Blanca Andreu

Escritora catalana. Neosurrealismo. Biografía. Poemas. Maggio

  • Enviado por: El remitente no desea revelar su nombre
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 11 páginas
publicidad
publicidad
Blanca Andreu.
  1. Vida.

Blanca Andreu nació en La Coruña en 1959. Sin embargo, pasó su infancia y su adolescencia en Orihuela (Alicante), donde reside hoy. Inició los estudios de Filología en la Universidad de Murcia. Posteriormente se trasladó de Orihuela a Madrid para terminar sus estudios, y allí conoció a Francisco Umbral, quien la introdujo en los círculos literarios madrileños. Fue entonces cuando abandonó su carrera y comenzó a dedicarse profesionalmente a la poesía.

En 1985 contrajo matrimonio con el escritor, ensayista e ingeniero Juan Benet. A la muerte de este, en 1993, la poeta regresó a La Coruña, donde vivió apartada de la vida pública. Además, pasaba también temporadas en Orihuela. No volvió a publicar un nuevo poemario hasta el año 2002.

En su trayectoria cabe destacar dos importantes premios: el Adonais, por De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall y el Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo, por su segundo poemario, titulado Báculo de Babel.

  1. Obra.

Su primer poemario, titulado De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, fue publicado en 1981 y por él recibió el Premio Adonais de poesía. Esta obra fue muy bien recibida tanto por el público como por los críticos y calificada de revolucionaria, pues se alejaba de las corrientes poéticas del momento como la poesía de la experiencia o la “otra sentimentalidad”, posteriores a los novísimos y volvía a la libertad expresiva propia del Surrealismo. De hecho, esta obra puso de moda la escritura surrealista entre los jóvenes. Según Juan Cano Ballesta, “fue la desbordada imaginación surrealista de Andreu y la sintonización con los gustos y experiencias de sus coetáneos lo que produjo el milagro” (Juan Cano Ballesta, Poesía española reciente, ed. Cátedra, pág. 57).

Con este libro nació pues, la nueva corriente neosurrealista. El poemario trata constantemente el mundo de las drogas, que parece ser la base de su lenguaje surrealista, cargado de metáforas e imágenes alucinatorias (por ejemplo el caballo mítico que simboliza la heroína), que se precipitan de manera vertiginosa. La fantasía delirante es utilizada para proyectar sentimientos y emociones en versos con un lenguaje muy bello y gran musicalidad. Julio Llamazares ha calificado incluso el lenguaje de este poemario de “superlenguaje”, pues las palabras se vacían de su significado original y no son las mismas de un poema para otro, y a veces de un verso para otro. También habla Julio Llamazares de una suerte de escritura automática propia del primer Surrealismo en los versos de Andreu. Sin embargo, es una escritura automática personalizada por la intensidad que le aporta la poeta, quien parece crear incluso un mundo propio con este poemario.

Hay en él, además, una vuelta al yo poético “con todas sus ínfulas” y a un sentimiento de carácter neorromántico. Los temas principales sobre los que gira la obra son el amor y la muerte (quizá en paralelo con el éxtasis que produce la droga). Puede decirse que la imagen central del poemario es el caballo veloz, que recuerda a los que habitualmente pueblan las obras del pintor surrealista francés Marc Chagall (de ahí posiblemente el título de la obra) y evoca los sueños y las aspiraciones de la protagonista. Ese caballo también evoca el mundo de la droga, como hace notar Julio Llamazares, quien considera que este es “el primer libro donde se aborda con innegable coherencia el tema de la droga”.

Aparecen también muy a menudo nombres de poetas o pintores, tales como Rilke, Saint-John Perse, Villon, Rimbaud, Garcilaso, Chagall, Virginia Woolf, Mozart, Bach o Juan Ramón Jiménez. Julio Llamazares sugiere que estos nombres “funcionan al mismo tiempo como claves, como referencias de engarce entre las distintas imágenes y entre los diferentes latidos de cada poema”.

Además, la poesía neosurrealista que Andreu inició con este libro fue seguida por varias poetas, tales como Luisa Castro, Amalia Iglesias, Concha García o Almudena Guzmán. Hubo también poetas que escribieron siguiendo un irracionalismo más o menos surrealista, como Luis Miguel Rabanal, César Antonio Molina, José Carlón, Juan Carlos Mestre, Fernando Bertrán y Ángel Muñoz Petisme.

