Cartas Marruecas; José Cadalso

Literatura española del siglo XVIII. Ilustración. Narrativa ilustrada: ensayo. Vida y obras. Crítica social y de costumbres: la mujer en el matrimonio

  • Enviado por: Jone Moragues
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 15 páginas
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CARTAS

MARRUECAS

José Cadalso


ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

JOSÉ CADALSO

LA MUJER EN EL MATRIMONIO

BIBLIOGRAFIA

INTRODUCCIÓN

SIGLO XVIII

En el siglo XVIII predomina la cultura francesa en toda europa, y la lengua francesa se puso de moda. En España reinan los Borbrnes, de origen francés. La influencia del país vecino fue enorme. El pensamiento del siglo XVIII decansa sobre dos principios que paulatinamente se habían gestado en el siglo anterior: el racionalismo y el naturalismo. Por el primero la razón se va a erigir en guía de la verda; la verdad -decían- es la claridad; y ver claro es lo racional. Luz, mucha luz que desterrará las tinieblas. Será, pues, el Siglode las luces. La fe había sido una venda que había impedido la claridad. Por el segundo, la naturaleza se combierte en ideal del hombre; es una naturaleza cuyos límites son racionales. En perfecta coherencia con este pensamiento se acuñan expresiones como religión natural, derecho natural, estado natural, moral natural etc. Razón y naturaleza son los dos puntales en que se apoya el mundo nuevo, en el que no cabe ni la Revelación ni lo Sobrenatural.

Conestas nuevas ideas intentaron crear una época llena de ilusión y optimismo. Se afirmaba: el hombre es bueno por naturaleza; se llegará a la felicidad mejorando las injustas condiciones sociales de la vida mediante un fortalecimiento ecónomico y una adecuada instrucción del pueblo.

Objeto prioritario de filósofos y escritores fue el planteamiento serio de la cultura heredada de sus predecesores ante la que adoptaron una actitud crítica. Se dedicaron a pasar por el tamiz las ideas, creencias, sentimientos y actitudes de sus antepasados, unas veces abiertamente, otras bajo el disfraz literario de parsas, marroquíes. De esta manera fueron socabando los principios en que se apoyaba el Antiguo Régimen.

A esta revolución del pensamiento europeo se la ha llamado con acierto crisis se la conciencia europea.

España inicia el siglo XVIII con la guerra de sucesión a la Corona Española. Con la muerte de Carlos II finalizaba la dinastía de los Austria. Las armas dieron la victoria a Felipe V. Con él se introducía en nuestro país la dinastía de los Borbones, de procedencia francesa. Al compás de la monarquía -y a veces de su mano- penetraba en España el pensamiento europeo.

LA ILUSTRACIÓN

La ilustración o siglo de las luces es el nombre con el que se conoce el siglo XVIII europeo desde el punto de vista cultural. Se le denomino asimismo “soglo filosófico”, tantopor los nuevos enfoques del pensamiento como por la amplia audiencia que encontraron en el curso de la centuria y que tendrían una influencia decisiva en su acontecer social y político. A grandes rasgos, la filosofía de la ilustración fue deudoras de ideas ya expuestas en el siglo XVII y, pues, continuadora del racionalismo. Pero contrariamente a lo habido en el siglo XVII, el siglo de la ilustración demuestra una aversión explícita de los sistemas metafísicos constructivos. Se concede mucho más valor al análisis empírico y a la experimentación experimental. Además, se desea confrontar las verdades y convicciones reconocidas como auténticamente racionales con las condiciones sociales y políticas existentes y con todas las instituciones y convicciones tradicionales. Lo que más especialmente caracteriza a este periodo, es la gran confianza en la razón, por un lado, y la profunda desconfianza que inspira cualquier autoridad histórica, por otro. La filosofía de la ilustración debe ser considerada como una emancipación de la humanidad. Eldestino del hombre radica sobre todo, según ella, en la adquisición y el aumento del conocimiento. También es característico de este siglo el haber pretendido escribir un resumen crítico y general, del estedo del saber humano de equel tiempo.

