Colonización griega

Historia de la Grecia Antigua. Metrópolis. Colonias. Sicilia. Mar Negro. Tracia. Magna. Adriatico

  • Enviado por: Isabelle Jüng
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 20 páginas

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LA COLONIZACIÓN GRIEGA

EN LA ÉPOCA ARCAICA

ÍNDICE

  • Problemas del término colonia ………………………………..…….. pág. 3

  • Antecedentes y causas ………………………………………………. pág. 3

  • Características de las colonias ……………………………………... pág. 5

  • Oleadas colonizadoras ……………………………………………..... pág. 7

  • Áreas de expansión ……………………………………………….. pág. 9

  • Consecuencias de la colonización …………………………………... pág.19

  • Bibliografía …………………….……………………….……...….… pág.20

I.PROBLEMAS DEL TÉRMINO COLONIA

La palabra griega exacta para designar a una colonia es apoikia, que, formada por el prefijo ððð y la palabra ððððð, quiere decir “casa lejos” literalmente. El rasgo esencial de la apoikia es su condición de polis, como su metrópolis, es decir, un estado desarrollado en todos sus elementos esenciales que representan la forma de vida griega, trasplantada a regiones no griegas.

Lógicamente, la creación de la apoikia conllevaba un traslado de la población desde la metrópolis hasta el lugar elegido pero no es una migración total, sino parcial, que no abandona su punto de partida. La colonización no significa migración sino más bien expansión, que en conjunto no mudaba las primitivas posiciones y que sólo se enriquecía con otras nuevas. También se diferencian en que la migración es propia de un estado primitivo que no tiene un modo de vida ni una identidad diferenciada, mientras que la otra presupone una experiencia de civilización superior. Asimismo la colonización puede ser repetida, y de esta forma fue entre los griegos.

Además de apoikia existen otros términos para designar a las colonias, pero tienen un contenido semántico distinto. El primero de ellos es klerukía, procedente de la palabra ðððρðs, tierras del cultivo, que hace referencia a una clase especial de colonias de Atenas, desarrollada en la época clásica, cuyos objetivos eran diferentes a los de una apoikia. Debido a eso, su estado jurídico y el de sus habitantes es distinto al de las otras apoikias, pues dependían de la metrópolis teniendo que ajustarse a sus normas. La otra palabra es emporion que se refiere al intercambio comercial, como es el caso de Naúcratis o Al-Mina, cuyas características difieres de los dos términos comentados antes. Una buena traducción al inglés sería port of trade, más o menos puerto de mercancías.

II. ANTECEDENTES Y CAUSAS

LOS SIGLOS XI Y X: LA PRIMERA COLONIZACIÓN

Hacia el año 1000 se efectuó una oleada de asentamientos del pueblo griego, aunque no fue planificada para servir de refuerzo de los núcleos de población ya existentes. De hecho, fue bien distinta a la colonización de la posterior época arcaica pues se trataba de grupos independientes de emigrantes jonios conducidos por aristócratas, a los que luego se recordaría como fundadores de las nuevas ciudades. En el caso de Atenas: la dirección corrió a cargo de la propia familia real ateniense. Del mismo modo, focidios, eubeos y beocios participaron de esta migración.

El desarrollo de las ciudades del oeste de la península griega patente en las regiones de la Argólida, el Ática y Tesalia es una de las consecuencias que arrastra este acontecimiento ya que, a través del Egeo, entraron en contacto con regiones más avanzadas de Asia menor. La población del interior se desvió hacia las zonas costeras para establecerse y lograr mejoras económicas. Posteriormente, los lazos con las localidades del otro lado del mar y el acelerado proceso de desarrollo y prosperidad de las ciudades hicieron que las comunidades griegas más activas volvieran los ojos hacia el Egeo y hacia sus regiones interiores, de manera que se convirtió en el centro de la civilización griega.

Sin embargo, el descuido de las vías terrestres del interior y de las marítimas como el Golfo de Corinto no podía durar demasiado tiempo, de forma que el modelo cívico griego se rompió. Por ello, Tesalia entra en una era de atraso y oscuridad, Corinto desvía su atención al Mediterráneo occidental, Esparta comienza a tener importancia y surgen los santuarios panhelénicos de regiones marginales como la Fócide y la Élide.

CAUSAS DEL MOVIMIENTO COLONIZADOR

La dinámica política seguida por las poleis griegas a comienzo de la época contenía el descontento que generaría una profunda crisis social, fundamentada en el desigual reparto de la riqueza, es decir, la concentración de la mayoría de las tierras en manos de unos pocos, mientras que la mayor parte de la población apenas subsistía con pequeños lotes.

Además, hay que añadir que sucedieron otros hechos que empeoraron la situación. Primero, la culminación del crecimiento demográfico que se venía dando desde la Edad Oscura por todo el territorio heleno; en segundo lugar, la escasez de tierras cultivables por causa de las difíciles condiciones orográficas y el acaparamiento de las más fructíferas y de mayor extensión por unas pocas familias y, por último, el cese de la distribución de las tierras de propiedad comunal.

Ante esta situación, los propios griegos proponían soluciones tales como la reducción del número de hijos, que heredaban a partes iguales las propiedades paternas. Pero esto implicaba que los futuros hijos se encontrarían con unos campos de trabajo tan reducidos y tan improductivos que no podrían subsistir.

Cualquier adversidad como una mala cosecha o una sequía provocaba estragos entre los campesinos. Su única salida era pedir préstamos a familias ricas, pero esto no solucionaba el problema. Como era imposible devolver el préstamo por lo mismo que se había producido la escasez, el campesino y su familia caían en poder del acreedor en calidad de esclavos.

Poco a poco, el proceso se agravó, y llegó a tales límites que en las ciudades se asistió a un cambio de sistema político. Así pues, surge la figura del legislador que al final se transformará en la del tirano.

Esta evolución política se favoreció con otros elementos, por ejemplo, el militar. Hasta el siglo VIII aproximadamente, la guerra estaba basada en el combate regular, en el guerrero de carro o a caballo, que soportaba el gran peso de su equipo defensivo. Este modo de lucha conllevaba una serie de circunstancias políticas como la existencia de la aristocracia, que designaba a aquellos que eran aptos para defender la patria.

En el primer cuarto del siglo VIII se observan cambios en la estructura de la milicia, tanto en la táctica como en las armas. Florece entonces el ejército de los hoplitas, que paulatinamente se iría implantando en el mundo griego. Su armamento era mucho más ligero y de mayor capacidad ofensiva y la formación de ataque se componía de una línea cerrada, donde el individuo era considerado como una parte de la colectividad. Este ejército necesitaba muchos soldados capaces de financiarse el equipo y sólo se podían conseguir tirando del campesinado. De esta forma, con una responsabilidad cívico-militar, los hoplitas pasaron a ocupar un puesto importante en la sociedad griega arcaica, aunque el oligarca tuviera que consentir la formación del mismo.

Otro factor de gran relevancia es el comercio. Aunque por aquella época estaba en manos de los fenicios, los griegos, basándose en la experiencia de ésos (por ejemplo, adoptaron su forma de navegación y la estructura de los barcos), supieron crear su propia red de comercio a pesar de que no era ésa su intención en un primer momento. Concretando, el asentamiento de núcleos griegos en tierras ultramarinas abrió nuevas perspectivas, mercados inexplorados, pero ellos no pensaron en fundar colonias para tejer su entramado comercial.

Parece inverosímil que esta actividad pudiera darse en el estado en el que se encontraba la Grecia arcaica. En efecto, era inexistente en un principio: no había excedentes en la agricultura que permitieran la puesta en venta de los productos y los artesanos o demiurgos se limitaban a abastecer a su vecindario y a los nobles de la ciudad. El paso del tiempo modificó estas circunstancias, aunque no en todas las ciudades se produjo con la misma celeridad. Los artesanos, en buena parte extranjeros, y la producción de vino y aceite contribuyeron a lograr los excedentes vitales para el comercio. Esto también ayudó a la introducción de la moneda en el siglo VII.

