Células nerviosas para el cerebro adulto

Sistema Nervioso. Cerebro humano. Neuronas. Enfermedades neurológicas. Cáncer

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Nuevas células nerviosas para el cerebro adulto.



Contrario a lo que se creía, el cerebro humano produce nuevas neuronas en los adultos ¿Puede esta nueva capacidad descubierta permitir mejorar los tratamientos para enfermedades neurológicas?


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n corte en la piel, y la herida cierra en algunos días. Al romperse una pierna, la fractura usualmente se enmienda si el hueso está colocado correctamente. Realmente, casi todos los tejidos humanos pueden repararse por sí mismos en gran parte de nuestra vida. Las notables células madres cuentan para muchas de estas actividades. Estas células versátiles se parecen a las del desarrollo embrionario en su habilidad para multiplicarse casi infinitamente y generar no sólo copias de carbono de sí mismas sino también muchos diferentes tipos de células. Las versiones en la médula de los huesos ofrecen un ejemplo dramático. Ellas pueden dar origen a todas las células de la sangre: algunas rojas, plaquetas y una gama del tipo blanco. Otras células madres se producen en varios constituyentes de la piel, el hígado o el intestino delgado.

El cerebro del humano adulto puede compensar a veces el daño bastante bien, haciendo nuevas conexiones entre las células nerviosas (neuronas) sobrevivientes. Pero estas no pueden repararse a sí mismas, por la carencia de las células madres que permitirían la regeneración celular. Eso, de cualquier modo, es lo que muchos neurobiólogos firmemente creían hasta hace poco.

En Noviembre pasado, Peter S. Eriksson del Hospital de la Universidad Sahlgrenska en Göteborg, Suecia, uno de nosotros (Gage) en el Instituto Salk para Estudios Biológicos en La Jolla, California, y varios colegas publicaron las primeras noticias de que el cerebro humano maduro cambia neuronas frecuentemente en al menos un sitio - el hipocampo, un área importante para la memoria y el aprendizaje. (El hipocampo no es donde los recuerdos son almacenados, pero ayuda a formarlos después de recibir la señal desde otras regiones del cerebro. La gente con el hipocampo dañado tiene dificultades para adquirir conocimientos sin embargo pueden recordar información aprendida antes del daño).

El número absoluto de nuevas células es relativamente bajo en relación con el número total en el cerebro. No obstante, considerando los recientes descubrimientos en animales, el descubrimiento de Noviembre levanta algunas perspectivas fascinantes para la medicina. Datos recientes sugieren que las células madres probablemente hacen nuevas neuronas en otras partes del cerebro humano y también residen, aunque latentes, en otros lugares. Por tanto, el cerebro humano, el cual se repara muy pobremente, podría albergar, en realidad, un gran potencial para la regeneración neuronal. Si los investigadores pueden aprender cómo estimular a las células madres existentes para producir un número útil de células nerviosas funcionales en ciertas partes del cerebro, ese avance podría hacer posible aliviar cualquier número de desórdenes que envuelven un daño neuronal y muerte - entre ellos la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson y las discapacidades que acompañan el golpe y el trauma.

Aunque la conclusión de que el cerebro humano maduro puede generar neuronas fue sorprendente, han aparecido, realmente, indicios por años en estudios de otros mamíferos adultos. Ya en 1965, por ejemplo, Joseph Altman y Gopal D. Das del Instituto de Tecnología de Massachusetts han explicado la producción neuronal (neurogénesis) en el hipocampo de ratas adultas - precisamente en la zona del hipocampo conocida como giro dentado, donde ahora ha sido encontrado en seres humanos.

Indicios Tempranos… y Dudas

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tros estudios confirmaron, posteriormente, el informe de Altman y Das, pero la mayoría de los investigadores no vieron los datos como evidencia de una neurogénesis significante en mamíferos adultos o como indicación que, incluso cerebros humanos, podrían tener alguna regeneración potencial. Una razón fue que los métodos entonces disponibles no podían estimar con precisión el número de neuronas que nacen, ni demostrar definitivamente que las nuevas células fueran neuronas. Además, el concepto de células madres cerebrales aún no se había introducido. Los investigadores, por tanto, pensaron que para que las nuevas células nerviosas aparecieran, en versiones totalmente maduras tendrían que replicarse - una hazaña increíblemente difícil. Los científicos también subestimaron la importancia de los hallazgos en el cerebro humano, en parte debido a que ninguno todavía había descubierto evidencias claras de la neurogénesis en monos o simios, los cuales son primates y, por tanto, son más cercanos genética y fisiológicamente a los humanos que otros mamíferos.

