Cartas desde el infierno; Ramón Sampedro

Literatura de testimonios. Epístolas. Poesía. Ética. Eutanasia

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  • Idioma: castellano
  • País: España España
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BIOGRAFIA DEL AUTOR

Ramón Sampedro nació en Xuño, La Coruña en 1943, trabajó como marino mercante recorriendo 49 puertos del todo el mundo, hasta que a los 25, el 23 de agosto de 1968 años, tras caer al agua desde una roca se fracturó la séptima vértebra cervical quedando, así, tetrapléjico, inmovilizado todo el cuerpo excepto la cabeza, lo que le imposibilitó darse muerte sin la ayuda de otra persona.

Durante 30 años vivió soñando con liberarse de su tetraplegia a través de la muerte.

Defendió su derecho a morir dignamente en este libro “Cartas desde el infierno”, su petición de autorización judicial para no verse forzado a ingerir alimentos por vía artificial y para que su médico de cabecera pudiera recetarle fármacos sin incurrir en un delito de ayuda al suicidio fue rechazada por dos juzgados de primera instancia (Barcelona y Noya), dos audiencias provinciales (Barcelona y La Coruña) y el Constitucional.

En los medios de comunicación reivindicó su derecho a una muerte digna, y en enero de 1998, en secreto y asistido por una mano amiga, consiguió su propósito.

ARGUMENTO

Este libro nos cuenta la vida y pensamientos de Ramón Sampedro, a través de poemas y cartas escritas a personas o simplemente a la justicia, a la intolerancia,…..

Al principio Sampedro comienza explicando como fue el principio de su gran tragedia, al quedar tetrapléjico. Aunque confiesa que no existen palabras para describir lo que sucedió, su testimonio es la única forma de comprender qué se siente al entrar en el infierno:

"Había mar de fondo. Había resaca en la costa. Estaba de pie al borde del pozo natural que formaban las rocas de la playa. Ensimismado, pensaba en el compromiso de la noche. La chica me iba a presentar a sus padres. Creo que me estaba entrando el temor a la idea del compromiso matrimonial. Sin saber cómo me vi cayendo hacia el agua. No me había lanzado voluntariamente. Cuando iba por el aire me di cuenta de que la resaca había retirado casi toda el agua. No había remedio. En la vida jamás se puede volver atrás. Choqué con el mar. Toqué con las dos manos la arena del fondo, pero no bastó la reacción para frenar la inercia. Vi la arena. No era posible evitar el choque de la cabeza. Con el ángulo que llevaba de entrada en el agua, lo lógico era tocar con la cara, pero un reflejo instintivo me hizo inclinar la cabeza hacia delante. La cabeza pegó en la arena. El cuerpo quiso dar el tumbo, pero la presión del agua lo impidió. Sonó un chasquido, como el romperse de unas ramas al pisarlas. Como un pequeño y desagradable calambre recorrió mi espina dorsal y el cuerpo entero. Me acababa de fracturar la espina cervical.

Después del choque me quedé en el fondo, como un muñeco de trapo. Los brazos y las piernas colgaban hacia abajo. El cuerpo comenzó a ascender hacia la superficie. Despacio, muy despacio. Yo intentaba moverlos, pero ellos seguían inermes, como si nunca me hubiesen pertenecido.

Mi cuerpo alcanzó la superficie. Cesó todo movimiento. Sólo me quedaba el pensamiento, que se movía por un espacio infinito y en blanco. Mis ojos miraban la arena. Se me pasó por la cabeza la imagen del cielo azul, claro y limpio.

Llevaba manteniendo la respiración desde el instante que me había caído al agua. Empecé a pensar que iba a ahogarme. Pasaban los segundos. Era como si el tiempo se deslizase con celeridad y el pensamiento quisiera llevarse grabado en la memoria, antes de morir, la historia del tiempo vivido.

Dicen, a veces, que cuando las personas sienten que van a morir les pasa por la cabeza como una película a gran velocidad todo lo acontecido, todo aquello que les ha marcado para siempre. Ésta fue, desde entonces, la frase que definió lo que estaba por llegar: para siempre………….”

El resto del libro es un recopilatorio de cartas y poemas en los que Sampedro refleja sus pensamientos y sentimientos, en ellas Sampedro menciona que para él la vida comienza con el amor y que todo lo que se entiende por amor es la ley universal de la vida, un placer, una llamada, una sonrisa,…El placer es contemplar el mar, oler el perfume de sus algas, recibir un rayo de sol en la cara,…Sin embargo para él todo ese placer no equilibra el peso entre vivir y la necesidad de morir. No es amor suficiente el que le da la vida.

