Brujería en la Edad Media

Historia de España. Edad Media. Brujería. Iglesia católica. Inquisición. Brujería en la Pintura. Brujería en la Literatura. Caza de Brujas. Conjuros. Magia

  • Enviado por: Sonsoles Paulet
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 26 páginas
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INDICE

PÁGINAS

I.- INTRODUCCIÓN.............................................................................................3

II.- ORÍGENES E HISTORIA DE LA BRUJERÍA............................................3 - 8

III.- LA BRUJERÍA, LAS BRUJAS Y LOS BRUJOS.....................................8 - 10

IV.- LA BRUJERÍA EN LA EDAD MEDIA...................................................10 - 12

V.- CARACTERÍSTICAS DE LA BRUJERÍA EN LA EDAD MEDIA...........13 - 18

VI.- PRINCIPALES TEMAS DE LAS BRUJAS DE LA EDAD MEDIA........18 - 21

VII.- REACION DE LA SOCIEDAD MEDIEVAL ANTE LA BRUJERÍA.

LA CAZA DE BRUJAS.........................................................................22 - 24

VIII.- CONCLUSIÓN Y OPINIÓN PERSONAL..................................................24

IX.- BIBLIOGRAFÍA...........................................................................................25

I.- INTRODUCCION

Esta exposición tratará de descifrar el discurrir de la brujería en el medioevo en toda Europa, pero especialmente en España. Se indagará sobre su historia, su actividades y costumbres, su papel dentro de la sociedad, su marginalidad y su persecución...

Además, intentaremos describir a la verdadera bruja, no a la que se nos presentan en los cuentos de hadas, sino a esa mujer de carne y hueso de la vida cotidiana de la edad media. Habrá que precisar qué clase de mujeres eran, a qué se dedicaban, cómo actuaban y su oficio cómo influía al resto de la sociedad.

Este modelo arquetipo lo podemos rastrear en muchos autores modernos, que nos pueden ser de gran ayuda. Los trabajos de Julio Caro Baroja (a quien se hace mención en la bibliografía) son excepcionales para poder abordar este tema de una manera completa.

II.- ORÍGENES E HISTORIA DE LA BRUJERÍA.

La brujería es un tema presente tanto en la antigüedad, en el medioevo, como en el renacimiento, y en el barroco, pero no podemos hablar de conjunto ya que cada época impone su sello característico. En el siglo XV aproximadamente ya se definirá el estereotipo de la bruja ligada a la maldad, a la corrupción, teniendo como compañía al demonio. También en este siglo se termina de configurar la idea de la secta de brujas, los ritos.

Dice Michelet : “La mujer nace hada. Por el retorno singular de la exaltación es sibila. Por el amor, maga. Por su finura, su malicia, es bruja”. La historia comienza donde la mujer bella, joven deja de serlo y se convierte en fea, anciana y anticipadora de malos agüeros.

Cuando imaginamos en las brujas maléficas, malolientes y demoníacas de nuestro siglo, las pensamos de igual modo para la edad media. La imagen actual que tenemos de la bruja fue elaborada definitivamente en forma tardía. Esta visión se configura alrededor de los siglos XV y XVI.

La visión que tenemos de la edad media es de una época oscura, conflictiva y de una crisis continua. En la edad media la brujería y la demonología alcanzarán nuevas dimensiones merced al espíritu de crisis que se estaba viviendo. Esta repentina aparición del tema no tiene que ver con más cantidad de brujas en el mundo sino con la crisis material y espiritual que se vivía. Se buscan culpables y así se iniciará más tarde las persecuciones por parte de católicos y protestantes.

Por otro lado el estudio de la brujería desemboca en la problemática relacionada con la mujer. La bruja en contraposición con el mago - éste crea la realidad - la maneja, se sirve de la realidad.

Sobre la teoría de la magia nos habla Caro Baroja y nos lleva a compararla con cinco elementos. Distingue entre magia y nivel cultural, magia y teoría antropológica, magia y religiones clásicas, magia y demonología, y magia y cristiandad. Nos da las explicaciones referentes a la actitud de las diferentes clases sociales antes la figura de los magos y la misma magia.

En cuanto a la teoría antropológica nos explica como se ha tomado la palabra “Magia” en distintos pueblos europeos, desde la antigüedad. Hubo desde siempre ciertas pasiones que han movido a los hombre a acercarse a lo desconocido, a ciertas fuerzas naturales que satisfagan su deseo en forma inmediata. Éstos hombres hacían entrega de una parte de su ser o de la totalidad de éste. Estas potencias sobrenaturales a veces son malignas y otras no.

Las bases del pensamiento mágico y del pensamiento religioso son muy diferentes desde el comienzo. En cuanto a las religiones clásicas encontramos el empleo de la palabra ððγððð que se emplea en griego para referirse a la actividad de los magos o a una tribu sacerdotal. La ððγððð es una forma de interactuar con lo sobrenatural.

