Balada de Caín; Manuel Vicent

Literatura española contemporánea. Siglo XX. Religión. Filosofía. Moral. Argumento. Tema. Vida y obra

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Manuel Vicent

Manuel Vicent nació en Villavieja, Castellón, en 1936, cuando —según él— “en el país los pájaros ya respiraban pólvora” ( Manuel Vicent, contraportada, 1987) en clara alusión a que ya había comenzado la Guerra Civil española. Es licenciado en Derecho y estudió, además, Filosofía y Periodismo. Compaginó al principio su trabajo literario de escritor y periodista con el de galerista de arte.

Ha sido galardonado con el Premio Alfaguara (1966) por la novela Pascua y Naranjas, con el Premio Nadal (1986) por Balada de Caín y, de nuevo le han concedido el Premio Alfaguara (1999) a su novela Son de Mar. Estas menciones han hecho de Manuel Vicent uno de los escritores más reconocidos por el público, teniendo cerca de 400 millones de lectores en todo el mundo.

Ha colaborado como periodista en el diario Madrid, en las revistas Triunfo y Hermano Lobo. En la actualidad escribe en el diario El País. Su carrera periodística no es menos meritoria, pues obtuvo el Premio de periodismo González Ruano por No Pongas tus Sucias Manos sobre Mozart.

Su destacada trayectoria ha hecho a Manuel Vicent ser uno de los escritores más prolíficos y versátiles de la literatura contemporánea española e, incluso, extranjera. Su obra comprende novelas, teatro, relato, biografías, artículos periodísticos, libros de viajes, de entrevistas y semblanzas literarias. Sintiéndose más cómodo ante el artículo corto, sobre todo si lo redacta como una pequeña historia, piensa que lo que se puede decir en cien folios se puede decir en uno; él lo define como hacer poesía y, a la vez, relato. Un ejemplo claro de este estilo son sus columnas en El País.

Pese al carácter transgresor de algunas de sus obras, como El Anarquista Coronado de Adelfas o Balada de Caín, él mantiene que no se debe a la pretensión previa de innovar, sino a un estado de ánimo. Prefiere mantener una actitud de sinceridad y de necesidad ante lo que escribe. Como una vez dijo: “El prejuicio más grande que existe es el de querer ser moderno a toda costa.” ( Citas extraídas de la entrevista realizada por Javier Ochoa.)

No se incluye en ningún tipo de corriente literaria, pues opina que escribir es un trabajo de soledad. Su narrativa se nutre de la propia experiencia y de la realidad socio-política aderezada con ciertas dosis de imaginación. Rechaza el término “fantasía” que se aplica a algunas de sus obras, ya que propone que en la imaginación interviene la realidad y supone un trabajo de la inteligencia; en cambio, en la fantasía vale todo.

Aunque gran parte de su obra haya aparecido en prensa, piensa que no se debe calificar su labor de periodística, pues opina que el soporte que hay debajo de las palabras no tiene ninguna importancia y, aunque gran parte de su obra tiene un carácter coyuntural, él aduce que pocas veces ha tenido el propósito de dar una noticia, que más bien se ha asistido de la realidad para, a partir de ahí, hacer, más o menos, literatura. Añade, además: “mis columnas periodísticas tal vez se refieran a la actualidad, pero no dependen de ella.”

El autor piensa que en el periodismo existe un código deontológico que deben aceptar y cumplir los buenos profesionales, que son aquellos que “contrastan los hechos, que no buscan el escándalo por sí mismo, que no quieren derribar a ningún Gobierno, que sólo sienten pasión por la información escueta y rigurosa, caiga quien caiga.”

Crítico con la mediocridad de la sociedad contemporánea y con la situación de lo que la gente llama “cultura”, opina que agarrarse a figuras como Platón, Mozart o Velázquez es un falso método de purificación que los convierte en categorías mentales. Admira el compromiso por “cambiar las cosas que no te gustan, en la medida de tus capacidades. Que no es mucha.”

Entre sus novelas más destacadas figuran: Ulises, Tierra Adentro; El Anarquista Coronado de Adelfas; Ángeles o Neófitos; La Muerte Bebe en Vaso Largo; Tranvía a la Malvarrosa, que ha sido adaptada al cine bajo la dirección de José Luis García Sánchez, con Liberto Rabal, Juan Luis Galiardo, Antonio Resines, Vicente Parra, Fernando Fernán-Gómez y Ariadna Gil como reparto más destacado. También está Jardín de Villa Valeria, en la que, partiendo de las reuniones de los jóvenes progresistas de 1968, recorre veinte años de la historia española. En teatro hay que comentar sus obras Cabaret político, que contó con la colaboración de Carlos Luis Álvarez “Cándido” y Francisco Umbral, o, también, Borja Borgia, estrenada en 1995.

