Cantigas; Alfonso X el Sabio

Literatura española de la Edad Media. Canciones y poesía galaico-portuguesa medieval. Biografía. Miniaturas. Arte trovadoresco

  • Enviado por: Paco Estrada
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Las Cantigas de Alfonso X el Sabio

Cantigas; Alfonso X el Sabio

Cantigas

Canciones monódicas galaico-portuguesas de los siglos XI, XII y XIII, de carácter profano o religioso. Tiene sus orígenes en el arte trovadoresco que surge en Francia durante la edad media. Las buenas relaciones que por aquel entonces existían entre Francia y algunas regiones de España, como el reino de León, hicieron que muy pronto surgieran trovadores en ese país. Así se desarrolló en las tierras galaico-portuguesas, antes que en el resto de España, la lírica medieval.

Arte trovadoresco: Los poetas líricos en lengua de oc (provenzal) y poetas líricos en lengua de oïl (francés antiguo). El término deriva del verbo trobar (componer versos). Su actividad se desarrolla en Francia entre finales del siglo XI y finales del siglo XIII. Los trovadores, afincados en la región de Provenza, se inspiraron en el antiguo concepto griego de poema lírico como composición vocal. La poesía de los trovadores figura entre las primeras muestras literarias en una lengua distinta del latín, lengua literaria por excelencia durante la edad media. Sus poemas emplean nuevas formas, melodías y ritmos, originales o copiados, de la música popular. El primer trovador del que se tiene noticia fue Guillermo IX de Aquitania. La mayoría de los 400 trovadores que vivieron en esta época fueron nobles o reyes para quienes componer e interpretar canciones era una manifestación más del ideal caballeresco. La música de los trovadores desapareció progresivamente a lo largo del siglo XIII con la destrucción de los reinos del sur de Francia durante las guerras religiosas.

De todos los cancioneros que aparecieron en aquella época con cantigas de amor y de escarnio, se ha perdido casi todo. Sólo se han conservado seis de las siete Cantigas de Amigo (o de amor),mas populares esta dedicada a una doncella del trovador gallego Martín Codax del siglo XIII, de las cuales la más conocida es Ondas de mar de Vigo, algunas piezas de trovadores catalanes, las cantigas de burla que representan la vertiente satírica de la poesía galaicoportuguesa y la colección más importante, conocida como las Cantigas de Santa María del rey Alfonso X el Sabio. Esta obra, la más importante de la lírica española, recopilada en el siglo XIII, contiene 417 poemas en lengua culta gallega, compuesto en metros populares(como el zéjel) y cultos o de maestría. Se dividen en dos clases: las cantigas de miragres, que relatan milagros o favores de Nuestra Señora, y las cantigas de lloor que son un canto de alabanza a la Virgen. Parece que el Rey tuvo un especial interés en esta colección, dirigiéndola personalmente y colaborando con melodías compuestas por él mismo. El origen de estas cantigas es diverso: unas procedían de modelos anteriores de carácter litúrgico y popular, como secuencias, lais y melodías de sabor gregoriano y otras estaban compuestas por el propio Rey o sus colaboradores. Los milagros que relatan solían ser sucesos locales de carácter milagroso o histórico, o episodios legendarios que procedían de Europa a través de cancioneros que el mismo Rey podía haber conocido.

Las Cantigas de Santa María se conservan en cuatro códices: dos en la biblioteca del monasterio del Escorial, uno en la Biblioteca Nacional de Madrid y un cuarto en la biblioteca de Florencia. Los cuatro manuscritos contienen una bellísima colección de miniaturas donde aparecen ilustrados más de 35 instrumentos musicales, tocados por moros, judíos y cristianos. En 1884 la Real Academia Española publicó en dos volúmenes el texto de las cantigas; en 1992 apareció un tercero con la transcripción musical de Julián Rivera, y en 1943 Higinio Anglés realizó un gran trabajo de investigación sobre ellas. Ésta es una de las colecciones de música medieval más apreciadas y valiosas que se conservan en el mundo; se trata de un fenómeno singular en toda Europa.

