Cerámica: evolución

Materiales. Norteamérica. América central. Historia: períodos. Mayas. Aztecas. Sur

  • Enviado por: Simón
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1.-INTRODUCCION

La cerámica de América desarrolló estilos diferentes de otras partes del mundo. Las primeras vasijas usando rollo de arcilla en moldes estaban decoradas. En las áreas en las cuales se hizo la mayor parte de la cerámica, son diversas y abarcan tierras bajas, cálidas y pantanosas, desiertos, tierras altas y valles cultivados.

El trabajo de los metales no se desarrollo hasta los siglos IX y X ddC.

La cestería se desarrolló muy tempranamente, antes que la cerámica en muchas zonas. El vaciado se usaba para la decoración. Las vasijas estaban decoradas en relieve o con englobes coloreados. Los hornos eran primitivos, pero suficientemente desarrollados para controlar la atmósfera, obteniéndose coloraciones negras. Son corrientes los fondos redondos, así como los cuencos con patas en trípode, las caras apuntan hacia arriba.

Encontramos 3 métodos de fabricación de cerámica: el enrollado, el moldeado, y el modelado. La decoración era raramente naturalista. Los motivos eran interpretados estilísticamente. La forma y dibujo de las vasijas reflejan el modo de vida contemporáneo de las personas

La costumbre de enterrar las vasijas con los muertos ha contribuido grandemente a la conservación de los restos cerámicos hasta nuestros días y transmitir la idea de que la cerámica de la América primitiva, sirve como un registro social, y también como una forma del arte por propio derecho.

La división geográfica del continente nos proporciona 3 grupos de clasificación de la cerámica americana, en los que vamos a centrar nuestro trabajo.

2.- SUDOESTE DE NORTEAMÉRICA

Las culturas de las grandes praderas americanas presentan una amalgama de caracteres artísticos tan intrincados que resulta muy difícil cuando no imposible diferenciar entre las distintas vertientes que componen la misma. Sería completamente imposible tratar de analizar la cerámica, sin prestar atención a aspectos textiles o escultóricos. Así pues, debemos entender por cerámica también la cultura y el modo de vida artístico de dichos pueblos.

Los primeros ejemplares de cerámica del sudoeste recuerdan con frecuencia los motivos de la cestería. Más tarde se procedió a decorar la blanca superficie con dibujos en escalera, en tablero, en zigzag, y otros motivos geométricos.

Resulta interesante comprobar que la forma del jarro de cerveza, tan de moda en Europa desde el siglo XVII, existía ya en el sudoeste de EE.UU. en los tiempos anteriores al descubrimiento. Aún se conservan algunos ejemplares. Las formas se fueron haciendo cada vez más refinadas, y hasta aparecen franjas enteras de motivos zoomorfos interrumpidas por dibujos semejantes a los que se encuentran en los tejidos. Por los siglos XII y XIII, una tribu del Valle del Mimbre (Nuevo México), produjo una serie de platos con una materia opaca grisblanca, que aparece decorada con escenas de genero y composiciones animalísticas de originalidad extrema. La cerámica del Sudoeste consiste en una aplicación realmente artística de los dibujos sobre superficies cóncavas. También de estas fechas se encuentran muestras del arte Hohokam.

El arte textil logro así mismo una gran calidad en el Sudoeste.

Las pocas piezas que se han encontrado en rincones secos de la Necrópolis muestran que en las telas no solo se utilizaba el algodón, si no también el cabello humano, franjas de pieles de animales y plumas fijadas con cuerdas.

La cadena de estas culturas marcadas con un sello artístico peculiar se prolonga hasta el Norte. Los indios de la costa del Pacifico han dejado ejemplares magníficos de cestería que, además de aparecer decorados con dibujos policromos, conchas y plumas multicolores, resultan totalmente impermeables. Aunque las costas noroccidentales de Norteamérica, no conocieran una vida de gran desarrollo económico, los cazadores y pescadores, de los pequeños asentamientos dieron muestra de un talento notable para dar forma armoniosa a diversos objetos, los materiales que utilizaban eran pieles de animales, madera y hueso. En sus motivos alientan una angularidad cubista y una concentración expresionista. La fantasía de estos hombres que vivían en tan íntimo contacto con la naturaleza, se prestaba al imperio del zoomorfismo. En la Columbia Británica, se encuentran postes totémicos de notable variedad, que representan la genealogía y los espíritus protectores de la familia en cuyas tierras estaban emplazados. Por lo demás, no tenemos ninguna prueba decisiva de que el poste totémico derive en su forma actual de una época anterior al encuentro con la raza blanca, pero es muy posible que existiese alguna forma parecida de simbolismo.

