Concepción ética

Ontología. Embarazo. Fecundadción. Cambios hormonales. Sociedades. Embrión. Creación. Vida humana. Reproducción. Desarrollo embrionario

  • Enviado por: José Luis Restrepo
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 4 páginas
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Hacia una nueva ética prenatal a partir del conocimiento

del ente y la esencia de un Zigoto llamado Pedro.

En la coyuntura ética de la contemporaneidad, se debe resaltar el ambiente en el que se mueve el Hombre actual: Secularización de todas las sociedades empezando por las naciones desarrolladas. Relativización descarada de los conceptos de ética y moral. Poderes Socio-económicos comandados por Imperios alejados del Cristianismo auténtico, como Estados Unidos, Europa y la China. Relativización del valor de la esencia humana a partir de estas expresiones éticas y morales de la modernidad, que se identifican con el desconocimiento intencional de la forma de los entes, matando la metafísica y la ontología puesto que no son unas entidades susceptibles de medición y tabulación cual si fuesen realidades meramente físicas. Y es que si no tiene Fe y conocimiento del plan salvífico de Dios para la vida del Ser, y mucho menos si no se cree en ÉL, hoy en día va a resultar imposible que la raza humana se detenga a pensar en el valor Ontológico que pueda tener un embrión en desarrollo, o un Zigoto, que es el Óvulo femenino recién fecundado por el Espermatozoide Masculino, y que ya no son dos células separadas e independientes, sino que han pasado a conformar una nueva Humanidad original, única, e irrepetible en toda la subsiguiente historia de la tierra y la raza humana, démosle un nombre entonces: Pedro, que es quien yace allí, en las paredes rugosas y nutritivas del Útero. Pero No, parece que esto no cuenta. Esto carece de valor para la adolescente neo-pagana que acaba de ser fecundada, y quiere abortar, esto ni siquiera se puede ver y tocar como un carro, una moto, o una botella. Y ese es uno de los problemas éticos de nuestra sociedad. Como no se nos ha enseñado el valor de todos los entes vivos y sus esencias, sólo valoramos lo que pueda ser considerado físicamente, afín a los valores de la concepción cientista, o de la positivista, o la hedonista, pero al fin y al cabo materialista. Definitivamente el dinero es un medio de pago para comprar bienes y servicios referentes al mundo de lo físico, y lo que no sea válido en términos materiales, no lo será éticamente para la sociedad contemporánea. Por eso la adolescente quiere solucionar el atraso que tiene en su ciclo menstrual -que es UN SER que se ha alojado allí- porque esa criatura representaría la interrupción de los estudios que le permitirán en el futuro trabajar en una profesión y devengar dinero. Porque ese niño requiere recursos económicos para ser alimentado y educado. Y también porque los Padres de ella se enojarían como nunca por el hecho de ella estar embarazada, sabiendo que está muy menor para empezar a mantener a un hijo, lo cual representaría obviamente, una pérdida de dinero grande y de tiempo muy valioso para producir. Alejémonos del ejemplo de la adolescente, y vamos al de una mujer casada, ya las empresas después del tercer embarazo tienen como política laboral despedir a esta empleada, que ha osado abrirse a la vida y atreverse a desafiar y parar la maquinaria productiva de la unidad Microeconómica. Y en la Macroeconomía, ni hablar, en el país del Dragón Rojo, en la China, toda familia debe tener como máximo 2 hijos, si ocurre un tercer embarazo debe hacerse un aborto. Estas son las herencias palpables del Nihilismo y del Marxismo, las dos corrientes del pensamiento entre las cuales divaga la conciencia del Hombre de la modernidad, un hombre que no conoce de metafísica u ontología, de Ser, ente o esencia, y mucho menos de Cristianismo.