Ha publicado, además, Daguerrotipos; No Pongas tus Sucias Manos sobre Mozart, con la que obtuvo el Premio de periodismo González Ruano; Contra Paraíso; A Favor del Placer; Crónicas Urbanas; Del café Gijón a Itaca y el libro de viajes por distintas ciudades del mundo, Por la Ruta de la Memoria; Los Mejores Relatos, sin olvidar la recopilación de artículos Las Horas Paganas.

“Una historia contemporánea de amor y misterio enmarcada en el mundo sensual y mágico del mar Mediterráneo. Con una prosa nítida y rica en imágenes, Manuel Vicent cuenta la aventura de una pareja cuyo destino está sometido a su propia pasión y al influjo de los mitos clásicos que se mantienen vivos en su fantasía.” Con estas declaraciones, también válidas para Balada de Caín, los miembros del jurado, después de largas deliberaciones, decidieron por mayoría otorgar el Premio Alfaguara (1999) a la novela, presentada bajo el seudónimo “Capitán Ajab”, Son de Mar, que está siendo llevada actualmente al cine por el director español Bigas Luna.

En el nuevo libro del escritor, titulado La Novia de Matisse, la historia es “una metáfora del tiempo que se rodea de los compradores de arte, mientras que la belleza del arte hace contraste con los mercaderes de pinturas.” Sobre la obra, el autor expresó que se trata de una historia en la que “se cruzan la belleza y la inmortalidad, y lo que antes era una carga visual religiosa se convierte en una imagen estética.” Otro de los elementos de La Novia de Matisse es el submundo de compra y venta de obras de arte, “en el que el coleccionismo se convierte en una enfermedad y pasión, y en la que convergen creadores, más que artistas, que dan valor a las obras.”

Vicent reconoció que su historia tiene personajes reales y transcurre entre 1987, cuando se dio una gran especulación monetaria del arte, y 1992, cuando se dio una crisis en el arte “en la que cualquier coleccionista millonario se volvería loco.”

Pero una de sus obras cumbre es, sin duda, Balada de Caín. Premio Nadal en 1986, la obra nos presenta la historia, en primera persona, de Caín. De las tierras desérticas del Génesis al asfalto de Nueva York, la novela traza un puente imaginario que une dos universos superpuestos. Todo ello escrito con una prosa lírica y ácida, sensual y colorista, llena de imágenes, metáforas y eufonía, que nos narra la vida del inmortal fratricida. Pero, más allá del lirismo y la fabulación, en esta obra se esconde una burla feroz e iconoclasta.

La temática general de la obra es amplia, ya que en ella se presentan diversas cuestiones, siendo algunas de ellas de menor importancia dentro de la novela pero no por eso menos interesantes. Entre estos subtemas se pueden destacar la marginación, reflejada sobre todo en los “hombres rata” que viven en las alcantarillas de Manhattan o los toxicómanos que vagan por la ciudad; la esperanza, que se expresa claramente con esta máxima: “el destino del hombre consiste en huir, sólo en huir detrás de un sueño” (Manuel Vicent, Balada de Caín, 6); el amor, manifestado durante toda la obra desde distintas perspectivas, pues el protagonista se enamora de su hermano, con quien mantendrá relaciones sexuales, además del amor hacia sus padres o hacia diversas mujeres, hasta llegar a Hellen, su actual novia.

Uno de los que se podría intuir como predominante es del fratricidio, pero pasa casi desapercibido durante la novela; no es así, por ejemplo, el tema de la guerra, que comienza a tratarse mediante esporádicas visiones, luego más frecuentes, de artefactos bélicos intemporales a su época. Estas visiones son extrañas al principio, pero cobrarán sentido al final de la obra.

Sin embargo, el tema elegido para tratar es la religión. La temática religiosa es recurrente durante toda la obra y aparecen, desde el principio de la novela, continuas referencias a la religión y a personajes bíblicos, aunque tratados de distinta forma que en las Sagradas Escrituras.

Hay que tener en cuenta que han sido muchas las religiones que se han desarrollado a lo largo de la historia, todas ellas con una serie de puntos en común: los dogmas, normas dictadas por Dios que han de ser acatadas ciegamente por sus seguidores; los intermediarios, unas veces profetas, otras, enviados divinos que han servido para hacer llegar a la humanidad la voluntad de Dios y, por último, la finalidad de la religión.

Así que, teniendo en cuenta la fuerte carga axiológica que toda religión conlleva y que el autor de la obra cursó estudios de filosofía, trataremos de repasar someramente, centrándonos sobre todo en sus contenidos filosóficos, qué es la religión y cuáles son sus contenidos, cómo actúa y cómo se ve en nuestros días.