Entre los indios que todavía viven en Norteamérica, la cultura de los esquimales adaptada a las más duras condiciones del Ártico es la que se remonta a tiempos prehistóricos. En Alaska se han descubierto objetos magníficos tallados en colmillos de morsa, en hueso y hasta en madera.

Comparados con los esquimales, los Sioux, y otras tribus de las grandes llanuras del Oeste de EE.UU. emparentadas con ellos tales como lo Navajos, Apaches y Comanches del sudoeste, figuran como advenedizos o recién llegados. Su desarrollo empezó con el caballo que llevaron los conquistadores. Los caballos escapados a los soldados españoles o robados por los indios se multiplicaron rápidamente en las grandes praderas. Los Sioux, los Navajos, establecidos principalmente en Arizona y Nuevo México, todavía hoy valoran su riqueza por el número de caballos. Seminomadas como los Sioux y criadores de ovejas, los Navajos fabrican espléndidos objetos de plata y tejidos de lana sobre grandes telares colgantes.

Los antepasados de los indios llegaron al Nuevo Mundo, como simples cazadores y pescadores. Probablemente nunca formaron grupos muy grandes, y en su búsqueda de nuevos cotos de caza, no sospecharon sin duda el encuentro con un nuevo continente al cruzar el estrecho de Bering, estrecho que tal vez cruzaron a pie, cuando estaba cubierto de una espesa capa de hielo. Hoy la anchura del estrecho sembrado de islas, no supera los noventa kilómetros.

Los indios cuyo arte constituye el objeto de este estudio son, pues, los descendientes de las generaciones que vivieron aisladas en el hemisferio occidental. De nómadas que eran evolucionaron hasta convertirse en sedentarios y grandes constructores de templos. Sus lenguas no presentan ningún parentesco con las asiáticas y durante la larga duración de su aislamiento, su piel adquirió un color bronceado en contraste con el amarillo oscuro de sus parientes mongólicos. También su vida espiritual es distinta y su arte lleva el sello de una fantasía original y propia.

Aún cuando el observador superficial, que con demasiada frecuencia se deja guiar por bocetos apresurados y por fotografías recortadas o imprecisas se incline a descubrir semejanzas entre el arte precolombino y el asiático, mucho más desarrollado, basta confrontar de una manera directa los objetos del mundo antiguo con los de la América precolombina para descubrir diferencias fundamentales. Cada día surgen nuevas pruebas que confirman la gran antigüedad de estas culturas, no solo por la increíble variedad de los materiales excavados si no también por el nuevo método de dotación producto derivado de la investigación atómica: el Carbono 14.

Las civilizaciones indígenas al Norte de México en los EE.UU. y el Canadá, pueden dividirse también en periodos arqueológicos e históricos; conocemos las etapas arqueológicas por las excavaciones y los periodos históricos por documentos redactados por los europeos a su llegada o por otros investigadores más recientes. Civilizaciones y artes básicamente idénticas abarcaron a veces extensa regiones geográficas. En cambio los materiales y las técnicas artísticas son extraordinariamente variados; los primeros pueden ser piedras, madera, arcilla, corteza, fibras, pieles o cuero, conchas o plumas. Por esta razón la arquitectura, la escultura, la cerámica, y la decoración son sumamente diversas. El arte precolombino propiamente arqueológico se manifestó sobre todo en el sudoeste de EE.UU., en otra zona más oriental que comprende la cuenca del Ohio, y del Mississippi, y de la región que rodea el Golfo de México y finalmente en el noroeste, en las cuencas del Columbia y del Fraser. Se han hallado en estos enclaves, numerosas esculturas de elaboración anterior a la llegada de los europeos. La mayor parte de estas figuras decoran escudillas de piedra, morteros, o platos de diverso tamaño. El valle de Columbia posee gran riqueza de este tipo de objetos, esculpidos en alto o bajo relieve, y que representan cabezas y formas animalísticas estilizadas, con preferencia la lechuza y la tortuga. Los objetos artesanos más antiguos hallado en esta región, consisten en ciertas mazas. Cabe citar igualmente los grandes vasos de cerámica, con grabados incisos, y numerosas pipas de piedra, de barro cocido o de madera, a veces decoradas con esculturillas de animales o de hombres.