Esta estabilidad hizo que se volviera a abrir la comunicación entre las poleis y las colonias jonias de la península de Anatolia fundadas en la Edad Oscura. Asimismo, los griegos se relacionaron con otros pueblos comerciantes para el intercambio de materias primas. Bien vale como muestra de ello el interés puesto en el puerto de Al-Mina, situado en la desembocadura del río Orontes, que se dedicaba de manera exclusiva, al parecer, al comercio entre el mar Egeo y la región de Siria, la cual importaba material traído desde tierras lejanas.

Además establecieron contacto con la poderosa Cartago, colonia fenicia que impulsaba crear su propio imperio comercial con establecimientos en el sur de Hispania, tales como Cartago Nova y Malaca, en las islas Baleares, el oeste de la isla de Sicilia, Córcega y Cerdeña. Para la colonización griega fue una verdadera suerte que los fenicios y los púnicos se mantuvieran en los límites de su estrecho eje, sin mostrar voluntad de salirse del mismo.

Finalmente, cabe reseñar algunos hechos puntuales que determinaron las expediciones coloniales. La excepción del puerto de Al-Mina en la zona siria es uno de ellos, al igual que Naúcratis en Egipto, pues no era una apoikia, sólo eran unos cuantos mercaderes griegos que se limitaban a intercambiar mercancía con Asia. La presión persa sobre Focea hizo huir masivamente a sus habitantes a Córcega; los hijos ilegítimos de las espartanas, al no tener derechos cívicos, resolvieron en la fundación de Tarento, en el sur de Italia; una ola de calcidios marchó a Region, también en el sur de Italia, por causa de las luchas con los eretrios por el dominio de la llanura lelantina o cómo, según las leyendas, Archias partió de Corinto para fundar Siracusa por el asesinato de un joven.

III. CARACTERÍSTICAS DE LAS COLONIAS

LA FUNDACIÓN

La decisión de fundar una apoikía corría a cargo de las recientemente creadas poleis griegas, a pesar de que también existió la iniciativa privada e incluso colonias que fundaron sus propias colonias.

En la metrópolis, que así es como se denominará la ciudad de origen, elegían primero el lugar de colonización y consultaban a los dioses para que les dieran su beneplácito, normalmente en el oráculo de Delfos; después, escogían al oikistés, el fundador, siempre procedente de una familia aristócrata, y por último, ordenaban el reclutamiento de los demás colonos (normalmente un diezmo de la población).

Éstos participaban a petición propia, pero en caso de falta de voluntarios, se recurría a sortearlo entre ellos. Esta decisión afectaba a todos los ciudadanos libres y además se tenía que respaldar con una serie de sanciones colectivas, entre las que siempre se incluía la renuncia a la ciudadanía de la metrópolis por parte de los que se marchaban.

El acto fundacional gozaba de gran religiosidad, tanto por las consultas realizadas antes de partir tanto por el traslado del fuego sagrado de la metrópolis a la apoikía que uniría las dos ciudades con lazos de parentesco y culto. Esta ceremonia era función propia del oikistés, que depositaría el fuego en un templo de la colonia dedicados a los dioses patrios. Respecto al oikistés se sabe que recibía honores de héroe una vez muerto pero existe una gran oscuridad documental en este aspecto. Parece lógico pensar que sería el primer dirigente de la apoikía con poderes casi absolutos, hasta que en la localidad se organizara un corpus de magistrados y se formaran las instituciones, siguiendo, claro está, el patrón de la metrópolis.

No se ha averiguado exactamente en qué medida participaba la metrópolis en el dictamen de las leyes por las que se regiría la colonia. Se puede suponer que daban directrices generales al oikistés susceptibles a modificación según las circunstancias. Esta incertidumbre se extiende al reparto de las tierras colonizadas, cómo se dividían los lotes, de qué forma se distribuían…

Se ignora si los oikistai, completada su misión, tenían que regresar a su patria o si se les permitía la permanencia temporal o vitalicia. Lo que sí se conoce es que los colonos no podían volver a no ser que tuvieran algún enlace en la metrópolis como un hijo o un hermano, aunque normalmente cada colono se trasladaba con su familia al completo.

LAS RELACIONES METRÓPOLI - COLONIA

En resumen, estas relaciones fueron buenas y enriquecedoras para ambas. La colonia siguió las pautas de la ciudad originaria correspondiente pero dentro de un marco de gran libertad marcado por las condiciones geográficas, económicas y sociológicas de cada una, diferentes entre sí, de ahí su diferente evolución a lo largo de la historia. Esta relación es comparada frecuentemente con la existente entre padre e hijos; la violación de este principio de respeto y aprecio a la metrópolis era objeto de burla, humillación y vituperio.

En un principio, como ya se ha dicho, los colonos perdían los derechos de ciudadanía de la metrópolis pues se trataba de un estado totalmente nuevo. En épocas posteriores, en vez del sistema de la apoikía se empleó la cleruquía, desarrollada por Atenas como medio para expandir su influencia política y económica en la que los clerucos no perdían la ciudadanía originaria al mudarse.

No obstante, la independencia política de la apoikía era un orgullo para la metrópolis, pues era muy prestigioso contar con una población próspera nacida de otra. Existen algunos casos tales como las de Masilia o las fundaciones tardías de la tiranía corintia que, concebidas para robustecer su esfera de influencia, estaban sometidas a una relaciones de “vasallaje” político; o las colonias de la ciudad de Sínope pagaban una serie de tributos entendidos como respuesta al usufructo de las tierras de cultivo, cuya propiedad pertenecía al estado de la metrópolis en último término.

En cuanto a religión, como ya se ha mencionado, se transportaba el fuego sagrado de la metrópolis a la colonia y se hacían los rituales oportunos a los dioses estatales. La colonia enviaba delegados especiales y ofrendas a la polis de origen con motivo de las fiestas mayores y, al ser una relación recíproca, la metrópolis mandaba enviados para los actos solemnes del lugar. Este puesto honorífico de los dioses griegos no quiere decir que sólo los adoraban a ellos sino que se desarrollaron otros cultos de deidades autóctonas a la manera griega.

La existencia de estos lazos de unión inmateriales explica el hecho de que las colonias pidieran ayuda a la metrópolis en caso de necesidad. Ello no implicaba que si las colonias entraban en conflicto con otra población, la metrópolis tuviera la obligación de intervenir. Hay que añadir que ni siquiera coincidían en enemigos y aliados, por que cada una gestionaba su política exterior.

RELACIONES CON LOS INDÍGENAS AUTÓCTONOS

Aunque los griegos no tratasen de penetrar en los territorios en cuyas costas se instalarían, necesitaban obtener, o por lo menos imponer, el consentimiento de los habitantes. A pesar de que los indígenas estaban peor organizados pues su sociedad era más primitiva, unas veces se llegaba a acuerdos pacíficos; otras, a través de largas negociaciones. Incluso algunas ciudades como Siracusa o Bizancio lograron repeler o esclavizar a sus vecinos no griegos. Los cronistas locales de épocas posteriores celebrarían estas victorias como un triunfo de la inteligencia helena sobre la imbecilidad de los bárbaros. No obstante, la gran mayoría no fueron tan afortunadas y se las tuvieron que ver con sus vecinos mediante el comercio y los matrimonios mixtos, llegando a compartir el territorio. Las relaciones pacíficas eran ventajosas pues disponían de mercancías, productos de sus industrias, que los indígenas podían utilizar y a cambio, recibían materias primas, que les eran necesarias.