Estos problemas permanecieron hasta mediados de 1980, cuando Fernando Nottebohm de la Universidad Rockefeller, rayó la cancha con sorprendentes resultados en canarios adultos. Él descubrió que la neurogénesis ocurría en el centro del cerebro responsable del aprendizaje del canto y, además, que el proceso se acelera en la temporada en las cual las aves adultas aprenden sus canciones. Nottebohm y sus compañeros de trabajo también mostraron que la formación de neuronas en el hipocampo de chickadees rose adultos durante las estaciones que colocaron altas demandas sobre el sistema de memoria de los pájaros, en particular cuando los animales tuvieron que memorizar la pista de sitios de almacenaje de alimentos cada vez más dispersados. El drama de Notthebohm resultó llevar a un nuevo despertar de interés en la neurogénesis en mamíferos adultos y, por supuesto, causó que los investigadores reflexionaran una vez más si el cerebro maduro del humano tenía cualquier potencial regenerativo.

El optimismo sobre las posibilidades de la neurogénesis, sin embargo, duró poco. Al mismo tiempo, Pasko Rakic y sus colaboradores en la Universidad de Yale fueron pioneros en el estudio de la neurogénesis en primates adultos. En ese trabajo, el cual estaba bien realizado para su tiempo, no fue posible encontrar desarrollo de nuevas neuronas en el cerebro de monos de especie Rhesus.

La lógica, también, continuó argumentando contra el nacimiento de neuronas en el cerebro de humanos adultos. Biólogos sabían que el alcance de la neurogénesis se había cada vez más restringida a lo largo de la evolución, tanto que el cerebro llegó a ser más complejo. Mientras que los lagartos y otros animales más inferiores disfrutan de la regeneración neuronal masiva cuando sus cerebros son dañados, a los mamíferos les falta esa robusta respuesta. Pareció razonable asumir que la adición de neuronas al cerebro humano intrincadamente conectadas amenazaría al flujo ordenado de señales a lo largo de de las vías establecidas.

Señales de que este razonamiento podría ser imperfecto emergieron hace sólo unos pocos años atrás. Primero, un equipo encabezado por Elizabeth Gould y Bruce S. McEwen de Rockefeller y Eberhard Fuchs del Centro Alemán de Primates en Göttingen reveló en 1997 que algunas neurogénesis ocurren en el hipocampo de primates como la musaraña de árbol. Luego, en Marzo de 1988, ellos encontraron el mismo fenómeno en el mono tití. Los monos tití son evolutivamente más distantes de los humanos que los monos de la especie Rhesus, pero, sin embargo, son primates.

Pacientes con Cáncer Mostraron el Camino

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laramente, la pregunta de si los humanos poseen una capacidad para la neurogénesis en la edad adulta podría ser resuelta sólo estudiándolo en la gente directamente. Sin embargo, tales estudios parecieron imposibles, porque los métodos aplicados para demostrar la nueva formación de neuronas en animales no parece ser aplicables a personas.

Estas técnicas varían pero normalmente toman ventaja del hecho de que antes que las células se dividan, ellas duplican sus cromosomas, lo cual permite a cada célula hija recibir un juego completo. En los experimentos animales, los investigadores normalmente inyectan material con un elemento rastreable (un “marcador”) que llega a ser integrado solamente en el interior del ADN de las células cuando se preparan para la división. Ese marcador llega a ser parte del ADN en el resultado de las células hijas y luego es heredada por las hijas a sus hijas y a sus futuras descendientes de la célula original dividida.

Después de un tiempo, algunas de las células marcadas se diferencian - es decir, se especializan, convirtiéndose en tipos especiales de neuronas o glía (otra clase principal de células en el cerebro). Habiendo permitido el tiempo para que la diferenciación ocurra, el manipulador remueve el cerebro y lo corta en secciones delgadas. Las secciones están manchadas por la presencia de neuronas y glía y son vistas bajo el microscopio. Las células que retienen el marcador (una señal de su derivación de la célula divida original) y que además tienen las características anatómicas y químicas de neuronas se puede suponer que se han diferenciado en células nerviosas después que el marcador fue introducido en el cuerpo. Completamente diferenciadas, las neuronas no se dividen y no pueden integrar el marcador; ellas, por tanto, no muestran ninguna señal de la misma.

