Carlismo

Historia de España siglo XIX. Guerras Carlistas. Sociedad Navarra. Nobleza. Campesinos. Clero

  • Enviado por: Ioseba Amatriain Losa
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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LA SOCIEDAD NAVARRA Y EL CARLISMO

UNA SOCIEDAD TRADICIONAL

ÍNDICE

0. INTRODUCCIÓN.

1. LA SOCIEDAD.

1.1. BURGUESÍA.

1.2. NOBLEZA.

1.3. CAMPESINADO.

2. LA RELIGIÓN.

3. LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA.

4. ECONOMÍA.

4.1. LA AGRICULTURA.

4.2. ACTIVIDADES INDUSTRIALES.

4.3. EL COMERCIO.

4.4. LA RED DE COMUNICACIONES.

5. EL CARLISMO HOY.

0. INTRODUCCIÓN AL CARLISMO.

El carlismo es un movimiento sociopolítico español derivado del conflicto sucesorio a la muerte de Fernando VII, en 1833, entre los partidarios de los derechos al trono de su hermano Carlos María Isidro, y los de su hija Isabel II, que llevaron a tres guerras civiles durante el siglo XIX (Guerras Carlistas).

La ideología carlista se puede resumir en el lema “Dios-Patria-Rey”, que se acompañaba de monarquía católica autoritaria, de una defensa de lo tradicional y de un sistema político y jurídico propio de los fueros regionales de cada territorio. El apoyo a la causa carlista del campesinado y amplios sectores de la baja nobleza y el clero, tiene su causa en la defensa de un mundo tradicional, mayoritariamente rural, que siente como sus libertades se ven aplastadas por los intereses del centralismo liberal (formas de propiedad y pertenencia de la tierra, asociaciones de protección, pautas de conducta y sociabilidad, etc.).

Frustradas las expectativas del Sexenio Democrático que transcurrió desde 1868 hasta 1874, el fracaso bélico y la restauración de la monarquía Borbónica se tradujeron en un debilitamiento del carlismo y una primera división en 1888 propugnada por Ramón Nocedal e integristas fundadores del partido católico nacional. Proclamada la II República (1931-1939), la figura del pretendiente Alfonso Carlos propició un acercamiento al tradicionalismo, que culminó en 1937 con la fusión de los jonsistas y falangistas bajo las siglas FET y de las JONS. El apoyo de los requetés (tropas carlistas) al bando franquista durante la Guerra Civil enlazó, después de ésta, con sus concentraciones anuales en Montejurra y el definitivo, aunque no total, ocaso del carlismo en la nueva España democrática surgida tras la muerte de Francisco Franco, punto final de una larga historia de disidencia social y marginación política.

1. LA SOCIEDAD.

  • BURGUESÍA.

  • En Navarra la burguesía asumió la dirección de la sociedad en el siglo XIX. No existió un núcleo burgués fuerte que se dedicase a la industria y el comercio practicados a gran escala y con espíritu capitalista. La burguesía Navarra fue escasa en número y circunscrita a algunos núcleos urbanos. En ella se integraron fundamentalmente miembros de las profesiones liberales y comerciantes e industriales de ámbito local.

    1.2. NOBLEZA.

    Al iniciarse el siglo XIX no llegaban al centenar los títulos nobiliarios de Navarra. Más de la mitad correspondían a concesiones hechas por los Borbones en el siglo XVIII. A este estamento accedieron no sólo terratenientes e hidalgos, sino también militares, banqueros y comerciantes. Gran parte de la nobleza Navarra se hallaba vinculada a la del resto del país y era muy frecuente que no residiese dentro del territorio foral, ni acudiese a Cortes.

    La caída del Antiguo Régimen supuso la supresión de sus privilegios legales y la pérdida de sus derechos jurisdiccionales sobre numerosos pueblos. En consecuencia, su poder y su influencia social y política disminuyeron, y perdieron señoríos, aunque eran muy escasos. Las desamortizaciones, las roturaciones y las transformaciones modernas de la agricultura navarra provocaron que la nobleza tuviese que compartir su posición predominante con corraliceros, entre otros grupos.

    Las diversas guerras carlistas sirvieron para ampliar la nómina de la nobleza navarra. Muchos generales liberales recibieron títulos, como el marquesado de Estella al general Primo de Rivera. Pero su repercusión dentro de la nobleza navarra fue nula, ya que sus titulares permanecieron completamente desligados de Navarra.

