Cantar del Mío Cid

Literatura española medieval. Poesía épica. Cantares. Argumento. Cid Campeador

  • Enviado por: Pingu
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas
publicidad
cursos destacados

Escritor
CCC
¿Te has visto en la necesidad de contar algo por escrito y no has encontrado las palabras adecuadas? ¿O no has sabido...
Solicita InformaciÓn

publicidad

CANTAR DEL MÍO CID

EL DESTIERRO

El Cid lucha contra el rey Almudafar, rey de Granada porque está enfrentado con el rey Almutamiz, rey de Sevilla. El de Granada ataca con el reino de Almutamiz y el Cid, que como bien sabe que Almutamiz es vasallo del rey Alfonso, lo defiende.

El Cid recupera las ganancias de Sevilla y llega a Castilla, allí el rey le recibe con grandes honores, pero unos enemigos del Campeador cuentan que el Cid se ha quedado con gran parte del botín recuperado de Sevilla, motivo por el cual el rey Alfonso lo destierra.

Aún así el Cid cuenta con sus seguidores encabezados por su primo hermano Álvar Fáñez Minaya. Van de camino a Burgos, pero allí nadie les puede ayudar porque el rey ha enviado una carta prohibiendo que socorran al Cid, de lo contrario serán duramente castigados.

Martín Antolinez, pero, sí que les ayuda timando a los judíos Raquel y Vidas diciendo que las arcas están llenas de oro, cuando es arena lo que hay. El Cid con este negocio gana 600 escudos y Don Martín Antolinez 40. acto seguido el Cid emprende ruta a San Pedro de la Cardeña para despedirse de su mujer y sus hijas.

[Tras tener que dejar sus posesiones y caudales por la pena de destierro, el Cid alcanza el punto de carencia de su familia. El final del episodio muestra que la quiebra de la unión familiar es lo que más pesa al Cid, lo que subraya su dimensión humana y acentúa en esa vertiente de las pietas paterno-conyugal la profundidad de su virtud más característica, la mesura.]

El Cid llega a Cardeña, va a visitar al abad don Sancho para que cuide de su mujer e hijas en su ausencia, sin escatimar en nada. El hecho de que don Sancho puede hospitalizar al Cid es porque el monasterio tenta la inmunidad como recinto sagrado respecto de la justicia civil. El Cid pide a su mujer que le gustaría ver casadas a sus hijas cuando regrese.

Cientos de hombres procedentes de Burgos, entre ellos, Martín Antolinez, lo dejan todo para irse con el Cid y apoyarle en sus nuevas azañas. La última noche del Cid en Castilla se te aparece el ángel Gabriel.

[La aparición en sueños del ángel Gabriel es el único episodio de índole sobrenatural del CMC, si bien atemperada por producirse en sueños, es decir en un ámbito ajeno a la vigilia y de contornos imaginarios, nocturnos e irreales. La aparición es respuesta a la invocaciones a Dios y a la Virgen formuladas por el Cid.]

[Nada más comenzar su destierro, el Cid ya inicia sus actividades guerreras para conseguir dos objetivos: el botín para mantener a su hueste y hechos gloriosos de armas para restaurar su honra.]

Castejón cae en poder del Cid por sorpresa, entra por la puerta de la ciudad y la libera de los moros, se queda con el oro y la plata. Como no tiene con quién compartir la quinta (parte que le corresponde del botín como capitán) decide venderla a los moros, cosa que Alfonso VI seguro que ve muy bien ya que castigaba severamente a los cristianos que atacaban a los moros.

El Cid gana en Castilla de Alcocer contra los moros con una buena estrategia, había dejado parte de su gente escondida en celada, para cortar la retirada de los de Alcocer. El Cid tiene piedad de los pocos moros que quedan el Alcocer y ordena que sean sirvientes en lugar de venderlos o matarlos.

[Los triunfos del Cid en Castejón y Alcocer, así como la exitosa algara por territorio de moros, siembran la inquietud entre los musulmanes que empiezan a organizar su ejército.]

Ateca, Terrer y Calatayud envían un mensaje al rey de Valencia por su desacuerdo con las conquistas que ha hecho el Cid en Castejón y Alcocer.

[La necesidad de combatir que tenían los desterrados era porque sin la ganancia obtenida en asaltos y saqueos contra moros carecían de medios de subsistencia.]

Motivo por el cual deciden combatir contra los moros ya que éstos les han quitado el agua.

