Cinco horas con Mario; Miguel Delibes

Literatura española contemporánea. Siglo XX. Novela de posguerra. Monólogo. Argumento. Género literario. Personajes

  • Enviado por: Laura
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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Contexto histórico

La España de la posguerra hasta los años 60.

El franquismo (1936-1975) tuvo origen en la Guerra Civil, que movilizó a los sectores más conservadores y acomodados. El sistema que impuso su dirigente, Franco, fue un sistema totalitario, sin libertades para los ciudadanos y con una persecución de los enemigos al régimen.

La euforia del bando vencedor había provocado la miseria del bando vencido. La guerra se había acabado pero Franco no había ofrecido la paz. Los republicanos y los catalanistas empezaban entonces una etapa de desdicha. Numerosos se tuvieron que exiliar, perseguidos por sus ideas contrarias al régimen, acogidos por las autoridades francesas, algunos se recogieron en campos de concentración improvisados. Se calcula que unos 300.000 españoles se fueron al extranjero. El exilio de muchos personajes prestigiosos influyó negativamente en el desarrollo cultural y técnico del país. La única opción posible para los que se quedaron y eran contrarios al régimen, era el silencio porque sino iban a prisión.

El franquismo fundamentó la ideología con los mismos principios de los estados fascistas y nazis de los años 30 pero con un matiz camaleónico para adaptarse.

Franco asumió el poder absoluto al ser proclamado cabeza del Estado, del gobierno, del Movimiento (el partido único) y del ejército. Así que las tres características que mejor definen esta dictadura son: autoritarismo, ya que Franco se creía elegido por Dios y con la autoridad de prohibir todo aquello que fuera contrario al régimen, centralismo, Franco tenía una visión uniformadora y castellanizada del Estado, por tanto, perseguía a los separatistas y a todo aquello que viniera del extranjero; y nacionalcatolicismo, Franco era defensor de la religión y moral católica, lo cual quedó muy patente en la enseñanza y en la censura.

La represión fue continua durante todo el régimen franquista: se estableció la pena de muerte, la ley de represión de la masonería y del comunismo, la detención, la tortura, los largos años de prisión, los trabajos obligados, los campos de concentración, el destierro, la confiscación de bienes, los fusilamientos, las depuraciones de funcionarios (separación de la administración de todos los considerados peligrosos o contrarios al régimen)...

El nuevo orden público se caracterizó por la falta de libertades de expresión y de asociación y por el miedo.

Las relaciones internacionales se rigieron, teóricamente, por una política exterior de neutralidad, pero las acciones demostraron una clara tendencia a favor del régimen nazi.

En economía, la década de los 40 representó una auténtica depresión, por la falta de transportes, de alimentos, de energía, de recambios y de materias primas. El eje de la política económica se centró en el intervensionismo estatal.

La política económica del gobierno se caracterizaba por la autarquía. El régimen perseguía la autosuficiencia económica y el aislamiento comercial del país. Esta visión centralizada provocó una alta inflación y un empobrecimiento general de la población.

La escasez de productos forzó al gobierno a establecer el racionamiento de los productos. Las familias disponían de una cartilla de según su posición social, la cual fijaba los alimentos que podían obtener. Las faltas del sistema y la regulación estatal de los precios provocaron el estraperlo o mercado negro. La desnutrición y el hambre de la población urbana provocaron problemas constantes, mientras un grupo reducido de nuevos ricos amasaban grandes fortunas.

La supresión de los sindicatos y la afiliación obligatoria al sindicato vertical, fue también una de las causas del empeoramiento de la calidad de vida y de trabajo. En este contexto, la sobreexplotación fue frecuente. Estos aspectos sumados con los anteriores contribuyeron a forjar la base del descontento social. A partir de 1945, se observa un incremento de la conflictividad, con la aparición de huelgas. Los maquis, grupos de hombres refugiados en las montañas, emprendieron golpes puntuales contra el franquismo. En cuanto a las agrupaciones políticas, se continuaban reproduciendo las divisiones del pasado en el conjunto de la izquierda (republicanos y socialistas), entonces en la clandestinidad.