Alfonso X el Sabio

Biografía: (1221-1284), rey de Castilla y de León (1252-1284). Hijo de Fernando III y Beatriz de Suabia. A la muerte de su padre reanudó la ofensiva contra los musulmanes, ocupando las fortalezas de Jerez (1253) y Cádiz (1262). En 1264 tuvo que hacer frente a una importante revuelta de los mudéjares asentados en el valle del Guadalquivir. La tarea más ambiciosa del rey fue su aspiración al Sacro Imperio Romano Germánico, proyecto al que dedicó más de la mitad de su reinado. La última familia que había ostentado la titularidad del Imperio eran los Staufen, de la que descendía por línea materna Alfonso X. Junto al rey sabio apareció otro candidato al Sacro Imperio, el inglés Ricardo de Cornualles. En 1257 los siete grandes electores del emperador no unificaron su decisión y durante varios años el Imperio estuvo vacante, ya que ninguno de los dos candidatos consiguió imponerse. Finalmente, en septiembre de 1272 Rodolfo de Habsburgo fue elegido emperador y en mayo de 1275 Alfonso X renunció definitivamente al Imperio ante el papa Gregorio X.

Los últimos años de su reinado fueron especialmente sombríos. Desde 1272 un sector de la alta nobleza se enfrentó al monarca. Además, la muerte en 1275 del infante Fernando, primogénito de Alfonso X, abrió un disputado pleito de sucesión. Los hijos de este infante, los llamados infantes de la Cerda, Alfonso y Fernando, pugnaron por la sucesión a la Corona con el infante Sancho, segundo de los hijos de Alfonso X. Finalmente fue este último infante el que consiguió imponerse en el trono.

En el terreno económico Alfonso X facilitó el comercio interior en su reino con la concesión de ferias a numerosas villas y ciudades. El rey estableció un sistema fiscal y aduanero avanzado que potenció los ingresos de la Hacienda regia. La más conocida disposición del rey sabio en asuntos económicos fue el reconocimiento jurídico del Honrado Concejo de la Mesta, institución aglutinadora de los intereses de la ganadería trashumante del reino.

Una de las facetas más importantes de su reinado fue su labor legisladora, indisolublemente ligada a la introducción en Castilla y León del Derecho Romano. Bajo su impulso se organizó un formidable corpus de textos jurídicos, tanto doctrinales como normativos. Sus obras más significativas en este terreno fueron el Fuero Real, el Espéculo y las Siete Partidas.

Las grandes realizaciones del monarca en el campo de la cultura le merecieron con justicia el apelativo de 'Sabio'. La nota más singular de su empresa cultural fue su vinculación simultánea a Oriente y Occidente. Con él se desarrolló en la Corona de Castilla una cultura de síntesis, en la que entraban ingredientes tanto cristianos como musulmanes y judíos. La fecundidad de la colaboración entre intelectuales de las tres culturas tiene su máxima expresión en la Escuela de Traductores de Toledo. Dentro de esta magnífica empresa cultural brilla con luz propia la Astronomía, cuya obra más significativa fue las Tablas astronómicas alfonsíes elaboradas en 1272. La actividad historiográfica de Alfonso X y de sus colaboradores se concretó en obras como la Estoria de España y la Grande e General Estoria, redactadas en lengua romance como prueba del importante apoyo del monarca al idioma castellano. En el campo de la poesía Alfonso X nos ha transmitido un espléndido repertorio de Cantigas, siendo las más conocidas las de carácter religioso o de Santa María. El monarca castellano-leonés potenció notablemente los estudios musicales y en el terreno propiamente recreativo destaca la obra que salió de los talleres alfonsinos llamadas Libros de ajedrez, dados e tablas. Por lo que se refiere a la arquitectura, la obra más importante llevada a cabo durante su reinado fue la catedral de León.

Cantigas; Alfonso X el Sabio

Monasterio de San Lorenzo del Escorial

Monasterio-palacio construido entre 1563 y 1586 por el rey Felipe II de España a 43 km al noroeste de Madrid, la villa elegida por el monarca como capital del recién instaurado estado español. En su seno se incluyen un monasterio de la orden de los Jerónimos, una gran iglesia basilical, un colegio, una extensa biblioteca donde se conservan dos de los cuatro codices de las cantigas de Santa María. Es un palacio real y el Panteón de los reyes de España. Toda esta enorme obra arquitectónica configura un conjunto uniforme de 208 m x 162 m de superficie, cuatro plantas de altura, fábrica de sillares de granito y pronunciadas cubiertas de pizarra, herederas de la tradición constructiva de Flandes.

