Células en el cuerpo humano

Anatomía. Bioelementos. Citología. Tipología celular. Funciones: relación, nutrición y reproducción

  • Enviado por: Belinda
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 6 páginas

publicidad
cursos destacados
Curso completo de piano - Nivel básico
Curso completo de piano - Nivel básico
Este curso de piano está pensado para todos aquellos principiantes que deseen comenzar a tocar el piano o el...
Ver más información

Iníciate en LOGIC PRO 9
Iníciate en LOGIC PRO 9
Vamos a ver de manera muy sencilla y en un breve paseo de poco más de una hora como funciona uno de los...
Ver más información


Se pueden distinguir aproximadamente 200 tipos diferentes de células en el cuerpo humano, que se suelen clasificar en sólo cuatro tipos de tejidos: epitelial, conectivo -o conjuntivo- muscular y nervioso.

Desde la cabeza hasta los pies te intentaré nombrar el mayor número de células que se pueda:

Sistema nervioso:


1.-Células nerviosas o neuronas: Las neuronas son un tipo de células del sistema nervioso cuya principal característica es la excitabilidad de su membrana plasmática; están especializadas en la recepción de estímulos y conducción del impulso nervioso (en forma de potencial de acción) entre ellas o con otros tipos celulares, como por ejemplo las fibras musculares de la placa motora. Altamente diferenciadas, la mayoría de las neuronas no se dividen una vez alcanzada su madurez; no obstante, una minoría si lo hacen.

[
2.-células gliales: El sistema nervioso está constituido por dos tipos celulares básicos: las neuronas y las células gliales. El conjunto de células gliales conforma la denominada neuroglía. Además de desempeñar la función de soporte de las neuronas, intervienen activamente en el procesamiento cerebral de la información.

La proporción de neuronas y de células gliales en el cerebro varía entre las diferentes especies (aprox. 10:1 en la mosca doméstica, 1:1 en el cocodrilo y 1:10 en el hombre).


Tejido óseo:


3.-Células osteoprogenitoras: Son unas células no especializadas, derivadas del mesénquima que pueden experimentar mitosis y transformarse en osteoblastos (*). Estas células se encuentran en la parte interna del periostio, en el endostio y en los canales perforantes y de Havers. Ocasionalmente y bajo la influencia de factores de crecimiento como el TGFb (factor de crecimiento transformante b) algunas células hematopoyéticas de la médula ósea pueden diferenciarse a células osteoprogenitoras


4.-Osteoblastos: Los osteoblastos son las células responsables de la formación y organización de la matriz extracelular del hueso y de su posterior mineralización. Además liberan algunos factores que son probablemente mediadores de la resorción ósea.

Son células cuboides (*) que forman una capa en las superficies de los huesos en crecimiento, o como en el caso de la osificación intramembranosa, rodean áreas de osificación. Parte de su membrana se encuentra en contacto con el borde osteide, llamándose así el área donde está teniendo lugar la calcificación (*). Como otras células que fabrican activamente proteínas, los osteoblastos tienen abundante retículo endoplásmico rugoso y un área de Golgi muy desarrollada. Se reconocen fácilmente vesículas de pinocitosis cerca de la membrana responsables de la secreción del colágeno.


5.-Osteocitos: Una cierto número de osteoblastos quedan atrapados en las lagunas de la matriz, pasando a ser osteocitos (*). Los osteocitos están interconectados por un sistema de canalículos aunque ya no excretan materiales de la matriz. Los osteocitos pasan por varias fases de maduración hasta que quedan completamente rodeados por la matriz y se mantienen en un estado de aparente reposo. La fase formativa es la que tiene lugar cuando todavía mantienen una actividad osteoblástica quedando atrapados en un tejido parcialmente osteoide (*). La fase de resorción corresponde a un período de la vida del osteocito en la que es capaz de resorber la matriz ósea del borde de su laguna (fase osteolítica) y, finalmente, en la fase degenerativa caracterizada por picnosis y fragmentación del núcleo los ostocitos probablemente muere. Se desconocen las causas de la degeneración de los ostecitos.


