Como llegó la noche; Huber Matos

Historia política de América latina del siglo XX. Literatura hispanoamericana. Siglo XXI. Narrativa cubana. Escritores cubanos. Biografía política. Cuba. Revolución cubana. Fidel Castro. Dictadura

  • Enviado por: Paco
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HISTORIA POLÍTICA DE AMÉRICA LATINA. SIGLO XX

2ª Prueba de Evaluación a Distancia.

Comentario: “Como llegó la noche “ de Huber Matos

Las memorias de Huber Matos son muestra de la parte de la historia que queda oculta, tanto por personal como por inscribirse en la historia de los perdedores, que tarda mucho en contarse o no se cuenta jamás.

Prescindiendo de la tendencia al protagonismo que conlleva toda autobiografía, el libro es un trágico anecdotario, y un ejemplo, del sufrimiento que infligen las dictaduras a quienes las enfrentan, y de la frustración que sufre quien ve alterado irremisiblemente el ideal por el que luchó por quienes eran sus compañeros.

Esta disyunción es recurrente en todas las revoluciones, tras una primera etapa, en la que la existencia de un enemigo común y un modo común de combatirlo sirve de aglutinante a las diferentes formas de entender la sociedad, deviene otra en la que las diferencias en la ejecución del programa y la praxis del poder, separan a los aliados y los enfrenta en revolucionarios (los que ostentan el poder) y los revisionistas o contrarrevolucionarios, (los que pierden ese poder).

El libro de Matos, si bien tiene dos partes diferenciadas, las cuales comentaré desde mi escaso conocimiento de la revolución cubana, y de los personajes que en el libro aparecen, si tiene como hilo conductor la reivindicación del autor de su papel, mas o menos protagonista en la insurrección y oposición castrista.

La primera parte del libro refleja la participación de Matos en la resistencia y posterior insurrección contra la dictadura de Batista. Participación que desde las filas del ortodoxismo fue modesta ( aunque comprometida y arriesgada) y que aumenta desde la llegada a Sierra Maestra, a la que llega como un incorporado mas a la guerrilla de Castro, que es el líder indiscutible desde Moncada.

Probablemente la falta de cuadros y organizadores facilitó el ascenso de Matos en la jerarquía insurreccional, y es aquí donde encuentro el primer desacuerdo de su libro con la historia oficial, no solo cubana si no también la europea.

El papel que él dice jugar en la organización, planificación y ejecución de la ofensiva en el frente oriental incluida la conquista de Santiago de Cuba, la historiografía se lo atribuye a Juan Almeida, figura a la que Matos muestra como sin preparación, formación ni iniciativa como así dice que se lo reconoce Fidel.

Ahora bien, aún dando por buena la versión de Huber Matos, su versión indica que, dentro de la jerarquía revolucionaria, Castro lo tenía como en segunda fila. Así se puede interpretar el hecho de que se le encargara la conquista y posterior organización de la provincia oriental, con una gran capital, si, pero lo suficientemente alejada de los centros políticos, administrativos y financieros de la nueva Cuba. Ese arrinconamiento creo que se remarca incluso con el encargo de aplicar la reforma agraria de forma experimental, sin aprobar la ley, encargo hecho por Fidel y que Huber tiene como muestra de confianza.

Todos los hechos relacionados con la etapa de Sierra Maestra y las operaciones de la provincia Oriental, se presentan de forma que favorezcan una línea argumental, que se inicia con muestras de cobardía en Sierra Maestra, continua con los desencuentros y errores tácticos con Fidel, la sospechosa relación con la marihuana, la bajeza moral y el sectarismo de Raúl, la inconsecuencia e indefinición ideológica de Cienfuegos, por la que queda de manifiesto la mayor catadura moral del autor frente a sus futuros enemigos.

El papel de la jerarquía revolucionaria en su juicio ( en el que Raúl y Fidel salen moralmente derrotados y la oficialidad apoya testimonialmente a Matos) el especial ensañamiento que el aparato represivo castrista le dedica pero que no se atreve a matarlo, abundará en esa idea llevando al lector a la hipótesis, nunca manifestada pero si insinuada, de que el Castrismo veía en Matos una alternativa de poder cuya altura moral y méritos revolucionarios les intimidaría de tal forma que tanto su libertad como su muerte les era perjudicial.

No conozco la valoración que tiene el autor dentro de los ámbitos anticastristas, sin embargo su caso, por desgracia, no parece tan exclusivo como se puede desprender de su biografía, y la historiografía no le da un tratamiento acorde con la relevancia militar y política que el autor se concede, lo que quizá una injusticia histórica, pero no le sitúa en posición tan señera como se desprende del texto.

En la segunda parte del libro, el cautiverio, siendo importante la fuerza moral que destila el personaje y su pulso personal por mantener sus ideas y dignidad como persona y preso de conciencia, me parece tan o mas apreciable la narración de cómo se organizaba la resistencia anticastrista dentro de las prisiones, y como el régimen utiliza la política penitenciaria como moneda de cambio en sus relaciones internacionales.

