Ciudad y campo

Zonas urbanas y rurales. Diferencias. Delimitación. Transformaciones. Estatuto jurídico. Fenómeno urbano. Proceso de urbanización. Suburbios. Estructura económica. Formas de vida. Servicios. Jerarquía

  • Enviado por: Sonita
  • Idioma: castellano
  • País: Bolivia Bolivia
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CIUDAD Y LÍMITE

La separación formal y jurídica entre ciudad y campo se rompió a partir de la Revolución Francesa, las transformaciones económicas y tecnológicas subsiguientes han integrado física y funcionalmente el espacio, las actividades económicas y las formas de vida urbanas se han esparcido sobre la totalidad del territorio. Ciudad y Límite son hoy conceptos inconciliables y el territorio se ha convertido en la “citta sconfinata” Una ciudad sin confines.

Este espacio ilimitado está lleno de límites desde el punto de vista social y administrativo. La extensión de la ciudad sobre el territorio no ha hecho desaparecer las viejas divisiones sociales del espacio; sino ha transformado su carácter y expresión. Así pues, ciudad difusa, la ciudad ilimitada, es también fragmentada social y administrativamente. La ciudad sin confines es al mismo tiempo la ciudad de los confines.

LA CIUDAD DIFUSA: CIUDAD SIN CONFINES

En tiempos modernos la diferenciación formal entre la ciudad y el campo se disuelve jurídicamente a raíz de la Rev. Francesa y las convulsiones sociales y políticas. En vísperas de aquel estallido , todavía definía la ciudad como “conjunto de muchas casas dispuestas en calles cerradas por una cerca común” mas exactamente “recinto cerrado por murallas que contiene diversos barrios, calles, plazas publicas y otros edificios” pero ya desde tiempos alto medievales la ciudad y el campo mantenían un dialogo permanente y mutuamente transformador.

A fines del siglo XVIII la relación entre ambas realidades empieza la transformación radical y acelerada; se diferencia entre población urbana y población rural desde el punto de vista legal “la burguesía ha sometido el campo a la dominación de la ciudad” gracias a la Rev. Industrial y la densificación interna finalmente sin conflictos desaparece los elementos delimitadores de la ciudad y campo como 2 realidades fisicamente diferenciados.

Pero a mediados de nuestro siglo todavía era la ciudad claramente diferenciable, a raíz de la plena mecanización de la agricultura y difusión de la industria sobre el territorio, aquellos coágulos se han conectado entre sí, para formar espacios en los que predominan actividades y formas de vida urbanas.

Estas nuevas realidades son una consecuencia de la disolución misma de los conceptos tradicionales de campo y ciudad. El resultado de esta transformación ha sido convertir cada pueblo en una parte de la gran telaraña, en la actualidad los territorios en los cuales la distinción campo ciudad ya no esta basada en la densidad sino en la estructura económica.

INTENTOS DE DELIMITACION

Basados en criterios objetivos de la nueva realidad, las definiciones responden a 5 tipos de parámetros:

A. EL ESTATUTO JURIDICO

Partiendo de las delimitaciones administrativas existentes (municipio, comunidad, distrito, etc.) para identificar la ciudad central de los sistemas metropolitanos “núcleo” donde tradicionalmente se han concentrado las funciones de jerarquía mas alta, donde se encuentran los principales monumentos simbólicos y donde se genera en buena parte la imagen de toda la metrópolis.

Los defectos de este tipo de definición son: no se trata ya de que las formas de viada urbana o las relaciones funcionales crucen claramente los limites administrativos sino que en muchos casos es el mismo espacio construido lo que se extiende sobre diversas unidades administrativas, la continuidad del fenómeno urbano por encima de las demarcaciones jurídicas

B. LA CONTINUIDAD DEL ESPACIO CONSTRUIDO

Basado sobre todo en el espacio construido partiendo de las consideraciones morfológicas, a partir de una interpretación cartográfica, la fotografía aérea o imagen vía satélite, por encima de las peculiaridades del ordenamiento administrativo y estadísticos

La incapacidad de esta definición para abrazar la complejidad del fenómeno urbano contemporáneo son: hoy las dinámicas urbanas integran funcionalmente espacios construidos que no tienen continuidad física entre ellos y a menudo se encuentran incluso a muchos kmts. de distancia, por otra parte la creciente reivindicación de los espacios abiertos (parques naturales, espacios fluviales, reservas de suelo) como elementos estructurantes de la ciudad no son tomadas en cuenta en esta definición.