El origen de las ideas que sirven de fundamento a la filosofia de la ilustración debe buscarse en Inglaterra, donde fuero nexpuestas por Herbert of Cherbury, Hobbes, Locke, Hume y Shaftesbury. De Inglaterra, dichas ideas pasaron a Francia, donde Voltaire, Diderot, Montesquieu y Rosseau fueron sus representantes más importantes e influyentes. Por influjo de éstos, se manifestó posteriormente en Alemania un movimiento similar. A pesar de las relaciones históricas y de las semejanzas mutuas, es posible establecer puntos de diferencia importantes en el especto que tomó dicho movimiento en cada uno de los tres países mencionados. En Inglaterra, se insistió, principalmente, en el deísmo; en Francia, en el elemento anticlerical y antidogmático (Voltaire y Diderot), y en Alemania, por influencia de Leibniz y del pietismo del siglo XVII dominó la convicción de que las concepciones racionales deben, a pesar de todo, poder ser conciliadas con el cristianismo. Pero estas diferencias no impiden que todos ellos coloquen a la razón por encima de la revelación.

La ilustración en España consiste radicalmente en un empeño inmenso de reforma económica y cultural. A esta regeneración económica se subordina la práctica político-administrativa. Es un siglo reformador que centra su interés en el cuadro económico de España. Los Españoles que hoy llamamos intelectuales y los escritores de entonces eran los “ilustrados”, los personajes de la “ilustración”.

Los hombre del siglo XVIII son acaso contradictorios, o al menos así se los llama. Lejos de presentar esquemas doctrinales sistemáticos y consecuentes, ofrecen unos ordenamientos llenos de contradicciones internas. Tal vez se deba esto a que fueron formados intelectualmente por fuerzas morales y culturales diversas y hasta irreconciliables. Todos ellos recibieron una educación católica, pero han buscado las nuevas tendencias culturales más allá de los Pirineos en la ilustración europea no muy relijiosa, y en última instancia todos ellos han adquirido y fomentado una mentalidad burguesa que estaba de moda en aquel tiempo y se enfrentaba de varios modos con la antigua ideología aristocrática. El concepto burges de la vida se basa en el dinero y en el afán del lucro indefinido, orienta los actos del hombre hacia la racionalazación de las profesiones segun criterios económicos. Para ello reclama plena libertad moral y jurídica. Todo este programa forma el sustrato intelectual de los reformadores de aquel siglo. Algunas de estas fuerzas materiales son afines entre sí y con los postulados de la filosofía moderna y el espíritu burgués.

Anunciaba asimismo a los reformadores de esta centuria la lucha contra la pobreza. Las disposiciones gubernativas se dirigen con frecuencia contra los vagos, los gitanos, los ociosos y los malentrrtenidos.

Lo nuevo, si creaba bienes apetecibles, era aceptado por hombres de las más distanciadas tendencias, como Feijoo y Mayans, Ensenada y Campomanes, Jovellanos y Cabarrús, Nipho y Fajardo, de ideología a veces desemejante. El periodista Nipho participaba en la aficción racional y utilitaria a las Ciencias Naturales, a la manera de Feijoo; combate asimismo las falsas creencias, supercherías y las adulteraciones de la verdad.

El estilo de vida del siglo XVIII respondia a estos conceptos: el sentido cristiano del individuo y la influencia de la aristocracia. El ideal noviliario tiene un alcance universal. La clase dirigente y fuertemente jerarquizada es la nobleza. Y conviene subrayar esta situación legal de pribilegio. En la sociedad aristicrática los oficios mecánicos se consideraban deshonrosos. Los mayorazgos constituían los soportes económicos más estables de la aristocracia. El afán de emulación del lujo burgués es un fenómeno social frecuente, lo mismo que el aburguesamiento dela nobleza. Como contrarréplica, se da también la aristocracización de la burguesía. Esa tentación de lujo alcanza por igual a la aristocracia y a la clase media.

El estilo de pensamiento se carectirizó, lo mismo que en Francia, por una radical actitud crítica. El hombre, como ser libre, tenía que reexaminar todo el saber. La reforma y nuevo plan de los colegios era una exigencia social perentoria. Pero a veces estos actos reformistas iban acompañados de maneras arbitrarias. Roda, Bertrán y Pérz Bayer dirigieron sus diatribas y encono contra los colegiales mayores y los jesuitas y esgrimieron su fuerza de reformadores ante Carlos III, que tomó decisiones radicales y centralizadoras.

Este es el siglo de los eruditos “a la violeta”. Soglo de enciclopedias y epítomes que ofrecían, como en Francia, “el modo de llegar a ser sabios sin estudio, sin esfuerzo y casi sin trabajo”. Estos sabios eran poetas, literarios, ensayistas sin bocación científica. Querian penetrar en las profundidades de todos los saberes de un golpe. Los reformadores se quejaban de que se estudiaba poco o se hacían esfuerzos de caracter teórico, sin utilidad directa a la vida.

