Cien años de soledad; Gabriel García Márquez

Literatura hispanoamericana contemporánea. Escritores hispanoamericanos del sglo XX. Narrativa del Realismo Mágico. Novela. Argumento. Temática. Espacio y tiempo. Contextualización. Simbolismo

  • Enviado por: Agustín Giannattasio
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 11 páginas

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Índice

Introducción

Página 3

Desarrollo del trabajo

Páginas 4 - 10

1. Estructura del libro

Página 4

2. Tiempo cíclico y olvido en la familia

Páginas 4 - 5

3. Simbolismo de la obra

Páginas 6- 8

4. Autoritarismo en Latinoamérica

Páginas 8 - 10

5. Relación con “Ruinas Circulares”

Página 10

Conclusión

Página 11

Bibliografía

Página 12

Introducción

En este trabajo nos avocamos a analizar un punto clave en la relación entre la novela de Gabriel García Márquez, “Cien años de soledad”, y la realidad que se vive en Latinoamérica: la repetición de la historia en el tiempo, y cómo va afectando ésta al continente. Éste no es un fenómeno exclusivo de los latinoamericanos, pero sí un elemento muy importante, según nuestra opinión, para entender la historia y la actual situación del continente. Es por eso que se dice que debemos conocer nuestra propia historia, así los errores que cometimos en el pasado no los volvemos a cometer, y dicho en otras palabras no volveríamos a tropezarnos con la misma piedra.

El tiempo cíclico de la novela, sin embargo, no se constituye de forma aislada, sino que está íntimamente aferrado al olvido, otro elemento que será tomado en cuenta en esta monografía. La historia de este continente está llena de vueltas hacia el pasado, no porque se lo crea mejor, sino porque, por el contrario, no se lo conoce. Entonces, será muy importante considerar si es esta ignorancia la que muchas veces conlleva en una repetición de los propios errores como mencionamos anteriormente.

Por último, nos disponemos a descifrar qué tipo de crítica quiere hacer el autor a los habitantes de América latina por medio de esta novela. Si los puntos anteriores son tratados con una visión negativa y de condena, seguramente también se está haciendo un reproche a la sociedad, y es indispensable poder establecer cuál es el mensaje final del autor.

Desarrollo del trabajo

El análisis del tema se ha realizado de manera específica sobre cada punto en el cual hay rasgos característicos del tiempo cíclico y el olvido. Para ello, el desarrollo ha sido dividido en diferentes secciones que se refieren a los diversos aspectos de este tema encontrados en la novela.

1. Estructura del libro

Observando cómo está dispuesta esta obra, podemos darnos cuenta de que la estructura de la misma acompaña los distintos eventos que van sucediendo. La estructura de la novela “Cien años de soledad” plantea un tiempo cíclico, por el cual las historias personales se repiten y todo termina como empezó. Como explica Rómulo Cosse en su artículo “Ideología y plasmación narrativa”, la novela está dividida en veinte capítulos, dispuestos de tal manera que se podría decir que hay un ascenso en la historia hasta el final del capítulo 10 y luego un descenso que se mantiene hasta el final del libro. Los hechos suceden con un eje en el centro de la obra, como si un espejo reflejara el pasado en el futuro, y finalmente todo termina como empezó. Si se observa el espacio físico en el que se desarrolla la obra, un pueblo de América latina llamado Macondo, en el mismo existe este tiempo cíclico, porque nace de la nada, y termina de la misma forma, arrasado por fenómenos naturales.

2. Tiempo cíclico y olvido en la familia

En la historia de los Buendía, las actitudes tomadas son una parte que le da gran sentido a esta obra. En este trabajo consideraremos sólo los aspectos relacionados con el tema analizado. La familia en general tiende a menospreciar su historia, a tratar de sobreponerse a ella y a no prestarle importancia. Por empezar, durante toda la obra, los Buendía quieren demostrar que pueden más que el mito que alguna vez atormentó a Úrsula, sobre un niño con cola de cerdo.

