Cazadores de microbios; Lazzaro Spallanzani

Microbioología. Microorganismos. Pablo Ehrlinch. Walter Reed. Paludismo. Teobaldo Smith. Elías Metchnikoff. Roux y Behring. Difteria. Pasteur. Robert Koch. Antón Van Leeuwenhoek

  • Enviado por: Lidia Favela River
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 28 páginas

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“Los cazadores de microbios”

CAPÍTULO I.

ANTÓN VAN LEEUWENHOEK.

El primer cazador de microbios.

Hace 250 años un holandés llamado Antón Van Leeuwenhoek fue el primero en asomarse a un mundo poblado de especies de seres pequeñísimos y desconocidos; época en la cual Europa se sacudía de las supersticiones obscuras.

Antón Van Leeuweenhoek nació en Delf, Holanda. A la edad de 21 años fue nombrado conserje de la casa Consistorial de Delft, se le despertó una extraña afición a tallar lentes; había oído decir que fabricando lentes de un trozo de cristal transparente se podían ver las cosas de mucho mayor tamaño. Visitó tiendas de óptica y aprendió las rudimentarias técnicas para tallar lentes; frecuentó el taller de alquimistas y boticarios, curioseó sus métodos secretos para obtener metales de los minerales, y se inició en el arte de los orfebres. Montó lentes en cuadriláteros de oro, plata o cobre, que el mismo había extraído de los minerales.

Leeuwenhoek examinó con sus lentes diversos objetos, tales como fibras musculares de ballena y las escamas de su propia piel, lana de oveja, pelos de castor de y liebre; así como también disecó la cabeza de una mosca.

Pasados los años Leeuwenhoek provocaba la burla de los habitantes de Delft; sin embargo, había en Delf un hombre que no se burlaba de Leeuwenhoek, llamado Regnier de Graaf, a quien una sociedad de intelectuales de la época, llamada “La Real Sociedad”; había llamado miembro correspondiente por haberle dado cuenta de sus estudios sobre el ovario humano.

Graaf se maravilló de las lentes de Leeuwenhoek y escribió una carta a la Real Sociedad donde les decía que se le rogara a Leeuwenhoek que le escribiera la carta relatándoles sus descubrimientos. Leeuwenhoek hizo llegar a este grupo una carta titulada “Exposición de algunas observaciones hechas con un microscopio ideado por Mr. Leeuwenhoek, referentes a las suciedades que se encuentran en la piel, en la carne, etc.;el aguijón de una abeja, etc.”; carta que dejo maravillada a los miembros de la Real Sociedad.

El descubrimiento más grande llevado a cabo por Leeuwenhoek se dio cuando manipulaba un tubo de cristal e intentaba darle la forma de un cabello; lo calentaba en rojo y los estiraba, lo rompe en pedacitos, sale al jardín y se inclina sobre una vasija de barro con una cantidad de lluvia caída; vuelve al laboratorio, enfila el tubito de cristal en la aguja del microscopio...

Leeuwenhoek quedó maravillado de lo que se mostró frente a el, bichos pequeños, pequeñísimos, mil veces más pequeños que los bichos que vemos a simple vista.

Volvió a observarlos y distinguió distintos tipos de especies, una más grande y ágil que la otra.

Leeuwenhoek creía en Dios con un inmenso fervor, lo parecía absurdo que esos animalillos cayeran de la lluvia del cielo. Leeuwenhoek realizó otra observación, esta vez lavó cuidadosamente el vaso, lo enjuagó y lo puso debajo del tubo de la bajada del canalón del tejado, estaba lloviendo, tomó una gotita en uno de sus tubos capilares y entonces corrió al microscopio y observó estos microorganismos. Entonces tomó un gran plato de porcelana “esmaltado de azul al interior”, lo lavó y saliendo al jardín lo colocó encima de un gran cajón, para evitar que las gotas de la lluvia salpicaran de barro dentro del plato; tiró la primera porción de agua recogida, y después recogió unas gotas en uno de sus delgados tubitos y regresó a su laboratorio, recogió unas gotas en sus capilares y observó esta vez no había nada.

Leeuwenhoek no entendía este asunto y como parte de su investigación manipulo pimienta seca, no lograba descubrir nada; de tal modo que mojó la pimienta por varias semanas. Observó cabriolas de microorganismos de varía clases; indirectamente Leeuwenhoek había descubierto el primer medio de cultivo.

Un día al verse al espejo se dio cuenta que entre ellos quedaba una sustancia blanca, viscosa; que al observar al microscopio dejaba ver otras especies de animalillos. El beber café caliente le condujo a observar otro hecho en relación con sus animalillos, examinó la sustancia que cubría sus dientes y no encontró ningún solo animalillo. Volvió a examinar la sustancia, pero esta vez examinó la sustancia que provenía de sus muelas, una parte que el café no tocó, esta vez encontró pocos animalillos, sin querer había establecido las bases de la esterilización.

Leeuwenhoek murió en el año de 1723, no sin antes haber establecido las bases de la bacteriología moderna y convertirse en el primer “cazador de microbios”.

CAPÍTULO II.

LÁZARO SPALLANZANI.

“Los microbios nacen de microbios”.

Seis años después de la muerte de Leeuwenhoek, no hubo nadie que se ocupara en serio de los estudios que aquel holandés dejo, en 1729 nació en Scandiano, Italia; un hombre que dejaría huella en el mundo de la microbiología: Lázaro Spallanzani..

A los 25 años escribió un ensayo intentado explicar la mecánica de las piedras que caen al agua. Se ordenó de sacerdote. Antes de cumplir los 30 años fue nombrado profesor de la Universidad de Regio y en sus lecciones explicaba sobre los animalillos descubiertos por Leeuwenhoek años atrás.

En esa época se acostumbraba creer en la generación espontánea y los mismos animalillos de Leeuwenhoek eran objeto de controversia, era desconocido asta entonces el origen de esos seres y se creía que provenían de la generación espontánea. Spallanzani negaba la posibilidad de que existiera la generación espontánea, y leyó un libro que demostraba experimentalmente como la generación espontánea era un hecho ciertamente falso:

“Tomo dos tarros y tome un poco de carne cruda en cada uno de ellos; deja al descubierto uno y tapa el otro con una gasa. Se pone a observar y ve como las moscas acuden a la carne que hay en el tarro destapado, y poco después aparecen en el larvas y posteriormente moscas. Examina el tarro tapado con la gasa y no encuentra ni una sola larva y ninguna mosca.”

El escritor de ese libro era un hombre llamado Redi.

En la misma etapa de Leeuwenhoek había un hombre que también era sacerdote llamado Needham, que había resuelto el problema sugiriendo que el caldo de carnero engendraba maravillosamente aquellos microorganismos.

Había tomado cierta cantidad de caldo de carnero recién retirado del fuego, como había puesto el caldo en una botella y lo había tapado perfectamente con un corcho para que no pudiera penetrar seres ni huevecillos de los existentes en el aire. Había calentado después la botella y su contenido en cenizas calientes. Dejó en reposo la botella por espacio de varios días, sacó el corcho y al examinar el caldo lo encontró plagado de animalillos.”

Spallanzani no sabía porque habían aparecido esos animalillos en el caldo calentado; porque Needham no calentó la botella todo el tiempo necesario y seguramente porque no lo tapó herméticamente.

“Eligió unas cuantas redomas grandes y panzudas de cuello angosto, que limpió. lavó y secó hasta dejarlas relucientes; después puso en unas diferentes clases de semillas, guisantes y almendras en otras y al final llenó de agua pura cada una de ellas. Calentó las sopas una hora hasta que hirvieron, fundió el cuello de las redomas, la cerró con el mismo vidrio. Después sacó de las calderas las redomas que contenían el caldo hirviente: ahora esperaría a que pasaran algunos días. Pero hizo además otra cosa muy sencilla, preparó otra serie de caldos en redomas tapadas con corchos, no selladas al fuego, y después de hervirlas durante una hora, las puso al lado de las anteriores.”

Después de varios días examinó sus redomas, primero a las que estaban cerradas al fuego; con un tubito sacó un poco de líquido que contenían aquellas redomas y puso gota tras gota caldo bajo la lente del microscopio; descubrió que en ese líquido no había ningún animalillo.

Tomó las redomas que había tomado con corchos y extrajo con pequeños tubos unas cuantas gotas del líquido, examinó al microscopio y encontró millones de animalillos.