Acometamos ligeramente otros problemas sociales y de cultura del siglo XVIII. Estos españoles de ansias reformadoras sienten el espejismo de lo de fuera, sobre todo de Francia. Se ven aplanados por las derrotas del siglo anterior, frente al éxito creciente de las principales potencias extranjeras. Nace en ellos el afán de imitar a la Francia de Grand Siecle, la Francia absolutista del clasicismo. Luego viene la mirada de emulación que provoca la prosperidad económica y la constitución política de las otras naciones continentales. Estos antepasados nuestros quisieron devolver a España su antiguo esplendor, subir el nivel de vida de los españoles y lograr para ellos un poco de felicidad. Para conseguirlo, este siglo altamente reformador pone su confianza en la educación de la juventud. Educar al hombre es “ilustrar su razón con cocimientos que puedad perfeccionarle”.

Otros sistemas educativos del pueblo fueron los espectáculos y las tertulias. El teatro en España no se consideraba una manifestación literaria, sino un compendio de la vida de la nación. Allí están representadas las creencias, los pensamientos filosóficos, los ideales, las constumbres y tradiciones, todo lo más topico del pueblo español.

El teatro a la antigua no agradaba a la mentalidad académica y educadora de los ilustrados. El ideal reformista se compendiaba en el teatro neoclásico de imitacion francesa; pero los auténticos españoles preferían reírse con las majas y petimetres, manolos y usías, abates y barberos, payos, soldados servidos en la escena por la musa cómica de don Ramón de la Cruz. En 185 pueblos españoles se celebraban corridas de toros, espectáculo que se consideró desde entonces como elemento popular-educativo por su vistoso colorido, arte y dramatismo.

El goce de los espectáculos teatrales, muy del gusto popular, se redicía a las poblaciones importantes, y los pueblos pequeños se contentaban con los titiriteros ambulantes.

Las tertulias, durante la primera mitad del siglo XVIII, formaban un entretenimiento literario propio de la aristocracia. Las tertulias típicamente eruditas pertenecen a la segunda mitad del siglo XVIII. Entonces aparecen las Sociedades de Letras, Academias de Bellas Artes y Sociedades de de los Amigos del País. Influyen en la vida pública y en los centros de estudios. La tertulia más conocida, por estas fechas, es la de la Fonda de San Sebastián, que estaba situada en la esquin ade la Plaza del Angel y la calle de San Sebastián. Por el año 1775 concurrían a esta reunión los más destacados literatos españoles y algunositalianos. Fue la tertulia más duradera y se congregaron allí personajes tan célebres como Ignacio López de Ayala,el abate José Guevara, los eruditos Francisco Cerdá y Rico, Tomas de Iriarte, Jose Cadalso y Nicolás Fernández Moratín. Sólo se permitía hablar de toros, versos y amor. Se leían los versos de los contertulios y algunas páginas de Juan Jacobo Rosseau.

La mujer apareció en las tertulias de letras desde que la esposa de Montiano se arriesgó a tomar parte en ellas en compañía de su marido. Ellas llagaron a formar sus juntas literarias, presididas primero por la marquesa de Sarríay despues por María Pimentel y Téllez de Girón, condesa de Benavente, y por la duquesa Cayetana de Alva.

Se distinguen dos clases de tertulias según el giro de la conversación y naturaleza de las personas reunidas. Los mozalbetes o pisaverdes aparecen como eruditos a la violeta. Las personas instruidas mostraban en ellas su buen sentido y discreción. En el último cuarto de siglo se abren los cafés públicos, donde se organizan las nuevas tertulias de las personas distinguidas, quedando las tabernas para las gentes más humildes. Estas reuniones sustituyen al lugar del antiguo mentidero y armonizan lo que luego se llamó “la opinión pública”.

