el psicoanálisis inició cl estudio sistemático de los sueños. Antes de continuar, diferenciaremos los conceptos dormir y soñar: dormir expresa el descanso oreánico; pero la actividad psíquica continúa. Soñar es la actividad psíquica que ocune al dormir.

Los sueños pueden ser provocados por estimulos externos: podemos soñar con iglesias y campanas porque está sonando el despertador: o que estamos en una florería por el olor a perfume en el ambiente; o que estamos en la Antártida al entrar frío por la ventana.

También pueden estar provocados por estímulo orgánicos:

soñamos que estamos caminando muy cansados por tener dolor en las piernas: o que nos caemos a un vacío por excitaciones viscerales.

Pero estos estímulos físicos o corporales no explican en sí mismos el fenómeno del sueño, sino que sólo lo provocan. A partir de dichos estímulos, la vida psíquica elabora imágenes oníricas: ¿cómo es posible que éstas estén expresadas por imá­genes visuales cuando la excitación casi nunca es ocular?

Los sueños no constituyen un fenómeno somático sino psíquico. El psicoanálisis, al estudiar el fenómeno de los sueños, concluyó que éstos son una manifestación del inconsciente: durante el dormir las barreras que representan la censura se aflojan y permiten surgir a los deseos inconscientes. Pero dicha censura no deja de actuar totalmente, como veremos en el siguiente punto.

CONTENIDOS DE LOS SUEÑOS

Todo sueño tiene dos tipos de contenidos:

a) Contenidos manifiestos: son las imágenes que recordamos al despertar.

b) Contenidos latentes: son las imágenes inconscientes que tienden a salir pero lo hacen disfrazadas por las imágenes del contenido manifiesto.

Por ejemplo: tina señora que, estando próxima la fecha de mudanza a otra casa, no deseaba abandonar la suya, soñó que plantaba semillas que de pronto echaban raíces. Esta presen­tación disfrazada de los reales deseos se la interpreta como una acción de la censura que aun sigue actuando.

Otra forma de acción de la misma está representada por las lagunas o bkincos en el sueño: al despertarnos no podemos acordarnos de todo el sueño.

MECANISMOS DEL SUEÑO

El sueño al producirse se presenta por ciertos mecanismos que el psicoanálisis toma en cuenta para poder interpretar a los mismos. Algunos de ellos son los siguientes:

1 — Simbolización: los contenidos latentes se manifiestan por medio de símbolos. Por ejemplo, soñar que se está construyendo una casa, puede simbolizar el deseo de juventud y salud orgánica.

2 — Condensación: los varios personajes o elementos del con­tenido latente aparecen en el contenido manifiesto como una sola persona. Ejemplo, si un joven sueña que sale con una amiga llamada Nono, es posible que haya soñado con dos amigas suyas: Nora y Noemí.

3 — Desplazamiento: consiste en que una imagen del conte­nido manifiesto esté sustituyendo a otra del contenido latente. Por ejemplo, si una persona ama a otra suena que es ésta la que la ama. Otro ejemplo sería soñar a uaa per­so.ia con características de otra.

4 Transfonnación en lo opuesto: en el contenido mani­fiesto se muestra lo contrario del latente. Por ejemplo, esperar con mucha emoción un acontecimiento y soñar­lo como si se lo recibiese con la mayor calma.

FANTASIAS DIURNAS

Son las que se expresan en el “soñar despierto”.

Son producciones imaginativaS en las que el sujeto canaliza sus deseos insatisfechos. Generalmente se presenta el sujeto a sí mismo como el personaje central de las mismas. En ellas suelen crearse situaciones o escenas en las que éste colma sus deseos de exito, o su ambición o donde satisface su egoísmo. Así por ejemplo, puede fantasear que es el héroe de una situación sal­vando a los demás del peligro, o que es una famosa estrella de cinematógrafo.

Algunas de estas fantasías son esporádicas y se abandonan. Otras, en cambio, son seguidas por el sujeto, continuando en futuras fantasías el hilo de la trama hasta armar una verdadera novela.

Suelen también presentarse como fantasías anticipatorias del futuro: en ellas el sujeto puede imaeinar que se arreglan todos sus problemas afectivos y sus penurias económicas. El oficinista puede construir en ellas el discurso que le dirá al jefe el día en que renuncie al puesto, etc.

El origen de las mismas es similar al de los sueños: la satisfacción de deseos postergados. Pero las fantasías diurnas se presentan de manera más organizada y estructurada, por el hecho de que el sujeto tiene conciencia de ellas al encontrarse despierto.

Tanto las fantasías como el sueño, son comunes y necesa­rios: por ellos el sujeto reduce tensiones: pero si sus fantasias son constantes pueden ser indicio de una conducta perturbada. De­mostrarían que el sujeto vive más en ci mundo de la fantasía que en el real.

LA IMAGINACIÓN COLECTIVA

Hasta ahora hemos tratado las formas de manifestación dc la actividad imaginante, pero la psicología social ha estudiado for­mas de imaginación colectiva. Existen construcciones de la imagi­nación compartidas por los miembros de un mismo grupo social.

Los mitos, las leyendas. son una clara expresión dc esto. Frecuentemente se apela para describir este fenómeno al estu­dio de pueblos primitivos. aunque en la realidad ésto tambien puede observarse en la sociedad actual.

Asistimos a diario a la manifestación de leyendas populares que se transmiten entre los miembros del grupo: la idealización de un artista o personaje público, adjudicándole al mismo o a sus acciones caracteres llenos de fantasía.

Comúnmente la elaboración de estos productos colectivos obedece a factores como los que siguen:

1— Necesidad de fortalecer la unidad del grupo. El hecho de compartir este tipo de leyendas cohesiona a los miembros y hasta los caracteriza y distingue de los demás.

2 — Volcar en el héroe o personaje de la leyenda los deseos y aspiraciones de los miembros. El representa, de algún modo. lo que los demás hombres hubiesen querido ser o hacer

LA IMAGINACIÓN EN EL ADULTO Y EN EL NIÑO

Al no estar totalmente integrado a los distintos aspectos de la vida social, y al no tener tan estructurado su “yo”, el niño no tiene tan desarrollado el principio de la realidad. Por lo tanto, mezcla la realidad con la fantasía. Así por ejemplo, el ulla puede tomar una escoba y barrer la accra de su casa y luego utilizar la escoba como “caballo” y jugar a que es un experto jinete. La niña juega con su muñeca, se ubica en su papel de madre, con cualquier elemento, la alimenta y está convencida de que la muñeca come. Pero inmediatamente puede arrojarla a un costado de la habitación como a cualquier otro objeto.

El juego se constituye así en la principal actividad del niño, en la cual se siente cómodo y libre: puede organizar su propio mundo de fantasías mezclado con los elementos de la realidad.

En el adulto. predomina el principio de la realidad. Pero, como dijimos al resultar ésta frecuentemente dura, y al tener que sacrificar fábulas, el adulto canaliza sus necesidades en la imaginación onírica, en las fantasías diurnas o en las creaciones estéticas.

IDENTIFICACION Y VOLUNTAD

ACTO VOLUNTARIO

Recordemos que “conducta es la acción —interna o externa— que surge para satisfacer necesidades que nacen de la relación hombre-medio”

Pero todos los individuos no actuamos de la misma manera para adaptarnos al medio ambiente. Lo hacemos en función de respuestas propias para satisfacer nuestros motivos particulares.

Actuamos impulsados por la exigencia de obtener logros que permitan el desarrollo de sentimientos placenteros. En tal sen­tido, esas exigencias o motivos, ligados a la vida afectiva, consti­tuyen la meta de la conducta y el resorte, la fuerza que la mueve.

Así por ejemplo, si tengo hambre, busco alimento y como. Pero hay motivos mucho más complejos que no se pueden satisfacer mediante actos voluntarios sencillos, sino por lo con­trario, requieren del sujeto poner en juego toda su capacidad de querer, toda su voluntad. Esos motivos son aprobación, estima, éxito, independencia, etc.

Si bien es cierto que nos impulsan motivos, los satisfaccnios dc diferentes maneras. Variará la energía, la fuerza, la intensidad utilizada para lograr una meta determinada. Del mismo modo es diferente la persistencia del motivo, es decir, la constancia, el empeño, el esfuerzo que ponemos en su logro. Ambos factores, energía y persistencia, dan dirección a la conducta.

En cuanto la conducta surge para lograr una meta de la cual tenemos conciencia plena, estamos en presencia de un acto voluntario.

En el acto voluntario tendemos a una meta que queremos alcanzar. La meta puede ser concebida en abstracto o imaginada, difusa o precisa, pero es necesario que tengamos conciencia de ella; de lo contrario no hay acto voluntario.

Además de tener conciencia de la meta a la que se aspira también es necesario conocer la forma en que se va a lograr, esto es, el modo, el camino que se emprenderá para alcanzarla. Cuando las dos cosas se dan simultáneamente, la conducta se exterioriza.

conciencia de la meta
El acto voluntario que se desea lograr y
implica tener

conocimiento de los

medios que se emplearán

para su logro.

Así por ejemplo, puedo tener como meta vivir con mis semejantes conforme a relaciones comunitarias. Este es un simple deseo y solamente será acto volitivo cuando, en conocimiento del camino que emprenderé, ponga en práctica ese deseo sin impor­tarme el esfuerzo que me demandará y el grado de dificultad de la empresa acometida. Sólo basta con querer lograr la meta fijada.

DELIBERACIÓN COMO SITUACIÓN CONFLICTIVA

Como hemos visto, la conducta obedece a una multiplicidad de motivos. La motivación como proceso interno al sujeto, impulsa la conducta hacia distintas metas. Aun pueden existir conflictos, oponiéndose motivaciones entre sí o buscándose me­tas contradictorias. ¿Qué hacer? , ¿qué elegir? , ¿qué buscar? Muchos de estos interrogantes se pueden resolver espontánea­mente, sin pensar, pero otros requieren de un acto voluntario.

Para hablar de acto voluntario es necesario que delibere acerca de cuál es el camino que seguiré. Interviene aquí un discernimiento racional. Analizaré las posibilidades de mi actuar. Tendré en cuenta las consecuencias que originará tal proceder.

Pero aun así la energía afectiva puede ser más intensa que la razón y puedo deliberar permitiendo que prevalezcan mis emo­ciones y sentimientos.

En el esquema siguiente el sujeto se halla rodeado de múlti­ples metas que desea alcanzar. No puede lograrlas todas a la vez. Por eso estudia la situación mediante un proceso de deliberación consciente analizando todas las posibilidades de su actuar.

Deliberación

M M

S

M M

M

En la deliberación analizamos los motivos que nos impulsan a lograr una meta determinada. Puede ocurrir que los motivos que impulsan a la conducta para alcanzarla se encuentren en pugna. Se presenta en este caso una situación conflictiva.

Supongamos que un amigo al qüe estimo mucho se comporta en forma irrespetuosa y descortés. No sé qué hacer. Delibero y llego a la conclusión de que o bien deberé increparlo para que desista de su actitud o bien no le diré nada, pero en tal caso tendré que tolerar su comportamiento.

En este caso no hay decisión. Me limito a analizar los ele­mentos de la situación conflictiva, a partir de la deliberación.

DECISIÓN COMO SOLUCIÓN DEL CONFLICTO

La decisión tiende a restablecer el equilibrio y busca resolver el conflicto planteado.

En la decisión elegimos el camino a seguir, y esa elección la respaldamos con toda nuestra voluntad. Elegido el camino, pone­mos todas las energías en su logro.

En el ejemplo anterior, la situación conflictiva cesa porque tomo la decisión de increpar a mi amigo para pedirle que se comporte respetuosamente. Elegí uno de los dos caminos posi­bles. Me decidí por uno. Al hacerlo renuncié, al menos momen­táneamente, a poner en práctica la segunda posibilidad, es decir, increparlo y tolerarlo.

