Cinco horas con Mario; Miguel Delibes

Literatura española de posguerra. Novela (narrativa) contemporánea. Argumento. Estructura. Personajes. Género literario

  • Enviado por: Perfection
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 23 páginas
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GUIÓN DE LECTURA ACERCA DE CINCO HORAS CON MARIO

de Miguel Delibes

  • FICHA TÉCNICA.-

TÍTULO: Cinco horas con Mario.

AUTOR: Miguel Delibes.

FECHA: 1966.

* Las citas textuales que aparecen en este guión de lectura pertenecen a la siguiente edición:

TÍTULO: Cinco horas con Mario.

AUTOR: Miguel Delibes.

COLECCIÓN: Destinolibro.

VOLUMEN: 144.

EDITORIAL: Ediciones Destino, S.A.

Nº DE EDICIÓN: Decimoctava.

LUGAR: Barcelona.

FECHA: 03/95.

  • EL AUTOR, LA OBRA Y SU CONTEXTO.-

Don Miguel Delibes (Valladolid, 1920) es uno de los más importantes novelistas españoles de posguerra. Su obra ha estado siempre abierta a los distintos enfoques que ha tomado la narrativa española, ya desde sus comienzos como literato.

En un principio, sus obras tenían cabida en la llamada novela existencial, pero pronto, sus creaciones evolucionarán hacia un sentimiento crítico de las injusticias sociales, y denunciando determinados comportamientos humanos. Cinco horas con Mario (1966) fue creada dentro de esa etapa que algunos críticos* denominan neorrealista (vuelta, regreso al realismo literario español), con novelas cuya problemática refleja en gran medida la mentalidad de la clase media española de la época. Esta corriente -patente en España ya desde mediados de siglo- implica una nueva actitud del escritor frente a la novela anterior, un nuevo estilo que se caracteriza por la existencia de frases cortas mayoritariamente simples, por el predominio del modo indicativo en el uso de los tiempos y con cierto aperturismo a un modo de escribir más avulgarado -cotidiano-, con la finalidad de transmitir la conciencia más básica, y profunda, si cabe.

Cinco horas con Mario marcará un hito dentro de la novelística de M. Delibes al dar paso a una nueva etapa caracterizada por un compromiso más notable del autor, por un alentador carácter crítico, y por la utilización de recursos técnicos novedosos e innovadores, como veremos al analizar la obra. Esta experimentación, preconizada en nuestro país por Luis Martín-Santos, Tiempo de silencio (1962), que supone una evolución (en varios autores aparecerá esta línea renovadora -como en Cela o Delibes, por citar alguno-) del contexto literario del que hablábamos, tuvo su concepción en la década de los sesenta, merced a la flexibilización de la censura y al agotamiento de la novela que se creaba hasta entonces (unido esto último a la abrumadora irrupción de la novela hispanoamericana en nuestro país). Este afán renovador trajo consigo una búsqueda de la persona a través de su conciencia y del contexto social en el que se englobe. Una obra experimental por antonomasia será Cinco horas con Mario, que sorprendió desde un primer momento por la gran innovación y originalidad que representaba, lo que le sirvió para ser considerada una de las mejores obras narrativas de la línea renovadora de posguerra.

El curriculum literario posterior de Delibes mantiene ese compromiso, ese afán que antes citábamos que no puede adscribirse a una ideología política determinada, sino que se sitúa en el campo de la defensa de los valores humanos por encima de cualquier cosa.

Una constante en la narrativa de Delibes es la muerte, y como no podía ser de otra forma ésta tenía que tener cabida en su obra magna. Cinco horas con Mario comienza ya con la muerte como factor condicionante en su primera página -una esquela-.

Merced a la magistral criba realizada por Delibes, al poner a Mario -protagonista masculino con ideas `progresistas'- en un segundo plano, la obra no tuvo problemas con la opresora y cribadora censura de la época, pues la voz de la obra -la voz de M.ª Carmen-, critica los ideales aperturistas de Mario supeditándolos a sus ideas `nacionales' revestidas del poder oficial.

Cinco horas con Mario es una novela de gran penetración psicológica que ahonda en lo más interno de la sociedad española de nuestro siglo, al tiempo que pone de manifiesto un problema de actualidad: la falta de entendimiento en el matrimonio.

  • TEMA CENTRAL. OTROS POSIBLES TEMAS.-

La novela Cinco horas con Mario supone una fuerte crítica a la hipócrita y conservadora sociedad media española y a las extremosidades de una religión tradicional.

En la obra se presenta el drama de la integridad moral del individuo acosado por la fuerza opresora de la sociedad y por la presión ambiental de los tradicionalismos del mundo en que vive.

El autor, por medio de la protagonista, pone de relieve el mundo de las creencias de la cerrada población media conservadora, sus ideas, tradiciones y convencionalismos… Al mismo tiempo aparece una postura antagónica, oprimida, mucho más aperturista y liberal, de un país que mira al futuro, encarnada en el papel del finado, Mario Díez Collado.

Pero muchos críticos coinciden a la hora de afirmar que aparte de la dimensión política que evidentemente tiene la novela, -crítica social, ideológica-, como hemos apuntado, el autor pone de relieve el imposible entendimiento entre una mujer conservadora y un hombre que representa la idea contraria, es decir, la falta de entendimiento y de tolerancia entre dos vidas contradictorias en la España de posguerra y simultáneamente, la falta de comprensión e indulgencia en el matrimonio.

En Cinco horas con Mario se pone de manifiesto la hipocresía, ese miedo a lo que piensen los demás, patente en diferentes pasajes de la obra, como por ejemplo cuando Menchu miente al decirle a su amiga Valen que sangró durante la consumación del matrimonio en la noche de bodas -inexistente, dicho sea de paso- por miedo a lo que pudiera llegar a pensar [“…que me pones en cada compromiso, ya ves Valen, que ella sangró, pues yo tengo que decirla que también, por vergüenza, a ver, ¿con qué cara la digo que…”; pág. 107], o con el disimulo de Menchu al decirle a Bene que Mario se había confesado antes de comulgar porque había blasfemado tal que así: “…fue una pena que la Revolución Francesa no la apoyase la Iglesia…”. [“…te vi acercarte a comulgar, me quedé de nieve (…) que la misma Bene, para que lo sepas “se habrá confesado, ¿no?”, que yo “mujer, imagino”, a ver qué la iba a contestar, que me pones en cada compromiso…”; pág. 227].