La apertura económica se planteó a partir de 1951 gracias a la guerra fría y al descontento general. Hasta 1955 se puede constatar una recuperación, tanto a nivel de renta como de la producción. Las medidas que se adoptaron, pero, aún mantenían gran parte de la filosofía intervencionista.

La tendencia migratoria no tenía freno. El éxodo se repartió entre las ciudades industriales del Estado y Europa.

A partir de 1956, la situación fue insostenible. La merma de la ayuda americana, la falta de divisas, el déficit comercial con el exterior y la inflación provocaron la crisis financiera del Estado y la agitación popular.

Poco a poco fue evidente que el franquismo era incompatible con la apertura cultural y política. Además, se mostró el proceso de renovación generacional y de ampliación de la oposición. Desde entonces, incluso algunos hijos de familias vencedoras de la Guerra Civil se integraron el la lucha antifranquista. Paralelamente se iba consolidando una oposición moderada, formada por grupos democratacristianos y monárquicos, que atraían sectores de clase media y acomodada.

El nuevo gobierno del 57 declaró el estado de la excepción. En definitiva, el régimen pretendía modernizar el país sin perder ni una pizca de poder.

Por último, entre 1962-1965, se reunió un Concilio Vaticano II para tratar múltiples temas para la reforma y acerca de la adaptación de la Iglesia a los tiempos modernos en todos los aspectos. Al Vaticano les parecía oír por “todo el mundo un inmenso y confuso clamor, la pregunta de todos los que miran al Concilio y nos preguntan con ansiedad: "¿No tenéis una palabra que decirnos... a nosotros los gobernantes, a nosotros los intelectuales, los trabajadores, los artistas; a nosotras las mujeres, a nosotros los jóvenes, a nosotros los enfermos y los pobres?".

Visión del contexto según Carmen Sotillo y Mario Díez

En este libro se distingue el concepto de las dos Españas que desde el siglo XIX daba que hablar, además éstas se acababan de enfrentar en la Guerra Civil y sus diferencias se hacían cada vez más notables. Así que un protagonista simboliza la España caduca y conservadora, Carmen, y otro la España aperturista y liberal que mira hacía el futuro, Mario.

La primera procede de una familia de clase media conservadora de provincias, y como tal, está inmersa en la sociedad española estancada en un pasado de creencias y convencionalismos, la clase vencedora de la Guerra Civil.

Carmen veía muy bien el sistema autoritario de Franco ya que creía que “el mundo necesita autoridad y mano dura” y también estaba a favor de la Inquisición, ir en contra de esto era “querer enmendar la plana al Todopoderoso”, le decía a su marido, ya que este estaba en contra.

Mario, procedente de una clase más baja que la de Carmen, el padre de éste era prestamista, tiene unas ideas más liberales, al igual que sus hermanos [“muchachos con los ojos limpios que querían una España distinta, unos y otros”, pág.124], quería una España nueva. Él protestaba en contra de lo que no estaba de acuerdo, como intelectual que era, estaba en desacuerdo con la falta de libertades, según Carmena: “a ti lo que siempre te ha mortificado es obedecer y callar, lo mismo que a los jovencitos esos que tanto defiendes”[Pág.149]. Él, en el <<el Correo>>, publicaba artículos mostrando las injusticias humanas del momento, con las cuales el no estaba de acuerdo: “que si miles de niños sin escuelas, que si hace frío en las cárceles, que si los peones se mueren de hambre, que si los paletos viven en condiciones infrahumanas...”[Pág.153]. En esta cita se muestra la situación de la población, la escasez de alimentos y las pésimas condiciones de los sectores más desfavorecidos. Al igual que lo anterior, para Mario, “los métodos de la Inquisición no eran cristianos”[Pág.131], no estaba de acuerdo con la represión de la libertad de expresión que esto suponía y que, por ello, tuvieran que morir personas que tenían unas ideas diferentes a las del régimen.

