Conducta alimentaria

Psicología. Bases neurofisiológicas. Saciedad. Mecanismos reguladores. Motivación social. Trastornos alimentarios. Bulimia. Anorexia nerviosa. Diagnóstico. Obesidad. Epidemiología

  • Enviado por: Laura
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 17 páginas
publicidad
cursos destacados
Iníciate con Ableton Live
Iníciate con Ableton Live
El curso da un repaso general por las órdenes y menús más básicos, para poder generar...
Ver más información

Curso de reparación de teléfonos móviles / celulares
Curso de reparación de teléfonos móviles / celulares
El curso de Reparación de Telefonía Celular o Móvil está orientado a todas aquellas...
Ver más información

publicidad

LA CONDUCTA ALIMENTARIA

ÍNDICE

  • INTRODUCCIÓN

  • MOTIVACIÓN PRIMARIA

  • 2.1.- BASES NEUROFISIOLÓGICAS DE LA CONDUCTA DE INGESTA

    2.2.- MECANISMOS REGULADORES DE LA SACIEDAD

  • MOTIVACIÓN SOCIAL

  • 3.1.- SIGNIFICACIÓN SOCIAL DEL COMER EN LA HISTORIA

    3.2.- TRASTORNOS ALIMENTARIOS: ANOREXIA, BULIMIA Y OBESIDAD

    3.2.1- ANOREXIA

    3.2.2.- BULIMIA

    3.2.3- OBESIDAD

    4. CONCLUSIONES

  • BIBLIOGRAFÍA

  • 1.-INTRODUCCIÓN

    Los seres vivos para mantener y desarrollar su existencia necesitan captar del medio que les rodea aquellos elementos que les son precisos.

    Las conductas alimentarias están reguladas por mecanismos automáticos mediados por el sistema central.

    El individuo normal, en situaciones de no precariedad, presenta unas reacciones adaptadas a los estímulos de hambre y sed, con respuestas hacia la saciedad correctas.

    Desde hace tiempo se reconoce al hipotálamo como el lugar donde radican los centros del hambre y la saciedad, pero es a través de la corteza cerebral donde se establecen mecanismo mucho más complejos relacionados con la alimentación.

    Es indudable el valor de la alimentación en el desarrollo psicológico, ya desde el pecho materno el niño aprende sentimientos de seguridad, bienestar y afecto, la relación de la comida con estos sentimientos se mantendrá a lo largo de toda la vida.

    Es un hecho evidente que algunos estados emocionales, como la ansiedad, la depresión o la alegría, influyen decisivamente en los procesos de la alimentación.

    Pero esto no es todo, desde el alba de la humanidad el acto de comer ha sido un acto eminentemente social y cultural.

    La obesidad ha significado en otras épocas salud, riqueza y belleza. La delgadez fealdad, penuria y enfermedad, actualmente han invertido su significación social; estamos viviendo el rechazo de las personas con sobrepeso y potenciando un canon de belleza en competencia con nuestras característica étnicas.

    ¿Qué motiva a las personas a ir en contra de su propia supervivencia por adaptarse a unas normas sociales transitorias? ¿Es el ser humano tan débil? ¿O más bien es la sociedad, la masa como animal, lo que potencia esa debilidad?

    En este trabajo he pretendido abordar el tema de la alimentación humana en la cultura occidental de una forma resumida, comenzando con una breve exposición de las bases físicas de la alimentación, para continuar centrándome en la parte social de la ingestión, terminando con un análisis de los trastornos alimentarios más comunes, principalmente anorexia, bulimia y obesidad, centrándome en los factores emocionales y sociales que los inducen.

    2. MOTIVACIÓN PRIMARIA

    La Psicología actual estudia los distintos sistemas motivacionales a los que se considera responsables de conductas concretas, como la ingesta, el sueño, la agresión,…

    Stellar y Stellar (1985) diferenciaron tres grandes grupos de diferentes conductas motivadas:

      • Conductas autorregulatorias.

      • Conductas críticas para la supervivencia de la especia pero que no sirven para la homeostasis.

      • Conductas que no dependen de un estado predisponerte del organismo aunque pueden estar influidas por él.

    La conducta de ingesta pertenece al primer grupo. Su carácter autorregulatorio está basado, a grandes rasgos, en dos características esenciales:

        • A largo plazo, la regulación del peso corporal y la existencia de unos puntos de ajuste que presentan mayores diferencias individuales que en otros sistemas, relacionados con las reservas a largo plazo (tejido graso)

        • A corto plazo, características relacionadas con la ingesta y su finalización (saciedad) que tiene un fuerte carácter anticipatorio, y que involucra especialmente al sistema de reserva a corto plazo (carbohidratos).

    2.1.- BASES NEUROFISIOLÓGICAS DE LA CONDUCTA DE INGESTA

    La regulación de la conducta de comer depende de la cantidad de glucosa disponible en sangre, pero ni los animales ni los seres humanos comen solo cuando su nivel de glucosa es bajo, sino que la conducta puede ser elicitada por estímulos externos, tales como el olor, ver a otras personas comiendo, relación espacial o temporal con s habitual, aburrimiento, ansiedad,… ésto indica que la explicación homeostática de la conducta alimentaria no basta, existen otros factores determinantes.

    En los años cuarenta y cincuenta se llevaron a cabo estudios que dieron lugar a la teoría de que el control de la conducta de comer se da en dos centros:

    • Hipotálamo lateral Centro del hambre

    • Hipotálamo ventromedial Centro de la saciedad

    Los investigadores posteriores demostraron que este modelo era demasiado simple, y que deberían tenerse en cuenta otras estructuras y aspectos:

    HIPOTÁLAMO LATERAL.- Las lesiones en esta zona ocasionan también trastornos de inmovilidad, indiferencia hacia los estímulos externos, hipersexualidad o ataques de rabia. Anand y Brobeck demostraron que las lesiones en esta zona producen afagia, mientras que Delgado y Anand demostraron que la estimulación de la zona provoca la ingesta de alimentos.