Sin embargo, Needham inopidamente hizo una objeción a los experimentos de Sapllanzani, argumentaba que el calor a las que eran sometidas eliminaba la fuerza vegetativa. Spallanzani decidido a probar su teoría:

“Limpió sus redomas, compuso mezclas de diferentes clases de semillas: guisantes, judías y yeros, con agua pura; hirvió durante tiempos diferentes unas cuantas series de estas redomas por espacio de unos minutos; una segunda serie durante media hora; una tercera, una hora y finalmente otra horas. En lugar de cerrar a fuego los cuellos de las redomas, los tapó con corchos, ya que Needham decía que era suficiente hacerlo así, y los dejó reposar para ver lo que sucedía. Sacó los corchos y examinó uno a uno y examinó al microscopio las gotas de caldo: las redomas hervidas durante dos horas contenían mucho más animalillos que las que sólo habían sido calentadas por unos minutos.”

No obstante Needham argumentaba que Spallanzani, al calentar las redomas, reducía la elasticidad del aire presente. En vista de ello, el italiano se propuso derrumbar las teorías de su contrincante:

“Volvió a poner las semillas en las redomas, cerró sus cuellos a la lumbre y las hirvió por espacio de una hora. Una buena mañana fue al laboratorio y rompió el cuellos de una redoma y al acercar el oído escuchó un ligero silbido. Eso quería decir que el aire penetra dentro de la redoma, luego esto significa que el aire de dentro es menos elástico que el de fuera.”

Sin embargo, Spallanzani comprobó que todas las redomas que usaba tenían el cuello ancho. Cuando las cerraba a la llama tenía que calentarlas mucho para reblandecer el vidrio hasta que se cierre el cuello, y todo este calor expulsa la mayor parte del aire de la redoma antes de que se quede cerrada. Spallanzani realizó los siguiente:

“Tomó otra redoma, puso en ella unas cuantas semillas y la llenó hasta la mitad con agua pura; calentó después el cuello de la redoma en una llama, haciéndola girar continuamente hasta que reblandeciéndose, quedo reducido a un tubo estrecho muy estrecho, pero que aún permitía la entrada de aire. Dejó enfriar la redoma para que se estableciera el equilibrio entre el aire interior y la atmósfera y, finalmente, con una llama muy fina aplicada al cuellos afilado, consiguió cerrar la redoma sin que escapara nada de aire en ella contenido. Sumergió la redoma en un caldero con agua hirviendo; dejó en reposo varios días y una mañana encendió una bujía, la próximo al cuellos de la redoma, rompió la punta y percibió un silbido y comprobó que la elasticidad del aire era mayor que la exterior. La larga cocción a la que había estado sometido el aire no lo había perjudicado en lo mínimo.”

También quería comprobar que estos microorganismos necesitaban de aire para sobrevivir:

“Utilizó tubos capilares tan pequeños como los que utilizó Leeuwenhoek y los sumergió en una solución saturada de microbios: el líquido ascendió rápidamente por los tubos y cerrándolos por uno de sus extremos enlazó con destreza el otro con una potente bomba neumática, puso en marcha esta, aproximó el microscopio a la delgada pared de los tubos y se puso a observar, esperando como los animales dejaban de agitar los diminutos brazos que le servían para nadar, como mareados cesaban de moverse. La bomba seguía funcionando, pero a los microbios no le pasaba nada en particular, continuaron viviendo sin aire.”

Spallanzani demostró que los pequeños animalillos podían sobrevivir sin aire. Durante los siguientes años de su carrera se dedicó a responder a una de los interrogantes que surgieron alrededor de estos bichillos como fue ¿de dónde surgen?; para esto su Bonnet refirió sus dudas a De Saussure que hacía constar que cuando se encuentran juntos dos de estos seres, se trata de un animal adulto que se esta dividiendo en dos nuevos animalillos.

“En una plaquita de cristal bien limpia puso, con todo cuidado, una gota de infusión de semillas saturadas de animalillos, y con un tubo capilar depositó, al lado de la primera, pero sin que se tocasen otra gota de agua destilada, exenta por completo de los animalillos. Con una aguja finita y bien limpia tocó la gota de infusión de microbios y, arrastrándola por el cristal, trazo un canalillo hasta la gota de agua destilada. Rápidamente enfocó el canal gormado entre las dos gotas y al ver que los microbios, dando volteretas, empezaba a seguir la ruta trazada. Al comprobar que uno de los diminutos seres había entrado en la gota puro tomo un pincelito de pelo de caballo y, con un movimiento rápido cortó el canalillo, impidiendo así que otro animalillo penetrarse en la gota de agua para reunirse con otro. Entonces presenció que el animalillo en forma de bastón, empezó a adelgazar por la mitad del cuerpo terminando por quedar unidas las dos partes por un filamento delgado como un hilo de araña, luego las dos mitades empezaron a retorcerse y, dando un brusco tirón, se separaron. Había dos animalillos perfectamente configurados.”

Sapllanzani padecía una enfermedad en la vejiga y murió en el año de 1799, dejando un legado que sentó bases firmes para el trabajo de los demás “Cazadores de microbios”.

CAPÍTULO III

LUIS PASTEUR.

¡Los microbios son un peligro!

Pasteur nació en Arbois, Francia; en el año de 1822. Cuando tenía 25 años descubrió que existían 4 tipos de ácido tartárico y no sólo 2, y; que en la Naturaleza hay variedad de compuestos extraños exactamente iguales. Tiempo después, en Lila, un destilador de alcohol, Monsieur Bigo fue a visitarle para pedirle que le ayudase con unas dificultades de fermentación que este tenía.

“Fue a la destilería y olfateo las cubas que no daban alcohol, tomó muestras de la sustancia grisácea y viscosa y las puso en frascos para transportarla al laboratorio, sin olvidar recoger cierta cantidad de cantidad de pulpa de remolacha de las cubas sanas en fermentación que producían cantidades normales de alcohol. Volvió al laboratorio y examinó la sustancia procedente de las cubas sanas; y vio que estaba llena de glóbulos diminutos de color amarillento, y en cuyo interior había enjambres de curiosos puntos en continua agitación. Al observar al microscopio se dio cuenta de que esas esferas estaban agrupadas unas en racimos y otros en cadenas, y después, miró como salían yemas de sus paredes. Tomó el frasco que contenía la sustancia procedente de la cuba enferma, lo olió, lo examinó y descubrió unas motitas grises pegadas a las paredes del frasco y otras cuantas flotando en la superficie del líquido. Separó esas motitas y la examinó al microscopio y observó grandes masas móviles y enredadas de cadenas de botecillos, agitados por una vibración incesante y extraña.”

Pasteur creía que estos bastoncillos eran fermentos del ácido láctico. También se le ocurrió un medio para probar que los bastoncillos estaban vivos y transformaban el azúcar en ácido láctico: tenía que idear alguna especie de caldo transparente para observar la posible reproducción de ellos. Ideó un método para observarlo:

“Tomó levadura seca, la hirvió en agua pura y la filtró para obtener un líquido transparente, al que añadió cierta cantidad de azúcar y un poco de carbonato de cal para impedir que el líquido tomara un carácter ácido. Con la punta de una aguja muy fina pescó después una motita gris en el líquido procedente de una fermentación defectuosa, y con todo cuidado la sembró en el nuevo caldo, colocó el frasco en una estufa de cultivo y se dispuso a esperar. Al día siguiente observó como muchas motitas grises y todas ellas desprendían burbujas. Cogió el frasco hacia la luz y vio elevarse del fondo ligeras espirales. Puso al microscopio y en el líquido había millones de bastoncillos.”

Pasteur se encontró con una dificultad pues Liebig decía que los fermentos no intervienen en la transformación del azúcar en alcohol, era necesaria la presencia de albúmina, y esta al descomponerse arrastra azúcar transformándola en alcohol. Pasteur entonces preparó un medio sin albúmina, y sin estas condiciones los fermentos no se transforman el azúcar en alcohol, Liebig se encuentra en lo cierto.

“Había puesto por casualidad sal amoniaca en un caldo de albúmina, sucedió que la sal amoniaca desaparecía a medida que crecían y se multiplicaban los fermentos. Limpió unos cuantos matraces, vertió en ellos agua destilada, en la que disolvió cierta cantidad de azúcar, y añadió cierta cantidad de sal amoniaca. Sacó con todo cuidado el copo amarillento de un frasco donde abundaban los fermentos y los dejó caer en un medio libre de albúmina , colocando después el matraz en la estufa de cultivo. A la mañana siguiente se encontró los fermentos jóvenes en proceso de desarrollo.”

De vez en cuando Pasteur intentaba obtener ácido láctico y se encontraba sorprendido por el olor repugnante a manteca rancia que exhalaban los matraces; no descubría ni un bastoncito ni tampoco ácido láctico. Un día en el contenido de los anteriores matraces notó la presencia de otra especie de diminutos animalillos que nadaban alrededor de algunos bastoncillos. Eran mayores que los bastoncillos y no se limitaban a vibrar sino que realmente nadaban como si fueran peces. Cayó en la cuenta de que cada que aparecían en los matraces esta nueva especie, estos despedían aquel olor fuerte y rancio. Evidentemente estos nuevos animalillos eran otra clase de fermentos que transformaban el azúcar en ácido butírico.