En cuestión de ideas políticas, Carmen defendía la monarquía, claramente influida por su padre, y le horrorizaba la idea republicana, los popularmente llamados “rojos” eran una vergüenza para su familia. Por ello, Carmen no veía nada bien que el hermano de su marido, Jose María, fuera republicano, aún más le avergonzaba que se lo dijeran: “vieron a José María en el mitin de Azaña en la plaza de Toros y en abril del 31 dar visas a la República, agitando la bandera tricolor como un loco, Mario, que eso es todavía peor”[Pág.80]. A ella le parecía muy bonito el concepto de monarquía: “un rey en un palacio y una reina guapa y unos príncipes rubios y las carrozas, y la etiqueta y el protocolo y todo eso”. La República “es como más ordinaria, no lo niegues, que yo recuerdo cuando se implantó, desarrapados y borrachos por todas partes, un asquito” [Pág.80], según Carmen.

Mario tenía otras ideas políticas, según él si debajo de la monarquía o de la república no había nada, no servía para nada [“Tú decías que monarquía y república, por sí mismas, no significaban gran cosa, que lo importante es lo que hubiera debajo”, pág.81].

Por otro lado, al exterior de España estaban pasando muchas cosas: avance tecnológico y cultural, cosa que, al parecer de Carmen, España no tenía nada que envidiar, estaban muy bien así: “ya sé que en el extranjero trabajan las chicas, pero aquello es una confusión, ni principios ni nada, que debemos defender lo nuestro hasta con las uñas si fuera preciso. Los extranjeros esos, con todos sus adelantos, nada tienen que enseñarnos...”[Pág.66]. Mario reivindicaba todo esto que Carmen no veía bien y más, él quería que todo el mundo estudiara [“que ahora os ha dado la monomanía cultural y andáis revolviendo cielo y tierra para que los pobres estudien”].

Como todo el mundo iba evolucionando, la Iglesia también necesitaba una reforma para adaptarse a los nuevos tiempo. El Concilio Vaticano II, que se llevaba a cabo en Roma, trataba todos los temas que reclamaba la nueva sociedad, cosa que Carmen veía como un revuelo innecesario que lo único que hacía era poner las cosas más “patas arriba”. Según ella de lo que se tenía que ocupar el concilio era de “que todos serán nombres santos...,pero en vez de salir a gresca diaria y con esas colaciones de que los judíos y protestantes son buenos, que sólo nos faltaba eso, pues revisar el santoral, pero a fondo, sin contemplaciones, éste nombre vale y éste no vale...”[Pág.76]

En el año del hambre, dice Carmen, “cuando hizo falta, bien que me fui con el tío Eduardo por los pueblos más asquerosos a buscar garbanzos y lentejas para que mis padres comieran”[Pág.150-151]. Esta época sería la de los años 40, cuando hubo una auténtica depresión general: falta de transportes, alimentos, etc. que provocó el racionamiento de lo poco que se tenía y el estraperlo.

Para concluir los dos puntos de vista de la España de mediados del siglo XX, se puede decir que la gente como Mario representa a la España intelectual que mira hacía el extranjero, la España igualitaria (derechos humanos), progresista, y Carmen representa a la España conservadora que piensa que “algún día España salvará al mundo”[Pág.87], la España xenófoba (no hay nada mejor que España), la España nacionalista (“España una, grande y libre”eslogan franquista), clasista e hipócrita (todo se hace por conveniencia, por el qué dirán).

Como se ve reflejada la sociedad, la Guerra Civil, la religión y la sexualidad en la obra.

La sociedad

La sociedad de mediados de siglo XX aparece en Cinco horas con Mario de forma dialéctica, visión de Carmen y visión de Mario, pero luego aparecen algunos personajes que no son tan extremistas o que se añaden a la forma de ver de uno o de otro.