Las narraciones mas personales de esta parte del libro muestran bien a las claras lo que una dictadura supone de falta de libertades y garantías de respeto a los derechos humanos, de anulación de la libertad de elección, de desprecio a la opinión de los ciudadanos a los que dice proteger y liderar, de represión contra todo lo que suponga un peligro a su propia supervivencia, único fin que acaban teniendo, y esto por muy buena prensa que alcance entre los sectores progresistas internacionales por su enfrentamiento desigual contra otra nación imperialista y agresora.

Esta es una idea que no queda reflejada en la obra de Matos. Para él está claro que es el apoyo de la Unión Soviética, el que logra mantener a Castro en el poder junto con la represión interna. Sin embargo no analiza la importancia de la actitud anticastrista de Estados Unidos, que en una época de clara conciencia antiimperialista y emancipadora, acabó generando un gran apoyo internacional entre los países no alineados recién independizados, los del bloque soviético y varios países de la Europa occidental, y ese mismo posicionamiento norteamericano sirvió como aglutinante interno entre la población de Cuba que independientemente de su sinceridad o no en el apoyo al Castrismo, tampoco parece que lo confronte.

¿Como entender, si no, que falto del apoyo soviético y de respaldo económico internacional, con un embargo económico, imperfecto pero demoledor, con una carencia casi absoluta no ya de bienes de consumo, sino de artículos primera necesidad, con un país cuyo consumo interno se nutre de artículos introducidos por mecanismos cercanos a la caridad internacional, (solidaridad con el pueblo cubano) se pueda seguir manteniendo la dictadura castrista? ¿Solo con represión y propaganda? Creo que eso es poco menos que imposible, ni siquiera teniendo en cuenta el despoblamiento opositor que supone el exilio cubano.

Creo que Huber Matos necesita creer que la mayoría del pueblo cubano sufre el castrismo por que la represión le impide confrontarlo, para darle sentido a su propia resistencia, heroica y minoritaria, a una dictadura represora con un aparato policial eficaz, que los reprimidos solo pueden contrarrestar con apoyo mutuo y colectivizando el sufrimiento y su superación, apoyo del que la oposición cubana creo que ha carecido en estos casi cincuenta años de castrismo.

Por eso resulta interesante como en el interior de las cárceles, a pesar de que en ellas es mas agudo y omnipresente el aparato represor, se logra organizar una resistencia capaz de organizar correos con el exterior e ínter carcelarios, publicaciones internas y manifestaciones políticas externas, manifestaciones continuas de resistencia pasiva y varias huelgas de hambre. Todo ello mediante conexiones personales de confianza y a través de los lazos familiares, y aprovechando los incesantes traslados de celdas o de prisión. Utilizando los escasísimos medios que un medio tan represor ponía a su alcance.

Si eso se puede organizar dentro de las cárceles, en medio de torturas, traslados y represiones sistemáticas y bajo el control inmediato y permanente de los agentes represores, tal y como queda relatado pormenorizadamente en el relato de Huber, que en esta parte es mas preciso y detallista , quizás por el dolor y la impotencia retenidas en la memoria, ¿Qué no se pudiera haber organizado en el país con ese supuesto sentimiento mayoritario contra Castro?

Por otra parte, resulta claro, no solo en el texto de Martos, la utilización de la política penitenciaria castrista para fines de prestigio exterior y neutralización interior. Evidentemente no es exclusivo de esta dictadura este mecanismo, pero si es posible que sea el régimen que mejor rendimiento le ha sacado.

La excarcelación de presos políticos cubanos, con la condición del exilio, solía coincidir con las necesidades del régimen de suavizar las relaciones con Estados Unidos, etapa de Carter, con Europa y con las organizaciones que de un modo u otro apoyaban la revolución cubana en su confrontación antiimperialista, pero no podían admitir que ésta reprimiera los derechos humanos.

Así mismo, el episodio de los balseros, con la salida de miles de cubanos con la aquiescencia de Castro, sirvió para aliviar la tensión social, al evacuar cientos de delincuentes comunes, parados y marginados, junto a un número indeterminado de disidentes políticos, avalancha que de paso le creó un problema a los Estados Unidos con la disidencia cubana en Miami.

A pesar de estas válvulas de escape, tras leer la biografía de Huber Matos, no puedo dejar de pensar que, contrariamente a sus creencias, la oposición interna a la dictadura castrista no parece ser mayoritaria en la isla, y que parece pesar más los aglutinantes que usa la dictadura, basados en el enemigo exterior y el control interno de la educación y la propaganda que el hecho de soportar una dictadura, hija de una revolución frustrada, que como todas, pasó a priorizar su propia permanencia en el poder por encima del bienestar del pueblo al que dice defender y liderar.

Tras tantos años de dictadura, parece que tanto el pueblo como la disidencia aguardan hoy, resignados, al fallecimiento de Castro, para intentar una transición que devuelva la democracia social y política a la República de Cuba