Un día observándolos al microscopio vio que en el centro de la gota se movían aproximadamente en todas direcciones sino al correr suavemente la preparación hasta el borde de la gota quedase bajo el objetivo, no se movían están quietos y tiesos, se dio cuenta de que aire los mataba.

Pasteur realizó raros experimentos con una duración de tres años:

“Llenó hasta la mitad varios matraces, unos con leche y otros con orina, los calentó en agua hirviendo fundiendo al soplete los cuellos para dejarlos bien cerrados. Llegó el día fijado, los abrió para demostrar que la leche y la orina se hallaban en perfecto estado de conservación y que el aire contenido en los matraces conservaba casi todo su oxígeno; no habiendo microbios, no se echaba a perder la leche, Por otra parte dejo que otros gérmenes se multiplicaran en matraces con orina que no habían sido hervidos y cuando busco en ellos el oxigeno, o encontró nada: lo habían gastado los microbios en quemar destruir las sustancias que les habían servido de alimento.”

Pasteur creía que los fermentos, los bastoncillos y los animalillos procedían del aire e ideó aparatos para comprobarlo:

“Atascó de algodón pólvora delgados tubos de vidrio, enlazó los extremos con una bomba aspirante y sacó el otro por la venta aspirando después a través del tapón de algodón gran cantidad de aire del jardín, y se dedicó luego a contar los animalillos detenidos por el algodón .”

Pasteur trataba de inventar un procedimiento que le permitiera tener juntos aire no calentado y caldo de cultivo hervido y conseguir que se desarrollasen estos animalillos. En esas circunstancias llego un hombre llamado Balard, el cual le ayudó a completar su experimento:

“Tome un martas esférico, ponga dentro el caldo, ablande a la lámpara el cuello del matraz, y estírelo hasta que se convierta en un tubo muy delgado, que encorvará Ud. imitando el cuellos de un cisne, de esta manera los microbios no podrán caer en el matraz, por que el polvo al que van adheridos no puede , naturalmente caer hacia arriba.”

Lo realizó y ninguno de los matraces desarrolló microorganismos, aquella teoría, de modo que por consejo de Balard, tomó uno de los matraces que había tenido en la estufa todos esos días y lo agitó para que el caldo moje la parte del tubo estirada. A la mañana observó el caldo y se dio cuenta de que había animalillos presentes.

Pasteur realizo demás experimentos relacionados con los microbios. Abandonemos a Pasteur por el momento y veamos a Roberto Koch.

CAPÍTULO IV.

ROBERTO KOCH.

La lucha contra la muerte.

En los años entre 1860 y 1870, un joven Roberto Koch estudiaba medicina en la Universidad de Gotinga. El carbunco era por aquel entonces un enfermedad misteriosa que mataba vacas y ovejas. Koch examinaba la sangre de las vacas muertas por carbunco, ponía gotas de la sangre negra entre dos laminas de cristal muy delgadas y perfectamente limpias; un día, al mirar por el microscopio, vio entre los diminutos verdosa unas cosas extrañas, que parecían bastoncitos cortos y poco numerosos, que flotaban agitados por un ligero temblor entre los glóbulos sanguíneos; otras veces aparecían engarzados como fibras largas, mil veces más tenues que la seda fina. Otros hombres, Davaine y Rayer, en Francia, habían visto las mismas cosas en la sangre de ovejas muertas y habían dicho que aquellos eran bacilos, gérmenes vivos, causa real del carbunco; pero no pudieron demostrarlo. Y dejó de estudiar animales enfermos y se dedicó a los que estaban perfectamente sanos donde no había un filamento, ni un bacilo, pero no sabía si estaban vivos, crecían o se multiplicaban.

Infectó a los ratones de su laboratorio con la enfermedad y a la mañana siguiente regresó a su laboratorio y encontró a los animales muertos,

“Disecó al animal y le extrajo el hígado y los pulmones, registrando de paso todos los rincones. Encontró que el bazo estaba negro y muy hinchado, casi ocupaba toda la cavidad abdominal del ratón. Con un bisturí limpio y bien calentado abrió el bazo y puso sobre un cristal una gota del líquido negruzco que exudaba. Encontró los mismos microorganismos.”

Intento la multiplicación de los filamentos en algo que semejara lo más posible a la sustancia de la cual estaba hecha el cuerpo del animal, que fuera como la materia viva. Tenía que ser un buen alimento que tuviera la temperatura del cuerpo del ratón.

“Construyó una rudimentaria estufa bacteriológica, calentada por una lamparilla de aceite. En este aparato improvisado colocó dos laminas de cristal, entre las cuales había puesto una gota de humor acuoso de ojo de buey; a altas horas de la noche bajaba un poco la mecha de la humeante lamparilla de estufa de cultivo y examinaba al microscopio la preparación que contenía a los bastoncillos. Al observar parecía que estos crecían, pero no estaba muy seguro, por que otros microbios móviles y saltarines se introducían en las laminas de cristal y creciendo aprisa ahogaban a los bastoncillos del carbunco”

Había que conseguir que los bastoncillos se desarrollaran aislado, sin que haya otros microbios a su alrededor.

“Coloco a los animalillos en una gota pendiente. En una lámina de cristal muy delgada esterilizada colocó una gota de humor acuoso de buey, de un animal sano recientemente sacrificado; en esta gota introdujo un fragmento pequeñísimo de bazo recién extraído a un ratón muerto y sobre la gota colocó otra lámina de cristal más gruesa con una cavidad lo suficientemente grande para que la gota tropezara con nada. Previamente había untado con vaselina el borde de la cavidad, para que se adhiera bien la lámina delgada, y después dio una vuelta completa al conjunto, y así obtuvo la gota del humor acuoso con el trocito dl bazo pletórico de bastoncitos, pendiente y aprisionada en la cavidad y aislada de los otros microbios. Observó en el campo visual discernía únicamente los jirones del bazo del ratón, enormemente aumentados y flotaba un bastoncito muy delgado; al cabo de dos horas se encontró que los animalillos se estaban multiplicando.”

Koch observo como los pequeños bacilos se convertían en esporas que podían transportarse de un lugar a otro y determino como era que los animales sanos eran contagiados. Pero Koch quería descubrir un procedimiento que le permitiese obtener cultivos puros de los distintos microbios.

Koch tenía la base de que una sola especie de microbio generaba un enfermedad determinada; así que un día observo casualmente la superficie del corte de media patata donde había varias manchas de un color diferente cada uno.

“Tocó una de las delgadas manchitas grises con un delgado alambre de platino y puso una minúscula porción de esa sustancia con agua pura entre dos cristales al examinar la preparación al microscopio. Encontró un enjambre de bacilos totalmente idénticos unos de otros. Posteriormente examinó el contenido de cada una de las manchas y encontró cultivos de microbios idénticos uno del otro en su respectivo sitio.”

Pero Koch se propuso descubrir el bicho que provocaba la enfermedad más terrible de aquella época: la tuberculosis. Se puso a trabajar a partir del cadáver de un obrero de 36 años que había muerto por tuberculosis.

“Aplastó los tubérculos amarillentos entre dos bisturís previamente esterilizados; redujo los gránulos a pulpa finísima y con una jeringuilla los inyecto a los conejitos de Indias. Puso después a los animalitos en jaulas limpias y los cuidó. Día tras día se dedicó a teñir el material proveniente de todos los animales muertos.

Una mañana sacó los cristales del baño colorante y los examinó al microscopio; al enfocar encontró masas curiosas de bacilos sumamente delgados teñidos de azul y muy tenues. Con toda precisión continuó tiñendo los tubérculos de todas las partes del cuerpo del obrero muerto y en todos ellos se veían los mismos animalillos. Asimismo en los animalitos muertos encontró los mismos bacilos.”

Pero tenía que extraer los bacilos de los cuerpos de los animales moribundos y se hacer que se multipliquen en gelatina de caldo de carne, obtener colonias que puras, cultivarlas durante meses enteros fuera de contacto de todo ser viviente. Pero quizás esos bacilos solo se desarrollarían en un ambiente casi idéntico a los de los seres humanos. Así fue como desarrolló un medio de cultivo de suero sanguíneo.