    HIPOTÁLAMO VENTROMEDIAL.- Hetherington, Ranson, Brobeck y otros, comprobaron que las lesiones en esta zona producen hiperfagia y obesidad; además, a nivel comportamental, aparecen características tales como la agresividad y la meticulosidad en la selección de alimentos. Las lesiones en el hipotálamo paraventricular han dado lugar a manifestaciones fisiológicas y comportamentales muy similares a estas.

    OTROS.-

    ANFETAMINAS.- Comportamentalmente, ejercen una acción anoréctica, actúan como psicoestimulantes, incrementan la actividad motriz, causan estereotipia conductual, etc. Paul y cols. (1982) y posteriormente Angel y cols. (1985), han permitido comprobar que el mayor número de receptores para anoréxicos se localizan en el tronco cerebral, el hipotálamo y los cuerpos estriados, y, además, el número de receptores está determinado por el estado nutritivo de los sujetos experimentales, dándose así una regulación glucostática.

    AMÍGDALA.- Lesiones bilaterales de la amígdala basolateral causan hiperfagia, mientras que las lesiones bilaterales de la zona corticomedial producen afagia. Con lesiones extensas, predomina el efecto basolateral, originándose una ingesta indiscriminada de comida (síndrome de Klüver-Bucy). Ambas regiones amigdalinas tienen conexiones con el hipotálamo, pero sus influencias no son totalmente mediadas por él.

    ESTRUCTURAS TRONCOENCEFÁLICAS.- los experimentos con animales descerebrados (por debajo del diencéfalo) han puesto de manifiesto que la codificación de los sabores se produce en el troncoencéfalo, estando los receptores gustativos conectados con el cerebro por el núcleo del tracto solitario, que recibe además aferencias del sistema digestivo, así como axones del hipotálamo.

    2.2.- MECANISMOS REGULADORES DE LA SACIEDAD

    Existen tres tipos de saciedad:

    • Saciedad a corto plazo: mecanismo por el cual el organismo regula la cantidad de alimento que ingiero en una comida, controlando que sea suficiente para satisfacer los requerimientos energéticos.

    Los mecanismos reguladores de la saciedad a corto plazo son:

    Orofaríngeos: teoría defendida por Pfaffman, Le Magnen, Boot. Defienden que la saciedad viene determinada por la influencia del olor, del gusto, del paso del bolo alimenticio por la boca y garganta… ésta ha sido una teoría muy atacada por diversos especialistas, entro otros Jordan, Deutsch o Molina.

    Gastrointestinales: la información del estómago contribuye a la regulación de la ingesta y la saciedad. Los receptores de tensión son activados al distenderse el intestino para acomodarse al fluido procedente del estómago. Defienden esta teoría, entre otros, Smith y Duffy, Davids, Collis y Levine.

    • Saciedad entre comidas: mecanismo que aporta la información necesaria para evaluar si es necesario ingerir más alimento y la frecuencia de la ingesta.

    Para explicar la regulación de la saciedad entre comidas se recurre a dos teorías:

    Teoría glucostática: propuesta por Mayer, quien defendió que existe una correlación negativa entre la diferencia de glucosa arteriovenosa periférica y la sensación de hambre.

    Teoría termostática: propuesta por Brobeck, quien observó que la exposición, a corto plazo, a un medio donde la temperatura es elevada, va seguida de la reducción de la ingesta. De ahí concluyó que los animales comen para mantener la temperatura y dejan de comer para prevenir la hipertermia.

    • Saciedad a largo plazo: informa de la cuantía de las reservas energéticas del organismo a largo plazo (grasas), fundamentales para la regulación del peso corporal.

    La regulación del balance energético a largo plazo, es decir, el mantenimiento de un peso constante, ha sido explicada por una sola teoría:

    Teoría lipostática: Kennedy (1952, 1953) propuso el tejido adiposo como regulador a largo plazo de la saciedad. El aumento de las reservas de grasa va seguido de saciedad.

    Como aparece en el punto anterior, el hipotálamo ventromedial ha sido considerado desde los años cuarenta-cincuenta el centro de la saciedad. Pero aunque la destrucción de este centro produce hiperfagia, es probable que no controle directamente las sensaciones de saciedad, sino más bien una amplia gama de actividades relacionadas con la ingesta. Por ejemplo, en los casos de hiperfagia acompañada de obesidad que aparecen tras lesiones bilaterales del hipotálamo ventromedial, se ha sugerido que se debe al deterioro de la actividad simpático-adrenal y el aumento de los reflejos parasimpáticos: las lesiones que afectan a los axones del núcleo dorsal del vago y del tracto solitario, aún sin dañar el hipotálamo ventromedial, producen la misma hiperfagia (Sclafani, 1971)

    3.-MOTIVACIÓN SOCIAL

    La comida no es solo nutrición; comer es un acto reiterativo y estereotipado para cualquier ser humano. Al repetir el acto de comer tantas veces, inevitablemente lo asociamos a circunstancias emocionalmente significativas desde el momento mismo en que nacemos y somos amamantados por nuestra madre.

    Durante el proceso de socialización, aprender a comer sin ayuda es por sí mismo un hecho importantísimo en el desarrollo del niño. El pequeño interioriza lo que es “bueno” para comer, y eso quedará marcado en su subconsciente durante toda su existencia.

    Un aspecto que muestra claramente el componente social de la alimentación es el hecho de que comer se identifica con celebración: una boda, una comida de trabajo, una cena romántica… La situación en la que se ingiere el alimento es mucho más importante que el alimento en sí; el más exquisito manjar en soledad no proporciona la misma satisfacción que un alimento más humilde en compañía agradable.

    3.1.- SIGNIFICACIÓN SOCIAL DEL COMER EN LA HISTORIA

    Bass y cols. (1979) enumeran los diversos usos que las sociedades hacen de los alimentos:

    1.- Satisfacer el hambre y nutrir el cuerpo.