EL ENSAYO

El tecnicismo literario “ensayo” proviene de la palabra francesa essai, título que da Montaigne a sus personalísimas obras, en las que vuelca, con sinceridad y espontaneidad, lo más peculiar de su espíritu, y de su visión del mundo y de las cosas. Este caracter profundamente individual ha quedado para siempre como nota esncialdel ensayo, por lo que resulta difícil dar su definición exacta, ya que se trata de un género indivisiblemente ligado al peculiar modo de ser del escritor. De todas maneras, hay unas notas características que definen con aceptablr aproximación este género literarío. Edmun Gosse (1849-1928) exígia, por ejemplo, una extensión moderada y un enfoque subjetivo y sin pretensiones rigurosemente científicas como dotes imprescindibles del ensayo. Para Ortega Y Gasset, el ensayo sería “la ciencia, menos la prueba explícita”, definición que discrepa de la de Gosse en cuanto que exige una objetibidad estrictamente científica. Algunos tratadistas exigen también la calidad estética en todo ensayo estrictamente literario. Resumiendo las autoridades más autorizadas, se podría definir el ensayo como unescrito en prosa en que se tratan asuntos de interes, con moderada estensión, sin intentar agotar el tema ni presentar exhaustivamente todas las pruebas y fuentes que sustentan las opiniones expuestas. Un enfoque original, la agudeza y penetración intuitiva en los diversos temas y la amenidad, son notas que convienen también a la perfección del ensayo como género literario. En cuanto a los temas que puede abarcar, éstos son potencialmente infinitos, aunque tradicionalmente los ensayistas se hayan fijado sobre todo en cuatro generos fundamentales: el ideológico y filosófico, el histórico y artístico, el literario, y el circunstancial o periodístico.

Ya hemos señalado como el ensayoes profundamente individual, y, por lo mismo, de formas concretas muy personales y variables. Por eso ha podido decirse que, más que ensayos, existen ensayistas. Más que un género literario estricto se trata de una manera de escribir, de un talante expresivo. Sin embargo, con tal de tener en cuenta esta amplitud del género ensayístico, pueden fijarse unas cuantas características que aparecen con frecuencia en el ensayo y que le dan su perfil individual y distin tivo. De acuerdo con ello, es frecuente señalar como característica radical del ensayola subjetividad, el ser exposición de opiniones estrictamente personales y en un modo absolutamente peculiar. Lo dice Ortega y Gassete magistralmente en el notable retablo de ensayos que que es El Espectador: “En estas páginas, ideas, teorias y comentarios se presentan con el carácter de peripecias y aventuras personales del autor”. Este subjetivismoque hace brotar el ensayoal hilo de las reflesiones espontáneas del escritor, le comfiere, a su vez, otra característica, importante, que se podria llamar asistematismo; es ese peculiarísimo modo de expresividad que Gracián llamaba “discurrir a lo libre”, y que resulta tan del gusto del escritor español. No hay, pues, en el ensayo una estructura cerrada, sino que va discurriendo en meandros, digresivamente, no dejándose atar por el tema a ningún plan rigurosamente preconcebido, sino lanzándose, por el contrario, hacia una serie de variacines que muchas veces son simplemente intuidas y apuntadas como de paso. El ensayo busca irrenunciablemente interesar. Es como un diálogo entre escritoe y lector, y no hay diálogosin el interes de los dialogantes. De aquí que el ensayista intente un enfoque del tema pleno de actualidad y de conecxión con la circunstancia concreta del momento, buscando articular su tema dentro de los campos de interés de su tiempo y de su público. Este interés será tanto más tenso y activo cuanto más sencillamente artístico y expresivo sea el ensayo por lo que la calidad literari del ensayo ideal supondrá la diafanidad, sugestividad, actualidad, dinamismo y capacidad de mantener la atención. Los tratadistas ingleses exigen, ademas, sociabilidad, agilidad, familiaridad y perspectiva.

El ensayo es un despertador espiritual, un revulsivo que lebanta inquietudes y suscita problemas. No es su misión esencial dar soluciones, sino abrir horizontes y señalar caminos. El ensayista brinda prespectivas inéditas, posibles variantes para ver las cosas de una nueva luz. El lector habrá de reflexionar por sí mismo, y aceptar o rechazar lo que se le propone. En este sentido, el ensayo es, sobre todo, un palanque de opiniones, no un índice de dogmas. No es, pues, la finalidad demostrativa, propia de la ciencia, la peculiar del ensayo, sino la excitación de reflexiones. El ensayo pide una colaboración ideologica entre autor y lector, una especie de choque de ideas. Por tanto, el ensayista no agota el tema tratado, ni debe proponerse siquiera este objetivo, pues ha de dejar al lactor una parcela intacta que él, a su vez, complete y espere guiado por la luz que le proporciona la lectura. En el fondo, el ensayo suele tan solo esbozar el tema, destacar su perfil y alunbrar sus relieves esenciales, interpretados personalmente por el ensayista y entregados, en instancia definitiva, al juicio activo del lector. Por eso tiene el ensayo una insustituible utilidad en la ciencia actual para formular hipótesis que todavía no están definitivamente demostradas, para orientar la atención de los estudiosos en determinadas direcciones, para estudiar cuestiones tangenciales o menos importantes, dentro del espacio delimitado por el tema que se trate. En una palabra, en el ensayo tiene el pensador un dialogo horizonte, done proyectar, sin compremeter su prestigio ni sus propias convicciones, hipótesis de trabajo y conclusiones aún no maduradas. Y a su través, invita al lector a colaborar libre y espontáneamente con él en la búsqueda de la verdad definitiva.