El principal motivo que impulsó al rey a erigir este impresionante edificio fue el de disponer de un enterramiento monumental para su dinastía —una idea sugerida por su padre, el emperador Carlos I—, que al mismo tiempo se convirtiera en símbolo de su reinado y conmemoración de la victoria de San Quintín, acaecida el día de San Lorenzo de 1557. El arquitecto Juan Bautista de Toledo proyectó en colaboración con el monarca la llamada traza universal escurialense, una planta reticular organizada en patios simétricos respecto a la basílica, que sobresale ligeramente por la fachada oriental, asimilada en ocasiones a la parrilla donde San Lorenzo sufrió el martirio. A la muerte de Toledo en 1567, Juan de Herrera ocupó su puesto en la dirección de las obras. Aunque no modificó las trazas generales, rediseñó la basílica —basándose en un informe crítico del italiano Francisco Paccioto de Urbino—, que se convirtió en un templo centralizado bajo una enorme cúpula, de planta cuadrada y proporciones exquisitas; uniformó la fachada principal, incorporando un nuevo cuerpo presidido por una gran portada monumental que anuncia la fachada real de la iglesia; y construyó el templete del patio de los Evangelistas, una muestra excepcional del clasicismo herreriano. El panteón es la única parte del edificio construida con posterioridad a la muerte de Felipe II, y en él descansan los restos de los reyes españoles, así como de numerosas reinas e infantes.

Entre los innumerables tesoros de El Escorial destacan la colección de manuscritos e incunables que alberga la Biblioteca de Grabados, situada en la galería superior de la fachada occidental y decorada con pinturas al fresco de Carducho y Pellegrino Tibaldi; la colección de tapices, que incluye telas flamencas y piezas tejidas por la Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, y el museo de pinturas, que contiene obras de destacados artistas como El Bosco, Alberto Durero, Tiziano, El Greco, Paolo Veronese, Jacopo Tintoretto, Petrus Paulus Rubens, José de Ribera, Francisco de Zurbarán o Diego de Velázquez.

Los reyes posteriores a Felipe II, y en especial los Borbones, dejaron de utilizar El Escorial como residencia palaciega por su extrema austeridad, muestra de los hábitos monásticos del primer Austria. Baste señalar que los aposentos reales están comunicados con la basílica para que el rey pudiera asistir desde su lecho a los oficios religiosos. Sin embargo, años después, el todavía príncipe Carlos IV encargó en 1772 a su arquitecto Juan de Villanueva la construcción de dos pabellones de recreo en las cercanías del monasterio, la Casita del Príncipe y la Casita de Arriba, magníficos ejemplos de arquitectura neoclasicista.

Miniatura

Pinturas, generalmente retratos, de pequeño formato. Son las que aparecen, normalmente, acompañando. La palabra miniatura no se refiere al tamaño, sino que procede de minio, un óxido de plomo (cinabrio rojo) que se empleaba en la edad media para la decoración de manuscritos. Las técnicas que se desarrollaron en esta modalidad del arte fueron aplicadas posteriormente a la creación de pequeños retratos, que acabaron por ser llamados miniaturas. Para llevar a la práctica este arte tan delicado, los miniaturistas suelen emplear pinceles finos y puntiagudos con los que pintan en superficies de tan diversa naturaleza como el dorso de un naipe, pergamino, metal y marfil.

La miniatura, en forma de imágenes estilizadas, se practicaba ya en Asia en tiempos antiguos. La técnica estaba muy desarrollada en Irán, especialmente durante los siglos XV y XVI. El artista Bihzðd, cuyas obras denotan un gran sentido del color, de la descripción y del dibujo, marcó un estilo que fue seguido por sus discípulos. Entre los temas preferidos se encontraban motivos de caza, de batallas y del ambiente cortesano, así como temas literarios. Estas miniaturas, que cabían en la palma de la mano, las encargaban los clientes ricos que las exhibían en acontecimientos sociales. Hasta esta época las miniaturas eran las ilustraciones características de manuscritos, códices y de los primeros libros antes de la aparición de la imprenta, que se produjeron tanto en Europa, como en la América prehispánica.

En España, el rey Alfonso X el Sabio (1221-1284) encargó una de las miniaturas más destacadas de la época, las famosas Cantigas de santa María. En el siglo XV Rafael Destorrents, hijo del también miniaturista Ramón Destorrents, realizó una de las obras más refinadas de este género en estilo gótico internacional en el Misal de santa Eulalia (1403), en la catedral de Barcelona. Entre los libros de horas y breviarios que se conservan en la actualidad destacan el Brevario de Fernando el Católico en la biblioteca de El Escorial y los Libros de horas de Isabel la Católica en la capilla Real de Granada.