    2.- Iniciar y mantener relaciones personales y de negocios.

    3.- Demostrar la naturaleza y extensión de las relaciones sociales.

    4.- Proporcionar ocasiones para actividades comunitarias.

    5.- Expresar amor y cariño.

    6.- Expresar individualidad.

    7.- Proclamar la distintividad de un grupo.

    8.- Demostrar la pertenencia a un grupo.

    9.- Hacer frente al estrés psicológico o emocional.

    10.- Significar estatus social.

    11.- Recompensas o castigos.

    12.- Reforzar la autoestima y ganar reconocimiento.

    13.- Ejercer poder político y económico.

    14.- Prevenir, diagnosticar y tratar enfermedades físicas.

    15.- Prevenir, diagnosticar y tratar enfermedades mentales.

    16.- Simbolizar experiencias emocionales.

    17.- Manifestar piedad o devoción.

    18.- Representar seguridad.

    19.- Expresar sentimientos morales.

    20.- Significar riqueza.

    En todas las sociedades se han llevado a cabo procedimientos para modificar alguna característica corporal. A través de la historia, el impulso de ingesta como principal regulador del peso, y por tanto, de la imagen, ha sufrido cambios en función de las normas estéticas vigentes:

    SOCIEDADES PRIMITIVAS: Estudios realizados por Ford y Beach (1951) en sociedades primitivas, ponen de manifiesto una clara preferencia por las mujeres gordas, asociándolas al concepto de lujo, belleza y reproducción.

    GRECIA Y ROMA: Eran famosos los banquetes báquicos, seguidos de vómitos provocados, con sus evidentes connotaciones religiosas. Pero en la Edad Antigua prevalecía la belleza del cuerpo del varón a la de la mujer.

    EDAD MEDIA: El cuerpo femenino debía aparentar opulencia, era símbolo de poder, de riqueza y de salud. La durísima persecución eclesiástica hacia el sexo, encarnando en la mujer el origen del pecado, que en esta época el cuerpo femenino careciese de interés.

    RENACIMIENTO: Con el surgimiento de los burgos, las sociedades renacentistas cortesanas crearon el concepto de “moda”, surgió la diferenciación sexual y el cuerpo adquirió protagonismo. Las modificaciones corporales consistían en incrementos, no en reducciones.

    EDAD MODERNA: En el siglo XVIII se alcanza un avituallamiento alimentario de la población relativamente satisfactorio, persistiendo importantes diferencias entre clases. La nobleza, al disponer de todo tipo de manjares, se entregaba a un nuevo lujo social, la degustación de los alimentos. La gastronomía y las formas en la presentación e ingestión de los alimentos permitían al burgués diferenciarse del pueblo llano, pues ya no comían sólo por hambre, sino para cumplir las emergentes convenciones sociales relacionadas con la comida. El cuerpo delgado inició la sustitución del redondeado, no sólo como consecuencia de la nueva gastronomía, sino como elemento diferenciador de las clases inferiores.

    SIGLO XIX: La moda imponía talle de avispa y exageración de caderas, muslos y abdomen. Comida y actividad sexual se asimilaban, estando tan mal visto en la mujer lo uno como lo otro.

    SIGLO XX: La época victoriana ha facilitado los trastornos actuales de alimentación. La mentalidad pseudoromántica hizo que las mujeres desearan esa apariencia enfermiza, frágil, en un principio exclusiva de clases pudientes, pero trágicamente extendida a todas las clases sociales.

    La sexualidad estuvo siempre ligada a la carne. La muchacha debía evitar comer carne para no dar una impresión de promiscuidad. Muchas mujeres deseaban alimentarse exclusivamente de pétalos de rosa, tal era el grado de aversión que se tenía a la comida.

    Ejemplos de la aversión a los alimentos encontramos tanto masculinos como femeninos: lord Byron, prototipo de hombre romántico, fue bulímico. Los trastornos alimentarios de Kafka han quedado patentes en sus obras y, sobre todo, en las cartas a su padre. La extrema delgadez de la emperatriz Sissi fue ejemplo de damas y plebeyas hasta bien entrado en siglo XX.

    La I y II Guerras Mundiales trajeron consigo la incorporación de la mujer al trabajo, lo que propició nuevas formas de vestir, el cuerpo se mostró en su estado real, y las mujeres tuvieron que someterse a todo tipo de dietas, restricciones, ejercicios,… para semejarse a los nuevos prototipos de belleza, cada vez más masculinizados y lineales. Las dietas alimentarias estuvieron apoyadas por las innovaciones médicas, que proponían pastillas milagrosas, dietas instantáneas y demás estafas, arruinando la salud de muchas mujeres que veían en su físico a su mayor enemigo.

    3.2.- TRASTORNOS ALIMENTARIOS: ANOREXIA Y BULIMIA

    3.2.1.- ANOREXIA

    A)HISTORIA

    Desde antiguo en la historia de nuestra cultura encontramos conductas alimentarias desordenadas. Excepto en las últimas décadas y únicamente en los países más desarrollados, comer suficientemente ha sido el privilegio de unos pocos. En la antigüedad los banquetes, donde se comía y bebía exageradamente, tuvieron antes que social un marcado carácter sagrado, durante estos ágapes el vómito era un remedio usual para reiniciar la comilona.

    También la restricción alimentaria fue asociada e interpretada desde un punto de vista religioso, los primeros cristianos y los místicos practicaban el ayuno como penitencia, rechazo del mundo y medio para lograr un estado espiritual más elevado.

    La más famosa anoréxica de la historia es Catalina de Siena, nacida en 1347, hija de artesanos acomodados recibe una esmerada educación cristiana. A los siete años comienza a rechazar la comida, se impone penitencias, renuncia al mundo y en la adolescencia ya sólo se alimenta de hierbas y algo de pan.

    Pero no todos los cuadros pretendidamente anoréxicos están vinculados con una vida de penitencia y sacrificio.