El hombre porta en su ser la semilla que irá a fecundar el óvulo de su compañera, hay un sólo óvulo en la mujer que porta la información genética de la Madre, y millones de espermatozoides expelidos por el Padre, cada uno de ellos con la información genética de él, pero también con características particulares “personales”. Si tomamos varias de estas células reproductivas por separado y las ponemos sobre un vidrio de observación con microscopio, encontraremos que cada una de ella tendrá atributos totalmente distintos a los de los demás: codificación referente al color de ojos, al tono de la piel, el cromosoma del sexo -x ó y- el cromosoma que define el temperamento…¿Y para q ué necesita un espermatozoide de todos estos atributos? Pues para darlos en herencia al Ser que se formará si se llega a unir con el óvulo, ésta entonces viene a ser una prueba de que El Ser si bien no existe por antelación, como en un platónico mundo de las ideas, sí ha tenido desde el pasado, cuando no había nada, una predisposición a nacer y a comenzar pues a tener una esencia y una existencia. De todos los millones de espermatozoos donados por el Padre de un Ser Humano que llamaremos Pedro, sólo uno tenía que llegar a su destino y penetrar en el óvulo: ese era el mismo Pedro, que triunfó por sobre los demás que venían nadando en el esperma y que también tenían la potencia de convertirse en Ser, para dejar de ser célula. Pero no, simplemente esas células dejaron de existir y ahí ya no hay nada, y quedó lo que tenía que existir, lo que había de ser: Pedro. Estaríamos tomado aquí en cierta medida, a los espermas como cosas, puesto que no son seres como tal, son estructuras orgánicas, como lo puede ser un ojo o un oído, y que si faltaren, no acabarán con el ser. (Raúl puede no tener un ojo, pero sigue siendo el mismo Ser: Raúl). Estas llamadas en nuestro caso “cosas”, los espermatozoides, tienen vida orgánica propia y generan vida indiscutiblemente, pero si faltasen, no pasaría nada; en cambio El Ser como tal : nuestro susodicho Pedro, no se ha dado la vida a sí mismo, sino que le fue entregada en el misterio de la fecundación. Al unirse con el óvulo, podríamos decir sin escandalizarnos, que el propio Pedro ya era ese espermatozoo en particular que llegó a fecundar al óvulo, pero también debemos decir que el esperma no se ha dado la vida a sí mismo, sino que necesitó del Padre, dueño del aparato sexual que le ha producido , para poder existir como unidad celular, como estructura micro orgánica. También podemos decir, y lo debemos decir también sin escandalizarnos, que Pedro entonces no era nada, y simplemente no existió hasta el momento mismo de la formación del Zigoto. No relación Sexual -> No Zigoto -> No Pedro. Así de sencillo, y si no hubiera habido Pedro no hubiera habido nada de que hablar, no habría pasado nada, seguiríamos igual, pero resulta que no: él fue engendrado por su padre y su madre, y a su vez, no fue Creado por ellos, sino por Dios.

Llegamos aquí, a un punto interesante en el desenvolvimiento de nuestra exposición donde lo iluminamos todo con el aporte de Santo Tomás de Aquino, y decimos con él: “Pero todo lo que conviene a una cosa o ha sido causado por los principios de su naturaleza, como la risibilidad en el hombre, o viene de algún principio extrínseco, como la luz en el aire procede de la influencia del sol. Pero no es posible que el mismo ser haya sido causado por la misma forma o quididad de la cosa, según la causa eficiente, porque entonces una cosa sería la causa de sí misma, y se daría a sí misma el ser, lo cual es imposible.” (de Ente y Esencia, Cap. III)

La quididad o esencia de Pedro entonces, es lo mismo que Pedro es, y que está escrito genéticamente en las herencias que sus Padres le trasmitieron. Pero el Ser de que ha sido provisto Pedro, sólo vino a serle aportado por Dios -que es El Ser sin esencia, pues su esencia es su mismo ser- en el momento Divino y como Sacramental de su concepción, que es exactamente desde cuando va a comenzar a subsistir Pedro en la naturaleza de las cosas.

¡Noticia para la sociedad contemporánea! ¡Oíd! materialistas, cientistas, feministas, Neo-positivistas: El Ser nace para el mundo desde la fertilización, no 9 meses más tarde cuando sale del útero de su Madre.

Decimos finalmente, a manera de conclusión de nuestro ensayo, que si tomásemos a dos personas con una quididad una y propia de por sí; Así perteneciesen al mismo género, es decir, si tomásemos a dos seres distintos: Pedro y Pablo. La diferencia entre ellos como esencias no la podríamos catalogar dentro de una clasificación ontológica. Pues su ser ha sido dado por Dios en medio de su infinita Bondad creadora de seres a su imagen y semejanza. Ellos dos SON, pero gracias a que en ellos fue insuflado Un Ser. Las diferencias entre ellos, pues, serían de carácter meramente óntico; cual si fuesen dos espermatozoides observados bajo el microscopio, dos boxeadores en el momento de su pesaje, o dos epistemólogos de distintas escuelas; puesto que nosotros sólo llegamos a clasificar sus atributos y sus accidentes, jamás podremos identificar con nuestra razón lo que es su dimensión ontológica particular. Empero, sí sabremos que cada uno de ellos, sencillamente, ES. Y este, es el primer paso para construír una ética que respete la vida y a Dios.