Bajarse al moro; José Luis Alonso de Santos

Literatura española contemporánea. Teatro. Comedia moderna de enredo. Drogadicción. Ambiente marginal

  • Enviado por: Isabel
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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Ficha bibliográfica:

José Luis Alonso de Santos nace en Valladolid 1942. Estudia en la Universidad Complutense de Madrid donde obtendrá las licenciaturas de Filosofía y Letras y Ciencias de la Información. Termina su formación escénica en el teatro estudio de Madrid y realiza cursos de interpretación y dirección el la Escuela Oficial De Cinematografía y en el Instituto Alemán.

Entre sus obras más importantes figuran: ¡Viva el Duque nuestro dueño! (1975), Del Laberinto al 30 (1979), El Combate de Don Carnal y Doña Cuaresma (1980), La estanquera de Vallecas (1980), Edmundo Barbero, La otra historia del Teatro Español (1981), El álbum familiar, Fuera de quicio, La última pirueta, No puede ser…el guardar a una mujer (1987), entre otras.

Bajarse al moro (1985), es una de sus obras teatrales más conocidas. Ha sido llevada al cine, representada en infinidad de ocasiones y publicada en numerosas ediciones.

La presente es de la Editorial Cátedra, en su cuarta edición, realizada por Fermín Tamayo y Eugenia Popeanga (1990) 193 Pág.

Resumen

Jaimito y Chusa comparten piso en Madrid. Una mañana, Chusa trae una nueva amiga a casa: Elena. Pretenden viajar juntas “al moro” y traer alijos de hachís. Un inconveniente hecha por el piso los planes de ambas; Elena es virgen y no podrá transportarlo. Alberto, amigo incondicional de ambos es elegido para solucionar el entuerto.

Pero las cosas no son tan fáciles. Tras un intento de robo por parte de dos drogadictos, Jaimito es herido y trasladado al Hospital, a su vuelta, descubre que Chusa ha sido detenida y su mejor amigo, Alberto se ha ido a vivir con Elena.

Características de la obra

Dividida en dos actos. El primero de cuatro escenas y el segundo de tres. Todas suceden en el mismo sitio: el salón del piso que comparten Chusa y Jaimito.

En una primera parte, el inicio, se desarrolla con la llegada de Elena y su “terrible” problema., la virginidad que le impide adentrase en la aventura de secundar a su nueva amiga por tierras del moro.

En el desarrollo, Alberto es elegido para (no sin el beneplácito de la interesada) que sea él quien traslade a Elena al gremio de las mujeres normales.

Durante la noche y cuando los nuevos amantes están encerrados en la habitación, dos drogadictos irrumpen en la vivienda. Jaimito, herido, es trasladado al hospital.

En el final y desenlace, a la vuelta a casa de Jaimito, nada es como antes. Alberto ha terminado por irse a vivir con Elena, Chusa esta detenida y embarazada y para colmo el orden caótico que reinaba en el ambiente ha sido transformado por completo.

Se trata de una obra tragicómica donde se funden momentos de auténtica hilaridad con otros de tristeza. Por un lado produce risa contemplar a Jaimito con su torpeza, desadaptado y sin posibilidades de competir con Alberto, y por otra, esa soledad final que no parece mejorar hasta la llegada de Chusa, tan herida como él.

Entre los temas que trata la obra, quizás el más importante sea el del mundo “marginal” y el mundo “social” correcto. Jaimito y Chusa representan la esfera más baja de la sociedad, aquella en la que la delincuencia, el trapicheo y los escarceos con las drogas y todo tipo de delitos son más frecuentes. Ellos son unos inadaptados, unos individuos que no responden al orden establecido y que por lo tanto no encajan, son como las piezas sueltas de un puzzle que uno nunca sabe donde colocar.

El nexo de unión con el mundo válido lo representa Alberto, el policía, que si ha sabido escapar con éxito, viniendo de mundos iguales y adaptarse. Elena es quizás, otra representante y otro lazo de unión.

El escenario es una habitación, el salón, aparentemente caótico pero que responde en realidad a un orden. Por una parte encontramos el santuario de Alberto, con todos sus objetos personales que Chusa defiende con uñas y dientes, y todos los demás enseres, cada cual más distinto y menos relacionado entre si desperdigados o colocados como si tal cosa pero que en conjunto forman un lugar armónico y acogedor. Sobre todo un lugar propio, distinto, que comparten.

