Cándido; Voltaire

Literatura universal siglo XVIII. Novela neoclásica francesa. Argumento. Contexto social. Fanatismo religioso

  • Enviado por: Heavymetal
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RESUMEN DE LA OBRA “ CANDIDO” DE VOLTAIRE

Cándido es un sirviente, que habita en un hermoso castillo en Westfalia. Allí compartía estancia con el Monseñor, su maravillosa mujer, la hija de éstos, Cunegunda, y un maestro filósofo, llamado Pangloss, el cual le enseñó a Cándido que el mundo siempre tendía hacia mejor.

Todo el mundo era feliz en aquel lugar, hasta que un día Cunegunda ve a Pangloss con una doncella tras un seto besándose. Ésta piensa que ella también podría encontrar a alguien, y piensa en Cándido, de tal manera que un día se encuentran los dos, tras un biombo, y comienzan a besarse, cuando en este momento les encuentra Monseñor y echa a Cándido a patadas del castillo.

Cándido pasa la noche en un surco, y a la mañana siguiente va a un lugar a intentar comer y se encuentra con unos hombres que le tratan muy bien, le dan comida y dinero, y le llevan con ellos al regimiento búlgaro.

Allí, le enseñan a manejar la baqueta y como no lo hace bien le dan treinta garrotazos. De esta manera tratan a Cándido hasta que un día decide pasear y le encuentran cuatro de ellos, y le llevan a un calabozo. Allí le dicen que qué prefiere, si le disparan doce veces en la cabeza o ser fustigado treinta y seis veces por todo el regimiento. Cándido opta por lo segundo, y lo hacen hasta que suplica que le maten, entonces llega el rey búlgaro y le perdona el castigo.

Durante tres semanas, un cirujano cura a Cándido hasta que comienza la guerra. Durante este periodo, Cándido se esconde y al fin de ésta, Cándido llega a un lugar en donde encuentra a un orador. Éste le pregunta si cree que el Papa es el anticristo, y Cándido no le contesta, tan solo le dice que lo único que le interesa es comer algo. Por ello, el orador le echa de aquel lugar y su mujer le arroja desde la ventana un cubo de agua sucia encima.

Jacomé, un anabaptista que se encontraba en la calle, le da cobijo y comida. La vida continua al lado de Jacomé cuando un día Cándido sale a la calle y encuentra a un pobre en un estado lastimoso, lleno de pústulas. Cándido le da el dinero que el anabaptista le había dejado, y éste le abraza agradecido. Cándido asustado se hecha hacia atrás, y el otro le pregunta que si no le reconoce. Sorprendentemente, Cándido encontró a su amigo Pangloss, el filósofo del castillo de Westfalia.

Cándido lleva a Pangloss a la caballeriza de la casa de Jacomé, y allí le da pan, y le pregunta acerca de su amada Cunegunda. Éste le responde que Cunegunda está muerta, a lo siguiente que Cándido se desmaya. Al despertar, le pregunta cuál fue la causa de su muerte, y éste le dice que los búlgaros la mataron en la batalla, al igual que al Monseñor y su esposa. Todo el castillo había sido destrozado.

Cándido, le pregunta a Pangloss qué le sucede, y éste le dice que tiene una enfermedad que le había contagiado Paulilla, la doncella del castillo. Cándido habla con Jacomé y le ruega que le ayude a curar a Pangloss, tras un tiempo de reposo éste se cura pero pierde un ojo y una oreja.

La vida en casa de Jacomé prosigue hasta que un día deben coger un barco hacia Lisboa. Allí les alcanza una tempestad, y el barco comienza a destruirse. Un marinero, choca contra el anabaptista y cae despedido hacía el mar. Jacomé se lanza en su auxilio y le salva, cuando una ola hace que salga despedido y caiga al mar, y entonces el marinero no le ayuda y le deja que muera.

El barco se parte en dos, y Cándido y Pangloss se salvan y llegan a las orillas de Lisboa, allí ven al marinero. La mala suerte es que la tempestad continua y un terremoto sacude la ciudad que comienza a inundarse. El marinero roba todo el dinero que puede y Pangloss le dice que no debe hacer eso por Dios. Mientras, Cándido esta en el suelo malherido por las piedras que le han caído encima y le dice a Pangloss, que va a morir.

Al día siguiente, ambos comienzan a ayudar a los heridos, y los habitantes de la ciudad les dan comida. Allí encuentran a un familiar del santo oficio, que le dice a Pangloss que si no cree en el pecado original y éste le responde de una manera a la cual el otro extrañado le hace una señal a su criado.

El pueblo de Lisboa pensó que la mejor manera de prevenir más terremotos era hacer un auto de fe. De tal manera que cogieron a tres hombres judíos y a Cándido y su maestro filósofo. A los hombres los quemaron poco a poco, a Cándido lo azotaron, y a Pangloss lo ahorcaron.

Al día siguiente volvió a temblar Lisboa, y Cándido pensó que si ése era el mejor mundo de los posibles, puesto que recordó que todos sus amigos estaban ya muertos: Pangloss, Jacomé y Cunegunda.