El tema de la demonología Caro Baroja lo centra en la atención que algunos teólogos musulmanes del medioevo empezaron a establecer con respecto a la magia. Cita por ejemplo a Ibn H'azm (953-1064 d. de JC.), para él no hay posibilidad de realidad en algunos de los actos que se le atribuyen al mago. Tales como volar o caminar sobre las aguas. Estos hechos se los reserva exclusivamente a los profetas.

Sin embargo, no se niega la magia, por ejemplo, de los talismanes o la magia de los encantamientos, los cuales excitan ciertas energías naturales. Para Ibn H'azm la magia no tiene nada de milagroso ni prodigioso. Dice que los magos pueden producir apariencias y hacer falsos milagros pero ni siquiera les atribuye cierta relación con el demonio.

En el ámbito de magia-cristiandad se habla de Santo Tomás y se considera que para el teólogo medieval tenía en cuenta tres hechos importantes en el problema de la magia, a saber

- La intervención de los demonios

- Las operaciones técnicas

- La naturaleza del hombre dispuesto a romper su relación con Dios.

Sabemos que el mago es el antisanto, el realizador de falsos milagros.

Primeras visualizaciones del demonio y de las brujas. Textos que los configuran:

Por otro lado, el mundo del demonio será expresado de manera sensual. Comenzará a verse desde el medioevo hasta el renacimiento al demonio como un ser tangible y concreto que se manifestará a sus seguidores como un macho cabrío, con cuernos, cola y pezuñas, con olor a azufre y de piel muy fría, será un ser de naturaleza monstruosa y expresión de desenfreno.

La lucha del demonio con las fuerzas divinas se verá como una constante, el demonio se apoyará en su aliadas las brujas para pelear. Esto es a raíz de que a partir del siglo XIV se difundirá la idea de una secta de brujas, de una organización en contra delas fuerzas de Dios. Esta idea nace unida a la persecución de judíos y herejes, esto se explicaría por la aparición de brotes epidémicos, sequías y hambrunas que se dieron durante estos siglos: “La llegada, a mediados del siglo XIV, de los bacilos de la peste, procedentes de las estepas de Asia central, provocó una serie de reacciones en cadena. Obsesión de la conjura, estereotipos antiheréticos y rasgos chamánicos se fundieron haciendo surgir la imagen amenazadora de la secta brujesca.”

La Iglesia preparará una serie de tratados demonológicos para tratar de explicar el accionar del demonio en el mundo. En estos tratados se va a definir el rol y las características de la bruja. La idea de que estas brujas o servidoras del demonio se diseminaban por el mundo causando males, llevó al papa Inocencio VIII a dictar en 1484 la bula Summis Desiderantes Affectibus. En esta bula la Iglesia apoya la persecución de personas que practiquen hechicerías, encantamientos etc. La bula también autorizaba a dos miembros de la Orden de los Hermanos Predicadores (fundada en 1214 por Santo Domingo de Guzmán para combatir las herejías) para actuar en contra de aquellos que practiquen la magia. Obligaba a toda la cristiandad a colaborar.

La Inquisición fue fundada oficialmente en 1231, por el papa Gregorio IX, tomaba un nuevo rumbo. Serían estos dos dominicos Jacob Sprenger y Heinrich Kramer quienes publicarían un texto con todo lo referente a la brujería y a la demonología de la época. Se llamó a este texto el Malleus Malleficarum y es una pieza importantísima para la comprensión del pensamiento de aquel entonces. También en este escrito se establecen las penas y castigos para los que practiquen la brujería: “Los castigos previstos para las mujeres que compartían tales ilusiones eran relativamente blandos: cuarenta días, un año, dos años de penitencia. La mayor severidad (la expulsión de la parroquia) era reservada a quienes se jactaban de procurar el amor o el odio, era debida seguramente a la presencia de rituales...”Sin embargo, a partir de las primeras décadas del siglo XV, la brujería ya era castigada con la hoguera.

La idea de la secta de brujas:

La idea de la secta de brujas se remonta hacia el siglo XII, y se retoma alrededor del siglo XIV. Es bueno recordar que esta idea estuvo siempre muy ligada a la aparición de grandes pestes y epidemias.

Hay dos vertientes principales que nos dejan entrever quiénes eran realmente estas brujas; una de ellas es la que remarcan los inquisidores y jueces eclesiásticos: tienen la idea de un complot con el demonio en contra de la religión del cristianismo. Por otra parte tenemos los elementos mágicos precedentes de la misma sociedad medieval.

Estos elementos comenzaron a fusionarse y se empezó a asociar a las brujas con la muerte, con la sangre y con la leche. Manifestado en los males acontecidos a lactantes, enfermos y animales jóvenes. Alrededor del siglo XIII el pueblo hablaba de las strix y las identificaba como demonios que tomando el aspecto de una vieja, rondaban por los campos montados en lobos y asesinando a lactantes.