Otro aspecto importante que refleja Cinco horas con Mario es la crítica social, la inferioridad, el antagonismo entre clases, la supeditación de unas clases a otras que incluso queda patente en la figura del narrador omnisciente en el epílogo inicial [ “…Carmen la envió a la cocina. No tenía por qué darle explicaciones a una criada…” ; pág. 17], y por supuesto en el papel de Menchu. [“Tenía por principio no aceptar lecciones de las criadas…”]. Carmen considera que la sociedad está dividida en estamentos cerrados de los que no se puede salir “… que a los pobres les sacas de su centro (…) enseguida quieren ser señores y eso no puede ser, cada uno debe arreglárselas dentro de su clase como se hizo siempre…”. La protagonista piensa, a su vez, que ciertos comportamientos sólo son atribuibles a algunas castas: “…porque perder los modales es algo admisible sólo en la gente baja, Mario, que afortunadamente todavía hay clases…” , y parece querer dejar claro el papel que le corresponde a cada uno y los límites de cada clase (cuando obliga al bedel Bertrán a ir a la cocina porque no puede estar entre los `superiores'). [“…¿ de cuándo acá va a estar un bedel entre los catedráticos? (…) subir a casa no le corresponde…”].

Incluso la protagonista femenina opina que el intelecto es cosa de clase [“…¿qué puede dar de sí el hijo de una lavandera, intelectualmente me refiero…”/”Papá, siempre lo está diciendo, …, dice, ”para lograr una cabeza discreta se necesitan al menos cuatro generaciones”…”; pág. ].

La obra alberga cierto tono racista encarnado en el papel de la protagonista, Carmen, y una intolerante xenofobia. Bajo la excusa de que los judíos mataron a Jesús, Menchu asegura que no puede ver a nadie de religión judía o protestante [“…pero antes la muerte, fíjate bien, la muerte, que rozarme con un judío o un protestante.”; pág. 77]. M.ª Carmen hace una fuerte crítica a los negros como si fueran animales, poniendo de relevancia un fuerte racismo y una innegable intolerancia: “…que aparte la repugnancia natural, hay que ver el quehacer que debe de dar un negro…” / “…no hay más que fijarse un poco, están hechos de otro barro, para otra clase de oficios, la caña de azúcar y así, …el caso es a lo bruto, no digas que no, todos…” .

Esta serie de críticas y tópicos se pone de manifiesto mediante el desarrollo del discurso de M.ª Carmen Sotillo, que gira en torno a las redundantes obsesiones de ésta. Menchu le reprocha a su marido todo aquello que, merced a la falta de entendimiento habida entre ambos, no le pudo decir en vida. Los otros temas, las reiteradas obsesiones de Menchu son:

La “dudosa” infidelidad de Mario con su cuñada Encarna, viuda de su hermano Elviro. Es uno de los hechos que más atormentan a Menchu. Encarna siempre había mostrado cierta atracción por Mario, sobre todo a raíz de la muerte de su marido Elviro -hermano de Mario-. Mario había estado con ella en Madrid, y para celebrar la victoria en las oposiciones, se habían ido de marcha y… . Carmen, consciente de las maneras de su cuñada, siempre tuvo la certeza de que su marido le había sido infiel con ella, por lo que nunca la vio con buen ojo. [“…Mario, estoy segurísima de que me la has pegado más de una vez y de dos, me juego la cabeza. / Es como lo de Madrid, (…) y, luego, a celebrarlo, hala, … , y que nada más, ya, ni que una se chupase el dedo.”; pág. 199]. La prueba más evidente será el hecho de que Encarna se presentara en la casa mortuoria gritando muy afectada, por lo que hubo que sacarla y ponerle una inyección. [“Figúrate ¡qué bochorno! ¡Ni que fuera ella la viuda! Que Encarna desde que murió Elviro andaba tras él, eso no hay quien me lo saque de la cabeza.]. Pero este hecho constituye un argumento exculpatorio, poco convincente para ella misma, como veremos a continuación.

Por otro lado, la obsesión por ser bella y deseada por los hombres, hecho que utiliza para demostrarle a Mario que le fue fiel aunque no le faltaron oportunidades para dejar de serlo… Podemos entenderlo como una justificación o defensa ante la infidelidad de la que hablábamos. Este hecho se repite constantemente durante las evocaciones de Carmen en un intento de reprocharle a Mario sus posibles deslices. Menchu hace referencia a diversos hombres que la piropean y que le dan el placer de sentirse bella e importante, sensación que, según ella, su marido no le había proporcionado nunca. [“… que yo no sé qué tendrán mis pechos, la verdad, pero Eliseo San Juan, cada vez que me echa la vista encima, se pone como loco…, “qué buena estás, qué buena estás, cada día estás más buena”. / Y de chica para que te voy a contar, aunque esté mal decirlo, hacía furor, (…) y los muy sinvergüenzas nos querían pintar desnudas, y Evaristo me decía,” a ti, nena, un retrato de busto es lo que te va.”; pág. 185 / pero en este punto bien tranquilo puedes estar, que yo de eso, ni hablar, ya lo sabes, y no por falta de ocasiones, Mario, que los hombres todavía me miran por la calle…”].

La negativa de Mario ante la posibilidad de adquirir un coche, lo que pesará sobre Menchu “por mil años que viva…”, es otra de las grandes reiteraciones de la obra. Menchu le reprocha a Mario constantemente sus ideales de austeridad y ello se ejemplifica con la negativa de éste para comprar un seiscientos. Cualquier personaje que aparece -como Paco, que luego analizaremos- es comparado con Mario y por el mero hecho de tener coche Carmen ya lo idolatra y lo admira, subordinando consiguientemente a Mario. Para Menchu un coche es un cambio necesario, es un útil de primera necesidad que su marido le niega. Sus ansias por poder ir en coche a cualquier parte enlazarían con la hipocresía que antes citábamos al darle vergüenza decir que no tenían coche: “…que pasé más vergüenza que en toda mi vida junta, (…), que no teníamos coche, que a ti eso de los modernismos no acababa de entrarte, y no quieras saber como se puso…” (pág. 240). El tema de la carencia de vehículo propio también tendría cierta conexión con la idea de “distinción de clase” que antes citábamos, pues no en vano Carmen se avergonzaba de tener que esperar en la cola del autobús como la `gentuza'.[“…que todos los días me encontraba en la cola del autobús, entre gentuza, que yo ni sabía dónde meterme,…”; pág. 240].