En aquellos lugares a donde llegaban procuraban poner en contacto a las gentes de allí con la “alta civilización”, es decir, se procedía a la helenización del lugar. Las nuevas poleis proclamaron orgullosamente su carácter helénico construyendo templos monumentales, ofreciendo su patrocinio a instituciones panhelénicas como el oráculo de Delfos o los Juegos Olímpicos, e intentando mantenerse al corriente de las innovaciones culturales procedentes del Egeo. De hecho, los primeros ejemplos de alfabeto y hexámetros griegos se encontraron en la colonia de Pitecusa.

Los griegos no se toparon nunca con un pueblo navegante que fuera capaz de defender la costa, pues respetaban el área de influencia fenicia y los fenicios la suya. Si se encontraban con esta situación desaparecían las premisas para colonizar y marchaban a otro lado. Como única excepción se puede señalar el establecimiento de los milesios en Naucratis, una factoría griega en territorio del Bajo Egipto. Este caso especial se basaba en un privilegio del faraón a finales del siglo VII, ya que los egipcios no tenían aprehendido en su cultura la categoría de comerciante. Así, acudieron a los griegos como mediadores entre las mercancías y los consumidores.

IV. OLEADAS COLONIZADORAS

La sorprendente colonización en la época arcaica no carece de antecedentes pues tal y como muestran tanto las fuentes escritas como la arqueología revelan que en periodos anteriores se dieron, en efecto, traslados de población de similares características. Las principales diferencias residen en las causas de la emigración, el número de personas que migran y las zonas, que al principio estuvieron restringidas a la costa anatólica y las islas cercanas.

La primera etapa se desarrolla en pleno auge del mundo micénico, entre los años 1400 y 1200. En esta etapa solamente se puede hablar de la creación de auténticos establecimientos griegos -aqueos- en dos casos: Mileto y Colofón. El primero de ellos corresponde a un puerto de mercancías explicado en el contexto del a actividad micénica respetado por la potencia dominante en Anatolia entonces, los hititas. Los griegos acudieron allí en busca de materias primas, situándose en un lugar ideal para un puerto y para autoabastecerse con las tierras de alrededor. Por lo demás, la influencia micénica se extendió por todo el Mediterráneo, puesto que se movieron por un gran espacio geográfico.

En cuanto a la segunda migración, se produjo la colonización en el litoral minorasiático. Pero aquí no se puede hablar de colonización en el sentido estricto, pues se podría considerar que fue la última de las fases de los movimientos de pueblos típicos de la Edad Oscura, que llevó al asentamiento de estas tribus en Asia Menor. Posteriormente estas ciudades se transformaran en la cuna de la ciencia y del pensamiento griegos, ya que florecerán muy tempranamente.

La cuestión a plantear antes de hablar de la gran tercera oleada es si hubo o no precolonización, sobre todo en el Mediterráneo occidental. Es evidente que los griegos tenían conocimientos de las posibilidades de estos territorios, pues en la propia Odisea se mencionan estas zonas. Los hallazgos arqueológicos nos confirman la presencia micénica en el sur de Italia y en Sicilia pues allí se han encontrado objetos micénicos. Su número es muy escaso y, aunque no autorice a hablar de una precolonización, se puede suponer una relación entre ambas zonas mediterráneas.

La tercera oleada se puede dividir en dos fases, la primera correspondiente desde mediados del siglo VIII hasta mediados del siglo VII y la segunda desde mediados del siglo VII hasta el año 500 (las fechas son siempre aproximadas, incluidas las de las fundaciones coloniales).

Como ya se ha visto, su finalidad era la consecución de nuevas tierras donde asentar al excedente de población. Los territorios afectados serán principalmente el sur de Italia y Sicilia. Las ciudades griegas participantes en esta primera fase son Calcis y Eretria, dos poleis eubeas protagonistas indiscutibles, y luego las ubicadas en el istmo, es decir, Corinto y Mégara. En menor medida lo hicieron también los peloponesios, los locrios y los procedentes de apoikias anteriores.

Al percibir la monopolización de algunas áreas realizada por determinadas ciudades, uno se pregunta en qué medida puede hablarse de empresas formadas por sus propias ciudadanos o más bien hay que considerarlas como agentes colonizadores, encargados de organizar la emigración a toda un área.

Puede pensarse que el conflicto en el que se encontraban estas ciudades fuera más agudo que en otras, pues quizás la falta de tierras se debiera a su situación geográfica, unas insulares y otras localizadas en una estrecha franja. Pero si se observa la situación de las demás no cabe duda de que no fue así necesariamente. No se ve bien cómo una sola ciudad podría suministrar tantos colonos en tan poco tiempo. Es claro entonces que actuaba como organizadora encauzando el exceso de población humana o los voluntarios que quisieran emigrar a áreas más amplias.

La segunda fase de la tercera oleada se caracteriza por la enorme ampliación del espacio geográfico alcanzando el extremo occidental del Mediterráneo y la mayor variedad de estados colonizadores. De esta manera existen enclaves griegos por toda la costa mediterránea: el sur del a Galia, el litoral occidental de la Península Ibérica, Egipto, la Propóntide, la zona noreste del mar Egeo y el Ponto Euxino.

Ahora participan las ciudades griegas minorasiáticas e isleñas. Mileto monopoliza la expansión del mar Negro mientras Fócea y Samos se encaminan hacia la parte occidental mediterránea. Los cretenses y los rodios afianzan la presencia griega en Sicilia con la fundación de Gela. Además hay que añadir el desarrollo ulterior de las tareas colonizadoras en la Magna Grecia y Sicilia logrado en gran parte gracias a las primeras colonias.

A esta ampliación de los dominios griegos colaboró en buena medida el factor comercial. No es que la finalidad colonial cambiara, pues se seguían buscando tierras aptas para el cultivo, pero los intereses comerciales iban aumentando con el tiempo, motivados por la apertura y la explotación de las nuevas zonas con el siguiente aumento de las relaciones entre las distintas partes del mundo griego. A su vez esto servirá para crear establecimientos de carácter estratégico, si bien su naturaleza determinaría sus dimensiones, más reducidas, y su menor importancia numérica.

V. ÁREAS DE EXPANSIÓN

SICILIA Y LA MAGNA GRECIA

La gran disponibilidad de tierras de estas zonas era la solución a los problemas de los griegos dadas su fertilidad y su extensión. De hecho, su principal actividad era la agricultura, especialmente el cultivo de cereales como el trigo. La relación de éstas con la metrópolis se irá perdiendo, alcanzando la independencia, pero pronto la reanudarán exportando materias primas y demandando objetos de lujo, como cerámicas áticas, dado el enriquecimiento de los colonos.

La primera colonia fundada aquí fue Pitecusa, actualmente la isla de Ischia, que estaba situada frente a la bahía de Nápoles, lugar más septentrional que alcanzó la penetración griega. Sus fundadoras fueron las ciudades eubeas de Calcis y Eretria alrededor del año 770. El establecerse primero en una isla es una medida de prudencia ante un territorio desconocido, pues siempre era más fácil prevenir el peligro y defenderse desde una isla. Sin embargo, al estar muy cercanos al continente, podían realizar exploraciones a Campania, por la que pronto se sentirían atraídos dada su prosperidad.

Según fuentes antiguas, esta primera colonia prosperó gracias a la fertilidad del suelo, de composición volcánica, y sus recursos auríferos. Pero pronto estallaron los conflictos entre calcidios y eretrienses, por lo que los segundos abandonaron la isla. Posteriormente los calcidios huyeron del lugar debido a erupciones volcánicas y movimientos sísmicos.

