Cluny y Lutero

Reformismo. Abadía. Historia. Reforma cluniacense: espíritu. Abades. Fundación. Lutero. Protestantismo. Pacto de Nuremberg. Luteranismo

  • Enviado por: Oscar
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
publicidad

CLUNY

Capital de Saôre-et Loire, junto a los montes del Mâconais, famosa en la historia del monaquismo por su abadía, centro de una de las ramas más fecundas de la orden benedictina.

Historia y organización

Después de cien años de devastaciones normandas y de injerencias seculares en la administración de los monasterios, Cluny se adhirió a la reforma carolingia de Benito de Aniano que fue el primero en unificar el monaquismo occidental siguiendo la regla de san Benito. En el siglo X hubo otros movimientos reformadores con las mismas raíces que se concretaron en distintos monasterios, entre los que no había vinculación jurídica, pero sí conocimiento y aprecio mutuo.

¿Cuál fue el motivo de que predominara la reforma cluniacense, siendo así que no era la única?

Reforma que, por otra parte, incidió incluso en España, donde en tiempos de Alfonso VI hizo triunfar la liturgia romana sobre la mozárabe. Entre los motivos de su importancia destacan la ubicación, la carta fundacional, una sucesión de grandes personalidades en el cargo de abad y en especial su organización.

Lugar

De hecho, el apacible valle de Grosne era un lugar apartado de la vía de comunicación Saona-Rodano y preservaba la vida contemplativa. No obstante, era un centro geográfico situado entre Francia de los primeros Capetos y el imperio germánico que en aquel tiempo llegaba a las orillas del Saona, entre Borgoña y los países rodanianos e italianos además se podía comunicar con España (rutas de peregrinación a Santiago de Compostela) por Auvernia y Aquitania. Así pues, las relaciones y la propagación del movimiento cluniacense siguieron estos grandes ejes.

Carta de fundación

Con fecha de septiembre del año 910 (o según otros cálculos, de 909 o de 911) esta carta, otorgada a los frailes benedictinos por los dueños del lugar, Guillermo de Aquitania, incluía una clausura primordial: el monasterio estaría exento, o sea, libre de ingerencias episcopales, señoriales o reales, especialmente en la elección de su abad. El privilegio tuvo importancia en una época donde el abuso de la “encomienda”, que se mantuvo hasta el fin del antiguo régimen, hizo de las abadías la presa de los “dientes” del poder.

Poner a Cluny solo bajo la dependencia del pontífice romano fue asegurarle una libertad justa, pues el papa estaba lo bastante lejos y era poderoso como para proteger más que obstaculizar su autonomía. Cluny, en cambio, se comprometió en apoyar el gobierno papal, y la abadía no faltaría a su deber durante la querella de las investiduras, ni tampoco durante el cisma de Anacleto, cuando Cluny tomó partido por Inocencio II antes de la participación de san Bernardo.

Una sucesión de grandes abades

San Odón (927-942), con el cual empezó la expansión cluniacense, de Romainmôtier a Limoges, Fleurg y Sens, sucedió al primer abad de Cluny, Bernon (910-927). Después del abadiato de Aymard (942-965), quien consolidó la obra de sus predecesores y la amplió considerablemente (278 cartas de donaciones) vinieron los tres grandes abades: San Mayeul, primeramente adjunto (948-994), san Odilón (994-1049) y san Hugo (1049-1109). La palinodia de Pons de Melgueil prestigio universal difícilmente recobrado, tanto en el interior como en el exterior, por su sucesor, Pedro de Montboisier (1122-1156), quien bien mereció el sobrenombre de “Venerable”.

Dada la importancia de la misión encomendada por la regla de san Benito al abad (“ocupa en el monasterio el sitio de Cristo”) y su nombramiento vitalicio (tan característico del monaquismo, por oposición a los superiatos temporales de los institutos religiosos más recientes), esta sucesión de largos abadiatos, casi initerrumpida durante más de dos siglos, constituyó un triunfo capital. Pero lo que más influyó fue que la grandeza moral y humana de estos abades, como lo atestiguó en pleno concilio el papa Gregorio VII: “Ningún otro monasterio lo iguala, porque no ha habido en Cluny uno solo de estos abades que no haya sido un santo”.

Organización

A la muerte de san Hugo (1109), la orden estuvo en su apogeo con 1184 casas, entre las cuales 883 en Francia, 99 en Alemania y en Suiza, 54 en Lombardía, 31 en España y 44 en Inglaterra. La tendencia fue claramente centralizadora. Sin embargo, el espíritu de autonomía, fundamental en la regla de san Benito, no perdería sus derechos. Por ese motivo, las casas sólo “subordinadas” tuvieron sitio junto a las “casas dependientes” (cuyo superior era nombrado y controlado por el abad de Cluny), ya se tratase de las abadías antiguas, afiliadas a Cluny, o de las “cinco hijas” principales de la casa central: Souvigny, Sauxillanges, la Charité-sur-Loire, Saint-des-Champs (en París), y Lewes (Inglaterra). En esta época de feudalidad, la dependencia era debida más a la personalidad del abad de Cluny que a una ley institucional. Su proyección espiritual, más aún que sus derechos, aseguró su autoridad.