Allí encuentra a una vieja que le lleva a su casa y le da una pomada para su espalda, y le cuida y alimenta. Ésta le lleva a un lugar ya allí le presenta a una dama con un velo en el rostro. Éste lo destapa y aprecia que la dama era su amada Cunegunda. Se desmaya y cuando recobra el conocimiento, comienzan a hablar y le cuenta que cuando los búlgaros atacaron su castillo, uno de ellos se la levo con él y la tenia en su casa limpiando. Cuando se quedo sin dinero, la vendió a un judío llamado D. Isacar, que se enamoró de ella y la llevo al lugar donde se encontraban entonces.

Allí la vio el señor Inquisidor e intentó persuadir al judío de que le diera a Cunegunda, pero éste no aceptó. Así que el Inquisidor hizo un auto de fe en el que murieron tres judíos para atemorizar a D. Isacar ella reconoció a Pangloss que estaba siendo ahorcado y a Cándido.

Entonces encargó a la vieja que cuidara de Cándido, y le trajera al lugar.

Después de cenar volvieron al aposento y fue entonces cuando D. Isacar les pilló allí y atacó a Cándido, pero éste se defendió con un puñal que le había dado la vieja y le mato. Al día siguiente, llegó el Inquisidor y Cándido, le mató también.

Deciden entonces los tres, Cándido, Cunegunda y la vieja huir a caballo hacia Cádiz, mientras que ya en Lisboa encontraron a los cadáveres.

En el camino les roban, y deciden vender uno de los caballos y así llegaron a Cádiz. Allí le hacen capitán de infantería cuando muestra lo que aprendió con los búlgaros. Y embarcan hacia un “nuevo mundo”.

Allí la vieja les cuenta su triste historia; y es entonces cuando llegan a buenos Aires y conocen al señor gobernador. Pero justo después llega al puerto una embarcación que les perseguía, y entonces Cunegunda se queda allí, pero Cándido tiene que huir con su criado.

Llegan a un establecimiento jesuítico, y allí dice que es de Alemania y entonces el señor comandante les deja entrar. Allí descubre Cándido que el señor comandante, es el hijo del monseñor del castillo de Westfalia, es decir, el hermano de Cunegunda.

Al hablar, el hermano se enfada porque Cándido le dice que quiere casarse con su hermana, y entonces le mata. Vuelven a huir a caballo por unos parajes, hasta que se quedan dormidos, y cuando despiertan se encuentran en manos de los orejones.

Éstos pretendían comérselos, pero entonces Cacambó, el criado, les habla y les convence de que los liberen.

Siguen su camino hasta que entran con una canoa por una gruta y llegan a el Dorado. Allí encuentran a unos niños jugando con piedras preciosas y oro, su maestro les llama, y ellos arrojan las piedras a suelo y van a la casa.

Entraron a una casa del pueblo, y allí comieron maravillosamente y quisieron pagar, pero entonces todo el mundo se rió de ellos, porque allí todo era gratis.

Fueron entonces a hablar con un anciano de casi dos siglos de edad, y este les contó en qué consistía aquella cultura.

Después de encontrar al rey y alojarse, estuvieron viviendo en aquel maravilloso lugar durante dos meses. Pero un día decidieron volver al mundo real, y entonces el rey mandó encargar construir una máquina para subir la montaña que protegía el Dorado.

Salieron de aquel extraño país, Cándido y Cacambó, con una gran cantidad de carneros y provisiones, además de piedras preciosas, que para los habitantes del Dorado eran como para nosotros míseras piedras.

Tras pasar por desiertos y barrancos, murieron todos los carneros a excepción de dos, llegan a una ciudad y deciden separarse: Cacambó irá en busca de Cunegunda y Cándido irá en un barco a Europa y se reunirán en Venecia.

De tal manera, que Cándido se mete en un barco hacia Europa y entonces le roba el dueño del barco el carnero lleno de riquezas y huye en el barco, Cándido desesperado busca a un nuevo criado que al final resulta ser un tal Martín.

Parten en un barco en busca del ladrón y tras una conversación de Cándido y Martín divisan en el horizonte cómo se hunde un barco por culpa de otro que lo está atacando a cañonazos.

Descubren que el barco hundido era el del ladrón del carnero y ven que el animal sigue vivo y lo recuperan. El afortunado Cándido llega a Europa, a París, y allí va al teatro, y juega varias partidas de cartas con una condesa y sus amigos. Pierde siempre.

Allí conoce a un filosofo contrario a la idea de Pangloss: piensa que todo suele ir a peor. Pero este hombre, les hace una trampa y les llevan a la cárcel. Cándido le da al escriba tres diamantes, y este le dice que le perdona y que puede ir a casa de su hermano en Lombardia, de allí cogieron un barco a Inglaterra pero al llegar vieron cómo mataban a un almirante, y decidieron irse de allí y concertaron cita con el dueño del barco que les llevo por fin a Venecia.

