Concilio de Trento

Teología. Definición. Fases. Doctrina católica. Nuevo Testamento. Sacramentos. Signo. Carácter sacramental. Inquisición. Pontificado. San Pío V

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INDICE

  • INTRODUCION

  • ¿QUÉ ES UN CONCILIO?

  • DESARROLLO DEL CONCILIO DE TRENTO

  • PRIMERA FASE ( 1545 - 1547 )

  • SEGUNDA FASE ( 1551 - 1552 )

  • TERCERA FASE ( 1561 - 1563 )

  • DOCTRINA CATOLICA

  • SACRAMENTO

  • ¿QUÉ ES?

  • EL SACRAMENTO EN EL NUEVO TESTAMENTO

  • DEL MISTERIO AL SACRAMENTO

  • SACRAMENTOS Y SIGNOS

  • EX OPERE OPERATO

  • CARÁCTER SACRAMENTAL

  • NUMEROS DE SACRAMENTOS

  • 5. LA INQUICISIÓN

  • ¿QUÉ ES?

  • CARRANZA, BARTOLOMÉ

  • PÍO V, SAN

  • Primera estapa de su vida

  • Pontificado

  • Politica exterior

  • Enfrentamiento con Felipe II

  • Reforma de la iglesia y defensa de la ortodoxia

  • CONCILIO DE TRENTO

    1. introdución

    Trento, concilio de, decimonoveno concilio ecuménico de la Iglesia católica apostólica romana, que tuvo lugar, a lo largo de tres etapas, entre 1545 y 1563. Convocado con la intención de responder a la Reforma protestante, supuso una reorientación general de la Iglesia y definió con precisión sus dogmas esenciales. Los decretos del Concilio, confirmados por el papa Pío IV el 26 de enero de 1564, fijaron los modelos de fe y las prácticas de la Iglesia hasta mediados del siglo XX. Todo el mundo consideraba necesario, a finales del siglo XV y principios del XVI, la convocatoria de un concilio que reformara la disciplina de la Iglesia. El V Concilio de Letrán (1512-1517) fracasó en este sentido y concluyó sus deliberaciones antes de que se plantearan las nuevas cuestiones suscitadas por Martín Lutero. Ya en 1518, el teólogo alemán subrayó la necesidad de celebrar un concilio que afrontara las polémicas surgidas. Aunque numerosos dirigentes respaldaron su petición, el papa Clemente VII temía que una reunión de este tipo pudiera favorecer la teoría que afirmaba que la autoridad suprema de la Iglesia recaía en los concilios y no en el pontífice. Además, las dificultades políticas que el luteranismo planteó al emperador Carlos V hicieron que otros gobernantes, y de forma significativa el rey de Francia, Francisco I, se mostraran reacios a apoyar cualquier acción que pudiera fortalecer el poder del emperador, liberándole de estos conflictos.

    Pablo III fue elegido papa en 1534 debido, en parte, a su promesa de convocar un concilio. Tras los fallidos intentos para que éste tuviera lugar en Mantua (1537) y en Vicenza (1538), el Concilio inauguró sus sesiones en Trento el 13 de diciembre de 1545. Con escasa participación al principio, y nunca libre de obstáculos políticos, aumentó de forma progresiva el número de asistentes y su prestigio a lo largo de las tres fases en que se desarrolló.

    2. ¿Qué es un concilio?

    Concilio, asamblea convocada para deliberar y decidir sobre la doctrina eclesiástica y sobre otros asuntos que afectan a los intereses de la Iglesia cristiana. Con anterioridad al siglo XII, el término concilio era utilizado como sinónimo de sínodo. Esta última palabra, sin embargo, se utiliza ahora en una acepción restringida para designar a un concilio diocesano, un concilio que comprende al clero de una diócesis y está presidido en la mayoría de los casos por un obispo. Otros concilios, en orden jerárquico ascendente, son provinciales, primaciales, nacionales, patriarcales y generales o mundiales.

    3. Desarrollo del concilio de trento

    3.1 Primera fase ( 1545 - 1547 )

    En muchos aspectos, esta primera fase fue la que tuvo mayor alcance. Una vez fijadas las numerosas cuestiones de procedimiento, fueron abordados los principales temas doctrinales planteados por los protestantes. Uno de los primeros decretos afirmaba que las Escrituras tenían que ser entendidas dentro de la tradición de la Iglesia, lo que representaba un rechazo implícito del principio protestante de `sólo Escrituras'. El largo y elaborado decreto sobre la justificación condenaba el pelagianismo, doctrina herética a la que también era contrario Lutero, aunque intentaba al mismo tiempo definir un papel para la libertad humana en el proceso de la salvación. Esta sesión también se ocupó de ciertas cuestiones disciplinarias, como la obligación de los obispos de residir en las diócesis de las que fueran titulares.