    Asimismo los pretendientes carlistas premiaron a sus más fieles seguidores con títulos, como los condados de Somorrostro (al general Ollo), Abárzuza (al general Cavero) o Aldaz (a Juanmartiñena). Pero su incidencia social no fue muy grande.

    1.3. CAMPESINADO.

    La mayor parte de la sociedad navarra era campesina. La agricultura no era una actividad muy rentable, pero dio lugar a una sociedad estable, gracias a la distribución de la tierra y arrendamientos a largo plazo.

    Antes de terminar el siglo XIX, se calculaba que aproximadamente una tercera parte de las tierras cultivadas se hallaba en manos de labriegos que las cultivaban con sus propias manos, y los otros dos tercios eran cultivados por arrendatarios. La estabilidad fue ayudada por la conservación de los bienes comunales que permitían a todos los vecinos completar sus ingresos, al proporcionarles leña, pastos, madera, etc.

    Pero este régimen de propiedad tuvo su cara negativa al frenar el progreso económico y contribuir a crear una mentalidad conservadora. Al ser explotaciones familiares, favorecieron el mantenimiento de una economía de autoabastecimiento, que no producía ganancias ni acumulaba capitales, necesarios para mercados más amplios.

    Las desamortizaciones modificaron este panorama, ya que la Iglesia, aunque no tenía demasiadas propiedades, al ser vendidas, favorecieron la acumulaciones de la propiedad en manos de ciertos burguesas, labradores ricos o terratenientes, que aumentaron las rentas, perjudicando a los más humildes. La desamortización de los bienes de los pueblos tuvo más incidencia. Nació un grupo social, formado por los compradores de estos bienes, el de los corraliceros. Cuando a finales del XIX y principios del siglo XX se efectuaron las roturaciones fueron los más beneficiados, ya que poseían tierras aptas para poner en cultivo y medios para llevarlo a cabo.

    En los pueblos donde toda o casi toda la tierra libre estaba en manos de los corraliceros, al crecer la población, creció el proletariado rural, que no poseía tierras y cuyos componentes vivían como braceros. Aumentó, en consecuencia, la inestabilidad social, dando paso a motines y revueltas.

    2. LA RELIGIÓN.

    La primera manifestación del carácter tradicional de Navarra fue la religiosidad del pueblo, sentida colectivamente. Hay datos que permiten medir esa religiosidad, como, por ejemplo, el cumplimiento de la confesión y comunión por Pascua, las confirmaciones, el pago para no guardar abstinencia los viernes, etc.

    Hubo, con todo, algunos brotes de anticlericalismo, como el protagonizado por Basilio Lacort, director del periódico “El Porvenir Navarro” y luego de “La Nueva Navarra”, que llegó a ser excomulgado dos veces, a causa de su enfrentamiento con el obispo. Pero se trataba de fenómenos aislados, poco difundidos. Ya entrado el siglo XX el anticlericalismo creció en la Ribera, debida a las tensiones sociales y promovido por la izquierda, aunque su mejor momento llegará con la II República.

    La importancia del catolicismo navarro a nivel nacional fue considerable, ya que a lo largo de todo el siglo XIX y en los inicios del XX proporcionó a la Iglesia española numerosos dirigentes, llegando a dirigir importantes diócesis.

    El clero secular.

    La religiosidad navarra, unida a la costumbre del heredero único, hizo posible que el número de vocaciones sacerdotales fuese muy considerable. El poder y la influencia del clero era grande, en especial en el campo. Su cultura estaba muy por encima del nivel medio y gozaban de gran respeto, puesto que la práctica totalidad de la gente era creyente. Por ambas razones, su papel en la vida de los pueblos era muy importantes, lograban extender ideas, costumbres... o eliminarlas.


    La participación del clero navarro en asuntos políticos fue considerable. Surgió en la Guerra de la Independencia cuando algunos de ellos se echaron al monte para luchar contra el invasor francés y otros apoyaron y encubrieron a los guerrilleros desde sus parroquias. Luego, un sector no pequeño de los curas navarros estuvo siempre del lado carlista, como ocurría en la sociedad en general. El Gobierno conocía la influencia de estos curas carlistas y procuró que los obispos fuesen de su confianza para lograr disminuir la influencia política en los feligreses.