La nefasta y decepcionante noche de bodas es otra de las obsesiones persecutorias que aturden a la protagonista. Sobre Menchu se ciñe la fatalidad de la noche de bodas; como cualquier chica joven de su época, Carmen tenía cierto temor a lo que podría ocurrir durante la noche de bodas. La pasividad de su marido ante la consumación del matrimonio -se dio media vuelta y dijo “buenas noches”- pesará sobre Menchu como un fuerte desprecio hacia su persona y la pondrá en más de un compromiso (de nuevo hipocresía). [”…¿con qué cara la digo que te diste media vuelta y si te he visto no me acuerdo?…”; pág. 107]. En relación a la noche de bodas cabría resaltar la obsesión de Menchu por la declaración de amor antes del noviazgo, y paralelamente la concepción opuesta de su difunto marido: “…fundamental, imprescindible, fíjate, por más que tú vengas con que son tonterías…”.

La incomprensión de Menchu por las inquietudes literarias del fallecido es otra de las redundantes obsesiones de la protagonista. Ésta no concibe la literatura como hobby, sino que considera que “si el talento no sirve para ganar dinero ya no es talento”, y por supuesto para Carmen, Mario carecía del menor talento de escritor. Carmen, enemiga declarada de los libros, asegura que no valen para nada excepto para coger polvo y por supuesto los libros de Mario son tan aburridos que se caen de las manos. [“Te digo, Mario, cariño, que ni buscados con candil, ni aposta encuentras unos protagonistas más estrafalarios…”; pág. 231]. Su afición como escritor solamente le dio disgustos, líos con la censura y muy escasos beneficios económicos.

La fuerte ayuda prestada por D. Ramón -padre de Carmen- a Mario al realizarle un informe muy importante merced al cual obtuvo su plaza de Catedrático de Instituto. Menchu, que idolatra a sus padres durante toda la obra, considera de vital importancia para la carrera de Mario la realización de la Memoria por parte de su padre, y no soporta el hecho de que Mario apenas lo valorase.

La forma de educar a los niños dista, evidentemente, de ser unánime entre marido y mujer. Carmen, en su papel tradicional y conservador muestra la intención de mandar a los chicos (y no a las chicas) a la universidad, de sancionar aquellos comportamientos ajenos a la `regla'… [“…Pues va y me dice, pero con todas las de la ley, ¿eh?, “yo quiero que papá se muera todos los días para no ir al colegio?”… le pegué una paliza de muerte…”]. Mario había decidido que las chicas fueran a la universidad, pero Menchu asegura que fue un error puesto que para ella las chicas que estudian terminan siendo unos marimachos [“…!Hay que ver, se te metió entre ceja y ceja que las niñas estudiaran y ahí las tienes…”]. Carmen no veía los estudios como algo tan importante y veía otras posibilidades de futuro, por lo que era partidaria de que los chicos se divirtiesen y disfrutaran de su juventud [“…empezar a alternar y dejar un poco los libros que se le van a volver los sesos agua…”]. Al mismo tiempo, Mario criticaba el luto, considerándolo “una rutina estúpida que hay que desterrar” y Menchu está obviamente en contra de esta concepción tan progresista (su hijo Mario, de corte progresista como su padre, se niega a llevar el luto impuesto por su madre: “…mamá, eso son convencionalismos estúpidos, date cuenta, pero de malos modos, ¿eh? …“; pág. 116).

La obra hace alusión a la Guerra Civil Española (1936-1939) desde una óptica juvenil de superación de la misma ajena al conflicto bélico propiamente dicho. Menchu asegura en su divagación que los tiempos de guerra fueron unos años estupendos que incluso llega a denominar `los mejores años de su vida'. Para ella eran unas vacaciones para ver la calle llena de gente y divertirse incluso cuando sonaban las sirenas o bombardeaban la ciudad. [“…lo pasé bien en la guerra, oye,…, palabra, todo me divertía…”]. Sin embargo, para Mario la guerra era lo que es ahora para todos nosotros: una auténtica tragedia que tuvo que vivir (él luchó en la guerra, pues no en vano Mario tenía 19 años cuando ésta comenzó: “…es lo mismo que cuando regresaste de la guerra,…” [pág. 153]. ).

  • ESTRUCTURA Y ARGUMENTO.-

ESTRUCTURA.-

La novela comienza con una esquela que será determinante para la obra, pues de todos es sabido que la presencia del finado es clave para todo el conjunto. A partir de aquí y en lo relativo a la estructura externa la obra se desarrolla en tres partes (y la esquela): el epílogo, narrado bajo la presencia de un narrador omnisciente; el cuerpo, el soliloquio propiamente dicho, que consta de veintisiete capítulos; y finalmente la conclusión, donde vuelve a ponerse de relevancia la figura del narrador omnisciente.

La esquela ya nos muestra una serie de datos decisivos a la hora de entender la obra: el finado es un tal Mario Díez (que merced al título de la obra suponemos que es la persona con la que alguien está durante cinco horas). Nos percatamos a su vez de que el fallecido estaba casado y tenía cinco hijos, una hermana, dos cuñadas y un suegro que al parecer ostenta cierto cargo importante (por aquello del `Ilmo. Sr. D.'). Además nos apunta la fecha del fallecimiento y la edad del finado, la hora del sepelio y la dirección de la residencia familiar de los Díez-Sotillo.

La primera parte -el epílogo- nos advierte de lo sucedido, en una casa hay instalada una capilla ardiente donde reposan temporalmente los restos mortales de Mario, durante todo el día ha estado viniendo gente para mostrar sus sentimientos de condolencia, entre ellos amigos y familiares que luego tendrán, como veremos, cierta repercusión en la obra. Carmen ha recibido la visita de amigos, antiguos compañeros de Mario, parientes y demás personas relacionadas con la familia. Llega la noche, y Carmen decide velar el cadáver de su marido durante horas…

Y así empieza el cuerpo central de la obra, la segunda parte o nudo donde comienzan a desarrollarse las interminables evocaciones de Carmen Sotillo a su marido muerto. El soliloquio se desarrolla en veintisiete capítulos que comienzan siempre con un pasaje bíblico en letra cursiva. En esta segunda parte fluyen desordenadamente todo tipo de ideas que, por su evidente citación de carácter memorístico y reiterativo, no podemos agrupar ni dividir en torno a un núcleo narrativo. Lo que sí podemos afirmar es que el soliloquio evoluciona hacia lo que sería el desenlace final: la no consumada infidelidad de la viuda hacia su marido. Si bien es cierto que en esta segunda parte aparecen digresiones y temas poco relevantes (por no ser muy reiterativos), el contenido del soliloquio se fundamenta principalmente en las ideas secundarias del texto - las profundas obsesiones de M.ª Carmen- que antes citábamos.