Su incapacidad física le causa un sufrimiento del que no pude liberase. Le causa tal humillación que su dignidad no admite. Piensa que ha de existir un equilibrio entre la mente y el cuerpo, y que si uno de los dos falla, falla el proyecto que la vida ideó, sin uno de ellos no se puede sobrevivir Para él el conservar en su memoria pensamientos, no es más que un tormento, ya que tiene deseos que sabe que nunca va a poder cumplir. No le queda esperanza. Según dice quien pierde la sensibilidad y el movimiento de su cuerpo, pierde toda esperanza de libertad. La libertad es la justicia de la vida. Y para él es la falta de libertad lo que le causa el sufrimiento, y ésta no puede ser sustituida por cosas o cuentos.

También cree que la existencia de Dios, es una deducción de la racionalidad humana, pero que es errónea. El cree en el proceso evolutivo.

AFIRMACIONES MÁS IMPORTANTES

A lo largo del libro son varias cosas de las que dice Ramón Sampedro las que me han llamado más la atención, algunas de ellas son:

  • Carta que manda a Einer Pedersen: <<usted tiene el derecho y la libertad de ser un paralítico feliz y satisfecho, protegido por las leyes de su país y aplaudido por la máxima autoridad de su Estado, pero no se olvide que discrepantes, aquellos que por un sentido ético o estético no desean agarrarse a la vida de cualquier modo, no disfrutan de las misma libertad y derechos q usted…..>>

Sampedro no acepta su condición de tetrapléjico, siente que vive en el infierno, y para él después de la muerte es cuando se alcanza el equilibrio que el ansía.

  • <<…la eutanasia es trascendencia, no es suicidio.

El suicidio es el castigo del hombre que acusa, condena y mata su dolor, pero también te acusa y condena con su acto a ti y a toda la tiranía,…El suicidio también es trascendencia.

Cuando se renuncia a la vida, pero sin que existan circunstanciales racionales de eutanasia, en vez de calificar al discrepante de trastornado, que se pregunte la sociedad dónde está la causa del suicidio. No es el fracaso de la de la razón individual sino el del colectivo….quien se suicidio es porque quiere librarse del infierno…..>>

En este capitulo al igual que otros se menciona la eutanasia y el suicidio, temas principales que bordean en todo momento el contexto del libro.

Para Sampedro, como dice claramente, el suicidio es una alternativa para la gente que sufre, es una puerta ala libertad. Los que aceptan su muerte es porque intuyen alguna forma de trascendencia.

  • Carta a Don José Antonio Sánchez: <<……reclamo ante la justicia un derecho, que pienso que está implícitamente garantizado en la norma ética y moral del Estado (Constitución). Pienso que la muerte no hay que pedirla a gritos. Hay que pedirla. Y los que tienen el poder de garantizarme que mis derechos y libertades sean reales y efectivos, lo que deben juzgar es si lo que yo planteo es o no racional.

Si es racional, hay derecho…..>>

Cree que tiene el derecho a pedir que terminen con su vida como un acto de voluntad y soberanía personal. Y el no ser lo que se dice un enfermo terminal, no quiere decir que su sufrimiento sea absurdo e inútil.

  • << Cuando un tetrapléjico expresa su voluntad de no serlo, es decir de morir, la ética médica no debería consistir en rebajar con sedantes su nivel de contienda normal hasta que se de por vencido y acepte la negociación con el sistema rehabilitador………… ¡Eso no es respeto a la libertad de conciencia del otro!>>

Se vuelve a mencionar la muerte, el derecho a que no le alarguen la vida, según el si la rehabilitación tiene el propósito de que el paciente se resigne ante cualquier desequilibrio, un buen propósito se puede convertir en una tortura aberrante, en un infierno planificado.

  • <<Cuando un estado declara una guerra, sabe que habrán de morir muchas personas en contra de su voluntad. A esas personas se les exige el sacrificio de sus vidas para defender el interés colectivo. ………

Si por defender el bien, o interés colectivo, se justifica la muerte, del mismo modo se puede justificar la muerte personal. La persona también puede decidir sacrificar su vida para defender su patria personal de la humillación y esclavitud del dolor…. >>

<<Quien desea renunciar a su vida es porque la considera un mal. El juez, el legislador, o el teócrata, si no tienen argumentos que demuestren que la causa que provoca el deseo no existe, tampoco tienen autoridad>>

Aquí Sampedro nos dice que si para él su vida no vale nada, es absurdo que otros quieran darle valor. Y al igual que existen guerras donde el Estado envía personas, muchas de las cuales van a morir, porque no ese mismo Estadojo acepta la voluntad personal de una persona a morir.

  • <<Entre locos anda el Juego de la vida ¿Qué papel prefiere usted, el de muerto o el del loco? El de muerto, que es más digno, por favor. >>

Para él es hermoso jugar a ser locos o muertos, ya que son papeles que no quiere nadie, y mas aún el ser un muerto implica el no decir, necesitar, crear ni pensar nada.