“Las carnicerías le proveyeron de suero de sangre fresca coagulada de un animal recién sacrificado, tuvo que calentarla para destruir cualquier microorganismo ajeno a los bacilos de la tuberculosis. Vertió el suero en una docena de tubos de ensayo, colocándolos inclinados para que se presentaran una mayor superficie para desarrollar los tejidos procedentes de los animales tuberculosos y, después calentó cada tubo lo suficiente para que el suero se solidificase, dando una gelatina transparente con la superficie libre en bisel. Extrajo un par de tubérculos amarillentos de un animal que acababa de morir y valiéndose de un alambre de platino, frotó la superficie húmeda de la gelatina de suero contenida en los tubos y llevó los tubos a la estufa de cultivo mantenida exactamente a la misma temperatura que la del cuerpo de los conejos. 15 días después encontró cubierta de pequeñas motas brillantes la superficie aterciopelada de la gelatina de suero; arrancó el tapón , caldeó mecánicamente la boca en la llama de un mechero de Bunsen y con un alambre de platino extrajo una de aquellas colonias escamosas. Observó al microscopio y observó que ahí estaban esos pequeños bacilos. Koch obtuvo en los tubos con gelatina de suero 43 familias diferentes de bastoncillos extraídos de monos, bueyes y conejitos de Indias tuberculosos.

Por último concluyó que loas personas se contagiaban de tuberculosis inhalando el polvo del aire con gotitas de esputo de los enfermos de tuberculosis.

En 1883 en cólera asiático invadió a Europa, cuando parecía que descubrirían la causa, la peste de enfermedad paró. Luego se marchó a Calcuta donde encontró en los intestinos de cuarenta cadáveres un bacilo en forma de coma, que no halló en ningún hindú sano.

“Consiguió rápidamente cultivar el bacilo coma en gelatina de suero, y una vez que lo tubo aprisionado en tubos, estudió sus costumbres. Descubrió el bacilo coma en el agua pútrida de las cisternas.

Llegó a la conclusión de que el cólera solo podía ser contraído por el hombre al beber aguas muy contaminadas como las existentes en la India.”

Koch fue el hombre que demostró que los distintos microbios son los causantes de determinadas enfermedades, el hombre a quien la técnica de la “caza de microbios” debe su precisión científica, el hombre que actuó durante el período heroico de la Ciencia llevándola a las más altas cumbres.

CAPÍTULO V

PASTEUR.

Y el perro rabioso.

Al mismo tiempo que Koch descubría las esporas del carbunco, las maternidades de parís eran focos de infección, a pesar de que Semmelweis había demostrado que de cada 19 mujeres embarazadas, una moría sin remedio dejando huérfano a su hijo.

Pasteur afirmaba que lo que mataba a las mujeres eran las bacterias; para demostrarlo, nombró a ayudantes suyos a Jouebert y después a Roux y a Chamberland.

Su investigación inició cuando se encontró con un matraz que contenía orina hervida y bacilos del carbunco había sido invadido por huéspedes poco gratos, había contaminado por los microbios del aire. A la mañana siguiente observo que no quedaba ni un solo bacilo; todas habían sido exterminadas por los microbios del aire. Puso a trabajar a Roux y a Chamberland en inyectar primero bacilos de carbunco a unos conejillos de Indias y después billones de microbios inofensivos.

Por aquella época Louvrier, se jactaba de descubrir la cura del carbunco; Pasteur visitó a a Louvrier y se enteró de su procedimiento:

“Daba primero friegas vigorosas a las vacas enfermas hasta que entrasen bien en calor; hacer después a los animales largos cortes en la piel, en los que vertía aguarrás y, finalmente, con una capa de dos dedos de estiércol empapado de vinagre las cubría excepto la cabeza. Para que esta untura no se cayera, los animales eran envueltos por una tela.”

Pasteur propuso un experimento a Louvrier:

“Inyectó debajo de la paletilla de los animales sendas dosis de microbios virulentos del carbunco. Al día siguiente, todas las vacas presentaban grandes hinchazones en la paletilla, tenían fiebre y respiraban fatigosamente. Dos vacas le comisionaron a Louvrier, a las que se les sometería a su tratamiento; las otras dos, serían tratados por Pasteur.”

Louvrier trato a las dos vacas: una murió y la otra siguió con vida.

Pasteur obtuvo los mismos resultados, una muerta y la otra con vida, pues entonces, las vacas con vida fueron sometidas a nuevas dosis de carbunco, capaces de matar a un rinoceronte; inyectó a las vacas, pero no les sucedía nada. Pasteur llegó a una conclusión:

“Cuando una vaca a tenido carbunco y sale adelante, no hay en el mundo bacteria capaz de producirle otro ataque: esta inmunizada.”

La idea principal de esto era conseguir que se produciese un ataque de carbunco ligero que no matará al animal, pero que lo inmunizase con toda seguridad. Pasteur investigaba sobre el microbio del cólera de las gallinas.

“Obtuvo cultivos y observó su desarrollo, los desarrolló en matraces aun después de varias semanas e inyectó los cultivos viejos a unas cuantas gallinas; estas enfermaron rápidamente, pero a la mañana siguiente, las gallinas estaban vivas.”

Pasteur dejó las gallinas infectadas meses sin prestarles atención.

“Probó dos gallinas sin tratar y dos gallinas viejas inmunizadas, ambas fueron inyectadas, dando como resultado que las gallinas inmunizadas seguían vivas mientras que las todas habían muerto.”

Pasteur había encontrado la clave principal para inmunizar a los animales, la clave era dejar envejecer los cultivos, de tal modo que los animales se infectaran ligeramente y se repusieran de ello. Cuando pudo notar que efectivamente podía inmunizar a las gallinas, penso que estos mismos microbios del cólera las inmunizaban contra otros microorganismos patógenos; probó con microorganismos del carbunco a gallinas inmunizadas con microbios del cólera, y estas sobrevivieron.

El éxito de Pasteur era potente, pues en toda Europa se comentaba de las vacunas de Pasteur, pero las vacunas a veces no dan resultados, en los cultivos “puros” hicieron su aparición gérmenes contaminadores que no tenían por que estar ahí; las ovejas morían de carbunco, pero no de la enfermedad contraída, sido de las vacunas. Koch le demostró a Pasteur que su vacuna anticarbuncosa no tenía ningún valor practico:

“Si Pasteur dice que su vacuna numero 1 mataba ratones, pero no conejillos de Indias; el ensayo demuestra que no mata ratones siquiera, pero otras veces mata ovejas.

Si Pasteur dice que su vacuna numero 2 mataba conejillos de Indias pero no conejos; el ensayo demuestra que mata conejos rápidamente y ovejas.”

A Pasteur le obsesionaba la idea de descubrir la vacuna de la hidrofobia, pues por aquel tiempo era la enfermedad que mataba a la mayoría de los europeos.

“Empezó a introducir tubitos de cristal en las fauces de perros rabiosos, absorbía un poco de la baba.”

Estaba convencido de que la única forma de descubrir la bacteria de la rabia, que provocar la rabia en toros animales en el laboratorio y cultivarla.

“Un día trajeron al laboratorio a un perro rabioso; bien atado y con gran riesgo para todos, fue introducido en una jaula con perros sanos con el fin que los mordiese. Roux y Chamberland sacaron la baba del animal y la inyectaron a conejillos de Indias.”

De cuatro perros sanos mordidos, solo dos mostraron síntomas de la enfermedad y los otros vivieron meses normalmente antes que se manifestara.

Las conclusiones que sacaron fueron que: El virus de la rabia que penetra en las personas con la mordedura se fija en el cerebro y en la medula espinal. Todos los síntomas hacen supones que este virus ataca el sistema nervioso. Si se inyecta debajo de la piel hay la posibilidad de que se extravíe en el cuerpo antes de llegar al cerebro.

“Roux cogió un perro sano, lo anestesió con cloroformo y, haciéndole un pequeño agujero en la cabeza, dejo al descubierto la masa encefálica viva, donde inyectó un apequeña cantidad de cerebro machacado de un perro recién muerto de rabia.”

No habían trascurrido dos semanas cuando el animal dio síntomas de la infección, y murió a los pocos días.

Uno de los perros inoculados con la sustancia procedente del cerebro virulento de un conejo, dejo de ladrar, de temblar y milagrosamente se puso bien, se restableció por completo. Pocas semanas más tarde inyectaron en el cerebro a este mismo animal, una dosis del más virulento cultivo del que disponían. La pequeña herida sanó rápidamente, y Pasteur esperaba la aparición de los primeros síntomas fatales, pero no se presentaron, estaba inmunizado. Y por fin dieron un procedimiento para atenuar el virus de la rabia:

“Poniendo a secar durante 14 días en un matraz esterilizado, un pequeño fragmento de la médula espinal de un conejo muerto de rabia; inyectaron después este fragmento de tejido nervioso arrugado en el cerebro de perros sanos y estos no murieron.”

La duda era si los perros resistiesen la dosis, entonces Roux trepanó a dos perros vacunados y otros no vacunados, y a través de los pequeños agujeros inyectó una dosis altísima de la rabia, los perros vacunados sobrevivieron, pero estos recibían catorce inyecciones de la vacuna.