Religión

Religión se puede definir como “forma de vida o creencia basada en una relación esencial de una persona con el universo, o con uno o varios dioses.” (Microsoft Encarta 98) Sin embargo, en un sentido más aceptado, religión se refiere a la “fe en un orden del mundo creado por voluntad divina, el acuerdo con el cual se constituye el camino de salvación de una comunidad y, por lo tanto, de cada uno de los individuos que desempeñen un papel en esa comunidad.” (Microsoft Encarta 98) Esta definición es válida sobre todo para sistemas religiosos como el judaísmo, el cristianismo o el Islam, que implican fe en un credo, obediencia a un código moral establecido en las Escrituras sagradas y participación en un culto. Pero, si nos atenemos a su etimología, podemos observar que el vocablo religión proviene del latín, posiblemente de las palabras re-legere, que significa volver a leer, y podría hacer referencia a una nueva lectura de las antiguas creencias y sus textos para fundirlas en una religión nueva; el otro término, re- ligare, significa volver a unir y, en este sentido, es como se puede comprender mejor el significado de la religión, pues trata de unificar a un grupo de personas en torno a una serie de creencias y normas de conducta moral, las cuales han de ser acatadas por mandato divino. De esta forma, se crean unas reglas de comportamiento que todo hombre acatará, pues las leyes dictadas por el ser humano sólo pueden ser controladas por él mismo, sin embargo, Dios es omnisciente, todo lo conoce y premia o castiga a quienes cumplen o desobedecen sus ordenanzas.

La religión puede ser natural y sobrenatural. En el caso de la primera, el hombre la puede llegar a conocer y practicar por sus fuerzas naturales, se fundamenta en la propia razón y la ciencia que la estudia es la Teodicea. La religión sobrenatural o positiva es la que está por encima de la capacidad de la razón y sólo se manifiesta por la libre disposición del dios. Su fundamento es la Fe. La Teología es la ciencia que estudia a Dios desde este punto de vista y desde la revelación o manifestación que Dios hace de sí mismo, “Yo soy el que soy”, dijo Dios a Moisés (Éxodo, Cáp. 3, ver. 14) Por tanto, no tiene principio ni fin, se define como un ser eterno. Ésta sería una revelación sobrenatural, aquélla que Dios hace a los hombres comunicándoles su voluntad y sus designios. Excede la capacidad de la razón, ya que incluye los Dogmas y los profetas, que son los encargados de transmitírsela al resto de los hombres. Frente a ésta, se encuentra la revelación natural, que es aquélla que Dios hace a la humanidad a través de la naturaleza, por la cual el hombre puede llegar a conocer la existencia de Dios de forma racional. Sto. Tomás de Aquino demuestra, así, la existencia de Dios, mediante el principio de causalidad (todo efecto tiene que tener una causa anterior a él), propone en su Suma Teológica que en el mundo hay movimiento y que éste es el paso de la potencia al acto, pero la potencia sólo puede pasar a ser acto por algo que ya esté en acto. Al ser imposible que algo sea potencia y acto al mismo tiempo, es imposible que algo mueva y sea movido a la vez. Como no es posible un regreso “ad infinitum” en una serie de causas subordinadas, se concluye que es necesario llegar a un primer motor por el cual todo es movido y al que nadie mueve. Ese motor sería Dios. San Anselmo demuestra también la existencia de Dios, pero con un método inverso, ya que éste no parte de un fenómeno sensible como el movimiento, sino que da por supuesto que la esencia de Dios es la perfección suprema y que, por lo tanto, aquello que se aparece tan perfecto en el entendimiento, mayor que lo cual nada puede ser pensado, no puede existir sólo en la mente, sino que debe existir también en la realidad, ya que, si no, se podría pensar en algo mayor que aquello que existe sólo en el entendimiento “luego existe sin duda, en el entendimiento y en la realidad, algo mayor que lo cual nada puede ser pensado.” (San Anselmo, Proslogion, Cáp. II)

Habiendo dejado patente, no la existencia de Dios, pero sí, la de un Ser Superior, primer motor inmóvil o excelsitud de perfección, sólo nos queda saber cómo han llegado sus conocimientos hasta nuestros días.

La cuestión parece sencilla de responder, la religión; pero la duda llega cuando pensamos en cómo surge ésta y cómo de un pensamiento puramente moral nace la Iglesia.

Primeramente se ha de apuntar que la religión como tal evoluciona desde un simple estado de perplejidad o estupor que los primeros homínidos sufrieron ante las sobrecogedoras y amenazantes fuerzas de la naturaleza. Ante estos hechos utilizará conjuros tratando de protegerse, recurrirá a la magia. De ese estado de asombro, se pasó a lo que se conoce como la fase de admiración. Hace unos 100000 años, el Homo Sapiens comienza a plantearse interrogantes y, extrapolando sus propias vivencias y basándose en la analogía, comienza a crear sus mitos. Éste se fija en las experiencias concretas y cotidianas. Si un compañero suyo le lanza una piedra es porque está enfadado con él; de igual manera, si cae un rayo en el bosque o muere un ser querido es porque esas fuerzas misteriosas están furiosas con él. Frente al problema de cómo aplacar la ira de esos elementos, surgen las religiones primitivas. Así va estructurando las fuerzas de la naturaleza y a aquéllas que considera buenas las llamará dioses y a las negativas demonios. Ante la muerte se planteará algo semejante. Algo que estaba en un individuo, se ha ido, ha abandonado al muerto, y así, comienza a entender la muerte como un viaje. A partir de este hecho, este homínido enterrará al cadáver con alimentos, vestidos, útiles de caza, incluso libros como en Egipto.