Pero es importante destacar que, si bien se procura resolver el conflicto, no toda decisión lo elimina. En muchos casos, éste permanece contenido. El sujeto cree resolver el problema y se siente satisfecho, pero en realidad oculta su verdadero núcleo. Tal es el caso del que llega al matrimonio creyendo que está enamorado, cuando lo que realmente lo llevó a tomar esa deci­sión fueron motivos de índole muy diversa.

En el esquema siguiente el sujeto descartó las metas que aparecen tachadas y en cambio eligió una sola que aparece sin tachar. Se decidió por una ineta en particular con el propósito de ponerla en práctica conforme lo prescrito por su voluntad.

Decisión

M M

S

M M

M

De todos modos, elegir es siempre un acto de libertad. Elegi­mos ser esto y no aquello, en tal sentido somos los artífices de nuestro propio destino.

Cada meta lograda nos transforma íntimamente permitién­donos modificar la elección de metas futuras.

IDENTIFICACIÓN Y VOLUNTAD

La actividad que los seres humanos realizan para vincularse con el medio ambiente está conducida por la energía afectiva.

Esta energía puede moverse en forma espontánea, ligada a procesos netamente afectivos, o puede ser dirigida conforme a metas elegidas voluntariamente.

El vínculo interhumano que se basa esencialmente en el acto voluntario es el de la comunion. En él manifestamos la elección de una conducta en la cual otorgarnos prioridad al nosotros en lugar del yo.

Nos comprometemos a mantener sentimientos duraderos y estables de cooperación y altruismo, y no solamente los manifes­tamos sino que también los queremos ejecutar. Tenemos la Voluntad de actuar así y no de otra manera, no importa el esfuerzo y el sacrificio que ese actuar nos demande. Estamos convencidos de que ese modo de convivir es el que debe señalar el objetivo de nucstra conducta. El camino a recorrer será largo y estará licno de obstáculos que será necesario sortear. Sin embargo, tenemos la seguridad de que ése es el rumbo a seguir y la voluntad que manifestamos de lograr la nieta pondrá en juego nuestro esfuerzo de regular, a partir de la razón, la satisfacción de aquellos motivos individuales que nos conducen a una convi­vencia cada vez más comnitaria.

Finalmente, digamos que el acto voluntario se caracteriza por estar nutrido de dos vertientes difereíitcs: la energética y la estructurante. Por la primera nos vinculamos a partir de la conducta afectiva. Puedo elegir la nieta quc mayor placer me produce, que más me gratifica.

Pero dijimos que para que haya acto voluntario es necesario tener plena conciencia de las posibilidades que implica esa elec­ción. así como también conocer el camino que seguimos para llevar a la práctica la mcta elegida. Eii este caso el papel de la conducta inteligente, que cumple una función estructurante, es visible y asegurará que la elección se realice en función de una visión objetiva, crítica y reflexiva. Así por ejemplo, puedo desear lograr una neta que requiera de mi parte un excesivo sacrificio, pero la elijo a pesar de que no me causa placer. Hago lo que debo y no lo que me gusta hacer.

En los capítulos siguientes entraremos en el análisis y detalle de la iateligencia corno función estructurante de la vida psíquica.

ASPECTO ESTRUCTURANTE DE LA CONDUCTA

LA FUNCION COGNOSCITIVA EN LA CONDUCTA.

Hemos señalado en capítulos anteriores que la conducta representa un modo particular de intercambio entre el hombre y su medio. La finalidad de la conducta está dada por el logro del equilibrio entre ambos. Distinguimos en el análisis de la con­ducta dos aspectos:

a) Energético

b) Cognoscitivo o estructurante.

a) De hecho, el medio está en constante cambio, nos presb­na, nos exige y, a su vez, nosotros exigimos de él. A estos “cortes” en la relación con el medio, los hemos designado anteriormente como “ruptura del equilibrio”, y es dicha ruptura la que engendra o incentiva la necesidad dc acción, el impulso que guiará la conducta.

Todo ello lo hemos englobado en lo que llamamos aspecto energético de la conducta, y que hemos anaLzado hasta ahora. Así, entonces, el sujeto actúa cuando surge una necesidad. cuan­do tiene un motivo.

Energía

S

motivo

b) Pero no basta tener un motivo para actuar. Es también necesario ordenar los datos para hacerlo. Si la conducta conclu­yese en el plano energético, quedaría reducida a un impulso truncado: la misma sólo se conipleta cuando se logra la resptiesta satisfactoria, es decir, cuando se logra el equilibrio o adaptación del que hablábamos. Errada o no, la acción tiende a readaptar al hombre con su ambiente.

S ACCIONES READAPTATIVAS

Para ello, el hombre ordena los datos de la realidad. No es un elemento pasivo que recibe los datos desde afuera, sino que, siendo netamente activo, puede establecer una organización de los datos, relacionar los mismos entre sí, agruparlos según sus semejanzas y diferencias. Esto le da indiscutiblemente la posibi­lidad de actuar sobre la realidad y resolver los problemas que ésta le plantea. Cada problema resuelto es un nuevo aprendizaje: la experiencia no se pierde ni se olvida, sino que permanece como un bagaje al que el sujeto podrá apelar para resolver problemas futuros.

He aquí ddnde reside el aspecto cognoscitivo de la con­ducta: en el ordenamiento, organización y estructuración de los datos del medio que permitan respuestas readaptadoras.

Organiza los datos

S relaciona con experiencia pesadas

establece relaciones entre los datos presentes

agrupa los datos según sus relaciones

Resuelve la situacion

Pero aún hay mucho más. Gracias a este aspecto cognoscitivo o estructurante de la conducta, el hombre no se limita a resolver situaciones presentes. Puede, además, independizarse del dato actual y concreto, puede reflexionar y anticiparse a lo que vendrá, organizar sus reflexiones en teorías y plantear hipótesis. Estudiando y analizando la realidad, puede, en su punto más alto de evolución, edificar el conocimiento científico.

LA FUNCIÓN COGNOSCITIVA

La simple observación de la conducta nos permite advertir que el hombre conoce y ordena los datos del medio. De este modo puede elaborar acciones que resuelvan los problemas que éste le plantea y moverse con mayor equilibrio en él.

Si una señora necesita, para terminar de preparar un postre, una lata que contiene azúcar y ésta se encuentra en un armario muy alto de la cocina, en seguida pensará en buscar una escalera o un banco que se halla en otra habitación. Si una vez que baja la lata, ésta está tan cerrada que le resulta imposible abrirla con sus manos, pensará entonces en aflojar la tapa con un cuchillo; naciendo palanca con el mismo podrá entonces destaparla y sacar el azúcar. Así habrá satisfecho su necesidad y podrá cul­minar con su tarea.

Para que la señora del ejemplo anterior pudiera resolver ese sencillo problema tuvo que valerse de su pensamiento, de la percepción de la distancia de la lata, del recuerdo del sitio donde tenía la escalera tuvo también que reflexionar sobre la manera de quitar la tapa endurecida, recordar dónde había guardado el cuchillo, etc. Es decir, tuvo que aplicar su pensamiento a la acción. Una vez ordenados los datos, su conducta satisface su anterior carencia y restablece el equilibrio.

Así como la función energética impulsa a la acción, la función cognoscitiva asegura la respuesta adaptadora.

LA FUNCIÓN COGNOSCITIVA Y SUS SUB-ESTRUCTURAS

La función cognoscitiva por antonomasia es la INTELIGENCIA.

Pero la misma se vale de otras formas de conocimiento para poder actuar sobre la realidad, más simples y rudimentarias.

Cuando intento arreglar una máquina que se ha descom­puesto, observo detenidamente cada pieza y la ubicación de las mismas (percepción), toco y muevo cada una de ellas y manipu­lo toda la máquina (sensomotricidad), recuerdo cómo la arregló el mecánico la última vez que se descompuso (memoria), realizo muchos tanteos y ensayos y finalmente ordeno los datos, descu­bro las relaciones y función de la pieza averiada, saco conclu­siones (inteligencia), y poniendo en práctica las mismas consigo arreglar la máquina.

Lo destacado entre paréntesis en el ejemplo anterior repre­senta a las distintas formas de conocimiento de la realidad de las que se vale la inteligencia para lograr la adaptación a la situación; aunque más simples y primitivas que la inteligencia, resultan indispensables para que ésta pueda elaborar sus conclusiones.

De este modo, podrían considerarse como sub-estructuras de la función cognoscitiva. Actítan con estrecha relación; si bien la función cognoscitiva más avanzada es la inteligencia, recibe el aporte de la percepción, de la sensomotricidad y de la memoria.

La sensornotricidad es la subestructura más rudimentaria en el conocimiento de las cosas. Implica conocer las características de los objetos por el hecho de captarlos a través de los sentidos (vemos, tocamos, manipulamos, oímos, etc.).

Por la percepción tomamos contacto con la situación presen­te. Esta subestructura de conocimiento es más compleja que la anterior, pues no se limita a captar sensaciones aisladas, sino que integra el campo perceptivo en una totalidad. Su mayor comple­jidad implica un mayor grado de equilibrio en las relaciones con los objetos.

La memoria nos permite independizamos del presente y remontarxms a experiencias pasadas; nos posibilita la aplicación de lo aprendido anteriormente en situaciones actuales. Se libera de lo exclusivamente presente, como en el caso de la percepción, para moverse con mayor equilibrio a través del tiempo.

La imaginación nos posibilita el representarnos interiormente lo que hemos percibido elaborando una imagen mental y aun combinar distintos elementos para elaborar una nueva imagen.

La inteligencia agrupa a los objetos según sus características, los relaciona con otros y los integra en un sistema. Es la función cognoscitiva más evolucionada. No sólo sistematiza respecto de los objetos presentes, sino que elabora símbolos, o mejor dicho, una red de símbolos que le permiten independizarse del dato concreto para manejarse con ideas. Sobre la base de esta posibili­dad y flexibilidad de la inteligencia, construimos teorías sobre la realidad, formulamos hipótesis y trabajamos científicamente.

La psicología clásica estudiaba a la inteligencia como una “facultad” aislada del resto de las demás “facultades”. Según esta concepción, las diferentes formas del conocimiento antes mencionadas estarían encasilladas en compartimientos separados. Esto es actualmente rechazado por la psicología.

La función cognoscitiva es una, siendo la inteligencia la más perfeccionada y equilibrada de las formas del conocimiento de lo real, recibiendo el aporte de las formas más simples —percepción. sensomotricidad, etc.— que actúan como sub-estructuras de ésta.

LA FUNCIÓN COGNOSCITIVA COMO RESULTADO DE UNA

CONSTRUCCIÓN PROGRESIVA

Otro error cometido por la psicología tradicional era conside­rar que las llamadas “facultades” mentales estaban “dadas” des­de el nacimiento. Entendían, entonces, que la inteligencia infantil era igual a la adulta. De ser así, un bebé pensaría del mismo modo que un adulto. Los grandes adelantos y las valiosas expe­riencias que se han realizado han demostrado que la función cognoscitiva se desarrolla a través de la vida. El psicólogo ginebrino Jean Piaget, luego de muchos años de laboriosa y fecunda investigación, ha brindado importantes conclusiones referentes a la evolución del pensamiento. La corriente que se inicia con sus estudios se conoce con el nombre de psicología genetica

Con el correr de los años, se logra un mayor equilibrio de la función cognoscitiva. El niño no cuenta con las mismas posibili­dades de conocirnier.to y organización de la realidad que el adulto. Basta comparar la inconsistencia de las conclusiones infantiles con la sistematización del pensamiento adulto para concluir lo antedicho. En un primer momento. el pensamiento infantil se halla ligado al conocimiento sensoriomotriz. Procresi­vamente se independizará de los datos de los sentidos y percep­ciones, para ir flexibilizando su relación con los datos concretos. introduciendo en su pensamiento la función simbólica. Sólo a partir de la adolescencia y durante la edad adulta se consolida y desarrolla el pensamiento abstracto. Este le dará al hombre la posibilidad de eláborar con mayor soltura respecto del dato sensible.