Todo lo que hasta ahora se ha dicho que el ensayo quede sellado con unas inconfundibles características de estilo, que le dan su aire y su personalidad. Y, ante todo, ese sesgo conversacional que adopta la prosa ensayística, llena de sencillez y de espontaneidad, lo que no impide el que, ocasionalmente, se yerga llena de empaque, si esto ha de servir como toque o aviso que alerte la atención del lector. Y como se trata de reflejar la incidencia de un esspíritu en un determinado tema, el estilo del ensayo aparecerá dócilmente plegado a las condiciones personales de su autor, lleno e los matices de su individualidad, abandonado por definición el sometimiento a normas exteriores y retóricas, ajenas a la personalidad del ensayista. No es un estilo cerrado, sino abierto e incitante el que predomina en el ensayo; pero esta generosa apertura no excluye, sino que intensifica, lo personal del escritor, cuyo modo de ser y de pensar se transluce en su estilo, como los nervios y venas a través de un guante fino y bien ajustado. En definitiva el estilo del ensayo no es afectado ni solemne, sino familiar y ágil. Vivacidad, naturalidad, fuerza expresiva y amenidad son las características más notables de su estilo.

JOSÉ CADALSO

La literatura del siglo XVIII tiene en Cadalso una de sus figuras más interesantes como hombre y como escritor. Al igual que otros muchos de su siglo, Cadalso cultivó diversos géneros literarios, pero es en la prosa donde debemos enmarcarle.

José Cadalso y Vázquez, hijo segundo de una familia acomodada de origen vasco, nació en Cádiz en 1741 y murió en Gibraltar en 1782. Su infancia transcurrió en su ciudad natal; de adolescente, realizo dibersos viajes por Europa que le proporcionaron el conocimiento de varias lenguas. Durante su estancia en París fue educado en el colegio Louis-le-Grand. En 1758, ingrsó en el Real seminari de nobles de Madrid, t permaneció allí hasta 1760. En 1762, inició su carrera militar y tomo parte en la campaña de Portugal, logrando, gracias a ello, el favor del conde de Aranda. Terminó aquella empresa en 1764 con el grado de capitán y pasó la mayor parte de su vida en Madrid, salvo dos breves destierros (1768 y 1771) y alguna temporada en Aragón y Salamanca, siguiendo a su regimiento. Sus cambios de residencia le permitieron entrar en relación con diversos círculos literareos de la época: en Madrid, asistió a la tertulia de la fonda de San Sebastián co Iriarte y Nicolas F. Moratín y durante su estancia en Salamanca trabó amistad con Meléndez Valdés, forner y Diego González. Para Cadalso, el año 1771 fue crucial a causa de la muerte de la actrid María Ignacia Ibáñez, por la que el autor sentía una gran pasión. En 1774, le destinaron a Extremadura; ascendió a comandante y, en 1779, insatisfecho por la falta de estímulos de su profesión militar, solicitó ser enviado al frente de Gibraltar, donde fue ascendido a coronel; y murió alcanzado por una granada.

Renunciando a hacer los retoques que la censura exigía a su tragedia Solaya o los circasianos, Cadalso inició su contacto con el público estrenando en 1771 Sancho Garcia, tragedia neoclásica en torno al viejo tema del conde castellano que obliga a su madre a beber el veneno que ella le tenía destinado de acuerdo con su amante moro. Tras el fracaso de este intento dramático que, no obstante, logró más tarde varias ediciones, y al que habría que añadir otra tragedia, la Numancia -desaparecida, lo mismo que Sola-

ya-, Cadalso publicó Los eruditos a la violeta, ingeniosa sátira contra la erudición superficial, cuyo éxito (1772) le anomó a añadirle un Suplemento y años despues a componer El buen militar a la violeta, editada póstumamente en 1790. En 1773, se decidió a publicar unos versos, con el título de Ocios de mi juventud y, lo mismo que Los eruditos, bajo el seudónimo de “Jose Vazquez”. El libro, en el que alternan los metros tradicionales con los de abolengo italiano, resulta algo inconsistente y no supera el nivel de la mayor parte de la poesía neoclásica de su siglo. “Dalmiro”, sobrenonbre pastoril del autor, aparece aquí como un cuntinuador de las tradiciones poéticas del siglo de oro, y como uno de los inmediatos antecedentes de la poesía de Meléndez Valdés. Mayor interes que todo ello alcanzan dos obras póstumas que hacen de Cadalso una de las más interesantes figuras del siglo XVIII: las Noches Lugubres (1792), y, sobre todo, las Cartas Marruecas (1789).

