Cantar del Mío Cid

Literatura española medieval. Poesía épica. Métrica. Lenguaje. Argumento. Temas. Contexto y localización

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Cantar de mío Cid, poema épico castellano, de autor anónimo, cuya datación por el filólogo español Ramón Menéndez Pidal, alrededor de 1140 ha sido motivo de polémica y de conjeturas que postergan su creación hasta el siglo XIII. La opinión generalizada es que el poema conservado proviene de un manuscrito del siglo XIV, copia a su vez de otro transcrito por Per Abbat en 1207. Cantar de gesta y no crónica, narra los hechos finales de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador (1043-1099), caballero de la corte de Sancho II de Castilla y Alfonso VI de Castilla y León, recurriendo en ocasiones a la ficción para resaltar ciertos aspectos del carácter heroico del protagonista: su lealtad al rey, a pesar de que éste lo condena al destierro; su fe en Dios; su piedad; su amor por la familia y por la justicia, su valor en la batalla. La mesura en la representación del héroe, evitando cualquier desborde fantástico en sus acciones, ha llevado a destacar tal rasgo como distintivo de la épica castellana frente a, por ejemplo, la francesa. En palabras del poeta y crítico español Dámaso Alonso, el poema tiene un estilo "tierno, frágil, vívido, humanísimo y matizado".

 El Cid (Rodrigo Díaz de Vivar) (c. 1043-1099), caballero castellano, uno de los mitos más destacados que la edad media legó a la cultura española.


2. LAS DISPUTAS ENTRE LOS REYES CRISTIANOS  

Nació en el seno de una pequeña familia de la nobleza castellana hacia 1043. El término `Cid' deriva de la transcripción del árabe sayyid, que significa amo o señor. Al servicio de Sancho II (1065-1072), desempeñó un papel fundamental. El Cid, conocido también con el sobrenombre de Campeador, contribuyó a resolver el litigio fronterizo con el reino de Navarra al vencer en un duelo judicial a Jimeno Garcés. Contra Alfonso VI de León, participó en diversas batallas y en el asedio de Zamora, donde murió asesinado su señor. Tras la muerte de Sancho II, el reino de Castilla pasó al monarca leonés Alfonso VI, sobre quien recaía la sospecha de haber participado en el asesinato del Rey castellano. Por ello, Alfonso VI fue obligado a prestar un juramento expurgatorio en Santa Gadea de Burgos delante de El Cid.


En 1074, Díaz de Vivar se casó con Jimena Díaz, hija del conde de Oviedo. Al servicio del nuevo rey Alfonso VI, El Cid fue comisionado para cobrar las parias del reino taifa de Sevilla, labor que ejerció enfrentándose incluso al conde de Nájera, García Ordóñez. Agradecido por ello, al-Mu'tamid de Sevilla pagó las parias debidas y añadió una cantidad para entregar a Rodrigo como premio personal a su actuación. Este hecho, unido al prestigio militar de El Cid, causó la primera ruptura entre éste y su monarca.

3. LAS LUCHAS CONTRA LOS ALMORÁVIDES  
Convertido en un desterrado, Rodrigo entró al servicio de Yusuf al-Mu'tamin de Zaragoza y derrotó al rey aragonés Sancho I Ramírez. La invasión almorávide y la derrota de Alfonso VI en Sagrajas (1086) propiciaron un nuevo acercamiento entre Rey y vasallo, a quien se le encargó la defensa de la zona levantina. Sin embargo, en el sitio de Aledo (1089-1092), El Cid acudió con demora a ayudar a las tropas reales, lo que provocó su segundo extrañamiento del monarca. Asentado en el Levante peninsular, intervino en Valencia en nombre propio, esforzándose por construir un señorío personal. Derrotó progresivamente a sus competidores en esta zona, e incluso apresó al conde de Barcelona, Berenguer Ramón II (1090). Una nueva presión de los almorávides propició otro acercamiento del rey Alfonso VI, cuyos ejércitos fueron derrotados en la batalla de Consuegra (1097), donde murió el único hijo varón de El Cid, Diego Díaz.