Estas mujeres, las brujas, en su mayoría poseían conocimientos de medicina natural, transmitidos de generación en generación. Muchas de ellas eran embaucadoras, otras tantas eran verdaderamente servidoras de Satanás. Por la importancia que en la edad media tuvo este figura, nos deja ver la importancia que cobraba como rol social. La bruja surgía como respuesta ante el sufrimiento y épocas en crisis.

Aparecían como realizadoras de sueños y pesadillas ante la sociedad por sus hechizos y conjuros. Esto se explica teniendo en cuenta que había ciertos deseos terrenales que no se podían pedir a Dios, no porque se creyese su poder insuficiente sino porque la mayoría de las veces el demonio estaba más cercano. El diablo entrega dones aquí y ahora, en cambio para pedirle a Dios debían, quizás esperar la vida espiritual.

La bruja manipula la realidad, en función de sus deseos o de quienes lo soliciten. Había hechizos referentes en su mayoría a satisfacción de amores, adquisición de bienes, predecir el futuro, alejar a las personas indeseables o causar daños.

Muchas veces la bruja no es aquella mujer fea, ermitaña y alejada de la sociedad. Generalmente se desliza en las calles de día, y a veces, solo a veces, acude a la Iglesia, ya que muchas veces no reniega de Dios, sino que hasta lo invoca en sus conjuros. En la sociedad es aquella mujer a la que se teme, pero que a la vez se recurre a ella en situaciones extremas.

III.- LA BRUJERÍA, BRUJAS Y BRUJOS.

LA BRUJERÍA.

Se conoce como al conjunto de creencias, conocimientos prácticos y actividades de estas personas. La creencia en la brujería es común en numerosas culturas, y las interpretaciones del fenómeno varían significativamente de una cultura a otra.

En el Occidente cristiano, la brujería se ha relacionado frecuentemente con la creencia en el Diablo, especialmente durante la Edad Moderna, en que se desató en Europa una obsesión por la brujería que desembocó en numerosos procesos y ejecuciones de brujas (lo que se denomina "caza de brujas"). Algunas teorías relacionan la brujería europea con antiguas religiones paganas de la fertilidad, aunque ninguna de ellas ha podido ser demostrada. Las brujas tienen una gran importancia en el folclore de muchas culturas, de donde han pasado a la cultura popular.

Si bien este es el concepto más frecuente del término "bruja", desde el siglo XX el término ha sido reivindicado por sectas ocultistas y religiones neopaganas, como la Wicca, para designar a todas aquellas personas que practican cierto tipo de magia, sea esta maléfica (magia negra) o benéfica (magia blanca), o bien a los adeptos de una determinada religión.

LAS BRUJAS Y LOS BRUJOS.

La palabra española bruja es de etimología dudosa, posiblemente prerromana, del mismo origen que el portugués y gallego bruxa y el catalán bruixa. La primera aparición documentada de la palabra, en su forma bruxa, data de finales del siglo XIII. En 1396 se encuentra la palabra broxa, en aragonés, en las Ordinaciones y Paramientos de Barbastro.

En latín, las brujas eran denominadas maleficae (singular malefica), término que se utilizó para designarlas en Europa durante toda la Edad Media y gran parte de la edad moderna. Términos aproximadamente equivalentes en otras lenguas, aunque con diferentes connotaciones, son el inglés witch, el alemán Hexe y el francés sorcière.

Estas personas que llevaban a cabo la brujería se denomina brujas o brujos (menos frecuente). Estas personas estaban supuestamente dotadas de ciertas habilidades mágicas que emplean con la finalidad de causar daño.

Aunque en español se utiliza en ocasiones la palabra brujo, en masculino, como sinónimo de mago, con independencia del tipo de magia que practique, el uso más frecuente del término (casi siempre en femenino) hace referencia a las personas que practican la magia negra. Incluso dentro de éstas, Julio Caro Baroja propone diferenciar entre brujas y hechiceras.

Las primeras habrían desarrollado su actividad en un ámbito predominantemente rural y habrían sido las principales víctimas de las cazas de brujas en los años 1450-1750. En cambio, las hechiceras, conocidas desde la antigüedad clásica, son personajes fundamentalmente urbanos: un ejemplo característico en la literatura española es la protagonista de La Celestina de Fernando de Rojas.

A diferencia de los practicantes de la magia culta, que alcanzó gran desarrollo en el Renacimiento, tanto la bruja rural como la hechicera urbana pertenecían en general a clases sociales marginadas, lo que las hacía más vulnerables a las persecuciones. Se cree que las artes de brujas y hechiceras eran transmitidas oralmente de generación en generación, por lo que todos los testimonios acerca de sus prácticas proceden de autores ajenos y muy a menudo hostiles a ellas.

IV.- LA BRUJERÍA EN LA EDAD MEDIA.