El gran periodo del arte precolombino del sudoeste abarca del año 1000 al 1300 ddC. Sus tres principales centros geográficos fueron: al norte las mesetas de San Juan y el Colorado; en el centro, las llanuras de Arizona oriental y el nuevo Méjico occidental; en el sur, una región desértica que rodea los ríos salados y el Gila en Arizona. La región septentrional fue ocupada con los indios Pueblos; el centro por los indios Mimbres, subdivisión del pueblo Mogollón; el sur por los Hohokams. Si es cierto que todas las artes típicas del sudoeste se encuentran en cierto grado en estos tres centros, algunas técnicas artísticas solo alcanzaron un elevado grado en algunas regiones.

La arquitectura constituye la principal realización de los indios Pueblos, sobre todo durante el periodo en el que se construyeron las casas de pisos: habitaciones adosadas a un acantilado y pueblos, así llamados por los españoles en razón del pueblo o tribu que las construyo.

La cerámica era una de sus principales formas de arte, se construían por enrollado. Las vasijas, hechas de arcilla gris, formaban los recipientes básicos de cocina, se conoce como cerámica corrugada. Se creaban jarras cilíndricas, ollas, cántaros con asa, jarras y tazas, con arcilla cuidadosamente preparada.

Hacia el año 1300 fue abandonada toda región habitada por los indios Pueblos. No se conoce todavía la causa, pero parece que la erosión del suelo debida a su sistema de cultivo, las sequías persistentes de los años 1276-1299, y quizás el aumento de la población, determinaron este éxodo.

En cada territorio del sudoeste arcaico se distinguen diversos estilos pictóricos cerámicos característicos de una región e incluso de determinados lugares. Entre los más bellos ejemplares de cerámica cabe citar los platos horadados de los pueblos Mimbres. Se encontraron en tumbas y su fondo esta atravesado por un orificio; probablemente fueron perforados durante las ceremonias fúnebres para que acompañaran al difunto. El interior parece decorado con un motivo negro o de color oscuro pintado sobre fondo blanco. Se trata generalmente de un tema geométrico complejo compuesto alrededor del plato y dispuesto de modo que cause una impresión de movimiento. En el centro se destaca una figura geométrica inspirada en el natural o muy estilizada. Son también típicas de este estilo las líneas regulares y con frecuencia paralelas que abarcan desde el simple grueso de un cabello a un espesor medio. Los motivos están compuestos con cuidado, las líneas son angulosas y las curvas se equilibran.

La economía de los indios Mimbres y Hohokams, situados más al sur se basaba en la agricultura de regadío; por consiguiente, estas tribus dedicaban mucho tiempo y esfuerzo a la construcción de canales de riego.

Los Hohokams elaboraron también una bella cerámica con temas pintados sobre fondo tostado claro: figuras geométricas más o menos grandes con líneas angulosas o sinuosas y en ocasiones incluso espirales; sobre todo en las escudillas, y a veces en vasos muy grandes. Pero el arte Hohokam esta representado principalmente por la piedra tallada. Pequeñas escudillas y morteros de esta materia se decoraban en ocasiones con relieves que representaban animales y con mucha frecuencia una serpiente o un sapo; incluso el propio objeto podía adoptar por entero la forma de un animal. También se han encontrado pequeños fragmentos de estatuillas humanas estilizadas y numerosos platos de destino funerario depositados en las fosas crematorias. Los bordes de estos platos están adornados con animales o pájaros esculpidos o relieves geométricos. La cerámica pintada y las estatuillas de barro cocido eran también dones u obsequios que se ofrendaban a los difuntos.

La civilización arcaica del centro de EE.UU., las del valle del Ohio, del Mississippi y del litoral oriental del golfo de Méjico, se caracterizan por la presencia de vasos funerarios y por los tejidos artísticos hallados en las tumbas.

La civilización más meridional del Mississippi, esta representada principalmente por vasos funerarios de barro cocido; algunos de ellos modelados con destacada sensibilidad, representan cabezas humanas. Las más bellas realizaciones artísticas de esta región son también ofrendas funerarias: cabecitas de caliza delicadamente esculpidas - algunas solo miden pocos centímetros de altura - y escudillas talladas en piedra y que representan pájaros. En las marismas de Florida se han hallado estatuillas zoomorfas o de animacadas y escalonadas que servían de basamento a edificios religiosos o civiles, en la antigüedad desaparecidos, detalle que las asemeja a las pirámides de América Central.