Los seres humanos vivos, evidentemente, no pueden ser examinados de esta forma. Ese obstáculo pareció insuperable hasta que Eriksson dio con una pronta solución después de terminar un sabático con nuestro grupo en Salk. Un clínico, él un día se encontró con un llamado con un especialista en cáncer. Como los dos conversaron, Eriksson aprendió que por casualidad daban a la sustancia que nosotros habíamos estado usando como nuestro marcador para la división de células en animales-bromodeoxiuridina (BrdU)--siendo administrada a algunos pacientes enfermos terminales con cáncer de lengua o laringe. Esos pacientes fueron parte de un estudio que inyectaba el compuesto para monitorear el crecimiento del tumor.

Eriksson comprendió que si él pudiera obtener el hipocampo de los participantes en estudio que tarde o temprano morirían, los análisis conducidos en Salk podrían identificar las neuronas y ver si alguno de ellos mostraba el marcador de ADN. La presencia de BrdU significaría que las neuronas afectadas se han formado después que la sustancia fue suministrada. En otras palabras, el estudio podría proveer que la neurogénesis ha sucedido, probablemente a través de la proliferación y diferenciación de las células madres, durante la edad adulta del paciente.

Eriksson obtuvo el consentimiento de los pacientes para investigar sus cerebros después de muertos. Entre comienzos de 1996 y febrero de 1998, él corrió al hospital y le fueron dados el tejido de cinco pacientes, que habían fallecido entre los 57 y 72 años de edad. Como se esperaba, los cinco cerebros mostraron nuevas neuronas - estas se conocen específicamente como células granulares—en el giro dentado. Estos pacientes donaron sus cerebros para esta causa, y nosotros les debemos esta prueba de la neurogénesis en humanos adultos a su generosidad. (Coincidentemente, al tiempo que este estudio era publicado, los grupos de Gould y Rakic informaron que la producción de células nerviosas toma lugar en el hipocampo de monos adultos Rhesus).

¿Funcionan las Nuevas Neuronas?

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or supuesto, la simple demostración de la neurogénesis de humanos no es suficiente. Si el último objetivo es estimular la regeneración neuronal controlada en cerebros humanos enfermos, los científicos querrán determinar la ubicación de las células madres capaces de convertirse en neuronas. Ellos también necesitarán estar seguros que las neuronas derivadas de tales células serán funcionales y capaces de enviar y recibir mensajes apropiadamente. Afortunadamente, el descubrimiento de que la neurogénesis en el hipocampo de roedores, después de todo, es un reflejo de la actividad en el cerebro humano significa que los investigadores pueden regresar a los estudios en ratas y ratones para buscar pistas.

Trabajos anteriores en roedores han revelado que algunas neurogénesis ocurren durante toda la vida no solamente en el hipocampo, sino también en el sistema olfativo del cerebro. Las células madres también residen en tales regiones del cerebro como el “septum” (implicadas en las emociones y el aprendizaje) y el cuerpo estriado (involucrado en la actividad motora fina) y la médula espinal. Sin embargo, las células fuera del hipocampo y del sistema olfativo no parecen producir nuevas neuronas bajo condiciones normales.

Si la parte frontal del cerebro de los animales fuera transparente, la porción del giro dentado del hipocampo sería visto en parte como una delgada y oscura capa, más o menos la forma de una V lateral. Esta V consiste en los cuerpos de las células de neuronas granulares—la parte globular que contiene los núcleos. Una capa adyacente dentro de la V se llama hilus. Está compuesta ante todo del axón, o largas proyecciones transportadoras de señales, a través de las cuales las células granuladas transmiten las señales a una estación retransmisora del hipocampo conocida como CA3.

Las células madres que dan lugar a las células granulares recién nacidas están en el límite del giro dentado y el hilus. Estas células se dividen continuamente. Muchas de estas progenies son exactamente como sus padres, y un buen número aparentemente muere pronto después de ser producidas. Pero algunas migran a las profundidades de la capa de las células granulares y asumen la apariencia de las células granulares circundantes, completas con múltiples proyecciones para recibir y enviar señales. Ellas también amplían su axones a lo largo de las mismas extensiones usadas por sus vecinos ya establecidos.