Como hemos dicho, la brujería es un conjunto de prácticas relativas a poderes sobrenaturales que realizan personas que se autodenominan brujos y brujas. Se extiende por todo el mundo, pero ha desempeñado funciones muy distintas según los tiempos y lugares. La antropología moderna distingue entre la brujería simple, los supuestos cultos de brujas diabólicas de la edad media, y el moderno movimiento neopagano. A continuación desvelaremos los mitos atribuidos tradicionalmente a la brujería.

El concepto de brujería en la edad media se basaba en ciertos prejuicios. Eran presuposiciones que incluían la creencia en que el diablo y sus acólitos, los demonios, los trasgos, los íncubos y los súcubos, eran reales y ejercían sus poderes en el mundo; en que la gente podía tener relaciones físicas con ellos y en que podían establecerse pactos entre las personas y los demonios. 

En la brujería diabólica de la edad media se creía que los brujos eran siervos del diablo. En compensación por servirle bajo contrato, los brujos recibían supuestamente ciertos poderes, en especial producir o curar o traspasar enfermedades; provocar tormentas o lluvias o, a veces, causar la sequía; provocar la impotencia en los hombres y esterilidad en las mujeres; así como arruinar las cosechas, hacer que los animales quedaran estériles y que la leche se volviese agria.

Se creía que eran capaces de despertar el amor por medio de filtros y pociones, o de destruirlo con hechizos y encantamientos; causar daño o incluso provocar la muerte con una mirada (el llamado mal de ojo) o clavando alfileres en una muñeca o estatuilla de cera que representara a la persona a la que se quería causar daño. Supuestamente podían hacerse invisibles y volar con la ayuda del palo de una escoba. 

Se creía que adivinaban el futuro, reanimaban objetos inanimados, revivían a los muertos o conjuraban otros espíritus; así mismo se suponía que podían transformarse ellos mismos y a otros en animales, sobre todo en gatos y lobos.

En cuanto a la organización y la práctica tradicionales, y de acuerdo con la mayoría de los expertos, los brujos europeos de la época medieval en adelante estaban organizados en grupos o aquelarres de doce miembros, la mayor parte de ellos, pero no exclusivamente, formados por mujeres, y por un líder, generalmente, masculino. Este líder estaba considerado como vicario del diablo y muchos de sus fieles más ingenuos le trataban como si fuera el mismo diablo. Tradicionalmente se le representaba vestido de negro o con disfraz de macho cabrío, ciervo u otros animales con cuernos. 

El grupo se reunía una o dos veces por semana en lo que generalmente constituía una reunión local. En estas reuniones las brujas llevaban a cabo supuestamente ritos de culto al demonio, informaban de sus actividades y hacían planes para la próxima semana. Otras reuniones regionales, llamadas Sabbats -seguramente como un acto provocativo hacia el sabbat judío-cristiano-, se reunían probablemente a centenares, a veces miles de alegres asistentes, incluyendo los brujos y sus neófitos. 

El lugar de reunión de brujos más famoso de la Europa antigua y medieval fue Brocken, el pico más alto de las montañas Harz, en Alemania, donde transcurre la escena del Sabbat tan impresionantemente descrita en el Fausto de Goethe. Los dos Sabbats más importantes se celebraban en la noche del 30 de abril (Noche de Walpurgis) y la del 31 de octubre (víspera de la festividad de Todos los Santos). También se celebraban Sabbats en las noches del 31 de julio (Fiestas de la cosecha) y del 1 de febrero (Candelaria), además de otras. 

El Sabbat comenzaba con la iniciación de los neófitos. Se supone que la ceremonia iniciática incluía prestar juramento de obediencia al demonio, firmando con él pactos de sangre y profanando crucifijos, por ser la señal de la Cruz, y otros objetos sagrados; la asignación de un espíritu ayudante bajo la forma de gato, ratón, comadreja, sapo u otro animal pequeño, que actuara de sirviente del brujo; la realización de diversos actos obscenos de obediencia al demonio y su vicario. A la iniciación seguía un acto de culto general que con frecuencia incluía la misa negra, una farsa de la misa católica (véase Satanismo). Se dice que el culto desembocaba en una danza que se hacía cada vez más salvaje e indecente. El Sabbat terminaba supuestamente en una orgía sexual.

V.- CARACTERÍSTICAS DE LA BRUJERÍA EN LA EDAD MEDIA

A finales de la Edad Media empezó a configurarse una nueva imagen de la bruja, que tiene su principal origen en la asociación de la brujería con el culto al Diablo (demoniolatría) y, por lo tanto, con la idolatría (adoración de dioses falsos) y la herejía (desviación de la ortodoxia).

Sin embargo, el primer proceso por brujería en que están documentadas acusaciones de asociación con el Diablo tuvo lugar en Kilkenny, Irlanda, en 1324-1325, solo hacia 1420-1430 puede considerarse consolidado el nuevo concepto de brujería. Existen variantes regionales, pero pueden ser descritas una serie de características básicas, reiteradas tanto en las actas de los juicios como en la abundante literatura culta sobre el tema que se escribió en Europa durante los siglos XV, XVI y XVII.