Tras este periodo, el homínido ya era capaz de articular lingüísticamente sus vivencias y de pensar sobre los aspectos misteriosos de su existencia. Los conocimientos del entorno y del medio eran bastante completos. Ahora, su mayor preocupación no será la naturaleza, sino el nacimiento y la muerte. Esto le llevará a preocuparse por el enigma del nacimiento y de la fertilidad tanto en humanos como en animales o plantas. Surgen aquí las Venus. La admiración por la vida y el horror a la muerte fueron poderosas motivaciones para poner en marcha la especulación que en esta época temprana, ante la imposibilidad de darse respuestas científicas y racionales, no podía por menos que ser magia, mítica y de tipo religioso. En un intento de conceptualizar las fuerzas cósmicas ( estaciones, día y noche...), se crea el tótem. La primera gran religión fue la de la Tierra, ya que el hombre era agricultor y dependía de ella. Ésta sería la diosa madre, fecundada por un padre, el Sol.

En relación con el interés por los ciclos repetitivos de la naturaleza, surgieron en esta época nuevas ideas acerca de la vida de ultratumba: lo mismo que en la naturaleza hay muerte (invierno) para resucitar después, se crean teorías que hablan de la transmigración de las almas, resurrección de los muertos etc. Es durante esta época cuando surgen las ideas religiosas y los grandes mitos que posteriormente serán integrados y perfeccionados, transformándose en la base de nuestra cultura.

A partir de aquí, y frente a los teólogos, que no dan razón de aquello que dicen, aparecen los filósofos, que dan razón de aquello que afirman y de los que ya se puede esperar auténticas convicciones. Así nace la Filosofía.

Así pues, se podría considerar la Filosofía como un grado avanzado de religión. Las dos tratan de explicar los misterios de la naturaleza, el sentido de la vida y, también, crean normas morales por las que regir sus acciones. Pero, mientras que la religión da por supuestos algunos puntos inexplicables racionalmente, la filosofía busca respuestas a esas incógnitas, además, de crear teorías que, en vez de desmitificar la creencia, la justifica, la añade pruebas de veracidad y la fundamenta. Un ejemplo claro es el de la filosofía eclesiástica que posee una increíble analogía con la filosofía de Platón. Partiendo de su concepción dicotomizadora del mundo, en la que el mundo sensible, lugar donde el alma está castigada, es el equivalente del mundo terrenal, valle de lágrimas al que venimos a sufrir, donde el pecado acecha. Por el contrario, existe el mundo de las ideas, presidido por la idea de Bien Supremo, que es el mundo al que todos aspiran y al cual sólo se llega siendo virtuosos, éste sería comparable con el Paraíso Celestial, donde reina Dios, la Perfección Suprema, que igualmente es el destino de quien cumple con las ordenanzas divinas. También aplica la teoría de las distintas almas en relación con alguna virtud, a mayor virtuosismo mayor pureza. Así, por ejemplo, la idea de que el hombre está desterrado y condenado a sufrir en el mundo provendría de una interpretación del Mito de la Caverna.

La forma en la que han llegado hasta la actualidad estas creencias se podría justificar a través de los profetas, que recopilaron y difundieron esos conocimientos, pero otra razón es que sus normas morales suelen tener un carácter universal y son válidas para cualquier persona, no obstante, se ha constatado la existencia de un fundamento moral común, la regla de oro de la que se derivan los demás preceptos, en todas las religiones. Algunas de las formulaciones de este regla son:

  • Confucianismo: “Lo que tú mismo no desees para ti, tampoco se lo hagas a otros hombres”. ( José Manuel Souto, 163)

  • Judaísmo: “No hagas a otro lo que no quieras que a ti te hagan”.

  • Cristianismo: “Todo lo queráis que os hagan los hombres a vosotros, eso mismo hacédselo vosotros a ellos”. ( José Manuel Souto, 163)

  • Islam: “Ninguno de vosotros es un fiel si no desea a su hermano lo que desea para sí mismo”. ( José Manuel Souto, 164)

  • Budismo: “Un estado que no es adecuado para mí o que no me es grato, tampoco ha de serlo para él; y un estado que no es adecuado para mí o que no me es grato, cómo puedo exigírselo a otro”. ( José Manuel Souto, 164)

  • Hinduismo: “Uno debe comprometerse con otros en una forma que hacia uno mismo es inadecuada: esta es la esencia de la moral”. ( José Manuel Souto, 164)

  • Jainismo: “No importa ante qué cosas del mundo se encuentre el hombre, él debe actuar y tratar a todas las criaturas del mundo como él quisiera ser tratado”. ( José Manuel Souto, 164)

Mientras que estas reglas de conducta están íntimamente ligadas a la religión, otras corrientes, de carácter laico, las diferencian. J.L Aranguren considera la actitud moral completamente diferente de la actitud religiosa. Aquélla consiste en el esfuerzo del hombre por ser justo; ésta, en la entrega confiada y amorosa a Dios. En este sentido se pueden distinguir tres posturas relacionadas con la religión cristiana:

    • La moral como algo separado de la religión. Esta concepción se encuentra en Lutero, para quien el hombre, debido a su propia naturaleza corrompida por el pecado original, es incapaz de ser moralmente bueno. Sólo mediante la fe en Dios, que es un acto irracional, puede el hombre ser justificado y salvarse. También para S. Kierkegaard, la moral y la religión son irreconciliables, siendo aquella un estadio inferior a ésta.