La visión de dos mundos que conviven pero que terminan enfrentados con la introducción de un nuevo elemento que descompone el ente, o universo propio: la llegada de Elena y la siempre machacona palabrería de sermón que representa la madre de Alberto.

Personajes:

Jaimito: Jaimito es el prototipo de todo lo que nunca podría ser un héroe. Es por tanto el antihéroe. Dotado de un enorme mundo interior, Jaimito es un ser pacífico y tranquilo. Es también una persona clara, sin interferencias, que reclama muy poco y pide muy poco para si mismo. En realidad es un elemento en discordia con la década de los 80 por que hubiese encontrado mejor su sitio en los movimientos hippys de los sesenta. Por eso cuando conoce a Elena y a pesar de sentirse atraído por ella, ni por asomo intenta competir con su amigo, al menos al principio, por que sabe que sus probabilidades son escasas.

Sin embargo, a pesar de esta pasividad, Jaimito es amigo de sus amigos, es un individuo antisocial que a medida que transcurre la obra sufre una transformación y se gana la simpatía de todos. Llegado un momento, resulta más fácil imaginarse a Jaimito con el uniforme de policía y lo que éste representa, que al propio Alberto. Lo que ocurre es que de todas maneras le viene grande por que sus aspiraciones son mucho más simples.

Chusa: Chusa comparte muchos aspectos con la personalidad de Jaimito. Podría ser su pareja ideal si no fuese por que las personas demasiado parecidas normalmente no se atraen. Es inocente, confiada y fraternal. Esta perdidamente enamorada de Alberto aunque sabe que tiene pocas posibilidades. Define su relación como una amistad con derecho a roce, por eso cuando le plantea a Elena que sea él quien se acueste con ella y ésta le pregunta: “y no te molesta” aparenta como que para nada la situación la incomoda.

Chusa hace de los objetos personales de Alberto un auténtico altar donde adorarle, le idealiza, y ya que no puede tenerle a él, al menos es feliz cuidando de sus cosas.

A veces el exceso de fraternidad de Chusa la mete en problemas serios, ella es amiga de todos y a todos estaría dispuesta a ayudar. Por eso es bastante predecible en la obra que al final termine detenida. De cándida Chusa a veces parece pánfila.

Alberto: Alberto es el “hombre” con todas sus palabras. Él si que podría representar el prototipo de héroe. Es aparentemente valiente, apuesto y encima lleva uniforme y pistola. Es como el héroe clásico y famoso entre todos los que le rodean. Tiene su sitio reservado en el mundo social y su sitio en el mundo marginal. Se mueve por ambos desenvueltamente, sin remordimientos. En realidad Alberto tiene un espíritu completamente distinto al de su amigo. Esa fachada de valentía y superioridad no es más que un escaparate de lo que en realidad esconde, Alberto es más antisocial y cobarde que su amigo, es pura palabrería, fanfarronería. Se pone un disfraz para salir al mundo que le interesa pero en realidad pertenece al otro. Es un personaje bastante vulgar y simple, que utiliza a sus amigos en interés propio y que no duda en abandonarlos por otra cosa cuando aparece algo que le interesa más. Alberto y su madre son en este aspecto muy parecidos.

A lo largo de la obra el personaje que representa se convierte francamente en antipático.

Elena: Elena ha pertenecido siempre al mundo adaptado, ni escapa ni vuelve de otro. Es una niña bien, con posibilidades económicas a la que nadie hace mucho caso. Por eso escaparse de casa no es más que una llamada de atención. Introducirse en el mundo marginal que representa Jaimito y Chusa es una aventura más dentro del hastío que compone su vida. Ella está dispuesta a “bajarse al moro”, una hazaña que sumar, donde la única meta es que alguien le haga caso. Con la boca pequeña, Elena acepta los planes de Chusa sabedora, de que en cualquier momento, puede echar los pasos atrás y regresar por donde ha venido. Es en realidad una caprichosa, una falsa rebelde sin causa alguna y una insatisfecha de su propia vida.

