Comenius. Dewey

Pedagogía moderna. Utopía. Pensamiento. Teoría. Escuela. Magna. Progresiva. Desigualdades sociales. Social. Democracia. Infancia

  • Enviado por: Natalia Sardiña
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 8 páginas
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Joan Amós Comenius

John dewey

Pedagogía

Introducción

En este trabajo analizaré algunos elementos en torno a las utopías de la obra de Comenius en el marco de la pedagogía moderna, luego abordaré algunos aportes a la pedagogía de John Dewey, quien realizó una critica bastante importante a la escuela tradicional. Como conclusión, haré algunas comparaciones sobre estas dos pedagogías, desde mi punto de vista.

La pedagogía moderna de Comenius

El paradigma transdiscursivo de Comenius expresado en Didáctica Magna constituye el núcleo de la pedagogía moderna. Esta obra fundante es el instrumento teórico principal que responde al desafío de la educación del cuerpo infantil en la modernidad a través de una tecnología social nueva: la escuela.

Funciona como paradigma transdiscursivo, como un modelo constituido por elementos relacionados entre sí que contribuye a la explicación de la realidad desde una visión particular, y que tiene por cualidad su continuidad. Aparece delineando lo que 350 años después se constituye como la organización que predomina la educación.

Comenius instaura dos grandes utopías que parten de un elemento sobre el cual se basa la pedagogía y que el mismo autor sintetiza: “Conviene formar al hombre si debe ser tal”. Esto tiene dos implicancias:

  • El hombre en tanto es tal, tiene la capacidad de ser educado. Cuando habla de formar se hace referencia a mecanismos racionales de actividad sobre el otro, que necesitan ser dirigidos.

  • El educador tiene una de las responsabilidades más grandes: hacer que el hombre sea hombre.

A partir de esto se pueden nombrar las dos grandes utopías:

  • De orden sociopolítico: Este ideal se resume en el título “ideal pansófico”, que expresa el fin de la escuela como instrumento capaz de enseñarle todo a todos.

  • De orden metodológico: la armonía y equilibrio entre enseñante, enseñado y método: el orden mismo de las cosas. Todos los caminos están estipulados. El orden escolar será capaz de eliminar la improvisación, la incertidumbre, la indisciplina por medio del método escolar.

Con respecto a la utopía de “enseñar todo a todos”, insiste en que deben ser educados pobre y ricos, mujeres y hombres, inteligentes y estúpidos. Pero esta universalidad tiene sus límites y encontramos en su propuesta una respuesta a las pretensiones y la concepción del mundo de la burguesía. Quiere que los pobres y los estúpidos vayan también a la escuela, pero hasta cierto punto. Tan sólo asisten a la misma sus dos primeros niveles, el maternal y el común - y el maternal puede llamarse escuela mediante un significado erróneo, ya que este nivel se trata de la educación familiar-. El tercer nivel queda restringido para los más capaces y a los que dispongan los medios para acceder a la misma, y el último, la universidad o academia, queda reservado exclusivamente para “la flor de los hombres”.

También el acceso a las mujeres está limitado en cierta medida en su obra. El énfasis en los dos sexos desaparece en los niveles superiores, y el lugar de la mujer en su época no estaba en algo más que los oficios, sino en la familia, la religión y los niños. La educación de la mujer responde a lo que es necesario para el cuidado familiar, la salvación propia, del marido y de los hijos.

De este modo, Comenius instaura un cambio importante, pero también se justifican las diferencias sociales como fruto, no de los privilegios del contexto donde se desarrolla el hombre, sino de las capacidades de cada uno en un sistema de igualdad de oportunidades. En la escuela los individuos muestran sus diferencias, cada uno muestra sus capacidades y en función de ellas encontrarán un lugar dentro de la escuela y en la sociedad. A través de la gradualidad del sistema de enseñanza se asignan diferentes funciones para los distintos niveles sociales en su paso por el mismo, legitimándose así la desigualdad social.