En el desenlace de la novela (3ª parte) vuelve a aparecer la figura del narrador externo que nos relata el día posterior a las evocaciones que ya es el día del entierro del cadáver. Finalmente, la viuda vuelve en sí y cuando todo el mundo despierta y vuelven a llegar nuevas visitas a la casa mortuoria, el soliloquio termina y el cadáver es sacado de la casa y conducido al exterior para la realización de las oportunas honras fúnebres y el posterior sepelio. Así concluye Cinco horas con Mario.

ARGUMENTO.-

Alrededor de las cinco de la madrugada del 24 de marzo de 1966, fallece víctima de un infarto el catedrático de Instituto D. Mario Díez Collado. Tras una dura jornada de luto, visitas y demás sentimientos de condolencia, su viuda M.ª del Carmen Sotillo se queda en el despacho de su difunto marido -habilitado provisionalmente como capilla ardiente- con el fin de velarlo durante la noche. En la mesilla un libro, la Biblia, cuyos pasajes subrayados por Mario le dan pie a Carmen para divagar acerca de su vida juntos. Cada lectura da paso a una oleada de recuerdos y reproches. Menchu soliloquia sobre muchos aspectos del pasado que le llevan siempre a un callejón sin salida: sus reiteradas obsesiones, que se centran principalmente en las ideas ya citadas en el anterior apartado `Tema central. Otros posibles temas'.

  • PERSONAJES.-

M.ª del Carmen Sotillo, Menchu (Vda. de D. Mario Díez Collado).-

Cinco horas con Mario es la única obra de Delibes en la que la mujer ocupa un papel importante; y tal es la importancia de la mujer en la obra que se va a coronar como la protagonista principal de la misma sobre la que giran los demás elementos narrativos. Menchu es el arquetipo de mujer cuarentona que acaba de enviudar, y que encuentra el arropo de sus amigas más íntimas y familiares.

Menchu es la dolorida y patética imagen de una mujer frustrada por el fracaso de su matrimonio, caracterizado por la insatisfacción y la incomunicación.

Se presenta como un personaje repulsivo y negativo, de arrolladora vitalidad, charlatana y ante todo buena y honesta.

Menchu es una mujer de ideas reaccionarias, que nos transmite en un principio una impresión de mujer cálida, cordial y entrañable. Aunque Carmen tenga intransigentes convicciones políticas y religiosas, es evidente que desde el punto de vista humano Carmen es una mujer buena que ha sacrificado su vida por su familia y por un marido al que no quiere. Como veremos al analizar su lenguaje -el lenguaje de la obra-, se presenta como una mujer bastante inculta por falta de una instrucción adecuada, pero disfrazada por su condición de niña bien subordinada a los convencionalismos de clase [“…que si virgen fui al altar…” (pág. 140)], sus buenos modales y su `cierta' clase social. Menchu es la típica fiel exponente de la hipocresía y la cursilería del señoritismo provinciano, sin blanca y sin talento, situación ésta muy difícil de llevar por una mujer frustrada e insatisfecha.

Daremos por consabido su carácter racista, intolerante, y su cierto aire de superioridad, que ya hemos apreciado al hablar de la temática de la obra.

Menchu es despótica hasta el punto de que rechaza cualquier idea democrática. Incluso desprecia los derechos más básicos que ni siquiera comprende. [“…que libertad de expresión, ¿puede saberse para qué la quiere? ¿Quieres decirme qué pasaría si a todos nos dejaran chillar y cada cual chillara lo que le viniera en gana?…”; pág. 131]. [“y es que un país es como una familia, lo mismito, quitas la autoridad y ¡catapum!, la catástrofe…”; pág. 212].

Sin embargo queda claro que Menchu es una mujer muy creyente, como se pone de manifiesto en la siguiente cita textual (pág. 132): “…que aún me duelen las rodillas de rezar, que se me deformaron y todo…”.

Menchu se autorretrata como una mujer reprimida sexualmente “pues para lo que se hacen esas cosas, pedazo de alcornoque, para matar el tiempo, a ver, para que se pase sin sentirlo, de eso se trata, vamos, creo yo”; (pág. 217). Otro hecho que la define de `antigua' es que defiende al hombre por encima de la mujer en un ejemplo claro de la antigua supeditación de la mujer al hombre. [“… Una mujer es un ser indefenso, Mario, necesita que la dirijan…”; pág. 152].

Físicamente, Menchu es una mujer cuarentona de gran belleza y exuberante busto que por lo visto levanta pasiones. Menchu se enorgullece por la irresistible atracción física que despierta en los hombres, pero sus mayores éxitos se los atribuye a la dedicación y al sacrificio de su largo y duro matrimonio. Al mismo tiempo, su mayor frustración es que Mario no fuera capaz de agradecerle tal sacrificio.

Ante todo Menchu es una mujer de principios capaz, hasta el último momento, de no quebrantarlos.

Desde una perspectiva simbólica, M.ª Carmen representa a la España defensora de las ideas `nacionales', monárquica y antiderechista, reaccionaria y orgullosa del hoy y del ayer. Clasista, odia a los intelectuales y para ella no hay más que una idea de España (hasta la Inquisición le parece justificada “una poquita de Inquisición nos está haciendo buena falta, créeme.” ). Esta visión tan conservadora y tradicional la heredó de su padre, sin duda merced a su infancia de niña de clase media dependiente de sus padres que le inculcaron prácticamente todos los valores. [“…y en cuanto se confirmó lo de la República, se levantó, muy pálido, muy solemne…, volvió con una corbata negra: “No me quitaré esta corbata mientras el rey no vuelva a Madrid” (…) porque la monarquía es bonita, Mario, por más que digas.…”].

Mario Díez Collado, Mario (que en paz descanse). {49 años}.-

Merced a las evocaciones de M.ª Carmen ante el cadáver de su marido, éste se nos presenta como un hombre honesto e íntegro, con gran conciencia moral, que pretende ser caritativo y dar el amor al prójimo que propugna el mensaje evangélico (como veíamos, Mario solía leer la Biblia, cuyos versículos subrayados le dan pie a su viuda para disertar acerca de su vida juntos). Era bueno, tenía un puritanismo excesivamente ingenuo, carecía de experiencia en materias sexuales y amorosas (recordemos la noche de bodas y la declaración de amor), y era muy intransigente en cuestiones económicas.

Mario era un tipo raro, justo, desorientado e inseguro. Pasó su vida entera haciendo el bien a los demás sin apenas conseguirlo. Fue un buen profesor de instituto amigo de los pobres y defensor de los débiles. Velaba por la igualdad y la justicia pero era incapaz de transigir y comprender con el fin de conseguir una armoniosa convivencia conyugal.