    • La moral como algo subordinado a la religión. Para esta concepción, las creencias religiosas se refieren también a la conducta moral y fueron comunicadas por Dios a los hombres. “Yahvé habló a Moisés, diciendo: (...) Practicaréis mis mandamientos y cumpliréis mis leyes. (...) El que los cumpliere vivirá por ellos (...) No te juntes carnalmente con la mujer de tu prójimo, contaminándote con ella (...) No ayuntarás con hombre como con una mujer; es una abominación (...) No oprimas a tu prójimo ni le despojes violentamente. No quede en tu mano hasta el siguiente día el salario del jornalero (...) No vayas sembrando entre el pueblo la difamación (...) Álzate ante una cabeza blanca y honra la persona del anciano (...) Si viene un extranjero para habitar en vuestra tierra, no le oprimáis; ámale como a ti mismo, porque, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto”. (Levítico, ver. 18-19) El hombre debe esforzarse por ser bueno (actitud ética) porque Dios se lo manda (actitud religiosa) Dios es la garantía transcendente del orden moral, de manera que negar la existencia de Dios significaría dejar a la moral sin fundamento y caer en el desenfreno, “Si Dios no existiese, todo estaría permitido” (Dostoiewski, Filosofía, 1º Bachillerato, 164)

    • La moral como algo abierto a la religión. Su principal representante fue Kant, para quien la moral es algo independiente de la religión. El fin de la moral es, para Kant, la virtud, que consiste en obrar por deber, es decir, en obrar por puro respeto a la ley moral, sin tener en cuenta otras intenciones, ni siquiera la felicidad, que es el premio que se ofrece en la religión. El hombre debe intentar ser bueno, exista Dios o no exista, pero si Dios no existiera para garantizar que el hombre bueno va a ser feliz, la moral quedaría incompleta. Su máxima, o imperativo categórico, “obra como si tus actos sirvieran de ley universal”, guarda relación con la regla de oro de las religiones.

Después de este estudio, podemos observar que las religiones clásicas, aunque se fundamenten en una moral universal, no son más que protofilosofías que no han sabido evolucionar con el paso del tiempo, con lo que, en la actualidad, dejan sensación de insatisfacción a muchas personas.

Hay quien cree que “estamos en un momento en que las grandes filosofías éticas, como las religiones, se apagan lentamente. O persisten como grupos intolerantes y fanáticos.” (Ignacio Ramonet, Director de Le Monde diplomatique, El Semanal, 38) Pero, actualmente, ese vacío espiritual se suple con la adopción de otras religiones como la budista o la islámica, que son desconocidas en comparación con el cristianismo y producen esa sensación de ser distintas e innovadoras. Cada día ganan más adeptos y se propagan gracias a que algunos de éstos son personajes de relevancia pública y famosos, con lo que no se impone tanto la novedad como la moda. Otro factor puede ser la presencia de un líder sencillo en su estilo de vida, pero rico en sus conocimientos, que diferencia a la religión lamaísta de la cristiana, pues, el Papa, aun siendo humilde, vive de forma ostentosa, además de ser una persona poco accesible para sus feligreses, lo cual le distancia de la gente. En cuanto a su filosofía, el cristianismo la basa en la sumisión del hombre a los preceptos divinos, mientras que las religiones orientales promulgan la bondad espiritual del ser humano respecto de las demás personas y de la naturaleza como actitud moral. “Si deseas la felicidad de los demás, sé compasivo: Si deseas tu propia felicidad, sé compasivo.” (Dalai Lama, líder religioso, Selecciones Reader´s Digest, 113)

Existen también nuevas formas de religiosidad con teorías cada vez más aceptadas como pueden ser la parapsicología, el esoterismo, la astrología o la ufología, y que aúnan creencia y conocimiento científico.

Otras posturas no emplean la religión en sus funciones clásicas: “explicar la realidad, ayudar a soportar emocionalmente las experiencias trágicas y sin sentido y proporcionar normas de conducta. La primera la ha ocupado la ciencia y la última la ética. Queda sólo la ayuda emocional, lo que hace que las nuevas formas de religión sean fundamentalmente emocionales y se conviertan casi en formas de terapia.” (José Antonio Marina, Filósofo y escritor, El Semanal, 46) En este aspecto, hay que destacar el auge que está teniendo en Estados Unidos el recurrir a filósofos y guías espirituales como forma de fortalecer el autoestima y liberarse del estrés diario.