Las principales características de la bruja, según los teóricos del tema, eran las siguientes:

  • el vuelo en palos, animales, demonios o con ayuda de ungüentos,

  • encuentros nocturnos con el Diablo y otras brujas en el sabbat o aquelarre,

  • pactos con el Diablo,

  • sexo con demonios (en forma de íncubos y súcubos)

  • la magia negra.

  • Esta idea de la brujería, predominante en la Edad Moderna y base de las cazas de brujas, era alarmante en la época, ya que se extendió la idea de que las brujas conspiraban para extender el poder del Diablo. La caracterización negativa de las brujas comparte algunas características con el antisemitismo (expresiones como «Synagoga Satanae», Sinagoga de Satanás, o «sabbat», para designar las reuniones nocturnas de las brujas), y tiene un fuerte carácter misógino. Aunque no todos los sospechosos de brujería eran mujeres (hubo un significativo porcentaje de hombres procesados y ejecutados por delitos de brujería), se consideraba a la mujer más inclinada al pecado, más receptiva a la influencia del Demonio, y, por tanto, más proclive a convertirse en bruja.

    La definición de la brujería como adoración al Diablo se difundió por toda Europa mediante una serie de tratados de demonología y manuales para inquisidores que se publicaron desde finales del siglo XV hasta avanzado el siglo XVII.

    El primero en alcanzar gran repercusión, gracias a la reciente invención de la imprenta, fue el Malleus Maleficarum ("Martillo de las brujas", en latín), un tratado filosófico-escolástico desapasionado y racional publicado en 1486 por dos inquisidores dominicos, Heinrich Kramer (Henricus Institoris, en latín) y Jacob Sprenger. El libro no solo afirmaba la realidad de la existencia de las brujas, conforme a la imagen antes mencionada, sino que afirmaba que no creer en brujas era un delito equivalente a la herejía: «Hairesis maxima est opera maleficarum non credere» (La mayor herejía es no creer en la obra de las brujas).

    Tanto el Malleus como otros muchos libros que se publicaron en la época, constituyeron el fundamento de la caza de brujas que se dio en toda Europa durante la Edad Moderna, especialmente en los siglos XVI y XVII, y que causó la muerte, según los cálculos más fidedignos, de unas 60.000 personas.

    Pacto con el Diablo

    Se atribuía a los acusados de brujería un pacto con el Diablo. Se creía que al concluir el pacto, el Diablo marcaba el cuerpo de la bruja, y que una inspección detenida del mismo podía permitir su identificación como hechicera. Mediante el pacto, la bruja se comprometían a rendir culto al Diablo a cambio de la adquisición de algunos poderes sobrenaturales.

    Entre estos poderes estaba, lógicamente, la capacidad de causar maleficios de diferentes tipos, que podían afectar tanto a las personas como a elementos de la naturaleza; en numerosas ocasiones, junto a estos supuestos poderes se consideraba también a las brujas capaces de volar (en palos, animales, demonios o con ayuda de ungüentos), e incluso el de transformarse en animales (preferentemente lobos).

    El aquelarre.

    Se creía que las brujas celebraban reuniones nocturnas en las que adoraban al Demonio. Estas reuniones reciben diversos nombres en la época, aunque predominan dos: sabbat y aquelarre. La primera de estas denominaciones es casi con seguridad una referencia antisemita, cuya razón de ser es la analogía entre los ritos y crímenes atribuidos a las brujas y los que según tradición popular cometían los judíos. La palabra aquelarre, en cambio, procede del euskera aker (macho cabrío) y larre (campo), en referencia al lugar en que se practicaban dichas reuniones.

    Según se creía, en los aquelarres se realizaban ritos que suponían una inversión sacrílega de los cristianos. Entre ellos estaban, por ejemplo, la recitación del Credo al revés, la consagración de una hostia negra, que podía estar hecha de diferentes sustancias, o la bendición con hisopo negro. Además, casi todos los documentos de la época hacen referencia a opíparos banquetes (con frecuencia también a la antropofagia) y a una gran promiscuidad sexual. Una acusación muy común era la del infanticidio, o los sacrificios humanos en general.

    La principal finalidad de los aquelarres era, sin embargo, siempre según lo considerado cierto en la época, la adoración colectiva del Diablo, quien se personaba en las reuniones en forma humana o animal (macho cabrío, gato negro, etc). El ritual que simbolizaba esta adoración consistía generalmente en besar el ano del Diablo (osculum infame). En estas reuniones, el Diablo imponía también supuestamente su marca a las brujas, y les proporcionaba drogas mágicas para realizar sus hechizos.