3.- AMÉRICA CENTRAL

El arte del antiguo Méjico distingue dos épocas: la de las culturas “clásicas” y la de las “preclásicas” designadas estas hasta hace poco como culturas “arcaicas”. A las ultimas se les asigna un periodo de tiempo que se extiende más o menos entre el 1500 adC y el 200 de nuestra Era (periodo formativo mejicano). Las culturas clásicas alcanzan su momento de esplendor entre los años 600 y 900 (periodo clásico mejicano), los tres siglos en que surgieron los grandes monumentos de Teotihuacán, el Tajin, Monte Alban y, dentro del territorio Maya, Palenque, Quirigua y Copan.

3.1.- Periodo formativo mejicano.

  • Tlatilco. Tlatilco es una aldea india próxima a la ciudad de Méjico en la falda del Cerro de los Remedios. Los obreros de los hornos de ladrillos que hay por allí tropezaban a menudo con el inconveniente de que en algunos lugares aparecían mezclados con la arcilla restos de cerámica de épocas antiguas: figuritas, vasijas, sellos, puntas de flecha oxidada, etc.

Aparecieron más de 200 tumbas, en su mayoría intactas. Los difuntos tenían a su lado vasijas de arcilla y figurillas de cerámica a manera de ofrendas funerarias.

Hasta el momento se han encontrado unas 4000 figurillas de este tipo: en su mayoría mujeres desnudas del tamaño de una mano por lo común, que revelan una observación sorprendentemente segura de la realidad y al mismo tiempo una sutil sensibilidad artística. No han aparecido imágenes de dioses, lo que permite suponer - según Covarrubias, que llevo a cabo parte de las excavaciones - que la religión no era aun un factor predominante en la vida del pueblo, y que todavía no se habían formado las concepciones de tipo esotérico e intelectual que caracterizaron el periodo clásico.

Además de estas figurillas se han encontrado vasijas antropomorfas y zoomorfas destinadas sin duda a ritos mágicos en pro de la fertilidad de los campos, la caza del pato salvaje, y la pesca. La estructura formal, totalmente distinta de estas vasijas es arquitectónica, de masa cubica. En la apariencia óptica subyace en sentido simbólico.

Frente al arte profano tradicional representado por todas estas figurillas que podríamos denominar de estilo “Tlatilco”, se perfila a través de estos objetos de culto - un culto del que no se sabe nada preciso - una tendencia hacia lo religioso. En Tlatilco han aparecido cerámicas y piezas de jade de origen Olmeca. Existían pues estrechas relaciones con el mundo Olmeca en el que se desarrollo el pensamiento mítico - religioso de Mesoamérica, y se creo un lenguaje de formas adecuado. Cabe, pues, suponer que influencias Olmecas desempeñaron en la producción de aquellas vasijas rituales un papel importante.

  • Olmecas. Los altares de La Venta, monolitos de 2,50 metros de largo por 1,60 metros de alto, constituyen el documento monumental del cambio que se realizó en el periodo preclásico. Tlatilco y las culturas afines crearon unas esculturas de cerámica de tamaño muy pequeño. Las figuras femeninas de Tlatilco reflejan la alegría de vivir a que aquellos hombres podían entregarse sin la opresión de divinidades demoniacas.

Entre los Olmecas - a partir del periodo de La Venta - es donde se forma el concepto del Dios Jaguar. El Jaguar, que puede ser considerado como el dios tribal de los Olmecas y la encarnación de las fuerzas demoniacas de la naturaleza, aparece representado en innumerables obras de piedra, jade y arcilla, en la escultura monumental y en la plástica menor, en los relieves de las estrellas como mascara y como pectoral. Encontramos todas las variaciones imaginables del animal: figuras de jaguar, cabezas de jaguar, fauces de jaguar, figuras humanas con cabeza de jaguar ( lo que en la imaginación típica del pensamiento mágico significa: hombres dotados con la fuerza del jaguar ), rostros humanos con boca de jaguar, la llamada “boca Olmeca”. Covarrubias habla de la “obsesión felina”, que caracteriza a este estilo.