Carmen nos define a su marido como un hombre adúltero, pues no en vano parece que mantenía una relación con su cuñada Encarna. Este hecho no lo podemos ver justificado, pero entendemos su óptica del típico varón oprimido en su casa y en el exterior, que no encuentra la comprensión y el amor que necesita.

Su mayor fallo radica en su inhibición de los asuntos familiares durante veintitantos años, debido en mi opinión, a la gran dedicación con el prójimo que tenía Mario (seguida, seguramente, por los dictados del mensaje evangélico). Mario, pese a su carácter nervioso, vivía en la luna, en la `inopia', como ella decía. Por eso se despreocupaba de los asuntos familiares y vivía centrado en su trabajo y en sus aficiones. Su desorientación le llevó a una fuerte depresión nerviosa durante años que seguramente le llevó a la muerte.

Mario Díez era el perfecto arquetipo del intelectual progresista que teoriza y no resuelve nada. Mario fue un periodista polémico (colaboraba habitualmente y con poco renombre en “El Correo”), un novelista sin éxito y se descubre como un verdadero cristiano que lucha por la democracia y que se encuentra oprimido tanto en casa (con Menchu) como fuera (dictadura * democracia).

Simbólicamente el protagonista masculino de la obra representa la ideología contraria a la de su esposa (que incluso lo llega a calificar de “rojo”). Mientras que ésta se enorgullece de su país, Mario mira al futuro con ansias e ideales de conseguir la equidad, la justicia, y en definitiva la felicidad que viene dada por la libertad y por la paz… Mario se englobaría dentro de ese grupo de intelectuales de posguerra que, por defender sus ideales `progresistas', tuvieron que someterse y/o exiliarse, -en el mejor de los casos-, o morir bajo la dura represión del régimen dictatorial que asediaba nuestro país.

Mario y Carmen habían estado casados sorprendentemente durante veintitrés años. Ella soportaba todo el peso de llevar un hogar y de educar a los niños mientras que Mario, en la `inopia', se limitaba a trabajar, escribir y a tertuliar con sus colegas también `progresistas'. Hacía el bien para los demás pero era incapaz de hacer nada práctico para los suyos. Su matrimonio fue un fracaso ya desde el inicio (la noche de bodas, por citar un ejemplo claro). Esta `infelicidad' se debió a una oposición total entre ambos en todos los aspectos: en la educación, en el amor, en el sexo, en la literatura, en la política… Esta oposición enmascara magistralmente a las dos españas, cuyas diferencias irreconciliables llevaron al país a una verdadera guerra civil.

Encarnación Gómez Gómez , Encarna (Viuda de Elviro, hermano de Mario).- Encarna es uno de las personas que Menchu más ha odiado en su vida. M.ª Carmen siempre había apreciado cierto interés en Encarna por Mario, sobre todo a raíz de la muerte de su marido Elviro, pero ya incluso cuando Mario y Menchu eran novios y ella le rozaba en el cine. [”¿Pero es que crees que se me ha olvidado, adoquín, cómo se te re arrimaba en el cine estando yo delante?”; pág. 174]. Carmen la llega a llamar: `marimacho', maloliente y verdulera. [“…pero la traza es de verdulera… un marimacho… y aquel olor…”; pág. 175].

Esta mujer presenta un carácter, según Menchu, bastante raro. Cuando iba a comer a su casa comía mucha fruta y pescado, y disimulaba echando los restos en el plato de los niños para que no la descubrieran. Además tenía por costumbre encerrarse a leer en el baño porque decía que los chicos la mareaban. Encarna es la perdición de Mario, una enemiga evidente de Carmen que le ha hecho la vida imposible llegando casi a arrebatarle hasta el marido, por lo que entendemos el odio que manifiesta hacia ella.

Paco .-

Paco representa el antihéroe de la novela, el personaje totalmente opuesto a Mario en el que Menchu encuentra atracción y me atrevería a decir devoción, si cabe. Paco es el típico nuevo rico de la sociedad franquista. Paco había sido de joven un chico corriente, por el que Menchu no sentía ningún tipo de atracción ni nada por el estilo, pues por lo visto era un joven cortado, callado y que no llamaba mucho la atención. Posteriormente se enriqueció y se convirtió en un hombre hecho y derecho en el que Menchu verá la fortuna, el deseo… pero sobre todo se verá seducida por el tiburón (el coche que nunca tuvo). La relación de Menchu con Paco no se puede calificar de `adulterio', puesto que la relación no se llegó a consumar en virtud a los principios morales que, como hemos apuntado, Menchu asegura no haber quebrantado nunca. La importancia de este personaje se acentúa si tenemos en cuenta que una de las bases sobre las que se fundamenta el discurso de Carmen es justificarse ante su marido -y demostrar- que nunca le fue infiel.

Al mismo tiempo, pero con menor relevancia, habría que citar algún personaje más ajeno a la familia como Eliseo San Juan , el grosero dueño de la tintorería, que pondera la bondad física de Menchu. Actitud que se ve en cierta medida correspondida por la mujer.[“…con esa mandíbula, ese vozarrón y esas espaldas que se gasta, aturde, la verdad…”].

Ilmo. Sr. D. Ramón Sotillo.-

Es el padre de Menchu, que influirá en sus ideales y que será presentado como un hombre de corte tradicional, monárquico, muy seguro de sus principios y en definitiva, patriarca de una familia bien.

D. Ramón es un hombre viudo, que vive en la capital y es ya bastante mayor. Su papel será esencial en la vida de Menchu, será considerado un ejemplo a imitar. Idolatrado y admirado por M.ª Carmen, representará lo contrario a Mario en cuanto a la admiración de Menchu, pues le gustaban sus libros, sus formas, sus ideas políticas…

El padre de Menchu le había realizado a Mario la Memoria que más tarde le serviría para obtener la Cátedra. No le gustaban los libros de Mario e incluso se lo decía abiertamente [“…que lo que tú no le perdonas a papá es que no le gustasen tus libros…, pero si no es por el pobre papá, que menuda Memoria te hizo…”].

Considero este personaje como el hombre al que siempre hubiera aspirado Menchu, contrario a Mario en prácticamente todos los sentidos.

Al citar a D. Ramón habría que citar a la madre de Menchu. Durante toda la obra, Menchu, que como decíamos había sido una jovencita muy supeditada a los principios familiares, cita a su madre y sus célebres consejos como ejemplos a seguir. [“…que ya lo decía mamá, que en paz descanse, “en la vida vale más una buena amistad que una carrera”, que a las pruebas me remito…”].