  • << el cristianismo, o cualquier religión, no puede negar el derecho de a morir racionalmente. Se verían obligados a demostrar que la razón ética es un trastorno degenerativo. Entonces habría que reconocer que Jesús era un irracional>>

<< ¡Levántate y anda! No quiere decir espera el milagro, quiere decir ¡rebélate contra todo dolor, contra toda humillación, contra toda tiranía e injusticia!>>

Sampedro no se reconoce como creyente de la religión cristiana, y el rezar el Padrenuestro ante una injusticia es una perdida de tiempo, el lo que quiere es evitar el dolor, como sea. También afirma que mientras que el hombre rece en ve de razonar, seguirá siendo explotado como cordero.

  • << El derecho de nacer parte de una verdad: el deseo del placer. El derecho de morir parte de otra verdad: el deseo de no sufrir. La razón ética pone el bien o el mal en cada de los actos. Un hijo concebido contra la voluntad de una mujer es un rimen. Una muerte contra la voluntad de la persona también. Pero un hijo deseado y concebido por amor es, obviamente, un bien. Una muerte deseada para liberarse del dolor irremediable, también. >>

Claramente nos dice que igual que el derecho que tiene todo ser humano es el de la vida, ha de existir también el derecho a la muerte, es decir, han de existir de igual manera el derecho a la nacer y a morir.

Ya para finalizar diremos las razones que Sampedro expone ante la pregunta que, casi obligadamente, se plantea todo persona que conoce su caso u otro similar, ¿TIENE LA PERSONA DERECHO A RENUNCIAR A SU VIDA?

Desde el momento en que adquiere una conciencia ética, categóricamente, sí.

1º, porque está capacitada para hacer un juicio de valor sobre el sentido de la vida como un todo genérico y de sus entrelazados derechos personales y colectivos.

2º, porque está capacitada para comprender el valor de su vida individual y las consecuencias de renunciar a ella conscientemente.

CONCLUSIÓN

El Caso de Ramón Sampedro, es un caso de actualidad ya que ha abierto el tema de la eutanasia, permitiendo debatir acerca de ella, ya que es un problema ético que está presente en la opinión de la sociedad.

Podemos entender la eutanasia voluntaria como el hecho de provocar una muerte fácil y sin dolores a un paciente que está próximo a morir debido a una enfermedad terminal. El propio paciente puede provocarse la muerte sin el conocimiento ni ayuda de otras personas, pero también puede ser provocada por otros a petición del enfermo o con su consentimiento. Si se causa la muerte contra la voluntad del paciente o sin su conocimiento, hablamos entonces de eutanasia involuntaria.

Si nos planteamos el caso en el que las condiciones de salud no existen y la enfermedad conduce al enfermo a una situación irreversible, por ejemplo, pacientes terminales que sufren un dolor intratable y experimentan una intolerabilidad hacia su pobre calidad de vida. Ellos, más bien, preferirían que su vida termine en vez de que continúe hasta que su cuerpo muera. Entonces podemos preguntarnos:

¿Se les debe dar asistencia?

¿Se está cuidando la vida o prolongando la agonía?

¿Debemos prolongar la vida mediante cualquier medio?

Cada caso es distinto, y todo dependerá, en cierta manera de los medios empleados.

Si suponemos el caso de una persona que simplemente se siente mal, que piensa que su vida no es suficiente razón para vivir, y pide ayuda para un suicidio, ¿le asesoraríamos en su suicidio, apoyándola?

El suicidio es un acto que teóricamente cualquiera puede practicar. Pero una persona que está terminalmente mal, está en un hospital o esta incapacitada no puede ejercer esta opción. En efecto, ellos están siendo discriminados. ¿Debe dárseles la misma opción de suicidio que la gente sana de fuera tiene?

La muerte es un fenómeno social, que ha estado presente a lo largo de todos los tiempos, y durante todo este tiempo siempre se ha tendido a dar algún tipo de explicación acerca de ella.

También a lo largo de los tiempos, ha habido personajes que han expuesto sus ideas acerca de este tema.

Por ejemplo, Hipócrates afirma en su juramento, que no dará medicamento mortal por más que se lo soliciten. Dice que los médicos, además del poder de curar tienen también el de matar. De ahí, que les hizo jurar que nunca usarían la medicina ni sus conocimientos para matar, aún cuando el paciente lo pidiera.

Para Kant, el suicidio es malo, porque viola los deberes y el respeto para consigo mismo.

Por otro lado, Platón afirma que hay que dejar morir a quienes no sean sanos de cuerpo.

Y Séneca, dice que es preferible quitarse la vida, a una vida sin sentido y con sufrimiento.

En definitiva podemos justificar la eutanasia diciendo que una vez que se admite que la edad, la enfermedad o la desgracia, éstas pueden convertir la vida en una carga y hacer de ella algo peor que la aniquilación. Además ningún hombre ha renunciado a la vida si ésta mereciera conservarse.

Cartas desde el infierno

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