En la cara anterior del altar 5 del conjunto de Copan, se abre un nicho en el que se resalta una figura sedente de tamaño natural. La figura ( ¿ el Dios de la fecundidad ? ) sostiene en brazos un niño de cabeza desmesuradamente grande, lo que constituye una característica de las representaciones Olmecas.

  • Totonecas. La “mascara sonriente” es un tipo de cerámica que se aparece en todos los pueblos de la costa del Golfo y exclusivamente entre ellos. La estructura Totoneca la perfecciono hasta un grado de soberana maestría. Se trata de creaciones de un encanto indecible, rostros en los que aletea una sonrisa captada con un asombroso don de observación sicología. Dentro del arte antiguo mejicano, empeñado en la reproducción de figuras demoniacas, estas obras son únicas por su humanidad. Por lo demás, el calificativo de “mascara” es inexacto. Se trata de figuras de cuerpo entero. Pero, como al comienzo no se encontraron más que cabezas separadas del cuerpo, se las supuso simples mascaras

  • Huastecas. No destacan notablemente en la cerámica. Su principal actividad era la agricultura, en la que demostraban una alta productividad en el cultivo del algodón.

  • Zapotecas y Mixtecas. Tampoco estos fueron grandes ceramistas, sin embargo los pocos, aunque importantes, restos que conservamos de ellos nos demuestran que ( sobre todo los Zapotecas ) fueron un pueblo de arquitectos. Cabe destacar de los Mixtecas las policromías en sus cerámicas.

Los Mixtecas crearon en Mitla un arte en que surgen elementos completamente nuevos junto a formas características de la tradición local, aunque muy modificadas. En las tumbas de Mitla se han encontrado diversos objetos policromos de cerámica y números ornamentos de oro.

3.2.- Periodo clásico mejicano.

  • Teotihuacan. Ciertos datos permiten creer que la población de Teotihuacan supero el Millón de habitantes. Se conservan bellas muestras de su cerámica, bien con representación de figuras, bien en forma de vasijas utilitarias, estas ultimas pintadas. El tipo de cerámica creado por la gentes de Teotihuacan es un vaso cilíndrico con paredes verticales. Los pies son superficies rectangulares, tan anchas que a su vez adoptan forma cilíndrica. Se aspira a la forma pura, a la belleza de la forma perfecta, la forma abstracta. Las paredes del vaso están decoradas con una pintura en colores ( la llamada técnica al fresco ) o mediante dibujos incisos en la arcilla. Las representaciones consisten en infinitas variantes de los símbolos de una religión agraria, en especial del culto de Tláloc (Dios de la Lluvia).

El arte de Teotihuacan proporcionó también mascaras funerarias talladas en piedra o en mármol y considerable cantidad de figuritas de barro cocido, hechas a mano, con rostros y peinados vaciados en molde, que seguramente serian objetos votivos.

Es un arte orientado hacia la eternidad: lo que cuenta es el significado de las cosas, su valor mítico religioso, que ha de interpretarse como fenómeno espiritual, no como fenómeno corpóreo. Por eso mismo es un arte visionario. Al mismo tiempo tiene carácter monumental. W. Lehman (Aus den Pyramidenstätten Mexicos), que intervino en las excavaciones de Teotihuacan, nos habla de su “simplicidad sublime y serena grandeza”.

Hacia el S.V, esa civilización desapareció por razones aun desconocidas y dejo paso a otras como la de los Toltecas y los Mixtecas.

  • Toltecas. Los Toltecas, otro pueblo de invasores procedentes del norte, desarrollaron nuevas formas artísticas en la región de Tula. Quizás es destacable la cerámica en la región de Chichen-itzá, en la península del Yucatán.

Los Toltecas se trajeron desde Tula una de la obras más originales de la escultura antigua mejicana, la estatua de Chac Mool, una deidad del culto del maíz, yacente en posición horizontal, con la cabeza vuelta hacia un lado, las piernas encogidas y una vasija sobre el vientre.

3.3.- Los Mayas.