[Álvar Fáñez predice la llegada de noticuas de la batalla de Castilla sin sospechar que él será el encargado de transmitirlas al rey. Esta es la primera vez en que Álvar Fáñez desempeña la función de mediador entre el Cid y el rey Alfonso, imprescindible en la trama de la obra.]

El Cid tras ganar la batalla contra los moros cumple su promesa de recompensar a los que le han ayudado y confiado en él desde que lo desterraron, enriquece de este modo a sus vasallos, caballeros y peones.

Minaya llega a Castilla, le cuenta al rey Alfonso que el Cid ha ganado la batalla de Alcocer, que cuando lo supo el rey de Valencia mandó que lo cercaran (al Cid) y en efecto, le cortaron el agua. Pero el Cid salió del castillo a lidiar en campo y venció a dos emires. Enormes fueron sus ganancias y como muestra le trae 30 caballos.

Minaya le pide al rey el perdón del Cid, pero éste sólo le concede su perdón, el perdón de Álvar Fánez.

[El razonamiento que guía la respuesta del rey a la petición formulada por Álvar Fáñez es claro: dejar sin efecto la ira regia suscitada por el Cid en tan breve plazo que iría en menoscabo de la propia autoridad del rey. Sin embargo, éste se congratula de los logros del Cid en sus combates contra moros, y lo muestra aceptando el presente que el envía, levantado a Álvar Fáñez su castigo y permitiendo a quien quisiera incorporarse a la hueste del Cid sin caer por ello en la ira regia. Es el primer paso hacia la reconciliación que cerrará la primera de las dos situaciones e conflicto que formaran la trama del CMC.]

El rey promete no confiscar las heredades de los que se vayan con el Cid. Minaya interpreta la actitud del rey como un indicio del futuro perdón al Cid.

El Cid va de un lugar para otro hasta llegar a los alrededores de Barcelona, su conde, don Ramón Berenguer, caracterizado por su vanosidad y ostentación provoca al Cid hasta que éste responde con una batalla.

En la batalla los de Barcelona van vestidos con gran ostentación, grandes trajes a diferencia de los del Cid, éstos son mucho más eficaces y no tan “hermosos para la vista”.

El Cid también gana la batalla y hace prisionero al conde don Ramón Berenguer, éste rechaza toda la comida ofrecida por el Cid ya que está haciendo una huelga de hambre, aunque fruto una vez más de la ostentación, no queda más allá de una bocacería de conde, ya que cuando el Cid le dice que si no come no les dejará libres, los tres se ponen a comer como nunca. El Cid finalmente les deja en libertad, pero se queda con sus enormes riquezas.

BODAS DE LAS HIJAS DEL CID

[Este segundo cantar continúa narrando las actividades guerreras del Cid en su exilio, ahora orientadas hacia Valencia y su entorno.]

El Cid va conquistando de pueblo en pueblo toda Valencia durante tres años el dominio de ella es total. Le lleva nueve meses conquistar la ciudad de Valencia hasta que por fin los moros se rinden. Antes, pero, el Cid había puesto un pregón que anunciaba que todo aquel que quisiera venir con él obtendría grandes ganancias y podría expandir su cristiandad por aquellas tierras.

[Sorprende el breve relato de la toma de Valencia comparado con el extenso de las de Castejón y Alcocer, de menor importancia. Hay razones: las acciones sobre estas localidades son las primeras del Cid desterrado, y su buen fin, la prueba de su competencia militar, indiscutida cuando alcanza Valencia. Además de la estrategia sobre Castejón y Alcocer es mejor para un tratamiento dinámico del combate que el estático cerco sobre Valencia, menos vistoso narrativamente. Por último, la toma de ésta aportará al Cid satisfacciones diferentes de las militares.]

El Cid pide a Minaya que vaya a Castilla y le ruegue al rey Alfonso que le deje traer a su mujer y sus hijas, así como pagarle con buenos regalos y dar al abad don Sancho lo pactado para cuidar de su familia. Pero antes de su partida llega el obispo don Jerónimo a quien el Cid le otorga el obispado de Valencia donde viviría ricamente.

[El rey aunque no perdona al Cid, no sólo accede a la petición transmitida por Álvar Fáñez de permitir a Jimena y a las niñas partir de San Pedro de Cardeña, sino que además sin cesión por su parte es preferible a un enconamiento de las posturas.]