El desarrollo de la función cognoscitiva se da en el sentido de una progresiva equilibración de las relaciones entre el hombre y el ambiente.

El punto de máximo equilibrio en la evolúción mental está representado por la inteligencia abstracta.

Durante el transcurso de su vida la hombre construye, pro­gresivamente, la función que le permitirá conocer, con mayor ajuste y precisión, la realidad. Esta evolución será tratada en el próximo capítulo.

LA ESTRUCTURA COGNOSCITIVA DEL ADULTO

Fue indisoensable analizar, aunque brevemente, la evolución de la estructura cognoscitiva en el hombre, para poder compreii­der la estructura cognoscitiva del adulto.

Reproduciendo el cuadro que aparece al comienzo de este capítulo, observamos que si bien el adulto ha desarrollado el pensamiento abstracto, conserva en forma de subcstructura los esquemas de conocimiento más simples.

INTELIGENCIA

Subestructura

Perceptiva

Subestructura

Senso-motriz

El adulto puede acudir —y de hecho acude— a formas de respuesta más simples toda vez que le resulte necesario y útil. La inteligencia es la función cognoscitiva en el hombre, permane­ciendo las formas primitivas a su servicio. Lo que se desarrolló en estadios anteriores no se pierde. Permanece dominado por la inteligencia. Veamos el siguiente ejemplo descriptivo de esta afirmación:

El Sr. X. es un notable investigador y ha realizado importan­tes aportes a la ciencia en el campo de la física. Volviendo una tarde hacia su casa en su coche, nota que éste tiene algCin desperfecto. A pesar de que el Sr. X. conoce la mecánica de su auto, primero observa el motor (percepción), toca distintos ca­bles, y finalmente nota floja la correa del ventilador (sensornotri­cidad). Careciendo de herramientas necesarias para arreglarlo, busca algún otro instrumento. Encuentra una varilla de metal que le sirve como palanca para correr la abertura de la correa (inteligencia práctica o concreta). Solucionado el problema mecá­nico, el Sr. X. continúa el regreso hacia su casa.

A pesar de que el Sr. X. es un notable intelectual, apeló en este momento a esquemas prácticos más simples para resolver el problema. Finalmente el que lo resolvió fue la “inteligencia”, pero con la ayuda de las formas más simples de la sensomotricidad y la percepción.

Como vemos, los esquemas más primitivos no se pierden. Permanecen y se usan frecuentemente en la vida diaria, a pesar de que estén dominados por el más evolucionado.

Asimismo, si el Sr. X. se viese en situación de peligro, resolvería mejor esa situación si hiciese uso de sus tendencias instintivas y de sus reflejos y por lo tanto huyera, que si se pusiese a razonar sobre las implicancias del peligro. He aquí una vez más el apoyo de los ésquemas primitivos, pero igualmente dispuestos a la acción; necesarios y disponibles aun cuando permanezcan subordinados por la inteligencia.

Apelarnos al gráfico para describir esta relación entre los esquemas cognoscitivos del sujeto. Pero es necesario aclarar que no se trata de una mera superposición de estructuras sino de una verdadera construcción integrativa y solidaria, construcción que se va dando progresivamente a lo largo del desarrollo y cuyo artífice es el propio sujeto. Las estructuras construidas en una edad se vuelven parte integrante de las estructuras de la edad siguiente y se conservan bajo la forma de subestructuras.

LAS PRIMERAS FORMAS DE ADAPTACION COGNOSCITIVA

Analizaremos brevemente las dos formas más simples de conocimiento de lo real, que son la senso-motricidad y la percep­ción. Además de ser las más primitivas, son las que predominan en el niño. La inteligencia se presenta en un primer momento ligada a lo sensoriomotriz desarrollándose luego bajo la forma de percepción —inteligencia intuitiva.

Estas formas de conocimiento que predominan en el niño pequeño no se pierden en el adulto sino que, corno ya vimos, permanecen como subestructuras que apoyan a la inteligencia y a las que el hombre apela cuando le es necesario.

Si una ama de casa entra a la cocina, y observa sobre la mesada de la misma un objeto no conocido por ella, es posible que lo toque con cierto resquemor, lo mueva, lo alce, etc. A pesar de poseer, como ser adulto, la forma de conocimien­to abstracto, puede usar de los esquemas más primitivos cuando le sea útil o los otros no le sirvan.

Estos esquemas de conocimiento, a pesar de ser más rudimen­tarios, más simples, son imprescindibles para la vida. En su evolución la inteligencia necesita de estas formas más primitivas para poder desarrollarse.

En el deporte, la senso-inotricidad y la percepción están al servicio de la conducta inteligente.

En la vida diaria estamos constantemente en relación con las cosas y, para poder actuar sobre ellas, necesitamos tanto del aporte de estas primeras dos formas como de la inteligencia.

Senso-motricidad y percepción son las dos formas más sim­ples de conocimiento y cumplen la función de colaborar con la inteligencia en el proceso de adaptación. Pero las dos constituyen procesos diferentes, la percepción representa un grado de organización superior al de la senso-motricidad aunque necesita de ella para integrarse.

LA SENSO-MOTRICIDAD

Si estamos en una habitación oscura, con los ojos cerrados y alguien enciende la luz, “sentimos” que hay lúz en el ambiente aun sin abrir los ojos. Así también recibimos las demás impresio­nes del medio: ruidos, la brisa que pasa, los perfumes, el sabor de los alimentos, etc.

Son estas estimulaciones que llegan desde el exterior hasta nosotros a través de los órganos de los SENTIDOS. No solamente recibimos por ellos estimulaciones de] medio externo sino también de nuestro propio cuerpo: tenemos así noción de su postura, del esfuerzo que hacemos, del cansancio, del equilibrio, de los movimientos que éste realiza.

Captamos así las características sensibles de la realidad —sen­sación— y actuamos sobre ella por medio de movimientos —mo­tiicidad—.

La SENSACIÓN es el fenómeno psíquico más simple y nos informa de modo general de lo que ocurre dentro y fuera de nosotros.

Para lograrlo el organismo cuenta con:

1. Organos especializados, que son los SENTIDOS, que cap­tan el estímulo (por ej. la luz, el calor, el sonido, etc.).

2. Vías nerviosas aferentes o de la sensibilidad, que trans­miten el estímulo al sistema nervioso central.

3. Sistema nervioso central, que computa la información que recibe y “envía” la orden de acción.

4. Vías nerviosas eferentes o motoras que transmiten la orden y mueven en tal sentido al cuerpo.

Todo este proceso es de orden psicobiológico. Es ésta la más simple forma de acción del hombre sobre el mundo y su primera forma de adaptación a él. La sensación, se produce al recibir la presión de un estímulo que afecta a los sentidos. Cuando el estí­mulo es excesivamente débil, la sensación no se produce. Se dice entonces que aquél está por debajo del umbral de la sensación.

Conducta

LAS SENSACIONES: TIPOS Y CARACTERES

Como dijimos, las sensaciones son las más sencillas formas de conocimiento. Podemos distinguir entre ellas a diversos tipos: 1) visuales; 2) auditivas; 3) táctiles; 4) olfativas; 5) gustativas; 6) kinestésicas; 7) cinestésicas.

Todas ellas pueden variar en:

— cantidad

— cualidad

— tono afectivo

a) Cantidad: las sensaciones varían por la fuerza o energía con que se presenten. Las hay débiles o intensas: depende esto de la intensidad con que se manifiesta el estímulo. El señor que vive al lado de una iglesia escuchará con mayor intensi­dad el sonido de las campanas que el que vive lejos de ella.

b) Cualidad: cada sensación tiene su carácter propio. Una luz, además de ser intensa o débil, puede ser blanca o de algún color. Así cada sensación tiene una cualidad que la diferencia de otra.

c) Tono afectivo: hay sensaciones que producen una experien­cia grata; otras nos producen dolor. A algunas personas les gustan los colores vivos y a otras los pálidos. Así se sabe que los colores influyen de algún modo en el estado de ánimo de las personas: hay colores excitantes como el rojo, y por lo tanto se emplean cuando las personas deben mantenerse atentas. Un ejemplo de ello es la luz de peligro. Otros colores son tranqui­lizantes como el azul y el verde. Frecuentemente nos descansa la observación del paisaje del campo.

Sensaciones visuales: Las sensaciones visuales pueden ser cla­sificadas en:

Acromáticas: sensación de claridad que va del blanco al negro pasando por la gama de los grises.

Cromáticas: sensaciones de los colores propiamente di­chos.

Las sensaciones visuales varían en luminosidad y en pureza. Hay colores más luminosos que otros; por ejemplo, verde claro y verde oscuro.

Algunos se presentan más puros, en tanto que otros se presentan más mezclados hasta el punto de que a veces no podemos diferenciar un azul de un verde.

Sensaciones auditivas: las sensaciones auditivas pueden ser clasificadas en ruidos y sonidos. Los primeros se presentan más confusos, y los segundos más claros. Las sensaciones auditivas varían en tono o altura. Van desde tonos más bajos como el ruido de un trueno, hasta más altos como el canto de un pájaro.

También varían en timbre: una misma nota musical cambia timbre si se toca en piano. El timbre representa el sonido de la misma intensidad y altura pero producido por distintas voces o instrumentos.

La sensaciones olfativas y gustativas: aparecen frecuente­mente unidas. A veces no percibimos bien el sabor de las comidas por estar resfriados.

Otras veces al oler una comida nos parece que hubiésemos percibido su gusto.

Las sensaciones táctiles: cuyo Organo es la piel nos permiten sentir, al tocar un objeto, su tettura suave, aspera, rugosa, etc —, la presión que éste ejerce suave o lntensa sus caracte­risticas térmicas —frío, tibio, caliente etcetera dolor —sordo o punzante.

La sensación táctil no sólo puede ser producida por un objeto externo, sino también por un proceso interno. Los ór­ganos del cuerpo humano están recubiertos por tejido epitelial. Asi, al comer algo, lo podemos sentir suave, caliente, o podemos sentir dolor al tragarlo.

Las sensaciones kinestésicas: este grupo comprende las sensa­ciones de movimiento, tensión, peso y fuerza, como sensaciones internas a nuestro organismo. Las táctiles son cutáneas, en cam­bio éstas son internas: implican la posición y fuerza que realiza el cuerpo. Así tenemos conciencia de estar sentados o acostados, o de que levantamos un peso con el brazo a pesar de que tengamos los ojos cerrados.

Conducta

En el trabajo físico se evidencian las sensaciones kinestésicas de movimiento, tensión, posición, peso, fuerza.

Las sensaciones cinestésicas: nos informan del estado interno de nuestro organismo; así sentimos hambre, sed, náuseas, ahogo o facilidad para respirar, fatiga, malestar, etc.

Por la senso-motricidad se logra la respuesta ajustada a las características del estímulo. Contribuye en la adaptación al me­dio más primitiva.

LA PERCEPCIÓN LAS SENSACIONES

Si abrimos la ventana y miramos hacia la calle lo que percibimos no es una serie de sensaciones de color, lfneás, etc., sano que vemos el empedrado, gente caminando, autos en movi­miento, árboles, etc. Vemos por lo tanto una totalidad organizada: la calle; dentro de la cual podemos distinguir a los objetos y personas. Si escuchamos una melodía, oímos una serie de notas no la melodía total. Incluso si el pianista no tocara una de las

notas por un error, es muy posible que no lo notemos y la música sea la misma para nosotros. Es decir que el producto de esta actividad, la imagen de la percepción es más que la suma de las sensaciones, es una estructura.