“…hasta que le oyó contar a alguien el viejo cuento del hombre que se casó con su tía que además era su prima, y cuyo hijo termino siendo abuelo de sí mismo.”

Por eso, se busca mantener relaciones desordenadas permanentemente. Ejemplos de este hecho son la relación entre Ursula y José Arcadio Buendía, ya que eran primos, y era la madre de Úrsula la que se encargaba de atormentarlos con los peligros a los que su descendencia se exponía por el parentesco familiar; Rebeca y José Arcadio, mantienen relaciones siendo “hermanos”; Aureliano José y Amaranta, tenían una relación sobrino-tía; otra de la relaciones incestuosas que se pudo ver a lo largo de la novela fue la relación entre Amaranta Ursula y Aureliano, su sobrino.

“-¿Es que uno se puede casar con una tía?-preguntó el asombrado.

-No solo se puede- le contestó un soldado- sino que estamos haciendo esta guerra contra los curas para que nos podamos casar con nuestra propia madre”

Otro episodio que se repite constantemente es la guerra civil. La misma se puede ver plasmada en la historia del continente en el que vivimos, en el cual la política y las armas están íntimamente relacionadas.

Hay un personaje en la novela que intenta resguardar la integridad de la familia, y evitar que se cumpla el destino que alguna vez les fue señalado: Úrsula, quien intenta constantemente que recuerden su pasado. Esta mujer, obsesionada con el mito que los persigue, buscará corregir el rumbo de la familia. Desde su lugar de mujer fuerte al principio y de abuela senil al final, siempre influirá de alguna forma en lo que se decida en la familia, aunque al final los personajes más jóvenes no quieran reconocerlo. Sin embargo, por más que esta mujer se esfuerce por preservar y recordar, el resto de la familia repite las actitudes de personajes anteriores, y esto los lleva a una soledad interior, porque al olvidar a sus antepasados y sus acciones están deshaciéndose de una parte de ellos mismos. El último José Arcadio, aquel que había estudiado en Europa para ser sacerdote, al final de su vida muestra una soledad interior muy grande, y es fácil darse cuenta que la vida promiscua que él lleva es muy parecida a la de su antepasado con nombre homónimo, aquel que se fuera con los gitanos.

También la repetición de la historia en una misma persona desemboca en este vacío espiritual. Un ejemplo claro de esto es la vida del coronel Aureliano Buendía, a quien luego de reiteradas guerras civiles, ya nada le importa. Esto lo demuestra con su intento de suicidio. Además, el hecho de que haga pescaditos de oro, los funda y los vuelva a hacer es una representación clara, por un lado, del tiempo cíclico presente en su vida, y por otro, de lo vacío que está por dentro.

El olvido está presente al final de la historia, cuando tras haber muerto Úrsula no hay nadie que pueda traer el recuerdo a la casa:

“…Solo cuando lo voltearon boca abajo se dieron cuanta de que tenía algo más que el resto de los hombres, y se inclinaron para examinarlo. Era una cola de cerdo. No se alarmaron. Aureliano y Amaranta Ursula no conocían el precedente familiar, ni recordaban las pavorosas admoniciones de Ursula”

Se puede decir entonces, que hay una tendencia hacia el olvido inducido, o permitido, según se lo quiera ver, en la familia Buendía. Si se trata de evitar el tema de la predestinación, es posible deducir que estas conductas son las que los llevan a repetir los actos y los errores de personas que han estado por detrás de ellos y que es realmente esta repetición de la misma historia lo que permite que la soledad se infiltre en el interior de cada personaje, ya que ellos no parecen decidir lo que quieren hacer, sino que son arrastrados por la vida.

3. Simbolismo de la obra

Se pueden distinguir, por otro lado, elementos simbólicos que representan el olvido de la historia del “Pueblo”, ya sea el mismo un poblado como Macondo o una cultura como la latinoamericana. Estos elementos describen tanto hechos históricos como situaciones generales de los países latinoamericanos y la actitud de la gente frente a su pasado. Cuando se le busca significado al simbolismo de la obra, es necesario recordar que lo que quiera decir cada hecho que sucede en la obra se refleja en un doble plano: en lo ficticio de la novela, para su mejor entendimiento, y en lo real de la vida de la gente de esta continente.