En la Didáctica Magna el empeño esta puesto sobre el método, al que el docente debe seguir cuidadosa y rigurosamente. Supone la existencia de un orden general que el docente necesariamente lo acepta y lo pone en funcionamiento.

Uno de los principales fundamentos tiene que ver con el camino que va a tomar el que va a enseñar. Todos los preceptos ordenan el quehacer del educador con el fin de que nada de su accionar quede librado al azar o a su propia iniciativa. El método esta dado desde arriba, el educador tiene que cumplirlo y de este modo se lograran los fines propuestos para la escuela.

Sin embargo, su rol no es solamente el de cumplir con el método establecido, sino que también el docente es el único que ocupa el lugar - rígido, inamovible- del que sabe en la escuela, el alumno es el que no sabe, es el ignorante.

El docente tiene un lugar único y privilegiado en la escuela, es el responsable de educar a un grupo de chicos, en el mismo tiempo y lugar y con los mismos saberes. El docente ocupa el lugar del que sabe y el alumno del que no sabe, el depositario futuro de saberes.

El docente es también un intelectual, pero es un intelectual vigilado por el discurso que determina las actividades de enseñanza que debe desarrollar. El docente es el responsable de todo lo que ocurre en la escuela siendo él quien tiene que cumplir con el método establecido por los pedagogos.

Por ejemplo, en cuanto a la disciplina escolar, la responsabilidad del mantenimiento del orden es del docente y no del alumno, y en el caso de que haya algún acto de indisciplina es el educador el que tiene la culpa. Son sus errores en la aplicación del método didáctico los que determinan las situaciones indeseables, conflictivas.

Con respecto a la infancia moderna, en Comenius no se encuentra aun una infancia pedagogizada. En la Didáctica Magna, la infancia es un hecho dado, un estado que no se puede evitar en una trayectoria predeterminada del hombre. La posición del infante implica la posición del alumno y las características del niño en general. Niño y alumno son indiscernibles en la pedagogía de Comenius. Quien esta en la posición de alumno esta dentro de la infancia, cualquiera sea su edad.

Comenius sugiere una alianza familia- escuela. Para el autor la educación de los hijos es responsabilidad natural de los padres. Sin embargo, por falta de tiempo y por escasos conocimientos adecuados por parte de los mismos, es necesario que los padres confíen la educación de sus hijos a los maestros.

Los educadores son profesionales que con métodos racionales actúan ordenadamente sobre los niños. Este traspaso de la esfera privada -familia- a la esfera pública -escuela- requiere de un contrato fundamental entre las dos partes. El docente es el responsable de la tarea de educar, por consiguiente los padres deben reconocer y aceptar la validez y legitimidad de la cultura escolar y por lo tanto deben someter sus propias modalidades a la disciplina escolar.

Otro de los componentes necesarios para lograr las utopías establecidas es la “simultaneidad sistémica”. Comenius establece un modelo capaz de se distribuir en forma equitativa los saberes de la humanidad y así se dedica a normalizar los componentes necesarios para lograr el modelo deseado. Esta simultaneidad sistémica implica no solamente que todos deben concurrir a la escuela, sino que además lo deben hacer en el mismo tiempo - el mismo tiempo en cuanto a la edad, en cuanto a la época del año y en cuanto a las horas del día-. De este modo, todos los niños de la misma edad, estarán aprendiendo los mismos saberes, en la misma época del año y en el mismo momento del día, en todas las escuelas.

Comenius instaura un modelo de orden en lo que respecta al tiempo, que podríamos encontrarlo en lo que se denomina “calendario escolar”. El mismo sostiene:

“Gran parte de la buena organización de las escuelas será la acertada distribución del trabajo y el reposo, o sea de sus labores y las vacaciones y recreos”

Esta simultaneidad sistémica supone un nuevo mecanismo en cuanto a los contenidos. En Didáctica Magna aparece el mecanismo de la “gradualidad”. De éste se desprende el orden efectuado a la normalización del método de enseñanza. La variación en los contenidos está dada por la graduación, todos los alumnos de etapas diferentes serán enseñados con los mismos contenidos - que son todos los saberes- pero se abordarán de forma gradual con respecto al grado de complejidad. Se respeta aquí uno de los preceptos en cuanto al método de enseñanza: se enseñará siempre de los más fácil a lo mas complejo. En palabras de Comenius:

“... en las escuelas primarias ha de enseñarse todo de un modo general y rudimentario y en las siguientes también se enseñará todo, pero de un modo más particular y minuciosamente...”