Una estructura o totalidad organizada es siempre más que la suma de las partes, incluso, quitar o sumar algún elemento puede no modificar la estructura total, como en el caso de la melodía.

La percepción necesita de los datos de los sentidos, pero el producto de su actividad es una nueva estructura. Supera la limitación de los datos aislados de los estímulos.

La percepción se constituye así en la segunda forma de conocimiento de lo real, más compleja y equilibrada que la senso-inotricidad. Organiza los datos en un todo, dándoles una configuración, una estructura. Cuando percibimos la realidad no se nos presenta como un caos sino como una totalidad organi­zada. La percepción es la que realiza esta tarea.

Su labor es estructurar los datos presentes. Así colabora con la inteligencia que culmina la adaptación al medio.

La actividad estructurante y organizativa de la percepción se comprueba en la tendencia que ésta tiene a cerrar o completar la figura.

Por ej. en la figura 1, percibimos un cuadrado y no una serie de puntos alineados. Esto prueba que la percepción tiende a cerrar la figura completando las líneas punteadas como si fuesen llenas.

Por otro lado, también prueba la relativa independencia que percepción tiene respecto de los datos de los sentidos; los usa pero puede separarse de ellos y hasta agregar otros si fuese necesario para la integración de la figura.

En la figura 2 algunas personas contestan que ven columnas o vías de ferrocarril, o troncos de árboles. La percepción tiende a in­tegrar los datos dándoles un sentido.

LA INTELIGENCIA COMO FUNCION ADAPTADORA

El hecho de considerar que la inteligencia no es una “facul­tad” aislada, como lo afirmaba la psicología tradicional, nos ha conducido a tratar este tema en los capítulos anteriores. La psicología contemporánea ha probado que ella es la función cognoscitiva que permite la adaptación al medio, pero que en su evolución mucho tiene que ver con la sensomotricidad y con la percepción.

En la primera etapa, ella se manifiesta bajo la forma de inteligencia sensormotriz. En este estadio, el niño conoce el mundo que lo rodea a través de la manipulación de los objetos. Esta forma de conocimiento tiene límites; ella necesita del çon­tacto inmediato con las cosas: chupar, rascar, tocar, sacudir, etc.

En un segundo estadio, evoluciona hacia una forma más amplia de conocimiento. Se presenta como inteligencia intuitiva. Se da entonces mayor complejidad y equilibrio a la conducta, con el soporte del lenguaje. Pero ci niño se ve limitado al no poder independizarse de las ilusiones de la percepción. Hacia los 8 años logra la operación intelectual; es capaz de salvar los límites mencionados y establecer las relaciones que existan entre los objetos. Recién en la adolescencia puede establecerlas supe­rando el soporte de lo concreto con el desarrollo de un sistema ló­gico; alcanza el nivel de las operaciones abstractas.

Podemos concluir, como ya lo habíamos adelantado, que la inteligencia se construye progresivamente a través del desarrollo. Dicha construcción tiene las características de una constante equilibración en las relaciones entre el sujeto y el mundo. Se parte de estructuras más rígidas e inestables a estructuras más flexibles y equilibradas como la inteligencia abstracta. Las pri­meras, más ligadas al dato de los sentidos; la última, más liberada de los mismos, alcanza una logicidad creciente. La inteligencia abstracta, a través de sistemas de símbolos, concluye el proceso de adaptación al medio. Toda conducta supone:

— un estado de necesidad para la acción (motivación)

— una organización de los datos

— una acción readaptadora

Esa readaptación se logra por la acción de la inteligencia que agrupa los datos, los ordena dándoles una estructura y los relaciona. permitiendo así encontrar la mejor vía para la concre­cion de la conducta.

En esta adaptación el sujeto canaliza sus necesidades y se integra al mundo. Pero es la inteligencia la que dirige y concluye el proceso. La inteligencia es precisamente la función adaptadora mas avanzada. Al asegurar la adaptación, la inteligencia:

— ordena y estructura los datos de la realidad

— resuelve los problemas más complejos

— concluye un sistema lógico.

CÓMO LOGRA LA INTELIGENCIA LA ADAPTACIÓN.

La inteligencia logra la adaptación por un doble proceso, que se denomina:

— asimilación

adaptación

— acomodación

Para comprender este doble problema, vamos a partir de un ejemplo en el plano biológico. Tomaremos el ejemplo de la alimentación:

1- Al comer. incorporamos un alimento a nuestro organis­mo. En ese momento comienza el proceso de la ASIMILACION: el alimento ingerido es sometido a la acción del organismo. El sistema digestivo en funcionamiento irá transformando el ali­mento, elaborándolo para asimilar lo que de él necesita el orga­nismo. En esta etapa primera se da la acción del organismo sobre el alimento.

2- Pero no todos los alimentos son digeridos de la misma manera. Las características químicas que dicho alimento tenga harán que el organismo reaccione de un modo u otro. Las grasas, los azúcares. los alcoholes, etc., son digeridos a diferentes nive­les. Es decir que. por último, el organismo se acomoda a las características del alimento. La ACOMODACION implica la acción del alimento sobre el organismo.

Como resultado de este doble proceso de intercambio entre el organismo y el alimento, se logra la adaptación.

Trasladémonos a otro tipo de intercambio, el de conducta. El intercambio entre el sujeto y el objeto en la conduta no es un intercambio material (biológico), sino funcional (psicológico).

1 — En toda relación de conocimiento, el hombre acciona sobre el objeto, lo observa, lo toca, lo descompone en partes, lo compara, etc.

Se produce la siguiente relación: sujeto — objeto.

A este momento de la relación lo denominamos asimilación y representa la acción del sujeto sobre el objeto, según sus es­quemas de conocimientos.

Dichos esquemas pueden ser:

ACCIONES

— más simples, como la sensomotricidad - tocar, manipular, palpar, etc.

(inteligencia sensorio-motriz en el nido)

— más complejos, como la reflexión - analizar, comparar, relacionar,

(inteligencia abstracta en el adulto) elaborar hipótesis, etc.

En el ejemplo a nivel biológico, el sistema previo del sujeto es el sistema digestivo, que acciona sobre el alimento. En el plano psicológico, son los esquemas de conocimiento que posea el sujeto para asimilar al objeto: más rudimentarios en los niños (senso-motrices, intuitivos), más complejos en el adulto (pensamiento abstracto).

2 — Pero el proceso cuimina con el otro aspecto: la acomo­dación. El objeto tiene determinadas características que obli­gan al sujeto a accionar de un modo u otro.

No podemos conocer del mismo modo la composición quí­mica de un líquido que para conocer el hecho histórico. Las peculiaridades del objeto influyen sobre el sújeto. Le imponen un tipo de acción diferente para conocer la composición química del líqui­do que para conocer el hecho histórico.

Se da este tipo de relación: Sujeto Objeto.

Del resultado de ambos procesos -asimilación y acomodación- surge la adaptación mental entre el sujeto y el objeto.

Gráficamente, la relación adaptativa es:

Asimilación

Sujeto Objeto

Acomodación

CARACTERES DEL ACTO INTELIGENTE

Los caracteres generales que distinguen a un acto inteligente son:

1 — Comprensión

2 — Invención

3 — Generalización

Comprender significa captar las relaciones que existen entre los objetos, las propiedades de los mismos y las relaciones con las propiedades de otros objetos~ Dicho de otro modo, la reali­dad se presenta a nuestro conocimiento en un determinado sentido, de un determinado modo. La inteligencia descubrirá y relacionará esos datos en una estructura. La primera función coñsistirá, entonces, en “estructurar lo real”.

Veamos el siguiente ejemplo:

Complete el cuadro 4 rayándolo segun corresponda:

1 2

3 4

Al percibir estas formas gráficas, la actitud inteligente se evidencia al intentar establecer las relaciones entre estas formas y estructurar esas figuras en un determinado sentido. Por ej. adver­timos que se establece una relaéión entre: la fig. 1 y la fig. 2: divergencia en la dirección de las líneas oblicuas; y la fig. 1 y la figura 3: convergencia en la dirección de las líneas oblicuas. Inme­diatamente observamos que para resolver el ejercicio debemos construir el elemento restante (cuadro en blanco) idéntico a la figura 2.

Estamos ya aquí en presencia de la segunda característica del acto inteligente: la invención, o sea la construcción de una nueva estructura.

Conducta
Comprender e inventar son dos caracteres indisociables, pues­to que al comprender un fenómeno o un acontecimiento es necesario reconstruir el proceso y elaborar nuevas y posibles transformaciones. Por ej. para comprender el fenómeno de la refracción de la luz a través de la observación del lápiz inmerso en el vaso de agua, no basta repetir la lección de memoria sino que necesitamos:

  • estructurar las relaciones que

  • se dan entre los elementos:

    luz, agua, lápiz, etc. (com­prensión).

  • reconstruir la teoría y elabo­rar

  • nuevas conclusiones (re-

    invención / invención).

    Pero aquí no termina el proceso del acto inteligente. Colo­cados ante la situación de resolver otro problema diferente de refracción de la luz, por ejemplo: “calcular el lugar de caída de una piedra que arrojamos dentro de un estanque”, debemos aplicar lo comprendido en el ejeicicio anterior a esta nueva situación.

    Estamos en presencia de la tercera característica del acto inteligente: gen eralización. La situacion que ha sido comprendida en el ejercicio del lápiz. y la solución inventada o reinven­tada que se logró en dicho ejercicio es generalizada o aplicada a la nueva situación problemática: la piedra en el estanque. Esto implica que una solución hallada podrá ser aplicada a la resolucion de problémas del mismo género.

    Para realizar esta tarea, la inteligencia cuenta con los aportes de la percepción, la memoria, la imaginación, que actúan como soportes de ella.

    Pero la inteligencia no se muestra pasiva frente a los objetos; no se limita solamente a retener sus datos mecánicamente de memoria ni a reproducir imágenes.

    De todo esto es posible inferir que conocer no implica tomar una “copia” pasiva de los objetos, sino que implica trans­formarlo, actuar sobre ellos, reelaborarlos en sus relaciones con los demás objetos. Esto completa lo analizado en este capítulo sobre asimilación activa de lo real.

    FORMAS DE INTELIGENCIA

    La inteligencia se manifiesta de diversas formas. Si se quiere establecer una diferenciación entre ellas, la única clasificación posible es:

    PRACTICA

    INTELIGENCIA

    ABSTRACTA

    En realidad, la inteligencia es una; la diferenciación en sus dos formas de manifestación nos sirve exclusivamente para su mejor análisis. Por otro lado, es conveniente insistir en ella, ya que tradicionalmente sólo se consideraban “inteligentes” a las creaciones más altas del pensamiento científico, filosófico o literario. Indudablemente ellas son las más perfeccionadas y complejas del que hacer humano, pero esto no implica que las demás creaciones no sean producto del pensamiento, de la po­tencialidad intelectual del hombre. Tomado de esta manera, podemos calificar de inteligentes desde las producciones más simples hasta las de la ciencia, el arte y la filosofía.

    La inteligencia práctica abarca la resolución de problemas cotidianos, en la que entran en juego el eficaz manejo del cuerpo, la adaptación de los movimientos y acciones a las formas de los objetos. Comprende todas las cualidades que van desde la habili­dad manual hasta la ingeniosidad del artesan. Así por ejemplo, un deportista, un bailarín, un carpintero, un electricista demues­tran su inteligencia bajo la forma de acción práctica, con el ajustado manejo de sus coordinaciones motoras y en la fabri­cación de nuevos utensilios. H. Bergson fue el primero que trató la cuestión de la inteligencia práctica en la evolución creadora del hombre. Para este autor el horno faber (fabricador) es el primer horno sapiens (inteligente).