    Al parecer la existencia de estas pacientes y los motivos por los que se da esta inanición despiertan la curiosidad del público, perplejo ante la posibilidad de que existan personas que pueden sobrevivir sin alimentarse.

    Durante el siglo XVII, cada vez con más frecuencia, aparecen documentos escritos, en ellos, de forma detallada, se informa de casos de inanición provocada por rechazo de los alimentos, pero la información aparece dispersa, y muchos comentarios proceden de recuerdos de terceras personas.

    Uno de los primeros casos es el de Jane Balan de 14 años de la que se dijo que había estado durante tres años sin comer ni beber, se dijo que durante este tiempo no menstruó, orinó ni defecó. En 1667 Marthe Taylor, una joven de Derbyshire presenta un cuadro de inanición autoprovocado que despierta la curiosidad de las gentes, es visitada no sólo por médicos, sino también por nobles y clérigos, estos últimos, con la loable intención de convencerla para que abandone el ayuno. Mas tarde, Marthe presenta amenorrea, restringe más aún la alimentación y vomita lo poco que come. Según sus patógrafos: H.A. en 1660, Robins en 1668 y Reynolds en 1669, la paciente pasó más de un año subsistiendo con bebidas azucaradas. Se dijo que en ese tiempo miss Taylor no orinó ni defecó.

    Casi simultáneamente, en 1873, Gull en Londres y Lassègue, médico del hospital "La Pitie" de París, hacen descripciones completas de cuadros anoréxicos. Gull fue un experto clínico capaz de asegurar la inexistencia de patología orgánica que justificase la clínica anoréxica y se inclina rápidamente por una etiología psicógena.

    El cuadro descrito por Lassegue y Gull es muy parecido al que observamos en nuestros días, aunque ha variado la interpretación etiopatogénica. Las primeras teorías sugerían una afección origen pan-hipopituitario. Más tarde se imponen las hipótesis psicológicas, protagonizadas por el movimiento psicoanalítico. Desde los años sesenta se tiene una visión más pragmática y heterodoxa del problema, considerando que en la génesis del trastorno deben influir una serie de factores concatenados, psicológicos, biológicos y sociales.

    Y se preconizan modelos de tratamiento pluridisciplinares que aborden los tres núcleos conflictivos de la anorexia: El peso, la figura y los pensamientos alterados .

    En el Simposio de Göttingen en 1965 se elaboran tres conclusiones básicas:

    -La enfermedad está en relación con las transformaciones de la pubertad

    -El conflicto es corporal y no estrictamente de la función alimentaria

    -La etiopatogenia y la clínica son diferentes de los procesos neuróticos.

    Posteriormente Russell, en 1970 y 1977, intentó simplificar y concertar las tendencias más biologistas, que ponían énfasis en el papel del hipotálamo en la génesis de la enfermedad, con las psicológicas y sociológicas. Lo resumió de esta manera:

    -El trastorno psíquico origina la reducción de la ingesta y la pérdida de peso.

    -La pérdida de peso es la causa del trastorno endocrino

    -La desnutrición agrava el trastorno psíquico

    -El trastorno psíquico también puede agravar por vía directa la función hipotalámica y producir amenorrea

    -Es posible que exista relación entre un trastorno del control hipotalámico de la ingesta y el rechazo de la alimentación típico de la anorexia nerviosa.

    -El trastorno hipotalámico podría afectar las funciones psíquicas dando lugar a actitudes anómalas hacia la comida, imagen corporal y sexualidad.

    A partir de estos trabajos, para la mayoría de los autores la anorexia nerviosa. es: un trastorno diferenciado de patogénesis compleja con manifestaciones clínicas que son el resultado de múltiples factores predisponentes y desencadenantes.

    B) DEFINICIÓN

    La anorexia nerviosa se caracteriza por un deseo intenso en pesar menos, cada vez menos; intenso miedo a la gordura-obesidad y un peculiar trastorno del esquema corporal, que les hace verse más gruesas de lo que en realidad están. El método para conseguir esta progresiva pérdida de peso está en una intensa restricción alimentaria, en el ejercicio físico y en las conductas de purga.

    Cada vez es más frecuente que el diagnóstico proceda de la inquietud despertada en una familia, por los medios de comunicación, más que por la apreciación objetiva de la peculiar forma de alimentarse una paciente. La tolerancia social al bajo peso ha aumentado e incluso la amenorrea de las anoréxicas no parece despertar mayor recelo en las madres.

    Las dietas bajas en calorías sin que el peso de la paciente lo justifique o aconseje, cuando la dieta, el peso o la figura sean las primeras preocupaciones en vida de una adolescente o cuando el temor y rechazo al sobrepeso sean exagerados, nos obligarán a pensar que esa muchacha está en riesgo de convertirse en una anoréxica.

    No aceptarse como se es, tomar el cuerpo como algo que se puede moldear a voluntad y pensar en los alimentos únicamente en su relación con la ganancia de peso, creer que éstos tienen cualidades o defectos diferentes a las científicamente reconocidas, una excesiva sumisión a estereotipos de la moda y una notable credibilidad a los medios de comunicación, con sus mensajes relacionados con la belleza, el peso y la figura, son pensamientos y actitudes peligrosas, que deben ser motivo de alarma, y de un precoz control de la situación para evitar la aparición de la enfermedad en toda su sintomatología.

    Las alteraciones conductuales de la anorexia nerviosa. se inician cuando las pacientes comienzan su dieta restrictiva, en muchas ocasiones es difícil para los familiares delimitar el punto exacto en que la paciente pasa de una dieta moderadamente baja en calorías a otra francamente hipocalórica.

    La progresiva restricción alimentaria despierta la alarma de la familia, la paciente intenta mantener oculta la conducta de rechazo a la comida utilizando diferentes subterfugios, dice que no tiene apetito, o que ya ha comido a otras horas. En realidad, malcome a solas, tira la comida, la esconde o simplemente se enfrenta a la familia manteniendo tercamente su escasa dieta.