La cultura maya se extendió por una vasta zona de unos 325.000 km², entre América Central y México, siendo el Golfo de México su foco originario. Las vestigios más antiguos de esta cultura se remontan a unos 1.500 años adC., al período llamado “formativo antiguo”, en que aparecen los primeros agricultores en la costa del Pacífico. En el período siguiente, el “formativo medio”, entre los años 800 y 300 adC., se estableció en la zona meridional un importante núcleo de población: agricultores que fabricaron una cerámica en arcilla blanca mucho más elaborada que en el período anterior. Al “formativo tardío” pertenecen los monolitos antropomorfos y cefalomorfos hallados en la región de Escuintla y en el llano del Pacífico. La época clásica, entre el 282 y el 889 ddC., se considera el período de máximo apogeo de la civilización maya. Las principales ciudades de esta época fueron: Tikal en Guatemala, Copan en Honduras y Palenque, Yaxchilan, Bonampak, Uxmal y Chichen Itza en México. En comparación con los anteriormente descritos, el periodo post-clásico (del 950 al 1325 ambos ddC), no aporta ningún detalle de interés, debido a su pobre actividad .

La arquitectura, fundamentalmente dedicada al culto religioso, se caracteriza por la construcción de templos de estructura piramidal y la utilización de la bóveda en saledizo, los muros de mampostería y el mortero, una especie de hormigón. De los antiguos palacios y templos ha subsistido la decoración esculpida, no así los frescos, salvo en el caso excepcional de Bonampak. Asimismo cabe destacar los altares de talla monumental, decorados por la parte de delante con representaciones humanas y con jeroglíficos en los lados. Esta escritura aparece también en los llamados “codex”, libros históricos o proféticos escritos sobre tiras de papel “maguey”, en los que a su vez se han hallado signos pictográficos e ideográficos, acompañados de escenas históricas y religiosas.

La civilización maya alcanzó un alto nivel de desarrollo. Utilizaron un sistema matemático vigesimal, que emplearon para resolver complicados cálculos astronómicos y establecer tres calendarios de gran precisión: uno solar, otro lunar, y un tercero venusiano. La calidad técnica de la arquitectura y de la escultura y la abundancia de cerámica finamente decorada, confirma el carácter desarrollado de esta sociedad peculiar.

3.4.- Los Aztecas.

No se conoce con exactitud el origen de los aztecas, también llamados tenochcas (de Ténoch, uno de sus sacerdotes-guías) y mexicas (denominación que suele atribuirse a uno de los nombres míticos del lago Texcoco). Sus propias tradiciones, verificadas por la pertenencia al subgrupo náhuatl de la gran familia lingüística uto-azteca y por otros indicios, situaban un hábitat originario en unas tierras septentrionales que llamaban Atzlán, donde habrían llevado una existencia nómada y cazadora hasta fines del s. XII. Según la leyenda, orientó su larga migración hacia el valle de México la búsqueda de una tierra prometida que localizarían allí donde vieran un águila devorando una serpiente. Ese lugar fue el lago Texcoco, que eligieron como emplazamiento de dos de sus centros principales, Tenochtitlán (fundada hacia 1425) y Tlatelolco.

Al principio dependientes de culturas más evolucionadas, y sobre todo de los tepanecas, en la segunda mitad del s. XV impusieron su primacía sobre aquéllos y otros pueblos bajo los reinados de Itzcoatl (1428-1440) y Moctezuma I (Moctezuma Ilhuicamina, 1440-1469). La expansión azteca culminó con Ahuitzoltl (1486-1502), que en sus expediciones llegó hasta las costas del Pacífico y la actual Guatemala. La consolidación de formas ya estatales y centralizadas bajo Moctezuma II (Moctezuma Xocoyotzin, 1503-1520) fue bruscamente interrumpida por la llegada de los españoles en 1519.

De lo anteriormente expuesto podemos determinar que el denominado imperio azteca abarco un periodo de tiempo comprendido entre los años 1325 al 1521, y probablemente comprende también las culturas de la región de los Tarrascos, al norte de Méjico, donde se descubrió un arte local muy desarrollado del que, por el momento, se desconocen fechas exactas.

Los restos artísticos más antiguos de esta cultura se encuentran en el monte Alban. Los objetos artísticos más conocidos de este centro arqueológico son los vasos antropomórficos de arcilla, que miden desde 30 hasta algo más de 60 cm. Su colorido varia desde el gris oscuro al rojo castaño. Se encontraron en diversas tumbas y representa personajes sentados o arrodillados, vestidos con traje de ceremonia: un peinado a menudo muy complicado y una especie de túnica que se supone sería la indumentaria de los sacerdotes. Las figuras más antiguas llevan vestidos más sencillo, la interpretación es siempre bastante realista y el modelado indica notable sensibilidad. El arte del monte Alban produjo también jades grabados y pinturas al fresco muy estilizadas.

