Chiloé en el siglo XVII

Historia de América. Colonización española. Jesuitas. Francisco de Ulloa

  • Enviado por: Claudio Bertin Y Otro
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 6 páginas
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LICEO RAMÓN FREIRE

RELIGIOSAS FILIPENSES

ACHAO - CHILOÉ /

Chiloé en el siglo XVII

CURSO: 2º Medio

ASIGNATURA: Historia y Literatura de Chiloé

INTRODUCCIÓN

Mediante este trabajo queremos dar a conocer el acontecer de la isla de Chiloé en el siglo XVII, destacando dos hechos principales: la llegada de la orden jesuita con la misión de evangelizar los pueblos indígenas de Chiloé y los ataques de corsarios que entorpecieron el proceso de colonización española.

Hemos separado el informe en dos partes, una dedicada exclusivamente a la labor de los sacerdotes jesuitas en Chiloé y otra que relata lo relacionado con los acontecimientos que tienen que ver con el desarrollo político y económico de la zona en el siglo XVII, es decir, con la colonización española. Estructuramos el trabajo de esta manera porque creemos que el plano político con el plano religioso de Chiloé en ese siglo, no tuvieron una estrecha relación, y se mantuvieron al margen uno del otro.

Con relación a los documentos que hicieron posible que esta información sea conocida por nuestras generaciones, nos referimos principalmente a las “crónicas”, que eran escritos que realizaban los misioneros jesuitas en los que se relataba todo los acontecimientos que tengan que ver con las misiones y la historia de cada localidad. Gracias a estas “bitácoras de la evangelización” el chilote puede conocer hoy en día, que el siglo XVII fue un siglo caracterizado por terribles epidemias de enfermedades como la tifoidea, la viruela y el sarampión, que acabaron con gran parte de sus antepasados. Puede enterarse también que fue el siglo donde se produjo la llegada de los jesuitas, que fueron los que dieron el pie inicial a la evangelización masiva de los tres pueblos indígenas existentes en ese tiempo (huilliches, chonos y caucahues), construyendo más de 80 capillas repartidas en todo Chiloé, para llegar hasta el lugar más recóndito con las “misiones circulares”.

Cabe destacar también, que aparte de sus crónicas y sus iglesias, los jesuitas nos dejaron grandes testimonios de su paso: tradiciones que hoy todavía se conservan. Gran parte de las técnicas y especies agrícolas que hoy se trabajan en Chiloé, fueron introducidas por esta congregación que, sin tomar como impedimentos las adversidades climáticas, las distancias y la pobreza de la zona, supo llegar de manera influyente a la cultura chilota.

Para finalizar esta introducción, queremos referirnos a la importancia que tuvo Chiloé por el hecho de ser isla. Hay que recordar que una de las razones por la cual el Reino de España quiso integrar a Chiloé en su territorio fue por la facilidad con que podía ocultar sus barcos en los canales del archipiélago, constituyendo un punto estratégico militar, y que esta misma conclusión fue lo que indujo a los piratas a tratar de radicarse en esta zona. Esta condición de enclave estratégico fue aprovechada también, cuando más de 200 años más tarde, salió la expedición que se adjudicaría la posesión de Magallanes, a bordo de la Goleta Ancud.

LABOR JESUÍTICA

La primera estimación de la población activa de Chiloé fue realizada por los jesuitas en 1609 y contabilizó entre 10 y 12.000 habitantes pero este registro se hizo después de la terrible epidemia de viruela y sarampión, que hicieron estragos en la población.

En 1633 la población nativa fue arrasada por una epidemia; esta vez la tifoidea acabó con 1/3 de sus habitantes. En 1657 y 1696 dos epidemias de viruela produjeron un exterminio.

El acontecimiento que marcó el siglo XVII en Chiloé fue la llegada de los misioneros jesuitas, para suceder a los franciscanos y mercedarios en la evangelización de los pueblos indígenas chilotes. El 1 de noviembre de 1595 los jesuitas Hernando de Aguilera y Gabriel de Vega salieron de Santiago en un viaje de reconocimiento y llegaron hasta Castro, demorando un año y cuatro meses. Más tarde en 1601 los padres Melchor Venegas y Juan Bautista Ferrufino salieron desde Penco (Concepción) llegando estos jesuitas a Castro, permaneciendo bastante tiempo.