Mario Díez Sotillo (hijo mayor).-

Mario es el mayor de los hijos del matrimonio. Estudia en la universidad y sus ideas son fundamentalmente progresistas. Como asegura su propia madre, Mario Jr. es el vivo retrato de su padre. Al igual que él, está en contra de los `convencionalismos estúpidos' como el luto, por ejemplo. [“… Es como el luto del otro zángano, que no, que eso son convencionalismos estúpidos, ya ves tú…” ; pág. 202].

Según Menchu el joven estudia en exceso y debería salir más como cualquier chico de su edad [“…ni pedirme la propina, que a su edad no se lo consiento, que, le guste o no le guste, debe empezar a alternar y dejar un poco los libros que se le van a volver los sesos agua,…”; pág. 202].

Mario se encuadraría dentro del bando del padre, lo que pesará fuertemente sobre Menchu: “…y si Mario quiere pensar por su cuenta y razón, que lo gane y se vaya a pensar donde una patrona, que mientras viva bajo mi techo, los que de mí dependan han de pensar como yo mande…”; pág. 203.

M.ª del Carmen Díez Sotillo (Menchu).-

Es la hija mayor -segunda por edad- de la pareja. Mario se había empeñado en que las niñas estudiaran, en contra de lo que pensaba su esposa. Por ello Menchu (hija) tuvo que estudiar. Para María del Carmen las chicas que estudiaban acababan como `marimachos'. [“…y ahí las tienes, contra viento y marea, la pobre Menchu, y no te hagas el tonto que sabes de sobra que las niñas que estudian, a la larga, unos marimachos…”; pág. 126]. Menchu se encuadraría mejor dentro del bando materno, por su aversión a los libros y la defensa de los convencionalismos de su madre.

Álvaro Díez Sotillo.-

Es el tercero de los hijos de Mario y de Menchu. Sabemos que nunca había padecido ninguna enfermedad y que tenía fama de `boyescut'. Su madre asegura que es un poco raro puesto que quería irse solo al campo para prender una hoguera, llamaba sotas a los soldados… [“…que a Álvaro lo que le ocurre es que tiene vocación de boyescut, o como se diga eso, que te pones a ver, y malo, lo que se dice malo, no ha estado nunca en su vida…”].

Borja Díez Sotillo.-

Es uno de los cinco hijos de la pareja. Tiene seis años y el carácter típico de un niño al que su padre le ha transigido todo. Carmen no soportó su frase sin sentido “yo quiero que se muera papá todos los días para no ir al Colegio” por lo que tuvo que pegarle.

Aránzazu Díez Sotillo (Aran).-

Es la benjamina de la familia con tan sólo tres años de edad. De ella sabemos bastante poco, salvo que es tan bajita como la hermana de Mario, Rosario (Charo) a la que Menchu califica de `botijito'. [“…Charo, físicamente no vale un perro chico, es como un botijito, no me digas, que ni sabe por dónde la da el aire…”; pág. 203].

Para cerrar este apartado de `personajes' podríamos reseñar a Valen, íntima amiga de Menchu a la que ya hemos citado; Bene , también citada con anterioridad; Esther , que pondera el talento literario de Mario en contraposición a Menchu; el grupo de amigos tertulianos `progresistas' de Mario, el bedel…

  • ESPACIO y TIEMPO.-

La obra transcurre en casa de M.ª Carmen en la calle Alfareros, 18; concretamente en el despacho de su difunto marido Mario. Como se solía hacer antaño, cuando aún no existían los tanatorios, el féretro permanecía en la casa familiar hasta el momento del sepelio. Así, la familia preparó una estancia de la casa para albergar el cuerpo sin vida del difunto y hacer así las veces de capilla ardiente donde las visitas podían rendir sus últimos tributos al finado.

Menchu comienza su ritual en el despacho de Mario: los paños negros cubren el despacho (cámara mortuoria), la lamparilla alumbra y a su lado el libro -la Biblia-. Por ello podemos afirmar que el soliloquio de la viuda transcurre entre las cuatro paredes que albergan el cadáver de su marido. Sin embargo, podemos citar otros lugares que se citan en la obra y que serían los lugares evocados, pero no por ello menos importantes: la playa (cuando fueron de vacaciones), la tertulia, el diario “El Correo”, la casa del padre de Menchu, Madrid (el Fuima, donde Mario y Encarna celebraron la obtención de la oposición a Cátedras; o cuando fueron a la capital de viaje de novios), el instituto, las escaleras de la casa, el parque donde un policía llamó la atención a Mario por ir en bicicleta, el estudio de pintura (Eliseo S. Juan)…

El soliloquio transcurre durante la noche; Carmen ha preparado el despacho, los demás se duermen y comienza su divagación. Una divagación de cinco horas que termina con las primeras luces del día siguiente (Mario Jr. se acuesta dejando a su madre ante el féretro de su padre y cuando se levanta se la encuentra en el mismo lugar). Ha pasado una noche, pero la divagación de Carmen muestra más bien la duración de casi una vida entera. Al igual que citábamos los `espacios evocados', en Cinco horas con Mario tenemos que comentar el tiempo al que se hace referencia, el tiempo evocado.

La protagonista hace en su disertación una clara referencia al pasado. Un pasado que se remonta a su juventud (recuerdo de su educación), al noviazgo (obviamente más de veintitrés años), a la Guerra Civil (30 años antes), a los viajes, a la celebración de la obtención de la cátedra con Encarnación. Pero también se evoca un pasado más inmediato, como la célebre frase del pequeño Borja el día anterior, o más relevante aún: el encuentro entre Menchu y Paco. En cualquier evocación del pasado, como es el caso, aparece una citación de hechos obviamente ya sucedidos que aumentan la esfera temporal de la obra. El hecho de que la protagonista evoque tiempos pasados proporciona más profundidad a la obra, el recuerdo de una vida, que nos lleva a toda una época crítica para España: guerra y posguerra.

  • TÉCNICA NARRATIVA.-

Mario era un hombre que, como ya hemos apuntado, guiaba sus pasos por el mensaje evangélico. Según su esposa la Biblia tenía ciertos poderes sobre su estado anímico: “decía que la Biblia le fecundaba y le serenaba”; (pág. 30).