Para que la educación sea válida y eficaz, los distintos niveles deben ser autosuficientes y es por eso que en cada uno de ellos se enseña “todo a todos”. Como los pobres pasarán sólo un tiempo restringido en la institución, en su paso por la misma “todo” les debe ser enseñado.

La pedagogía progresiva de John Dewey

Cuando Dewey comenzó a incursionar en la pedagogía llegó a la conclusión de que la escuela tradicional se contradecía con las concepciones psicológicas del momento. Sostenía que la misma era autoritaria, y se fundaba en que el alumno tenía que depender de la mente y voluntad de otro.

Criticaba el método de instrucción ya que era altamente autoritario, el maestro era el monarca de la clase, la sumisión y la obediencia eran más apreciadas que la iniciativa e independencia del alumno. Se premiaba la pasividad del alumno y el maestro tenía la responsabilidad de mantener el orden.

Dewey estaba en desacuerdo con las pedagogías que implicaban al maestro imponiendo a los niños fines educativos sin ser consultados, y que a su vez las metas que los maestros imponían les eran también impuestas desde arriba por sus superiores.

Este autor se sitúa a la cabeza del movimiento de la pedagogía progresiva, expresaba que la educación era un proceso de desarrollo -dinámico- y le preocupaba la idea de que dicho proceso estuviera subordinado a un fin inflexible y estático. Por eso afirmaba que el único fin apropiado de la educación era precisamente más educación.

La educación no tenía como finalidad para Dewey formar al niño de acuerdo con un modelo distante, sino su función era la de ayudarlo a resolver los problemas que se le iban presentando dentro del ambiente físico y social en el que se encontraba.

Por eso la escuela Dewey tomó como punto de partida no las actividades del adulto en las que participaría en un futuro el niño, sino las actividades ordinarias de los mismos en las cuales estaba comprometido.

La educación en sí misma era un proceso para descubrir que valores eran dignos de ser perseguidos como objetivos. De aquí que no ofrecía un modelo al cual se haya de conformar la educación, cada día de enseñanza debía capacitar al maestro para revisar y mejorar la educación.

Dewey sostenía que la filosofía de la educación no sólo obtiene su material original en cuanto a los fines y valores de la experiencia actual, sino que vuelve a estas experiencias para comprobar, revisar, modificar, confirmar y ofrecer nuevos materiales.

Uno de los conceptos centrales dentro de su pedagogía, estaba en el término “experiencia”. La verdad o el valor de la misma dependen de la relación entre lo que se ensaya y su resultado.

El autor estaba convencido que no había diferencias en la dinámica de la experiencia de los niños con la de los adultos. Afirmaba que los niños no llegaban a la escuela como pizarras vacías en las que los maestros debían escribir determinada cantidad de saberes. Cuando el niño llega al aula ya es activo y es responsabilidad de la educación orientar su actividad.

Según Dewey el niño llega a la escolaridad con impulsos innatos - comunicar, construir, indagar, expresar-, estos son los recursos naturales que se deben ejercitar para el desarrollo adecuado del niños. También lleva consigo el alumno intereses y actividades del entorno en el que vive, y el docente debe usar esta materia prima para orientar las actividades hacia resultados positivos.

Criticaba Dewey a los tradicionalistas porque no relacionaban las asignaturas con los intereses y actividades de los niños. En este punto pedía a los maestros que construyan un entorno en el que las actividades diarias de los niños se enfrenten con situaciones problemáticas en las que se necesiten conocimientos teóricos y prácticos para resolverlas.