La arqueología ha descubierto dos asentamientos en Ischia. Uno de ellos, situado al este, es un núcleo indígena, entre cuyas ruinas se han encontrado restos de cerámica micénica. Tuvo una supervivencia superior a la presencia griega, demostrado por sus vasos geométricos, pero sólo hasta el siglo VIII. El otro asentamiento es el griego, y contiene sus huellas más antiguas como son los vasos de finales del período geométrico., que se data en la primera mitad del siglo VIII. Fue repoblado en el siglo V, demostrado por el descubrimiento de los restos de un templo y fragmentos de terracotas arquitectónicas.

Cumas siguió a Pitecusa en el tiempo, fue fundada en torno al 757. Gozaba de un magnífico emplazamiento en la llanura continental campana, con una acrópolis natural que permitía una defensa efectiva en caso de ataque. Con el transcurso del tiempo, Cumas será un lugar estratégico para el intercambio de estaño y hierro producido en Etruria.

La fundación corrió a cargo de los eubeos de Pitecusa, que se trasladaron al continente, y de una ciudad homónima, otra Cumas. Los dos oikistai fueron Megástenes de Calcis e Hipocles de Cumas, según las fuentes antiguas. Se ha discutido mucho sobre la localización de la otra Cumas, puesto que, a pesar de que la más conocida sea la ciudad homónima minorasiática, no hay rasgos de dialecto eolio en las escrituras cumanas. Así, se ha determinado que la Cumas a la que se refieren era una ciudad eubea poco conocida.

A su vez, Cumas necesitaba asegurar su territorio en la zona por medio de varios enclaves. Esto pasó antes de la expansión etrusca por la península itálica, que acaeció hacia el año 600. En este contexto surgieron Dicearquía, puerto naval de Cumas, y Neápolis, cuyos orígenes exactos todavía no están claros.

La primera colonia calcidia en Sicilia fue Naxos, fundada hacia el año 734. Estaba situada en el cabo Schiso, lo que le permitía dominar el fértil valle del río Alcantara y le daba acceso a un puerto natural, pero estaba rodeado de montañas, como el Etna. Su oikistés era Tucles o Teocles, según fuentes antiguas. Además, parece ser que la acogida de los indígenas fue buena. Esta apoikia no alcanzará un gran desarrollo, sino que será la base del control de la región del Etna y de la ulterior expansión por la isla.

Un poco después, en el año 729 se procederá a la fundación de Leontinos, a unos 10 kilómetros de la costa, también dirigida por Tucles. Estaba situada en medio de la fructífera llanura de Sicilia, regada por el Simeto.

A ésta la siguió Catana en el mismo año, fundada bajo el mando de Evarco, con gentes calcidias y de Naxos. Estaba emplazada justo al otro lado de la llanura siciliana, a los pies del Etna pero en la costa, teniendo un buen puerto y controlando el tráfico de mercancías de los indígenas del interior. Se desarrolló muy temprano gracias a sus estupendas tierras de labor agrícola.

La historia posterior sobre estas tres colonias está marcada por la aparición de los legisladores como Carondas en Catana, cuya constitución aristocrática sirvió de modelo para otras ciudades, y por los continuos ataques de Siracusa. Por ejemplo, el tirano siracusano Dionisio destruyó Naxos en el año 403 pero esto no conllevó a la desaparición definitiva de la localidad pues se recuperó en el siglo IV y la época helenística.

No obstante tuvieron su momento de esplendor, en el que sirvieron de medio para la helenización de la zona siciliana, en especial la de los alrededores del Etna. Incluso llegaron a formar dos colonias filiales, Eubea, de Leontinos, y Gallípolis, de Naxos, cuya cronología no es segura, pues se supone que se fundaron más o menos en el primer cuarto del siglo VII. No se sabe su localización exacta, sólo que estaban entre Naxos y Catana. Ambas pervivieron poco.

Hacia el 755 se produjo la fundación de Zancle, actual Messina. Según Tucídides, este puerto fue colonizado por piratas procedentes de Cumas a los que luego se unirían más calcidios y eubeos en general. A la cabeza de la expedición estaban Perieres y Cratemenes, originarios de Cumas y Calcis. Más tarde se le cambiaría el nombre de Zancle a Messene como consecuencia del aflujo de mesenios que se dio hacia el 660. Su ubicación fue elegida para vigilar el paso del estrecho de Mesina y proteger a las otras colonias de Italia. De todas formas, como su geografía no era adecuada para una ciudad grande dedicada a la agricultura sus habitantes se marcharon hacia el norte dando lugar a una nueva colonia, Milas, situada en una península unida por un istmo a la isla.

También colonia de Zancle fue Himera, más al este, lindando con la zona de dominio de los púnicos. Fue fundada en el año 648 por un grupo de calcidios de Zancle y un grupo de exiliados de Siracusa, así como un nuevo contingente de eubeos. Contaba con una extensión suficiente de tierra laborable en el valle del río Himeras, pero pronto se vieron reducidas.

El control del estrecho de Mesina quedó en manos de los calcidios con la fundación de Region, la actual Reggio, justo en el lado opuesto a Zancle, en la península Itálica. En ella participaron gentes eubeas y mesenias, que huían del Peloponeso a causa de la conquista espartana de su territorio.

La más antigua y de mayor importancia es Siracusa, fundada en el año 733, su oikistés fu Archias, miembro de los Baquiadas de Corinto, el cual, tras un asunto amoroso de final desgraciado, recibió la orden del oráculo de Delfos de exiliarse y fundar una colonia. El núcleo primitivo estuvo en la isla de Ortigia, de donde echaron a los sículos nativos ye hicieron un dique que convirtió a la isla en península. Su situación era privilegiada, contaba no sólo con dos magníficos puertos, sino con un manantial de agua suficiente para abastecer a toda la ciudad. La población que buscaba tierras se trasladó al interior y la isla se reservó para los edificios oficiales. Además, habían sometido a los sículos en calidad de esclavos, mientras que los descendientes de los primeros colonos se transformaron en la aristocracia terrateniente. Fue una ciudad muy agitada a lo largo de la historia. Entre los conflictos más importantes cabe destacar la expulsión de los Milétidas. Esta agitación determinaría las modificaciones en un sistema de gobierno estrictamente aristocrático y la estabilización de la situación en el siglo siguiente.

Siracusa se expandió pronto. Fundó Acra, en el año 663, y Casmena en el 643, que no eran totalmente independientes, sino que dependían de Siracusa. Su ubicación en el valle del Anapo les otorgó el dominio de un rico valle donde se cultivaban cereales y olivo. Para establecerse en estos lugares volvieron a someter o expulsar a los sículos. Camarina tiene, en contraposición a las otras, un emplazamiento costero en la costa meridional de Sicilia. Fue fundada en el año 598. Su negativa a aceptar la tutela de la metrópolis valió a sus habitantes, derrotados por los siracusanos, la expulsión de su ciudad tan sólo cuarenta años después de su nacimiento, pero no desapareció y a comienzos del siglo V pasó a manos del tirano Hipócrates de Gela, hasta su liberación en el 492. Hacia el interior de la línea Camarina - Siracusa existen evidencias de la expansión siracusana.

La otra ciudad del istmo de Corinto, Mégara, también participó de la colonización en Sicilia. Hacia el 727 los megarenses fundaron la llamada Mégara Hiblea, en honor al rey sículo Hiblon que les permitió asentarse en esas tierras hasta que Gelón de Siracusa los expulsó. Los estudios arqueológicos deducen que hubo una localidad indígena antes de la griega. Sus relaciones con los sículos fueron siempre excelentes. Su extensión es mucho más reducida que la del resto de ciudades coloniales griegas y, aunque no poseía un puerto natural, el monte Tauro protegía su costa de los vientos y era ventajosa para fondear. De todas maneras, la riqueza no era su principal característica y se vieron obligados a emigrar a un nuevo asentamiento, Seliunte, de mucho mayor prestigio que ésta. Fue destruida en el año 483 por Gelón y aunque pervivió, los romanos acabaron con ella cuando sitiaron Siracusa.