No era a los perros a quienes se debería de inyectar la vacuna de la rabia, sino a las personas enfermas, cuando una persona ha sido mordida por un perro rabioso, el virus tiene que abrirse paso desde la mordedura hasta el cerebro y mientras eso sucede hay tiempo de inyectar la dosis de 14 vacunas.

La primera vacuna hecha a un humano fue el 6 de julio de 1885 al niño Meister, el cual sobrevivió.

CAPITULO VI.

ROUX Y BEHRING.

Contra la difteria.

Poco después de 1888, Emilio Roux, el ayudante de Pasteur, descubrió que el bacilo de la difteria destila un veneno extraño y que un gramo de esa sustancia bastaba para producir la muerte de 2 500 perros.

En esta época la frecuencia era tanta que el 50% de las personas enfermas moría sin remedió.

“Hirviendo espátulas, calentando al rojo los hilos de platino para recoger la materia gris de las gargantas calladas de cadáveres; colocaba esa materia en delgados tubos de cristal cerrados con un tapón de algodón, o bien la teñía, y observaba al microscopio en los que el colorante hacía destacar puntos y fijas o bandas. En todas las gargantas los mismos bacilos extraños. Había que hacer un cultivo puro de estos microbios e inocular, después, las colonias a animales; si estos contraen una enfermedad exactamente igual a la difteria humana.”

Loeffler examinó un niño muerto tras otro; rebuscó en todos los rincones y ensayó cultivar los bacilos en estado de pureza. Pero de todos los sitios donde buscó no encontró microbios más que en las gargantas obstruidas pro las membranas y siempre vio los mismo bacilos en forma de maza.

“Y empezó a inyectar los microbios procedentes de los cultivos puros en la traquea de unos cuantos conejos y debajo de la piel de varios conejillos de Indias y todos murieron rápidamente.”

Roux inició a partir de los principios de Loeffer, acompañado de Yersin fueron al hospital de niños y hallaron el mismo bacilo descrito por Loeffer, lo cultivaron en matraces y empezaron a inyectar grandes cantidades de caldo de cultivo a innumerables pájaros y cuadrúpedos. El caldo de cultivo diftérico paralizaba a los conejos. A los pocos días de recibir esos animales una inyección intravenosa pudieron observar como morían victimas de una parálisis.

Roux llegó a la conclusión de que los bacilos segregaban un veneno en el caldo de la misma manera que lo hacen en la garganta de los niños, y donde el veneno pasa a la sangre de estos.

“Tomo unos matraces y puso dentro de ellos caldo esterilizado y sembró cultivos puros de bacilos de difteria, colocándolos después en la estufa del cultivo, pasados cuatro días, en un aparato extraño: un filtro en forma de bujía hueca, de porcelana porosa, el cual dejará pasar el líquido y retuviera los bacilos. Tomando toda clase de precauciones vertieron el caldo saturado de bacilos alrededor de las bujías, mantenidas en cilindros de vidrio; pero no conseguían filtrarlo, pero lograron hacerlo empleando aire a presión, logrando hacer pasar y obteniendo un líquido claro, ambarino, que contenía veneno.”

Inoculó el virus en pequeños conejos y conejillos de Indias, pero estos animales sobrevivieron al virus. Volvió a insistir con dosis mas elevadas de caldo filtrado a los mismo animales, a otros animales, y todo ello daba el mismo resultado, el líquido no contenía veneno. Durante semanas había venido inyectando dosis crecientes de caldo filtrado y un día inyectó una cantidad treinta veces mayor que la media, 35 centímetros cúbicos a un conejillo de Indias, y como era de esperarse, lo mató.

“Así pues dejo que el líquido se cociera durante cuarenta y dos días a la temperatura del cuerpo humano, y al filtrar aquel caldo encontró como cantidades increíblemente pequeñas de ese caldo producían efectos terribles en los animales, tanto que unas cuantas gotas mataban conejos, ovejas y perros grandes.

Consiguió preparar un exacto muy concentrado, que un gramo de aquel producto puro resultaba capaz de matar veinte mil conejillos de Indias o 2 500 perros grandes.”

Pero otro bacteriólogo, Emilio Behring, trataba de observar los microbios de la difteria. Behring tenía dos obsesiones:

  • La sangre es una savia extraordinariamente misteriosa.

  • Que debían existir productos químicos capaces de destruir en hombres y animales los microbios invasores sin causar daño a aquellos.

El objetivo fundamental de Behring era encontrar una sustancia química que cure la difteria, inoculaba infinidad de conejillos de Indias con difteria y todos los animales enfermaron y a medida que se agravaban, les iba a inyectando diversos productos químicos.

“Inyectó a varios conejillos de Indias una dosis de bacilos de la difteria capaz de matarlos con toda seguridad, y a las pocas horas los animales estaban enfermos; después, a las seis horas de la primera inyección, les hizo otra de tricloruro de yodo.”

Ese día transcurrió sin complicaciones y al día siguiente los ratones estaban llenos de vida. Con ansiedad febril se dedicó a curar con el producto yodado a más conejillos de Indias; unas veces los mataban los microbios de la difteria, otras veces el remedio. Porque el tricloruro al mismo tiempo que los curaba, les causaba tremendas quemaduras en la piel; les inyectó dosis enormes de bacilos de difteria y la resistieron, estaban inmunizados.

Pero seguía fija en su mente sus ideas acerca de la sangre.

“Extrajo sangre de unos conejillos de Indias curados y la dejo reposar en tubos por encima de los glóbulos rojos se separó el suero con todo cuidado y lo mezcló con cierta cantidad de bacilos muy virulentos de la difteria. Creía que en la sangre de los animales había algo que los inmuniza contra la difteria, pero al observar al microscopio pudo darse cuenta que se multiplicaban.”

Después de todo Roux ha demostrado que lo que mata no es el microbio el que mata a los animales, sino que el líquido que segrega.

“Behring preparó un cultivo conteniendo un veneno, pero totalmente exento de microbios, del cual inyectó grandes dosis a los conejillos curados, pero volvieron a resistir la prueba. Al transmitir la difteria a los conejillos de Indias y casi matarlos después con un tratamiento los había dejado a prueba de la toxina, los había inmunizado contra los efectos de esa sustancia.”

Era la sangre la clave de Behring para encontrar la cura de los animales.

“Cogió uno de los animales muy le hizo una incisión en el cuello para extraer la sangre de alguna arteria, pero no había arteria. Registró el cuerpo delo animal y obtuvo una gota de sangre donde se encontraba la pata.

Pero ya tenia unas cuantas gotas de suero procedente de un conejillo durado, suero que mezcló en un tubo de vidrio con gran cantidad del caldo venenoso donde había cultivado bacilos de la difteria; inyectó la mezcla a conejillos no inmunizados y no murieron.”

Behring obtuvo como conclusión que lo único que destruía el veneno de la difteria es el suero de los animales inmunizados o de los que han tenido difteria.

“Inyectaba bacilos de la difteria, toxina difterica y tricloruro de yodo a conejos, ovejas y perros, con el propósito de obtener el suero antitoxina que serviría como preventivo de la difteria.”

Pero el efecto de la antitoxina no era duradero.

Entonces volvió a entrar Emilio Roux, que creía firmemente que la antitoxina salvaría a los niños de las garras de la difteria.

Preparó sus jeringuillas y sus frascos de sueros, empezó a inyectar a los niños enfermos con antitoxina difterica.

Pero aunque la antitoxina no sea un remedio seguro, los experimentos de Roux y Behring no han sido infructuosos.

CAPÍTULO VII.

ELÍAS METCHNIKOFF.

Los diligentes fagocitos.

Elías Metchnikoff fue un judío nacido en el sur de Rusia, en 1845. Fue a la universidad de Kharkoff.

Le interesaba el estudio del protoplasma, pero se ocupo del estudio de ka evolución de los gusanos. Tenia una manía de demostrar la supervivencia de loas más aptos, de cómo la Humanidad resiste a los asaltos de gérmenes dañinos, aseverando que, los supervivientes no son los mejores, sino los más hábiles.

Un día mientras observaba una estrella de mar notaba células errantes del cuerpo de estas; esas células comen alimentos, devoran las partículas del carmín, pero también deben de comerse a los microbios.

“Esas células errantes son la protección de la estrella de mar contra los microbios. Nuestras células errantes, los glóbulos blancos, deben ser los que nos protegen contra los microbios invasores, son seguramente la causa de nuestra inmunidad contra las enfermedades, son las que impiden que contraigamos enfermedades.”

- De ser cierta mi teoría, una estrella introducida en una estrella de mar pronto se verá rodeada de células errantes, y entonces recordé que, cuando las personas se pinchan los dedos pronto quedan rodeados de pus, formando principalmente por los glóbulos blancos, las células errantes de la sangre.