    También se alteran las formas de comer, las anoréxicas, generalmente ordenadas, pulcras y educadas, parece que olvidan las normas sociales relativas a la mesa, se puede observar como utilizan las manos, comen lentamente, sacan comida de la boca para depositarla en el plato, la escupen, la desmenuzan y terminan estropeando los alimentos.

    Es paradójico que este rechazo de la anoréxica por la comida se acompañe, en ocasiones, por el deseo de que el resto de la familia se alimente bien, algunas de ellas cocinan de forma excelente para los demás mientras ellas malcomen aparte. Se pueden convertir en expertas en cuestiones dietéticas y coleccionar de forma casi obsesiva todo tipo de menús y dietas.

    Pero a veces la dieta restrictiva no es suficiente para conseguir el peso deseado, entonces la anoréxica descubre otras armas para conseguir su objetivo, y al malcomer se suman los vómitos, los laxantes o diuréticos y el ejercicio exagerado. Se vomita después de comer a escondidas, y de no poder hacerlo en el lavabo se guardan los vómitos en cualquier rincón, esperando la ocasión propicia para deshacerse de ellos.

    Como la restricción de la alimentación provoca constipación la anoréxica se hace habitual del uso de los laxantes. La exagerada sensibilidad para detectar sensaciones internas, como hemos comentado anteriormente, hace que no toleren sentirse o pensar que están con el aparato digestivo ocupado. El uso y abuso de los laxantes cumple dos objetivos: por un lado combatir el estreñimiento, en realidad su uso potencia la constipación, y por otro vaciar lo antes posible el aparato digestivo para pesar cada vez menos y sentirse más ligeras.

    Otra conducta peligrosa por parte de las anoréxicas es la utilización de diuréticos, ya sea por las alteraciones de la dieta, por la hipoproteinemia o por los problemas circulatorios algunas anoréxicas pueden presentar edemas, que combaten con diuréticos, la mala utilización de estos fármacos provoca graves trastornos electrolíticos.

    Una alteración conductual que se da en la mayoría de estas pacientes, al pretender bajar de peso, es la hiperactividad.

    En muchas ocasiones, sin embargo, la razón para permanecer en pie se debe no al deseo de consumir más calorías sino al hecho de que al sentarse ven sus muslos y caderas más anchos.

    Al principio estas actividades son practicadas de forma manifiesta pero cuando la familia se alarma lo hacen de forma oculta. La hiperactividad es uno de los mayores obstáculos una vez iniciado el tratamiento, las pacientes se resisten a dejar de hacer ejercicio, especialmente cuando se ven asaltadas por los pensamientos referidos a su ganancia de peso.

    C) TIPOS DE ANOREXIA NERVIOSA

    Tipo restrictivo: Durante el episodio de anorexia nerviosa el individuo no recurre regularmente a los atracones o las purgas (Vómitos, laxantes, diuréticos o enemas).

    Tipo purgativo: Durante el episodio de anorexia nerviosa el individuo recurre regularmente a los atracones y las purgas (Vómitos, laxantes, diuréticos o enemas).

    D)CRITERIOS PARA EL DIAGNÓSTICO DE ANOREXIA NERVIOSA

    (DSM-IV)

  • Rechazo a mantener el peso normal por igual o por encima del valor mínimo normal considerando la edad y talla. Por ejemplo pérdida de peso que da lugar a un peso inferior al 85% del que corresponde. O fracaso para conseguir el aumento del peso normal durante el período de crecimiento, resultando un peso corporal inferior al 85% del peso.

  • Miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obeso, incluso estando por debajo del peso normal.

  • Alteración en la percepción del peso, o la silueta corporales, exageración de su importancia en la autoevaluación o negación del peligro que comporta el bajo peso corporal.

  • En las mujeres postpuberales, presencia de amenorrea; por ejemplo, ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecutivos (Se considera que una mujer presenta amenorrea cuando sus menstruaciones aparecen únicamente con tratamientos hormonales).

  • 3.2.2.- BULIMIA NERVIOSA

    A)HISTORIA

    Bulimia deriva del griego, que significa “hambre de buey”, y del latín que significa “hambre canina”

    Galeno describió la “kynos orexia” o hambre canina para referirse a un estado de ánimo que provocaba un deseo exagerado de alimento y frecuentes ingestiones que podían asociarse con vómitos y copiosos movimientos de vientre.

    Haste el siglo XIX, la bulimia fue descrita como curiosidad médica en los diccionarios médicos.

    En 1825 Hooper utiliza los término bulimia emética y cinorexia para designar un apetito voraz seguido de vómitos.

    En 1979 Russell acuña el término “bulimia nerviosa” para describir un grupo de pacientes que, presentando episodios bulímicos, intentan mitigar los efectos de la sobreingesta a través de vómitos autoinducidos, abuso de laxantes y/o diuréticos, y muestran invariablemente una preocupación por el peso y las medidas corporales.

    En 1980 se recoge en el DSM III la categoría de bulimia nerviosa.

    En 1987 el DSM III R recoge lo que define auténticamente el síndrome bulímico: la asociación de dicha conducta y la preocupación mórbida por el peso y la figura corporal, la utilización consecuente de métodos para evitar el temido aumento de peso y la vivencia de descontrol.

    B) DEFINICIÓN

    Rusell en 1979 describe un cuadro caracterizado por episodios de ingesta voraz y conductas de purga que considera vinculado a la anorexia nerviosa, algunas pacientes anoréxicas evolucionarían en su trastorno, iniciándose en las conductas de ingesta voraz y de purga; sería una forma de evolución de la anorexia, tal y como la define Rusell. Ello supone un continuo entre ambas formas clínicas, ya que incluso en aquellas pacientes que no tienen antecedentes clínicos de anorexia nerviosa, Rusell considera suficientes los síntomas subclínicos para justificar el “continuo”.