Antonia: Antonia, madre de Alberto, es el personaje incordiante que rompe continuamente la tranquilidad del mundo formado por los amigos. Por una parte, de continuo, utiliza el sermón y el discurso maternalista con el que trata de enmendar las posturas “degeneradas” de sus vecinos y amigos de su propio hijo, y por otra no duda en echarse al gaznate cualquier tipo de bebida alcohólica que se le ponga por delante. Eso por no hablar de su incontrolable cleptomanía, que la lleva a robar los más insólitos objetos, como por ejemplo baberos y corbatas.

Antonia es una mujer interesada que considera como bueno todo aquello que le reporte un beneficio y como malo, a lo que no tiene acceso. En la obra continuamente hace referencia al marido reformado como una prueba de la validez del sistema del que le encantaría formar parte, por eso cuando conoce a Elena y piensa en la posible relación de su hijo con ella, se encuentra el cielo abierto por que eso representaría el empujón final a sus deseos. Para este protagonista secundario, incapaz de mirar sus propios defectos todo lo que le rodea esta lleno de prejuicios, de cosas “malvadas y degeneradas” que inconscientemente ella comparte. Tiene un discurso moralista que es contrario a su propia actitud.

Lenguaje de la obra:

Utiliza un lenguaje coloquial, plagado de neologismos y propio de generaciones jóvenes. Es una forma de hablar de la calle pero que sobrepasa las fronteras de las clases sociales. Encontramos por tanto que todos, sin excepción, utilizan vocablos similares, es decir, Elena y Chusa se entienden perfectamente a pesar de venir de mundos diferentes. Es por tanto un lenguaje de la juventud y del momento en el que viven, Las jergas juveniles se transforman de generación en generación y yo me atrevería a decir que de década a década.

Comentario final:

En esta obra, divertida y triste a partes iguales nada es lo que aparenta ser. Ningún estereotipo se corresponde con la realidad. Así, Jaimito encarna valores mucho más sólidos y nobles que los que posee Alberto. Y con Chusa y Elena sucede otro tanto.

Los mundos que representan no son mejores o peores, en realidad, son las propias personas con indiferencia de a que grupo pertenezcan.

Por ejemplo, cuando los dos drogadictos irrumpen en la vivienda, Jaimito el único capaz de controlar la situación y tranquilizar los ánimos con una postura dialogante y finalmente con el uso de la fuerza. Alberto mientras, es incapaz de reacción alguna. Alberto y él representan la antítesis en recurso literario evidente; Jaimito es claro, ya se le ve cuando hace alpargatas bajo la luz de la ventana, y Alberto oscuro e interesado.

Elena se interesa por Alberto por que es demasiado simple para darse cuenta del interior del otro y claro, tampoco se puede negar, que esta de muy buen ver y ante eso no se puede competir tenga uno el corazón que tenga.

La obra es un constante desmoronamiento del universo que entre todos forman y al final el salón se queda vacío, como vacías quedan las almas de Chusa y Jaimito. No les queda otra que reconfortarse mutuamente y lamer sus heridas. Chusa ha perdido su amor y el altar que le veneraba. Jaimito la posibilidad de volver a amar y demostrarse capaz ante su amigo, del que tiene una visión superior a la de si mismo.

Al final, con la noticia del embarazo de Chusa, Jaimito vuelve a demostrar la pasta de la que esta hecho y con palabras tiernas le cuenta un cuento: “Un mundo feliz” para el bebe de Chusa. Con una visión parecida a la del autor Aldous Huxley Jaimito imagina un mundo donde nadie tendrá hambre y donde no existirán ni guerras ni servicios militares ni enfrentamientos de ningún tipo. Para Jaimito ese “mundo feliz” representa poder hacer alpargatas tranquilamente a la luz del día y tener para comer sin mayores sobresaltos. Termina el espectáculo:

(Mira un momento a su alrededor, da un golpecito cariñoso en la jaula del hámster, saca su material de trabajo, se sienta en el colchón, y se pone de nuevo a hacer sandalias)

Esta obra de teatro, que he leído como siete u ocho veces, es de esos libros que uno siempre tiene a mano cerca de la mesilla de noche y que puede leer una y otra vez sin cansarse, es un libro para leer y para releer e incluso para leérselo a los demás. Todo lo que pueda añadir sería repetir lo dicho.

Comentario:

Isabel Chumillas Velázquez.

Consultas:

Wikipedia, enciclopedia libre.

Diccionario de la lengua Española

Prólogo de Fermín Tamayo para extraer ideas principales de “bajarse al moro”