    El utensilio es un instrumento, un objeto trabajado y trans­formado por el hombre, de modo que pueda ser usado para cumplir una acción. Todo utensilio se convierte así en una prolongación del brazo del hombre y cumple una importante función en la relación de éste con su medio. La resolución de problemas prácticos permite la adaptación a la situación.

    Para que el hombre pueda fabricar utensilios necesita poseer aunque sea intuitivamente el dominio de las leyes físicas. Por ejemplo, en la invención y uso del arco y la flecha, el hombre aplica la palanca y calcula la direccion y el movimiento.

    La invención y la fabricación del utensilio son actos simul­táneos. Se inventa al fabricar y se fabrica inventando.

    La inteligencia práctica “es una prolongación natural del instinto y de las tendencias motrices innatas. Tenemos tendencia a tomar con las manos, a golpear con los pufos, a arañar con las uñas. Muchos de nuestros instrumentos más simples son mani­fiestamente objetos transformados para ayudar a actos instintivos y poder realizarlos con mayor eficacia”.

    1. Prever un fin y adaptar los medios a ese fin.

    2. Relacionar la forma del utensilio y de la mano o parte del cuerpo con que se usa.

    En la fabricación de un hacha, hay que tener en cuenta la cosa sobre la que se va a operar (por ej. madera), la forma del utensilio y su finalidad (hendir la madera) y el órgano que manejará el utensilio (ejemplo: la mano, modo de empuñarla).

    No sólo es inteligente la invención y fabricación de un utensilio, sino también su uso. La mayoría de los que nosotros usamos a diario no han sido inventados ni fabricados por noso­tros, pero al usarlos demostramos comportamientos inteligentes.

    Para usar hay que comprender las relaciones del instrumento con los objetos, con las acciones que se pueden realizar por su inter­medio.

    Como hemos visto al tratar su evolución, la inteligencia práctica no sólo se da en el adulto, sino que aparece en el niño.

    No así el pensamiento abstracto que recién se alcanza en la adolescencia. Así como la inteligencia práctica implica la adapta­ción de movimientos y coordinación de las acciones para resolver problemas en relación con los objetos, la inteligencia abstracta o conceptual implica el ajuste de las ideas. Se caracteriza esta última por la suspensión provisional de lá accióñ exterior para volcarse a la acción interior del pensamiento. Las relacionés que establece pertenecen al campo de lo abstracto.

    De todos modos, la inteligenciá conceptual no abandona el dato de lo concreto, sólo que lo reformula en ideas e hipótesis que luego aplicará a la acción concreta.

    El hombre comienza por plantearse problemas y establece relaciones mentales que le permiten solucionarlo: evoca experien­cias anteriores, razona, plantea posibles soluciones y elige una para ponerla en práctica.

    INTELIGENCIA Y LENGUAJE

    Pero para poder manejarse con relaciones entre ideas y movi­lizar los conceptos, el hombre elabora el lenguaje o diversos sistemas de símbolos y signos. Como ya hemos visto, en las etapas de evolución del pensamiento, éste recibe un importante impulso por la adquisición del lenguaje, que permite evocar los objetos interiormente. Al decir “mesa” podemos pensar el “obje­to mesa sin necesidad de tenerlo ahora presente, de ver o de tocar dicho objeto.

    Este sistema llamada lenguaje, logra movilizar internamente las redes de ideas y pensar, reflexionar, construir sistemas de relaciones abstractas.

    El lenguaje supone la vida social, es el producto de la vida común. Es el vehículo transmisor de ideas entre los hombres que permite participar de las experiencias y descubrimientos que han logrado otros hombres.

    La inteligencia abstracta agrupa mentalmente a los objetos según sus caracteres y propiedades en “clases” de objetos y establece una malla o red de relaciones entre dichas clases, categorías o conceptos. Se independiza de la presencia corporal de los fenómenos, pudiendo relacionarlos o evocarlos interior­mente y establecer hipótesis, leyes y teorías.

    La inteligencia abstracta opera con signos. El lenguaje es un sistema conven­cional de signos, al igual que el lenguaje matemático, musical, etc.

    Pero es necesario insistir en que dicho ejercicio de la inteli­gencia abstracta tiene su soporte en el lenguaje. La palabra designa a los objetos, sus propiedades y relaciones. Expresa el saber humano unificado y permite la comunicación y el avance del conocimiento.

    INSTINTO Y LA INTELIGENCIA

    Analicemos los siguientes ejemplos, a través de las preguntas que se plantean.

    Ejemplo 1: Un hornero contruye su nido.

    1. ¿Qué diferencia existe entre el nido que construye y los que construyeron sus antecesores?

    2. ¿Quién le enseñó a construirlo?

    3. ¿Qué diferencia existe entre su construcción y las de los otros horneros?

    4. ¿Por qué lo construye?

    Ejemplo II: Un hombre que vive en una zona lacustre construye su casa.

    1. ¿Qué diferencia existe entre la casa que construye y la que construyeron sus antecesores?

    2. ¿Quién le enseñó a construirla?

    3. ¿Qué diferencia existe entre su construcción y la de otros hombres de otros lugares?

    4. ¿Por qué la construye?

    Respondiendo a estos interrogantes, podemos establecer:

    Hornero

    1. Construye su nido de igual modo que las generaciones ante­riores.

    2. No le fue enseñado, sino transmitido por herencia biológica.

    3. Todos los horneros la construyen de la misma manera.

    4. La construye por necesidad y como respuesta adaptiva al medio.

    Hombre

    1. Construye su casa con variaciones respecto de sus antece­sores.

    2. Aprendió las técnicas de construcción por la comunicación con otros hombres, o sea por herencia social.

    3. Varían según las zonas y grupos humanos. Por ej. casa de isleños y casas de una ciudad industrial (herencia cultural).

    4. La construye por necesidad y como respuesta adaptiva al medio.

    Las conductas del hornero en la construcción de su nido se rigen por el INSTINTO: impulso de carácter hereditario cuya dirección se encamina al fin de satisfacer una necesidad (ej.: construir el nido), y también a los medios que sirven para alcanzarlos (ej.: técnicas y materiales de Construccion).

    Tradicionalmente se insistió en la oposición entre instinto e inteligencia. Sin embargo, observamos en la respuesta 4 que existe una coincidencia entre ambos: resultan funciones adapti­vas al medio. Gracias a ellas se resuelven las necesidades y la adaptación a la situación.

    En este punto podría decirse que “el instinto es la lógica de los órganos que supondría una `inteligencia prodigiosa' en la vida, que logra el equilibrio entre el individuo y su medio”.

    La inteligencia humana, como función mental viviente, con­cluye, perfecciona, completa la equilibración entre el sujeto y su medio.

    LA INTELIGENCIA ANIMAL Y HUMANA

    La observación diaria de la conducta de animales domésticos nos permite detectar que existen en ellos conductas inteligentes. El perro, el gato, el caballo, etc., son capaces de adquirir ciertos aprendizajes y de resolver ciertas situaciones que les plantean un problema.

    Pero ello no se da solamente en los animales que conviven con el hombre. Numerosos estudios de animales salvajes revelan el gran número de habilidades e ingeniosidades de que son capaces. Sería inagotable la lista que podríamos hacer de estas habilidades animales que indican la presencia de la inteligencia. Viaud nos comenta acerca de algunos de ellos:

    Los castores, que construyen diques “utilizando troncos de árboles” y “adaptan también sus diques a la naturaleza de los cursos de agua, donde construyen sistemas de esclusas para alimentar sus estanques y mantenerlos a un nivel constante”. Otros animales que construyen estanques artificiales donde ba­ñarse, como los elefantes. O la inteligencia y astucia del zorro para sorprender a sus presas. Hasta la gallina, que es catalogada como un animal “estúpido”, es capaz de salvar obstáculos siempre que éstos sean sencillos.

    La psicología experimental ha sometido a diversas pruebas a distintos tipos de animales, y ha demostrado que existen distin­tos grados de inteligencia en los mismos. Las pruebas o tests que los animales debían pasar, han sido convenientemente elegidos y ordenados en un grado creciente de dificultades.

    El psicólogo alemán W. Koehler realizó numerosas experien­cias para estudiar estos distintos niveles de inteligencia, presen­tándole problemas a los animales que éstos debían resolver. Koehler agrupó los tipos de problemas planteados en cuatro grupos, que son mencionados en este orden creciente de dificul­tad: es decir, de más simples a más complejos.

    a) Problemas de rodeo: consisten en colocar un obstáculo entre el animal y el alimento, de modo que aquél deba realizar un rodeo para alcanzar su comida. Dentro de este tipo de problemas, se dan dos formas de resolución, la primera más simple y la segunda más compleja.

    a — Rodeo de locomoción

    b — Rodeo por aprehensión

    Conducta

    El animal debe trasladarse para alcanzar el alimento. Ani­males como el perro, gato, etc., los resuelven sin dificultad.

    b — Rodeo por aprehensión

    Conducta

    El alimento está atado a un piolín o a otro objeto, y el animal debe tirar de él para alcanzarlo. Este tipo de rodeo no es resuelto por perros y gatos; sí en cambio lo logran los monos. Es bueno recordar aquí la importancia que tiene la disposición de los dedos de la mano del mono, similar a la del hombre —posi­ción del dedo pulgar (posición de pinza)— que le permite apre­hender los objetos.

    b) Problemas de alejamiento de obstáculos: consisten en alejar el obstáculo que impide la llegada al alimento.

    Conducta

    Este tipo de problemas es resuelto por muchos animales.

    c) Problemas de utilización de instrumentos: el alimento está alejado, colgado del techo de la jaula, pero se dejan a disposición del animal diversos objetos —palos, tablas, cajones, etc.—, que le sirven para acercar el alimento. Este tipo de problemas se puede combinar con los de la primera categoría, es decir, con los de rodeo.

    Conducta

    Los monos inferiores no utilizan los instrumentos, en cambio sí lo hacen los superiores (chimpancés). Vemos que en estos problemas el animal capta las relaciones que se dan en los objetos que percibe: descubre que el palo le sirve como prolon­gación de su brazo y que usándolo alcanza a voltear el alimento colgado; o que subiendo a una caja que se halla en el piso logra ascender y alcanzar el alimento.

    d) Problemas de preparación de instrumentos: éste es el tipo más complicado de problema: el animal debe fabricar sus pro­pios instrumentos para alcanzar el alimento.

    a — Se coloca el alimento colgando del techo de la jaula y cajones sueltos en el piso. El animal los apila, sube y alcanza el alimento.

    b — El alimento cuelga y en la jaula hay callas. El animal encaja una de ellas en otra y obtiene un palo de longitud suficiente.

    c — La caja que necesita para subirse contiene piedras. El animal la vacía de piedras y la transporta al lugar adecuado para alcanzar el alimento. En todos los casos, resuelve estos pro­blemas por tanteos, es decir, haciendo pruebas, ensayando y equivocándose hasta que finalmente lo logra.

    Pero el animal aprende. Una vez resuelto el caso, en las sucesivas oportunidades realizará cada vez menos tanteos, hasta que logra resolverlo sin ensayar, es decir, directamente. Estos problemas sólo son solucionados por monos superiores.

    CARACTERISTICAS DE LA INTELIGENCIA DE LOS ANIMALES

    La presencia de la inteligencia en los animales es indiscutible.

    Pero la inteligencia animal es exclusivamente inteligencia práctica. (ver: “Formas de la inteligencia”, pág. 139).

    Se limita a la resolución de problemas prácticos, presentando los siguientes caracteres: La inteligencia animal es de tipo práctico; ligada a la satisfacción de necesidades inmediatas. Los monos superiores son los únicos que pueden resolver problemas fabricando instrumentos adecuados.