“Arrancó algunas espinas de un rosal y las clavó en el cuerpo de una de aquellas larvas transparentares de estrella de mar. Al amanecer las espinas del rosal estaban rodeadas por mazas de células errantes.”

Necesitaba un nombre científico para aquellas células, por lo cual las denominó “fagocitos”, que en griego significa célula que come.

Metchnikoff pudo observar como las células errantes de la pulga de agua, sus fagocitos, se abalanzan sobre las peligrosas agujas, rodeándolas, comiéndolas, haciéndolas desaparecer. Cuando los fagocitos no daban batalla a las esporas, cosa que sucedió con la suficiente frecuencia para que la teoría de este fuera perfecta.

En 1891, Mechnikoff vacunó a unos cuantos conejillos de Indias con bacilos parecidos a los del cólera y una semana después inyectó el vientre de los animales vacunados una nueva dosis de los nuevos bacilos, vivos y virulentos.

“En las horas que prosiguieron, cada diez minutos introducía unos finos tubos de cristal en el vientre de los animales y extraía unas cuantas gotas de líquido, que colocaba bajo la lente, para ver si los fagocitos de los animales inmunes se comían a los bacilos.”

Para demostrar que los microbios siguen vivos después de ser comidos por los fagocitos.

“Mato a los conejillos de Indias y con toros tubos de cristal extrajo parte del sedimento gris de células errantes que se había acumulado en el viertre de los animales.”

Los fagocitos murieron al instante, pues son delicados y al abrirse dejaron escapar a los “bacilos vivos”.

Metchnikoff tenía miedo a la muerte, por lo cual decidió estudia r el endurecimiento de las arterias por medio de la sífilis, y junto con Roux se aventuró a estudiar esta enfermedad.

Intento inocular esta plaga a los monos con sangre de hombres infectados de sífilis, los animales contraían esta enfermedad

“Inoculó a un mono sifilítico en la oreja, y 24 horas después le cercenó la oreja entera, y aquel mono no presentó ningún síntoma de la enfermedad en parte alguna de su cuerpo.”

Esto quiere decir que el germen permanece horas enteras en el lugar donde penetra en el cuerpo.

“Eligió dos monos, los inoculó con virus sifilítico, recién extraído de un hombre, y una hora más tarde frotó con un ungüento gris las escalificaciones echas a uno de los monos, pudiendo comprobar que en el mono no tratado aparecieron todos los horribles síntomas de la enfermedad, mientras que no llegaron a aparecer en el mono con el ungüento.”

Mechnikoff murió a los 71 años.

CAPÍTULO VIII

TEOBALDO SMITH.

Las garrapatas y la fiebre de Texas.

Hacia 1890 hizo su aparición Teobaldo Smith, que dio la explicación de por qué el ganado vacuno del norte, cuando es trasladado al sur enferma y muere de fiebre de Texas, y de por que el ganado vacuno, aun estando sano, acarrea al ir al norte una muerte misteriosa para sus congéneres de esta región.

Precisamente en aquellos días una enfermedad extraña, la fiebre de Texas, traía seriamente alarmados a los ganaderos; los del sur compraban ganado del norte, que era soltado de los vagones a pastar en campos junto con las vacas del sur perfectamente sanas. Durante un mes se desencadenaba una epidemia entre las vacas del norte; dejaban de comer, perdían peso, la orina tomaba un extraño color rojo y en poco tiempo yacían muertas. Lo mismo sucedía al enviar al norte los novillos y terneras del sur. Decían que la fiebre de Texas era producida por un insecto que vivía sobre las vacas, chupándoles la sangre, insecto que denominaban garrapata.

Como material de investigación poseía de los brazos e hígados de cuatro vacas muertas.

“Enfocó el microscopio sobre los diversos trozos del primer ejemplar de bazo y descubrió muchos microbios; pero al olfatear aquel bazo descubrió que estaba echado a perder.”

Envió telegramas a los ganaderos recomendándoles extrajeran las entrañas a los animales inmediatamente después de morir y que fueran trasladadas al laboratorio acondicionadas con hielo. Así lo hicieron, y en el primer bazo que examinó no encontró ningún microbio pero, en cambio, los eritrocitos estaban desechos.

Kilborne le habló acerca de la teoría de los ganaderos:

“Donde no hay garrapatas no hay fiebre de Texas”.

El 27 de junio de 1889 llegaron para trabajar 7 vacas flacas perfectamente sanas, procedentes de los ranchos de Carolina del Norte, estaban plagadas de garrapatas de todos tamaños.

“Metieron cuatro de esas vacas del sur plagadas de garrapatas en el cercado número 1 junto con seis vacas del norte, pensando que las garrapatas invadirán el ganado del norte, pues no han estado puestos en contacto con la fiebre de Texas, pero tienen cierta predisposición para la enfermedad.”

Realizó la primera prueba: quitar con sus propias manos todas las garrapatas de que traían las otras tres vacas del sur, las tres vacas de la Carolina del Norte las encerraron en el cercado número 2.

Auxiliado por Cooper Curtice, que era un entomólogo, descubrió ciertas características de la garrapata:

“Las jóvenes, dotadas de seis patas, trepaban por las patas de las vacas, se adhieren a la piel, empiezan a chupar sangre, mudaban a la epidermis, adquirían dos patas más y volvían a cambiar de piel; las hembras adultas, provistas de ocho patas, se casaban sobre los lomos de las vacas, cada una con un macho de tamaño menor. Su ciclo de vida duraba 20 días.”

Llego agosto y empezó a tener garrapatas la primera vaca norteña, y poco depuse arqueaba el lomo y se negaba a comer; aparecieron garrapatas en los demás animales y mostraron síntomas. En el cercado número 2, no había garrapatas, permanecían completamente sanas.

Smith reflexionaba sobre el notorio cambio de la sangre: el microbio desconocido de la fiebre de Texas ataca a la sangre; parece que algo se introduce en los glóbulos rojos, haciéndolas reventar.

“Examinó el preparado la sangre de la primera vaca fallecida, examinado unos curiosos espacios piriformes, observó que los agujeros se convertían en seres vivientes piriformes que, asimismo, encontré en la sangre de todas las vacas enfermas.

Pero se necesitaba saber de que forma se transmitía la enfermedad de Texas.

“Si tomaba garrapatas jóvenes y sanas, incubadas en el laboratorio, garrapatas que nunca han vivido sobre el ganado, los pongo en una vaca norteña y dejo que se atraquen hasta saciarse.

Eligió una ternera gorda, la puso en un pesebre y día tras día hacia pequeñas incisiones en la piel de la novilla para extraer unas gotas de sangre. Un día notó que estaba muy caliente y la sangre no fluía y estaba oscura; examinó al microscopio y vio que los glóbulos rojos estaban picoteados y destruidos.”

La conclusión de Smith fue que la enfermedad era transmitida por la garrapata joven.

Exterminado este insecto, bañando el ganado en soluciones antisépticas apara matar las garrapatas y manteniéndolo en campos limpios de bichos, desaparecerá la fiebre de Texas.

Descubrió hechos curiosos relacionado con la inmunidad; vieron terneras norteñas con ataques benignos de fiebre de Texas, y al siguiente año pastaban en campos que resultaban mortales para las vacas del norte no inmunizadas. De este modo se explicaron el por que del ganso del sur no es victima de la enfermedad de Texas

CAPÍTULO IX

BRUCE.

La pista de la mosca Tse-Tsé.

David Bruce tenía interés en estudiar los virus misteriosos que estaban en África, donde además había centenares de moscas garrapatas y mosquitos.

A partir de 1894, Bruce y su esposa se encontraban en Natal para estudiar aquellos virus, específicamente todo aquello relacionado con la nagana (que significa espíritu deprimido), esta enfermedad se caracterizaba por infiltrarse en los mejores caballos, enfermarlos, mostrando destrucción de la grasa y sustituyéndola por bolsas acuosas en el vientre y causándoles una abundante secreción nasal; los ojos se cubrían de una película lechosa y quedaban ciegos.

“Afeitaba las orejas y les pinchaba con un escalpelo para hacer brotar una gota de sangre. En la sangre de uno de los caballos enfermos observó entre los glóbulos rojos, ligeramente amarillentos, un animal de cuerpo aplastado, roma una de las extremidades y provista de un delgado flagelo; el cuerpo flexible presentaba de trecho en trecho unos como nudos y estaba dotado de una membrana transparente y ondulante. Cada uno de ellos se precipitaba de un glóbulo rojo a otro, atacándolo. Tratando de meterse dentro y empujándolo, hasta que de pronto salía disparado en línea recta a esconderse debajo de la masa de células sanguíneas que formaba el borde del espacio libre.”

-Son tripanosomas.

Encontró los tripanosomas en la sangre, en la secreción de los párpados hinchados y en la extraña gelatina amarillenta que reemplazaba la grasa debajo de la piel.

