Campos de Castilla; Antonio Machado

Poesía española contemporánea. Generación del 98. Paisaje de Soria. Gentes castellanas. Amor y religión

  • Enviado por: Clara
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Valoración crítica de Campos de Castilla

Introducción: elaboración del libro

Campos de Castilla es un libro de madurez, en el que Antonio Machado muestra sus inquietudes en la vida. Esto lo podemos observar perfectamente en los temas que aborda, siempre de una manera muy personal y de acuerdo a sus experiencias. No se trata de una obra hecha de una vez y coherente. La primera edición terminaba en 1912, año de la muerte de Leonor; en las posteriores añadió algunos poemas, en especial los más tristes por la pérdida de su esposa, escritos ya en Baeza, de forma que se mezclan dos épocas muy distintas en su vida, ya que la edición definitiva está fechada entre 1907 y 1917.

Posiblemente el autor quiso mezclar en esta obra sus recuerdos de Soria, que primero fueron buenos: su primera cátedra, su amor por Leonor, su encuentro con la naturaleza, pero luego fueron malos, tras la muerte de su mujer y el abandono de las tierras castellanas. Desde luego, con este espíritu hay que leerlo, con el sentimiento agridulce que el poeta tenía al recordar aquellos años tan queridos.

El paisaje físico: el alto Duero

Antonio Machado, como autor de la generación de 98, busca la belleza del paisaje castellano, tan distinta de la de su tierra natal, en donde se refleja la España de finales del siglo XIX y principios del XX. Después también escribe los paisajes de olivos de Jaén, que tan poco tenían que ver con los parajes de su Sevilla natal, pero lo hace siempre en contraposición a la tierra dura de Soria, que verdaderamente le conmovió durante sus cinco años de estancia en la capital castellana.

Entre los comentaristas de este libro, se establece siempre un paralelismo de la técnica descriptiva del poeta con los trazos de los pintores impresionistas, coetáneos del poeta. Con pinceladas magistrales quiere describir la magnitud de lo que ve, y lo consigue mezclando con mucho primor los nombres de las cosas con los adjetivos que les dan sentido y color (verdes alcores, cárdenas roquedas, cerros cenicientos, pardas encinas, sierras calvas y otras muchas descripciones), componiendo el paisaje a base de pintar sin metáforas lo que ve, pero alcanzando en el conjunto, como los impresionistas, un cuadro verdaderamente exacto y bello.

Hay, incluso, una preocupación por la salvaguarda del paisaje y de la naturaleza. Machado era hijo de la Institución Libre de Enseñanza, y por tanto tenía inculcado el amor y el respeto por la naturaleza. Su naturaleza sería, ya para siempre, la que delimitan las montañas y los llanos, los ríos y los valles, los encinares y los pinares, los trigos y los centenos de Soria. Hay incluso una débil conciencia medio ambiental, que detesta la destrucción del paisaje por las personas malas (en el poema XCIX, donde habla con despecho del “hombre de estos campos, que incendia los pinares”, porque arruina simultáneamente su campo y su alma).

En los poemas añadidos tras la primera edición vuelve a considerar otras tierras y otros paisajes, esta vez de Andalucía, y los describe con primor, pero no los descubre, sino que rememora en ellos su infancia, y siempre los compara con las tierras altas por donde corre el Duero, y se pregunta qué pasará ahora allí, como si su alma estuviese ya para siempre acostumbrada a los paisajes duros de la altiplanicie castellana, que desde que la pintó ha moldeado su alma y han pasado a ser la medida de todas las cosas (“yo tuve patria donde corre el Duero, por entre grises peñas y fantasmas de viejos encinares”, dice en el poema CXXV, y en el poema CXVI dice “Tierra de mi alma...mi corazón te lleva).

El paisaje social: las gentes

Uno de los temas principales de su obra es la situación de atraso de España en esa época respecto a otros países, esto lo describe a través de los paisajes de Castilla, de Soria o de Baeza, en los cuales el autor hace comparaciones de las gentes que habitaban esas tierras por entonces. De estos sutiles símiles se puede decir que la clase campesina vivía bastante mal y que además era una clase marginada. Los seres más desvalidos de la sociedad también son tema para el autor.

Machado no tiene, en este libro, una conciencia social progresista, o al menos no la demuestra palpablemente. Describe con pena la situación de la gente (“abunda el hombre malo del campo y de la aldea”, dice en el poema XCIC, y habla de “un pueblo, carne de horca, la severa justicia aguarda que castiga al malo”, en el poema CVIII).