En 1608 comenzó la actividad de los jesuitas en Chiloé que en 1612 fundaron una residencia en Castro que pasó a convertirse en la casa central de esta congregación en la labor de conversión de los nativos, que en 160 años fue de tal magnitud que forjaron el espíritu religioso del pueblo chilote. El sacerdote Melchor Venegas volvió nuevamente a Chiloé en 1615 acompañado del jesuita Antonio Prada o Prado, organizando su primera residencia estable, comenzando su apostolado en el vasto archipiélago.

En la labor evangelizadora de los jesuitas se utilizó un sistema basado en la “misión circular” y la actividad de los “fiscales”. Para llevar a cabo estas misiones se integró un mayor número de misioneros jesuitas, concretándose la llegada de los padres Gaspar Hernández y Agustín Villaza en 1624, y el Padre Hernández, Padre López y Padre Juan del Pozo en 1627, hasta ir incrementando la presencia jesuita con el pasar de los años. La primera misión circular se llevó a cabo en 1624, y mantuvo su itinerario en cada temporada, saliendo de Castro el 17 de septiembre y retornando a fines de año, aprovechando el buen tiempo de verano, pues en invierno las lluvias hacían imposible la andanza por los canales del archipiélago. El financiamiento de las misiones circulares corría por cuenta del rey.

La “misión circular” consistía en un recorrido de los misioneros jesuitas por todas las capillas de Chiloé, que sumaban 75 aproximadamente, incluyendo las capillas del territorio continental, como Carelmapu y la zona de Calbuco. Este viaje se hacía mediante las frágiles embarcaciones de la zona, llamadas “dalcas” o a pie. El equipaje que portaban los sacerdotes en cada misión consistía en ornamentos de la iglesia y tres altares portátiles en forma de cajón triangular que contenía 5 imágenes, que cada comunidad recibía mediante una procesión que partía en la playa hasta llegar a la capilla. Los misioneros permanecían en cada localidad desde 3 días a una semana o más, realizando actividades como la confesión, administrar los sacramentos, visitar cada familia, verificar a través de la comunidad la correcta labor del fiscal, celebrar misas y matrimonios, y actualizar el registro de habitantes de cada comunidad, para obtener el número de nacimientos y muertes anuales. Este ciclo de actividades culminaba la última noche con la “comunión general”. El lugar donde se hospedaban los sacerdotes jesuitas, era denominado casaermita, y era montada por los vecinos de la capilla.

Los fiscales fueron autorizados en 1621, y era un nativo perteneciente a cada comunidad, que era designado por antigüedad. Era adiestrado por los jesuitas para cumplir las labores de un misionero en la ausencia de éste, ya que salvo alguna tragedia o acontecimiento importante y durante las misiones circulares, los sacerdotes jesuitas no permanecían en la capilla. El fiscal estaba preparado para bautizar, enseñar la doctrina, y orar y cantar junto a los indígenas de su comunidad, entre otras actividades religiosas.

A mediados del s. XVII llega a Castro el Padre Nicolás Mascardi, que fue el primer Rector del Colegio que los jesuitas fundaron en Castro. Fue uno de los más grandes misioneros que laboró en Chiloé y su archipiélago, llegando incluso hasta las Guaitecas, integrando plenamente a los chonos en la evangelización, hasta alcanzar la patagonia. Su actividad dio progreso a las actividades económicas de las islas. En 1666, los soldados españoles comenzaron a introducir en Chiloé una gran cantidad de indígenas poyas como prisioneros. Las condiciones y maltratos inhumanos a que eran sometidos fue causa de protestas del P. Mascardi, llegando hasta el Virrey en Lima para presentar sur quejas. Obtuvo la liberación de los poyas y los llevó a sus territorios, próximos al lago Nahuelhuapi, donde se estableció con ellos, fomentando la agricultura. De esa manera fue internándose en la patagonia hasta ser asesinado el 15 de febrero de 1674 por un pueblo de indígenas bárbaros.

