Cerrar el círculo

Literatura española contemporánea. Narrativa fantástica. Cuentos. Argumento. Técnica literaria

  • Enviado por: Themoocher
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 11 páginas
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CERRAR EL CÍRCULO

(JAVIER CARRO)

INTRODUCCIÓN

A pesar de la ausencia de datos sobre el autor y su contexto (tan sólo sabemos que se publicó en 1985), no resulta difícil valorar el texto con perspectiva, seguramente por tratar un tema tan cercano a nuestra realidad, esa que se ve al atardecer desde la ventana de un autobús o al atravesar un parque de un barrio cualquiera. Es toda esa cantidad de realidad la comidilla de las mentes despiertas, allí donde encuentran inspiración el autor y otros muchos. Seguramente fue allí, en un imperceptible y lejano asilo de Argelia, donde la madre de Mersault vivía una vida de fantasías con su viejo amigo. A través de este costumbrismo nos acerca a la crítica social. En una primera lectura obligará al lector a valorar sus prejuicios y en otras más profundas nos mostrará su ideología, la moraleja de un cuento maravilloso.

En lo que se refiere al comentario, trataremos de mostrar las dualidades y ambivalencias que presenta el texto no sólo en su sentido semántico sino también en el semiótico. Así veremos la confusión del lector ante la edad de los personajes que nos llevará al mensaje profundo del texto (una reflexión sobre el destino).

EL ENGAÑO

Cuando al final del cuento el lector descubre definitivamente que el protagonista de esta historia de amor es un viejo, se le escapa una sonrisa.

A través de un juego de similitudes y coincidencias que el autor lleva a cabo hasta la última frase del texto, se nos plantea la duda... ¿se trata de un niño o de un anciano?

Profundizando más en el análisis, se descubre que a través de un deslizamiento de sentido, de cierto vocabulario y ciertos ambientes, el lector se decanta, o tiende a decantarse por la niñez de los protagonistas. Esto parece más bien parece cuestión de voluntad propia, de malas pasadas del subconsciente que cae inevitablemente en lo que nuestro “sentido común” (también llamado “prejuicio común”) nos muestra como más sensato; es decir, que pese a los indicios reiterados que evidencian la edad real del protagonista, una tozuda voz de la conciencia se empeña en que los protagonistas sean niños.

Este engaño se basa principalmente en hacer que nos resulte evidente que se trata de niños que se enamoran, a través de elementos ambivalentes para las dos edades extremas de la vida y de un narrador completamente implicado con el punto de vista del personaje.

La historia de amor está ambientada en un parque, lugar propicio por lo general para la infancia. Dentro de éste, se destaca la posición “delante de los columpios” o “junto al puesto de chucherías”, que son lugares destinados a los niños y en este caso, también al amor. El espacio del parque es completamente idílico no sólo por el tópico de la infancia sino porque es completamente abierto y es allí donde transcurren todos sus encuentros con ella desde que la conoce hasta el momento del beso e incluso es el refugio donde acudirán a resguardarse si ella no llama.

En contraposición al lugar de libertad que representa el parque, tenemos su casa y su habitación. En la primera convive con su familia quien lo castiga con la incomprensión y la ignorancia. La segunda es su madriguera, allí donde se esconde cuando se encuentra irritado o nervioso (“tumbado en la habitación”, “se fue a su habitación”). La decisión de la escapada es siempre un recurso de los niños frente a las prohibiciones; aquí él escapa del espacio de la familia.

Por otro lado se nos presentan relaciones humanas, que resultan muy ambiguas. En el seno de la familia, se describe una relación de dependencia, de autoridad (“no podían vivir por si solos”, “le dijeron que debía cortar su relación con ella” y “una prohibición tan intransigente como la suya”). También los tratan como si fuesen niños hablando a sus espaldas (“al entrar él la conversación cesó”).

El ocio en el parque reúne a todos los integrantes del grupo de amigos, como si fuese una pandilla de niños. Además, dentro de la misma existe un oponente con el que tiene que competir, cuya familia está “montada en el dólar” que le hace regalos a ella para enamorarla.

