Brevísima relación de la destrucción de las Indias; Fray Bartolomé de las Casas

Literatura española del siglo XVI. España. Reyes católicos. Guerra. Conquistadores. Indios. Esclavitud. Protector de Indias. Biografía

  • Enviado por: El remitente no desea revelar su nombre
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 8 páginas
publicidad
cursos destacados
Graba audio con Apple Logic Pro 9
Graba audio con Apple Logic Pro 9
En este curso aprenderemos a realizar grabaciones de audio de calidad utilizando Apple Logic Pro 9. Exploraremos todo...
Ver más información

Cómo montar un Ordenador
Cómo montar un Ordenador
En este curso te guiamos de una forma muy práctica y gráfica, para que puedas realizar el montaje de tu...
Ver más información

publicidad

Brevísima relación de la destrucción de las Indias

De Fray Bartolomé de las Casas

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS - DATOS BIOGRÁFICOS

Nació en Sevilla no en 1474, como se creyó mucho tiempo, sino diez años después como consta en la única declaración que sobre su edad nos dejo el propio las Casas. Hijo segundo de Pedro de las Casas, pequeño comerciante de Tarifa (municipio español perteneciente a la provincia de Cádiz, en Andalucía, situado a cien kilómetros al sureste de la capital provincial en el extremo meridional de Europa continental) y según se cree de familia conversa. Madre de Bartolomé fue Isabel de Sosa. Entre los parientes más cercanos a la familia estaba el capitán Francisco de Peñalosa, amigo de Cristóbal Colón.

Su padre se enrola en el segundo viaje a América, mientras Bartolomé inicia sus estudios. De regreso a España su padre le regala un joven indio, y entre ellos nace una corta amistad, pues Isabel la Católica, en 1500, ordena que todos los indios traídos a España sean repatriados.

Se ha especulado mucho acerca de sus estudios. No consta que acudiera a la universidad ni que poseyera el título de licenciado cuando se embarco con Nicolás Ovando para La Española en 1502. Más probable es que estudiara en algún colegio de Sevilla latinidad y humanidades.

Obtuvo un repartimiento en la isla, o encomienda de indios, institución por la cual un español se beneficiaba del trabajo de los indios a cambio de adoctrinarlos, haciéndoles mudar la vida salvaje por una sedentaria de trabajo retribuido. Fue el primer sacerdote ordenado en América en el año 1510. En 1511 oyó a los misioneros dominicos predicar condenando la encomienda por los abusos que muchos españoles encomenderos cometían, pero él defendía la legitimidad de tal institución. Paso con Pánfilo de Narváez a Cuba como capellán castrense, y obtuvo un buen repartimiento allí; él mismo diría luego que entonces “solo se ocupaba de mandar sus indios de repartimiento en las minas a sacar oro y hacer sementeras, y aprovechándose de ellos cuanto más podía”. Sin embargo, entre tanto, iba madurando su toma de conciencia, que culmino con su conversión en 1514, cuando iba a predicar las pascuas de Pentecostés de Sancti Espíritus. Al sentirse llamado por Dios para predicar contra la encomienda como injusta afirmó, según su nueva vocación, que los únicos señores legítimos del nuevo mundo eran los indios, y que la única razón de ir los españoles allá era como misioneros para convertir a los indígenas a la fe cristiana sin auxilio de ningún hombre de armas. Renunció a sus encomiendas y regresó a España en 1515, para difundir sus ideas y comenzar su incansable lucha en defensa de los indios y contra encomiendas de repartimiento; se dirigió primero al agonizante Fernando el Católico y posteriormente al cardenal Cisneros quien le nombró Protector de Indias (1516). Tras la muerte de Cisneros recomenzó la tarea junto a Carlos V y sus consejeros flamencos, denunciando los abusos de los funcionarios que en la península administraban el negocio de Indias, y enfrentándose a la cerrada enemistad del obispo Fonseca, y Gonzalo Fernández de Oviedo y de los restantes miembros del Consejo de Indias.

Aunque propugnó primero la conducción de esclavos negros, que pronto se convertiría en un espléndido negocio de concesión de asientos, se arrepintió de ello al advertir que tampoco estos solían ser esclavos por razones justas. Contra la conquista patrocinaba la colonización pacífica, por medio de instalaciones de labradores y misioneros, y luchó para obtener una concesión en el continente americano, donde poder demostrar la viabilidad de sus ideas. Embarco de nuevo para América en 1520, habiendo obtenido del rey el territorio de Cumaná (Venezuela) para aplicar en él su teoría. Llevó a su nueva encomienda a sus frailes y colonos en 1521, pero en una breve ausencia de él los indios mataron a los españoles y acabaron con el experimento.