Las células madres que producen nuevas neuronas en el sistema olfatorio rayan las paredes de cavidades llenadas por fluido cerebrales conocidas como ventrículos laterales. Arturo Alvarez-Buylla de Rockefeller y sus compañeros de trabajo han demostrado que algunos descendientes migran a una buena distancia dentro del bulbo olfativo, donde adquieren los elementos característicos de las neuronas de esa área.

Dado que las nuevas neuronas en ambas regiones del cerebro lucen como sus contrapartes nacidas antes, es posible que se comporten como neuronas. Pero, ¿cómo se podría suponer este resultado? Los estudios que analizan los efectos del ambiente en la anatomía del cerebro y el aprendizaje han sido instructivos.

A comienzos de 1960, Mark R. Rosenzweig y sus colegas en la Universidad de California en Berkeley removieron roedores desde el hábitat, algunos en condiciones monacales de laboratorio y los pusieron en un medio enriquecido, donde disfrutaban en grandes jaulas y compartían la compañía de muchos otros roedores.

Ellos podrían también explorar el entorno (que continuamente era cambiado por los vigilantes), dar vueltas en la rueda y jugar con una variedad de juguetes.

El grupo de Rosenzweig y más tarde William T. Greenough de la Universidad de Illinois describieron las increíbles consecuencias de vivir bajo tales condiciones mejoradas. En comparación con los animales mantenidos en jaulas estándar, esos que disfrutaron de una gran vida terminaron con el cerebro un poco más pesado, un mayor grosor en ciertas estructuras del cerebro, diferencia en los niveles de algunos neurotransmisores (las moléculas que transportan los mensajes estimulatorios o inhibitorios desde una neurona a otra), más conexiones entre las células nerviosas y aumento en la ramificación de proyecciones neuronales. Además, ellos realizaron mejor las pruebas de aprendizaje; por ejemplo, fueron más exitosos en aprender a recorrer laberintos.

Varios resultados juntos implicaron que los cambios del ambiente han permitido mejorar las funciones cerebrales. Desde luego, los neurobiólogos se han llegado a convencer que enriqueciendo el ambiente de los roedores maduros influye en las conexiones cerebrales de forma que aumenta el potencial cerebral. Por años, sin embargo, ellos descartaron la idea que la producción de nuevas células nerviosas en el cerebro adulto podrían contribuir a tales mejoras, aunque Altman sugirió a comienzos de 1964 que tal proceso debía ser considerado.

Nuevos descubrimientos han confirmado ahora que la manipulación ambiental si afecta la neurogénesis adulta. Aplicando tecnología no disponible en los ´60, nuestro grupo demostró en 1997 que dando condiciones de vida enriquecidas a ratones adultos crecieron 60% más nuevas células granuladas en el giro dentado que animales de control idénticos genéticamente. Ellos también mejoraron el aprendizaje de tareas que involucraban buscar el camino para salir de una piscina de agua. El enriquecimiento incluso mejoró la neurogénesis y el aprendizaje realizado por ratones viejos, los cuales tienen una tasa base de producción neuronal mucho más baja que los adultos más jóvenes.

No pretendemos que las nuevas neuronas son solamente las responsables de la mejora en el comportamiento, porque los cambios en la configuración de las conexiones y en el microambiente químico en el que participan las áreas del cerebro seguramente juegan un rol importante. Por otro parte, sería muy sorprendente si ese dramático salto en la formación de neuronas, como también la preservación de la neurogénesis adulta en toda la evolución, no tenga función.

Búsqueda de los controles.

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i, como suponemos, las neuronas que nacen habitualmente en el cerebro de un humano adulto son funcionales, luego una comprensión de los controles en su formación podría eventualmente enseñar a los neurobiólogos cómo promover tal generación neuronal en donde sean necesitadas. Aparte del enriquecimiento ambiental, varios otros factores que influencian la neurogénesis han sido identificados en estudios con animales durante los últimos años.

Estos resultados tendrán mayor sentido si los lectores recuerdan que la neurogénesis tiene muchos pasos - desde la proliferación de células madres, a la supervivencia seleccionada de alguna progenie, a la migración y la diferenciación. Resulta que los factores que influyen en un paso a lo largo del camino puede que no afecte a otros. Un incremento en la proliferación de células madres puede producir un aumento neto de nuevas neuronas si la tasa de supervivencia de células hijas y diferenciación permanecen constantes, pero el número neuronal puede no elevarse si la tasa de supervivencia y diferenciación cambian en direcciones opuestas. Igualmente, las neuronas serán añadidas si la proliferación se mantiene constante pero la supervivencia y la diferenciación aumentan.