    Carlismo

    En el cuadro se ve a un cura encabezando tropas carlistas que se enfrentan a soldados liberales.


    El clero regular.

    Después de los intentos de 1809 y 1820, en 1835 el Gobierno disolvió las órdenes religiosas y se apropió de todos los conventos y monasterios. Muchos frailes se unieron a las tropas carlistas, se exiliaron o pasaron a ejercer como curas. También las monjas se vieron afectadas.

    Tuvieron que pasas muchos años hasta que los Gobiernos liberales permitiesen la restauración de las órdenes religiosas. Aunque a pesar de estas apropiaciones, Navarra continuó su tradición misionera, extendiendo por todo el mundo el catolicismo, contribuyendo a su desarrollo.

    3. LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA.

    LA EDUCACIÓN.

    El nivel de Navarra no era muy diferentes del resto de España en lo que se refiere a educación. El analfabetismo alcanzó porcentajes bastante elevados durante esta época. Al comenzar el siglo la mitad de los navarros eran analfabetos, pese a que la escolarización primaria era algo superior a la media española.

    En el campo de la enseñanza media tuvieron mayor importancia los colegios religiosos. Al amparo de la libertad de fundar centros, se comenzaron a abrir numerosos colegios por diversas órdenes religiosas. Como no había órdenes de enseñanza superior, los pocos navarros que podían hacer una carrera universitaria debían trasladarse a Zaragoza o Madrid.

    La mayoría de la gentes no necesitaba leer ni estudiar para vivir. Y los que sabía leían periódicos, publicaciones tabernarias y, sobre todo, copias y relatos de crímenes que ciegos e imposibilitados cantaban por las calles y plazas. En torno a 1900 surgieron varios periódicos, de los cuales sólo subsistieron dos: “El Pensamiento Navarro”, fundado en 1897, y “Diario de Navarra”, que apareció en 1903.

    LA CULTURA.

    En el campo de las artes, la mejor contribución de la Navarra contemporánea se dio en la música. Este florecer se vio favorecido por la formación eclesiástica de muchos navarros y cierta inclinación a este tipo de actividades.

    Una de las cumbres fue Hilarión Eslava (1807-18789), que llegó a ser director de la sección de música en el conservatorio de Madrid. Era compositor (sus mejores composiciones son religiosas), y también se dedicó a la ópera. Pero el más popular de los compositores navarros de ópera fue Emilio Arrieta (1823-1894), que fue director del Conservatorio de Madrid. Por otra parte, otro músico navarro importante fue Joaquín Gaztambide (1822-1870), que contribuyó mucho a la popularización de la zarzuela, estrenó cuarenta y cuatro de ellas.

    También fue compositor el violinista Pablo Sarasate (1844-1912). Como otros compositores de diversas zonas de España participó en las preocupaciones regionalistas de su época, sin embargo, pese a la calidad de su obra, lo que le dio fama y renombre mundiales fueron sus facultades como violinista. Por las mismas fechas se hizo internacionalmente famoso el tener roncalés Julián Gayarre (1843-1889), que actuó en los mejores teatros de la ópera europeos y americanos.

    Pero, junto a estas individualidades, hay que destacar el Orfeón Pamplonés, que sigue desempeñando un papel fundamental en el panorama musical navarro, siendo una de las corales españolas más prestigiosas.

    4. ECONOMÍA.

    4.1. LA AGRICULTURA.

    Los cultivos fundamentales eran los integrantes de la trilogía mediterránea (trigo, vid y olivo), porque las zonas de Navarra en las que predominaban las actividades agrícolas se situaban, en su mayoría en esta zona climática y cultural. Según estimaciones de Yanguas y Miranda, la región producía ante todo vino y trigo, con cifras que se situaban muy por delante de los demás cereales.

    En lo referente a la ganadería, el sector ovino era el más importante con notable diferencia. La mitad de todas las cabezas totales eran ovejas, en el que el principal provecho era la lana. El ganado mular reunía pocos ejemplares pero alcanzaba precios muy altos, ya que era imprescindible como medio de transporte y de trabajo agrícola. Auque el sector cabrío era superior en número al vacuno y al de cerda ambos eran más importantes debido a su valor.

    En total, el 87% de la riqueza producida por Navarra eran productos agropecuarios. Navarra era a principios del siglo XIX una región volcada en actividades agro-pecuaria.