Seliunte fue fundada por el oikistés Pammilo, enviado de la Mégara del Peloponeso para dirigir la empresa que trasladaría la ciudad de Mégara Hiblea. El punto elegido fue un altozano al oeste de Gela, muy apto para la agricultura. No hubo ocupación previa a los griegos. Aún se pueden observar la monumentalidad de esta ciudad alcanzada durante los siglos VI y V. La obtención de la riqueza se hizo por medio del dominio de tierras próximas, sobre todo hacia el este. Así procedieron a la fundación de una nueva colonia llamada Heraclea Minoa, que pasaría luego a manos de Agrigento.

Al grupo de las colonias dorias pertenece Gela. Su emplazamiento, a diferencia de las demás, se encuentra en la zona occidental de Sicilia. Situada a la orilla del río del mismo nombre, fue fundada en el año 688 por una expedición de rodios y cretenses bajo la dirección de dos oikistai, Antifemo de Rodas y Eutimo de Creta. Las circunstancias en las que se produjo esta fundación están oscurecidas en los documentos antiguos. Unos dicen que no hubo oposición de los indígenas pero otros hablan de conflictos con los sicanos. En cualquier caso, lo que sí provocó conflictos fue el dominio de la fértil, aunque no muy extensa, llanura de alrededor. Los sicanos estaban bien asentados en las montañas que rodean la llanura, pero pronto se empezarán a helenizar. A sí Gela se expandió hacia todas partes, siendo detenida por Camarina hacia el este y hacia el norte por los sicanos.

En la extensión de Gela hacia el oeste tuvo lugar la fundación de su colonia Agrigento en el año 580, que poco a poco cobrará más importancia que su propia metrópolis. Según parece el establecimiento de la nueva ciudad no fue pacífico, puesto que antes de la definitiva implantación de Agrigento, hubo una intentona griega que fracasó ante la resistencia indígena.

El emplazamiento definitivo se colocó en las proximidades del mar pero no en la costa directamente. Es uno de los ejemplos más expresivos de una colonia agrícola pues disponía de vastas extensiones de terreno en los que se cultivaban vino, cereales y olivos en grandes cantidades. Ello posibilitó un gran aumento de la población a partir de la Acrópolis primitiva, llegando a ser una de las ciudades más ricas y más pobladas de la Antigüedad, con unos 200.000 habitantes de los que sólo el diez por ciento eran ciudadanos de pleno derecho. La expansión griega hacia el oeste se vio frenada por la presencia fenicia, protegida por la poderosa Cartago.

Paralelamente a la colonización en Sicilia, los griegos se asentaron en el área comprendida entre la bahía de Nápoles y el golfo de Tarento sin que el litoral adriático les llamara la atención. Con la base de las colonias calcidias, peloponesios, locrios, aqueos, espartanos y minorasiáticos se establecieron con características bien distintas a las mencionadas en el caso de Sicilia debido a los conflictos con los indígenas, más agudos, y a las grandes montañas y la difícil comunicación por mar.

La pionera de las colonias es Sibaris, creada por un grupo de aqueos a las órdenes del oikistés Is de Elis. No se sabe exactamente la fecha de su fundación, entre los autores antiguos se barajan el año 709 y el 720. Su situación estaba entre los ríos Síbaris y Crates, estando más cerca del mar antes que en la actualidad. La proverbial riqueza de los sibaritas estaba basada en la fertilidad de la inmensa llanura que dominaban, donde se cultivaban vid, olivo y cereales, aparte de otros recursos como la madera y la pez, de sus bosques y la plata de sus minas. Tales posibilidades atrajeron a numerosos habitantes, hasta llegar a convertirse en la mayor ciudad italiana. Además concedía fácilmente los derechos de ciudadanía. Se extendió llegando incluso hasta el mar Tirreno. A finales del siglo VII controlaba a cuatro tribus y a veinticinco núcleos. Sus dos colonias principales fueron Laos y Scidros, de las que no sabe nada prácticamente.

Los constantes conflictos con su vecina Crotona acabaron en un enfrentamiento abierto en el que Síbaris fue derrotada en el 510, por lo que la ciudad fue arrasada. Hubo varios intentos de revitalizarla pero en el 475-6 fueron de nuevo asediados por Crotona obligándolos a abdicar de sus pretensiones. Intervinieron entonces Atenas y Esparta decidiendo Pericles el envío de una colonia panhelénica, que no resultó finalmente pues fueron expulsados y fundaron otra ciudad, Turios. Una vez constituida, unos colonos se decantaban por el modelo ateniense democrático y otros por el espartano aristocrático. A finales del siglo V la ciudad despareció y con ella, sus colonias anteriormente mencionadas.

De todas las colonias patrocinadas por Síbaris, la de mejor destino fue Posidonia (Paestum), más al norte. Sus fundadores fueron sibaritas pero no aqueos. No hay datos concisos, pero se supone que se fundó en las primeras décadas del siglo VII. Su emplazamiento era favorable pues estaba bien comunicado por el río Sele, que dominaba el valle hacia el interior y la conectaba con Metaponto a través de un afluente. Además el río Sele marcó la frontera de influencia etrusca, al norte, y griega, al sur. En cambio, la falta de defensas naturales hizo de esta apoikia un objetivo fácilmente atacable para los lucanos, indígenas del lugar.

Crotona, la vecina y rival de Síbaris fue también colonia aquea, aunque algo posterior. Su fundación se data en el 708, cuando el oikistés Miscello recibió la orden del oráculo délfico de crear una nueva colonia. Su Acrópolis parece haber estado habitada antes del a llegada griega. Llegó a contar con una gran extensión pero no gozaba de buenos puertos, aunque tuviera dos, ni de tierras tan fértiles como las de su vecina. Dentro de los dominios posteriores de Crotona se encuentran las poblaciones de Caulonia, Scylletion y Terina, junto con Medma, Metauro y Hippodion, otras colonias griegas. Las dos primeras cayeron en manos de Locros en el siglo IV y Terina, junto con otros territorios fueron anexionados tras la caída de Síbaris.

Fundada poco después que Crotona, hacia el 706, está Tarento, que es una excepción con respecto de las demás colonias. Esto se debe a los motivos que inspiraron su creación: según la tradición los colonos provenientes de Esparta bajo la dirección del oikistés Falanto eran hijos ilegítimos de las espartanas, habidos con aquellos que no habían estado en la primera guerra mesenia. Al finalizar la guerra, fueron privados de los derechos de ciudadanía y organizaron una revuelta que fue descubierta. Por esto enviaron a su jefe Falanto a Delfos, cuyo oráculo designó la colonización de la zona de Tarento. Esto se confirma con el uso del dialecto dorio, los cultos, la institución del eforado…

El nuevo asentamiento en principio no tuvo problemas con los indígenas, sino que practicaban el intercambio con ellos. También tenía una situación privilegiada pues su puerto estaba considerado el mejor de toda la zona meridional. El campo de sus alrededores producía en cantidades normales trigo, vid y olivo. No tuvo una gran extensión territorial pero sí una gran influencia en la región de Apulia. Los conflictos con los indígenas llegaron en el siglo V, que incluso derrotaron a los tarentinos consiguiendo una revuelta popular de carácter democrático. Dominios de Tarento fueron Porto Tarento, de existencia dudosa, Callípolis y Heraclea, la antigua Siris.