Durante el transcurso de la novela, un elemento simbólico muy relevante es el cementerio de Macondo. El mismo se podría decir que representa la historia del pueblo, y los distintos momentos del relato coinciden, desde la óptica de la actitud hacia las raíces del pueblo, con el estado del cementerio. Comienza a ser nombrado cuando Rebeca llega a Macondo con los huesos de sus padres y no tiene en dónde enterrarlos, porque aún no había muerto nadie allí. Estos huesos son la historia de la niña, representan a sus antepasados, y son parte de ella. Sin embargo, son como una historia inconclusa porque nunca han sido enterrados. El hecho de que Macondo no tenga cementerio muestra que aún no tiene historia, y que al igual que rebeca está en busca de su propia identidad.

Más adelante, el cementerio se inaugura con los restos de Melquíades (capítulo 4), y ahí se supone que empieza a tener historia ese pueblo. Además, Melquíades luego marcaría el destino del pueblo con sus profecías. Hay que tener en cuenta, entonces, que será muy importante para los personajes recordarlo, ya que él está representando el destino inevitable del cual nunca deben olvidarse los Buendía.

Otra etapa del cementerio, la que muestra la condición de olvido en la que estaba el pueblo, es cuando llega la empresa bananera a Macondo. Allí, todo el campamento es emplazado sobre el cementerio, después de haberlo tapado con cemento:

“…Fue en esa ocasión cuando construyeron una fortaleza de hormigón sobre la descolorida tumba de José Arcadio para que el olor a pólvora del cadáver no contaminara las aguas”

Esto demuestra que esta empresa, representante de los intereses extranjeros, se sobrepone a las raíces de la gente. Los pobladores de Macondo, obnubilados por los beneficios económicos que podía llegar a brindar la empresa bananera, se olvidan de todo lo que en realidad eran ellos, y eso es lo que quiere marcar este “tapar el cementerio con cemento”. Se podría aplicar este significado a la realidad de los latinoamericanos, y entender el mensaje del autor como una crítica social hacia el olvido de la propia idiosincrasia, reemplazada por los intereses de otros. Posteriormente a este episodio, no hay mayores menciones del cementerio de Macondo.

Con Rebeca llega una enfermedad a Macondo, que primero le quita el sueño a la gente y luego la hace olvidar (capítulo 3). El hecho de que Rebeca traiga el olvido no es casual, porque el sufrimiento de ella la lleva a buscar olvidar lo que le pasó. Pudiera ser que el autor este señalando una actitud común de los latinoamericanos de tratar de olvidar el sufrimiento pasado. Según García Márquez, este olvido puede ser muy dañino, opinión que da a conocer cuando lo nombra como el “olvido de la muerte”. Es importante también el hecho de que Rebeca es una extranjera en Macondo, y esta situación nos lleva a pensar en el hecho de que el olvido es inducido en Latinoamérica por gente ajena al continente. Esta enfermedad fue curada finalmente por Melquíades. En este caso, la sabiduría de Melquíades se impuso frente al olvido. Nuevamente, un llamado de atención del autor a la sociedad, en este caso a revalorizar la sabiduría de aquellos de mayor edad.

Como se dijo anteriormente, Úrsula es quien desea que la familia mantenga siempre su identidad presente y que recuerden quiénes son. Por eso, cuando su marido José Arcadio Buendía se enferma, es ella quien lo ata a un castaño (capítulo 4). Al analizar esta actitud, se unen lo que es este hombre, el fundador de Macondo, con lo que representa un árbol con sus raíces, el origen de un Pueblo. Entonces, lo que se quiere preservar es la identidad de Macondo, la historia de este pueblo.