    La primera mitad del siglo XIX supuso un fuerte desarrollo ganadero, el crecimiento se centró en tres especies. El ganado de cerda se triplicó, el vacuno aumentó en torno a un 40%, y el crecimiento lanar osciló en torno a un 20%. Sin embargo, a partir e entonces la ganadería Navarra observó un descenso notable y general, que comprendió a todas las especies, siendo especialmente grave en el ganado de cerda, en el asnal y en el lanar.

    Navarra vivió muchos años de decadencia de la producción cerealista, debido a la competencia de granos extranjeros, vendidos en España a precios mejores. En cambio, en torno a los años setenta del siglo XIX la ruina el viñedo francés a causa de la filoxera supuso una ayuda para este sector de la economía navarra.

    La tierra aprovechada para el cultivo en 1890 era muy escasa, sin haber aumentado casi nada durante todo el siglo. Pocas veces sobrepasaba la mitad de la extensión de cada municipio. En bastantes de los pueblos no llegaba al 30% y en muchos del N.O. húmedo no alcanzaba el 10%.

    En 1892 cesaron las exportaciones de vinos a Francia, mientras que la filoxera aparecía entonces en Navarra, quedando arrasada la casi totalidad de las hectáreas de viñedo navarro.

    Surge una crisis agrícola que hace crecer la emigración debido a las malas cosechas, disminución de la industria, el recargo de impuestos, y la pobreza de muchas poblaciones navarras.

    4.2. ACTIVIDADES INDUSTRIALES.

    Al comenzar el siglo XIX, la producción de la industria navarra suponía cerca del 8% de la riqueza producida por la economía Navarra. Esta escasa importancia de la industria siguió siendo una característica en todo el siglo XIX. Al iniciarse el XX, empezaron anotarse ciertos cambios, pero no los suficientes y Navarra siguió siendo fundamentalmente agrícola.

    Las primeras industrias navarras eran las derivadas de la agricultura. Al mediar el siglo XIX, la región se hallaba sembrada de molinos harineros. Se trataba de empresas diminutas, creadas por autoridades de los pueblos para resolver el abastecimiento de cada lugar y sin fines empresariales, mayoritarias en las zonas montañosas pero más pequeñas, y relativamente más grandes por el Sur, siendo el número de molinos menor, pero el volumen de su producción mucho mayor.

    En todo el Pirineo y en las demás montañas de la mitad septentrional la madera para la exportación había adquirido cierta importancia. Hasta ya avanzado el siglo XX los troncos descendían sueltos o en almadías por los ríos Iratí, Salazar, Esca y Aragón.

    Minería y metalurgia.

    La guerra carlista de 1833-39 fomentó la explotación de algunas minas, alcanzando la industria extractiva cierta relevancia. Cuando acabó la guerra, muchas de ellas pasaron a no ser rentables y casi la mitad tuvieron que cerrar. En la mitad de ellas se extraía hierro, que junto con el cobre y el plomo eran los minerales más frecuentes.

    La industria metalúrgica, a mediados del siglo XIX seguía siendo artesanal y predominaban las empresas familiares. Como el hierro espático que se extraía en Navarra era de mala calidad, había que mezclarlo con el importado de Vizcaya. En los años cuarenta del siglo XIX comenzó a llegar un cierto afán renovador y se instalaron altos hornos, pero la situación no cambió.

    Los textiles.

    Junto con la metalurgia fueron los sectores más desarrollados por la revolución industrial. Su desarrollo en Navarra fue escaso. En las capitales de los partidos judiciales funcionaban durantes el siglo XIX algunos batanes, lencerías, fábricas de paños y algunas filaturas. Al parecer, no eran suficientes para abastecer la región y sólo elaboraron una parte de su producción de lana.

    4.3. EL COMERCIO.

    El comercio interior.

    En las referencias del siglo XIX a ferias y mercados de la región consistían en las transacciones de los excedentes de los productos agrícolas de cada comarca. Se supone que se trata de una economía de autoabastecimiento y que los intercambios a más distancia eran secundarios.

    Al ser comarcal el ámbito de las transacciones, el desenvolvimiento del marcado y de los centros regionales era reducido. En torno a 1850 tenían notable actividad las ferias y mercados de Burguete y Ochagavía en el Pirineo, Lesaca, Alsasua y la Ulzama en el noroeste, o Lumbier y Aoiz en las Cuencas prepirenaicas. Por lo demás, Pamplona, Estella y Tafalla constituían los centros más importantes de estas actividades.