[Los infantes de Carrión se nos presentan más nobles que ricos, empiezan a codiciar las riquezas del Cid al ver los magníficos presentes que el desterrado envía a Castilla, se nos presentan como ambiciosos, desaprensivos, clasistas e intrigantes.]

Minaya se despide de Castilla y junto a un mensajero real se dispone hacia Valencia, acompañado de Jimena y sus dos hijas.

El Cid pide al moro Abengalbón, buen amigo suyo, que cuando lleguen el obispo y vasallos enviados por él le den unos cuantos caballeros para ir a buscar a su familia y traerla consigo a Valencia.

[Esta escena del reencuentro entre el Cid y su familia debe ponerse en paralelo con la separación en San Pedro de Cardeña. Al tiempo, el reencuentro cifra la recuperación de la unidad familiar por el Cid, lo que, en un héroe caracterizado por amor a los suyos, representa un triunfo casi mayor que el de la propia toma de Valencia. Este desplazamiento de la preeminencia de lo militar en beneficio de lo familiar preanuncia la función dominante que este ámbito cobrará en la II parte del CMC.]

[EL rey de Marruecos hace hincapié en la condición de infiel de Rodrigo. El Cid contempla con alegría la llegada de las numerosas fuerzas del rey de Marruecos porque le proporcionan ocasión de mostrar a su mujer y a sus hijas destrezas militares y de obtener riquezas.]

[El Cid de nuevo explica que la acumulación de tropas en torno a Valencia no le preocupa, sino que es nueva ocasión de acumular riquezas. Pero ahora este aspecto cobra especial relevancia: el botín servirá para doblar a sus hijas y permitirles conseguir un matrimonio digno (preocupación constante del Cid). Se vinculan de nuevo las dos esferas de la realidad vital del Cid, la del guerrero y la del cabeza de familia, prefigurando una vez más el deslizamiento temático de la primera esfera -la militar y pública- a la segunda esfera -la familiar y privada-.]

Los cristianos salen a batalla. Derrota de Ýusuf. Botín extraordinario. El Cid saluda a su mujer y sus hijas. Dota a las dueñas de Jimena. Reparto del botín. El Cid casa a sus vasallos son las damas de Jimena e hijas.

[El Cid no quiere precipitarse al concertar un matrimonio para sus hijas, y prefiere esperar al momento y a las personas propicias. Interés que tiene como padre por el matrimonio de sus hijas, proporciona un contrapunto irónico, con su apelación al buen sentido, al desdichado desenlace que tendrá la búsqueda de los maridos ideales al interrumpir en escena los infantes de Carrión.]

[El Cid dispone su tercera embajada al rey, con Minaya como mediador: en la primera obsequió con 30 caballos, en la segunda con 100. La progresión culmina en esta tercera con el envío de 200 caballos. El incremento de la riqueza de los presentes simboliza una creciente prosperidad material.]

[La postura de García Ordóñez y los suyos viene motivada por la tensión extrema en que hazañas del Cid sitúan las relaciones entre la antigua nobleza y la nueva, la representada por los nobles de baja alcurnia que gana haberes, territorios y honores por sus obras, y no los heredan sin esfuerzo por vía de su linaje.]

[El augurio del rey respecto al buen fin de esta embajada es verdadero y falso, como una paradoja, llegará el perdón regio gracias a ella, y con él el fin de la caída en desgracia del Cid y la desaparición del conflicto que centra la primera parte de la trama del CMC. Pero al mismo tiempo, ese acto de reconciliación culminará con el compromiso matrimonial entre las hijas del Cid y los infantes de Carrión, noticia en principio buena pero que luego desatará el conflicto que articula la segunda mitad de la obra.]

[El Cid sólo acepta la posibilidad de la boda de sus hijas con los de Carrión porque es un deseo formulado por el rey, su desaprobación será importante en la segunda parte de la obra.]

El Cid y los suyos se disponen para ir a las vistas. Parten de Valencia. El rey y el Cid se avistan a orillas del Tajo. Perdón solemne dado por el rey al Cid. Convites. El rey pide al Cid sus hijas para los infantes. El Cid confía sus hijas al rey y éste las casa. Las vistas se acaban. Regalos del Cid a los que se despiden. El rey entrega los infantes al Cid.

[La corta edad de las hijas del Cid para no tratar de su matrimonio, tiene aire de excusa, motivada por el inadecuado que los de Carrión le parecen al Cid como yernos, mas si consideramos que el Cid ya ha expresado su inquietud sobre ello. En las dos ocasiones en que el Cid reflexiona sobre el asunto, comienza mostrando su disconformidad con la idea para luego ir deslizando su posición hasta aceptarla, por constarle que es del agrado del rey: una sutil manera de expresar la tensión entre la convección personal y la obediencia debida.]