Chiloé en el siglo XVII

Iglesia Santa María de Achao, único templo jesuita que se mantiene en pie en Chiloé

COLONIZACIÓN ESPAÑOLA

Chiloé fue divisada por el navegante Alfonso de Camargo en 1540 pero fue descubierto en 1553 por el navegante Francisco de Ulloa. Cinco años más tarde cruzan el Canal de Chacao un grupo de españoles en donde iba el poeta Alonso de Ercilla.

En los primeros años los conquistadores se repartieron las tierras y sometieron a los nativos. Así les permitía a los españoles explotar las arenas auríferas de Cucao, el hilado de paños y la extracción de madera de alerce, productos que eran exportados a Lima. El éxito de la encomienda se debió a la humildad de esta raza. En 1598 con la victoria de Curalaba partió la sublevación mapuche y la destrucción y abandono de las 7 ciudades españolas, territorio que no volverá a colonizarse hasta 250 años más tarde. Este hecho aisló a Chiloé marginándolo del desarrollo social y económico que se suscitó en los territorios colonizados de la zona central de Chile, ya que por la extrema pobreza del lugar, se produjo la fuga de los españoles. .

En el s. XVII Chiloé sufre incursiones de piratas holandeses, Sebastián de Cordes ocupa Castro y más tarde Enrique Brouwer incendia Carelmapu. Incentivados por la fácil victoria en Carelmapu, los corsarios destruyen Castro en 1643. Viendo en Chiloé un punto estratégico para organizar una base que les permitiría un afianzamiento en las costas del pacífico, los piratas deciden establecerse en el archipiélago. Enterado el sacerdote jesuita Lázaro de las Casas, decide (en pleno invierno) emprender viaje desde Castro a Concepción en una frágil dalca en compañía de algunos soldados. Así siguió hasta El Callao, en Perú, donde por orden del virrey consiguió el envío de una flota española, para alejar a los corsarios de Chiloé. Este hecho heroico, fue uno de los más importantes en el desarrollo del s. XVII.

En 1646, se produjo un violento terremoto, lo cual aumentó el deseo de despoblar la isla por parte de los colones hispanos. La petición de abandonar Chiloé fue denegada por el Virrey, ya que la zona proveía a Lima de recursos como madera y sebo. Este contacto comercial se hacía una vez al año, y servía como trueque en frazadas, tejidos, maderas, jamones, sebo y cofres tallados, las que compraban a muy bajo precio. Esta actividad era la única en que los comerciantes podían vender sus productos, convirtiendo a Chacao en una gran feria una vez al año.

CONCLUSIÓN

Para finalizar este trabajo exponemos nuestras conclusiones que, como siempre después que uno trabaja a fondo un tema en particular, sacamos desde nuestro punto de vista personal:

Creemos que el hecho principal del siglo XVII, más que cualquier otro acontecimiento político, es la llegada, de la congregación jesuita a Chiloé. Para nosotros, en todo lo demás que ocurrió en ese período, tuvieron participación, más directa que indirecta. Por ejemplo, si tomamos como hecho fundamental la incursión de los corsarios holandeses en Chiloé, que igual es importante por causar un alto en el proceso normal de colonización de esta zona, nos daremos cuenta que los jesuitas también tienen participación directa en este acontecimiento, porque fueron los que realizaron las pocas evacuaciones de los asaltos y los que hicieron posible que la Armada Española los desaloje del archipiélago. De esta manera, los jesuitas se involucraron en los principales hechos de la historia chilota.

La importancia de esta orden religiosa también radica en que, como decíamos en la introducción, son los autores de la principal fuente de información que data del siglo XVII.

Para terminar, damos a conocer otro punto importante en que concluimos. Pensamos que el siglo XVII fue el período donde se produjo el afianzamiento de la cultura chilota que hoy permanece viva entre nuestra gente. Fue en este lapso donde se mezclaron los pueblos indígenas existentes, como huilliches y chonos, por motivos de la evangelización, para dar paso a una nueva cultura que pasó a caracterizar a todo Chiloé, mezclando las tradiciones ancestrales y propias de cada pueblo indígena con las que instauraron los jesuitas y españoles.