En la región montañosa al noroeste de Méjico se desarrolló un arte diferente del que se desconoce la fecha exacta en los pueblos conocidos con el nombre de Tarrascos y en grupos étnicos emparentados con los Nayarit hacia el norte, y los de Colima hacia el sur. Estos pueblos no fueron avasallados por los Aztecas, y crearon una cerámica única en su clase. En efecto, nos llegaron figuras de dimensiones variables, macizas o huecas, modeladas, cocidas y después recubiertas con engobe rojo, y con frecuencia ornadas con detalles blancos y negros. Representan con mucha delicadeza e incluso con humor, pero nunca de manera realista, hombres y mujeres que realizan faenas cotidianas, así como lisiados y seres deformes o también perros regordetes y pájaros. Formas, actitudes y expresiones que revelan una observación vigorosa, de la vitalidad notable y extraordinariamente atractiva.

Antes de desaparecer, la civilización azteca había supuesto uno de los más altos grados de desarrollo alcanzado por los estados precolombinos del área mesoamericana, en los planos agrícola y urbano, sociopolítico, religioso y, en un nivel quizá menor que el de los mayas, incluso científico. La herencia cultural más importante que incorporaron al trasladarse al valle de México fue la de los Toltecas, pueblo amerindio del grupo nahua.

4.- AMÉRICA DEL SUR

Buen ejemplo del arte del sur de América se encuentra en las regiones andinas que se extienden a lo largo de las costas occidentales de Sudamérica, y comprenden territorios de Colombia, Ecuador, Perú, y Bolivia, así como porciones menos extensas de Chile y Argentina.

En la región andina, los últimos siglos anteriores a la conquista discurren bajo el signo de la soberanía Inca. Un régimen político tan sólido y hasta opulento creo un estilo que, aunque anclado en la tradición, acertó a revelar con frecuencia cierto refinamiento de formas y motivos. Así nació el “Aribalo”, a veces con una altura de hasta 1,20 m., tipo de cerámica que ya habían conocido los griegos. La forma es muy difícil de conseguir a pulso, y su elaboración exige gran tino, como que representa el remate de una larga evolución, y constituye la equilibrada manifestación artística de un pueblo civilizado.

Las piezas de alfarería de América precolombina, se hacían con discos de arcilla y se les daba forma a mano, o con ayuda de un pequeño instrumento, como por ejemplo un pequeño bastoncillo de madera o un cascote de cerámica. Aquellas gentes no conocían el torno de alfarero. Las formas redondas traslucen la vida de la mano que las plasmo, y el talento del alfarero no encontró trabas de ningún genero, por lo que pudo crear una de las manifestaciones más originales y artísticas de estas culturas. La producción de cerámica tuvo una amplia difusión en toda América precolombina. Ahora es posible establecer un cuadro comparativo general de sus diversos estilos y métodos de fabricación, cuya primordial importancia es la de fijar un orden cronológico y las relaciones reciprocas.

En la costa del Norte de Perú se crearon los vasos en forma de pipa y de estribo. En las culturas primitivas de esta región, las de Cuprisnique y Mochica, se imitaban las formas de hombres animales y plantas. El efecto artístico se realzaba mediante el color y una especie de barniz.

Cabe mencionar las representaciones de la cultura Chavin (1200 adC-1ddC)

que aunque no se pronunció notablemente en cuanto a su alfarería, únicamente botellas de caño, si fueron un pueblo avanzado en lo que a la escultura se refiere.

El arte Mochica del periodo medio se halla representado en esencia por objetos cerámicos de forma especial modelados, pulimentados, y pintados de rojo, blanco y negro, de manera muy característica. Esta cerámica de uso funerario indica probablemente la importancia social, política o religiosa del difunto. La cerámica Mochica se moldeaba en dos mitades verticales idénticas que se unían después, la remataba un anillo tubular terminado por un pitón o pitorro igualmente tubular, que se colocaba encima o en uno de los lados. Estos vasos se adornaban con formas modeladas y pintadas o con motivos lineales pintados en la superficie. Se trata de escenas anecdóticas, que ilustran diversas actividades cotidianas, o la representación realista o simbólica de los ritos religiosos, mitológicos o militares. Otros vasos adquieren formas claramente antropomórficas o de animales, vasos - retratos, representaciones de guerreros, ídolos, etc. Esta cerámica nos proporciona preciosos conocimientos sobre la civilización Mochica, y gracias a ello es mejor conocida que las demás culturas peruanas.