Esta última obra es la más importante de las conocidas de Cadalso; no obstante, ha merecido muy varia aceptación a lo largo del tiempo. En general, las cartas fueron elogiadas por sus contemporáneos, como, por ejemplo, Meléndez Valdés que se había pro`puesto publicarlas. Algunos neoclásicos pensaban que la dificultad para expresarse libremente coartó a Cadalso y le impedió desarrollar todas las posibilidades que su talento y el tema prometían; no faltaron, sin embargo, comentaristas que estimaron las Cartas por su acertada actitud crítica de los vicios nacionales y elogiaron su estilo y su imparcialidad. Con todo, las Cartas marruecas gozaron de considerable aceptación fuera de españa; muy tempranamenta (1808) fueron traducidas al francés, y fragmentariamente al inglés en 1825; en Estados Unidos fueron texto de uso frecuente para las clases de español en muchas universidades y colegios, incluso en Harvard; tambian fueron libro de texto bastante comun en Francia y en Inglaterra.

En las últimas décadas del pasado siglo, al agudizarse las polémicas sobre el ser de España y su regeneración, las cartas de Cadalso adquirieron rápida vigencia.

En las dos últimas décadas la persona y obra de Cadalso han atraído poderosamente la atención de numerosos investigadores, según puede advertirse por los numerosos trabajos que citamos o comentamos en estas páginas.

Como su nombre indica, las Marruecas están escritas en forma de cartas -noventa en total-, que se cruzan entre tres personajes: dos marroqíes, Gazel y Ben-Beley, y un español, Nuño. Hemos aludido en otro lugar a la moda del orientalismo difundida en el siglo XVIII por toda Europa. Cuando este orientalismo se utilizaba para enjuiciar países europeos, el artificio consistía en enfrentar la mentalidad de un oriental, tan distinto de nuestro mundo, con la realidad que contemplaba; de esta manera, por vias de una aparente ingenuidad o contraste, a través de una mirada virgen, el viajero ponía de relieve lo peculiar del país visitado, que casi siempre era ebsurdo para él. Monntesquieu, con sus Cartas persas, proporcionó el modelo clásico del género, auque ya casi antes de él vení preparándose. Su orientalismo hubo de ser más próximo y verosímil, sirviéndose además de personajes si no tomamos directamente de la realidad, basados en ella. Un embajador de Marruecos, Sidi Hamet Al Ghazzali, llamado comúnmente El Gazel, habia permanecido varios meses en España en 1766 y dejado amplia resonancia de su viaje. El Gazel de Cadalso se queda en España, después del regreso de su enbajador, para viajar por su cuenta, y emvía sus impresiones a su viejo maestro Ben-Beley al mismo tiempo que escribe a un amigo suyo español, Nuño, depositario de sus confidencias. Cadalso supone que había caído en sus manos esta correspondencia, y la publica.

Como quiera que lo que a Cadalso le interesa sobre todo es la crítica de costumbres, no insiste demasiado en la ficción novelesca de sus viajeros, y las notas ambientales que que definen a sus marroquíes son más bien escasas. Las opinionesque reflejan el pensamiento básico de Cadalso van comúnmente a cargo de Nuño, tras el cual se esconde las más de las veces el autor. En la introducción el autor hace una pirueta que destruye todo posible juego novelasco desde el comienzo. Dice Cadalso que el amigo que le dejó el manuscrito de las cartas y que “según las más juiciosas conjeturas, fue el verdadero autor de ellas, era tan mío y yo tan suyo, que éramos uno propio; y sé yo su modo de pensar como el mío mismo, sobre ser tan rigurosamente mi contemporáneo que nació el mismo año mes, día e instante que yo”. No se pueden decir las cosas más claras.

Las cartas que fueron escritas probablemente entre 1768 y 1774, ni siquiera están ordenadas por fechas, según advierte ya el autor, que dice renunciar a semejante trabajo. Tampoco siguen ninguna linea determinada de pansamiento ni se agrupan por temas; Cadalso debió de escribirlas sin pla determinado, sistema cómodo que le permite al autor barajar los asuntos según le vienen o le acomoda, y que da además al conjunto el carácter suelto y natural de auténticas cartas familiares.