    3.2 Segunda fase ( 1551 - 1552 )

     

    Después de una interrupción, provocada por una profunda desavenencia política entre Pablo III y Carlos V, la segunda fase del Concilio, convocada por el nuevo papa Julio III, centró su atención en el tema de los sacramentos. Esta sesión, boicoteada por la legación francesa, fue continuada por algunos representantes protestantes.

    3.3 Tercera fase ( 1561 - 1563 )

    Debido a una declaración de guerra, el Concilio permaneció suspendido durante la parte final del pontificado de Julio III, así como en los años que Marcelo II y Pablo IV ocuparon el solio pontificio. Fue Pío IV quien renovó su convocatoria en 1561, cuando en España reinaba ya Felipe II, para afrontar la que sería su fase final. En las deliberaciones de esta su última etapa se impusieron las cuestiones disciplinarias, para hacer hincapié en el problema pendiente de la residencia episcopal, considerado por todas las partes clave para la auténtica aplicación de una reforma eclesiástica. El hábil legado pontificio Giovanni Morone armonizó posturas opuestas y logró clausurar el Concilio. En 1564 Pío IV publicó la Profesión de la fe tridentina (por Tridentum, el antiguo nombre romano de Trento), resumiendo los decretos doctrinales del Concilio. Sin embargo, a pesar de su duración, el Concilio nunca se ocupó del papel del pontificado en la Iglesia, un tema planteado repetidas veces por los protestantes. Entre los muchos teólogos que participaron en sus sesiones, Reginald Pole, Diego Laínez, Melchor Cano, Domingo de Soto y Girolamo Seripando, fueron los que desarrollaron una actividad más intensa en los debates. También fue muy importante la actuación desarrollada por los miembros de la Compañía de Jesús.

    4. Doctrina Catolica

    4.1 Sacramento

    4.1.1 ¿Qué es?

     Sacramento, cualquiera de las diferentes acciones litúrgicas de la Iglesia cristiana que han sido instituidas por Cristo para comunicar la gracia o poder de Dios a través del significado de objetos materiales. En la definición de san Agustín de Hippona, los sacramentos son "signos externos y visibles de una gracia interna y espiritual".

    4.1.2 El sacramento en el nuevo testamento


    La palabra sacramento no aparece en la Biblia, aunque sean recogidos en ella el bautismo, la eucaristía y algunos otros ritos que se ajustan a la definición. El sustrato del Nuevo Testamento para los sacramentos se encuentra en su enseñanza sobre el misterio, que continúa siendo el término ortodoxo oriental. En el Nuevo Testamento la palabra misterio alude al plan de Dios para redimir a la humanidad gracias al sacrificio de Cristo, plan que se escapa al entendimiento de los no creyentes, pero que era revelado a aquellos que tenían fe (Ef. 1,9-10).

    4.1.3 Del misterio al sacramento

    A principios del siglo III, Tertuliano, primer teólogo latino, tradujo la palabra griega musterion (misterio) por el latín sacramentum, que en el uso precristiano representaba una promesa de acción futura, como el juramento de lealtad de los soldados a sus jefes militares; lo que importaba era el objeto dado en garantía. En el caso cristiano, la palabra sacramento concentró la atención en el agua del bautismo y en el pan y el vino de la eucaristía. Estos diferentes matices entre misterio y sacramento explican en parte el carácter diferenciado de la teología sacramental y occidental.

    4.1.4 Sacramentos y signos

    Los sacramentos son, a veces, llamados signos. En la teología católica romana, así como en gran parte de la teología protestante, los sacramentos se consideran signos comunicantes, es decir, que el propio signo conlleva la realidad de lo que representa. En algunas teologías protestantes, sin embargo, los sacramentos no se consideran vehículos de la realidad divina; más aún, son signos arbitrarios que sencillamente ayudan a los creyentes a percibir lo que constituye la realidad de gracia interior.

    4.1.5 Ex opere operato

    Si se acepta la naturaleza comunicativa de los sacramentos, el sacramento en sí mismo conlleva la gracia de Dios con independencia de la fe o el carácter moral del celebrante o de sus destinatarios. Su valor surge de su divina institución de la obra ya realizada (en latín, ex opere operato), en la cual participa el sacramento. Algunos han mantenido la postura contraria, que el valor del sacramento depende, en alguna forma, de aquellos que lo celebran y reciben, ex opere operantis ('quien realiza la obra').