Mas tarde, en el periodo Chimú, se prefirió la cerámica negra, donde no es raro encontrar pequeñas representaciones plásticas de hombres y animales en escenas épicas. Estas piezas de cerámica, entre las que se encuentran los famosos “vasos-retratos” nos suministran abundantes informes sobre la vida cotidiana de aquellas gentes.

La cerámica de la costa meridional, conocida principalmente por las culturas de Nazca y de Ica, se caracteriza por una pintura viva de formas simples, por la multiplicación de motivos, y por la vivacidad del color. Los vasos se elaboran con porciones de arcilla moldeada a mano y representan gran variedad de formas; las más frecuentes son la escudilla y la copa. Cerámicas y telas se caracterizan por la gama y la variedad de los colores: en una pequeña franja moldeada o tejida, de fondo blanco, crema, gris, o amarillo claro, pueden contarse hasta 11 colores diferentes. Los temas se perfilan a menudo con negro y tienden a la estilización. Su calidad plástica es casi siempre inferior a la del arte Mochica. Los temas decorativos más frecuentes consisten en pájaros, vegetales, escolopendras, demonios con cabeza de gato, cabezas humanas interpretadas como trofeos y algunos motivos geométricos.

Mas tarde se deja sentir el estilo de Tiahuacano, unas veces con representaciones realistas, otras con motivos marcadamente geométricos y abstractos que guardan relación con labores de tejidos.

  • Los Incas. Suele considerarse el año 1438 como punto inicial de la fundación del Imperio Inca, conquistado por los españoles en 1532, no obstante otras fuentes nos indican su existencia y expansión a partir de la zona de Cuzco bastante antes, llegando a tener una superficie de más de 900.000 Km. Esta cultura constituyó la síntesis de las antiguas civilizaciones peruanas; sin embargo, a los Incas les interesaba establecer una organización política y social sólidamente estructurada, más que un estilo artístico. Su arte, aunque técnicamente perfecto, no ofrece tejidos, u orfebrería de valor destacado, merece sin embargo especial atención una cerámica no muy variada, pero elegante y perfectamente acabada; pero su arquitectura es muy característica e impresionante. Fortalezas, ciudades y edificios religiosos se construyeron con distinto tipo de piedra en bloque o tallada. Algunos edificios fueron erigidos con enormes masas de piedra de dimensiones y formas irregulares, de talla tan exacta que encaja perfectamente. Aunque el valor estético de la arquitectura Inca se deba sobre todo a la habilidad técnica en la talla de la piedra, escuadramiento y ensamblaje delas mismas, es preciso reconocer, que los Incas también tenían sentido del espacio, ya que estos voluminosos bloques se dispusieron con geometría y orden perfecto.

El antiguo arte peruano se expresa casi siempre en dos dimensiones como en los dibujos cerámicos y textiles. Pero pueden observarse algunas formas que intentan representar las 3 dimensiones en piedra esculpida, cerámica y orfebrería. Existen pocos elementos estilísticos comunes a todo el país; pero se aprecia una tendencia permanente y general a la habilidad técnica y gran fidelidad a las tradiciones artísticas locales o regionales.

5.- AUTORES / BIBLIOGRAFÍA

5.1.- Autores componentes del grupo.

- Simón Gundín Menéndez (4º - A, nº 17).

- Abraham Fernández Berdasco (4º - A, nº 8).

- Víctor Diez Corros (4º - A, nº 6).

5.2.- Bibliografía.

Enciclopedia de la Historia Mundial del Arte. Ediciones Daimon. 1979.

Enciclopedia de Historia del Arte. Editorial Asuri. 1971.

Enciclopedia Lectum Juvenil. Editorial Credsa. 1988.

Enciclopedia Planeta-D´Agostini. Editorial Planeta. 1994.

Enciclopedia Visual de la Cultura Americana. Editorial Danae. 1971.

6.- ÍNDICE

C O N T E N I D O S

PAGS.

1.- Introducción

1

2.- Sudoeste de Norteamérica

2

3.- América Central

7

3.1.- Periodo formativo mejicano.

7

3.2.- Periodo clásico mejicano

9

3.3.- Los Mayas

10

3.4.- Los Aztecas

11

4.- América del Sur

13

5.- Autores / Bibliografía

16

6.- Índice

17

La cerámica en la América antigua

2