Abatido por este desastre se hizo fraile dominico en 1523. en Santo Domingo, Guatemala y Nicaragua pasó dieciséis años de retiro, deseando volver a España para argumentar en la Corte y ante el Consejo de Indias contra la encomienda y contra la esclavitud de indios, pues la esclavitud del vencido en guerra justa era admitida por juristas y teólogos, incluso por Las Casas, él decía que todas las guerras contra los indios eran injustas; en esto se enfrentaba con el parecer de los demás teólogos cuyo principal maestro fue Fray Francisco de Vitoria ( el fundador del Derecho de gentes moderno), pues todos reconocían varios casos de guerras justas en Indias.

A pesar de las reiteradas peticiones de Las Casas, deseando ser oído por el Consejo, este no le llamó, y los superiores dominicos le retuvieron esos 16 años sin darle licencia para el viaje; indudablemente el desastre de Cumaná le desacreditaba.

En 1535 emprendió viaje a Perú, pero naufrago y fue a parar a Nicaragua, donde denunció el envió de esclavos indios a Perú; ello le enemisto con el gobernador Rodrigo de Contreras, y en 1536 pasó a Guatemala a predicar a los indios. En 1540, y sin licencia alguna, regreso de nuevo a la península, convencido de que era allí donde de desarrollar la lucha contra los abusos de los colonizadores. En 1542 logro ser oído por el Consejo de Valladolid, cuando allí residió Carlos V. Entonces ejerció un gran influjo Carlos V, Huomo Religiosísimo según le clasificaba un embajador veneciano, sufrió entonces una crisis de dudas sobre la legitimidad y moralidad de su dominio en América, movido por la opinión de varios religiosos que acusaban de abusos y crueldades de los españoles en las Indias. A todos sobrepasaba en actividad y vehemencia Fray Bartolomé, el cual sostenía que la conquista del Perú había que abandonarla, pues los Incas eran los únicos dueños del país, y Carlos V se inclinaba al abandono hasta que Francisco de Vitoria le persuadió de que si los españoles se retiraban del Perú, la cristiandad desaparecería de allí. Las Casas insistía esgrimiendo como arma terrible su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, escrita por estas fechas y publicada en 1542 junto con ocho tratados. El autor acusaba en dicha obra a todos los descubridores del Nuevo Mundo, uno por uno, de espeluznantes crímenes, atropellos y robos, acusación hecha con el fin de que se prohibiesen las explotaciones con gente armada; pero tampoco fue escuchado en esto, pues la exageración de las atrocidades era tan ostensible y tan monstruosa que no merecía demasiada atención, y Carlos V siguió otorgando capitulaciones de descubrimientos que debían obrar de acuerdo a los misioneros encargados de autorizar solo una guerra defensiva, nunca ofensiva.

A pesar deque sus doctrinas eran rechazadas, con sus tremendas exageraciones Las Casas influyo para que los frailes de más razonable indofília, como Vitoria y los gobernantes de más recto sentido jurídico, como el Virrey Mendoza de México, triunfasen en la práctica así que Carlos V dirigió y sancionó las llamadas Leyes Nuevas, en Barcelona, a 20 de noviembre de 1542, restringiendo las encomiendas y la esclavitud de indios. Sin embargo estas tan temperadas leyes provocaron agria censura de parte de Fray Bartolomé de Las Casas, que había sido uno de sus artífices, pero pensaba que éstas contrariaban los principios jurídicos que él sostenía.

A pesar de opinar en contra de los demás eclesiásticos y seglares entre 1542 y 1547 Las Casas ejerció gran influjo, tanto en el Consejo como en los gobernantes, y tras rechazar el obispado de Cuzco, Carlos V le nombro en 1543 obispo de Chiapas (Guatemala) para que practicase sus teorías en esa diócesis. Fue consagrado en Sevilla (1544) y emprendió nuevo viaje a América. Pronto hubo de ver que los españoles le dispensarían una acogida hostil, considerándole responsable de las leyes nuevas, tanto más cuando empezó enseguida a denunciar su incumplimiento (las encomiendas no llegaron a suprimirse ante la protesta de unánime de los colonos, que en Perú tomo la forma de sublevación abierta encabezada por Gonzalo Pizarro). Llego a su diócesis en 1545 y a fin de implantar sus ideas jurídicas escribió un Confesionario con normas draconianas según las cuales el penitente, antes de comenzar la confesión, si tenia esclavos indios debía darles la libertad, y si era encomendero debía poner toda su hacienda, ante escribano, en manos del confesor para restituir a los indios todos los tributos percibidos. Esto era contrario a las leyes vigentes, y al ser aplicado a la diócesis de Chiapas, promovió excomuniones y disturbio continuo entre los diocesanos y en la Audiencia de Guatemala, de modo que el obispo solo pudo permanecer en el obispado algunos meses. En 1546 pasó a México, donde divulgo sus Avisos y reglas para confesores, que causaron nuevo escándalo: sus doctrinas fueron rechazadas unánimemente en una junta de prelados celebrada en México ese mismo año, solemne desautorización pronunciada por todos los obispos de la entonces recién colonizada Nueva España.