Una larga supervivencia

La evolución intelectual (desarrollo de la escolástica) o económica, así como las causas más intensas, hizo que Cluny desde mediados del siglo XII su papel predominante. Cluny se fue apartando de los cistercienses y de las jóvenes órdenes que iban apareciendo. Nadie pudo cambiar el rumbo de la situación y la orden desapareció durante la revolución francesa. Paradójicamente sería una comunidad protestante, Taizé, quien, después de la guerra, difundiría desde el valle de Grosne el espíritu monástico.

El espíritu de Cluny

Lo más admirable era la magnificencia de los oficios litúrgicos y su larga duración, que por su composición eran exaltantes a causa de la continua alabanza de la naturaleza, del cuerpo, de la condición humana, signo de la presencia y de la acción de un Dios amante y atrayente. La acción de gracias se transformaba en una necesidad y en una satisfacción.

Esta espiritualidad que penetró en todos sus escritos, escasos por otra parte, fue el origen del simbolismo iconográfico y de la arquitectura: la basílica de san Hugo, derruida casi del todo durante la Restauración, sería su principal expresión. Por otra parte, la influencia política de Cluny parece indiscutible. Debido al desinterés de los monjes, los primeros Capetos se apoyaron en ellos para reforzar su poder, y el emperador pidió que actuaran de mediadores en la querella de las investiduras (Hugo intervino en Canussa a favor de Enrique IV ante Gregorio VII). En realidad, se vieron mezclados en los problemas de su tiempo, en la miseria social y la incultura religiosa: el arte Cluny era alimento para la fé del pobre. La “misericordia” irradiada por Cluny culminó en la “Tregua de Dios”de san Odilón destinada a remediar los males de la guerra en la acogida de Abelardo, en la instauración del día de los difuntos.

Trabajo sobre

CLUNYÍNDICE

Página

CLUNY

Historia y organización________ 1

Lugar______________________ 1

Carta de fundación____________ 1

Una sucesión de grandes abades_ 2

Organización________________ 2

Una larga supervivencia_______ 2

El espíritu de Cluny___________ 3

LUTERO

Breve comentario_____________ 4

Índice ______________________ 5LUTERO

Religioso agustino alemán, nacido y muerto en Eisleben, Sajonia (1483-1546). Fue el iniciador de la Reforma protestante. Educado con rigor cruel en su casa y en la escuela, en el monasterio de los agustinos empezó a sufrir escrúpulos, tristezas y temores excesivos a propósito de su predestinación; hacia 1512 abandonó, ordenado ya, la causa de la observancia de reforma claustral de su Orden. Un viaje a Roma le impresionó y debilitó su fervor, ante la ostensible decadencia religiosa. Combatió el valor de las indulgencias con motivo de las concedidas por el Papa a los que contribuyeran sus limosnas a la terminación de la basílica de San Pedro, cuya predicación se había encomendado a los dominicos, y se refugió en Wittenberg, bajo la protección de Federico, elector de Sajona. Allí publicó un programa con 95 proposiciones, y en ellas y otras ulteriores las hay contra la autoridad del Papa, los votos monásticos, el celibato de los sacerdotes, el culto de los santos, el dogma de la transubstanciación, el purgatorio y la misa. Por último expuso su interpretación de la justificación de la fe. Fue excomulgado en 1520, y quemó públicamente la bula del Papa en la plaza de Wittenberg. Después de casarse en 1525 con una religiosa llamada Catalina de Bora, predicó la Reforma por toda Alemania, trabajó para organizar su Iglesia por ordenanzas de los príncipes alemanes, y vio, por fin, asegurado el triunfo de su causa por el pacto de Nuremberg en 1532. Son sus principales obras, además de su traducción de la Biblia, obra clásica en la literatura alemana, Manifiesto a la nobleza alemana, La cautividad de Babilonia y Pequeño tratado de la libertad cristiana. Los más recientes estudios, dentro del campo católico, acerca de la personalidad de Lutero subrayan, sin excusarlo inexcusable, pero con decisión, los atenuantes que, dado el ambiente que reinaba en la Iglesia en los tiempos del Renacimiento, matizan la conducta del heresiarca, quizá a veces a tacado con saña y sin el menor rigor histórico. Él fue solamente quien provocó una rebelión que hacia muchos años estaba latente. Su imaginación e hipersensibilidad no lograron ser dominadas por su prudencia, habida cuenta de un orgullo que sobrepasó la humildad.