Por otro lado, las posturas que propugnan la increencia y el agnosticismo se mantienen invariables a través de los siglos. “Después de crear dentro de nuestra cabeza la idea de Dios, acabamos, paradójicamente, haciéndole nuestro creador, creador del propio ser que lo creó. Es decir, creamos a Dios y luego creemos que ha sido él quien nos ha creado a nosotros... ¿quiere mayor absurdo?” (José Saramago, Premio Nobel de Literatura, El Semanal, 22)

Argumento

Con Balada de Caín, Manuel Vicent nos ofrece la vida ficticia del primer asesino conocido por la historia contada en primera persona.

Todo comienza el día en que Caín, nacido mientras sus padres, Adán y Eva, vagaban por el desierto del Génesis en busca del paraíso del que un día fueron expulsados. Tras una brillante actuación en el club de jazz donde suele tocar, coge un taxi para ir al hotel donde se aloja y escucha en la radio una noticia. El bailarín Abel ha sido asesinado a manos de su hermano. “Se busca a un sujeto de ojos verdes y rasgos árabes, un metro ochenta de altura aproximadamente, perilla de Alí Babá, pelo rizado, lleva como un cero marcado al fuego entre las cejas y atiende por Caín.” ( Balada de Caín, 7)

Desde este momento, Caín espera su captura recordando sus vivencias de juventud, entre las cuales destacan las visiones de numerosos artefactos bélicos totalmente anacrónicos: “pájaros de hierro”, “alambradas”, “minas”... También conocer a Dios o el Paraíso, mantener un romance con su hermano o viajar por el mundo practicando diversos oficios son experiencias reseñables de su vida.

Durante toda la novela desfilará una pléyade de personajes de diversos estratos sociales que ayudará a construir una historia rica en caracteres. Un príncipe árabe que llevará consigo a Caín y a su hermano para venderlos, mercaderes, proxenetas, “hombres rata” (mendigos que viven en las alcantarillas), Hellen, su novia en Manhattan, etcétera. Otros personajes importantes son sus padres, Adán y Eva, quienes le enseñarán a respetar a Dios y a resignarse ante la adversidad. Abel, su hermano, bailarín homosexual que mantiene relaciones incestuosas con él, que será supuestamente quien lo asesine; Dios, acompañado de un séquito de gorilas arcángeles, aparece como un fantoche disfrazado, como un ser soberbio, vengativo y prepotente que disfruta haciendo gala de su poder.

En conclusión, en una historia en la que se mezclan pasado y presente, Caín nos narra los diversos episodios de su existencia hasta llegar al Manhattan del siglo XX, donde sobrevive como saxofonista de jazz.

En esta novela, Manuel Vicent mantiene una postura desmitificadora respecto a la religión. “Desmitificar consiste en que el cerebro, que solamente usamos de forma lógica en el 10% de su capacidad, gane terreno a ese 90% que permanece en la oscuridad. Pero desmitificar tiene a la vez un sentido de crecer, de tomar conciencia, de apoderarse de la realidad. De no someterse a esos poderes irracionales.” (Manuel Vicent, El Mundo)

Partiendo de la historia que La Biblia nos cuenta sobre Caín, su familia y su relación con Dios, Vicent nos narra una versión deformada de la misma.

La visión de Dios en la obra aparece reflejada desde distintas perspectivas. Por un lado está la de Adán, que nos muestra la cara de la resignación devota hacia un Dios unas veces inmisericorde, otras bondadoso. “Adán me llevaba a cuestas e imploraba el favor de Jehová murmurando esta especie de salmo: pequeño y despreciable soy y no olvido tus preceptos / tu justicia es eterna / la angustia ha hecho presa de mí / tus mandamientos son mis delicias” (Balada de Caín, 9)

Otro punto de vista es el de Eva, “Dios era un astro que reinaba en la esfera más alta del universo y sin duda tenía mucho orgullo” (Balada de Caín, 10) Eva le cuenta a Caín lo que hizo Dios cuando descubrió una conspiración de otros astros contra él. “Dios montó en cólera, lo cual produjo una gran explosión que destrozó a las estrellas rebeldes, cuyos fragmentos incandescentes quedaron condenados a vagar de noche en el cielo para siempre. Esas ascuas son los demonios.” (Balada de Caín, 11) “Pero mi padre tenía una opinión distinta a la de mi madre. Dios no era el sol, los animales nunca asumían poderes sagrados y el corazón de los mortales tampoco formaba parte de la naturaleza (...) Los sentimientos había que ocultarlos puesto que podían llevarte a la perdición, las bestias debían su violencia al pecado y Dios estaba diseñado como un gigante: era un patrón fornido y de mal carácter, aunque a veces también se ponía melindroso” (Balada de Caín, 27)

Para Caín “Dios era todavía aquel sol que arrasaba todas las cosechas (...) En lo alto de su trayecto celeste se transformaba en un Dios cruel que aplastaba la esencia de los seres creados...” (Balada de Caín, 18) “El Dios de mi padre era inmenso y sanguíneo, lleno de caprichos de bebé furioso, comido por los celos, terrible en los momentos de cólera, pastueño y dulce en ocasiones...” (Balada de Caín, 28)