C. LAS AREAS FUNCIONALES

Basado en criterios de movilidad, definición del espacio urbano como una red de relaciones. La movilidad de las personas, el movimiento de las mercancías y los flujos de información tejen redes sobre el territorio integrando espacios que no tienen a menudo continuidad física. Estas tienen distintas intensidades de flujo, obteniendo un indicador de pertenencia a una misma realidad.

Pero sin embargo esta definición tiene como problema que cada función urbana tiene un espacio propio además varia con el tiempo, las delimitaciones funcionales han de ser por lo tanto necesariamente restrictivas y suelen tomar en cuenta una sola función.

D. LA ESTRUCTURA ECONOMICA Y FORMAS DE VIDA

Basado en función de la estructura económica y los hábitos y condicionantes de la población. Se suele asociar la presencia de un alto porcentaje de población activa en el sector primario a ruralidad. Existencia de bajas rentas, dificultad para acceder a ciertos servicios y la persistencia de ciertos hábitos y estructuras familiares serían indicadores de ruralidad.

Hay sin embargo una aproximación más rica y sutil que la estructura sectorial a la hora de tratar de definir la ciudad desde una perspectiva económica, su consideración como artefacto productivo complejo que gracias a la acumulación de actividades permite aumentar la eficiencia y reducir costos.

E. LOS SERVICIOS Y SU JERARQUÍA

Desde la perspectiva no del consumo se ha querido identificar la ciudad en relación a los equipamientos y servicios.

Vemos pues que los cinco grupos analizados (jurídicos, morfológicos, funcionales, económico-productivos y de servicios) presentan importantes problemas en su utilización como instrumentos, estos grupos de criterios pueden aún combinarse entre ellos dando lugar a definiciones más complejas.

Más que tratar de definir la ciudad en abstracto, lo importante es entender el proceso de urbanización. David Harvey lo plantea en estos términos: “Pienso que es importante reconceptualizar la cuestión urbana no como el problema de estudiar unas entidades casi naturales, llámense ciudades, suburbios, zonas rurales o lo que sea, sino como algo de esencial importancia en el estudio de procesos sociales que producen y reproducen espacio temporalidades que son a menudo de tipo radicalmente nuevo y distinto” Así “... El proceso de urbanización ha de ser entendido no en términos de una entidad socio-organizativa llamada en el tiempo de la ciudad difusa. ¿qué utilidad puede tener, pues, el concepto de ciudad?. Puede ser útil ciertamente como instrumento para el análisis histórico, es decir, para el estudio de las formaciones sociales preexistentes cuyo legado condiciona y mediatiza las transformaciones hoy en curso.

La utilidad del concepto “ciudad difusa” es, precisamente, la de definir un momento en este proceso histórico: aquel en el que las redes de relación abarcan ya la totalidad del territorio y hacen, de todo el territorio, ciudad.

La ciudad difusa: la ciudad de los confines.

Esta ciudad difusa, esta ciudad indelimitable y sin confines, es también la ciudad de los confines. Confines y divisorias que son, en primer lugar, sociales y funcionales y, en segundo lugar, políticas y administrativas.

Contra aquello que alguna vez se ha afirmado, el paso del crecimiento intensivo al desarrollo extensivo del espacio urbano no traduce necesariamente en una mayor igualdad de oportunidades para los ciudadanos a la hora de acceder a la renta, los equipamientos y los servicios. Es cierto que el proceso de difusión de la ciudad sobre el territorio puede tener en este campo efectos que resultan sin duda positivos.