6.- Osteoclastos: Las células responsables de resorción de la matriz ósea son los osteclastos, células polinucleadas de gran tamaño que se localizan en las superficies óseas firmemente asociadas a la matriz óseo. Los osteoclastos se forman por la fusión de varias células mononucleares derivadas de una célula madre sanguínea de la médula ósea mostrando muchas propiedades de los macrófagos (*)

Los osteoclastos se caracterizan por disponer de una porción de su membrana "arrugada" ,en forma de cepillo, rodeada de un citoplasma libre de orgánulos, llamada "zona clara" con la que se adhiere a la superficie del hueso mediante integrinas, unos receptores especializados del hueso. El proceso de resorción se inicia cuando el aparato de Golgi de la células excreta lisosomas con enzimas capaces de producir un microambiente ácido por debajo de la membrana arrugada (*) como consecuencia del transporte de protones mediante la bomba de protones ATP-dependiente, el intercambio Na+/H+ y la anhidrasa carbónica. Las enzimas lisosomales de los osteoclastos implicadas en este proceso son cistein-proteasas como la catepsina y sobre todo, la fosfatasa ácida tartrato-resistente (esta última se utiliza como marcador del fenotipo osteoclástico). Las enzimas lisosomales solo son liberadas en la zona clara en las proximidades del borde arrugado produciendose en este área las reacciones de degradación de la matriz que deben producirse antes de que le medio ácido disuelva las sales minerales del hueso.

La resorción osteoclástica depende de una serie de factores reguladores externos como la hormona paratiroidea, la 1,25-dihidroxivitamina D3 y la calcitonina. Otros factores que afectan la funcionalidad de los osteoclastos son los glucocorticoides y las prostaglandinas.



Tejido conjuntivo

7.- Células mesenquimales: En histología, el tejido conjuntivo (TC) —también llamado tejido conectivo—, es un conjunto heterogéneo de tejidos orgánicos que comparten un origen común a partir del mesénquima embrionario originado del mesodermo.

Así entendidos, "los tejidos conjuntivos" concurren en la función primordial de sostén e integración sistémica del organismo. De esta forma, el TC participa de la cohesión o separación de los diferentes elementos tisulares que componen los órganos y sistemas; y también se convierte en un medio logístico a través del cual se distribuyen las estructuras vásculonerviosas.

Con criterio morfofuncional, los tejidos conjuntivos se dividen en dos grupos:

  • los tejidos conjuntivos no especializados.

  • los tejidos conjuntivos especializados.


8.-Fibroblastos: El fibroblasto es la célula más común y menos especializada del tejido conjuntivo. Se encarga de la síntesis y mantenimiento de la matriz extracelular y presenta gran capacidad para diferenciarse dando lugar a otros tipos celulares más especializados del tejido conjuntivo.

El fibroblasto forma parte del tejido conjuntivo, junto con los condrocitos, los osteocitos, las células musculares lisas y los adipocitos. El tejido conjuntivo y las células que lo forman varían según el órgano. El fibroblasto es la célula más común y menos especializada. Tiene gran capacidad de diferenciación hacia el resto de células del tejido conjuntivo.


9.-Adipocitos: El tejido adiposo se encarga de guardar la mayor reserva de energía en el organismo. El adipocito posee las enzimas que se requieren en la lipólisis y en la lipogénesis, procesos metabólicos finamente modulados por acción de hormonas, citocinas y otras moléculas implicadas en la regulación del metabolismo energético. Las células claras del tejido adiposo son muy activas en la síntesis y secreción de señales que actúan de manera endocrina, paracrina y autocrina. Algunas de estas señales tienen efectos locales en el metabolismo del tejido adiposo, en tanto que otras tienen acción sistémica e integran una red de señales que participan en la regulación de funciones en diversos tipos de células localizadas en órganos distantes, tales como hipotálamo, hígado, páncreas, músculo esquelético, etc. Los adipocitos son células de secreción endocrina, recientemente, se ha generado bastante evidencia acerca de las diversas citocinas, hormonas, factores de crecimiento y otros componentes proteicos que se expresan y secretan en el tejido adiposo del humano. En esta revisión presentamos factores que se conoce son expresados y secretados en el tejido adiposo, el papel que tienen en la fisiopatología de la resistencia a la insulina, la obesidad y la diabetes mellitus.


10.-Macrófagos: Los macrófagos son unas células del sistema inmunitario, que se localizan en los tejidos procedentes de la emigración desde la sangre a partir de un tipo de leucocito llamado monocito.

La palabra macrófago procede del griego y significa gran comedor.


12.-Células plasmáticas


13.-Células reticulares


14.-Glóbulos blancos


Tejido Muscular:


15.-fibrocitos


16.-fibroblastos


17.-fibroclastos

Tejido conectivo mucoso


16.- fibroblastos


17.-macrófagos

Histología hepática


18.-hepatocitos


19.-células endoteliales


20.-células de Ito


21.-Células de Küpffer

Células de nuetro cuerpo:


Si nos analizamos nos percataremos que nuestro cuerpo está formado por más de 200 tipos celulares diferentes.
Las poblaciones celulares de nuestro cuerpo se pueden agrupar en varios grandes grupos: células del tejido epitelial, del conjuntivo, de la sangre, nerviosas y musculares.