[El Cid subraya que no es él mismo, sino el rey Alfonso quien entrega a sus hijas en matrimonio, con lo que implica al monarca en el conflicto creado por el ultraje de los infantes.] v.2110

[El Cid pide un representante que entregue las manos de sus hijas a los infantes, para no vincularse en el proceso, siguen las reticencias del Cid hacia este matrimonio y aparecen además ecos en que el Cid formula el deseo de poder casar a sus jijas “con mis manos”. Aquí rechaza significativamente no hacerlo, lo que subraya su desacuerdo con los desposorios.]

“A vosotras os digo doña Elvira y doña Sol que este matrimonio nos honrará, pero tener por sabido que yo no lo inicié. Mi señor Alfonso os ha pedido tan firmemente y con tanta voluntad , que no me he podido negar, que no me he podido negar. A ambas hijas, os he confiado en sus manos. Creédmelo es él, no yo, quien os casa.”

LA AFRENTA DE CORPES

Suéltese el león del Cid. Miedo de los infantes de Carrión. El Cid amansa el león. Vergüenza de los infantes.

[Es el propio Cid el que corta de raíz las chanzas de que son objeto los de Carrión por su cobardía. Lógico, pues al fin y al cabo se trata de sus yernos, y, aunque su comportamiento fuera deplorable, no podría permitir que fueran blanco de la general rechifla. Pese a ello, los de Carrión se sentirán avergonzados por un acto de cobardía que, por otra parte, será sólo el primero: habrá otros, y todos contribuirán a hacer insostenibles su situación en la corte, lo que desencadenará la situación de crisis de esta segunda parte: su cobarde venganza en las hijas del Cid por los desaires recibidos.]

[Los infantes hacen un aparte. No quieren entrar en la batalla, esta actitud secretista los caracteriza como intrigantes y gente de mala índole.]

[Pedro Bermúdez uno de los más fieles vasallos del Cid, intenta salvaguardar el honor de uno de los yernos de su señor matando a un moro cuando en realidad lo había hecho él.]

[El Cid que no ha visto pelear a sus yernos, supone erróneamente que han luchado con valor, y no puede ocultar su satisfacción por ello. Gracias a la estrategia narrativa con que se configura el texto, el lector sabe que el infante Fernando ha huido cobardemente, igualmente sabemos que los hombres de la hueste del Cid más allegados a su señor intentan ocultar piadosamente la cobardía de los de Carrión.]

[Estas palabras muestran una vez más la mesura y la prudencia del Cid: sus espectaculares triunfos guerreros no le hacen pensar en emprender una campaña para conquistar el reino de Marruecos, sino que se conforma con hacer tributario suyo y seguir aposentando Valencia.]

[Versos necesarios para entender la tensión entorno a los infantes que desembocará en la afrenta de Corpes. El infante Fernando se jacta de haber combatido bravamente contra los de Búcar, lo que sabemos que es mentira. El compromiso de discreción de Pero Bermúdez, la falsa errónea opinión de Álvar Fáñez, o la idea equivocada del Cid sobre el comportamiento de sus yernos, dan alas a Fernando para proclamar sin pudor, y ante testigos de su cobardía, su aportación al triunfo. Un error fatal, una imprudencia y sobre todo, un ejemplo de la proporción inversa entre valor guerrero y capacidad para hablar más de la alta nobleza. Muchos de los del Cid no comparten los propósitos conciliadores o encubridores de Bermúdez y Fáñez, y no pueden por menos de reírse de tan ridículas palabras.]

[De nuevo el factor económico cobra una función preponderante en las decisiones de los infantes]

Los infantes se llevan las hijas del Cid de Valencia hacia Carrión para hacer durante el camino lo que quieran con ellas, las quieren escarnecer. No quieren que se les eche en cara lo que sucedió con el león, que ellos son de sangre de conde de Carrión.

El Cid envía con sus hijas a Félix Muñoz para ver las heredades que han dado los de Carrión a sus hijas y para regresar con las nuevas noticias. El Cid les recomienda que por el camino vaya a ver al moro Abengalbón. Una vez allí, cuando los infantes ven la riqueza del moro se ponen a maquinar una vil traición, lo quieren matar y quedarse con sus riquezas, pero un moro los oye y advierte a Abengalbón.