Entre ellos mismos la relación es inocente, infantil: él es celoso, tímido, indeciso, posesivo, ilusionado, temeroso... se dedica mucho espacio textual a sus dudas sobre la personalidad de ella, la suya propia... al descubrimiento del amor a través de un análisis interior minucioso de todos los pequeños detalles que ella tiene con él; para él: todo un rompecabezas. Esta descripción del proceso de enamoramiento de ambos ocupa toda la primera parte de la segunda macrosecuencia. Lo que más nos lleva al engaño es la inocencia con que ambos se tratan y comprenden su relación. El proceso es lento y el beso tarda en llegar. Es “un ligero roce de labios”, como si fuese entre dos niños que se besan por primera vez.

Por otro lado, tenemos las valoraciones exteriores a ellos que tienden aún más a confundirnos, como la del vendedor de chucherías que los mira “sorprendido de verles así a su edad”, la de la familia de ella que infravalora la relación y “lanza alguna que otra broma” y la de él, que la ignora. A esta reacción de las familias él responde con irritación. La dualidad entre el hombre y el niño se subraya por el pasaje en indirecto libre “era un hombre y sentía como un hombre... no era un niño”.

El texto está además dominado por la dualidad, sobre todo por la presencia constante del campo semántico de la infancia (“juego”, “niños”, “parque”, “columpios”, “chucherías”, “capricho pasajero”, ...).

Pero por el contrario, el texto está salpicado de indicios que niegan esta posibilidad. Son por lo general frases hechas, máximas, que vienen a contradecir nuestra primera impresión sobre la edad. Empezando por la cita de “El Extranjero”, deberíamos sentirnos condicionados, y ver desde el principio que se trata de dos ancianos.

Las supuestas inclusiones del enunciador (“como los sueños con el tiempo”, “porque en la vida todo es aguantar”, “porque uno ha de vivir para sí mismo”) demuestran que existe una consciencia, un conocimiento del mundo y de la vida por parte del personaje que indica su edad.

Se hacen muchas referencias al paso del tiempo, de los años... dando mas pistas sobre la vejez del protagonista (“desaparecieron, como los sueños con el tiempo”, “un acento cansado de años”, “una experiencia inolvidable y tristemente irrepetible”, “no tengo edad para amarte”, “el paso del tiempo no cambió nada”, “podría cansarme de todo menos de amarla”). Incluso encontramos la frase “él, bromeando le preguntó: ¿qué quieres ser de mayor?” que indica sutilmente la verdadera edad de los protagonistas. Esto, por sí solo, debería dejar claro que no son niños.

Parecen suficientes pistas para saber desde el principio que se trata de personas mayores, y, sin embargo, no es convincente hasta las últimas palabras. Solo con “nieto” y “abuelo” se confirma la edad.

La limitación de la omnisciencia por parte del narrador, que se coloca desde el punto de vista del personaje (nosotros vivimos la historia a través de él, a la vez que él vivimos sus recuerdos, y oímos la llamada en el mismo momento en el que él la oye) nos pone evidentemente más difícil, o casi imposible, la visión exterior de él, su descripción, su edad. Sólo conocemos sus pensamientos excepto en dos ocasiones, en las que el narrador toma la perspectiva del vendedor de chucherías y la de su nieto (niños ambos al fin y al cabo; uno por simbología y otro por edad). Es en estos momentos donde más clara se ve la postura antisocial del enunciador.

Todos los ambientes y relaciones entre personajes son voluntariamente ambiguos, ya que la similitud vital entre la niñez y la vejez son necesarias en el mensaje que el autor transmite.

EL CÍRCULO Y EL DESTINO

El título es el gran misterio de este cuento. “Cerrar el círculo” nos plantea varias incógnitas: ¿qué es círculo?, ¿quién cierra el círculo?, ¿se cierra de veras?...

A primera vista y dada la insistencia en la omisión de datos sobre la edad, o la dualidad de estos, la manera tan destacada de aproximar niñez y vejez, se piensa casi inmediatamente: el círculo de la vida... Pero esto es muy vago.