Entre las influencias regulatorias que han sido descubiertas, algunas son, por lo general, las que parecen desalentar la neurogénesis. Algunos años atrás, por ejemplo, Gould y McEwen han reportado que ciertas entradas diarias en el giro dentado puede en realidad controlar la producción de células nerviosas. Específicamente, los neurotransmisores que estimulan las células granuladas para encender también inhibirán la proliferación de células madres en el hipocampo. Altos niveles de hormona glucocorticoide en la sangre inhiben la neurogénesis adulta también.

Considerando estas conclusiones, quizás no sea ninguna sorpresa que el equipo ha mostrado a la tensión para reducir la proliferación de células madres en la misma región. La tensión conduce a la liberación de neurotransmisores estimulantes en el cerebro y a la secreción de hormonas glucorticoideas desde las glándulas suprarrenales. El entendimiento de la inhibición es importante para aprender cómo superarlo. Pero aquel aspecto del cuadro está todavía lejos de aclararse de ser claro. Por ejemplo, el descubrimiento de que los niveles extremos de transmisor estimulante y de ciertas hormonas pueden obligar la neurogénesis no necesariamente significa que a niveles más bajos son perjudiciales; de hecho, ellos pueden ser provechosos.

Como para los factores que promueven la neurogénesis en el hipocampo, nosotros y otros hemos estado tratando de identificar cuales rasgos de un ambiente enriquecido tiene el efecto más fuerte. Con sus asociados, Gould, ahora en la Universidad de Princeton, ha mostrado recientemente que la participación en la tarea de aprendizaje, incluso en ausencia de la vida enriquecida, mejora la sobrevivencia de las células generadas por la división de células madres, resultando en un aumento neto en el número de neuronas nuevas.

Mientras tanto, nuestro grupo comparó la neurogénesis en dos grupos de ratones mantenidos en jaulas estándar, uno con una rueda de correr y el otro sin ella. Los ratones que tienen el acceso ilimitado a las ruedas hicieron empleo intensivo de la oportunidad y terminaron con dos veces más células nerviosas que su contraparte sedentaria, una cifra comparable a la que se encontraron en ratones puestos en un ambiente enriquecido. En los corredores, una tasa más alta de división de células madres estaba implicada en el efecto final, mientras que esto no desempeñó ningún papel en el beneficio del grupo de la vida enriquecida. En el caso último (como en el estudio de Gould), estimulando condiciones al parecer promovió la supervivencia de progenie de célula de tallo, de modo que más de aquellas células vivido para hacerse neuronas. Este encuentro destaca otra vez que los procesos que regulan neurogénesis en adultos son complejos y ocurren sobre varios niveles.

Ciertas moléculas son conocidas por influir en la neurogénesis. Nosotros y nuestros compañeros de trabajo hemos evaluado el factor de crecimiento epidérmico y el factor de crecimiento de fibroblastos los cuales, a pesar de sus nombres, han sido mostrados por afectar el desarrollo de células nerviosas en cultivos celulares. Con H. Gorg Kuhn de SAlk y Jürgen Winkler de la Universidad de California en San Diego, entregamos estos compuestos en los ventrículos laterales de ratas adultas, donde llama la atención la proliferación de células madres residentes. El factor de crecimiento epidérmico favoreció la diferenciación de las células resultantes en glia en el bulbo olfativo, pero el factor de crecimiento de fibroblastos promovió la producción neuronal.

Interesantemente, la inducción de ciertas condiciones patológicas, tales como los ataques epilépticos o accidentes cerebrovasculares, en animales adultos puede producir la división dramática de células madres e incluso la neurogénesis. Se desconoce Si el cerebro puede hacer uso de esta respuesta para reemplazar neuronas que son necesarias. En el caso de las convulsiones, aberrantes conexiones formadas por las neuronas recién nacidas pueden ser parte de un problema. La división de células madres y neurogénesis son más evidencias de que el cerebro abriga el potencial para la autoreparación. La pregunta es ¿por qué ese potencial no es usado?