En Valencia, la presión norteafricana favoreció una revuelta dentro de la ciudad. Los sublevados entregaron el poder al cadí ibn Yahhaf, que se avino a un compromiso con los almorávides a cambio de la ayuda de éstos para luchar contra El Cid. Las huestes de éste, sin embargo, derrotaron a sucesivas expediciones almorávides. Dentro de la ciudad, una nueva revuelta dio el poder a ibn Wayib, quien dirigió la última resistencia de Valencia, que finalmente capituló en 1094. Poco después de la entrada de El Cid en la ciudad, el cadí ibn Yahhaf fue quemado vivo en la plaza pública y la mezquita resultó transformada en catedral. Establecido ya firmemente en Valencia, se alió con Pedro I de Aragón y con Ramón Berenguer III de Barcelona con el propósito de frenar conjuntamente el empuje almorávide. Las alianzas militares se reforzaron además con vínculos matrimoniales. Una hija de El Cid, María (doña Sol en el poema), se casó con el conde de Barcelona, y su otra hija, Cristina (la Elvira del poema), con el infante Ramiro de Navarra. Tras la muerte de El Cid, ocurrida el 10 de julio de 1099, sin un heredero masculino que hiciera posible su legado, Alfonso VI tuvo que evacuar en 1102 la ciudad de Valencia.


La figura de El Cid y sus hazañas merecieron el honor de protagonizar el primer cantar de gesta de la literatura castellana, el Cantar de mío Cid.

Cantares de Gesta

El mester de Juglaría fue una generación de artistas populares que ganaron su vida cantando y escenificando sus creaciones propias o ajenas para divertir a un publico que gustaba de oír las hazañas o gestas de sus héroes nacionales.

Estos artistas ofrecían dos tipos distintos: juglares, ejecutores de las composiciones que otro creaba, y trovadores. El trovador compone lo que recita y, de ordinario, no trata de ganar su vida en la recitación. También ahora hay autores-actores y autores que no saben interpretar.

El Cantar del Mio Cid

Es el primer monumento literario del español llegado hasta nosotros. Es un poema nacional. Debió de corresponder al apogeo de la epopeya castellana. El castellano ha tenido la fortuna de entrar en la vida literaria con una obra ampliamente humana, llena de aciertos literarios.

El poeta no acudió a las fábulas para dar valor a su obra, sino que la baso sobre la verdad histórica y humana. El poema fue descubierto por el erudito Eugenio Llaguno, en siglo XVIII, en un convento de Vivar. Esta escrito en letra del siglo XIV, carolingia, en una copia de 1307.

Se trata de un poema no muy largo, 3730 versos. Se halla copiado en una serie de hojas en pergamino grueso. Son 74 hojas en 4. Falta alguna página que ha sido recompuesta por M. Pidal.

Argumento

Se divide en tres cantares. El primero, el destierro del Cid, el Cid, debido a la saña del rey Alfonso VI, sale de su casa solariega, lastimosamente saqueada, y se dirige con sesenta pendones a Burgos, cuyos habitantes no se atreven a darle hospitalidad por no caer en las iras del rey.

Un sobrino del héroe, llamado Martín Antonilez, se une a el, y en el glera o arenal del Arlazon le proporciona dinero, valiéndose de unos judíos, Raquel y Vidas, a los que entrega en deposito dos arcas llenas de arena.

Se dirige después el héroe a San Pedro de Cardeña para despedirse de su mujer, doña Jimenea, y de sus hijas, y emprende sus conquistas por tierra moros. Obtiene algunas victorias, y por medio de su primo, Álvarez Fañez de Minaya, envía al rey un presente de treinta caballos.

Hace prisionero al conde de Barcelona, acción en la que consigue la Colada, que vale mas de mil marcos, y la pone generosamente en libertad.