Siris tuvo una vida bastante breve y su historia está muy oscurecida. Tampoco se sabe su localización exacta, parece ser que estaba muy cercana al mar y al río Sinni. De gran riqueza, equiparable a la de Síbaris, suscitó las envidias de sus vecinos. Por ello fue atacada por todos ellos en coalición sustituyéndola finalmente por Heraclea.

La otra colonia de historia poco clara es Locros. En primer lugar no se sabe qué tribu de los locrios organizaron la empresa, si los opuntios o los ozolos. En cualquier caso su fundación se hizo entre el 679 y el 672. Se trataba de un régimen aristocrático redirigido por cien familias. Este sistema se basaba en leyendas que contaban que los locrios de Italia eran los hijos ilegítimos de las patronas locrias. Así eran considerados nobles los hijos que descendieron por la línea femenina.

Su emplazamiento ya había sido ocupado pero no era nada favorable pues auque tenía algunas tierras cultivables, no tenía puerto natural y sus posibilidades estaban mermadas por las poderosas ciudades de los alrededores. Eso animó a los locrios a buscarse la vida en otras zonas. Consecuencias de esto son las fundaciones de Petellia, Macallia, Hipponion, Crimisa, Scylletion, Medma y Metauro.

Los locrios establecieron en la costa tirrena a mediados del siglo VI la apoikia de Medma, situada en medio de una llanura que en el siglo V era suficientemente poderosa como para plantearse su independencia. En esa misma llanura establecieron Metauro, junto al río homónimo, en donde se supone que hubo un asentamiento calcidio anterior.

En dirección opuesta es decir, al norte, los locrios fundaron Hipponion, en donde había un enclave indígena sículo que perduró hasta el siglo VI, pero se desconoce su datación exacta. Tuvo gran riqueza agrícola y también comercial y marítima. Este florecimiento posibilitó el enfrentamiento que, con Medma, planteó a Locros en el año 422.

La última de las colonias aqueas es Metaponto, cuya fundación se atribuye a Néstor y sus compañeros pilios al regreso de la guerra de Troya llamado por Sibaris para impedir que Tarento se apoderara de las regiones vecinas. La que demuestra la arqueología es el origen aqueo de la ciudad, siendo su cronología los comienzos del siglo VII. Además de los aqueos parece que en la fundación también colaboró la ciudad de Focea.

Enclavada entre Tarento y Heraclea, en la Antigüedad estaba más cercana al mar que ahora por los depósitos fluviales. No parece haber estado habitada antes del a llegada griega. Su base económica era la agrícola, principalmente el trigo. Aspiraba al dominio de las tierras de alrededor pero la oposición de los indígenas y de los tarentinos los frenó. En el interior no ocupó ningunas tierras, pero sí se puede hablar de una influencia griega entre los autóctonos. El florecimiento de la ciudad se dio en el siglo VI hasta llegar al extremo de entrar en la órbita de Tarento sin perder la independencia.

La colonización en esta zona llega a su fin con el establecimiento de Elea, fundada por los focenses expulsados de Córcega, ayudados por la gente de Region en el año 540. La ciudad fue pequeña pero próspera a pesar de su relativo aislamiento, puesto que sus relaciones con su vecina Posidonia y con los indígenas lucanos no siempre fueron buenas. Su actividad fundamental estaba enfocada al mar dado su culto al dios Posidón, aunque disponía de llanura costera, regada por los ríos Alento y Fiumarella.

'Colonización griega'

Territorios helenizados 750-500 a. C

TRACIA

En cuanto a la zona norte del Egeo fue una vez más la ciudad de Calcis la que intervino allí en principio. Las razones que impulsaron a los calcídicos a colonizar esa parte en el siglo VII no fueron de índole agraria, como el resto. Esta zona, rica en bosques, sería fundamental para la construcción de barcos, y después, sus minas de oro y plata en torno al Pangeo también serían consideradas.

En la península calcídica cuyo nombre deriva evidentemente de Calcis, se establecieron los núcleos de Torona, solamente calcídico, Potidea, de origen corintio (también llamado Olinto), y Metone, fundada por los eretrios expulsados de Corcira

La isla de Tasos fue colonizada por Paros hacia el 670. Después se aventuraron a entrar en el continente y, aunque los tracios eran muy belicosos, pudieron crear núcleos como Neápolis y Oisime. Por su parte, en el siglo VI, Quíos fundó Maronea y los eolios Eno, mientras que Clazómenas procedió a establecer la localidad de Abdera, cuyos colonos, expulsados al poco tiempo por los tracios, fueron reemplazados por otros procedentes de Teos. Mileto también participó creando las poblaciones de Cardia y Limnae.

EL ADRIÁTICO

La colonización en estas zonas tuvo como objetivo proteger las colonias de la Magna Grecia. Así se fundó Corcira, actual Corfú, a cargo de los eubeos de donde fueron expulsados pronto por los corintios. La arqueología no ha visto la huella de los eubeos en la isla, lo supone una temprana expulsión. El asentamiento corintio data del año 734. Las relaciones de Corcira con Corinto no fueron siempre lo buenas que hubiera podido esperarse. De todas maneras Corcira permaneció en el ámbito cultural corintio a juzgar por las cerámicas encontradas.

Corcira fundó muy pronto una colonia filial en el litoral ilirio hacia el 627, llamada Epidamno, cuya principal actividad era la explotación de las cercanas minas de plata. En esta misma zona se sitúa un enclave corintio, Apolonia. Su fecha es más o menos simultánea a Epidamno. También en la costa iliria tuvo lugar la fundación de Corcira Nigra por Corcira y la minorasiática Cnido a comienzos del siglo VI.

El lado opuesto a estas colonias no despertó el interés griego en los primeros momentos. Posteriormente situaron algunos emplazamientos como Spina y Adria en el valle del Po que, aparte de ser muy fértil, los comunicaba con los etruscos para fines comerciales como el intercambio de estaño y hierro procedente de Centroeuropa. En ambos casos parece que la fundación no fue griega, sólo etrusca. Los griegos llegaron a Spina en el siglo VI y se establecieron conviviendo con los etruscos. Adria es posterior, pues se conoce que Atenas envió colonos en el 325 para que se integraran en una ciudad etrusca.

NORTE DE ÁFRICA

La presencia griega en esta región del Mediterráneo, aunque escasa ya que tropieza con los imperios fenicio y egipcio, es consecuencia indirecta de los intentos de colonización en las islas del Egeo.

De hecho, la isla de Tera es colonizada por los dorios, pero al poco tiempo se encontraron con la misma escasez de tierras y emprendieron un viaje a la Cirenaica para explotar sus ricas tierras. Primero se establecieron en la isla de Platea, cercana a la costa, y después estuvieron unos años en Aziris, localidad abandonada cuando los libios los convencieron para asentarse en Cirene definitivamente en el año 630. La ciudad prosperó enormemente gracias a la producción de cereales, frutales y una planta autóctona muy preciada llamada sifión, que únicamente podía cultivarse allí. Con esto llegaron más colonos y se afianzaron las muy fluidas relaciones con Corinto, Atenas y las islas, especialmente Rodas y Samos. Colonias cercanas a Cirene son Apolonia Cirenaica y Evespérides; la más alejada en el norte de África era Leptis, situada enfrente de Sicilia y la Magna Grecia que respondía a intereses de tipo comercial.

En Egipto no hay colonias propiamente dichas, pues existían una serie de factores especiales. No se trataba de una zona escasamente poblada ni con una presencia tribal poco organizada. Todo lo contrario. En efecto, el único enclave griego era Naúcratis, situado en la orilla oriental del Nilo a unos 80 kilómetros de la costa. Fue una concesión del faraón Amasis como recompensas de haberles ayudado en la batalla contra Apries en el año 570, además de que los egipcios hacían a los griegos mercenarios desde hacía mucho tiempo atrás.