Su segundo poemario, titulado Báculo de Babel, aparece en el año 1983. Según J.E Ayala, se trata de un poemario en el que, aunque la autora no abandona su lengua, sí es cierto que el detenimiento con el que multiplicaba las imágenes poéticas en su primera obra es menor, y por tanto abandona esa “voluptuosidad verbal”, en función de un fin más personal. J.J Lanz dice que este poemario consiste en “una investigación profunda sobre las posibilidades del lenguaje para crear una realidad habitable”.

Su tercera obra, titulada Elphistone, utiliza un lenguaje más completo y con un periodo sintáctico más comprimido, en el que la imagen es la protagonista, pues, en palabras de J.E Ayala “se nos presenta amparando a los demás objetos del poema, como si de esta manera ella se sintiera también más amparada”. Según este mismo crítico, el poemario se nos presenta como una especie de travesía de la que la voz poética quiere hacer partícipes a los lectores, apelando a su piedad o consideración, porque el héroe, el pirata protagonista, no la exige, en paralelo con los personajes del poema Exilio de Saint-John Perse. Por tanto, el poema tiene un tono próximo a la narrativa, a la anécdota, como en buena parte de la poesía de la Posmodernidad. Vuelve a la escritura automática de su primera época, aunque la disfraza con “tenues solecismos”. Hay también cierto hermetismo y un tono exclamativo que recuerda a los lejanos himnos de Píndaro.

Continúa, en estos dos poemarios, el tono febril y a la vez solemne de su primer poemario.

Posteriormente se publicaron El sueño oscuro (1994), que recopila los poemas escritos entre 1980 y 1989; La tierra transparente (2002), y, recientemente, Los archivos griegos (2010), en el que rinde homenaje al mundo griego, y al mismo tiempo, recuerda su infancia. El mundo onírico, oscuro y delirante de su primera época se desvanece en este poemario para dar paso a una poesía más transparente, más sencilla y en conexión con la naturaleza y que evoca continuamente a Grecia. La propia Blanca Andreu declaró, en el momento de su publicación que no se trataba de un poemario esteticista, sino más bien de poemas de la experiencia, aunque estos no tienen los mismos rasgos que los de la corriente así llamada.

  1. Comentario de poemas.

Di que querías ser caballo esbelto, nombre
de algún caballo mítico,
o acaso nombre de Tristán, y oscuro.
Dilo, caballo griego, que querías ser estatua desde hace diez mil años,
di sur, y di paloma adelfa blanca,
que habrías querido ser en tales cosas,
morirte en su substancia, ser columna.

Di que demasiadas veces
astrolabios, estrellas, los nervios de los ángeles,
vinieron a hacer música para Rilke el poeta,
no para tus rodillas o tu alma de muro.

Mientras la marihuana destila mares verdes,
habla en las recepciones con sus lágrimas verdes,
o le roba a la luz su luz más verde,
te desconoces, te desconoces.

Esta es una composición de verso libre. No existe una métrica definida ni una forma estrófica regular. Sí encontramos diversas anáforas (versos 1, 5 y 8), imágenes como la del caballo (caballo mítico, perteneciente al mito griego y al arte, porque querría ser estatua y columna), los “astrolabios, estrellas, los nervios de los ángeles” (algo así como las “musas” del poeta, porque hacen “música” para él, es decir poesía), y repeticiones o paralelismos (último verso). Podemos decir que hay musicalidad, a la que contribuyen las aliteraciones del sonido [s] en todo el poema.

La voz poética insta al receptor a reconocer su anhelo de ser un personaje mítico, perteneciente al mundo de los sueños e inmortal. En ese mundo onírico también se incluye a la poesía, representada por Rilke, para el que “los nervios de los ángeles” fueron a hacer “música”. Parece ser una especie de visión alucinatoria, onírica, a la que contribuye el efecto de la marihuana, que aparece en la tercera estrofa a modo de clave para entender el poema. Podemos decir que en este poema, al igual que en otros de Blanca Andreu, se aprecia la influencia del culturalismo, una de las corrientes poéticas de la Posmodernidad.

Amor mío, mira mi boca de vitriolo
y mi garganta de cicuta jónica,
mira la perdiz de ala rota que carece de casa y muere
por los desiertos de tomillo de Rimbaud,
mira los árboles como nervios crispados del día
llorando agua de guadaña.

Esto es lo que yo veo en la hora lisa de abril,
también en la capilla del espejo esto veo,
y no puedo pensar en las palomas que habitan la palabra Alejandría,
ni escribir cartas para Rilke el poeta.