Existían diversas creencias acercas de la transmisión de la nagana:

Las moscas tse-tsé son la causa de la nagana. Las moscas pican a los animales domésticos y les inyectan alguna especie de veneno.

La nagana procede de la caza mayor. Los excrementos de los búfalos, quagas y antílopes contaminan la hierba y los abrevaderos, siendo la causa de que la nagana ataque a los caballos y el ganado vacuno.

“Eligió unos cuantos caballos sanos, a los que hizo bajar al bosque, ató a la boca unos sacos de lona para impedir que comieran o bebieran, y los hizo bajar de la colina a aquellos bosques; mientras vigilaba que no se quitasen los sacos, enjambres de moscas caían sobre los caballos. Pasaron unos quince días y uno de los caballos empezó a presentar mal aspecto y a tener la cabeza colgante, en la sangre de aquel caballo apareció el animalillo que atacaba a los caballos. Y lo mismo sucedió con todos los caballos.”

Pero, aunque los caballos no hayan comido ni bebido, pueden haber aspirado aire lleno de tripanosomas. Hay una manera de comprobarlo: En lugar de hacer bajar los caballos hizo subir las moscas. Dando como resultado que todos esos caballos murieron de nagana.

Pero aun quedaba una duda que resolver, cuanto tiempo puede llevar tripanosomas en la trompa de una mosca tse-tsé .

“Pusieron jaulas con moscas sobre perros enfermos, y con intervalos de horas y de días las hicieron picar después a otros perros sanos; esterilizó hebras de seda, que empapaba de sangre plagada de tripanosomas y que cosía después, para saber cuanto tiempo conservaba aquella sangre sus mortíferas cualidades.”

Pero era necesario saber donde cogen las moscas los tripanosomas. Estos deben de estar en la caza mayor:

“Penetró resuelto en los bosques para matar cebras de Burchell y antílopes de diversas especies. Abrió en el canal los animales muertos, y con jeringuillas extrajo sangre de los corazones aun calientes, apresurándose al examen microscópico pero no encontró tripanosomas. Para comprobar si existían inyectó a perros sanos grandes cantidades de sangre procedente de 10 animales diferentes descubriendo de este modo que los microbios de la nagana pueden estar latentes en la caza mayor, esperando ser transmitidos por la moscas tse-tsé a animales domésticos.”

Tiempo después en África Ecuatorial se hizo presente una muerte que no producía dolores y provocaba una fiebre de la cual pasaba a un estado de coma, la llamaban enfermedad del sueño.

Castellani pensó en un principio que el causante era un estreptococo parecido al microbio que origina las anginas, pero un día encontró un tripanosoma.

“Había extraído líquido cefalorraquídeo a un enfermo negro con el fin de buscar estreptococos, puso el líquido en el fondo para que se acumulasen todos los microbios. Al examinar al microcopio una gota del sedimento gris encontró un tripanosoma.”

Bruce llego al sitio de la enfermedad y hablo con Castellani acerca de los tripanosomas y los estreptococos; fueron al laboratorio y montaron microscopios para examinar la sangre de negros de enfermos a los que pincharon en la medula, donde descubrieron un sinnúmero de tripanosomas.

Sin embargo, era muy extraño que solo se encontrara solamente faja de terreno muy estrecha, solo donde había agua. Esto significaba que algún insecto chupador de sangre era el portador de la enfermedad.

“Llevaron a cabo experimentos en los que hacía que las moscas tse-tsé se alimentaran de enfermos moribundos, interrumpían el banquete, encerraban a los mosquitos, los llevaba a que picasen a los monos. Mando capturar mosquitos y dio instrucciones de que se rotulasen con el nombre del sitio donde fueron encontrados.

Los monos picados por moscas caían dormidos y morían; otros monos que no habían sido picados por las coscas, pero si encerrados y comiendo en las mismas vasijas que los enfermos no presentaban el menor síntoma del padecimiento.”

Bruce llegó a la conclusión de que las moscas tse-tsé vivían en las orillas del lago, y que se extinguirían cuando no tuvieran sangre infectada que chupar. Los habitantes de las regiones aledañas a los ríos africanos desocuparon sus hogares, donde la enfermedad desapareció.

Un par de años después de los experimentos de Bruce, cuando los habitantes de las tribus de Ka birondo que vivían en la orilla oriente del lago, donde nunca antes existió la enfermedad del sueño empezaron a caer víctimas de esta enfermedad.

La teoría de Bruce acerca de esto era que las moscas tse-tsé deberían de infectarse de tripanosomas en alguna otra fuente que no era el hombre; tal vez esta fuente era la sangre de ciertas bestias; un día encontró tripanosomas en la sangre de una vaca.

“Se ocupó que todo el ganado fuese picado por moscas, por lo cual concluyó que había que limpiar la zonas de animales tanto como de hombres donde hay moscas para que estas se vuelvan inofensivas.”

CAPÍTULO X.

ROSS CONTRA GRASSI.

El paludismo.

A mediados de 1899, dos científicos habían demostrado que solamente una especie de mosquito causaba el paludismo: Ronald Ross y Battista Grassi.

En 1888, Ross aumento su interés por el mosquito del paludismo, era un medico del servicio indio.

“Se dedicó a examinar al microcopio la sangre de nativos atacados por el paludismo. El microbio de esta enfermedad había sido descubierto en 1880 por Laveran; pero Ross intentó descubrir el parásito con métodos propios. Consiguió sacar sangre de hindúes palúdicos pero no encontró nada.”

Conoció a Patrick Mason quien tenía una obsesión por los mosquitos convencido de su trascendencia, al mismo tiempo que creía que estos solo una vez en la vida podían chupar sangre; lo mas importante es que mostró a Ross los parásitos del paludismo y le explicó su teoría de que estos transmitían el paludismo.

“Los mosquitos chupan la sangre a los palúdicos; la sangre contiene los parásitos, penetran en el estómago de los mosquitos y emiten flagelos, los flagelos se desprenden y penetran en el cuerpo de los mosquitos convirtiéndolos en una forma resistente parecida a las esporas del carbunco. Los mosquitos mueren, caen al agua y los personas beben el caldo de los mosquitos muertos.”

El 28 de mayo de 1895 se embarcó para la India con la firme idea de que los mosquitos transmitían el paludismo.

“Cazó mosquitos de cualquier clase y los dejó en libertad bajo los mosquiteros que cubrían las camas donde yacían unos hindúes medio desnudos enfermos del paludismo. Se le ocurrió verter agua sobre los mosquiteros empapándolos al mismo tiempo que los enfermos, para que los insectos se alimentaran de la sangre de los enfermos. Capturó estos mosquitos y los metió cuidadosamente en frascos, día tras día los fue sacando y examinó los estómagos para ver si tenían parásitos, pero no crecían. Un día al observar la microscopio un flagelo que destrozaba a un fagocito.

Desnudó a un palúdico y lo metió debajo de un mosquitero, porque había encontrado una nueva especie de mosquito, al que denominó mosquito pardo, los soltó debajo del mosquitero para que chupasen la sangre del enfermo y examinó los estómagos de los insectos; abrió uno de los últimos y encontró células irregulares formando una cosa redonda.

Esos círculos deberían ser el parásito del paludismo en vías de reproducción.”

“Se dedicó a buscar mosquitos en las alcantarillas, los desagües y las cisternas de Calcuta . Se le ocurrió que los pájaros padecían de paludismo, por lo tanto ese parásito de los pájaros debería de ser casi idéntico al de los hombres, por lo cual podía ensayar con los pájaros, por lo cual capturó gran cantidad de ellos.”

“Trajo tres gorriones, uno sin microbios del paludismo en la sangre, otro con unos pocos y un tercero infestado de estos, los coloco en jaula aparte y cogió una cría de mosquitos completamente libres de parásitos del paludismo: ninguno de los mosquitos soltados en la jaula del primer gorrión presento círculos moteados en la sangre del estomago, el del segundo unos pocos y los del tercero tenían el estomago infestado de estos.”

Grassi comenzó sus investigaciones, no sabia a donde iban los microbios del paludismo cuando salen de los círculos de reproducción en el estomago de los mosquitos, simplemente a las glándulas salivales.

“Observando al microscopio una verruga en la pared del estomago de un mosquito hembra, 7 días después de haber chupado sangre a un pájaro palúdico, esta se abría y daba salida a un regimiento de curiosas hebras fusiformes que desparramaban por todo el cuerpo del mosquito.

Examinaba los barreños y los cacharros viejos que había en los patios, debajo de las mesas y de las camas y encontró una nueva especie de mosquito muy característica y definida.”

Llamado también zanzarone, el Anopheles claviger mostraba personas con caras hinchadas, color rojo subido, gente con los dientes castañeantes y había especial contagio al anochecer.