Allí un día paseando se encuentran con una pareja, y les invitan a comer, y da la casualidad de que la chica es Paulilla, la doncella que amaba Pangloss. Ésta les cuenta su historia.

Al día siguiente, visitan al señor Pococurante, que les enseña sus riquezas, pero él dice que son poca cosa.

Otro día iban a comer, y se encontraron con seis hombres que al parecer eran reyes, pero que ya no tenían ninguna riqueza y allí encuentra que Cacambó era el siervo de uno de ellos y éste les dice que Cunegunda se encuentra en Constantinopla.

Cándido compra a Cacambó, y parten hacia Constantinopla. Allí cuando iban a cruzar un río encuentran a Pangloss y el hermano de Cunegunda remando mientras les azotan. Según cuentan, Pangloss se salvó de la muerte, porque el nudo de la horca estaba mal hecho, y el segundo, se salvo también aunque Cándido le daba por muerto en sus propias manos.

Cándido les compra y llegan a donde se encuentran Cunegunda y la vieja, también se las compra al sultán, y todos juntos deciden vivir en una pequeña casa.

Allí pasa el tiempo y tienen conversaciones filosóficas y llegan a la conclusión de que es muy aburrido vivir allí, así que un día tras nuevas conversaciones, deciden visitar a un filósofo y le preguntan para qué está el hombre en el mundo.

Llegan también a la pequeña casa un día Paulilla y el novicio. Y allí se quedan todos desarrollando las actividades que mejor se les daban a cada uno de ellos.

RELACION DE LA OBRA CON LOS HECHOS DE LA EPOCA

Ya a finales del siglo XVIII, Europa ya era un continente en el que se detectaban ciertos síntomas de cambio en sus estructuras sociales, políticas y económicas. Su población había aumentado considerablemente a lo largo de toda la centuria y ese crecimiento, que había sido debido más a la disminución de la mortalidad que al aumento de la natalidad, debido a que había mas alimento y a las mejoras científicas

Esta obra, que no es otra cosa que un estudio del progreso humano, censura el súper naturalismo y denuncia la religión y el poder del clero, si bien afirma su creencia en Dios. El agnosticismo racionalista y espíritu independiente de Voltaire le llevan a atacar cuestiones fundamentales de su tiempo como el absolutismo y la superstición, por considerarlas alejadas de la razón y no sometidas al examen de la reflexión y el análisis. Su escepticismo religioso hay que inscribirlo en el deísmo, doctrina según la cual Dios está presente en la naturaleza como entidad creadora y ordenante, aunque no en la historia, ámbito de desenvolvimiento del ser humano

Aquí se demuestra en muchas partes del libro una de las partes mas llamativas es en el capitulo VI con el terremoto que asoló la ciudad portuguesa de Lisboa. Con esta relato en el que personas fueron ajusticiadas que según la iglesia si se ejecutaban el terremoto iba a parar, Voltaire quería resaltar el fanatismo e ignorancia de los fanáticos religiosos de la época, en Cándido, Voltaire analiza el problema del mal en el mundo y describe las atrocidades cometidas a lo largo de la historia en nombre de la Religión contra aquellas personas que no profesan la religión católica y aquellas a las que la iglesia consideraba como herejes.

Aunque en esta obra los únicos que abusaban del poder no eran los clérigos y demás personas relacionadas con la Iglesia, también lo hacían los monarcas que eran los que mantenían el control total del gobierno y podían hacer lo que querían a su antojo, los Monarcas decían que podían tener todo el poder que ellos querían y que lo iban a utilizar en nombre de Dios, o sea que ellos decían que la procedencia de su poder era divina, cosa a la que Voltaire estaba en total desacuerdo, ya que esa idea no era nada irracional y el se encargo de plasmar en esta obra y quizás en todas en las que halla escrito.

Estas estructuras estaban basadas originariamente en un sistema funcional mediante el cual cada grupo social cumplía con una misión determinada y, al mismo tiempo, se les reconocía jurídicamente unos privilegios determinados. Durante la Edad Media, la Iglesia fue el único estamento docente y a pesar de la secularización de la enseñanza que comenzó a registrarse a partir del Renacimiento, los eclesiásticos continuaron desempeñando una importante labor en la transmisión de la cultura desde los centros de primeras letras hasta las Universidades y otros centros de enseñanza superior. A cambio de esta dedicación a la sociedad en el aspecto educativo, la Iglesia era sostenida por la propia sociedad. Eso quería decir que a la Iglesia se le reconocía una serie de privilegios entre los que no era el menos importante el estar exenta del pago de impuestos.

La nobleza constituía, después del clero, el segundo orden del Estado durante el Antiguo Régimen. La nobleza era originariamente el brazo armado de la sociedad, por cuanto tenía como función su defensa frente a los enemigos interiores y exteriores. Tenía la obligación de servir al monarca cada vez que éste reclamase sus servicios y debía colaborar en el mantenimiento de la integridad del reino.