    4.1.6 Carácter sacramental

     Ciertos sacramentos tales como la eucaristía y la penitencia se pueden repetir a menudo. Otros, como el bautismo, la confirmación, y las órdenes sagradas, se administran una sola vez a la persona. Desde los tiempos de san Agustín se ha afirmado que este segundo grupo de sacramentos "imprime carácter". En otras palabras, ya que Dios es fiel a sus promesas, el don de estos sacramentos no puede ser retirado. La gracia puede permanecer latente si una persona deja de actuar según la intención de la Iglesia, pero el sacramento no necesita repetirse si la persona regresa a la comunión de esta Iglesia.

    4.1.7 Numeros de sacramentos

    El Nuevo Testamento afirma un misterio: el plan de Dios para redimir a través de Cristo. En la historia del pensamiento cristiano, sin embargo, un gran número de actos han sido llamados misterios o sacramentos. En el siglo XII, el teólogo italiano Petrus Lombardus resumió las posturas orientadas hacia que debía haber sólo siete: bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia, extremaunción, órdenes sagradas y matrimonio. Estos fueron, de hecho, los que la Iglesia halló imprescindibles para la celebración litúrgica regular del misterio cristiano. Una serie de decisiones conciliares del siglo III confirieron carácter oficial al número de siete. Las iglesias ortodoxas también reconocen estos siete ritos como sacramentos, pero no hay ninguna decisión oficial sobre este número. Los reformistas protestantes del siglo XVI declararon que no existen más que dos sacramentos, el bautismo y la eucaristía, por haber sido estos instituidos por Cristo. Los reformistas desmantelaron el resto del sistema sacramental, manteniendo que la gracia de Dios es más accesible merced a los canales más personales: la oración, la escritura y la predicación.

    5. La inquicision

    5.1 ¿Qué es?

     Inquisición, institución judicial creada por el pontificado en la edad media, con la misión de localizar, procesar y sentenciar a las personas culpables de herejía. En la Iglesia primitiva la pena habitual por herejía era la excomunión. Con el reconocimiento del cristianismo como religión estatal en el siglo IV por los emperadores romanos, los herejes empezaron a ser considerados enemigos del Estado, sobre todo cuando habían provocado violencia y alteraciones del orden público. San Agustín aprobó con reservas la acción del Estado contra los herejes, aunque la Iglesia en general desaprobó la coacción y los castigos físicos.

    5.2 Carranza, Bartolome

    Carranza, Bartolomé (1503-1576), prelado, teólogo y religioso dominico español nacido en Miranda de Arga (Navarra).

    Estudió teología en la Universidad de Salamanca y pronto se convirtió en censor de la Inquisición en España. Enviado por el emperador Carlos V al Concilio de Trento (1543), defendió la necesidad de reformar la disciplina de la Iglesia católica, prohibiendo la acumulación de beneficios eclesiásticos y obligando a los obispos a residir en sus diócesis.

    Regresó a España en 1547 y en 1558 publicó Comentarios sobre el catecismo cristiano, siendo acusado de herejía. Tras muchos años de proceso, en el que su defensa corrió a cargo de Martín de Azpilcueta, fue declarado inocente, pero resultó condenado a abjurar de parte de su obra y fue suspendido de sus funciones. Falleció en un convento de Roma en que se hallaba recluido junto a santa María Sopra.

    Aparte de la obra antes citada, Carranza fue también autor de Summa Conciliorum et pontificium (1546) y de Controversia de necessaria personali praesentia episcoporum (1547).

    5.3 Pío V, San

      Pío V, San (1504-1572), papa (1566-1572). Pese a que sólo permaneció seis años en el solio pontificio, su papado representó la esencia de la Contrarreforma iniciada por la Iglesia católica tras el Concilio de Trento, cuyas sesiones habían finalizado en 1563.

    5.3.1 Primera etapa de su vida

    Antonio (nombre con el que fue bautizado) Ghislieri, nació el 17 de enero de 1504 en Bosco Marengo (cerca de Alessandria, en el norte de Italia). Cuando tenía 14 años de edad ingresó en un monasterio dominico, donde cambió su nombre de pila por el de Miguel. Poco después de ser ordenado sacerdote (1528) comenzó una larga carrera como miembro de la Inquisición, que culminaría con sus respectivos nombramientos como obispo de Netri y Sutri (1556), cardenal (1557) y gran inquisidor (1558). No obstante, en 1560 se le asignó una nueva diócesis, Mondovi, que le apartó temporalmente de la alta política de la Iglesia. Por ello, fue una sorpresa que, tras fallecer Pío IV en 1565, el cónclave reunido para nombrar nuevo papa lo eligiera a él en enero de 1566.