Las células del tejido epitelial presentan formas variadas y se disponen unas junto a otras, sin dejar espacios entre ellas. Recubren las superficies externas e internas del cuerpo y realizan una gran variedad de funciones: absorción de nutrientes (las células del epitelio intestinal presentan numerosas vellosidades para incrementar la superficie de absorción); secreción de muchas sustancias, como mucosidades, la grasa de la piel, sudor, lágrimas, enzimas digestivas u hormonas; protección contra las lesiones o recepción de estímulos sensoriales de todo tipo (para lo cual adoptan estructuras muy especializadas y alcanzan un nivel de sensibilidad extremo). Las células del hígado están especializadas en degradar muchas de las sustancias tóxicas que podamos ingerir.

El tejido conjuntivo es el que nos da nuestra forma humana reconocible. Está compuesto por células y fibras (sobre todo de colágeno) incluidas en una matriz con aspecto de gel. Incluye el tejido de sostén de nuestros órganos internos, el cartílago de nuestra nariz o nuestras orejas, los huesos y el tejido adiposo o graso, que puede ser blanco (reserva de energía y secreción de hormonas) o pardo (sobre todo sirve como generador de calor).

La sangre es un tejido complejo formado por un plasma líquido en el que están disueltas multitud de sustancias y por el que circulan tres tipos principales de células: los abundantísimos glóbulos rojos, que son células que se han despojado de su núcleo y que actúan como portadores de oxígeno; las plaquetas, pequeños corpúsculos también desprovistos de núcleo, a pesar de lo cual realizan varias funciones típicas de las células, que se encargan de promover la coagulación de la sangre en caso de heridas; y los glóbulos blancos, que están especializados en engullir microorganismos invasores o células descarriadas del propio cuerpo (fagocitos) y en promover otras respuestas defensivas, como la inflamación. Un grupo especial de glóbulos blancos es el de los linfocitos o células del sistema inmune. Son sobre todo de dos tipos: los linfocitos B, que generan una respuesta química, produciendo anticuerpos contra cada agente agresor y conservando el recuerdo durante muchos años para actuar inmediatamente en caso de que volviera a atacar; y los linfocitos T, que llevan a cabo una respuesta celular contra los invasores, atacándolos directamente y colaborando con los fagocitos. Los linfocitos T son los afectados por el virus del SIDA. Recientemente se ha descubierto la importancia de un grupo especial de leucocitos del sistema inmune, las células dendríticas, muy ramificadas, que aparecen sobre todo en la piel y las mucosas. Se sitúan en la primera línea de defensa frente a las infecciones, capturando a los invasores, troceándolos en antígenos y exponiendo los fragmentos en su superficie. Presentan estos antígenos a los linfocitos y se constituyen en una especie de “educadoras” del sistema inmune, enseñándole a distinguir lo propio de lo extraño.

Las neuronas son las principales componentes del sistema nervioso. Son células muy ramificadas que establecen múltiples conexiones entre sí por medio de sustancias químicas y por las cuales se desplazan impulsos eléctricos. Nos permiten aprender y pensar. Están rodeadas de otro tipo de células, las de la glía. Antes se creía que éstas sólo realizaban funciones de nutrición y protección de las neuronas, pero hoy se sabe que intervienen en las conexiones neuronales y modulan procesos como la memoria. También podrían desempeñar un papel en la reparación del tejido nervioso.

Las células musculares contienen bandas de una proteína contráctil, la miosina, cuyo desplazamiento inducido por el ATP (la molécula que transporta la energía en las células) produce el acortamiento del músculo. El tejido muscular es fundamentalmente de tres tipos: el músculo esquelético, de control voluntario y gran potencia, que nos permite movernos; el músculo liso, de control involuntario y de escasa potencia, que es el que produce, por ejemplo, las ondulaciones de nuestros intestinos para deslizar el alimento; y el músculo cardiaco, de enorme potencia y en el que no podemos influir voluntariamente, a menos que realicemos un entrenamiento especial.

Otros componentes especiales de nuestro cuerpo son las células reproductoras (los óvulos, enormes sacos de materias nutritivas para alimentar al embrión en sus primeras etapas, y los espermatozoides, simples vehículos del material genético del varón) y las células madre, células con una capacidad variable de diferenciación, que están presentes en muchos de nuestros tejidos (salvo, por desgracia, algunos de los más vulnerables, como la corteza cerebral). Las células madre pueden especializarse en diferentes tipos celulares en función de las necesidades (para reparar una lesión, por ejemplo).

Nuestro particular zoo celular se completa con “otras” células: las de miles de especies de bacterias, hongos y otros pequeños seres que pululan por muchos de los recovecos íntimos de nuestro cuerpo. En realidad, son parte de nosotros: su número supera muy ampliamente al de nuestras células humanas, realizan multitud de tareas para nosotros, como absorber nutrientes o protegernos de intrusos peligrosos, y si desaparecieran de golpe todas es muy probable que muriéramos.