En primer lugar, desde un punto de vista formal, nos encontramos ante una estructura prácticamente circular. Empezamos con el tiempo uno, y la frase “esperaba su llamada. Tumbado en la habitación esperaba su llamada” y encontramos casi al final “y ahí estaba él, tumbado en la habitación esperando su llamada”.

Al principio nos encontramos en el presente, a través del flash-back nos adentramos en un pasado lejano para, siguiendo el transcurso de la historia volver al presente.

TIEMPO I

PRINCIPIO

La espera

TIEMPO II

FLASH-BACK

La llegada

El interés

El problema

El otro

La solución

Se disipan los celos

El amor

Felicidad, inseguridad

El problema

La familia

El dilema

Quedarse o irse

TIEMPO III

VUELTA TIEMPO I

La espera

La solución

La llamada

Proyección

Elipsis del futuro

Por otro lado, estilísticamente, se buscan figuras que remiten al círculo:

- la epanadiplosis en las primeras frases “esperaba su llamada. Tumbado en la habitación esperaba su llamada”.

- el paralelismo “los celos no tardaron en desaparecer, como el agua en el agua” y “las dudas desaparecieron, como los sueños con el tiempo”.

- a las anáforas “que debería... que no tenían... que no sabían... que estaban siendo...” contestan las siguientes “calló que si había... calló que sabían... que no estaban...”

  • repeticiones como en “calló...”, que es el comienzo de un párrafo y se repite como final dos párrafos después (“y calló”). En otro párrafo “ella dudaba” es la primera frase y la última es “pero ella seguía dudando”.

Así pues, formal y estilísticamente encontramos el círculo.

Desde un punto de vista ya puramente interpretativo, podemos considerar que los personajes lo cierran realmente puesto que vuelven a tener el destino en sus manos, como los niños, vuelven al punto de partida. Son capaces de doblegar la línea recta con un sólo sentido que conduce a las personas al lugar donde el amor se vuelve cariño y responsabilidad, donde las normas sociales son indiscutibles, a un lugar cerrado donde el tiempo pasa desapercibido y todo es de color gris borroso.

A esta misma idea podemos darle la vuelta puesto que el fondo es el mismo y tan sólo modificamos la geometría.

La estructura es “prácticamente circular”, porque el círculo en este sentido no se cierra ya que sobrepasamos el momento en el que nos encontrábamos al principio. La realización de la llamada, es una proyección al futuro, una elipsis que, detrás de la frase “abuelo es para ti” está la confirmación de un hecho que sucederá de manera prolíptica. Por eso, el circulo no se cierra y se sobrepasa de esta manera.

¿Por qué? Porque este cuento divide dos formas de concebir el destino:

  • La primera la criticable. La de la masa. El barrio, la familia, son descritos solo por sus actos negativos (los cuchicheos, las sonrisas, los comentarios, la prohibición intransigente...). No están personificados, son un todo movido por las convenciones. Es negativo. Son los que creen en el destino inamovible, en la idea del círculo cerrado. Uno nace, vive y se muere según las normas marcadas por la sociedad.

  • La segunda la de los protagonistas. Es la que, a través de la omnisciencia selectiva, se pretende que compartamos. El destino no es un círculo cerrado. No hay nada determinado. En teoría los que tienen toda la vida por delante y son más libres de decidir son los niños, por esto los protagonistas se asemejan tanto a ellos. No es solo por la dependencia que tienen de sus familias sino porque estos protagonistas viejos que en teoría ya no tienen nada que decidir y deberían vivir “sensatamente” en la sumisión, deciden rebelarse contra su destino y volver a tener otra vida, otro círculo, de esta manera.

El personaje piensa “porque uno ha de vivir para sí mismo y no para los otros, porque uno ha de elegir la opción que pueda hacerle más feliz” y decide escaparse con ella. En este momento el personaje retoma las riendas de su vida y ella, con su llamada, también.