El segundo, las bodas de las hijas del Cid, este conquista a Valencia, después de una dura resistencia de los moros. Para congraciarse con el rey, le envía otro presente por medio de Alvar Fañez, y consigue permiso para llevarse a su corte a doña Jimena y a sus hijas, doña Elvira y doña Sol.

Obtiene la restitución de sus bienes, y desde el alcázar muestra a doña Jimena todos sus dominios. Se entabla una lucha con el rey de Marruecos, que es derrotado, y tiene que huir de Valencia. Los infantes de Carrion, don Diego y don Fernando, codiciosos de las riquezas del Cid, consiguen casarse con las hijas del héroe, por intervención del rey.

En el tercero, la afrenta de Corpes, después de las bodas, los de Carrion muestran repetidas veces su cobardía en el asedio de la ciudad huyendo ante un león cautivo. Los caballeros del Cid se burlan de su poquedad, y los infantes, para vengarse, piden permiso al Cid para llevarse a sus mujeres a Carrion.

Al llegar a las soledades del Robledo de Corpes, despojan de los vestidos a doña Elvira y a doña Sol y, después de maltratarlas con las cinchas de sus caballos, las abandonan en robledal.

Al saber el Cid el agravio, manda a Alvar de Fañes a recogerlas, y a Nuño Gustioz, a pedir justicia al rey. El monarca convoca las Cortes de Toledo, y el de Vivar consigue la devolución de Tizina y la Coleda y exige la reparación de su honor mediante una lid.

Tres semanas después se verifica la lucha, en la que caen vencidos Fernando y Azur González, y don Diego sales despavorido. Los vencedores son recibidos triunfalmente en Valencia y se concierta el matrimonio de las hijas del Cid con los infantes de Aragón y Navarra.

POEMA DE MIO CID

CANTAR PRIMERO

DESTIERRO DEL CID

El rey Alfonso envía al Cid para cobrar las parias del rey moro de SevillaÉste es atacado por el conde castellano García Ordóñez. El Cid, amparando al moro vasallo del rey de Castilla, vence a García Ordóñez

en Cabra y le prende afrentosamente. El Cid torna a CastilIa con las parias, pero sus enemigos le indisponen con el rey. Éste destierra al Cid.

1

El Cid convoca a sus vasallos; Éstos se destierran con él. -Adiós del Cid a Vivar

Por sus ojos mío Cid va tristemente llorando ;

volvía atrás la cabeza y se quedaba mirándolos.

Miró las puertas abiertas, los postigos sin candados,

las alcándaras vacías, sin pellizones ni mantos,

sin los halcones de caza ni los azores mudados.

Suspiró entonces mío Cid, de pesadumbre cargado,

y comenzó a hablar así, justamente mesurado:

«¡Loado seas, Señor, Padre que estás en lo alto!

Todo esto me han urdido mis enemigos malvados.»

CANTAR SEGUNDO

BODAS DE LAS HIJAS DEL CID

64

El Cid se dirige contra tierras de Valencia

Aquí comienza la gesta de mío Cid el de Vivar.

Una vez que hubo acampado en el puerto de Olocau,

dejando ya Zaragoza y aquellas tierras de allá,

dejó atrás Huesa y las tierras que llaman de Montalbán.

Ahora, hacia la mar salada se dispone a guerrear;

a Oriente donde el sol sale, hacia aquella parte irá.

El Cid a Jérica y Onda gana, y a Almenara va,

que las tierras de Burriana tiene conquistadas ya .

65

Toma de Murviedro

Ayudóle el Creador, el Señor que está en el cielo.

Y con la ayuda divina pudo tomar a Murviedro ,

y ve mío Cid que Dios aún le seguía valiendo.

Mientras, dentro de Valencia era, y no menguado, el miedo.

66

Los moros valencianos cercan al Cid. -Éste reúne sus gentes. - Arenga

Aquello a los de Valencia les ha dado gran pesar;

reunidos en Consejo, al Cid deciden cercar.