Con la inclusión de los proverbios y cantares, como en otras partes del libro, quiere dejar la moraleja de su vida, y a la vez dar consejos en forma de coplas fáciles de recordar. Sin embargo, no hay tampoco una preocupación social: son consejos al alma de cada uno, para señalar el proceder que se acompasa con su propia moral. Pero en estas lecciones morales no puede evitar el consejo de carácter social: él, que se proclama poeta y hombre de pensamiento, tiene que menospreciar el pensamiento e irse a la acción, para justificar su existencia. No se puede entender de otra manera el proverbio XXXVII, en el que afirma: ¿Dices que nada se crea?/ No te importe, con el barro/ de la tierra, haz una copa/para que beba tu hermano.

Hay, en los proverbios, en los cantares y en las parábolas, una fuerte sensación de que el poeta quiso destilar sus más puras esencias filosóficas en forma de pequeños poemas, que reflejaran de forma intuitiva y fina un pensamiento profundo. Estos versos pueden tener diferentes significados, como los proverbios y las parábolas bíblicas, dependiendo del estado de ánimo de quién se asome a su lectura. En cada uno de los pequeños poemas se destila una forma de reflexión sobre el sentido de la vida de los hombres, así, en el primer poema de las Parábolas (CXXXVII, I) hace una observación de los cambios en el pensamiento de una persona a lo largo de su vida, cuando se es niño somos soñadores, pero no nos lo llegamos a creer del todo, en la adolescencia tendemos a no creernos las cosas buenas que nos ocurren, y en la vejez deseamos que todo sea un sueño, incluso la muerte. En la siguiente Parábola (CXXXVII, II) nos muestra dos visiones ante el mundo (representado por el mar), una ve todas las maravillas del mundo, mientras que la otra se plantea que la vida es el camino hacia la muerte.

En el libro también hay descripciones pormenorizadas de personajes genéricos de su época, que no son castellanos ni andaluces, sino que representan tipos universales, a los que quiere rendir un homenaje cantando sus virtudes o sus defectos. En el caso del hombre del casino provinciano (CXXXI) canta a la España de siempre, a la pura cepa hispana, que sabe filosofar, reírse de todo y, sobre todo, que no tiene ningún amor por el trabajo. En el poema CVI, Un loco, podemos notar como el autor, a pesar de la descripción del individuo, defiende de alguna forma su pensamiento y su manera de ser en contra de la cordura y las maldades que los cuerdos hacen. También reivindica el campo frente a la ciudad, de la que huye el loco. Como último ejemplo, el poema Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido (CXXXIII) pone de manifiesto su desconforrmidad ante las personas materialistas, dado que los bienes que consigan a cambio de su felicidad no valdrán la pena, ya que, no se van a llevar después de la muerte. Esta actuación en la vida tan hipócrita nos muestra que era rica, no iba a dejar de serlo costase lo que costase, al final de su vida se arrepentían, pero ya no podían cambiar su destino.

En los poemas donde habla de España, presenta en ese momento una España muy atrasada (clero, nobleza, gobierno y gentes populares) y aunque cree que en un futuro muy próximo no va a avanzar, espera que más adelante si lo haga. Aunque no quiere verla en guerra como Europa, prefiere su atraso a las consecuencias nefastas del combate entre países, ideologías, etc.

Al hablarnos de Castilla se nota como le afecta la época de estancamiento y penuria por la que está pasando ésta, e incluso, la propia España. La visión que nos da de una Castilla árida y seca es desoladora pero a la vez la compensa con el Duero y los vivos álamos de sus orillas. También Castilla fue grande y ahora, en los años en que él la vivió, era un esqueleto de su pasado. No obstante, el poeta se sitúa en lo profundo de un sentimiento regeneracionista, y desea que lo más noble del alma castellana, que viene del pasado, vuelva a florecer.

En La tierra de Alvargonzález el autor relata, en forma de romance, una leyenda de Soria, en donde caracteriza a los dos tipos de gente más destaca de por allí, los malvados y los buenos, no poniendo término medio en ningún personaje. No hay una intención social, pero sí una descripción de tipos buenos y, sobre todo, de tipos malos.También tiene tema religioso pues la moraleja es que dependiendo lo que cada cual haga en tu vida, así le pagará el destino, sin tener que esperar a la muerte.