    Al mismo tiempo se detectan numerosos pacientes que sin antecedentes de anorexia nerviosa presentan episódicamente atracones que no pueden controlar, luchan contra el miedo a ganar peso y vomitan o se purgan regularmente.

    El síndrome bulímico es un trastorno que se caracteriza por un modelo de alimentación anormal, con episodios de ingesta voraz seguidos por maniobras para eliminar las calorías ingeridas. Tras el episodio el sujeto se siente malhumorado, con tristeza y sentimientos de autocompasión o menosprecio. Entre los episodios bulímicos la alimentación puede no ser normal, puede estar fuertemente restringida o en un perpetuo ciclo de atracones y vómitos.

    Este trastorno tiene mayor incidencia en mujeres occidentales, de 19 a 25 años, y de cualquier nivel socio-cultural.

    Se presentaron importantes dificultades para los estudios epidemiológicos dadas las diferencias en los criterios diagnósticos utilizados y las dificultades para definir el episodio de ingesta voraz.

    Los diferentes autores no se ponen de acuerdo en la objetivación del término; algunos consideran que el episodio debe estar bien delimitado, anotando la cantidad de comida ingerida y el tiempo invertido. Para otros los sentimientos de pérdida de control priman sobre la cantidad ingerida de alimentos. La frecuencia de las comilonas y de las conductas de purga deben ser, también para la mayoría de los autores, objeto de una correcta delimitación, cuestión ésta que en algunos trabajos no se respetó, perdiendo los estudios la garantía de que el grupo estudiado fuera el que correspondía a la entidad bulímica.

    El paciente bulímico presenta en general una conducta desordenada, al principio con la alimentación, más adelante también en otros aspectos de su vida. El patrón de conducta relativo a la alimentación es desordenado e imprevisible, al contrario que la anoréxica cuyo patrón de conducta alimentaria es ordenado y previsible.

    C) TIPOS

    Tipo purgativo: se caracteriza porque tras el “atracón” la persona se provoca el vómito o abusa de laxantes, diuréticos o enemas.

    Tipo restrictivo: se caracteriza porque tras el “atracón” la persona realiza un ejercicio físico intenso o deja de comer por un tiempo.

    D) CRITERIOS PARA EL DIAGNÓSTICO DE LA BULIMIA NERVIOSA

    (DSM III-R)

  • Episodios recurrentes de ingesta voraz (consumo rápido de gran cantidad de comida en un período discreto de tiempo).

  • Sentimiento de falta de control sobre la conducta alimentaria durante los episodios de voracidad.

  • La persona se empeña regularmente en provocarse el vómito, usar fármacos laxantes y diuréticos, practicar dietas estrictas o ayuno, o hacer mucho ejercicio para prevenir el aumento de peso.

  • Un promedio mínimo de dos episodios de voracidad a la semana por lo menos durante tres meses.

  • Preocupación persistente por la silueta y el peso.

  • E)DIFERENCIAS ENTRE ANOREXIA NERVIOSA Y BULIMIA NERVIOSA

    A.N. B.N.

    ...........................................................................................................................

    * Inicio temprano * Inicio más tardío

    * Dieta restrictiva * Dieta variable

    * Bajo peso * Peso con pocas variaciones

    * Baja Impulsividad * Impulsivas

    * Pocos antecedentes de * Mayores antecedentes de

    obesidad previa obesidad previa

    * Control de peso estable: * Control de peso inestable:

    restricción alimentaria restricción, vómitos, laxantes y diuréticos * Hiperactividad * Hipoactividad

    * Amenorrea * Amenorrea 50%

    * Dieta restrictiva * Dieta restrictiva y atracones

    * Poca psicopatología asociada * Mucha psicopatología asociada

    * Pocas conductas autolíticas directas * Más frecuentes conductas autolíticas

    * Conductas bulímicas en menos del 50% * Conductas bulímicas en el 100%

    * Complicaciones médicas crónicas * Complicaciones médicas agudas

    3.2.3-OBESIDAD

    A)DEFINICIÓN

    La obesidad, a diferencia de la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa, no se considera un trastorno psiquiátrico. Se trataría de un cuadro médico que podría comportar una serie de riesgos para la salud, a partir de un determinado nivel de peso por encima del considerado como "peso ideal". Numerosos estudios coinciden en que habría riesgo para la salud, cuando el peso supera en un 30% el peso que corresponde por la edad y la talla (Saldaña y Rossell, 1987).

    La obesidad consiste en una excesiva acumulación de grasa corporal. A pesar de que en otras épocas el exceso de peso se consideraba signo de belleza, salud y estatus social, actualmente esta situación es muy distinta. A los problemas o riesgos de salud, se añaden cuestiones estéticas y sociales que, indudablemente, pueden generar otros problemas de tipo psicológico. Es por ello que la obesidad constituye una alteración médica de abordaje multidisciplinar, que despierta mucho interés en nuestros días, en los que la salud y el aspecto físico se asocian a un cuerpo esbelto y delgado.

    Los factores sociales ejercen una importante influencia en la prevalencia de la obesidad. La más significativa es la ejercida por el nivel socioeconómico, siendo mucho más frecuente entre las personas de bajo estatus. Asimismo, afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres, principalmente en edades por encima de los cincuenta años.

    Finalmente, las consecuencias físicas de la obesidad son importantes. Los individuos con sobrepeso serían más proclives a presentar alteraciones médicas como hipertensión, diabetes, gota, insuficiencia respiratoria y otro tipo de complicaciones como las tumorales, de las que informan recientes estudios.

    B)EPIDEMIOLOGÍA

    La obesidad es, desde hace unos años, un tema de enorme interés para muchas disciplinas de la salud.