Hay un hecho que define casi en su totalidad la condición de Úrsula. Ella, cuando ya era muy mayor, se queda ciega. Sin embargo, puede “ver” más que los demás de la casa, ya que ninguno de ellos se da cuenta de su condición de no vidente.

“Empezó a cometer errores, tratando de ver con los ojos las cosas que la intuición le permitía ver con mayor claridad”

Ésta es, a nuestro entender, una clave para que el lector pueda reconocer la función de Úrsula y lo desviada que está la familia. Se introduce en esta etapa de Úrsula a su personalidad una característica de Melquíades, una especie de profecía inconsciente, por la cual confunde al pequeño Aureliano hijo de Meme con el coronel Aureliano, y a José Arcadio hijo de Fernanda con su propio hijo. A simple vista es contradictorio con el perfil que va llevando a lo largo de la historia Úrsula, pero este hecho está denotando la repetición de las historias y el tiempo cíclico, ya que finalmente ese José Arcadio y ese Aureliano serían para el final de la historia como lo habían sido el coronel Aureliano y José Arcadio, hijos de Úrsula, para el comienzo de todo. O sea, si se toma el árbol genealógico de los Buendía y se lo invierte, se verá que estos dos muchachos ocupan ahora el lugar que ocupaban los antepasados con sendos nombres.

Otra oportunidad en la que Úrsula interfiere es durante la niñez de Aureliano II y José Arcadio II (capítulo 10). Los dos niños, dice la historia, eran casi iguales, ya que eran gemelos. A pesar de los esfuerzos de sus padres por diferenciarlos mediante distintas prendas o distintivos, no fue posible evitar que se terminaran cambiando los nombres. Por lo tanto, nadie podía distinguirlos, a excepción de Úrsula, que sí podía reconocerlos, porque veía más allá de lo físico, y podía entender el tiempo cíclico de las historias que se repetían.

“…Ursula seguía preguntándose si ellos mismos no habrían cometido un error en algún momento de su intrincado juego de confusiones, y habían quedado cambiado para siempre”

Se daba cuenta de que las características de los Aurelianos, retraídos pero de mentalidad lúcida, y de los Arcadios, impulsivos y emprendedores pero marcados por un signo trágico, se repetían de manera inversa en los niños, y que por lo tanto había habido un error que los llevó a cambiarse los nombres. Se puede entender este cambio de nombres como un “olvidarse de la propia identidad”, y se cae de nuevo en el olvido del pasado y de las raíces, porque en realidad el tiempo cíclico muestra en esta parte del relato una relación estrecha con los antepasados, que no es respetada por los más jóvenes.

El tesoro que alguna vez estuvo dentro de la estatua de un santo también representa mucho dentro de la obra, más que nada por las actitudes que despierta en los miembros de la familia. Desde que este tesoro es encontrado, Úrsula se empeña en esconderlo y protegerlo hasta que el dueño lo reclame. Entonces, la codicia se levanta en la familia, y Aureliano II empieza a buscar el tesoro por la casa. Sin embargo, la anciana logra guardarse el secreto y Aureliano II nunca puede encontrar el oro. Luego de la muerte de esta mujer, ya no había nadie que fuera capaz de resguardar a la familia de la perdición, que es lo que en el fondo representa todo el oro. Entonces, el último José Arcadio, aquel que estaba estudiando para sacerdote, encontró este tesoro y cayó en la perdición final, porque su vida ya estaba desviada con anterioridad, y finalmente este oro es el detonante de una muerte violenta como la de su ancestro José Arcadio, que murió de un balazo en la cabeza.

El último elemento para nombrar es la escritura. La misma está muy presente en los manuscritos de Melquíades, pero también aparece en los carteles hechos por el coronel Aureliano durante la enfermedad del insomnio, y en todo lo demás que había escrito él que queda en su baúl. La escritura, en contraposición con el incesto, significa la conservación de la memoria, y como dice Noé Jitrix en su artículo “La escritura y la muerte”, hasta de la vida. Esta memoria es necesaria para poder seguir avanzando y no retroceder, porque sin ella, no se puede saber qué camino seguir, ya que no se sabe de dónde se viene. El desciframiento de los manuscritos de Melquíades al final del libro, hace que se desmorone la ciudad de espejos que se había conformado, y que todo empiece de vuelta, pero ahora conociendo cuál era su historia.