La poeta hace contemplar al amado su cuerpo dominado por los efectos de la droga (vitriolo, cicuta). Parece que la imagen de la perdiz de ala rota se corresponde con el alma o la mente degradada de la poeta, que no puede reflexionar ni escribir cartas para Rilke el poeta (vemos aquí de nuevo un guiño al culturalismo con la mención de Rilke aludiendo además a una de sus obras Cartas para un joven poeta), todo a causa de la corrupción a la que le lleva la droga.

Así morirán mis manos oliendo a espliego falso
y morirá mi cuello hecho de musgo,
así morirá mi colonia de piano y de tinta.
Así la luz rayada,
la forma de mi forma,
mis calcetines de hilo,
así mi pelo que antes fue barba bárbara de babilonios
decapitados por Semíramis.
Por último mis senos gramaticalmente elípticos
o las anchas caderas que tanto me hicieron llorar.
Por último mis labios que demasiado feroces se volvieron,
el griego hígado,
el corazón medieval,
la mente sin cabalgadura.

Así morirá mi cuerpo de arco cuya clave es ninguna,
es la música haciendo de tiempo,
verde música sacra con el verde del oro.

Aquí vemos perfectamente reflejado uno de los ejes temáticos de De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall; la muerte. La poeta habla de su muerte, la presiente. Podemos decir que hay una profunda identificación con la naturaleza, con la que se funde su cuerpo (manos oliendo a espliego falso, cuello hecho de musgo). También tenemos una remisión a la antigua cultura de Asia (Semíramis, reina de Asiria, que fundó la ciudad de Babilonia y sometió a los medos, los persas, los libaneses y los etíopes), lo que supone un nuevo guiño al culturalismo. La poeta se hace parte de esa cultura al decir que su pelo fue antes barba bárbara de babilonios. De la misma manera hay culturalismo al mencionar el griego hígado (del latín ficatum [iecur], es decir, [hígado] alimentado con higos, que a su vez es una forma alterada por influjo del griego sykōtón) y el corazón medieval.

MAGGIO

Muerte en el tiempo grávido de palomas marchitas,
en el lacrimatorio que me ofrece la maloliente tinta de mayo.
agonía del cauce en mi cintura y en la cintura de veleros negros,
agonía de una ojiva de agua,
mayo, mayo, poema oval, resplandor y salto al vacío,
una estrella de nervios que no tiene piedad.

Mayo con astas locas, mayo ciervo de fiebre,
mayo hocico de piélago me mordió el cinturón de la temperatura,
mayo de fiebres malvas y ciervo emborrachado de glóbulos celestes
en el sol tembloroso del ventrílocuo,
pequeño ciervo solo que devoto bebió
toda la sed dorada de las arterias.

Quise una enfermedad como un áncora cierta
para las horas que se desmienten,
áncora para el músico multiengendrador,
áncora para Bach y sus duros acólitos, y para la enramada matemática
y para todo lo que no me existe.

Quise la muerte para una sábana díscola, para el poeta y su bisturí,
para el libro y su verde más íntimo,
para el tono y su garganta ardiendo.

Quise la muerte para unos ojos sin norte,
para unos ojos de brújula sacra,
para los ojos jóvenes que se izan
a leer la estrella agreste de las diez.

Ojos, los ojos míos,
o bien ojos litúrgicos, agrandados de antorchas,
los ojos que grabaron con iniciales góticas
en el alma guerrera de un niño de diez años,
ojos de lirio helado en alfileres:
clavados en el mar de los taxidermistas.

Pero hablemos de ojos que desvanecen
las lámparas sin ti,
hablemos de las ardidas vincas de alcohol que tanto sufren,
mientras escribo versos como algas votivas,
como alambres de lágrimas, mientras siento tu noche y dinastía.

En este poema volvemos a ver el tema de la muerte que se manifiesta por la inquietud que le produce a la poetisa la primavera (de ahí la constante iteración de la palabra mayo, a menudo a modo de anáfora). Hay una sucesión de “metáforas furiosas”, como diría Cano Ballesta, metáforas propias del lenguaje surrealista de Blanca Andreu, que podríamos decir que en esta ocasión opta en cierto modo por la vía de la escritura automática. Otra de las características del estilo de la poeta que se manifiesta en esta composición es la proyección múltiple de las imágenes en cada una de las estrofas (mayo estrofa 2; ojos, estrofas 5 y 6). De esta manera se manifiestan los instintos de la poeta, que se despiertan con la primavera (estrofa 2) la cual parece suponerle una agonía.