    Se creía que los aquelarres se celebraban en lugares apartados, generalmente en zonas boscosas. Algunos de los más célebres escenarios de aquelarres fueron las cuevas de Zugarramurdi (Navarra) y Las Güixas (cerca de Villanúa de Jaca, en la provincia de Huesca) en España, el monte Brocken (mencionado en el Fausto de Goethe), en Alemania, Carnac en Francia; el nogal de Benevento y el paso de Tonale, en Italia. Se creía también que algunos aquelarres se celebraban en lugares muy lejanos de la residencia de las supuestas brujas, que debían por tanto hacer uso de sus poderes sobrenaturales para desplazarse volando: por ejemplo, se acusó a algunas brujas del País Vasco francés de asistir a aquelarres en Terranova.

    Algunas fechas se consideraban también especialmente propicias para la celebración de aquelarres, aunque varían según las regiones. Una de ellas era la noche del 30 de abril al 1 de mayo, conocida como noche de Walpurgis.

    El vuelo.

    Se atribuía a las brujas la capacidad de desplazarse volando a los aquelarres. Esta creencia se remonta, al menos, a la Antigüedad clásica, aunque a menudo fue vista con escepticismo (por ejemplo, en el Canon episcopi se afirma la absoluta falsedad de esta idea). Los procedimientos empleados para volar varían según los diferentes testimonios: en el Canon episcopi, por ejemplo, se hace referencia a la creencia de que las brujas se desplazaban en animales voladores. Sin embargo, el medio de locomoción más frecuente, y que como tal ha perdurado en la imagen actual de la bruja, es la escoba.

    El simbolismo de la escoba se ha interpretado de diversas formas. Para algunos autores se trata de un símbolo fálico, lo que se relacionaría con la supuesta promiscuidad sexual de las brujas. Otras teorías mencionan que la escoba pudo haber sido utilizada para administrarse determinadas drogas. En cualquier caso, llama la atención el tratarse de un objeto en la época casi relacionado casi exclusivamente con la mujer.

    Con respecto a los vuelos de las brujas, las opiniones de los teólogos de la época estuvieron muy divididas. Para algunos, tenían lugar físicamente, en tanto que otros consideraban que se trataba de ensueños inducidos por el Diablo. Modernamente se han relacionado con el consumo de ciertas drogas conocidas en la Europa rural, tales como el beleño, la belladona y el estramonio.

    Referente a la forma de vuelo que se les atribuía en el resto del mundo, en el caso de Chile destaca la creencia de que el brujo chilote cuenta con un "macuñ" (del mapudungun makuñ: "manto"o "chaleco") hecho con la piel del pecho de un cadaver humano. Igualmente en este país y en Argentina se les atribuía la capacidad del vuelo transformados en aves de "mal agüero" (mala suerte), ejemplo de ello es la leyenda de la Voladora.

    La metamorfosis.

    Todas las culturas tienen entre las atribuciones de las capacidades de magos, brujas o hechiceros las de transformarse en animales. Aunque la cultura popular del norte de Europa atribuye a las brujas la transformación preferente en un gato negro.

    Referente a la metamorfosis que se les atribuía en el resto del mundo, en el caso de sudamérica, en la tradición de Chile y algunas zonas de Argentina, La transformación de las brujas es principalmente en aves, aunque también se menciona la transformación en otros animales; destacando un tipo de bruja o brujo (al igual que los Calcu en la tradición Mapuche), que se le atribuye la capacidad de transformarse en un mítico pájaro conocido como Chonchón.

    Prácticas mágicas.

    Se atribuía a las brujas la realización de hechizos mediante la magia negra, esto es, con fines maléficos. Mediante estos hechizos, lograban supuestamente hacer morir o enfermar a otras personas o al ganado, o desencadenaban fenómenos meteorológicos que arruinaban las cosechas.

    VI.- PRINCIPALES CONJUROS DE LAS BRUAJS DE LA EDAD MEDIA.

    En la evolución que se ha planteado de la brujería, vemos que no siempre tenemos la idea correcta acerca de la apariencia de esas brujas que rondaban la España del medioevo. No siempre la bruja vivía aislada, sino que se movía en la sociedad, determinándose con un rol social. Generalmente tampoco era esa anciana fea que imaginamos sino que la mayoría de las veces eran muchachas jóvenes que vivían en las ciudades.

    La palabra bruja deriva de las lenguas romances, formada por el término bruxa, derivado de bruixa, tal vez comparta la misma raíz que la palabra druida. Esta bruja se dedicaba a realizar conjuros o hechizos, ya sea para provecho propio o ajeno. Son innumerables los temas tratados en estos hechizos pero se sintetizará con tres principales:

    1. Los conjuros de salud y bienestar:

    Desde la antigüedad era conocida la habilidad de las mujeres para sanar en forma “mágica”. Esta creencia en España derivó de los bárbaros y tuvo repercusión durante la edad media. Lamentablemente los médicos no estaban al alcance de todos, sus costos eran elevados.