4. Autoritarismo en Latinoamérica

Gabriel García Márquez destaca muchas veces en esta novela los ataques autoritarios que sufre en reiteradas oportunidades Latinoamérica, representada por Macondo, y que pueden llegar a asumirse como parte de su identidad, de una constante interminable y casi continua. Un primer elemento en la obra que revela esta condición hace alusión a un hecho histórico como pudo ser la conquista española del continente americano. Este suceso puede tener, según el punto de vista de la persona que lo analice, distintas interpretaciones. Hay quienes lo ven como una masacre durante la cual se asesinó a miles, sino millones, de americanos nativos, con una cultura propia muy avanzada, y que en sus costumbres no se hallaban antecedentes guerreros de índole tal. Por otro lado, una visión más positiva de la llegada de los españoles a América y de todo el proceso que la sucedió es ver el resultado final de esa unión de culturas que dio como origen la actual cultura latinoamericana, con elementos tanto nativos como europeos, pero distinta de las originantes. Se puede ubicar al autor de “Cien años de soledad” más cerca de la primera postura. La situación descripta por García Márquez tiene lugar casi en los comienzos de Macondo, en una expedición liderada por José Arcadio Buendía en busca del mar. Encuentra este hombre un galeón abandonado tierra adentro, lejos de la orilla del mar. El galeón está representando a los barcos con los cuales llegaron los españoles a tierra americana. Como no es común que un barco abandonado esté en tierra firme, se lo puede considerar como un hecho importante en cuanto al significado simbólico de este suceso. Los españoles al llegar se “metieron tierra adentro”. O sea, no se quedaron en su lugar, con los barcos en el mar, sino que decidieron incursionar en donde no correspondía. Esto lleva a pensar en cómo los conquistadores quisieron imponer lo que no era del lugar, como se da a entender con un barco en el medio del campo. No hay un punto de vista tan sanguinario por parte del autor en esta parte de la novela con respecto al autoritarismo, pero es muy importante la relación entre las raíces y lo ajeno que es impuesto por la fuerza, ya que a los aborígenes son obligados a aceptar lo que se les dice y se les hace. Es una premisa muy importante sobre cómo será la historia de Macondo más adelante.

Con el corregidor que llega a Macondo, Apolinar Moscote (capítulo 3), llegan también las imposiciones de tipo autoritarias y con poco sentido en un pueblo tan chico. La primera imposición que se hace es pintar todas las casas de azul. Más allá del significado político de la disposición, nuevamente en este momento alguien de afuera quiere quitarle a los del lugar su poder de decisión y obligarlos a resignarse y obedecer. Hay una aplicación de la fuerza también, que destaca la índole autoritaria del hecho. Se está mostrando también cómo los más poderosos hacen uso indebido de sus facultades para provecho propio.

Más adelante, cuando el coronel Aureliano Buendía se va del pueblo, Arcadio, su hijo, rige en Macondo de manera despiadada, fusilando gente sin razones convincentes y manejando a los demás para que estén siempre a su disposición (capítulo 6). Aunque se repite la historia, que es uno de los puntos que se destacó al principio de este análisis, no es exactamente igual. En realidad, se está haciendo hincapié en otro tipo de autoritarismo, uno que viene desde adentro, desde la lucha interna que lleva a que los poderosos gobiernen y abusen de ello. En América latina hubo en el siglo XX gran cantidad de gobiernos antidemocráticos, establecidos por la fuerza, y que no respetan los derechos humanos. Hoy en día, el único gobierno que se asemeja a esta modelo es el de Cuba, pero no se llega al extremo tal que se describe en esta novela. Se podría decir también que García Márquez está mostrando una actitud de olvido frente a su origen por parte de Arcadio, que representa en este caso a todos los gobiernos antidemocráticos de América latina. Este personaje de la novela nace en Macondo y luego mata a gente del pueblo, algo que demuestra que no se acuerda de sus raíces, de su lugar de origen, ya que está matando a gente de su propia sangre.