En 1547 Las Casas embarco a Veracruz en su regreso definitivo a la península. Empezó entonces para él una segunda época de descrédito, después del desastre de Cumaná. Retirado en el convento de San Gregorio de Valladolid, llego a tener que reconocer que los dominicos, franciscanos y mercedarios obraban santamente admitiendo esclavos según las leyes y supo que sus más íntimos hermanos en religión repudiaban su Confesionario en la misma diócesis de Chiapas y en todas partes. Por un último resquemor de conciencia Carlos V dispuso que Las Casas discutirá públicamente su teoría, contraria a toda acción guerrera, con el cronista regio Juan Ginés de Sepúlveda, partidario de las conquistas. Las discusiones se hicieron en Valladolid, en 1550 y 1551 ante el Consejo de Indias y ante varios otro jueces que votaron unánimemente a favor de Sepúlveda. De igual modo, en los años sucesivos, Las Casas vio que sus más allegados misioneros le escribían defendiendo la encomienda y contradiciendo su doctrina. Así, bastante oscurecido, y tras haber renunciado a su obispado murió fray Bartolomé en 1566.

ANÁLISIS DEL PLAN DE LA OBRA

Argumento del presente epitome

Aquí el autor establece el fundamento de la realización de la obra, citamos “... y pareciole cosa conveniente ponerla en molde, porque su Alteza la leyese con más facilidad.” Dirigiéndose a la Corona, refiriéndose a los hechos acaecidos en las Indias.

Prologo

Las Casas sintetiza muy bien su obra en este prologo al decir “... este sumario brevísimo, de muy difusa historia, que de los estragos e perdiciones acaecidas (en América) se podría y debiera componer”.

Brevísima relación de la destrucción de las Indias

En esta sección narra a grandes rasgos lo que luego detallará en el posterior desarrollo de la obra, es decir el sometimiento soportado por los indios, a manos de los españoles, por medio de la guerra y la esclavitud. Si bien se destaca la descripción de la vida de los indios en la isla La Española al momento de la llegada de los hispanos.

De la isla Española

Menciona aquí las acciones llevadas a cabo por los conquistadores en la Española. Entre los hechos que más sobresalen se encuentra el trato dado a los jefes de las tribus, que eran quemados vivos; y como se procedía si algún grupo de indios, provisto de primitivas armas, que el autor compara con “juegos de cañas e aun de niños”, mataba un cristiano “con justa razón y sancta justicia”. Era ley entre sí que por cada uno de ellos muertos habrían de matar cien indios.

Los reinos que había en la isla Española

Describe a grandes rasgos la estructura política de esta isla, compuesta por cinco reinos principales con sus respectivos señores. Y como los españoles fueron acabando con cada uno de ellos, por simple ambición por el oro. Más algunos lograron escapar bien hacia los montes, bien hacia otras islas. Señala también que esto no ocurría con tanta intensidad antes de llegada la noticia de la muerte de Isabel I.

De las dos islas de San Juan y Jamaica

Narra escuetamente lo ocurrido en estas dos islas, el modo en que los ibéricos explotaron a los indios en busca de oro.

De la isla de Cuba

Cuenta como algunos de los nativos, que habían huido de otras islas, creían que el dios de los conquistadores era el oro. Refiere el echo de que antes de ejecutar a los indios se les ofrecía el convertirse a la fe católica. Se lee aquí también como algunos de los indios se fugaban y otros se ahorcaban movidos por el terror que le despertaban los españoles.

De la tierra firme.

Menciona como los españoles arrasaban con todas las aldeas que encontraban a su paso, además de cómo leían el requerimiento, de noche, alejados de la aldea, y luego saqueaban los caseríos.

