Blas de Otero

Literatura española contemporánea del siglo XX. Poesía y lírica de posguerra. Generación del 50. Vida y obras

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Blas de Otero

Poeta español nacido en Bilbao en el año de 1916 y fallecido en Madrid en 1979.
Recibió una formación religiosa con los Jesuitas y después de terminar su bachillerato se licenció en Derecho en Valladolid, carrera que nunca ejerció. Se trasladó luego a Madrid donde se dedicó por entero a la creación literaria.
Obtuvo varios premios importantes entre los que se cuentan: Boscán de Poesía en 1950, Premio de la Crítica en 1959 y el Fastenrath de la Real Academia en 1961.
A modo de antología y Todos mis sonetos, son sus obras más representativas.

Nació en Bilbao, Vizcaya, en 1916. Como alumno de los jesuitas recibe una formación religiosa con la que rompería más tarde. Cursó el bachillerato en Madrid y Derecho en Valladolid. Durante algún tiempo se dedica a la enseñanza pero la abandona cuando es reconocido como poeta internacionalmente, para dedicarse a su obra y a sus actividades de conferenciante. Viaja conitnuamente por toda España, Francia, Rusia... Muere en Madrid el 29 de junio de 1979.

Blas de Otero es síntesis de muchas tradiciones, es un gran poeta social que sintetiza el clasicismo castellano de los siglos XVI y XVII, la lírica pop, coplas, romacillos, letras de canciones infantiles y el vanguardismo (lo encontramos en el empleo del versículo y la prosa poética); es decir, sintetiza la tradición de la poesía española y anticipa lo que va a venir después.

OBRA

La obra de Blas de Otero resume las etapas cubiertas por nuestra poesía durante varias décadas. Nos hablará en un primer momento de sus problemas personales, existenciales y religiosos (Ancia); después, dejará estos a un lado para enfrentarse con los problemas colectivos (será su poesía social: Pido la paz y la palabra, Que trata de España). Pero, tras 1965, se advertirá en su obra la búsqueda de nuevos caminos, aunque sin abandonar sus preocupaciones humanas (Mientras, Historias fingidas y verdaderas).

En Ancia (1958), Blas de Otero reunió en un solo volumen los poemas que en un primer momento incluyó en Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951), a los que añadiría varios poemas nuevos.

En esta época, su poesía se sitúa dentro de la llamada poesía desarraigada que surge de su visión de un mundo que ha sufrido una guerra devastadora tras la que el hombre se ve sumido en el caos y la duda. Por este motivo, el poeta se siente solidario con los hombres, víctimas de la destrucción.

Estamos ante una etapa en la que domina el "yo" del poeta, con sus problemas, su angustia existencial... Su poesía es asimismo de corte existencial ya que se interroga sobre el sentido de la existencia, del mundo, del hombre.

En muchos momentos, sus poemas pueden considerarse religiosos por dirigirse a un Dios "terrible" que se asemeja más bien al del Antiguo Testamento. Es un Dios al mismo tiempo anhelado e incomprensible ya que guarda silencio ante las injusticias que sufre el hombre. Le gustaría que Dios fuese ese refugio al que pudiese acudir el hombre para soportar el dolor, pero no es así, por lo que se siente desamparado.

La religiosidad de Blas de Otero entra en crisis. Por este motivo buscará la eternidad y la realización vital en el amor encarnado en una mujer, pero el resultado será igualmente frustrante.

Así, sólo le quedará una vía para salir de la soledad y abandonar la angustia profunda en que se encuentra sumido: los demás hombres. Se produce de este modo un acercamiento al "nosotros". Aquí planteará el problema del sufrimiento en general, de los demás hombres. A partir de ese momento sólo importará ser hombre, sin esperar ninguna solución extraterrenal. Blas de Otero, al creer en los hombres, recobrará la esperanza y decidirá escribir definitivamente para el hombre, conectando así con la poesía social de Pido la paz y la palabra (1955) y Que trata de España (1964).

El lenguaje de Blas de Otero en este ciclo se caracteriza por su violencia expresiva, dramatismo, desgarro, extrema tensión, densidad estilística y forcejeo con el lenguaje; buscando así conseguir efectos inesperados. Esto hace que los sonetos parezcan distorsionados a causa de los cortes ásperos y abruptos encabalgamientos; de ahí su ritmo apasionado y angustioso. En sus poemas en versos libres aparece - en ocasiones - una amarga ironía, muy original.