La sociedad desde el punto de vista de Carmen tenía clases, había unos pobres que siempre tendría que existir y una gente acomodada que tenía que ejercer la caridad con ellos [“cada oveja con su pareja”, “si los pobres estudiaran y dejaran de ser pobres, ¿quieres decirme con quién vamos a ejercer la caridad?”]. Ella sugiere que todo siga igual: “hay vocaciones para pobres y vocaciones para gente bien, cada uno en su clase, creo yo, que a este paso, a la vuelta de un par de años, el mundo al revés, los pobres de ingenieros y la gente pudiente arreglando los pomos de la luz”[Pág.127]. Su madre ya se lo decía que cada cual tiene que estar con los de su clase: “casarse con un primo hermano o con un hombre de clase inferior es hacer oposiciones a la desgracia”, todo lo que decía su madre era cierto para ella. Alguien de su clase no podía trabajar en un oficio de una clase inferior, “de peón de albañil o algo parecido, mejor muerto”[Pág.84], ni viceversa, “¿qué puede dar de sí el hijo de una lavandera, intelectualmente me refiero, Mario, me lo quieres decir?...<<para lograr una cabeza discreta se necesitan al menos cuatro generaciones>>”[Pág.155]. Estudiar era de gente bien, de gente acomodada. Trataba a la gente de clase inferior de manera despectiva, y no digamos a los presos, “tu dirás que provecho puedes sacar de esa gentuza, que si la sociedad les hace el vacío por algo será” [Pág.72], y a los negros, “hasta los negros de África quieren ya darnos lecciones cuando no son más que caníbales”[Pág.76]. Aquí queda claro el tono racista de Carmen, no solo a los presos y a los negros, sino también a los judíos y protestantes, “antes la muerte, fíjate bien, la muerte, que rozarme con un judío o un protestante”[Pág.77].

Desde el punto de vista de Carmen, en esta sociedad clasista, las mujeres de clase bien, como la suya, no debían trabajar ni estudiar. El trabajo era para las mujeres de una clase más baja que no disponían de sus medios para vivir. El estudio, según ella, convertía a las mujeres en marimachos, y lo demuestra respecto a su hija: “A la niña no le tiran los libros y yo la alabo el gusto, porque en definitiva, ¿para qué va a estudiar una mujer, Mario, si puede saberse?¿Qué saca en limpio con ello, dime? Hacerse un marimacho, ni más no menos, que una chica universitaria es una chica sin feminidad, no le des más vueltas, que para mí una chica que estudia es una chica sin sexy, no es lo suyo”[Pág.64]. Además, los intelectuales no eran más que alborotadores, revolucionarios, para ella: “Para nada en el mundo quisiera tener un hijo intelectual, una desgracia así, antes que Dios se lo lleve, fíjate. Convéncete de una vez, Mario, los intelectuales con sus ideas estrambóticas, son los que lo enredan todo, que están todos medio chiflados, porque creen que saben pero lo único que saben es incordiar”[Págs.124-125]. En el tema de los estudios decía que sus hijos tenían que “empezar a alternar y dejar un poco los libros que se le van a volver los sesos agua”. Según ella se tenía que vivir la vida porque sólo se vivía una vez, quería que sus hijos se divirtieran y disfrutaran de su juventud. Ella no había estudiado y ni falta que le hacía, además según ella “a los hombres se os ve venir de lejos y si hay algo que lastime vuestro amor propio es tropezar con una chica que os dé ciento y raya en eso de los libros”. Carmen trata siempre de forma despectiva todo lo relacionado con los libros, menos con los libros temas amorosos, y siempre critica a su marido por no hacerla caso y escribir uno sobre una historia de amor que ella le había propuesto [“¡Si vieses con que ilusión te propuse lo de Maximino Conde”,pág.92, “el amor es un tema eterno, métetelo en la cabeza, mira Don Juan Tenorio, eso no se pasa....son amor qué sería del mundo, ni existiría”,pág.93 ]. Pensaba también que quien analiza las cosas es infantil: “De ordinario, las personas que piensan mucho, Mario, son infantiles”[Pág.74].

En cuanto a la educación de sus hijos, a parte de que ella creía que no tenían que estudiar tanto, no permitía que se salieran de la regla por ella impuesta y los castigaba, e incluso los pegaba, era muy estricta.