    El aporte de la mujer fue muy importante para la medicina. Las brujas, desde el punto de vista de curanderas, tenían un gran conocimiento en cuanto a hierbas y remedios se trataba. Las consultaba desde los más necesitados como los de las grandes esferas.

    Se suponía que si ellas eran capaces de hacer el mal también podían eliminarlo. Las brujas tenían sus pócimas y fórmulas medicinales para ello, los cuales iban

    acompañados de algunos conjuros:

    “Allá vayas, mal, de la parte del mar

    Donde no canta gallo ni gallina,

    Que no pares en esta casa ni en este hogar”

    Esta fórmula era muy utilizada para el mal de ojo, algo habitual en el mundo medieval. Como curiosidad diremos que para que fuera efectivo se debía poner en un plato, de cinco en cinco granos de cebada, ruda y cilantro seco, aceite de enebro y cera derretida de una vela. Con esto hacían un sahumerio que se echaba en un plato con agua sobre la cabeza del doliente.

    2.- Los conjuros de amor:

    La bruja tiene la tarea de unir a dos amantes. Generalmente esto ocurría en contra de la voluntad de uno de ellos. El conjuro de las brujas nunca falla, lo que puede fallar es el que lo solicita o la que lo realiza.

    Una bruja española, Juana la esquiladora, todavía en 1716, le decía a su marido enojada antes de hablarle:

    “Con dos te miro

    Con tres te mato,

    La sangre te bebo,

    El corazón te parto;

    Que vengas tan sujeto a mí

    Como la suela de mi zapato”

    Desde siempre han ocurrido desventuras amorosas, amores no correspondidos o prohibidos. Las brujas al realizar estos conjuros invocaba a Selene, a Venus y a Hécate. También encontramos elementos totalmente cristianos en ellos. Hay también mezcla de características paganas como la numerología por ejemplo. El rito que acompañaba a este conjuro lo dio a conocer una procesada: había que medir la puerta de la calle, una vez con las manos y otra con un cordel, echar sal de moler en las junturas de las puertas y poner en una esquina de la misma una escoba nueva. Había que hacerlo nueve veces por nueve noches consecutivas mirando la misma estrella, que debía ser de su propio gusto.

    3.- Los conjuros de dolores y enfermedades:

    De los temores más comunes con respecto a las brujas radican en su poder de causar daños inclusive a grandes distancias. Se les temía por el daño que podían causar a recién nacidos, a animales, sobre los alimentos y sobre las enfermedades que podían provocar.

    Había muchas maneras de darse cuenta si la enfermedad que se padecía era de origen maléfico. La más conocida era ver si la lengua del enfermo se tornaba blanquecina, lo cual era seña segura de haber sido hechizado. Otro método infalible era mirarse en un espejo en donde se debían reflejar aquellos que causaron el daño.

    El maleficio se realizaba en la comida o en la bebida. O bien se dirigía una mirada a la víctima o se maldecía algún objeto que le perteneciera, otras brujas, las más poderosas podían causarle el daño solo con tocarlo o con tocar su ropa. No todos estos maleficios eran causados con malicia o con la intención de lastimar.

    Uno de los temores más grandes era que alguna bruja dirigiese su atención a los niños. Se las acusaba de aquellas enfermedades que terminan en muerte segura. Como sea, la gente del medioevo recurría a ellas de todos modos. Las brujas subsistieron porque la sociedad las alimentaba.

    VII.- REACCION DE LA SOCIEDADAD MEDIEVAL ANTE LA BRUJERÍA. LA CAZA DE BRUJAS.

    Reacción individual de los afectados: lapidan a la que consideran responsable de la muerte de un familiar, etc. Esto podía ocurrir sobre todo en aldeas, etc, donde la autoridad central no es fuerte.


    Donde hay fuerte autoridad, es ella quien se encarga de juzgar a la bruja o brujo, y condenar bien a pagar indemnización, bien ejecutándola. La ley prohibía con firmeza que la gente se tomase la justicia por su mano y eliminase a personas sospechosas de brujería, pero no obstante a veces la muchedumbre iracunda ignoraba estas leyes.


    La gente solía encontrar la explicación a algún desastre inexplicable o imprevisible en un maleficium. Por ello en épocas de crisis se acusaba y quemaba a muchas personas acusadas de brujería.


    Los campesinos sentían un recelo tal hacia los maleficia que acusaban a cualquier persona sospechosa, generalmente mujeres, cuando ocurría alguna desgracia. En estos casos, incluso a veces la ira recaía sobre una monja sospechosa de utilizar un muñeco de cera para hacer maleficium.

    Aquí destaca por su importacia y transcendencia la caza de brujas, que desarrollaremos en un punto aparte.