Dewey sostenía que el programa de estudio estaba para recordar al maestro que les correspondía a ellos hacer que todos los días existan las condiciones necesarias que estimulen y desarrollen las facultades activas de los alumnos.

Para que los maestros orienten de esta forma el desarrollo del niño, es decir de manera no directiva, debían estar perfectamente capacitados en las 4 asignaturas enseñadas, en la psicología del niño y en las técnicas adecuadas para estimular a los niños a que las asignaturas formen parte de su experiencia de crecimiento.

Los dos criterios para establecer una meta válida en educación, es que debe nacer de las actividades actuales de los niños y que los fines a su vez deban ser flexibles.

El programa adecuado para realizar los fines propuestos debe ser un programa de experiencia y que esté en relación con las preocupaciones de la experiencia social. Sostiene que un programa que reconoce la responsabilidad social de la escuela tiene que presentar situaciones en las que los problemas se refieran a la vida cotidiana.

Según Dewey, las personas se realizan utilizando sus talentos naturales y particulares a fin de contribuir al bienestar de la comunidad, es por esto que la función principal de la escuela es formar una sociedad democrática fomentando el espíritu social y democrático de los niños.

La esencia del pensamiento de Dewey es que no hay nada que valga más que lo que los miembros de una comunidad democrática pueden llegar a acordar libremente.

Para esto era necesario que cada persona participe en la determinación de las condiciones y objetivos de su propio trabajo. Afirmaba que la educación para la democracia necesita de un escuela que sea un lugar de vida para los niños, en la que sea un miembro de la sociedad, tenga conciencia de su pertenencia y a la que contribuya. La escuela tiene que inculcar en el niño un carácter democrático partiendo de las capacidades naturales y espontáneas del mismo

En la medida que la escuela forma a los niños en su espíritu democrático, las mismas se convierten en agentes muy importantes de reforma social. Ese era el objetivo fundamental de Dewey: transformar las escuelas en instrumentos de democratización de la sociedad, que no estén organizadas en función a las capas sociales dominantes.

Dewey propone como: “una utopía socialdemócrata”. El ideal social unificador de esta utopía sería un equilibrio entre la presión para no dañar a otros y la tolerancia con diferentes modos de vida, entre vigilancia contra la crueldad y resistencia a edificar un estado panóptico.

El autor consideraba que la mayoría de las escuelas utilizaban métodos individualistas, que requieren que todos los alumnos leyeran simultáneamente los mismos libros y “aprendieran” las mismas lecciones. De esta manera, se atrofian los impulsos sociales del niño y el maestro no aprovecha el deseo natural del niño de dar, hacer, construir, decir, servir, etc.

Dewey en cambio, implementó en su escuela un programa que el denominaba “ocupación”, que era un modo de actividad por parte del niño que reproduce o es paralelo a un tipo de trabajo que el realiza en su vida social. Su escuela estaba compuesta por grupos de edades, cada grupo se ocupaba de diversos proyectos centrados en distintas profesiones. No se trabajan los mismos contenidos y la enseñanza estaba fundada en la acción.

El «método experimental» de la pedagogía de Dewey se basa en la educación de la destreza individual, de la iniciativa y del espíritu en detrimento de la adquisición de conocimientos científicos.

Este autor consideraba la escuela como el espacio de reflexión y producción de experiencias relevantes de la vida social que permite el pleno desarrollo de las personas. La democracia para el era una forma de vida y un proceso de liberación de la inteligencia.

Algunos críticos de Dewey lo consideran como un pedagogo tendiente a una educación progresista “sin objetivos”. Las criticas más importantes que se han hecho a su pedagogía, consisten en que al dejar la educación librada a los intereses y autonomía de los niños, se acaban por rebajar los objetivos educativos.

Sus defensores en cambio, sostienen que los objetivos educativos del mismo eran convencionales y estaban claramente enunciados. Lo que resaltaba de su pragmatismo eran sus métodos que resultaban innovadores y radicales. Dewey valoraba el conocimiento adquirido por la humanidad y quería que los niños tuvieran acceso a los mismos participando en una institución democrática donde no sólo se fomentaba el espíritu democrático de los niños sino también el de los adultos que trabajan en la misma.