Comúnmente se viene considerado a las Cartas marruecas como reflejo de la preocupación de los españoles por la naturaleza y estado de su país: una avanzada en el tiempo de lo que hoy se llama “el problema de España”. El propio autor declara su propósito en la “Introducción”. Y aclara a continuación que no desa ni llenar a su patria de improperios ni alabar todo lo que existe -sistemas opuestos que tendría su repectivo grupo de apasionados-, sino obserbar y escribir con equilibrada justicia, aunqur resulte inevitable atraerse el odio de ambas parcialidades. Esta cardinal atención a la realidad de su país tiene por objeto descubrir su auténtica naturaleza, eliminando lo accidental y lo aparente; sólo tras este análisis podrá intentarse el remedio de los males de España, que angustian al dolorido y generoso patritismo de Cadalso. Llevado de este afán, el autor le preocupan evidentemente las opiniones despctivas de los extrangeros, conbertidas ya en tópicos, y son numerosas las alusiones que a semejantes ligerezas se hacen en las Cartas.

La inequívoca y preferente atención, decíamos, al examen del país, con su finalidad patriótica y crítica, sitúa, pues, a las Cartas marruecas dentro de la más genuina literatura dieciochesca e ilustrada; así con tradicionalmente consideradas estas páginas de Cadalso y en ello creemos que reside su significación y su mérito.LA MUJER EN EL MATRIMONIO

De todos los temas que habla Cadalso, nos vamos a centrar en el de la mujer en el matrimonio, el cual se trata en las cartas X, XXII, XXIV, LXIV, LXXV y LXXVI.

Carta X:

En la décima carta,Gazel le escribe a Ben-Beley para contarle la extraña contumbre que tienen los cristianos europeos; entre ellos la religión prohíbe y no tolera la publica constunbre que tienen los marroquies llamada poligamia. Pero de hecho, dada la relajación de constumbres de muchos jóvenes, salen éstos a muchas más mujeres por día que las que nunca haya podido tener cualquier emperador turco o persa.

Gazel le cuenta la conversación que mantuvo en una casa con una noble cristiana despues de haber escuchado un discurso de un joven de veinte años, quien hablaba de las mujeres y se reducía el objeto de su harenga a ostentar un sumo desprecio hacia aquel sexo. Tras conversar con tal mujer llega a la conclusión de que los musulmanes no tratan peor a la hermosa mitad del género humano. También le contará lo que oyó decir al hermano del hombre anteriormente nombrado, quien tras preguntarle cuántas mujeres conponían su serrallo y responderle que tenía doce blancas y seis negras, le dijo que él tenía otras tantas por día como él tenia por toda su vida entera.

Carta XXII:

En esta carta Cadalso critica las bulgares cartas que anuncian ceremonias. Siempre que las bodas no se forman entre personas de iguales en haberes, genios y nacimiento, las cartas en las que se anuncian estas ceremonias a los parientes y amigos de las casas, si hibiera menos hipocresía en el mundo, se reducirían a los cuatro ejemplos que nos ofrece el autor.

Carta XXIV:

Aquí nos explicará como uno de los motivos de la decadencía de las artes de España es la repugnancia que tiene todo hijo a seguir la carrera de sus padres. En España cada padre quiere colocar a su hijo más alto, y si no, el hijo tiene buen cuidado de dejar a su padre más abajo; con cuyo metodo ninguna familia se fija en gremio alguno determinado de los que contribuyen al bien de la républica por la industria y comercio o labranza, procurando todos con increíble anhelo colocarse por éste o por el otro medio en la clase de los nobles, menos cabando a la républica en lo que producirían si trabajaran. Si se redujese siquiera su ambición de ennoblecerse al deseo de descansar y vivir felices, tendría alguna excusa moral este defecto político; pero suelen trabajar más después de ennoblecidos. Cadalso nos da el ejemplo del indiano que se haya en la misma posada que Gazel, quien tiene una serie de proyectos, todos de ambición y codicia, con el capital ganado en las Indias.

Carta LXIV:

En esta Gazel expone a Ben-Beley los tres memoriales llegados a sus manos, donde se da un informe favorable sobre los tres. El primero de los cuales trata de la moda de los sombreros de la época, efectibamente del siglo XVIII, la cual está pasando por un mal momento debido a la falta de invención. Se argumentan varias corrientes de moda y se manifiesta como el resurgir de los peluqueros perjudica a este gremio. En este va y ven de ambas tendencias, los artesanos sombrereros solicitan a marruecos un cuadernillo de láminas de los turbantes que se usan allí.

En el segundo memorial en cambio, crítica la falta de invención en el diseño de confección para solicitar los diseños de África.