En general la descripción de Dios que más se repite es la de Caín, por lo que es puede corresponder con ese afán crítico y desmitificador de Vicent. Según éstas, Dios se presenta como un fantoche, un ser esperpéntico con más defectos que virtudes. ”Dios solía presentarse de improvisto (...) venía acicalado con pintas de levantador de pesas o domador de leones... rodeado de monos arcángeles... arreándose alegremente con una vara las botas de antílope. Dios poseía un gran vestuario. A veces lucía un solideo de moaré en la coronilla, pantalón de seda blanca ceñido a la cadera, zapatos de charol, chaqueta de terciopelo con una estrella de plata en la solapa, todo espolvoreado de lentejuelas a lo Bop Hope (...) Dios aparecía vestido de astronauta o de vaquero del oeste o de estanciero criollo o de bailarín de calqué o de señoriíto latifundista o de patriarca cabrero o de cazador de mariposas o de jardinero jubilado o de papá Noel... Dios también podía llegar arrebatado por la neurosis.” (Balada de Caín, 27-29) Estas descripciones, aunque se transmiten a través de Caín, son una muestra implícita del talante crítico del autor y se irán repitiendo a lo largo de la novela como, por ejemplo, cuando Caín, guiado por de un perro, va a la catedral de San Patricio, “En las escalinatas hizo un breve ejercicio con una pata para rascarse las pulgas y a continuación penetró en el cancel del templo y yo fui detrás del perro por el pasillo de la nave principal entre las filas de bancos donde muchos neoyorkinos, rezaban a un dios verdadero, propietario de todo el dinero del mundo (...) El perro andaba a sus anchas por el interior del recinto (...) aquellos católicos ya iban en hilera directos al banquete eucarístico, y el perro se aprestó a recibir la sagrada forma...” (Balada de Caín, 121-123)

En la novela se justifica ese comportamiento caprichoso de esta manera “Todos los males de Jehová se debían a su omnipotencia, es decir, a su inmensa soledad. No se puede crear el universo y luego no saber que hacer con él. O tratar de dar sentido a una obra gigantesca mediante juegos o enfados de niño. Tal vez creó la vida para que fuera un enigma” (Balada de Caín, 154-155)

Si en alguien se puede encontrar una opinión objetiva acerca de Dios, es en Varuk, un arcángel que fue expulsado por éste y que lo conoce bien. La acidez de Vicent sigue estando presente en este personaje, pues, siendo un arcángel, es un gorila. Varuk coincide con los demás en ese tipo de comentarios respecto a Dios. “Todavía sigue siendo un niño caprichoso (...) Cuando Jehová me expulsó de su reino me cortó las alas y además me castró por no reír sus gracias.” (Balada de Caín, 153-154) Pero, además, en él se refleja el lado más crítico, desde el punto de vista filosófico, con Dios, “Dios ya sólo es nuestra ignorancia. O nuestro miedo. El enigma es un precio que hay que pagar” (Balada de Caín, 156)

Como se puede observar, el tema religioso está presente a lo largo de toda la obra, no sólo por porque su protagonista sea Caín, personaje bíblico que sirve de hilo conductor de toda la historia, sino que, además, las alusiones a Dios son numerosas, todas ellas con pinceladas de ironía por parte del autor, hasta el punto en que, al final de la novela, Jehová es cazado y enjaulado como un esclavo a manos de un príncipe árabe.

Según su autor la novela trata “la historia de Caín contada por él mismo, desde el paraíso del Génesis hasta un cabaret en el Nueva York actual.” (Balada de Caín, contraportada) En mi opinión, Balada de Caín es algo más que eso, es un increíble ejercicio del tiempo y el espacio, una oda a la subversión contra la necedad religiosa y un cuadro pintado con palabras.

En Balada de Caín “hay sobre todo sarcasmo y tragedia, burla y escepticismo a chorros, y una incontenible amargura disfrazada de broma universal”, con estas palabras se refiere Rafael Conte a esta novela, crítica con la que estoy de acuerdo, ya que Vicent arremete duramente contra la religión y unas creencias, en mi opinión, obsoletas.

“Es éste un relato divertido y cínico, incluso irreverente y cruel, que persigue sobremanera la metáfora visual, la creación de imágenes que el lector pueda `ver' con sus propios ojos. Paisajes y personas magistralmente descritos, como en un reportaje, antiguos escenarios trasladados al asfalto de la moderna ciudad, hacen verosímil que Caín sea un innovador y Abel un bailarín homosexual, que Dios aparezca bajo la forma de un chulo provocador y que Adán muera al pisar una bomba que no había estallado en su momento.” (Balada de Caín, contraportada) En esta crítica se resume perfectamente la esencia del libro en su contenido estilístico, pues, nos encontramos ante una obra genial, repleta de crítica, ironía y cinismo, en la que la historia, con numerosos de saltos temporales pero muy bien hilada, que engancha y que mantiene su misterio hasta el final, tratando temas escabrosos y actuales con un colorismo casi poético. No obstante, hay que ser realista afirmar que la novela tiene enormes errores de puntuación y, sólo por eso, no debía merecerse el premio Nadal que le fue concedido en 1986.