“Ensayo con los nuevos mosquitos sobre un hombre de apellido Sola durante noches seguidas, pero este era un hombre resistente y no mostró el menor síntoma, días mas tarde este hombre enfermó gravemente mostrando los síntomas de la enfermedad.”

Ahora tenían la certeza de que los mosquitos esparcían la enfermedad del paludismo a sitios ectópicos y a personas que jamás tuvieron contacto con la enfermedad.

“Incubó zanzarones y todas las tardes durante cuatro meses el en conjunto con 6 o 7 amigos permanecían sentados junto a los mosquitos para que los picasen ; pero a pesar que esos mosquitos eran hijos de hembras de las regiones mas atestadas de paludismo, ni el ni ninguno de sus acompañantes enfermaron.”

Llegó a la conclusión que no eran los hijos de los mosquitos, sino los mosquitos que han picado a un palúdico los que transmitían la enfermedad. Indicó a los habitantes de aquellas regiones que no saliesen durante las noches templadas sin llevar guantes gruesos y velos de algodón, pues en verano los mosquitos se levantaban al atardecer para alimentarse.

CAPÍTULO XI

WALTER REED.

¡En interés por la ciencia y la humanidad!

La extinción de la fiebre amarilla fue una gran lucha, lo cierto es que todo el mundo sabía la manera de combatir la enfermedad, pero todos tenían una opinión diferente acerca del modo de defenderse de ella: fumigar las sedas, telas y objetos de propiedad de las gentes antes que abandonen la ciudad infestada de fiebre amarilla o quemar estos objetos, para que el virus no se extienda. Tal era el conocimiento hacia 1900, mientras que Carlos Finlay, de la Habana tenia la teoría de que los causantes eran los mosquitos.

San Cristóbal de la Habana era el sitio donde la fiebre había cobrado más victimas, por lo que el comandante Walter Reed fue designado a la investigación de cómo combatir la fiebre amarilla. Arribó a Quemados y se encontró con un número excesivo de soldados norteamericanos muertos, la comisión investigadora que iba con Reed eran James Carroll, Jesse Leazer y Arístides Agramonte.

Al principio de la investigación Reed y colaboradores no encontraron ningún bacilo ni muertos ni enfermos, pero escuchó sobre Finlay y su teoría de los mosquitos, lo visitó y este le entregó dos huevecillos en forma de cigarros que según el tenían a los causantes.

“Lazear los colocó en un lugar templado y se convirtieron en larvas, dieron a lugar a mosquitos de alas plateadas. Observo al mismo tiempo que las enfermeras, en contacto permanece con los enfermos no contraían la fiebre amarilla, por lo cual dedujo que el causante no era un bacilo.

En una casa con un enfermo durante 2 o 3 semanas no ocurría nada, la persona moría o se mejoraba; pero transcurridas 2 semanas mas personas en aquella casa se enfermaban.”

Esas 2 semanas parecían ser el plazo por el cual el virus necesita desarrollarse en un insecto. Era necesario hacer experimentos encaminados a demostrar que la fiebre amarilla es transmitida por los mosquitos, pero era necesario experimentar en seres humanos, por lo cual requirió que los miembros de su comisión se ofrecieran como voluntarios.

“Lazear se paseo entre los muertos de fiebre amarilla, hizo que les picasen los mosquitos y después reintegró los insectos henchidos de sangre a sus jaulas con agua y terrones de azúcar. Consiguió 7 voluntarios e hizo que les picaran los mosquitos, pero ninguno de ellos contrajo enfermedad.”

“James Carroll hizo que le trajeran el mosquito mas peligroso de la colección, que había picado a 4 enfermos de fiebre amarilla para que le picase, 4 días más tarde enfermó.”

“El 13 de Septiembre un mosquito picó a un enfermo y después picó a Lazear, para morir el 25 de septiembre.”

Reed instaló un campamento donde se dedico a buscar voluntarios que se dejaran ser picados por los mosquitos, los hombres que habían de ser picados deberían de permanecer encerrados días y semanas para evitar todo peligro de contagio casual.

Todo el mundo creía que las ropas de cama, de vestir y los artículos de uso de las víctimas eran peligrosos.

“Reed hizo venir 2 carpinteros para que construyeran barracas. La barraca numero 1 tenia 4 por 6 metros y dos puertas, una detrás de otra, para que los mosquitos no pudieran penetrar; en el interior fue instalada una estufa para mantener la temperatura por encima de los 32°C y colocaron barreños de agua para mantener la atmósfera cargada.

Introdujo a 3 hombres dentro de la barraca y estos con cajas conteniendo ropa de cama manchadas de vomito negro y deyecciones de muertos por fiebre amarilla, permanecieron ahí 20 noches seguidas y pasaron a cuarentena a una tienda ventilada, no presentaron síntomas.

Al lado de la barraca numero 1 mando una llamada numero 2 que tenía las ventanas en la fachada opuesta a la puerta, para que circulase fácilmente el aire; contenía ropas muy limpias con ropas desinfectadas en estufa de vapor; el interior estaba divido en dos por una tela metálica finísima, que llegaba hasta el techo y no podía pasar ningún mosquito. Al mediodía del 21 de diciembre de 1900, un paciente recién bañado y solo con una camisa de dormir, penetro junto con 15 mosquitos hembras, la mañana de navidad presentó los primeros síntomas.”

Pero aun quedaba la duda de cual era la causa de la fiebre amarilla.

“Logró obtener sangre infectada de fiebre amarilla, que pasó por un filtro de porcelana muy fina e inyectó el líquido filtrado a 3 personas no inmunes y 2 de ellas contrajeran fiebre amarilla.”

La fiebre amarilla era causada por un microbio muy pequeño.

CAPÍTULO XII.

PABLO EHRLINCH.

La bala mágica.

La idea de Ehrlich era matar los microbios, habría que hacerlo con una bala mágica, por ello logró transformar una droga en un producto que logró salvar la vida de los hombres.

Empezó tiñendo animales vivos, empezó intentándolo con azul de metileno.

“Inyectó un poco de azul en la vena auricular de un conejo; vio como el color se difundía por la sangre y el cuerpo del animal, tiñendo misteriosamente las terminaciones nerviosas.”

Tenía que existir una sustancia que no se fije en ninguno de los tejidos del cuerpo humano, pero que tiña y mate todos los microbios que atacan al hombre.

En 1901 leyó los trabajos de Laveran acerca dl paludismo y los tripanosomas; especialmente había observado que los tripanosomas del mal de caderas mataban al 100% de los tripanosomas y entonces les inyectó arsénico, que los alivió un poco y mato algunos tripanosomas, pero seguían muriendo al 100%; el objetivo era encontrar un colorante que salvase a todos los ratones.

“Se procuró una buena dotación de ratones blancos, además de un ayudante japonés, llamado Siga que se ocupase de cortarles un pedazo de la cola a los ratones y buscar tripanosomas, inyectar sangre infectada a otros ratones.”

Estaba Ehrlich ensayando el efecto que producían en los ratones los colorantes derivados de la benzopurpurina y los animales seguían muriendo, era necesario modificarlo introduciendo grupos sulfúricos.

“Siga inyectó este compuesto modificado a 2 ratones blancos y los tripanosomas desaparecieron de la sangre, a este colorante lo denominaron rojo tripan. Siguió inyectando rojo tripan mejoraban un poco, pero a los pocos días caían victimas de este mal.”

Se topó con una droga llamada Atoxil en cuya constitución entraba un anillo de Benzol, 4 átomos de hidrógeno y oxido arsénico, pero había que modificarlo un poco. Consiguieron modificar el Atoxil, pero cuando habían conseguido exterminar a los tripanosomas transformaban en agua la sangre de los ratones o les provocaba una ictericia mortal.

Ehrlich siguió ensayando hasta que dio con el compuesto 606, cuya obtención significaba incendios y explosiones por los vapores de éter y difícil de conservar, por que a la menor traza de aire lo transformaba en veneno, era el 606 el p.p-dihidroxiarsenobenceno, que a pesar de todo, era inofensivo; una sola inyección del 606 hacia desaparecer todos los tripanosomas de un ratón atacado del mal de caderas.

Fritz Schaudinn descubrió un microbio pálido y con aspecto de sacacorcho y lo denominó Spirocheta pallida, a la cual relacionó con el reino animal y especialmente con los tripanosomas, argumentando que estas a veces se transformaban en tripanosomas. Ehrlich pensó que, siendo estas parientes de los tripanosomas también perecerían ante el 606.

El 31 de agosto de 1909 un conejo macho encerrado tenia en la delicada piel del escroto 2 ulceras causadas por la roedura de espiroquetas.

Inyectaron en la vena auricular la solución del 606, al siguiente día estaba totalmente curado.