    Se ha observado que los factores socioeconómicos tienen una gran influencia en la prevalencia de la obesidad; numerosos estudios apoyan la teoría de que a mayor nivel socioeconómico y/o educativo, menor obesidad

    En general, se acepta que los obesos comen de forma excesiva y, a este respecto, la psicología ha intentado elaborar modelos explicativos de esta conducta de sobreingesta. Uno de ellos establece que las personas obesas tienen problemas de persona­lidad que alivian comiendo en exceso. Un segundo modelo explicativo considera la ansiedad como un factor determinante.

    No obstante la relación entre los aspectos de personalidad y la obesidad no se limita a una rela­ción de causa-efecto en un solo sentido, sino que se baraja también la relación a la inversa entre estos dos factores, es decir, hasta qué punto la obesidad determina problemas específi­cos en la personalidad.

    El estudio de las relaciones interpersonales de los sujetos con sobrepeso ha revelado la existencia de unos patrones relacionales característicos en dichos sujetos.

    Durante mucho tiempo se había establecido la teoría de que las personas con obesidad tenían problemas de personalidad que ali­viaban comiendo.

    Se ha intentado determinar las posibles causas psicológicas de la sobreingesta, entre las cuales se han destacado cuatro: la sobrealimentación como respuesta a tensiones emocionales no específicas, como substituto gratificante en situaciones vitales intolerables, como síntoma de enfermedad mental subyacente y adicción a la comida.

    Las investigaciones y conclusiones en torno a la posible existencia de rasgos de personalidad característicos de la obesidad son, en términos generales, confusos y contradictorios. Se entiende la personalidad como un conjunto de rasgos o patrones persistentes en la forma de percibir, relacionarse, pensar sobre el entorno y sobre uno mismo, y que se mantienen estables desde la etapa adolescente o el principio de la vida adulta, podemos encontrar diferencias entre niños y adolescentes obesos y no obesos. Parece que hay bajos niveles de autoestima junto a mayores niveles de ansiedad y depresión en la población infanto-juvenil obesa. Se ha encontrado un alto número de sujetos que presentaban problemas familiares y sociales. Parece que la presencia de estas características junto a factores ambientales, metabólicos y dietéticos predispondrían a los individuos obesos a desarrollar hábitos alimentarios inadecuados. La influencia de las características psicológicas de los padres en la obesidad infanto-juvenil, ha supuesto otro frente de investigación en la obesidad. Se hace pues evidente la escasez de estudios psicométricos de la personalidad en la población infantil obesa.

    En la población adulta, a pesar de la presencia de hallazgos contradictorios, se admite la existencia de ciertas características clínicas presentes en el paciente obeso y que les diferencian de personas con normopeso. En este sentido se considera que los obesos son más duros, recelosos y menos depresivos, más vergonzosos, pasivos y tímidos, y que presentan un número mayor de manifestaciones de enfermedades psíquicas, junto a sentimientos de incompetencia e inefectividad. También se encontraron rasgos de personalidad anómalos como por ejemplo una mayor insatisfacción vital, un patrón de comportamiento sumiso así como un menor deseo de logro y menor ambición.

    La presencia de rasgos de personalidad alexitímicos (entendidos como la dificultad para identificar y comunicar sentimientos), ha cobrado recientemente importancia en la investigación científica.

    El estudio de las características de personalidad de los denominados obesos mórbidos (más del 100% de sobrepeso) ha sido una de las puntas de lanza en la investigación en torno a la obesidad en los últimos tiempos. De las investigaciones realizadas hasta el momento presente, se puede destacar la presencia de alteraciones psicopatológicas en dichos enfermos, aunque las mismas son de menor intensidad de lo que cabría esperar dadas las características de dicha patología (incapacitación laboral severa, rechazo social y deterioro de las relaciones familiares). En cualquier caso, se advierten alteraciones significativas en la conducta alimentaria y la percepción de la imagen corporal en los sujetos pertenecientes a dicho grupo de obesos. Se considera que no existe un tipo de personalidad que caracterice a los sujetos con obesidad mórbida, ni tampoco se evidencian alteraciones psicopatológicas específicas diferentes a las que se pueden hallar en la población general tanto cualitativamente como cuantitativamente. En otro orden de cosas, el análisis de los posibles factores de predicción de la intervención de quirúrgica en dichos pacientes ha resultado ser confuso y contradictorio. Hay una tendencia de los obesos mórbidos a presentar antecedentes de alteraciones del estado del ánimo, trastornos de ansiedad, bulimia e incluso dependencia de nicotina.

    Es de destacar la presencia de sintomatología bulímica que se basa en la presencia de episodios repetitivos de ingesta voraz en un tanto por ciento elevado de los obesos.La sintomatología bulímica presente en los pacientes obesos no siempre está acompañada de maniobras correctoras de la sobreingesta. Parece que hay acuerdo en considerar la existencia, dentro de la obesidad, de un subtipo formado por aquellos pacientes obesos que presentan sintomatología bulímica. Así, se establecen características propias inherentes a dicho subgrupo (subgrupo que supondría el 34% de los pacientes obesos), entre las cuales podríamos destacar patrones alimentarios caóticos, mayores niveles de ansiedad y estilos de afrontamiento ineficaces (se entiende por afrontamiento aquellos esfuerzos cognitivos y comportamentales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo. Existe un amplio consenso en considerar a los pacientes obesos que presentan bulimia de peor pronóstico que el resto de los pacientes obesos.

    En la descripción de las características del tratamiento adecuado para aquellos sujetos que presentan obesidad, tanto los terapeutas como los propios pacientes han de considerar, dada su especial influencia en el curso del mismo, los efectos sociales y psicológicos que produce la pérdida y ganancia de peso en dichos pacientes. Las investigaciones realizadas en torno al tema arrojan resultados contradictorios: así, parece existir un consenso en la existencia de una serie de consecuencias negativas producidas por la pérdida de peso, entre las cuales podríamos destacar reacciones emocionales adversas tales como la depresión, la irritabilidad, el nerviosismo y la ansiedad.