Desde principios del siglo XVIII hasta mediados del XIX, el arte de la miniatura atravesó épocas de declive y de resurgimiento. En Europa se realizaron algunas miniaturas llenas de elegancia y de vivacidad a finales del siglo XVIII, si bien este arte fue perdiendo su carácter íntimo para transformarse paulatinamente en una copia de pequeño formato, falta de inspiración, de los retratos contemporáneos a tamaño natural. En la década de 1850, la miniatura quedó condenada a la desaparición por el desarrollo de la fotografía, capaz de retratar con más rapidez, economía y fidelidad.

Cantigas

Cantiga de amigo

Meendiño

Sedia-m'eu na ermida de San Simion
e cercaron-mi as ondas, que grandes son:
eu atendend'o meu amigo,
eu atendend'o meu amigo!

Estando na ermida ant'o altar,
[e] cercaron-mi as ondas grandes do mar:
eu atendend'o meu amigo!
eu atendend'o meu amigo!

E cercaron-mi as ondas, que grandes son,
non ei [i] barqueiro, nen remador:
eu atendend'o meu amigo!
eu atendend'o meu amigo!

E cercaron-mi as ondas do alto mar,
non ei [i] barqueiro, nen sei remar:
eu atendend'o meu amigo!
eu atendend'o meu amigo!

Non ei i barqueiro, nen remador,
morrerei fremosa no mar maior:
eu atendend'o meu amigo!
eu atendend'o meu amigo!

Non ei [i] barqueiro, nen sei remar
morrerei fremosa no alto mar:
eu atendend'o meu amigo!
eu atendend'o meu amigo!

Fuente: José Joaquim Nunes (ed.) (1926): Cantigas d'amigo dos trovadores galego-portugueses. Vol. II. Coimbra: Imprensa da Universidade. Reimpresión: New York, Kraus Reprint, 1971, pp. 229-230.

Cantigas de amor

Bernal de Bonaval

A dona que eu am' e tenho por senhor
amostrade-mh-a, Deus, se vos em prazer for,
se non dade-mh-a morte.

A que tenh' eu por lume d' estes olhos meus
e por que choran sempr' , amostrade-mh-a, Deus,
se non dade-mh-a morte.

Essa que vós fezestes melhor parecer
de quantas sey, ay Deus!, fazede-mh-a veer,
se non dade-mh-a morte.

Ai, Deus! qui mh-a fezestes mays ca mim amar,
mostrade-mh-a u possa com ela falar,
se nom dade-mi-a morte.

Fuente: Mª Luisa Indini (ed.) (1978): Bernal de Bonaval. Poesie. Bari: Adriatica Editrice, pp. 113-114.

Cantiga de Santa María

Afonso X

Non me posso pagar tanto
do canto
das aves nen do seu son,
nen d'amor nen de mixon
nen d'armas - ca ei espanto,
por quanto
mui perig(o)sas son,
- come dun bon galeon,
que mi alongue muit'aginha
deste demo da campinha
u os alacrães son;
ca dentro no coraçon
senti deles a espinha!

E juro par Deus lo santo
que manto
non tragerei nen granhon,
nen terrei d'amor razon
nen d'armas, por que quebranto
e chanto
ven delas toda sazon;
mais tragerei un dormon,
e irei pela marinha
vendend' azeit' e farinha;
e fugirei do poçon
do alacran, ca eu non
lhi sei outra meezinha.

Nen de lançar a tavolado
pagado
non sõo, se Deus m'ampar,
aqui, nen de bafordar;
e andar de noute armado,
sen grado
o faço, e a roldar;
ca mais me pago do mar
que de seer cavaleiro;
ca eu foi já marinheiro
e quero-m' ôi-mais guardar
do alacran, e tornar
ao que me foi primeiro.

E direi-vos un recado:
pecado
nunca me pod'enganar
que me faça já falar
en armas, ca non m'é dado
(doado
m'é de as eu razõar,
pois-las non ei a provar);
ante quer' andar sinlheiro
e ir come mercadeiro
algûa terra buscar,
u me non possan culpar
alacran negro nen veiro.

Fuente: M. Rodrigues Lapa (ed.) (1970): Cantigas d`escarnho e de mal dizer dos cancioneiros medievais galego-portugueses, 2ª ed., Vigo: Galaxia, pp. 13-16.