    1 — En los animales, la comprensión de relaciones y la inven­ción de soluciones son esencialmente procesos intuitivos. Para resolver el problema el animal debe tener presentes, delante de sí, los elementos que le permitan hacerlo. Debe percibir juntos el alimento y los objetos que le sirvan para alcanzarlo (cajas. cañas, etcétera).

    El hombre, en cambio, al manejarse con el pensamiento abstracto, puede resolver problemas sin necesidad del objeto concreto, relacionando ideas.

    2 — El animal resuelve fácilmente el problema si éste está ligado a la satisfacción de tendencias instintivas. Todos los pro­blemas presentados se refieren a la obtención del alimento. “El instinto favorece la eclosión del comportamiento intcliizente 'X' El hombre, en cambio, no depende exclusivamente de la satisfacción de necesidades básicas. Cobran en él más importan­cia las necesidades sociales y personales.

    3 — El animal en sus respuestas usa primero su cuerpo entero, luego sus miembros (extremidades) y finalmente los instrumen­tos. Algo parecido acontece en la evolución de las respuestas del niño, mientras que en el adulto predominan la utilización y fabricación de instrumentos.

    Ahora bien, en el punto de este capítulo, analizarnos las dos formas de inteligencia;

    1 — inteligencia práctica

    2 — inteligencia abstracta

    En el caso de la inteligencia práctica, vimos que se da en el hombre adulto y en el niño. Ahora estamos en condiciones de agregar en este rubro al animal.

    animal
    Inteligencia práctica niño
    hombre adulto

    Pero la adquisición del lenguaje —la palabra— traza la línea demarcatoria entre la inteligencia animal y humana. El lenguaje, vehículo de conceptos permite, como ya hemos visto, la posibi­lidad de independizarse de los objetos presentes; permite evocar los objetos ausentes, establecer relaciones y activar internamente la red de operaciones mentales. Es así que la inteligencia abstrac­ta se da sólo en el hombre adulto. Comienza a observarse en la adolescencia, en la posibilidad de reflexionar y elaborar posibles hipótesis que le aseguran el progreso en el conocimiento de la realidad.

    MADURACION Y APRENDIZAJE

    La evolución de la función cognoscitiva, como asimismo la de otras manifestaciones de la conducta, ya sea la afectiva o social, es la resultante de dos procesos íntimamente ligados: la maduración y el aprendizaje.

    Todos sabemos que un niño está en condiciones de poder caminar alrededor del primer año de vida: se observa durante ese período que se produce un crecimiento físico y un desarrollo de sus coordinaciones motoras. Sus piernas han adquirido la fuerza suficiente como para soportar el peso del cuerpo, dándose una relación ajustada entre el peso, el volumen y la fuerza. Su sistema nervioso ha ido madurando, lográndose también mayor ajuste en los movimientos.

    Decimos entonces que está maduro para la locomoción.

    La maduración es el desenvolvimiento de los rasgos heredados. Es la resultante del crecimiento —aumento de tamaño, volumen, altura. etc.— y del desarrollo —cambios en la complejidad de las funciones.

    Pero el niño sólo aprende a caminar por la influencia del ambiente: la gente que lo rodea camina y lo estimula para que lo haga. Es decir que, aunque esté maduro para hacerlo, esto solo no basta: son necesarios, además, la práctica, el ejercicio, es decir, el aprendizaje. El caso de los llamados niños-lobos es descriptivo al respecto. Se trata de niños que por distintos motivos han crecido lejos de la influencia de los hombres, en el medio de un bosque y en contacto exclusivo con animales. Encontrados esos niños, se observa que caminan en cuatro patas a pesar de tener ya suficiente maduración para caminar en posición erecta.

    El niño lobo camina como lo hacen los seres que lo rodean: los animales.

    Tampoco hablan —no pudieron adquirir el lenguaje, a pesar de que podrían hacerlo—, sino que emiten los sonidos de los animales.

    La causa de esto se halla en que la maduración sólo se logra y desenvuelve con el estímulo del ambiente. Esta no brinda más que posibilidades de acción. El que dichas posibilidades se mani­fiesten depende de la influencia del medio, es decir, dependen del aprendizaje

    APRENDER significa adquirir nuevas formas de conducta, por la influencia del ambiente.

    El aprendizaje es fundamental en la vida del hombre. La mayoría de nuestras conductas son el resultado del aprendizaje. Desde que nacemos estamos aprendiendo, y el desarrollo o no de nuestras posibilidades depende en gran medida de las experien­cias que hayamos tenido. Aprendemos así nuevas formas de conducirnos, de responder, de pensar.

    El aprendizaje significa siempre un cambio de conducta.

    Dicho cambio se opera como un proceso de adaptación a las nuevas circunstancias y se origina en una necesidad.

    Si hiciésemos una lista de las conductas que hemos apren­dido en nuestra vida, ésta resultaría interminable. Aprender es una necesidad para la vida, para la acción. Aprendimos un sinnúmero de habilidades; adquirimos nuevos conocimientos y aprendimos a comportarnos en sociedad.

    Ahora bien, volviendo al primer ejemplo del niño que apren­de a caminar, determinamos que la maduración se cumple si es estimulada por la presión del ambiente. Es decir que: La maduración depende del aprendizaje.

    Pero además, podemos agregar la relación inversa: si quiero enseñarle a caminar a un bebé de dos meses, es seguro que no obtendré resultados.

    MEMORIA Y APRENDIZAJE

    “Todo aprendizaje implica retención, pues no se aprendería nada si no permaneciese algo de la experiencia previa” (ilgard).

    Aquello que aprendimos nos sirve de base para nuevos apren­dizales, base sin la cual deberíamos siempre comenzar de nuevo.

    Todo organismo vivo retiene datos de su experiencia ante­rior; sin ellos le resultaría imposible su continua adaptación al medio ambiente. Aún más difícil le sería resolver nuevas situa­ciones, nuevos problemas, si no pudiese contar con la posibilidad de conservar dicha experiencia.

    El ser humano, en especial, ha podido progresar a lo largo de la historia y ha transformado la realidad que lo rodea basándose en aquello que le enseñaron las generaciones anteriores (memoria social) y de lo que ha ido aprendiendo (memoria personal).

    Durante el transcurso de nuestra existencia todos hemos adquirido habilidades y hábitos que nos son indispensables para la vida, tales como: caminar, hablar, manejar una herramienta, escribir, etc. Todos ellos de indiscutido valor para comunicarnos con los demás hombres, para desenvolvemos en el medio am­biente físico, laboral, etc.

    Del mismo modo y por la misma necesidad de integrarnos al mundo social, hemos aprendido a comportarnos según las cos­tumbres del grupo en el que vivimos. Aun hasta adquirimos una forma de valorar nuestras conductas y la de los demás según la escala de valores de nuestro grupo social.

    Aquello que hayamos aprendido anteriormente influye de manera directa en nuestras conductas actuales. Uno aprende cómo conducirse socialmente en su hogar y relacionándose con su grupo de amigos.

    Lo que haya aprendido y cómo lo haya aprendido durante su infancia, influirá de modo más o menos directo en su com­portamiento adulto.

    Todo este bagaje de experiencias se conserva, se retiene gracias a la plasticidad de la memoria. El bebé de dos meses aún no está maduro para ello.

    Por lo tanto: El aprendizaje depende de la maduración.

    He aquí por qué ambos procesos —maduración y aprendi­zaje— son interdependientes, están íntimamente ligados.

    En lo que a la función cognoscitiva respecta, hemos des­cripto brevemente su evolución. Señalamos en esa evolución las distintas etapas, indicando que el tránsito de una a la otra no se logra por sólo tener la edad indicada; unos niños lo logran antes y otros después de la edad fijada. ¿A qué se debe esta diferen­cia? ¿Por qué algunos niños adelantan y otros van más retrasados respecto a la evolución mental?

    Precisamente por estos dos factores: la maduración y el apren­diza¡e.

    Hay niños que tienen un ritmo de maduración biológica más acelerado que otros, pero también es importante destacar la influencia del ambiente, del aprendizaje. Un niño que vive en un medio en donde puede realizar mayor número de experiencias sociales y que dichas experiencias sean de mayor calidad, tiene más probabilidades de evolucionar más aceleradamente. Dicho de otro modo: El aprendizaje ayuda a la maduración.

    Lo mismo acontece con la evolución del lenguaje: el niño poseerá un vocabulario más amplio y variado si sus experiencias sociales son más amplias.

    Así evolucionará más en este sentido. Los aprendizajes logra­dos, las nuevas conductas adquiridas, constituyen un valioso bagaje que permite una mejor adaptaeión al medio. Representan la experiencia adquirida, que asegura un progreso constante a medida que se continúa enriqueciendo esa experiencia.

    Lo que hemos aprendido no se pierde gracias a la labor de la memoria.

    LA MEMORIA EN LA VIDA

    La psicología tradicional ligaba la memoria sólo al campo de lo intelectual, y analizaba a la misma como si fuese una “facul­tad” mental aislada de las otras. De este modo el psiquismo resultaba una suma de “facultades”.

    Por un lado, la “Facultad Inteligencia”, por otro la “Fa­cultad Memoria”, y así sucesivamente. Como vimos en los otros capítulos, la psicología moderna abandona el concepto de “casi­Ileros” separados para el estudio de la vida mental: hablamos en cambio de función mental o cognoscitiva.

    Dicha función permite estructurar la conducta para asegurar la mejor adaptación a las cambiantes situaciones del medio ambiente.

    Además, la memoria no es una función limitada al campo de las imágenes mentales, sino que es primordialmente una pro­piedad de todo organismo vivo: se manifiesta tanto en el campo de lo biológico como en lo psicológico y social en los vegetales, en los animales y en el hombre.

    Así podríamos hablar de una memoria de especie al hablar del instinto.

    Genéticamente se transmiten caracteres que influyen en la conducta y que son conservados por todos los miembros de la misma. Bastaría recordar el ejemplo del hornero que construye su casa del mismo modo que el resto de su especie, por obra del instinto.

    Existen además numerosos estudios referidos a comporta­mientos animales que transforman sus hábitos e incluso sus caracteres físicos y los de su descendencia por la adaptación del medio. Sería ésta una memoria de la vida.

    De hecho la herencia es una forma de memoria de la vida. Taimién, como hemos visto, los animales aprenden y por lo tanto retienen su experiencia.

    Finalmente la memoria se presenta también bajo la forma de actividad mental en el hombre al conservar su experiencia y al colaborar como función cognoscitiva. El hombre conoce y re­tiene lo que conoce por la acción de la función rnnémica (de mnme: memoria).

    LA MEMORIA EN EL ASPECTO ESTRUCTURANTE DE LA CONDUCTA

    .La memoria organiza y enlaza los datos de la experiencia a través del tiempo.

    Así como la percepción organiza los datos de lo presente, de lo que está en el momento delante del sujeto, la memoria lo hace en relaciones temporales más amplias, labor la memoria es imprescindible para el conocimiento de la realidad y posibilita el progi so y evolución del hombre —sin ella debería­mos comenzar siempre de nuevo. Sirve de apoyo a las demás subestructuras cognoscitivas, actuando en cada una de ellas. Recordamos tantó lo que percibimos como lo que compren dimos, como las experiencias sensorio-motrices. Esta es la razón por la cual_no la ubicamos como uná súbestructura más. La memoria no es una función aislada de ellas, sino que está presente en cada una de las mismas.

    EVOLUCIÓN DE LA MEMORIA

    Así como las demás subestructuras cognoscitivas, la memoria también evoluciona.

    Comúnmente se cree que los niños tienen más memoria que los adultos.