Ya no es el personaje que pensaba “porque en la vida todo es aguantar”, sino que comienza su rebelión.

El autor está criticando el “sentido común”. Reniega de lo predeterminado. No hay que cerrar el círculo, sino acercarse a la niñez y decidir siempre, planteándose como él hace, un dilema: yéndose puede que pierdan cosas pero recuperan su libertad.

La historia de amor aparece entonces como el motivo de la rebelión, lo que rejuvenece las ganas de decidir.

En este caso el barrio, la familia, son personajes planos, que en masa deciden las ideas sociales dominantes, que son inamovibles como máquinas que se mueven en una sola dirección (“no iban a cambiar”, “no iban a convencerles”). Todas estas negaciones ahondan en la deshumanización de esta masa, que ha olvidado la libertad y los sentimientos, rigiéndose por la comodidad de aceptar el destino.

Dos personajes se desmarcan de esta masa, y se personifican: el dueño del puesto de chucherías, que, aún siendo un adulto, es el que está rodeado de niños y los conoce más y quizá por eso no se ha resignado a comprender la vida según las leyes sociales y los mira con “asombrada ternura”; y por otro lado el nieto, que, al ser un niño, no juzga a su abuelo y aunque quizá no entienda, lo mira “con una sonrisa cómplice”.

Los dos enamorados renuncian pues a la comodidad, y planean su propia revolución. Aunque están caracterizados (por lo general de manera infantil), no tienen nombre y el barrio y la familia parecen cualquiera. Esta omisión de los mismos, acentúa la generalización y profundiza en la crítica a la masa social, dictadora de unas normas que niegan la libertad.

Ellos son héroes que se rebelan contra el destino. Es aquí donde está el dramatismo del cuento, una escapada de tres días porque no pueden valerse por sí mismos. Pero es mucho más que suficiente.

PINCELADAS COSTUMBRISTAS

Es curioso cómo la tipología de los personajes responde casi a la perfección a la del cuento clásico:

Visión maniquea

El príncipe: él

enamorados

La princesa: ella

Los reyes malvados: la familia

La prohibición del amor

El reino: el barrio

El dragón: el otro del grupo

La hazaña heroica: la escapada

La celestina: el nieto

Pero estos elementos sufren, a través de este cuento una desmitificación; los príncipes, lejos de la belleza y la juventud son dos viejos. Los reyes, son los hijos. El dragón peligroso un vejete “montado en el dólar”; el reino, un barrio cualquiera y la hazaña heroica, una escapada de no más de tres días, a causa de la edad avanzada de los personajes.

Es decir, de una estructura de cuento maravilloso, nos trasladamos a una historia cotidiana, pues todos los elementos son muy cercanos a nosotros. Incluso el cambio de la autoridad de padres a hijos (convirtiendo a éstos en un superyo castrador) es habitual.

El costumbrismo se despliega a través de detalles concretos: los niños jugando en el parque con sus columpios y sus chucherías; los viejos, sentados en grupo, charlando en los bancos del parque; el helado que la familia compra exclusivamente los días de fiesta; ese ratito de reposo después de la comida, con periódico y radio, incluidos; y la divulgada costumbre del chismorreo de barrio.

La historia de amor no deja sin embargo de ser maravillosa, ya que, los protagonistas deciden marcharse, actitud poco usual entre personas mayores, aunque sea por pocos días.

La descripción de ciertas costumbres, nos da una idea (la única que tenemos) sobre el contexto: podría ser un barrio cualquiera, ene esta misma época, en una familia cualquiera... y cualquiera también podría ser esa masa que señala con el dedo, o por el contrario ese vendedor de chucherías.

Ese acercamiento y generalización de la historia, y la similitud con el cuento maravilloso nos ha permitido encontrar la moraleja, presente en casi todos los cuentos: hay que tener el destino en las propias manos como un niño o por lo menos aceptar esta idea, como el vendedor de chucherías.

CUADRO PSICOANALÍTICO

Superyo

Yo

Ello

La familia

Los protagonistas

El destino