Mario, al contrario que Carmen, piensa que todo el mundo es igual y que tienen los mismos derechos. Él, un intelectual que todo lo analiza y que escribe en defensa de todas las injusticias sociales, defendía q su obligación era denunciar la corrupción, injusticias...: “<<nuestra obligación es denunciarlas>>”[Pág.153]. Además pedía amnistías, creía que la gente merecía vivir dignamente y tener un juicio justo: “¿y los presos? Hijo de mi alma si hubo meses con las amnistías o eso, que parecía nuestra casa la sucursal de la cárcel...Y tú que no eran delincuentes comunes”[Pág.167]. Mario iba en bici, creía que su hija también tendría que ir a la universidad, que los pobres también merecían estudiar, etc: “ahora os ha dado la monomanía de la cultura y andáis revolviendo cielo y tierra para que los pobres estudien...que me hacéis gracia con es campaña de <<El Correo>>,..., para que todos los chicos, ricos y pobres, puedan ir a la Universidad”[Pág.67]. Era un hombre que, según su mujer, tenía gustos proletarios hasta para elegir los nombres de sus hijos, por ello los eligió Carmen. Este estaba abierto a cualquier idea que viniera del extranjero, al contrario que su mujer: “siempre miráis con la boca abierta todo lo que viene de fuera”[Pág.66].

En cuanto al luto, Carmen lo cumplía, estaba totalmente de acuerdo, según ella, la gente tenía que saber lo mal que estabas, que habías tenido una tragedia en tu familia y que lo estabas pasando muy mal. Mario, y su hijo Mario también, estaban en desacuerdo y que, para ellos, no eran más que convencionalismos: “mira tú, con tu padre, ¿recuerdas?, buena prisa para quitarte el luto, es que te faltó tiempo, ¿eh?,..., que me avergüenza pensar que yo, que al fin y al cabo no era nada de ellos, año y medio y tú ni mención”[Pág.81], “<<eso son convencionalismos, mamá, conmigo no cuentes>>”[Pág.82].

A parte de los protagonistas, Carmen y Mario, aparecen otros personajes que también dan a conocer aspectos y puntos de vista de la sociedad. Uno de ellos es Esther, una amiga de Carmen, la cual se asemeja a Mario: lee libros sobre guerra, sobre la sociedad..., es decir, tiene una visión de la sociedad más progresista. Al igual que esta, Charo, la hermana de Mario, también tiene inquietudes progresistas, de visión de un futuro más avanzado en todos los aspectos. Valen, otra amiga de Carmen, a pesar de ser de la misma clase social que esta, tiene una visión más liberal.

Por otro lado, aparecen otros personajes anticuados, la madre y el padre de Carmen. La primera aparece como toda una señora que no había estudiado pero tenía unos modales y unos conocimientos exquisitos. El segundo aparece como un monárquico empedernido que escribía en el ABC, del cual dice Carmen que era muy sabio.

Además, aparece claramente diferenciada que la familia de Carmen es de la derecha conservadora y la familia de él de la izquierda progresista. Son dos extremos que diferenciar en la España de la posguerra, los que más abundaban al parecer.

En conclusión, los rasgos característicos de la España que refleja el libro son una sociedad hipócrita y estancada en las tradiciones, que todo lo hace por conveniencia, representada por Carmen y sus padres, y una sociedad liberal y progresista, que todo lo hace por convención propia y reivindica sus derechos, representada por Mario y sus hermanos, Esther y Valen.

La religión

En cuestión de religión se diferencian dos concepciones, como en todo lo anterior: una progresista y otra conservadora.

La primera cree en la Iglesia pero ve necesario algunos cambios en esta para que se adapte a los nuevos tiempos. Los que lo ven así, se apoyan en el Evangelio y opinan al respecto.