Toda la noche marcharon, cuando el alba iba a apuntar,

en los campos de Murviedro sus tiendas van a plantar.

Tan pronto los vio mío Cid, se empezó a maravillar:

« ¡Alabanza a Ti se dé, Señor espiritual!

Sobre sus tierras estamos, les hacemos todo mal,

ya bebemos de su vino y comemos de su pan;

con su derecho lo hacen si nos vienen a cercar.

Si no entablamos la lucha, esto no se arreglará.

Vayan mensajes a aquellos que nos deben ayudar;

los unos vayan a Jérica y los otros a Olocau,

vayan a avisar a Onda y a Almenara vayan ya,

y los que están en Burriana vénganse luego hacia acá;

y comenzaremos juntos esta batalla campal;

yo confío en que el Señor su ayuda me ha de aumentar.»

Al llegar el tercer día, ya todos juntos están;

el que en buen hora nació así les comenzó a hablar:

« ¡Oíd, mesnadas, a quien el Señor quiere salvar!

Después que hubimos salido de la limpia cristiandad

(y no fue por nuestro gusto, sino por no poder más),

gracias a Dios, nuestras cosas siempre hacia delante van.

Ahora los de Valencia nos han venido a cercar;

si en estas tierras nosotros quisiéramos perdurar,

a estos moros firmemente habremos de escarmentar.»

CANTAR TERCERO

LA AFRENTA DE CORPES

112

Suéltase el león del Cid. - Miedo de los infantes de Carrión. El Cid amansa al león. - Vergüenza de los infantes

En Valencia estaba el Cid y con él los suyos son,

y con él sus ambos yernos, los infantes de Carrión.

Acostado en un escaño dormía el Campeador.

Sabed la mala sorpresa que a todos aconteció:

escapóse de su jaula, desatándose, un león.

Al saberlo, por la corte un grande miedo cundió.

Embrazan sus mantos las gentes del Campeador

y rodean el escaño donde duerme su señor.

Pero Fernando González, un infante de Carrión,

no encontró donde esconderse, ni sala ni torre halló;

metióse bajo el escaño, tanto era su pavor.

El otro, Diego González, por la puerta se salió

gritando con grandes voces: «No volveré a ver Carrión.»

Tras la viga de un lagar metióse con gran pavor,

de donde manto y brial todo sucio lo sacó.

En esto despertó el Cid, el que en buena hora nació,

viendo cercado su escaño de su servicio mejor:

«¿Qué es esto, decid, mesnadas? ¿Qué hacéis a mi alrededor?»

«Señor honrado, le dicen, gran susto nos dio el león.»

Mío Cid hincó su codo y presto se levantó,

el manto colgando al cuello, se dirigió hacia el león.

Cuando el león le hubo visto, intimidado quedó,

y frente al Cid la cabeza bajando, el hocico hincó.

Mío Cid Rodrigo Díaz por el cuello lo cogió,

y llevándolo adiestrado en la jaula lo metió.

Por maravilla lo tienen cuantos circunstantes son,

y se vuelven a palacio llenos de estupefacción.

Mío Cid por sus dos yernos preguntó y no los halló,

y a pesar de que los llama, ninguno le respondió.

Cuando, al fin, los encontraron, los hallaron sin color:

nunca vieron por la corte tanta burla y diversión,

hasta que impuso silencio a todos el Campeador.

Avergonzados estaban los infantes de Carrión,

y resentidos quedaron por aquello que ocurrió.

113

El rey Búcar, de Marruecos, ataca a Valencia

Ellos estando en tal trance, tuvieron un gran pesar:

fuerzas de Marruecos llegan para a Valencia cercar;

sobre los campos de Cuarte las tropas van a acampar,

cincuenta mil tiendas grandes ya plantadas allí están:

eran fuerzas del rey Búcar, si de él oísteis hablar