El moro se torna a Molina presintiendo la desgracia de las hijas del Cid. Los viajeros entran en el reino de Castilla. A la mañana se quedan solos los infantes y sus mujeres y se preparan para maltratarlas. Ruegos inútiles de doña Sol. Crueldad de los infantes.

[El acto de ser azotadas y abandonadas es infamante para las hijas del Cid, pero se ve agravado por el hecho de utilizar armas prohibidas por el castigo corporal: espuelas y cinchas, de ahí lo interesante de la mención de este detalle y la rápida solicitud de doña Sol de recibir otra índole no deshonrosa.]

[Contrapunto que subraya el abuso de poder y la cobardía de los infantes: es imposible que hubieran plantado cara a su suegro, a quien atacan de forma aviesa a través de sus hijas.]

“Tanto las maltratan, que yacen desfallecidas, ensangrentadas las camisas y paños. Ya se han hartado ellos de herirlas, probando a cuál pegaría mejor. Ya doña Elvira y doña Sol no pueden hablar. Por muertas las dejan en el robledo de Corpes. Félix Muñoz encuentra a sus dos primas, las va haciendo volver en sí. ”

[Es lógico el pesar del rey, pues él fue quien aceptó los planes de boda de los infantes, y quien los propuso al Cid.]

[El Cid reacciona ante una noticia tan terrible con gran mesura y comendimiento: tras larga reflexión, lo primero que hace es dar gracias a Dios y pensar a restaurar la honra de sus hijas mediante nuevos matrimonios. Ni siquiera en un momento así se deja llevar por instintos ni sentimientos vehementes.]

Minaya va a recoger las primas a San Esteban de Gormaz. Una vez todos juntos emprenden el regreso a Valencia, el Cid sale a caballo a recibirlas.

[El Cid plantea aquí que el hecho de que el rey haya sido el artífice de las bodas también le implica en la deshonra. La mesura cidiana se pone de manifiesto: el Cid renuncia a la venganza sangrienta y se conforma con un proceso legal que restaure públicamente su honra y la de sus hijas. El transcurso de esa corte que el rey convocará a petición del Cid proporcionará el desenlace final de la obra.]

[A la deshonra producida por el ultraje de sus hijas se puede sumar otro agrario: el de haberse llevado los infantes unas extraordinarias riquezas prevanliéndose de su vinculación familiar con el Cid (anulada tras el ultraje de Corpes).]

El rey Alfonso convoca unas cortes solemnes en Toledo para hablar de la ultranza de los de Carrión.

[Los de Carrión y sus familiares desconocen el motivo de la convocatoria de cortes, pero temen encontrarse en ellas al Cid. Ante esa eventualidad, los infantes vuelven a dar muestras de su cobardía, y tratan de escurrir el bulto, sin conseguirlo.]

[El rey asume públicamente (ya lo hizo en privado) su implicación personal con el conflicto planteado por el ultraje de los de Carrión, tal y como afirmó el Cid.]

[Reitera el Cid su idea de que la deshonra por la mancillación de los matrimonios afecta sobre todo al rey, por haber sido él quien los promovió. En los versos siguientes reclama las riquezas que los de Carrión se llevaron por amor del Cid, ya la vista de su posterior comportamiento, con manifiesta falsedad.]

[Desconcierta a los del bando de Carrión que el Cid no les pida inmediatamente reparación por la afrenta infligida a sus hijas, por ello han de hacer un aparta para replantear su estrategia. Eso les alivia y consideran que el Cid les hace con ello demostración de estima. El error de apreciación sólo es explicable por un exceso de orgullos y cobardía mezclados.]

[No extraña la queja (y la resistencia) de los infantes ante la petición de la suma que el Cid les entregño al abandonar Valencia, ya que lo que les movió a casar con sus hijas fue el provecho económico.]

[El Cid reta a los infantes de Carrión, el reto era un procedimiento para resolver los pleitos tocantes al honor entre personas nobles, realizado ante un tribunal público que se materializaba en unos o varios combates armados entre las partes.]

[La proclamación de alto linaje está siempre en boca de los infantes de Carrión: esta afirmación contrasta con la nobleza de los hechos que encarna el Cid.]