La segunda cree en la Iglesia por conveniencia, es decir, son religiosos por el que dirán y no porque realmente tengan fe. Este pensamiento influye a todos los ámbitos de la sociedad. Bajo esta concepción, en el día del casamiento, las mujeres se visten de blanco para significar que son vírgenes y puras y si esto no se hace está muy mal visto. Según Carmen pensar en católico es pensar en bueno, agradece a la Inquisición que hacía pensar en bueno. Ella siempre menciona a Dios, por todos lados y en vano, signo de su poca religiosidad y sus ganas de aparentar que si lo es. Según ella, un buen cristiano debe meditar sobre la muerte. Carmen decía que <<El Correo>> no podía conciliar con Dios: “Dios y <<El Correo>>, que eso es como ponerle una vela a Dios y otra al diablo”.

En cuestión al Concilio Vaticano segundo, ella dice que este se tendría que encargar de revisar el santoral en vez de remover tanto las cosas.

En cuestión a otras religiones, judíos y protestantes, Carmen no es nada tolerante, todo lo contrario: “antes la muerte, fíjate bien, la muerte, que rozarme con un judío o un protestante. Pero ¿es que vamos a olvidarnos, cariño, de que los judíos crucificaron a Nuestro Señor?”[Pág.77]. Mario tenía una opinión diferente al respecto, él creía que lo habíamos crucificado entre todos: “Y, por favor, no me vengas con historias de que Cristo le crucificamos todos, todos los días”.

La Guerra Civil

Como en el resto de temas que he tratado, en este también hay una doble concepción de la realidad, en este caso de la Guerra Civil española que transcurre entre 1936 y 1939. Estos dos puntos de vista son los de Carmen y los de Mario. La primera dice que en los años de la guerra se lo pasó muy bien, fuero unos años estupendos, hasta incluso llega a decir que fueron los mejores años de su vida. Para ella todo fue muy divertido, estaba como de vacaciones ya que veía mucha gente por la calle y se lo pasaba muy bien cuando oía los bombardeos o la sirenas: “yo me lo pasé divinamente en la guerra, por qué voy a decir otra cosa, con las manifestaciones y los chicos y todo manga por hombro, ni me daban miedo las sirenas ni nada, que otras, no veas, como locas en los refugios en cuanto empezaban a sonar, que yo la gozaba”[Pág. 78].

Aparece mención del Día del Plato Único, Carmen ni lo notaba, su madre lo mezclaba todo en un palto y ni se daba cuenta y de postre “Transi y yo comprábamos caramelos y ni notarlo”[Pág.83]. Para ella la guerra es “oficio de valientes” y repite que se lo paso muy bien, que “era como una fiesta sin fin, cada día algo distinto, que si los legionarios, que si los italianos...”.

También menciona que a las personas que eran más mayores, como Gabriel y Evaristo, no los llamaron hasta el final de la guerra, febrero del 39 recuerda ella, pero no los llevaron al frente, sino que los dejaron el las oficinas militares.

Para Mario la guerra fue todo lo contrario que para Carmen, él fue a luchar al frente ya que en esa época tenía 19 años. Cuando, en un escrito, aparece expuesta la idea de que era una Cruzada o si sólo lo oye, Mario se pone de los nervios ya que para él era una guerra con todas las palabras, fue una auténtica tragedia.

Así que Carmen defiende las ideas del bando nacionalista y Mario las ideas del bando liberalista.

La sexualidad

Este tema aparece sobretodo, repetidas veces, desde la situación de la noche de bodas de Carmen y Mario, y desde el día que él se fue con Encarna a celebrar por Madrid las oposiciones ganadas por este.

Carmen está atormentada porque no sabe si su marido cometió adulterio esa noche en Madrid con Encarna ya que “desde el mismo día que mataron a Elviro, Encarna andaba detrás de ti, Mario”[Pág.135].

Mario con ella siempre, en cuestión de sexo, había sido un amante poco inspirado, ya hasta en la noche de bodas se lo dejó claro: “la primera vez, te diste media vuelta y me dijiste buenas noches, me quedé fría, que nunca me hizo nadie un feo así”[Pág.99]. Mario era un rutinario en el sexo, Carmen envidiaba a su amiga Valen ya que ella le contaba intimidades suyas: “las cosas pero que cada vez que me dice que siempre es distinto, que siempre hay algo nuevo,..., no le voy a decir que mi marido es un rutinario, que es la pura verdad, Mario, que en seguida te pasa y a una la dejas con la miel en los labios, ni disfrutar”[Pág.141].