En los experimentos discutidos hasta ahora, nosotros y otros examinamos eventos reguladores manteniendo genes constantes: observamos las respuestas neurológicas de animales idénticos genéticamente (puros) para diferentes entradas. Otra forma de descubrir la forma de controlar la neurogénesis es mantener el ambiente constante y comparar los genes en la tensión de los animales que se diferencian naturalmente en sus tasas de producción de neurona. Por lo visto, los genes que varían incluyen aquellos que afectan el desarrollo de nuevas neuronas. En un acercamiento similar, los investigadores pueden comparar los genes activos en regiones cerebrales que muestran neurogénesis y en las regiones cerebrales que no la hacen. Estudios genéticos están en marcha.

Los genes sirven de modelos para las proteínas, que a su vez llevará a cabo la mayor parte de las actividades celulares, tales como inducción a la división celular, la migración o la diferenciación. Por lo tanto, si los genes que participan en la generación neuronal pueden ser identificados, los investigadores deberían ser capaces de descubrir sus productos de proteína y obtener las contribuciones exactas de los genes y sus proteínas a la neurogénesis.

Reparando el Cerebro

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on continuada rapidez, los científicos podrían tarde o temprano ser capaces de rastrear las cascadas moleculares que llevan desde un estímulo específico, esto es una señal ambiental o algún acontecimiento interno, hasta las alteraciones particulares en la actividad genética y, a su vez, subidas o caídas en la neurogénesis. Entonces ellos tendrán la mayor parte de la información necesaria para inducir la regeneración neuronal a voluntad. Un acercamiento tan terapéutico podría implicar la administración de moléculas reguladoras claves u otros agentes farmacológicos, entrega de terapia génica para suministrar moléculas útiles, trasplante de células madre, modulación de estímulos ambientales o estímulos cognoscitivos, alteraciones en la actividad física, o alguna combinación de estos factores.

La recopilación de tales técnicas podría tomar décadas. Una vez recogidas, sin embargo, podrían ser aplicados de varios modos. Ellas podrían proporcionar algún nivel de reparación, tanto en áreas conocidas que manifiesten alguna neurogénesis como en sitios donde las células madres existen pero normalmente están quietas. Los médicos podrían ser capaces de estimular a las células madres para migrar a áreas donde usualmente no van y madurar en tipos específicos de células nerviosas requeridas por un paciente determinado. Aunque las nuevas células no cultivarían de nuevo partes cerebrales enteras o restaurarían memorias perdidas, podrían, por ejemplo, fabricar cantidades considerable de dopamina (el neurotransmisor cuyo déficit es responsable de los síntomas de la enfermedad de Parkinson) u otras sustancias.

La Investigación en otros ámbitos de la ciencia contribuirá a la búsqueda de estos avanzados enfoques terapéuticos. Por ejemplo, varios laboratorios han aprendido a cultivar lo que se llama células madres de embriones humanos - células altamente versátiles, derivadas del inicio del embrión, que son capaces de dar origen virtualmente a cualquier tipo célula en el cuerpo humano. Un día podría ser posible pinchar estas células madres embrionarias en la generación descendiente que está destinada para llegar a ser un tipo determinado de neurona. Tales células podrían ser luego trasplantadas en sitios dañados para rellenar células nerviosas perdidas [ver “Células Madres Embrionarias para la Medicina” por Roger A. Pedersen; Scientific American, Abril].

Los trasplantes, desde luego, pueden ser rechazados por el sistema inmunológico de un receptor. Los científicos están explorando muchos caminos alrededor de ese problema. Una solución podría ser cosechar células madres desde los cerebros de los pacientes afectados y manipular ese material en lugar de las células madres de un donante. Los investigadores ya han ideado medios relativamente no invasivos de extracción de tales células cerebrales de los pacientes.

Estas aplicaciones médicas son solamente objetivos y no están de ninguna forma cerca de la realidad en este momento. En efecto, los desafíos que tenemos por delante son enormes. En particular, de un momento a otro los análisis del control de la neurogénesis y de las terapias propuestas para los desórdenes cerebrales tendrán que pasar de roedores a personas. Para estudiar humanos sin interferir en su salud, los investigadores tendrán que hacer uso de protocolos extremadamente inteligentes, tales como involucrar las técnicas de imagen no invasiva conocida como imagen de resonancia magnética funcional o tomografía emisión de positrones. Además, tendremos que desarrollar precauciones que aseguren que las neuronas estimuladas para formarse en el cerebro humano (o trasplantadas) harán sólo lo que queremos que hagan y que no interferirán con las funciones normales del cerebro. Sin embargo, los beneficios esperados de abrir el potencial regenerativo del cerebro justifican todos los esfuerzos que serán requeridos.