De la misma manera, es evidente que actividades productivas y servicios se difunden hoy sobre el territorio. Esto tiene también, sin duda, efectos positivos: la dispersión de la ocupación sobre el territorio y la homogeneización relativa en la dotación de servicios. Ahora bien, estos movimientos no afectan por igual a todas las actividades económicas y son distintos los comportamientos de la industria de alto y bajo valor añadido. Así, el territorio de la ciudad difusa, además de conocer nuevas formas de segregación social, presenta nuevos tipos de especialización funcional.

En este contexto, la fragmentación de los espacios urbanos en un gran números de niveles y unidades administrativas es, al mismo tiempo, causa y reflejo de las divisiones económicas y sociales.

Por otra parte, la creciente complejidad de la gestión de los servicios y equipamientos urbanos ha conllevado en muchos lugares la creación de estructuras administrativas sectoriales. Finalmente, en diversos países se ha favorecido conscientemente, por razones políticas, para aplicar determinadas políticas e imposibilitar otras, la fragmentación administrativa de los ámbitos metropolitanos.

Empresas y corporaciones se pueden valer de la fragmentación administrativa para conseguir de unas autoridades locales en competencia entre sí mejores servicios a cambio de impuestos más bajos sin que la capacidad de éstas para captar el retorno a favor de la comunidad local resulte siempre evidente. Así, la configuración del mapa administrativo de la ciudad tiene repercusiones también sobre la distribución de las rentas entre capital y trabajo. Tal como escribió Ann Markusen: Si os intereses capitalistas consiguen transferir diversos costes de producción hacia el presupuesto local y escapan a los impuestos que hace falta pagar por ellos, pueden ampliar con éxito sus beneficios y expensas de los asalariados. Esto tiene la apariencia de una pugna sobre los recursos para el consumo colectivo y no sobre los retornos de la producción, pero es esencialmente el mismo conflicto. En vez de acontecer e el interior de la empresa, el conflicto tiene lugar en la arena política local.

Las muestras de cómo la fragmentación administrativa acompaña y favorece las divisorias sociales en la ciudad difusa podrían alargarse más y más: con los problemas que ésta plantea para el planteamiento urbanístico integrado, con las dificultades que pone para la práctica de políticas sociales redistribuidas en un mismo espacio urbano, con la dinámica que imprime a la política local, etc. La especialización funcional, la segregación social y la fragmentación administrativa se alimentan mutuamente para levantar y reforzar un laberinto de confines en la ciudad sin confines.

LA CIUDAD ILIMITADA Y LA CIUDAD FUTURA

La indefinición de los límites de los espacios metropolitanos y la proliferación de divisiones administrativas en su interior contribuyen poderosamente, como hemos visto, a las tendencias espontáneas de diferenciación social de los espacios urbanos.

Otros costes son aún los que se derivan de la pérdida de eficiencia administrativa y legitimidad democrática de unos entes locales que se corresponden cada vez menos con el espacio de vida de los ciudadanos.

Así, administrativamente fragmentada, la ciudad difusa es no sólo la red relacional de la que hemos hablado, sino también una malla apta para capturar a los más débiles mientras permite escapar a los poderosos. Los versos de la obra en la que Bertolt Brecht representó —como en una parábola— el ascenso y la caída de la ciudad capitalista vienen aquí a la memoria:

¡Fundemos una ciudad, en este lugar, y se llamara Mahagonny, que significa «Ciudad-red»!

Será como una red tendida a todos los pájaros comestibles.»

Faltos de este diseño colectivo, democráticamente definido y aplicado de acuerdo con los intereses mayoritarios, nuestros espacios urbanos no serán ciudades. Serán, más bien, mosaicos de parcelas social y funcionalmente especializadas, yuxtapuestas sin otro principio ordenador que el de la renta urbana y el privilegio social.

El desarrollo reciente de algunas de las grandes áreas urbanas de los Estados Unidos de América provee indicios respecto hada dónde puede conducir, en una sociedad avanzada, un desarrollo urbano de este tipo, sometido de forma abrumadora al dictado de los intereses privados:

La ciudad ilimitada sólo será, pues, ciudad si incorpora un proyecto de ciudad futura. «Cittá futura» en un sentido gramsdano, es decir, un proyecto de transformación social en beneficio de la mayoría de la población. Este proyecto, como decíamos, no puede centrarse solamente en la transformación física de la estructura urbana.