Carmen continuamente repite que ha tenido mil oportunidades de irse con uno y con otro y de cometer adulterio pero que ella es muy decente, ella nunca lo ha hecho. Eso es lo que dice por un lado, pero por otro se descubre que ganas no le han faltado. Por ejemplo, ella dice que el hermano de Mario, José María, la ponía nerviosa cuando la miraba: “mirarme José María y perder la cabeza era todo uno”. Pero lo más sonado en cuanto a sexo en esta novel es la relación de Carmen con Paco Álvarez, ella lo alaba por todos lados: “Los ojos, para mi gusto, siempre los tuvo ideales, de un verde raro, entre de gato y de agua piscina, pero es que ahora ha cogido un qué sé yo, como un aplomo, un señorío que no tenía antes, ..., y lo ves ahora y habla despacio, con pausa, sin trabucar una palabra”[Pág.161]. Y al final parece ser que casi comete el adulterio ya que el la empezó a besar y a tocar e incluso le rompió el vestido.

Otra situación sexual es cuando Carmen ve a su hermana Julia con Galli, el italiano, “abrazándose, revolcándose en la alfombra”[Pág.158]

Estructura de la obra

Cinco horas con Mario se divide en tres partes principalmente: un prólogo, 27 capítulos y el epílogo. El prólogo y el epílogo están narrados en tercera persona. Los 27 capítulos están narrados en primera persona.

El prólogo está introducido por una esquela y seguidamente se explica el transcurso del velatorio del cadáver en casa del difunto.

Los siguientes 27 capítulos están narrados por Carmen en forma de soliloquio, o monólogo. En ellos aparecen una sucesión de temas de forma desordenada que se van sucediendo sin haber acabado el anterior, es decir, ella empieza dando su opinión sobre un tema y seguidamente, sin acabarlo o sin dejarlo claro al lector, cambia de tema. Esto es a causa de que ella se dirige al muerto, a Mario, el cual, ella daba por supuesto, sabía de que hablaba. Por ello, ella va repitiendo los mismos temas añadiendo, a lo largo de la obra, más información.

Cada capítulo de los 27 centrales están introducidos por una cita bíblica que Mario había subrayado del Evangelio, lo cual Carmen utiliza para empezar a hablar de cualquier tema a reprochar a su marido, todo lo que éste, según ella, ha hecho mal.

El epílogo expone un poco la conclusión del libro con la reflexión del hijo, Mario, sobre las ideas de su madre. Él le intenta hacer ver que nadie es totalmente malo o bueno, sino que todos somos malos y buenos a la vez. Y que los buenos no son solo los de izquierda o derecha, sino que hay que abrirse al diálogo e intentar comprender a las dos partes. A pesar de que ésta no acepta lo que el hijo le dice, abre un camino de esperanza.

Lo que caracteriza, en cuanto a estructura, a toda la novela en global es que tiene una estructura caótica, es un constante repetir lo mismo. En el prólogo y en el epílogo, a parte de las conversaciones y partes que se lleva un orden, se va repitiendo lo que “los bultos” dicen a Carmen y lo que ella misma se repite (los besos al aire, el muerto no ha perdido color...). En los 27 capítulos centrales se desarrolla realmente una situación caótica de reiteraciones, siempre lo mismo: “El Correo”, la Inquisición, Paquito, la noche de bodas, el dudado adulterio de su marido con Carmen, la diferencia entre clases...

Bibliografía

Guía Escolar VOX (tomo de Historia), Ed. Bibliograf, S.A., Barcelona, 1995.

Rico, Francisco: Historia crítica de la Literatura Española. Barcelona, Ed. Crítica. Varios volúmenes. Varios años.

ANÁLISIS HISTÓRICO, TEMÁTICO Y ESTRUCTURAL DE CINCO HORAS CON MARIO, DE MIGUEL DELIBES POR LAURA COLL ÁLVAREZ