    El comercio exterior.

    Teniendo en cuenta que la producción y el comercio interior formaban parte de una economía de autoabastecimiento, el peso del comercio exterior era mínimo.

    Navarra compraba, sobre todo, los alimentos que no producía: no sólo coloniales y especias, sino también otros que indican cierta insuficiencia de las actividades agropecuarias (huevos y aceite, llegados del interior de España, y todo género de ganado, procedente de Francia). Y compraba también manufacturas, acero vizcaíno y ciertas materias primas como la madera aragonesa y castellana y el carbón vasco.

    Navarra exportaba, sobre todo, materias primas (lana) y cereales, además de contribuir al abastecimiento vinícola de Vascongadas. Una pequeña parte de la producción metalúrgica salía para América. Pero es significativo que las manufacturas que tenían más clientes eran las alpargatas, además de los peines y las cucharas de boj, para Castilla y Aragón.

    4.4. LA RED DE COMUNICACIONES.

    Carreteras y caminos.

    Antes de que mediara el siglo XIX la red de vías era limitada, lo que no quiere decir que fuese insuficiente para las necesidades de la economía Navarra. De Pamplona sólo partían cuatro carreteras que estaban en condiciones de soportar cualquier tipo de tráfico y carruaje de la época: hacía Vascongadas, hacia el Sur, uno que llegaba hasta Estella, y la cuarta hasta Lumbier. En 1847 se abrió una quinta vía entre Pamplona y la frontera por Velate y Vera de Vidasoa. Los demás eran carretiles y caminos de herradura, que no permitían el paso de los carros, al menos en las estaciones lluviosas. El paso hacía Francia en el nordeste se hacía por simples portillos.

    La situación cambió durante la segunda mitad del XIX y la primera del XX, ya que la red de carreteras se amplió, se abandonaron ciertos carretiles, por lo tanto, se simplificó y mejoró, y se extendió el ferrocarril.

    El ferrocarril.

    El desarrollo del ferrocarril fue escaso, debido, podría ser, por el temor a la apertura de posibles vías que facilitase la invasión de España en caso de guerra, la propia autonomía fiscal y la defensa de los comunales frente a la desamortización civil de 1855. Navarra únicamente fue rozada por dos vías importantes: la del Ebro y la de Madrid-Irún. A finales del siglo XIX se construyeron los tramos Tudela-Tarazona y Cortes-Borja. En 1920, se tendió el que iba de Estella a Vitoria.

    5. EL CARLISMO HOY.

    Hoy en día, el carlismo sigue existiendo de forma organizada, sobreviven dos pequeños grupos: el Partido Carlista (último representante del carlismo socialista, federalista y autogestionario) y la refundada Comunión Tradicionalista Carlista. Además existen algunos grupos tradicionalistas y grupos juveniles estructurados al Círculo Carlista San Mateo en Madrid.

    Sociológicamente, podría entenderse que algunos tics de la mentalidad Navarra, en particular, se encuentran íntimamente entrelazados con el carlismo sociológico: sentido de grupo, gusto por lo propio, generosidad y entrega personal, apego a las tradiciones, espontaneidad, sustrato religioso…

    El llamado "carlismo sociológico" ha desaparecido, aparentemente. No obstante, encontramos a antiguos carlistas (o hijos de carlistas) en todo el sistema político navarro. Por ejemplo, Tajadura, dirigente de la izquierda del PSOE, Jaime Ignacio del Burgo (UPN), Florencio Aoiz Monreal (de familia carlista de Tafalla), Juan Cruz Alli (líder de Convergencia de Demócratas de Navarra), etc. Aquéllos de acentuadas convicciones navarristas engrosaron las filas de UPN. No obstante, en algunas zonas del norte de Navarra, la base de este partido es básicamente gente de edad de antigua pertenencia carlista.

    BIBLIOGRAFÍA.

    Enciclopedia Encarta 2000.

    www.iespana.es/revista-arbil

    Revolución liberal, expolios y desastres de la 1ª guerra carlista en Navarra y en el frente norte, Ramón del Río Aldaz. Gobierno de Navarra.

    Historia de Navarra, varios autores, Editorial Kriselv.