Por último tenemos el tercer memorial donde se da a conocer la problemática de la moda del zapato devido a que se anda poco y la escased de modelos comodos y atractivos. Tambien en este se suplicarán los modelos africanos.

Nuño, a favor de dichos memoriales, sugiere a Gazel que sea solo para él solo, el trabajo de tal suministro ya que si los demas gremios se enterasen se aprobecharian de las circustancias para redactar otros memoralies empleando la misma táctica.

Carta LXXV:

Gazel le escribe a Ben-Beley para remitirle la carta que halló en su posada una noche de una cristiana a quien apenas conocía. Esta cristiana de veinticuatro años, casada seis veces por muerte de cónyuges, siguiendo la voluntad paterna y no su gusto, no encuetra distinción, frente a las leyes mahometanas, entre ser esclaba de un marido o de un padre.

Carta LXXVI:

En esta carta Gazel se dirije a Ben.Beley diciendole la infinidad de caprichos que tiene la moda, como por ejemplo, uno de los actuales es que le escriban cartas algunas mujeres que no le conocen sino de nombre. A continuación le da a conocer el contenido de una de las cartas escrita por una coqueta española.

Si nos referimos al genero de las Cartas marruecas diriamos que le corresponde el epistolar; composición literaria en forma de carta, cuyo fin en este caso sería satirizar la situación de las mujeres casadas de la época de Cadalso, efectivamente del siglo XVIII. El género epistolar, sólo comprende los libros de auténtica correspondencia. Así pues hay que distinguir las novelas, los tratados y los libelos en forma de carta.

Por otra parte, la literatura epistolar presenta un doble aspecto. Las más de las veces se trata de cartas personales, redactadas sin intención de publicación; si la personalidad del autor es rica y su talento de escritorespontáneo, las cartas pueden ser obras maestras. Estas por ejemplo, lo son, ya que Cadalso logró admirablemente reflejarnos exactamente la sociedad de su época. Claro, todo este trabajo lo hizo desde su prespectiba, por lo que cabe destacar el punto de vista subjetivo del escritor.

Las cartas son escritos en prosa, esactamente ensayos, género literario cuya forma expresiva es la exposición. La exposición se conpone de dos partes: la tesis y la argumentación. La tesis coincide con el tema central del texto, y es la opinión o propuesta que el autor quiere defender o proponer. Las argumentaciones son las razones de cualquier tipo que se manejan para defender la tesis.

Depende del lugar que ocupe la tesis en el texto, hay varios tipos de estructura:

La estructura analizante es donde la tesis aparece como planteamiento del tema para despues argumentar hacerca de ello, es decir, aparece como introducción. La sintetizante sería donde primero se dan las argumentaciones para después plantear la tesis como conclusión. La encuadrada sería una especie de convinación de las dos anteriores, es decir, la tesis se encuentra bien al principio como planteamiento y bien al final como conclusión, mientras que las argumentaciones se plantean entre las dos. La última es la estructura paralela, en la cual no aparece el tema de manera explicita, simplemente se obserban los argumentos.

Estructuremos una de las cartas como ejemplo de lo anteriormente explicado, lo haremos con la carta XXIV:

La estructura de esta carta sería la analizante ya que se vale de la tesis para darnos introducción alguna y despues se vale de un ejemplo para dándonos razones con las que defiende la tesis. La tesis de esta carta sería que uno de los motivos de la decadencia de las artes de España es la repugnancia que tiene todo hijo a seguir la carrera de sus padres. Las argumentaciones en cambio, nos las expone mediante el ejemplo del indiano.

En estas seis cartas Cadalso nos trata el tema de la mujer en el matrimonio de su época, es decir, del siglo XVIII. En este siglo la mujer estaba en una situación muy diferente comparandola con muestros tiempos, estaban muy marginadas y discriminadas en aquella socidad gobernada por hombres. No tenian derechos ni aprecio alguno, simplemente eran objetos de trabajo hogareño y reproducción. Hoy, gracias, a pesar de que todaia existan varias diferencias, esta situación a mejorado mucho y las mujeres estamos consiguiendo llegar al estatus del hombre. Claro que este proceso es lento, pero tendriamos que estar orgullosas de lo logrado y seguir adelante en todo aquello que creamos que nos merecemos y deve ser cambiado.

BIBLIOGRAFIA

CARTAS MARRUECAS

LITERATURA ESPAÑOLA 3.º B.U.P.

ESPASA ESCOLAR

HISTORI DE LA LITERATURA ESPAÑOLA

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