Una última señal de autoritarismo en Macondo está dada por un hecho en el que predomina la violencia. En tiempos de la empresa bananera, una protesta de la gente desemboca en un fusilamiento masivo (capítulo 15). Como sucedió muchas veces en América latina, la gente es asesinada despiadadamente. Esta vez son aquellos que no pertenecen a Macondo que matan a toda esta gente. Hasta este momento, es una situación muy similar a la que se vivió en el pueblo con el corregidor, salvo por el final sangriento. Sin embargo, esta masacre posee dos etapas: la del fusilamiento en sí mismo y la del olvido. Esta última se da cuando se borra toda la evidencia de este acto atroz y la gente del pueblo se olvida completamente de él.

“…En tres cocinas donde se detuvo José Arcadio Segundo antes de llegar a la casa le dijeron lo mismo: No hubo muertos. Pasó por la plazoleta de la estación, y vio las mesas de fritangas amontonadas una encime de la otra, y tampoco allí se encontró rastro alguno de la masacre”

Por un lado, el autor de la novela muestra con qué facilidad la gente de América latina olvida su historia y su sufrimiento. Pero además, se hace una crítica social hacia la indecisión pasiva de la gente que acepta ese tipo de actos y que hasta a veces ofrece un indulto no correspondido.

Se puede decir, entonces, que los ataques autoritarios atentan contra la idiosincrasia de un Pueblo y contra su esencia, y que es justamente esto lo que García Márquez quiere mostrar. Además, la repetición constante de los mismos le quita aspiraciones al pueblo y lleva a los gobernantes a hacer coincidir sus estrategias de gobierno con sus intereses personales y no con los intereses de la gente, ya que se olvida, como se dijo antes, de sus raíces. Por otro lado, las imposiciones del extranjero, no sólo en política, sino con elementos sociales, hacen que las personas olviden su historia, como le pasó a aquellos que no pudieron recordar la masacre, y no pueden aprender de sus errores, sino que acepten resignados lo que dicen los demás.

5. Relación con “Ruinas Circulares”

Jorge Luis Borges en sus “Ruinas Circulares” plantea un tiempo cíclico muy similar, en cuanto a la estructura general de la obra, al que aparece en “Cien años de soledad”. En el relato de Borges, un hombre empieza a soñar a otro hombre, y quiere darle vida. O sea, se autoasigna facultades divinas. Al final de la historia, este hombre se da cuenta que él también había sido soñado, y todo termina en las ruinas en las que la acción había comenzado. El protagonista también termina en la misma ruina que al empezar. Aquí es muy claro el tiempo cíclico, y al igual que en la novela de García Márquez, todo termina igual que como empezó. Así lo dice también Reinaldo Arenas en su artículo “En la ciudad de los espejismos”, en donde se plantea también una relación en cuanto a los sueños. La novela analizada está llena de ilusiones, de hechos que no existen. El sólo hecho de que José Arcadio Buendía haya soñado a Macondo como una ciudad hecha de espejos, muestra la fragilidad de esa realidad.

También existe un parecido entre los personajes de “Cien años de soledad” y el protagonista de “Ruinas circulares” en cuanto a la aceptación de su propia identidad. Creemos que en ambos textos, los personajes no pueden reconocerse y quererse como son, sino que se creen capaces de ocupar un lugar divino, ya sea creando vida o buscando mantener relaciones incestuosas constantemente. Aunque Borges se esté refiriendo a una problemática universal y García Márquez prefiera ponerlo como un inconveniente de los latinoamericanos, ambos tratan de que se vea la poca memoria que tiene el hombre y lo egocéntrico que es como para no acordarse de dónde vino. Porque será el conocer su lugar de origen lo que lo llevará a poder mejorar en la propia vida.