    Frecuentemente nos quedamos asombrados al notar cómo un niño recuerda detalles que para el adulto pasan inadvertidos. Puede el niño sorprendernos recordando un aspecto de la fiso­nomía de una persona, o de su vestimenta, o de alguno de sus gestos. Por ello entonces, se cree como verdadero que tiene más memoria que el adulto. En realidad esto no es cierto. Si recor­damos lo visto en el capítulo acerca de la evolución de la función cognoscitiva, podremos comprender mejor las razones de este fenómeno. El niño no ha desarrollado aún el pensamiento abstracto. Su conocimiento de la realidad está ligado a los datos concretos. De este modo, todo el pensamiento infantil es más dependiente de lo que percibe. Por lo tanto, sus recuerdos de lo visto u oído serán mucho más detallados.

    En cambio, el adulto —y aun el adolescente a partir de los 12 años— elabora mentalmente abstracciones. Su forma de cono­cimiento, independizada en gran medida de los datos sensibles, puede encaminarse hacia la comprensión de los hechos. Así como el niño recuerda más detalles de la vestimenta de un visitante, que el padre no retiene, éste recuerda mejor el objetivo de la conversación que mantuvieron o las características de la conducta del mencionado personaje.

    Sintetizando, podríamos decir que:

    memoria del niño Memoria del adulto

    Ligada a la percepción Ligada al razonamiento
    Recuerda más detalles físicos Recuerda más comprende

    La evolución de la memoria está ligada a la evolución de la función cognoscitiva, desde lo perceptivo-motriz hacia un estadio superior lógico.

    Esto no quiere decir que el adulto no puede recordar lo que percibe.

    De hecho no podría vivir en sociedad si no retuviera lo que ve, oye, toca, etc. Lo que ocurre es que predominan en él los recuerdos de las relaciones, de 16 que comprende.

    De hecho, cualquier estudiante habrá podido comprobar que recuerda mejor y por más tiempo aquello que estudió razonan­do y comprendiendo que aquello que estudió por simple repe­tición.

    FORMAS DE MANIFESTACIÓN DE LA MEMORIA

    Siendo que la memoria está presente en cada una de las subestructuras cognoscitivas, podría hablarse de varios “tipos” de memoria. La opinión popular ha difundido la idea de que hay varias clases de ella.

    Así se dice que una persona tiene memoria para los números, porque recuerda con precisión los números de teléfono de otras personas, o las patentes de sus autos, o los resultados de opera­ciones aritméticas. Otros, en cambio, la tienen para los rostros de personas, etc. En realidad,la memoria es una sola. Pero si se quiere establecer alguna diferencia entre sus formas de manifes­tación para su mejor estudio, existe una sola posible clasifi­cación:

    perceptivo- motriz

    Memoria


    lógica

    Esta clasificación se puede realizar sobre la base de la mayor o menor dependencia de lo orgánico. La forma perceptivo-mo­triz expresa todo recuerdo que esté ligado al espacio, al movi­miento, a los sentidos. A través de ella conservarnos el apren­dizaje de habilidades manuales, destrezas motoras, automatismos, como por ejemplo: caminar, escribir, leer, hábitos higiénicos, manejar un automóvil, etc.

    Pertenecen también a este tipo los recuerdos visuales o audi­tivos, como, por ejemplo, el recuerdo de un teorema de matemá­tica puede lograrse por la retención de los dibujos que presenta

    —como en el caso anterior— o porque se van rehaciendo los pasos lógicos que llevan al final, es decir, por razonamiento. Ambas formas de manifestación de la memoria son necesarias e indispensables para la vida. Cada una cumple su función. No sería muy práctico tener que razonar qué hacer cada vez que se maneja un auto. También sería negativo recordar datos cientí ficos por simple repetición. Representan distintas adaptaciones de la memoria a las necesidades del hombre. Estructuran los datos de la realidad de distinto modo y ayudan al hombre en la ejecución de sus conductas.

    PREDOMINIO DE UN TIPO DE RECUERDOS

    El hombre adulto tiene la posibilidad de recordar bajo las formas mencionadas, y comparándolo como ya lo hicimos con el niño, predomina en él la memoria lógica. Sin embargo, los distintos adultos pueden tener una mayor inclinación hacia un tipo determinado de recuerdos. Esta variación depende del dis­tinto tipo de experiencias o entrenamiento. Así un empleado bancario puede desarrollar mayor habilidad para recordar cifras que un pianista. Este último a su vez, puede tener más facilidad para recordar trozos musicales, etc. Vemos nuevamente aquí cómo el aprendizaje previo influye sobre las conductas actuales.

    FASES DE LA MEMORIA

    Algunos autores distinguen fases o momentos en el proceso de la memoria.

    Como todo proceso que se desenvuelve en el tiempo, po­drían delimitarse en él las distintas secuencias. Veamos el si­guiente caso:

    Un joven estudia una lección para el día siguiente, en que deberá someterse a una prueba escrita. Luego de dedicarle el tiempo necesario al estudio, continúa leyendo una novela. Más tarde observa un programa cómico por televisión. Siendo ya de noche, cena con sus padres,con los cuales mantiene una amena conversación. Finalmente, al culminar el día, se va a descansar. A la mañana siguiente, se levanta y acude al colegio. En el momento de la prueba escrita, contesta a los interrogantes que en ella se le plantean.

    Respecto del asunto de la lección aparecen aquí dos momen­tos fácilmente observables, en los que colabora la memoria:

    — aprendizaje de la lección

    — aplicación de los conocimientos en la prueba,

    pero, ¿qué pasó con los conocimientos adquiridos durante el lapso transcurrido entre estos dos momentos? Mientras realizaba las otras acciones, ¿qué pasó con los datos de la lección?

    Estaban en el momento de “conservación” del recuerdo. Estaban presentes pero de modo latente. Estamos en condiciones de concluir que las fases de intervención de la memoria son tres;

    — aprendizaje

    — conservación

    — actualización

    1) Aprendizaje: en todo aprendizaje interviene activamente la memoria.

    Esto resulta indispensable para que el aprendizaje se logre. Si nó retuviésemos lo que aprendimos, sería éste un esfuerzo sin ningún fruto. Algo así como querer escribir sobre el agua. En este momento o primera fase, la memoria no sólo colabora reteniendo lo que se aprende, sino también actuallzando otros aprendizajes anteriores. El joven no podría estudiar su lección si no supiese leer, y le resultaría extremadamente difícil compren­derla si no recordase algunos datos de las lecciones anteriores.

    A pesar de que el ejemplo mencionado se refiere a un aprendizaje de tipo intelectual y escolar, cuando en psicología se habla de aprendizaje, no se refiere exclusivamente a este tipo de aprendizaje.

    Abarca también, como ya liemos visto al comienzo de este capitulo comportamientos motores — como hablar, correr, trepar, andar en bicicleta—, los sociales,como formas de compor­tamiento aceptados socialmente, modales, formas de valorar, etc., y, por supuesto, los aprendizajes intelectuales.

    Dicho en forma gráfica:

    motores

    aprendizajes intelectuales

    sociales

    En realidad, el concepto de aprendizaje supera ampliamente el concepto vulgar que sólo lo limita al aprendizaje escolar. La gran mayoría de nuestros comportamientos han sido aprendidos en relación con el medio. El proceso de aprender comienza cuando nacernos y termina cuando morimos.

    Aprender significa adquirir nuevas formas de conducta o modificar conductas ya existentes. Siempre el aprendizaje nos modifica de alguna manera.

    Pero para que esto se logre, entra en juego el ejercicio de la memoria.

    2) Conservación una vez aprendido algo, se conserva, se retiene. Aunque no aparece “actualizado” en la conducta el Todos los recuerdos especialmente los referidos a las expenencias rnfanti­les, están imbuidos de un tono emocional.

    Aprendizaje anterior está presente de modo latente. En el ejem­plo del joven estudiante, aunque leyó, miró televisión, conversó con sus padres, durmió, no había perdido lo aprendido.

    De no haberlo, conservado, no habría podido presentarse a la prueba.

    En general, si no conservásemos los aprendizajes o experien­cias anteriores estaríamos siempre retrotraídos a estadios primi­tivos. La evolución personal depende de la conservación de la experiencia anterior. También depende de ella la evolución so­cial y el progreso de la ciencia. Pero, ¿dónde permaneció lo que había aprendido mientras realizaba otras actividades?

    Por una cuestión de “economía” de la vida psíquica, los aprendizajes anteriores no están constantemente presentes en nuestra conciencia; sólo se actualizan cuando los necesitamos. De lo contrario,no podríamos realizar nada.

    Nuestra conciencia estaría abrumada por los contenidos aprendidos y no podríamos concentrarnos en ninguna otra ac­ción. No podríamos adaptarnos a ninguna otra situación nueva. Mientras no lo necesitamos, las experiencias anteriores se. conser­van, permanecen en el inconsciente, en forma latente.

    3) Actualización: nuestra vida psíquica es selectiva y tiende a una mejor adaptación a los requerimientos del medio. Mientras no necesitamos de ciertas conductas, los aprendizajes o expe­riencias referidas a ella permacen én el inconsciente, latentes. Pero cuando son necesariás j. Cedeh ser actuálizádas, es decir, vueltas a la conciencia y aplicadas a la conducta presente. Esta posibilidad de actualización de la experiencia previa se logra gracias al dinamismo de la vida psíquica.

    Ahora bien, hay ciertas experiencias que pueden ser más o menos fácilmente actualizadas, otras que son imposiblés de re­cordar. Las primeras pertenécen al ámbito de lo preconsciente propiamente dicho. Los mecanismos de represión de la vida psíquica tornan imposible su recuerdo por vía directa: se mani­fiestan indirectamente a través de los sueños o de los actos fallidos, y necesitan la intervención de técnicas psicoterapéuticas para la interpretación, como ocurre, por ejemplo, con algunas experiencias infantiles.

    Peró aun estos suceso infantiles u otros sucesos desagra­dables reprimidos no se han olvidado, sino que se actualizan en nuestra ~conducta indirectamente. Muchas de nuestras conductas presentes tienen su causa u origen en ellos y nos influyen sin que nosotros lo advirtamos. Aun en estos casos, la memoria continúa actuando, En síntesis, existen experiencias:

    1- de fácil actualizacion........................... preconscientes.

    2- de muy difícil actualización.......... inconscientes, pero influyentes en la vida actual.

    Por otra parte, la actualización puede ser voluntaria —como en el caso del estudiánte que debe rendir el examen— o involuntarias, que surge espontáneamente cuando es necesario o cuan­do alguna situación presente lo induzca.

    Tal es el caso de la persona que sin proponérseio recuerda cómo su padre arreglaba las estufas y así puede arreglar la suya. Aun es posible que esta persona se quede asombrada, porque ni ella misma sabía qué bien recordaba las acciones de su padre al respecto. O también la espontánea evocación de una persona que conocimos cuando niños, por la similitud física con otra que conocimos hoy.

    Incluso podemos comportarnos afablemente con ella, porque nos recuerda a la otra. A este fenómeno se lo denomina en psicología fenómeno de la familiaridad.

    EL PROBLEMA DEL OLVIDO

    Como hemos visto, actualizar una experiencia anterior signi­fica llevarla al piano de nuestra conciencia y ponerla en práctica.

    Del mismo modo, olvidar significa la desaparición de dicha experiencia del plano de la conciencia. El olvido es así necesario para que podamos dedicarnos a otras actividades y adaptarnos a nuevas situaciones.

    Pero debemos destacar que existen:

    1— Olvidos momentáneos: son aquellas experiencias que per­manecen provisionalmente en el preconsciente y dispuestos a resur­gir a la conciencia voluntaria o involuntariamente.

    2 — Olvidos profundos: son los que permanecen en el incons­ciente; incluyen experiencias infantiles, o desagradables para el sujeto,que han sido reprimidas. Son experiencias que han sido sumergidas” por resultar molestas a la persona en su intento de ajustarse al grupo social. En realidad,aun en este caso no pode­mos hablar de olvido total, ya que muchas de esas experiencias determinan fuertemente la conducta actual, y aún originan im­portantes trastornos de la misma. La persona “cree” haberlas olvidado.