La religión está en declive -afirman algunas personas- la juventud ya no cree en nada y se están perdiendo los valores morales. Yo creo que no, lo que pasa es que algunos necios no consiguen ver más allá de sus convicciones y no se paran a observar que los tiempos cambian y, por lo tanto, también cambia la mentalidad de la gente. ¿Acaso se ha pensado la Iglesia eso de evolucionar? Siguen manteniendo una estructura medieval en su jerarquía, su mentalidad pertenece al siglo XII, cuando adoptaron las ideas de Sto. Tomás de Aquino y de San Agustín, todos los intentos de evolucionar han acabado siendo religiones protestantes que tienen mayor aceptación que la católica y, después de las meteduras de pata cometidas con la Inquisición o en la II Guerra Mundial, nos viene el Papa, que lleva desde 1978 en su humilde palacio, pidiendo disculpas por los errores cometidos. Por favor. Si parece mentira que haya sufrido esa guerra y que se lo haya tomado con tanta calma. Aun así, le perdonaremos que el hombre está mayor y, además, Errare humanum est (buen título para una encíclica) Pero, lo que yo no entiendo es que estén continuamente equivocándose y contradiciéndose. Por qué censuran el uso del preservativo, si luego resulta que uno de los grandes accionistas de esas empresas es el Vaticano, por qué le siguen negando a la mujer su dignidad y derechos como persona no dejándola participar en los ritos litúrgicos, además, es un hecho histórico que hubo un Papa mujer, por qué se lo callan; o, por qué los sacerdotes tienen que mantener el celibato si esa es una norma medieval para no repartir herencias... Lo que la Iglesia está haciendo es pedirnos que tengamos fe en un sistema anacrónico y en unas ideas que ellos mismos no practican; si no, qué hace predicando el amor y el respeto a los hombres, la caridad y la tolerancia, si luego desprecian a los homosexuales, poseen enormes riquezas en obras de arte que, en vez de ser vendidas a los museos, son simples elementos ostentóreos para mostrar la grandeza de la Iglesia. No obstante, hemos de admitir que muchos clérigos de diócesis pequeñas son gente que verdaderamente viven y creen en las ideas que proclaman.

“Dios ya sólo es nuestra ignorancia. O nuestro miedo.” (Balada de Caín, 156) “El mundo progresa moralmente, pero dando bandazos terribles que producen millones de muertos sin cuento (...) estoy seguro que cuando la sociedad se libere de la miseria, de la ignorancia y del dogmatismo, evolucionará hacia la protección de la libertad individual, la igualdad, la racionalidad, la democracia y las políticas de ayuda.” (José Antonio Marina, Filósofo y escritor, El Semanal, 42) Con estas dos citas se puede resumir mi postura hacia la religión, pues Dios, hoy en día sólo es demostrable como causa primera del universo, pero no del mundo o de la vida. En cuanto a la moral, yo creo que las personas están corrompidas por mor de la contaminación mediática que inculca unos valores equivocados. El mundo tiende a la globalización, pero no económica ni política, sino a la mental; cada vez la gente se parece más en su forma de comportarse, de vestir, de pensar... y, sin embargo, los pocos que sobreviven con autoconciencia son los rebeldes, los ateos o los pecadores, pero son, asimismo, los que realmente tienen iniciativas para la solidaridad, la tolerancia y los únicos que practican una moral autónoma y no impuesta.

Bibliografía

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  • Dalai Lama, Selecciones Reader's Digest, Reader's Digest, Madrid, enero 1995.

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  • La Biblia, Imprimatur, Bilbao, noviembre 1975.

  • Ramonet, Ignacio; entrevista de Gloria Otero, publicada en El Semanal, Taller de editores, Madrid, 21 de enero de 2001.

  • Saramago, José; entrevista de Pilar del Río, publicada en El Semanal, Taller de editores, Madrid, 7 de enero de 2001.

  • San Anselmo, Obras Completas I, BAC, Madrid, 1952.

  • Souto Rodríguez, José Manuel, Filosofía, 1º de Bachillerato, Ed. Penta, La Coruña, 1995.

  • Sto. Tomás de Aquino, Suma Teológica.

  • Vicent, Manuel, Balada de Caín, Círculo de Lectores, Barcelona, 1987.

  • Vicent, Manuel, entrevista de Javier Mamba publicada en El Mundo, 20 de abril de 1999.

  • Vicent, Manuel, entrevista realizada por Javier Ochoa, publicada en Internet en la dirección http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero6/vicent.htm, 1997.

  • Algunas citas no están recogidas en la bibliografía por ser complicadas de datar y de documentar.