Conclusión

“Cien años de soledad” no debe ser visto como un libro de ficción, sino como un reflejo de la realidad desde el punto de vista del autor. Cada elemento que fue analizado encaja en la historia del continente, en su identidad, y es parte de las personas que lo constituyen. De la misma manera que Aureliano y Amaranta Úrsula olvidaron lo que aterrorizaba a sus antepasados, nosotros nos olvidamos de nuestra verdadera identidad. Esto se puede ver en nuestro minúsculo y decreciente aprecio por los símbolos patrios, así como también en nuestro escaso sentimiento de Nación. Como dice Arturo Jauretche, los problemas no hay que solucionarlos eliminando las raíces e imponiendo un modelo nuevo que venga de países del Primer Mundo, sino que es necesario buscar una solución coherente a nuestra forma de ser. Debemos recordar quiénes somos, para poder mejorar desde nuestro lugar la situación vivida.

Creemos que lo que García Márquez pide a todos los lectores es memoria para no olvidar lo que sucedió y fuerza para que no vuelva a suceder. Son los dos factores que están ausentes en la historia de los Buendía, salvo por algunos personajes, y que ello hace que caigan en la decadencia, que vivan en una sociedad autoritaria y sin respeto por los derechos humanos, vacíos de valor espiritual. En el papel de Úrsula se ve la importancia que Gabriel García Márquez les confiere a los mayores para poder ver la historia y recordar la esencia del Pueblo. Actualmente, los ancianos son despreciados y maltratados por no ser productivos para un sistema y una sociedad que considera como máximos valores los bienes materiales y el poder.

Muchas veces se tiene la visión errada de América Latina como un continente destinado a la dependencia. Es penoso pensar que nosotros mismos tenemos esta idea, y nos resigna-mos a aceptar las disposiciones que países más poderosos hacen sobre nuestro destino. Luego de haber realizado este trabajo, creemos que lo que el autor nos quiere señalar con referencia a este punto es que lo de afuera puede parecer mejor, pero que muchas veces lo que se busca es que olvidemos quiénes somos para poder conseguir algo más de este continente que aún después de haber sido explotado y desvastado tanto desde fuera como desde dentro, tiene mucho por ofrecer. No es éste un reclamo de García Márquez para cortar relaciones con el exterior, sino que es más bien una especie de advertencia para valorar más lo propio. La única forma de saber hacia dónde vamos es recordar de dónde venimos. Sin esto, a lo único que se llega es a un pueblo hecho de espejos, vacío, frágil.

Para terminar, un mal que aqueja en especial a los argentinos es el no reconocernos parte de Latinoamérica, sino que creemos ser superiores y estar más cerca de Europa que de nuestros países vecinos. Para formar una identidad real, debemos aceptarnos como somos, lo cual es una parte fundamental del autoconocimiento como nación. La solidaridad con los países que comparten nuestra cultura latinoamericana nos ayuda a no cometer errores del pasado y a no pasar a ser “colonias culturales” de países extranjeros. A nuestro parecer, sería muy útil para nuestra sociedad argentina empezar a tomar en cuenta los valores recomendados por García Márquez para mejorar y progresar.

Rómulo Cosse, “Cien años de soledad: Ideología y Plasmación narrativa”.

Gabriel García Márquez, capítulo 8 en “Cien años de soledad”

Gabriel García Márquez, capítulo 20 en “Cien años de soledad”

Gabriel García Márquez, capítulo 12 en “Cien años de soledad”

Gabriel García Márquez, capítulo 3 en “Cien años de soledad”

Gabriel García Márquez, capítulo 13 en “Cien años de soledad”

Gabriel García Márquez, capítulo 10 en “Cien años de soledad”

Noé Jitrix, “La memoria compartida”, Buenos Aires, Bibliotecas Universitarias, 1987.

Gabriel García Márquez, capítulo 15 en “Cien años de soledad”

Arturo Jauretche, “Manual de Zonceras”, Buenos Aires, Editorial Corregidor, Junio 1995.