Cuando comienza la divagación de Menchu, la Biblia se encuentra sobre la mesilla de noche. Así, mientras Menchu ojea los pasajes subrayados por Mario, le viene a la mente el recuerdo de los años de matrimonio y de noviazgo. De hecho, la divagación de la mujer gira siempre en torno a los párrafos de la Biblia, pero volviendo en cualquier caso a disertar sobre sus `archiconocidos' quebraderos mentales. Un ejemplo claro de la capacidad `introductora' de los pasajes bíblicos se encuentra al inicio del capítulo XIV. Menchu lee “Cuando dos hermanos habitan el uno junto al otro y uno de los dos muere sin dejar hijos, la mujer del muerto no se casará con un extraño, su cuñado irá con ella y la tomará por mujer”, y a continuación dice “¡Ya decía yo! Desde el mismo día que mataron a Elviro, Encarna andaba tras de ti, Mario…”; (pág. 135).

En definitiva, los pasajes bíblicos ayudan a Menchu a recordar sus perturbaciones y a recaer sobre ellas. La técnica se basa en que las citas evangélicas son un pretexto -una mera excusa-, para que la divagación de la viuda de comienzo y vuelva a comenzar.

Aunque la obra se presenta y se concluye bajo la presencia del narrador (objetivo) en tercera persona -narrador omnisciente- en Cinco horas con Mario adquiere singular relevancia la figura del narrador-protagonista (1ª p.).

Obviamente, en un monólogo tiene que aparecer un `YO' por obligación, y así ocurre en la obra en multitud de ocasiones. Por citar un ejemplo: “Te digo [yo], Mario, cariño…”; (pág. 231). Pero Menchu relata diversos hechos desde una perspectiva ajena a los acontecimientos, pero siempre poniendo de manifiesto una `necesaria' subjetividad con sus marcas personales. [“…y se levantó, muy pálido, muy solemne (…) se fue al cuarto de baño y volvió con una corbata negra…”].

Como ya hemos podido apreciar, el tono de M.ª Carmen es claramente crítico durante todo el soliloquio.

Menchu dialoga con su difunto esposo sin respuesta alguna por parte de éste. Entre ellos se establece una comunicación incompleta, unidireccional, puesto que el fallecido carece de capacidad de argumentación y ya no puede oírla. Aquí citaré un fragmento de la obra de la catedrática Dña. M.ª Dolores de Asís Garrote que explica una idea con la que comulgo cien por cien, pero que, como es obvio, no he conseguido expresar como la eminente filóloga: `Carmen Sotillo -la protagonista- soliloquia, justificándose a sí misma, haciendo reproches y pidiendo explicaciones a su esposo muerto, que ya no puede oírla. La defensa que la mujer hace de sí es una acusación al hombre, de la que éste no puede defenderse; pero la misma acusación le defiende a él, mientras que la defensa de ella viene a ser su propia acusación. He aquí el valor irónico del libro…' (Última hora de la novela en España; pág. 65).

En ocasiones Carmen, que en mi opinión ha llegado a perder parte de su sentido durante el soliloquio, se dirige a Mario como si éste pudiera responderle, sobre todo cuando el monólogo llega a su fin: “…¡no te hagas el desentendido, Mario!, anda por favor, mírame, un momento, sólo un segundo, una décima de segundo aunque sólo sea, te lo suplico, ¡mírame! (…) Mario, te lo juro, ¡mírame o me vuelvo loca! ¡!Anda por favor!!”; (pág. 245).

Exteriormente, la forma de hablar de Carmen se corresponde con la técnica del monólogo interior consistente en la reproducción de los pensamientos del protagonista con carácter memorístico, con el consiguiente desorden, pues no en vano, las ideas van surgiendo de la mente, por lo que esta técnica guarda relación con el lenguaje oral espontáneo.

En cuanto al estilo, la obra se caracteriza sobre todo por haber conseguido captar el habla coloquial. Menchu soliloquia en un lenguaje poco culto, trivial, que se basa en frases hechas y en refranes. El uso del refranero pone de manifiesto un lenguaje poco conseguido, avulgarado, [“Revolvió Roma con Santiago”, pág. 186.- “…das más guerra que un hijo tonto”; pág. 197.- “pero una y no más, Santo Tomás…”; pág. 210] y que presenta un bajo nivel cultural con poca riqueza expresiva.

A su vez, el lenguaje de M.ª Carmen es muy rápido y denso (dice muy rápido muchas cosas); confunde palabras, por ejemplo cuando quiere referirse a algún hecho con carácter privado utiliza la frase “para inter nos”, separando la palabra en dos vocablos: *inter nos, en lugar de `internos'. Comete el error gramatical del laísmo e incluso comete algún que otro leísmo (aunque habría que tener en cuenta que este último está admitido por la Real Academia. [“No le trago, fíjate, al don Nicolás ese de mis pecados…”; pág. 122 / “ (…) que su madre sea una rara y la disguste que otra intervenga…”; pág. 136.] Desconoce la pronunciación de muchas palabras, *boyescut, por ejemplo. [“…tiene vocación de boyescut, o como se diga eso, que…”].

Menchu comete fallos gramaticales al añadir a los verbos partículas enfáticas que no son correctas: “que tú no eres un intelectual, me lo sé de requetesobra…”., y hace uso de las muletillas típicas del lenguaje oral. [“que me metías el corazón en un puño hijo y a despertarme”; pág. 219 / “para matar el tiempo, a ver, para que pase sin…”; pág. 217]. También al incluir preposiciones incorrectamente [“desde entonces, venga de pasear por calles raras”; pág. 115.-] .

Otro de los aspectos renovadores de la obra, la reiteración que hemos citado varias veces, deja sentir la estrechez del alma, las obsesiones, las alegrías y principalmente los reproches, durante el acto de la comunicación oral.

En contraposición al lenguaje de Menchu, otros personajes más culturizados que la protagonista manifiestan un lenguaje mucho más culto: su padre, don Ramón Sotillo: : “No me quitaré esta corbata mientras el rey no vuelva a Madrid”; Esther, que ha ido a la universidad): “¡no te rías así, Carmen, no te rías así, que ese hombre puede ser tu marido!…”; (pág. 235); y obviamente el difunto intelectual Mario.

  • INTERPRETACIÓN.-

En Cinco horas con Mario se ponen en el tablero dos concepciones opuestas de la vida. Dos formas de ver la vida cuyo antagonismo tiene evidentemente un origen político. Menchu ve la vida como algo ya escrito que gira sobre unas directrices que no se deben quebrantar, cada cual donde le corresponde, y cada uno a cumplir con lo que le dictan los convencionalismos o el Señor. Mario, sin embargo, es de esas personas que buscan un mundo mejor, donde no haya opresión, ni pobreza… ni desigualdad, en definitiva. Una vida austera, comprometida con los demás, de duro trabajo para conseguir el sustento diario, y de lucha sempiterna por arreglar el mundo… Una concepción de la vida mal vista durante el régimen franquista, que no se rinde ante el organismo opresor en busca de un mañana mejor.