    LA CAZA DE BRUJAS:

    Entre los siglos XV y XVIII se dio una persecución particularmente intensa de la brujería, conocida como caza de brujas. Esta persecución afectó a la práctica totalidad del territorio europeo, si bien fue particularmente intensa en Centroeuropa, en los estados semiindependientes bajo la autoridad nominal del Sacro Imperio Romano Germánico, y en la Confederación Helvética. Los estudiosos actuales del tema dan una cifra aproximada de 110.000 procesos y 60.000 ejecuciones, a pesar de que cálculos anteriores arrojaban cifras mucho más elevadas.

    La caza de brujas tiene su origen en la Inquisición, tribunal creado por el Papado para perseguir la herejía, pero que a partir del siglo XIV comenzó a prestar atención al fenómeno de la brujería. La principal acusación contra las brujas era la de demonolatría, o adoración del Diablo, concretada ya en una obra clásica sobre el tema, el Malleus maleficarum ("Martillo de brujas"), manual para uso de inquisidores publicado en 1486 por los monjes dominicos Heinrich Kramer y Johann Sprenger, según los cuales negar la existencia de las brujas equivalía a hacerse sospechoso de herejía. Entre los siglos XVI y XVIII aparecieron numerosas obras de eclesiásticos y juristas acerca de este tema.

    Contra lo que suele creerse, sin embargo, la mayor parte de los procesos por brujería los llevaron a cabo tribunales civiles, y la Inquisición solo tuvo un papel preponderante en los primeros años de la caza de brujas. Los procesos tuvieron lugar por igual en países católicos y protestantes. En los territorios de religión ortodoxa, en cambio, las cazas fueron de intensidad mucho menor.

    Durante estos procesos, se aplicó con frecuencia la tortura para obtener confesiones, por lo cual los investigadores actuales suelen manifestar cierto esceptimisto acerca de lo manifestado en los juicios por brujería.

    Algunos procesos por brujería se han hecho especialmente célebres; como el de las brujas de Salem, en los actuales Estados Unidos, tema de una célebre obra del dramaturgo Arthur Miller, publicada en 1953, que popularizó la expresión "caza de brujas" en relación con la Comisión de Actividades Antiamericanas del senador Joseph McCarthy. Desde entonces, la expresión "caza de brujas" se aplica metafóricamente a cualquier persecución de tipo ideológico.

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    VIII.- CONCLUSION Y OPINIÓN PERSONAL.

    Para cerrar este trabajo de investigación, es importante aportar una valoración personal sobre el contenido desarrollado. Los temas aquí tratados, la magia (ya que la asignatura trata de ello), y la brujería (que está inevitablemente relacionada con este tema), tuvieron su momento de su máxima expresión en la edad media (época que nos interesa) de la mano de las hechiceras, los pactos diabólicos y el conocimiento de los mismos hasta la persecución de las brujas fueron actos y hechos consumados, pero siempre tendrán un enigma e incredibilidad en todo lo redactado.

    En síntesis, podemos decir que con este trabajo se intentó dar una visión del pensamiento medieval en torno a los seres más despreciados y castigados de esa sociedad en la que vivieron. Y a pesar de tener estas características también eran recurridos con frecuencia no sólo por el pueblo sino también por la nobleza. Estos seres de fantasía que de pronto fueron parte de la sociedad en épocas de malaria y peste, se convirtieron en justificativo de sus desgracias y miserias. La bruja, es el ejemplo más claro, ya que fue una persona tangible dentro del mundo medieval, que se movía por las calles y era reconocida, temida.

    En definitiva, toda la fantasía del medioevo tuvo importancia tanto en la vida diaria como en escritos, en temas eclesiásticos, en la literatura de la época y siguió vigente hasta siglos posteriores, llegando a nuestros días, y convirtiéndose en un tema de interés para investigar y conocer lo verdadero de su historia.

    XI.- BIBLIOGRAFIA.

    LIBRERÍA:

    - Cardini, Franco: Magia, brujería y superstición en el Occidente medieval. Barcelona: Península, 1982.

    - Caro Baroja, Julio: Las brujas y su mundo. Madrid: Alianza Editorial, 1968 - Centini, Massimo: Las brujas en el mundo. Barcelona: De Vecchi, 2002.

    - Lisón Tolosana, Carmelo: Las brujas en la historia de España. Madrid: Temas de Hoy, 1992.

    - Murray, Margaret: El culto de la brujería en Europa occidental. Barcelona: Labor, 1978.

    MULTIMEDIA:

    • Enciclopedia Encarta 2006.

    • Enciclopedia Universal LAROUSSE.

    PÁGINAS WEB:

    BRUJERIA EN EL MEDIEVO

    Magia en la Edad Media

    24

    Brujería

    en el Medievo

    Ilustración de «The Lancashire witches»

    de William Harrison Ainsworth

    Portada del Malleus maleficarum.

    Edición de 1669

    Mujer asistiendo un parto, Anónimo, S.XIII

    El Sabbat, Grabado, Anónimo.

    El Aquelarre, de Goya (1746-1828)

    El Aquelarre, de Goya (1746-1828)

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