Conclusión

Ambas pedagogías parten de distintas utopías, Comenius establece que el fin de la educación es enseñar todo a todos con método único, mientras que Dewey propone como meta de la educación formar una sociedad democrática. A partir de estos dos puntos se pueden nombrar algunas diferencias.

Como punto de partida, la finalidad de la escuela en Comenius estriba en que la misma debe impartir los mismo conocimientos a todos, para formar al hombre como tal. Establece un ideal de hombre al que quiere llegar y en cada nivel se deben enseñar todos los saberes para que cada uno de ellos sea autosuficiente. Dewey por el contrario, no propone un proyecto de hombre al que arribar más que el de desarrollar un espíritu propio y democrático, la función de la escuela tiene como eje central las actividades y necesidades intrínsicas del niño, y el fin de la escuela debe ser flexible: el único fin válido es el de más educación.

Comenius responde a la pedagogía que Dewey llama autoritaria, ya que el alumno es modelado de acuerdo a los intereses y la voluntad de los docentes, quienes a su vez responden a lo establecido por sus superiores. Este modelo, según Dewey, impone a los niños opiniones determinadas acerca del mundo y soluciones previamente establecidas.

El autor de Didáctica Magna establece un método único que todos los docentes deben cumplir, en el mismo tiempo y bajo los mismos modos de enseñanza. El docente es la extensión del brazo del pedagogo capaz de adecuar los preceptos establecidos por los mismo a las más variadas situaciones escolares. Por otro lado Dewey plantea la necesidad de que sea el docente el encargado de desarrollar las facultades naturales de los niños, mediante la motivación la experiencia y la acción. Para Dewey, a diferencia de Comenius, el método no era algo definitivo y único, sino algo que los propios maestros debían experimentar, evaluar y reformar de acuerdo a los resultados obtenidos.

Comenius instaura un mecanismo en el que todo debe ser enseñado, sin tener en cuenta los intereses de los niños, ni sus contextos sociales. Al niño hay que formarlo para ser un adulto donde su espacio ya esta determinado. En cambio Dewey plantea que se deben partir de los intereses de los niños y de sus actividades diarias. Para Comenius la familia y el niño se adecuan a la cultura escolar, pero en el caso de Dewey es la escuela la que se adapta al contexto de los niños.

También la concepción de la infancia es distinta entre estos dos autores, el primero afirma que el niño no sabe, ocupa el lugar del ignorante y es el docente el que debe inculcarle todos los saberes a través de un método armonioso. Dewey por el contrario sostiene que los niños no son una tabula rasa, sino más bien que traen capacidades innatas y experiencias propias que el docente debe aprovechar para incorporar los saberes escolares a sus experiencias.

Con respecto al cambio social, mientras Comenius, como ya he mencionado, establece un sistema donde los pobres sólo van a la escuela un período acotado de tiempo teniendo esto como consecuencia la reproducción de la sociedad, Dewey establece que la escuela tiene que ser un agente de reforma social. El mismo critica la escuela tradicional diciendo que no ha sido concebida para transformar la sociedad, sino para reproducirla, siendo un sistema que siempre ha estado en función del tipo de organización de la vida dominante.

En mi opinión no se trata de juzgar una pedagogía como mejor o peor, sino rescatar los aportes que han hecho cada una teniendo en cuenta el momento socio- histórico donde surgieron. Si bien cada pedagogía tiene sus puntos débiles, los cuales son necesarios de analizar, también es importante valorar los elementos positivos que innovó en su momento.

Bibliografía

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  • NARADOWSKI, M. Se acabo la pedagogía, dijo el pedagogo. Revista Novedades Educativas. Argentina. 1996

  • DEWEY, J. Las escuelas de mañana. Argentina. Losada. 1950

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Sitios de Internet:

Comenius, Joan Amós. Didáctica Magna. 1986. Pág. 117.

Op. Cit. Pág. 274.