En mi opinión, ambas formas de ver la vida son bastante dignas. No en vano, cada cual sigue los pasos de sus congéneres al menos al inicio de la vida, lo que condicionará en gran medida los pensamientos e ideales posteriores de la persona en cuestión. Algunas personas reciben -o mejor dicho `recibían'- una educación tradicional. Una educación intransigente que a más de uno (y de una) no le vendría mal, pero el machismo, la falta de libertades, la superioridad y la hipocresía la bautizan como una auténtica educación inquisitorial, que sólo puede crear individuos frustrados, insatisfechos de su vida, convertidos en meros practicantes de una doctrina estúpida, anticuada e intolerante con los demás. No obstante, esta forma de vida, -como hemos visto en el papel de Menchu-, es practicada por personas capaces de dar su vida por una familia a la que van a mantener, educar y amar, sin faltar a ninguno de los mandamientos que dicta su inamovible religión Católica, Apostólica y Romana. Una vida normal, que no busca cambios ni reformas, porque no puede ni tiene intención de rebelarse para encontrar una vida distinta, mejor.

La concepción opuesta mira la felicidad del individuo, una búsqueda imparable por conseguir la libertad y la igualdad. Es una vida con cierto matiz caritativo, donde los individuos son capaces de sacrificar su pan por dárselo a los más desfavorecidos. Un intento vital de encontrar la igualdad entre sexos y sacar a la luz los valores de los individuos `inferiores'. Una visión renovadora que quiere romper con la tradición, es ajena al machismo -reivindican la educación de la mujer-, a los “convencionalismos estúpidos” -el luto y las declaraciones amorosas, por ser ejemplos bastante cercanos- y en general, opuesta a cualquier regla que rompa los derechos básicos de libertad y de integridad del individuo. Pero esta lucha y dedicación separa al individuo en cuestión de sus obligaciones familiares: tal es la ocupación y el interés por prodigar sus ideales que se olvida de los suyos porque considera que no necesitan tanta ayuda como los pobres desvalidos. Esta concepción supedita al individuo a una tradición que no es capaz de entender porque no puede asimilar una vida basada en directrices establecidas, ahí reside el problema, ambas concepciones coinciden temporalmente, dando lugar a enfrentamientos: esa es la causa número uno de los conflictos y las guerras que asedian el planeta.

Bajo mi modesto punto de vista, la vida puede ser fruto de una intersección entre ambas concepciones. Cada cual ha de tener sus libertades, pero siempre con cierta dosis de `dictadura' que parta de los principios de la educación y del respeto. De hecho, nuestra libertad termina donde empieza la del resto, y no debemos excedernos en lo que a libertades se refiere… Si bien podemos estar de acuerdo con los usos y costumbres tradicionales, como la boda antes de la vida en pareja, o el luto por los seres queridos, al mismo tiempo podemos defender unos ideales aperturistas en cuanto a igualdad y libertad que no son incompatibles con los convencionalismos, o también podemos opinar libremente sobre cualquier tema, puesto que, como sabemos, la censura está actualmente desterrada en nuestro país.

¿Por qué no pensamos en una persona mitad Menchu mitad Mario?. Sería maravilloso para la humanidad poder sintetizar los pros de Menchu y los de Mario y cribar al mismo tiempo los contras de ambos. Crearíamos una persona creyente, trabajadora, atenta con los suyos, de cierto nivel cultural y con un trabajo digno, que se preocuparía por ayudar al prójimo, respetando a todos por igual y defendiendo al hombre por encima de cualquier cosa…

Sí, es cierto que en Cinco horas… aparecen dos ópticas distintas de la vida, y que parece imposible conseguir que exista esa persona `perfecta' que antes citábamos, pero si intentásemos que el mundo estuviera lleno de estos `clones', conseguiríamos la paz, la felicidad y una situación personal mejor, si cabe.

En resumen, cada cual ha de optar por un camino (o crear el suyo propio) donde la felicidad propia y la de los demás se desarrolle libremente. Siempre, eso sí, dentro de unos límites adecuados que nos permitan conseguir una armoniosa convivencia y así alcanzar una vida que sea el fruto de nuestro trabajo y dedicación, y que no se caracterice ni por la frustración y/o la opresión, ni por supuesto por la infelicidad.*

  • BIBLIOGRAFÍA (AA-ZZ).-

TÍTULO: Cinco horas con Mario.

AUTOR: Miguel Delibes.

COLECCIÓN: Destinolibro.

VOLUMEN: 144.

EDITORIAL: Ediciones Destino, S.A.

Nº DE EDICIÓN: Decimoctava.

LUGAR: Barcelona.

FECHA: 03/95.

TÍTULO: Enciclopedia de la literatura (A-Z).

EDITORIAL: Grupo Z

FECHA DE EDICIÓN: 1994.

Enciclopedia Multimedia Microsoft Encarta ´97 en CD-ROM.

TÍTULO: Historia de la literatura española.

Literatura actual. 6/2.

AUTOR: Santos Sanz Villanueva.

EDITORIAL: Ariel.

FECHA DE EDICIÓN: 1988.

TÍTULO: La hora roja *.

AUTOR: Miguel Delibes.

COLECCIÓN: Biblioteca Básica.

EDITORIAL: Austral.

VOLUMEN: Libro RTV 17

*. Prólogo de D. Francisco Umbral.

Libro de texto de Lengua Castellana y Literatura 2º-BCH.

Editex, 1999.

TÍTULO: Miguel Delibes. El escritor, la obra y el lector.

[Actas del V Congreso de Lit. Esp. Contemporánea].

AUTORES: - Miguel García-Posada (Crítico literario).

- Antonio Vilanova (Universidad de Barcelona).

EDITORIAL: Anthropos.

FECHA DE EDICIÓN: 1992.

TÍTULO: Última hora de la novela en España.

AUTOR: M.ª Dolores de Asís Garrote.

EDITORIAL: Eudema - (Ed. de la Universidad Complutense).

FECHA DE EDICIÓN: 1994.

* Como afirma Dña. M.ª Dolores de Asís Garrote, Catedrática de Literatura Contemporánea de la Universidad Complutense en su obra Última hora de la novela en España.

GUIÓN DE LECTURA ACERCA DE CINCO HORAS CON MARIO, DE MIGUEL DELIBES

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