    5.3.2 Pontificado

    Consagrado papa el 17 de enero de 1566 con el nombre de Pío V, su pontificado estuvo marcado por tres directrices de actuación concretas: la defensa del catolicismo en cualquier espacio geográfico, la reforma interna de la propia Iglesia y la modificación de los hábitos condenados por la fe tridentina.

    5.3.3 Politica exterior

    Profundamente involucrado en las relaciones internacionales de su tiempo, Pío V diseñó y aplicó una política exterior dirigida, en primer lugar, a erigirse en adalid de la fe católica en cualquier lugar donde ésta pudiera verse vulnerada. En este sentido, ayudó a los católicos a perseguir a los hugonotes durante las guerras de Religión francesas, expulsó a gran número de judíos de los Estados Pontificios, excomulgó a Isabel I de Inglaterra (1570) y se sirvió de la Inquisición para eliminar cualquier brote de herejía. Pero la consecuencia más significativa que se derivó de esta actitud fue la lucha que emprendió contra el Imperio otomano. El 25 de mayo de 1571 firmó con España y Venecia las capitulaciones de la Liga Santa, cuyas fuerzas navales combinadas derrotaron el 7 de octubre de ese mismo año a la flota turca en la batalla de Lepanto.

    5.3.4 Enfrentamiento con Felipe II

    Pese a que el soberano de España, Felipe II, competía con Pío V en el celo con que ambos defendían el catolicismo (fruto de esa coincidencia de intereses fue la formalización de la Liga Santa), entre el Rey y el Papa surgieron algunos puntos de fricción que a punto estuvieron de alcanzar el grado de ruptura total. Ello se debió a que, mientras que Pío V protegía los derechos de la Iglesia a ultranza, Felipe II sostenía de forma resuelta la condición de regio patronato de que gozaban sus reinos. Uno de los casos en que dicha pugna alcanzó sus cotas de mayor virulencia fue el que tuvo por protagonista a Bartolomé Carranza, teólogo español que tuvo una destacada intervención en el Concilio de Trento, pero que fue acusado en 1559 de hereje por la Inquisición española (con la anuencia de Felipe II) tras la publicación de Comentarios sobre el catecismo cristiano (1558). Pío V logró, en 1567, que el proceso inquisitorial seguido en España pasara a la jurisdicción romana y el nuevo cariz que tomó aquél (tendente a la absolución de Carranza) disgustó tanto a Felipe II como al Tribunal del Santo Oficio.

    5.3.5 Reforma de la iglesia y defensa de la ortodoxia

    Su ascetismo personal, la lucha que emprendió contra el nepotismo y la simonía, así como las reformas disciplinarias que intentó promover en el seno de la Iglesia (como la imposición a los obispos de residir en sus diócesis), significaron una cierta renovación de la moral de la Iglesia. Pío V puso en marcha toda una serie de resortes destinados a defender y perpetuar la doctrina católica sancionada como ortodoxa en Trento: mandó publicar en 1566 el Catecismo Romano (o Catecismo de Pío V), primer catecismo oficial de la Iglesia, cuyo texto había sido preparado y aprobado por el propio Concilio; ordenó reeditar los escritos de santo Tomas de Aquino (a quien, además, proclamó Doctor de la Iglesia en 1567); fijó la forma actual del Avemaría, y publicó, reformado, el Breviarium Romanum (Breviario Romano) en 1568; encargó al teólogo jesuita portugués Manuel de Sá la revisión y corrección de la Vulgata (1569); y dio luz a un nuevo Missale Romanum (Misal Romano) en 1570. Además, expendió sendas bulas por las que convertía en universidad a la de Santiago de Compostela (1566) y reorganizaba la actualmente denominada Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima (1571), y aprobó de forma oficial la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Dios (1572). En lo referente a la reforma de las costumbres, merecen ser reseñadas dos de sus decisiones (en las que subyacía, igualmente, el omnipresente espíritu contrarreformador de Trento): la bula por la que prohibía las corridas de toros (1567) y el encargo realizado al artista Daniele da Volterra para que cubriera los cuerpos que años antes pintara desnudos Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

    Pío V falleció el 1 de mayo de 1572 en Roma y fue sucedido por Gregorio XIII. Beatificado por Clemente X en 1672, fue canonizado en 1712 por Clemente XI. Su festividad se conmemora el 30 de abril.