El carácter de esta ciudad era esencialmente comercial donde estaban representados multitud de estados griegos: Quíos, Teos, Fócea, Rodas, Cnido, Halicarnaso, Faselis, Clazómenas y los eolios de Mitilene. Además, los milesios y los samios tenían allí templos. Esto es prueba del buen estado del comercio con Egipto que alcanzó su apogeo alrededor del 525 para luego ser eclipsada por Alejandría.

MAR NEGRO O PONTO EUXINO

Este área está muy mal testimoniada, tanto en las fuentes historiográficas como en la arqueología. Además, era una zona de carácter mítico, pues pensaban que allí estaba el reino de las Amazonas por lo que los griegos les tenían mucho respeto. En cambio, la ribera del Ponto será un objetivo muy ansiado por los griegos. Las razones son, primero la existencia de amplias posibilidades agrícolas para los cereales; segundo, la abundante pesca y con ella, el desarrollo de las fábricas de salazones; y por último, las grandes cantidades de materias primas como la madera y los recursos mineros como el hierro.

La ciudad mayoritariamente participante es Mileto, que según la tradición, fundó más de 90 colonias. Ahora bien, esto no podría haber sido así puesto que no contaba con los suficientes recursos económicos y humanos para una colonización de tal envergadura. De hecho se cree que las demás ciudades jonias aportaron por lo menos buena parte de los colonos.

La penetración milesia comenzó con su presencia en el estrecho de los Dardanelos. Los hallazgos más tempranos se encuentran en Daskilion, de comienzos del siglo VII, donde después residirían los sátrapas persas de Frigia. Abidos fue otra colonia, que, según las leyendas, fue cedida por el rey lidio Giges en la primera mitad del siglo VII. Pero la colonia más relevante fue sin duda Cícico, dadas sus posibilidades agrícolas, que se expandió por los alrededores influyendo en toda la zona.

Otra polis que protagonizó la colonización del Mar Negro, aunque con un papel secundario, fue Mégara. En la costa asiática fundó Calcedonia y Astaco y después, en la europea, Selimbria y Bizancio, todas ellas con interés agrícola. Ésta última disfrutaba de una posición estratégica, a pesar de que al principio todo fueran inconvenientes pues los Dardanelos estaban tomados por los milesios. Su cronología es dudosa ya que la tradición asigna la fecha de su fundación al año 660, y no hay vestigios de esta época. Los foceos también se asentaron aquí fundando Lámpsaco.

Las primeras zonas con asentamientos ya en el propio Mar Negro son la desembocadura del Danubio y la del Dnieper, datados a mediados del siglo VII. Partiendo desde Bizancio la colonia inmediata era Apolonia, fundada por Mileto a finales del siglo VII. La siguiente es Odessos, sobre la actual costa de Bulgaria, creada según la tradición en el 560, pero no sabe con absuluta certeza.

Más próxima al Danubio se encuentra Istros, en la que se han encontrado restos cerámicos de mediados del siglo VII procedentes del ámbito oriental griego y ateniense, pero los más abundantes corresponden al siglo VI. A partir de esta apoikia se relacionaron con los indígenas del interior, a través del río Danubio, gracias al que las zonas alejadas tenían acceso al mar. A ésta la sigue Tiras, colonia jonia cercana al Dniester, cuyas llanuras costeras eran muy ricas en grano.

La más septentrional de todas las colonias milesias es Olbia, situada en la desembocadura del río Bug. Se fundó a mediados del siglo VII y supo mantener buenas relaciones con los escitas, las cuales contribuirían a su prosperidad posterior. Cabe destacar que la influencia fue mutua, demostrado sobre todo en la producción artística.

Hacia el este los milesios crearon más apoikiai como es el caso de Teodosia, en la península de Crimea, de finales del siglo VII. También establecieron algunas de carácter estratégico en el mar de Azov. Allí se fundó Panticape en la orilla occidental, en la segunda mitad del siglo VII, sobre un poblado pregriego y también Mirmekión y Tanais, en la desembocadura del río Don.

En la segunda mitad, hacia el extremo oriental, los milesios establecieron Hermonassa, Gorgipia, Pitio, Dioscurias y Fanagoria, fundada por la minorasiática Teos cerca del año 540. Estaba situada en el Bósforo y fue creada cuando los habitantes de Teos huyeron por la presión persa. También se puede meter en grupo anterior a Fasis pero con particularidades. Ésta, aparte de servir para comunicación con el Caúcaso, tenía recursos mineros y agrícolas, los que la hicieron muy próspera.

En la ribera meridional se encuentra Trapezunte, de la que no se sabe casi nada, únicamente que era colonia de Sínope, la más importante de todas las de esta zona. Sínope era un enclave elegido por tener un magnífico puerto, único en aquella zona inhóspita y difícil. Se le suponía una cronología muy antigua, pero los hallazgos datan del año 600. La prosperidad económica se debía a los contactos comerciales con Frigia, con quien tenían muy buenas relaciones que le permitían el acceso a bienes minerales y madereros. La ciudad tenía enclaves en su territorio que le pagaban un tributo en concepto del disfrute de la tierra de Sínope. Cerca de ésta estaba Amiso, del año 600 aproximadamente, que floreció económicamente mediante los contactos e intercambios con los pueblos del interior al igual que Sínope.

Mégara por su parte no se alejó mucho del Bósforo. De esta manera fundó en el siglo VI Mesembria, al lado de Apolonia, con una próspera agricultura y un buen puerto, aunque tuvieron conflictos con los tracios. Su otra apoikia es Heraclea Póntica, de la que sabe muy poco, sólo que los griegos sometieron a la población indígena para labrar la tierra en calidad de esclavos. Debe suponerse que gozaba de amplias riquezas pues a su vez fundó en el siglo VI Callatis, en la rica llanura del Danubio, y Quersoneso, en Crimea.

GALIA Y OCCIDENTE

En este ámbito geográfico la polis que tendrá mayor importancia es Focea, en Asia Menor. Las aguas occidentales ya eran conocidas por los griegos pero sólo se interesaron en ellas una vez establecidos en tierras mejores, esto es, Sicilia, la Magna Grecia y Ponto Euxino.

La fundación de Massalia (Marsella) en el golfo de Lyon se debe a la iniciativa de Focea y su fecha es bastante tardía, el año 600. La preponderante presencia celta que dominaba las rutas comerciales del Tirreno no impidió su asentamiento. Significó el descubrimiento de la Galia mediterránea para los griegos con todas sus posibilidades, similares claro a las de su metrópolis. Las tierras aptas para el cultivo típico del Mediterráneo y la salida de una incipiente ruta comercial, que aprovechando el curso del Ródano, comunicaba con zonas norteñas de donde procedía el estaño fueron las causas predominantes para la decisión de asentarse en este lugar.

Su prosperidad fue muy rápida, manteniendo relaciones ultramarinas con todo el mundo conocido como demuestran la cantidad de cerámicas de diferentes lugares - corintias, áticas, laconias, calcidias, jonias -. Massalia se convierte en la ciudad comercial más importante de toda el área oeste de Italia, permaneciendo así incluso hasta la época romana.

La expansión de su poder se muestra en la creación de varias colonias filiales por el sur de la Galia y por el levante español. Sin embargo, a diferencia de otras ocasiones, en la mayoría de los casos no se fundaban bases comerciales (emporios) independientes sino que estaban subordinadas a la metrópolis. En el Costa Azul establecieron Nicea (Niza), Olbia, Agathe y Antípolis entre otras, y en la Península Ibérica, Ampurias, Rhode (Rosas), Mainaké (Málaga) y Hemeroscopion (Denia).