(De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, 1981)

Y CORRÍA LA SANGRE COMO UNA ESTATUA ROTA POR LAS HABITACIONES
mientras aullaban los príncipes sapos y los armiños se escondían entre el trigo
y corría la sangre como una estatua rota en el oro del musgo y de la nieve
y potros como pajes delgadísimos se quemaban sobre la tierra espesa
y el unicornio joven hablaba de arte y prefería a Tiépolo y todo era pálido y cortés
y corría la sangre más niña sobre cabalgaduras encendidas
y los dulces lebreles inventaban el fuego pulsando caza calcinada, ardor y soledad.
Se tiñeron los muros de cárdeno cruel, las murallas del mundo de un rojo que no existe,


y caían mis manos como presas y víctimas,
sollozaban por ellas los topos en mística ceguera y los lagartos.
Y fue la sangre pureza potencial,
dolor, ciencia y heráldica violenta
mientras las águilas dormían la primavera lejana.

J. J. Lanz opina que en Báculo de Babel, Andreu realiza “una investigación profunda sobre las posibilidades del lenguaje para crear una realidad habitable”. Efectivamente, el lenguaje utilizado en este poema es surrealista, pero propio de la poeta, quien acude una vez más al mundo de la naturaleza para recoger una fantasía delirante, onírica, que pertenece a un mundo poético, una realidad poética que empezó a conformarse ya en De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall. La constante anáfora de la conjunción “y” nos lleva a recordar la sucesión de imágenes que aparecía ya en el primer poemario, y que en este caso es menos agresiva. Esa anáfora constante nos hace pensar en las imágenes del poema como un todo, como conformadoras de un mundo poético particular. De nuevo encontramos referencias al culturalismo típico de la Posmodernidad, como la mención a Tiépolo.

(Báculo de Babel , 1986)

Ofrenda

Decidme, agua, fuego furioso, lluvia del infierno,
sobre la grande mar redoblan los tambores
del enemigo viento y retumban como campanas
los lingotes de cobre en la sentina.
Decidme, lastre o mercancía, fardos de especias, negros
fueron sacrificados al gran ladrón, fueron por la borda,
sombras raptadas, ropas, animales
y una mujer.

(Elphistone, 1988)

Este poema pertenece a Elphistone, el tercer poemario de Blanca Andreu, y, como antes habíamos mencionado, se percibe en la narratividad propia de la Posmodernidad, la anécdota, pues se nos está contando un fragmento de las aventuras del protagonista del poemario, el capitán Elphistone. Otra característica propia de la Posmodernidad es el monólogo dramático, que como vemos, la voz poética parece dirigir hacia los elementos de la naturaleza (el agua, el fuego, el viento). Este monólogo está en un tono ciertamente exclamativo, recordando la poesía coral griega, los himnos de Pindaro.El periodo sintáctico, como ya adelantábamos, es mucho más comprimido y la poeta se aleja de las múltiples imágenes surrealistas de sus dos primeros poemarios y se acerca a una poesía de mayor sencillez, más basada en la anécdota.

  • Bibliografía.
  • Poesía española reciente (1980-2000), Juan Cano Ballesta, ed. Cátedra, colección Letras Hispánicas, Madrid, 2001.
  • Historia y crítica de la literatura española, Vol. 9. Los nuevos nombres 1975-1990, Francisco Rico, ed. Crítica, Barcelona, 1992.
  • Enciclopedia del Surrealismo, René Passeron, ed. Círculo de Lectores, París, 1975.
  • www.blancaandreu.net
  • www.cervantesvirtual.com/portal/poesia/andreu/autor.shtml

BLANCA ANDREU, POEMAS.

Di que querías ser caballo esbelto, nombre
de algún caballo mítico,
o acaso nombre de Tristán, y oscuro.
Dilo, caballo griego, que querías ser estatua desde hace diez mil años,
di sur, y di paloma adelfa blanca,
que habrías querido ser en tales cosas,
morirte en su substancia, ser columna.

Di que demasiadas veces
astrolabios, estrellas, los nervios de los ángeles,
vinieron a hacer música para Rilke el poeta,
no para tus rodillas o tu alma de muro.