    3 — Otras formas de olvido que tienen origen en lesiones cerebrales, como ciertas afasias —imposibilidad de usar ciertas palabras al hablar en el idioma propio— o agrafias —imposibi­lidad de escribir ciertas palabras.

    DOBLE SENTIDO DE LA MEMORIA

    Podemos concluir, por lo que hasta aquí hemos dicho, que la memoria tiene un doble sentido: Conservador, porque retiene los datos de la experiencia ante­nor. Progresivo: porque, por el dinamismo de la vida psíquica, no permanecen muertos o guardados como colección de un mu­seo, sino que se aplican constantemente en la vida diaria. Es decir. se conservan para el presente y el futuro los modos de comportamiento aprendidos en el pasado.

    Moviéndose entre estos dos polos:

    Inteligencia y memoria

    1— conservador

    2— progresivo

    La memoria produce dos efectos:

    1 — homogéneo

    2 — heterogéneo

    1— Al haber aprendido a jugar al fútbol, Juan conservó este aprendizaje. Esto le permite practicarlo, volver a jugar, y progre­sar en su actuación dentro del equipo, perfeccionarse en la habilidad para ese deporte. A este efecto le llamaremos homo­géneo (de horno: igual).

    2 — Pero siguiendo con el ejemplo anterior, al adquirir mayor habilidad para ese deporte, al desarrollar su destreza física, al ajustar sus movimientos, etc., le ayuda a aprender otros deportes más rápidamente.

    Es más, le brinda una mejor predisposición para toda acción en la que vaya incluido un eficaz manejo de su cuerpo. Le sirve para nuevos aprendizajes. Llamamos a éste efecto heterogéneo.

    Lo mismo ocurre en el plano intelectual. El haber aprendido a analizar los personajes de una novela, no sólo hace que cada vez que la leamos comprendamos mejor cada personaje (efecto homogéneo), sino que lo apliquemos al análisis de otras novelas que leamos, a otras películas que veamos, e incluso al análisis de situaciones diarias que nos acontecen (efecto heterogéneo).

    1— Efecto homogéneo: se caracteriza por la conservación de lo aprendido, que hace posible perfeccionarse en el mismo aprendizaje.

    2 — Efecto heterogéneo: se caracteriza porque irradia a otras situaciones el aprendizaje adquirido. Permite aprender con más éxito nuevas conductas. A este fenómeno se lo denomina trans­ferencia del aprendizaje: transfiero o aplico lo aprendido antes para aprender algo nuevo. En realidad, la transferencia es un proceso conducido por la inteligencia, que relaciona los datos con el aporte de la función mnémica.

    MEMORIA Y PERSONALIDAD

    Según lo hasta aquí expresado, memoria implica la conserva­ción del pasado y la aplicación en el presente. Por ella se enlazan el pasado. el presente y el futuro, en una continuidad. Es decir, que gracias a la conservación de las experiencias del pasado, actuamos en el presente y planeamos o predecimos nuestro futuro. Decir que la función de a memoria sólo es conservar, es

    verla solamente en un sentido estático. Ademas de conservar recuerdos, influye directamente sobre nuestro presente y sobre nuestro futuro._Una importante experiencia no sólo es conser­vada, sino que actua dinámicamente en las conductas actuales y futuras.

    El psicoanálisis es una de las corrientes que le han dado mayor valor a esta conservación dinámica del pasado. El pasado no sólo se conserva, sino que determina gran parte de las con­ductas de hoy. Lo que es el pasado no ha desaparecido, aunque continúa actuando, a través de los contenidos incons­cientes. Esta conlente da especial importancia a lo acontecido en los cinco primeros ailas de la vida. Se formarían así ciertas disposiciones que se repiten en la vida adulta al surgir nuevas situaciones.

    Pero cuando hablamos de pasado no sólo hablamos de la infancia, ni de lo que aconteció hace un año, sino de lo que ocurrió ayer, o hace una hora: el fluir del tiempo es una constante sucesión de pasado-presente-futuro.

    Stern expresa esta idea al decir que el hombre es un ser “históricamente condicionado”: nuestra personalidad es fruto de nuestra historia personal, conociendo la cual podemos compren­der nuestras conductas actuales y hasta prededir —con cierto margen de error— nuestros comportamientos futuros. Un joven que en su infancia no recibió afecto y amistad de los seres que le rodeaban, se mostrará hoy agresivo y desconfiado, con dificul­tades para relacionarse con otros seres, y podemos prever que le será difícil establecer amistades verdaderas o que estará propenso a trastornos de su conducta.

    Por otra parte, las etapas de nuestra vida no permanecen sueltas o desconectadas entre sí. La memoria contribuye a la organización e integración de nuestra personalidad por el enlace de nuestro pasado-presente-futuro, colaborando en nuestro desa­rrollo.

    MOTIVACIÓN Y MEMORIA

    La memoria no es un mecanismo de conservación ciego de las experiencias anteriores. Fundamentalmente selecciona deter­minados datos, no la totalidad de ellos. Cuando vemos alguna película y luego la relatamos a otra persona, le contamos los aspectos que más nos impresionaron o aquellos que llamaron parti­cularmente nuestra atención.

    Habremos hecho una selección del material visto, según nues­tros motivos..

    De modo que, mientras que unos pueden recordar más deta­lles del argumento, otros los recordarán de la música, otros del trabajo de los actores.

    La vida psíquica es selectiva tanto para conservar como para eliminar las experiencias. En el primer caso estamos en presencia del recuerdo, y en el segundo, del olvido.

    Las experiencias que nos producen angustia y temores, las eliminamos de nuestra conciencia; pasan al ámbito de lo incons­ciente. De este modo se regula el equilibrio mental para una mejor adaptación al mundo.

    MOTIVACIÓN, MEMORIA Y MECANISMO ATENCIONAL

    Recordamos mejor y durante más tiempo aquello que nos ha interesado profundamente. El aspecto motivacional de la con­ducta, los intereses y valoraciones que ,hacemos de los hechos tienen directa relación con los datos que la memoria fija con mayor intensidad. Los recuerdos son más vívidos cuando la situación requiere toda nuestra atención. El acto atencional se caracteriza por una concentración de la energía, en un determi­nado objeto o situación.

    Al concentrarse la atención en algo, se desatiende a otras cosas, se selecciona en función de un interés.

    LA DINÁMICA ATENCIONAL

    Supongamos que mañana a primera hora de la mañana debo entregar un trabajo práctico del cual depende la aprobación de una materia. Por un descuido o imprevisión olvidé copiar un gráfico importante. Para poder hacerlo necesitaría un material especial que no poseo. Lo más lamentable es que a esta hora las librerías están por cerrar. Salgo apresuradamente a buscar una librería abierta; o si no, una casa de fotocopias. Recorro las calles de mi barrio y descubro en el apuro que hay umia serie de negocios de este ramo que antes no había percibido.

    ¡ Cuántas veces habré pasado por esas cuadras sin advertir la presencia de ello! Pequeños kioscos, reducidos locales que ven­den artículos de papelería. El hecho de tener una importante necesidad, me hizo descubrirlos. La presión energética se concen­tró a través del canal de atención.

    La concentración de energía se produce a costa de inhibir otros contenidos: a mayor concentración en el estudio, menor noticia de lo que ocurre alrededor. Los ruidos y objetos que nos rodean parecen borrarse, desdibujarse. Pero la concentración atencional no recae constantemente sobre el mismo objeto.

    Varía según cambian las necesidades o intereses, o según se modifique la situación. Por ej. el Sr. Z viaja en tren. Mira por la ventanilla y se concentra en el paisaje. Tan absorto va que ni siquiera repara en las personas que viajan con él. Hasta que escucha una voz que lo desconcentra: ¡ Boletos! Es el guarda que se acerca. Ahora la concentración del Sr. Z abandonó el paisaje y se encaminó a la búsqueda de su pasaje.

    Mientras observaba el paisaje, lo demás se hallaba inhibido. Luego pasó a la categoría de inhibido el paisaje para concentrarse en el boleto:

    La dinámica atencional se mueve siempre entre dos polos: concentración-inhibición.

    La inhibición puede darse por: distracción-desviación.

    1- Distracción: consiste en la desatención a un objeto o situación por estar atendiendo a otro.

    2- Desviación: aunque parece que el sujeto está atendiendo, está mentalmente en otro lado. Consiste en estar presente física­mente pero ausente psíquicamente. Estar concentrado en otra cosa y no en lo que está pasando alrededor de él.

    EL CAMPO ATENCIONAL

    El campo atencional está constituido por:

    1. Foco de la atención: constituye el punto de concen­tración. En el foco está presente el objeto o situación que me interesa.

    2. Zona marginal: constituye la zona de dispersión de la atención. Todo lo que desatiendo aparece borroso y se ubica en esta zona marginal.

    La dinámica atencional hace que varíen foco y zona mar­ginal: lo que ahora es foco puede ser luego zona marginal y viceversa. Cuanto mayor sea la concentración, el foco de la atención será más reducido, más delimitado. Podría compararse con la realización de cartas geográficas, en las cuales se amplía la escala para estudiar detenidamente un punto geográfico menor.

    Mayor motivación mayor concentración foco de la atención reducido.

    En cambio,cuando hay poca concentración en un solo obje­to, el foco es más amplio y casi se confunde con la zona marginal. Caen en el foco gran cantidad de objetos.

    Poca motivación mayor dispersión foco amplio.

    FACTORES QUE MUEVEN LA ATENCIÓN

    Los factores que mueven la atención pueden clasificarse en: internos y externos al sujeto. Internos: los intereses, necesidades, motivaciones y valora­ciones, son los factores internos. Atiendo a lo que me interesa o a lo que necesito.

    Externos: los cambios o alteraciones del ambiente mueven la atención hacia ellos. Los colores brillantes o cualquier otro estímulo ayudan a la concentración en un objeto.

    EI esfuerzo de la atención. Desde el punto de vista de la duración del acto atencional, podemos distinguir dos tipos:

    1- de breve duración

    2- de prolongada duración

    1— En los actos atencionales breves, el objeto que requiere la atención permanece poco tiempo en el foco atencional. Este en seguida se desplaza hacia otros objetos. Tal es el caso de la observación momentánea de un cartel luminoso: absorbe la aten­ción por poco tiempo.

    2 — En otras situaciones,eI objeto permanece en el foco de la atención por un tiempo prolongados. Por ej. al escuchar una conferencia, ésta demanda mucho tiempo de atención. En este caso la función atencional debe realizar un esfuerzo para man­tener el nivel de concentración. Pero en esta situación la energía no se mantiene constante durante todo el tiempo, sino que sufre oscilaciones.

    La oscilación de la atención consiste en la suba y baja de energía atencional en forma permanente aunque imperceptible. Esta oscilación tiene su origen en la “economía” de la conducta: si hubiese mucha concentración durante un tiempo muy prolon­gado, se produciría un desgaste que se traduciría en fatiga o aun en surmenage.

    La dinámica atencional en el aspecto estructurante de la conducta. la atención tiene una importante función en el as­pecto estructurante o cognoscitivo de la conducta. La memoria recibe el apoyo al poder recordar mejor lo que está en el foco atencional. La percepción tiene en la atención un importante colaborador al presentar con más claridad lo que está en el foco atencional, la inteligencia ordena los datos de 1a realidad que el sujeto conoce y atiende. Se convierte así la atención en el apoyo activo de la estructura cognoscitiva para lograr una mejor adapta­cion a las situaciones. A su vez, la atención regula la intensidad de los motivos en vistas a un conocimiento más perfecto de la situación.

    Digamos en síntesis que actúa como eficaz intermediario entre la energía y la organización de la conducta.

    Motivación atención organización de los datos.