La transformación física del espacio es un factor importante en este proyecto de mejora, ya que, como hemos visto, la configuración del territorio es al mismo tiempo elemento resultante y elemento condicionante de los procesos sociales que en él tienen lugar, es decir, que en el espacio, «las formas creadas se vuelven creadoras». Pero además de actuar sobre la forma urbana se deberá intervenir también, y quizás en primer lugar, en otros campos decisivos, y, en particular, sobre la organización de la producción y el consumo. Uno de los principales requisitos para dotarse de un proyecto de este tipo es adaptar las estructuras políticas y administrativas a los requerimientos que las nuevas dinámicas territoriales y sociales plantean. Esto debe hacerse —se está haciendo ya en algunos casos—a todas las escalas: de la planetaria a las continentales, las regionales y las locales. A escala grande —sobre territorios pequeños, pues—, el reto principal es dotar los espacios urbanos de mecanismos de gobierno democrático que, sin destruir las identidades locales ni anular la riqueza que se deriva de tas prácticas sociales, permitan planificar y gestionar unidades significativas del territorio, regiones metropolitanas enteras.

Y para establecer estos mecanismos de gobierno se debe proceder necesariamente a delimitar espacios urbanos. Esta delimitación no debe, a nuestro entender, tratar de recrear las desaparecidas barreras entre ciudad y campo. liemos visto cómo, alo largo déla histía-ia «[...] la ciudad existe en tanto que hay una no ciudad que la rodea, creada por eüa misma con tanta o más precisi<mqocei repació central, la ciudad n^da, periferia, borde, alfoz, suburbairo,arta^ extramuros. La línea que separa estos dos espacios señalando el 'hasta dónde' y 'desde dónde' de sus normas, leyes y ordenanzas, resume mejor que ningún otro elemento la idea de ciudad deseada, al exchrir o rechazar de forma expresa lo que en cada momento [...] se considera como no ciudad».53 Pues bien, en tiempos de la ciudad difusa, es decir, cuando las dinámicas urbanas integran todo el territorio, los limites administrativos no deben separar ya «cuidad» y «no ciudad», sino espacias urbanos centrífugos (formados por espacios construidos y espacios abiertos, por áreas centrales y áreas periféricas, por sistemas generales y sistemas locales) a los que el sustrato histórico, las dinámicas sociales y la escala de las intervenciones aconsejan dotar de disantos proyectos de «ciudad deseada». Una delimitación de este tipo, como resulta de aquello qne se expoma en los apartados anteriores, ha de ser forzosamente normativa, voluntaria. Es difícil expresarlo mejor que José Manuel Naredo: «Recalquemos que la delimitación y la relación entre lo de fuera' y de 'dentro' de ese espacio pretendidamente ordenado que es la ciudad, no son el resultado de ninguna evidencia geométrica o territorial concreta, sino de las propias ideas de los ciudadanos. Y siendo la ideología el vehículo espontáneo de nuestro pensamiento y de buena parte de nuestras reacciones, hemos de someterla a reflexión, si queremos modificar incidencias territoriales. Pues ya hete» apuntado que no basta para ello con recurrir a ese pensamiento dirigido que es la ciencia, mientras permanezca; prisionero del statu quo mental e institucional que se trata de modificar».54 Es decir, para hacer frente a los retos planteados por el desarrollo de la ciudad difusa hace falta un - proyecto colectivo, y este proyecto ha de incorporar necesariamente —como premisa, como medio y como resultado— una delimitación del espacio urbano.

Para beneficiar a la mayoría de la población, esta doble delimitación —física y política— deberá hacer posible, como mínimo, la vertebración del espacio urbano, seria necesario un gran impulso cd^tivo para imponerlos y concretarlos, y su implantación deberá producirse, para ser efectiva, en el contexto de una información progresiva del conjunto de mecanismos en los que se ha basado, basta ahora, el proceso de urbanización. Existe este impulso colectivo podremos, en el futuro, hablar propiamente de ciudades en un mundo de ciudades. Esta es la razón por la cual, a mi entender, hay que dar nuevos confines a la ciudad sin confines.