La cuestión a plantear ahora es la presencia griega en suelo español antes de la colonización, es decir, si hubo o no precolonización. Sin duda existieron contactos de la civilización griega desde épocas tempranas, como lo demuestra el conocimiento de la proverbial riqueza minera del mediodía que las poblaciones hispanas de la edad del Bronce aprovecharon. Esto quiere decir que las rutas hacia las columnas de Hércules eran conocidas en el ámbito egeo, puesto que recurrieron a ellas para solicitar las materias primas que les faltaban. No obstante, una cosa es conocerlas de oídas y otra colonizarlas, por que lo que sí sabían los griegos es que los fenicios se habían establecido allí mucho antes, en el siglo XI.

Además la arqueología ha sacado a la luz diversos objetos griegos encontrados en excavaciones, aunque no soluciona nada, pues también en esto hay divergencia de opiniones. Los que niegan la presencia griega en Hispania argumentan que los fenicios habían traído esos materiales desde Grecia como mercancía para vender o bien eran muy hábiles en la imitación y cabría la posibilidad de que supieran imitar la cerámica ática. Pero en cualquier caso, las figuras de los vasos y las estelas son parecidas en el ámbito mediterráneo siendo especialmente recurrentes los escudos, los carros y guerreros, muy típicos del período geométrico griego, y no reflejan la vida indígena.

Dejando las fuentes arqueológicas, la tradición historiográfica habla del viaje que emprendió Coleo de Samos que, al intentar llegar a Egipto, fue desviado por los vientos hacia occidente y cruzó las columnas de Hércules, arribando al reino de Tartessos. Este relato es considerado histórico aunque haya ciertos detalles inventados y se asocia a la fundación de Cirene hacia el 650.

Discusiones aparte, los focenses se establecieron en la costa meridional hispánica en dos asentamientos: Mainaké y Hemeroscopion. Su fecha de fundación hay que situarla en torno a los comienzos del siglo VI. La historiografía antigua nos revela más nombre de colonias como Alonis, Heracleia, Akra Leuce… pero no se han encontrado vestigios de tales enclaves.

En el nororiental de la península parece que, según fuentes tardías, hubo colonización rodia de la que sería resultado la apoikia de Rhode, en una fecha muy antigua, el siglo IX. En cambio, esto está rechazado pues los hallazgos arqueológicos más antiguos se corresponden con el siglo V. por ello, se piensa que sería una colonia de la órbita masaliota, con influencias rodias, puesto que las dos ciudades habrían llegado aun tratado de isopoliteia, es decir, la igualdad de derechos políticos entre ambas.

El mejor conocido es Ampurias, fundado casi a la vez que Massilia. En un pricipio estuvo situada en un islote próximo a la costa, que luego se llamaría palaiópolis (ciudad antigua). La neápolis (ciudad nueva) en tierra firme se fijó aproximadamente en el año 575. Junto a ella existía un poblado indígena, Indike, lo que significa que tuvieron muy buenas relaciones entre ellos. El carácter comercial de Ampurias se ve reflejado en el nombre Emporion, que robustecía el papel de Massalia en una zona en la que le interesaba controlar y desde la que estableció lazos comerciales con toda la península.

Sin embargo, a comienzos del siglo VII los griegos no pudieron expandirse por más territorios pertenecientes a la zona central y occidental del Mediterráneo. La poderosa Cartago, actual Tunicia, colonia fenicia fundada probablemente en el siglo XI, tenía sus propios intereses en la zona. Estableció colonias por Silicia, en la parte occidental, como Lilibeo o Motya, Córcega, Cerdeña y el sur de Hispania, donde ya los fenicios tenían colonias como Gades (Cádiz), Útica, Hadrumeto o Tapso.

Finalmente hay que hablar de Alalía, asentamiento fundado por los focenses hacia el año 560 en Córcega, como necesidad para la ruta a occidente. Allí se refugiaron durante la invasión persa de su ciudad en la Guerras Médicas, pero fueron expulsados más tarde estableciéndose en Elea, como ya se ha visto. Precisamente los que echaron a la población fueron los cartagineses, aliados con los etruscos, que se habían unido por la amenaza griega y los propios intereses de cada uno en su zona, los etruscos la Galia y los cartagineses, Hispania y las islas. Por ello se registra una batalla naval en el año 535 en Córcega, que se saldó con la anteriormente mencionada expulsión de los foceos. En cambio, las fuentes literarias griegas hablan de la victoria de los griegos, triunfo en todo caso simbólico pues con ella concluyó la colonización griega en el Mediterráneo central y occidental.

VI. CONSECUENCIAS

La colonización fue una irrupción impetuosa de la sociedad griega en el ámbito mediterráneo que hizo sentir sus efectos sobre ella. La propia estructura de la población griega cambió. Era como si un modo de vida elaborado por los griegos se hubiese multiplicado. En las zonas colonizadas los colonos aprendían no sólo a fomentar su cultura, sino a verse los defectos, pues estaban en una situación constante de supervivencia en un medio extraño. Asimismo reunió a griegos de muy diferentes sitios, que no habían querido saber mucho unos de otros anteriormente creando el sentimiento de helenos ante otros grupos sociales extraños a ellos. Abrió el mundo conocido entonces, creó contactos y engendró sensación de proximidad entre los humanos, tanto entre individuos como entre las comunidades, por muy lejanas que estuviesen.

Otra de las consecuencias es el aumento del comercio, el que más el agrícola y alimenticio, pues se extendió a un nuevo tipo de consumidores y productores, los indígenas. Además las poblaciones se especializaron en productos determinados, como se puede demostrar por la arqueología. Por ejemplo, Atenas exportaba aceite, por lo que hay ánforas áticas repartidas por todo el Mediterráneo, al igual que el vino, exportado por Quíos en unas jarras especiales. Otras mercancías eran los productos de lujo, perfumes sobre todo, provenientes de Asia, que experimentaron un gran auge gracias al buen poder adquisitivo de las colonias.

Este enriquecimiento se debe a los precios del trigo procedente de estas regiones, competitivos por su buena calidad y su escaso coste, frente a un trigo escaso y de mala calidad producido en Grecia por los pequeños propietarios. Por esta razón la emigración a otras zonas es cada vez más recurrida. Esto no quiere decir que se alterara la organización económica profundamente, pues la agricultura sigue siendo la base económica, aunque los mercaderes se hayan hecho más ricos y los pequeños propietarios hayan tenido que cambiar de profesión y emplearse en el sector comercial. El comercio también provoca la aparición de la moneda en el siglo VI y la utilización de la plata como patrón de intercambio.

En política se reestructuró el aparato militar transformándose en una milicia popular de hoplitas, como se explicó en el apartado II, y se confirma su eficacia y se generaliza en la estrategia militar griega. Aparece la táctica de la falange, que usa tanto a hoplitas como a aristócratas para componer el comportamiento de esta formación en la que importa la colectividad, no el individuo. Esto tiene unos resultados patentes en la vida política de cada polis: la primacía de la libertad del ciudadano a toda consta y por encima de todo, la participación ciudadana en las decisiones estatales a través de las Asambleas populares y la sinonimia entre soldado y ciudadano, ya que sólo tenía derechos políticos el que participaba en la guerra y viceversa. Generó también problemas de índole jurídica relacionados con el sistema de concesión de la ciudadanía de los colonos, que dejaban de tener derechos políticos en su metrópolis.

Por último, cabe señalar que los principales focos culturales de la época arcaica se sitúan en las colonias. Así, con el paso del siglo VI al V la filosofía griega nace en Asia Menor con Heráclito de Éfeso que se contrapone a Parménides de Elea, que será la sede de la escuela eleática siguiendo los pasos de sus predecesores Tales de Mileto, Anaxágoras y Empédocles. Pitágoras procedía de Samos aunque adquirió fama en Crotona, en Abdera nacieron el atomista Demócrito y el posterior sofista Protágoras.

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