El paisaje interior: el amor y la religión

A pesar de que el libro no se concibió para que reflejara su alegría y su tristeza en el amor, los acontecimientos, como ya se ha dicho, provocaron que se situara a caballo entre una época alegre (1907-12) y una época triste (1912-17), y la línea de separación viene marcada por el verano de 1912 (“Una noche de verano...la muerte en mi casa entró”, puede leerse en el poema CXIII)

Machado describe los bellos paisajes de Soria donde tuvo lugar el mejor momento de su vida (conocer a Leonor), por eso cuando está en Andalucía, tras la muerte de ésta, consigue a través del recuerdo rememorar esos momentos paseando con su esposa por la ribera del Duero. En estos versos muestra su cara más triste pues ya se encontraba solitario y, según él, viejo. Para expresar esto Machado utiliza la adjetivación de la naturaleza en función de sus estados de ánimo.

Pero la vida sigue, y en el Poema de un día (CXXVIII) relata su vida cotidiana desde la muerte de Leonor, comenta su cambio de paisaje a un pueblo entre andaluz y manchego, Baeza, que a pesar de ser todo un monumento no le subyuga, por ser ciudad; y describe como su vida es como un día lluvioso, que aunque cambie a agua nieve o a agua fina siempre es gris, además es monótono como un reloj. Machado le pregunta a Dios por qué ha de estar triste cuando se supone que con la lluvia florecen los pastos y con ellos la esperanza de la gente. Para aliviar su amargura se refugia en la lectura de otros escritores que le inducen a vivir. Después tiene una conversación con un boticario que le da la esperanza de que todo no es eterno, ni el gobierno ni su sufrimiento. También dice que la vida es así “una de cal y otra de arena”. Concluye insinuando que le gustaría morirse para no tener que sufrir más, debido a que en “la vida después de la muerte” puede reencontrarse con su amada, mientras que en esta vida está sufriendo por no tenerla.

Respecto a su sentimiento religioso, se ve perfectamente que Machado es creyente, lo que quiere es recrear a Dios en su interior para devolverle el favor por haberle creado a él. Para ello da una idea de cómo la gente se crea continuamente dentro de sí a un mismo Dios, renovando sus ideas gracias a una búsqueda permanente. La creación de ese Dios se hace mediante una lucha dialéctica entre la razón y el corazón, en donde el autor da supremacía al segundo. Y en los últimos poemas de las Parábolas, donde hace su profesión de fe (“Yo he de hacerte, mi Dios, cual tú me hiciste, y para darme el alma que me diste”, dice en el poema CXXXVII.V) relata su misión como poeta comparándola con el trabajo manual de la abeja, así meditando va creando una verdad que pone en el fondo de su personalidad.

El paisaje próximo: los amigos

En la obra se rinde homenaje a los amigos del poeta, que fue muy querido por todos los hombres de letras de su tiempo. Con algunos, como Azorín, descubrió Castilla, y por eso rememora un libro del novelista que tiene este mismo nombre (CXVII), situándolo en una venta de Soria, en el camino de Burgos.

Fruto de la segunda época del libro, Los Elogios son exaltaciones de la obra de personalidades literarias que fueron sus amigos, fundamentalmente, pensadores, escritores y poetas, destacando en cada uno los aspectos que a él más le gustan, por ejemplo en A don Francisco Giner de los Ríos (poema CXXXIX), que fue su maestro y el de muchos intelectuales de su generación, resalta que “soñaba un nuevo florecer de España” cosa parecida a lo que esperaba el propio Machado.

Conclusión

En definitiva, esta es una obra de madurez, donde el sentimiento y la técnica del poeta se manifiestan en su máxima expresión. Los paisajes y las gentes de una época decadente, que el poeta ve con pena, hacen que nazca en él un deseo de mejora y renovación, que mezcla en el libro con nostalgia, con leyendas de moraleja justiciera o con homenajes a otros grandes literatos y pensadores de la época.

Con el libro, ha quedado la mejor descripción de las tierras y de los hombres de Soria, y posiblemente de toda la España de aquel tiempo, pero también la descripción del sentimiento del poeta, de su amor por Leonor, que le hace pasar de la mejor a la peor época de su vida, cuando muere.

La técnica poética tiene una maestría que pone de relieve la madurez del Machado más lírico, que incluso se permite utilizar el romance tradicional para contar en verso lo que, contado sólo en prosa, sería ya una de las mejores narraciones de la generación del 98, y emparentando con otros poetas que también amaron a Soria, en prosa y verso, como Gustavo Adolfo Bécquer.