Mientras la marihuana destila mares verdes,
habla en las recepciones con sus lágrimas verdes,
o le roba a la luz su luz más verde,
te desconoces, te desconoces.

Amor mío, mira mi boca de vitriolo

y mi garganta de cicuta jónica,
mira la perdiz de ala rota que carece de casa y muere
por los desiertos de tomillo de Rimbaud,
mira los árboles como nervios crispados del día
llorando agua de guadaña.

Esto es lo que yo veo en la hora lisa de abril,
también en la capilla del espejo esto veo,
y no puedo pensar en las palomas que habitan la palabra Alejandría,
ni escribir cartas para Rilke el poeta.

Así morirán mis manos oliendo a espliego falso
y morirá mi cuello hecho de musgo,
así morirá mi colonia de piano y de tinta.
Así la luz rayada,
la forma de mi forma,
mis calcetines de hilo,
así mi pelo que antes fue barba bárbara de babilonios
decapitados por Semíramis.
Por último mis senos gramaticalmente elípticos
o las anchas caderas que tanto me hicieron llorar.
Por último mis labios que demasiado feroces se volvieron,
el griego hígado,
el corazón medieval,
la mente sin cabalgadura.

Así morirá mi cuerpo de arco cuya clave es ninguna,
es la música haciendo de tiempo,
verde música sacra con el verde del oro.

MAGGIO

Muerte en el tiempo grávido de palomas marchitas,
en el lacrimatorio que me ofrece la maloliente tinta de mayo.
agonía del cauce en mi cintura y en la cintura de veleros negros,
agonía de una ojiva de agua,
mayo, mayo, poema oval, resplandor y salto al vacío,
una estrella de nervios que no tiene piedad.

Mayo con astas locas, mayo ciervo de fiebre,
mayo hocico de piélago me mordió el cinturón de la temperatura,
mayo de fiebres malvas y ciervo emborrachado de glóbulos celestes
en el sol tembloroso del ventrílocuo,
pequeño ciervo solo que devoto bebió
toda la sed dorada de las arterias.

Quise una enfermedad como un áncora cierta
para las horas que se desmienten,
áncora para el músico multiengendrador,
áncora para Bach y sus duros acólitos, y para la enramada matemática
y para todo lo que no me existe.

Quise la muerte para una sábana díscola, para el poeta y su bisturí,
para el libro y su verde más íntimo,
para el tono y su garganta ardiendo.

Quise la muerte para unos ojos sin norte,
para unos ojos de brújula sacra,
para los ojos jóvenes que se izan
a leer la estrella agreste de las diez.

Ojos, los ojos míos,
o bien ojos litúrgicos, agrandados de antorchas,
los ojos que grabaron con iniciales góticas
en el alma guerrera de un niño de diez años,
ojos de lirio helado en alfileres:
clavados en el mar de los taxidermistas.

Pero hablemos de ojos que desvanecen
las lámparas sin ti,
hablemos de las ardidas vincas de alcohol que tanto sufren,
mientras escribo versos como algas votivas,
como alambres de lágrimas, mientras siento tu noche y dinastía.

(De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, 1981)

Y CORRÍA LA SANGRE COMO UNA ESTATUA ROTA POR LAS HABITACIONES
mientras aullaban los príncipes sapos y los armiños se escondían entre el trigo
y corría la sangre como una estatua rota en el oro del musgo y de la nieve
y potros como pajes delgadísimos se quemaban sobre la tierra espesa
y el unicornio joven hablaba de arte y prefería a Tiépolo y todo era pálido y cortés
y corría la sangre más niña sobre cabalgaduras encendidas
y los dulces lebreles inventaban el fuego pulsando caza calcinada, ardor y soledad.
Se tiñeron los muros de cárdeno cruel, las murallas del mundo de un rojo que no existe,


y caían mis manos como presas y víctimas,
sollozaban por ellas los topos en mística ceguera y los lagartos.
Y fue la sangre pureza potencial,
dolor, ciencia y heráldica violenta
mientras las águilas dormían la primavera lejana.

(Báculo de Babel, 1986)

Ofrenda

Decidme, agua, fuego furioso, lluvia del infierno,
sobre la grande mar redoblan los tambores
del enemigo viento y retumban como campanas
los lingotes de cobre en la sentina.
Decidme, lastre o mercancía, fardos de especias, negros
fueron sacrificados al gran ladrón, fueron por la borda,
sombras raptadas, ropas, animales
y una mujer.

(Elphistone, 1988)