De la provincia de Nicaragua

Da cuenta en esta sección de cómo hacían los españoles la repartición de encomiendas y el trato inhumano que ejercían sobre los desafortunados infieles.

De la Nueva España

Descripción de la región. Aquí el autor hace una valoración de lo que los españoles “llaman conquistas, siendo invasiones violentas de crueles tiranos, condenadas no solo por la ley de Dios” sino “por todas las leyes humanas”.

De la Nueva España

En esta sección relata el proceder de los españoles hacia Montezuma y su pueblo. Señala Las Casas también la ausencia de interpretación y/o aplicación de las leyes en Indias diciendo: “...la ceguedad de los que regían las Indias no alcanzaba ni entendía aquello que en sus leyes e más claro que otro de sus primeros principios, conviene a saber: que ninguno es ni puede ser llamado rebelde si primero no es súbdito."

De la provincia y reino de Gautimala

Aquí da cuenta el autor del trato que daba el hispano al nativo americano, estando entre los puntos más interesantes el hecho que los indios cautivos eran utilizados en otras guerras y, como los españoles no les suministraban comidas, permitían que se alimentase de sus víctimas. Sin mencionar el trato dado a las mujeres.

De la Nueva España y Pánuco y Jalisco

Echa luz aquí a los incidentes ocurridos principalmente en Jalisco expresando que las inicuas guerras declaradas por los indianos eran justas y santas.

Del reino de Yucatán.

El padre Las Casas relata como un grupo de franciscanos lograron evangelizar a un poblado, sin intervención alguna, y como llegaron los conquistadores, amenazando que serian castigados si no entregaban una partida de esclavos a cambio de unos ídolos traídos por estos.

Del reino de Sancta Marta

Lo que aquí encontramos es la descripción de esta tierra rica en oro, y los abusos de los españoles para hacerse de él. También encontramos la carta del obispo de esta comarca, dirigida al rey, donde narra las injusticias realizadas por las autoridades españolas y expresa que la única solución que él encuentra a esta situación es destituirlos.

De la provincia de Cartagena

Ubica geográficamente el lugar y menciona que en ella se han cometido las mismas crueldades que en otras tierras.

De la Costa de las Perlas y de Paria y la isla de la Trinidad

El tema central es la trata de esclavos; su captura, utilización y trato.

Del río Yuyapari

Nimia referencia a las crueldades perpetradas por los tiránicos españoles en las regiones de este río.

Del reino de Venezuela

Aquí hace mención a la conquista no española realizadas por un grupo de alemanes, de los atropellos, asesinatos, y demás clamores que padecieron los pobladores de esta tierra a manos de estos. También habla de la gran evasión fiscal, corrupción y trata de esclavos en América.

De las provincias de tierra firme por la parte que se llama la Florida.

Relata en esta sección algunas maniobras atroces, hechos efectuados por los conquistadores sobre los oriundos de esa región que dificultaba la evangelización de estos últimos

Del Río de la Plata.

En el primer párrafo admite desconocer la situación en estas tierras, luego, en el siguiente párrafo, comienza a relatar información llegada a sus manos sobre brutalidades sufridas por nativos de allí de manos de los adelantados.

De los grandes reinos y grandes provincias del Perú

En esta sección relata lo acaecido en las provincias del Perú, que no difiere de lo que en otros reinos ocurrió. Lo destacable es la cita textual de una declaración por escrito de fray Marco de Niza la Consejo de las Indias, donde declara los hechos que presencio en estas tierras.

Del nuevo reino de Granada

Hace referencia aquí a los tormentos provocados por los adelantados a los hijos de esta tierra contando una probanza que un gobernador del Nuevo Continente presento al Consejo de las Indias.

Asimismo Las Casas vuelve a denunciar la falta de cumplimiento de las Leyes de las Indias y de los objetivos de la conquista.

Lo que sigue es un pedazo de carta

Esta carta fue escrita por un hombre que participo en la conquista

Carta

Describe el proceder de su capitán haciendo notar que no cumplía los objetivos de la conquista.

CONCLUSIÓN:

El autor exagera al referirse a la cantidad de victimas de la conquista, sin embargo no lo hizo, a nuestro entender, en la metodología aplicada en la misma. Esto a nuestro parecer fue hecho para despertar el interés de la Corte española y agilizar la legislación, sanción y aplicación de Las Nuevas Leyes de las Indias. Por esta misma razón la redacción de la obra es repetitiva.

Por esto podemos afirmar que el libro cumplió con su cometido, más allá de los resultados reales.

Actual territorio de Haití.

Vídeos relacionados