[El taciturno Pedro Bermúdez actúa muy elocuentemente cuando desvela el episodio de la cobardía del infante Fernando y pone de relieve la falsedad y el cinismo del infante cuando se declaraba participante activo en la victoria sobre Búcar. Esta revelación aclara la función estructural que cumple en el texto el desconcertante desconocimiento de las acciones guerreras de Fernando que muestran al Cid y Álvar Fáñez (la culminación de esta parte del parlamento de Pedro Bermúdez es espectacular cuando define a su oponente con una expresiva metonimia). Más adelante el poco locuaz Pedro Bermúdez hará pública también la cobardía de los infantes en el episodio del león; varias veces manifestaron su propósito de ocultarlo, pero aquí se ven obligados a la vergüenza pública.]

[Consideración tradicional de inferioridad de la mujer en la Edad Media, sirve de basa para formular una acusación de menos valor.]

Muño Gustioz reta a Asur González. Mensajeros de Navarra y de Aragón piden al Cid sus hijas para los hijos de los reyes. Don Alfonso otorga el nuevo casamiento. Minaya reta a los de Carrión. Gómez Peláez acepta el reto, pero el rey no fija plazo sino a los que retaron. El rey amparará a los tres lidiadores del Cid. El Cid ofrece dones de despedida a todos. El rey sale de Toledo con el Cid. Manda a ese a correr su caballo.

[La irrupción repentina de los dos mensajeros que solicitan a las hijas del Cid en matrimonio para los herederos de los tronos de Navarra y Aragón restituye de inmediato su honra, ya que si los primeros casamientos representaban emparentar con la alta nobleza castellana, los segundos suponen un ascenso social espectacular: emparentar con la nobleza, ser reinas y madres de reyes. Además, sirve para ridiculizar a los infantes, que tras manifestar que por su linaje merecían casar con “hijas de reyes o emperadores” ven alcanzar su estatus a aquellas a los que ellos han repudiado por su bajo linaje.]

[El Cid al dejar la decisión acerca de esta nueva proposición matrimonial acerca de sus hijas en manos del rey Alfonso, otorga al monarca una oportunidad para enmendar el mal matrimonio que concertó con los de Carrión.]

[Para ser derrotado en una batalla judicial era preciso que el perdedor se diera por vencido o reconociera su menos valer expresamente, si el perdedor del combate se dejaba matar sin reconocer su derrota, no era en realidad vencido.]

[Se alude al inicio de todo el proceso que está a punto de culminar con los combates correspondientes de la batalla judicial: los propios infantes son responsables, según les dice el rey, de los malo que les pueda pasar.]

El rey admira a Babieca, pero no lo acepta en don. Últimos encargos del Cid a sus tres lidiadores. El Cid vuelve a Valencia. El rey en Carrión. Llega el plazo de la batalla. Los de Carrión pretenden excluir de la batalla a Colada y Tizona. Los del Cid piden al rey amparo y justicia, que haga de juez, y salen al campo de batalla. El rey designa fieles del campo y amonesta a los de Carrión. Los fieles reparan la batalla. Primera acometida. Pedro Bermúdez vence a Fernando.

(Los del Cid son: Martín Antolinez, Pedro Bermúdez y Muño Gustioz. Los de Carrión son: los dos infantes más Asur González.)

Muño Gustioz vence a Asur Gonzále. El padre de los infantes declara vencida la batalla. Los del Cid vuelven cautelosamente a Valencia. Alegría del Cid. Segundo matrimonio de sus hijas. El juglar acaba su poema.

[Los de Carrión “por” malos, es decir, por infamados, deshonrados, y a que en la lid judicial no han sabido defenderse de la acusación de menos valer que les formuló en las cortes de Toledo. La confirmación de esa acusación lleva consigo unas consecuencias legales de considerable importancia para un noble: la marginación de la corte, la prohibición de llevar a cabo actividades públicas destacadas y la imposibilidad de relacionarse normalmente con otros miembros de la nobleza.]

[Estos versos encierran la moraleja del episodio de Corpes: su finalidad principal es escenificar el conflicto de la pérdida y recuperación de la honra personal del Cid y las tensiones entre el Cid y la nobleza antigua castellana. Sin embargo, la enseñanza de validez universal que encierran, sirve desde el punto de vista de la organización narrativa del CMC para marcar un cambio del punto de vista: se deja a los infantes y se mira hacia Valencia.]

* Tanto los poetas como los recitadores y los copistas pedían vino en pago de su obra. También es conocida la costumbre de dar al juglar, en vez de dinero, paños o prendas, que el juglar vendía luego para convertirlas en dinero y vino.