    Parece que la pérdida de peso mejora la aceptación de la propia imagen, de la autoestima, y de las relaciones sociales. En un estudio controlado se destaca la existencia de cambios psicológicos que acompañan las dietas de bajo contenido calórico. Entre ellos se podría destacar un efecto beneficioso en la sensación de hambre, en la depresión y en la ansiedad. En el polo opuesto, la pérdida de peso puede provocar una serie de sensaciones negativas entre las cuales podríamos destacar las causadas por el cambio de rol social, laboral y marital del paciente obeso al reducir peso. En cuanto a la recuperación del peso perdido tras una dieta restrictiva, éste parece tener un efecto negativo en el estado de ánimo, la autoestima y la aceptación de la propia imagen en los individuos obesos. Estos pueden llegar a sentir frustración, vergüenza y desesperación ante el aumento de peso tras haber conseguido una reducción significativa del mismo en base a un tratamiento dietético.

    En conclusión, podríamos afirmar que la asociación entre personalidad y obesidad frecuentemente ha generado aportaciones y modelos explicativos confusos y contradictorios, aunque ciertos trabajos apuntan hacia la presencia de ciertas características y rasgos propios de la obesidad basados en datos empíricos tales como una alteración de la imagen corporal, mayor presencia de ansiedad, sintomatología somática y depresión, menor sociabilidad (junto a un mayor número de problemas sociales y familiares), alteraciones atencionales, de la ritmicidad e impulsividad.

    Hay consenso al considerar que existe una alteración en las relaciones interpersonales en los pacientes obesos. Es por ello por lo que se considera a la obesidad un problema social y psicológico, más allá de su conceptualización como un problema exclusivamente médico Hemos de destacar, sin embargo, que las características propias de la obesidad, así como la existencia de un elevado número de complicaciones físicas inherentes a la misma, enmarca el problema siempre dentro del contexto de la salud física.

    4.- CONCLUSIONES

    El estudio de la motivación de ingesta como variable puramente fisiológica es inabordable, ya que los elementos tanto emocionales como sociales que influyen en la conducta del ser humano influyen también en ella. Para elaborar una correcta evaluación de la motivación de ingesta se deben tener en cuenta todos los elementos que interactúan en ella.

    Los trastornos asociados a la ingesta de alimentos, dada su enorme incidencia en la sociedad occidental y su rápida extensión hacia otras zonas tradicionalmente menos afectadas por ellas como consecuencia de una cada vez más evidente globalización, están adquiriendo una relevancia tal que se les puede considerar una de las grandes epidemias del siglo XX.

    Me ha llamado la atención que, aunque la anorexia, la bulimia y la obesidad son todas ellas trastornos alimentarios, la valoración social de los enfermos de las dos primeras es superior a la de la última, ya que son enfermedades asociadas en esta sociedad a triunfo, glamour, estatus social…, mientras que la obesidad es simplemente la enfermedad de un gordo, siendo todas ellas igual de peligrosas. Es preocupante que, ahora que la mujer tiene más posibilidades, cuando puede realizarse como persona en un entorno laboral y el yugo de esposa y madre comienza a desvanecerse, seguimos basando la autoestima en el atractivo físico; una mujer puede llegar a ministro, pero seguirán criticándo la forma de vestir, la obesidad o el peinado con más interés que la ejecución de su cartera.

    La sociedad occidental está corrupta, gracias en gran medida a la degeneración de los medios de comunicación, que han convertido el borreguismo y la falta de dignidad los medios a utilizar para conseguir el único fin válido: la popularidad, añadiendo a esto un culto al cuerpo desmedido que correlaciona lineal e inversamente con la anorexia mental a la que se ve sometida, en parte por voluntad propia, en parte por imposición de los magnates de la comunicación, la casi totalidad de la sociedad en la que vivimos.

    El intento de abordar el tema de la nutrición en tan poco espacio me ha llevado a centrarme más extensamente en los problemas alimentarios que en las causas motivacionales de la ingestión o no ingestión dado que, por su enorme incidencia social, aparte de contar con más bibliografía respecto a trastornos alimentarios, he podido obtener testimonios de enfermos y de terapeutas de viva voz, lo cual me ha parecido muy interesante ya que he aprendido más sobre trastornos alimentarios en una o dos charlas con enfermos que en toda la bibliografía que he leído sobre el tema.

    5.- BIBLIOGRAFÍA

    Castells, M. (1998): La era de la información: economía, sociedad y cultura, 2. El poder de la identidad. Ed. Alianza, Madrid

    Chinchilla Moreno, A. (1994): Nuevas generaciones de psicólogos. Anorexia y bulimia nerviosas. Ed. Ergon, Madrid.

    Entwistle, J. (2000): El cuerpo y la moda. Una visión sociológica. Ed. Paidós, Barcelona.

    Falcón, L. (1992): Mujer y sociedad. Ed. Vindicación feminista. Madrid.

    Font, D. (1981): El poder de la imagen. Ed. Salvat, Barcelona.

    Garrido, I. (1996): Psicología básica. Psicología de la motivación. Ed. Síntesis, Madrid.

    Garrido, I. (1980): Las motivaciones, el comportamiento alimentario y la conducta general de los pacientes obesos, Tesis doctoral. Editorial de la Universidad Complutense, Madrid.

    Harris, M. (1987): Bueno para comer. Ed. Alianza, Madrid.

    Molina, F. y Puerto, A. (1990): Bases biológicas de la motivación. En Palafox, S. y -Vila, J.: Motivación y emoción, pp. 47-78, Alhambra Universidad, Madrid.

    Pericot, J. (1987): Servirse de la imagen: un análisis pragmático de la imagen. Ed. Ariel, Barcelona.

    Roda Fernández, R. (1989): Medios de comunicación de masas: su influencia en la sociedad y la cultura contemporáneas. Ed. Siglo XXI/CIS, Madrid.

    Toro, J. (1996:) El cuerpo como delito: anorexia, bulimia, cultura y sociedad. Ed. Ariel, Barcelona.