Bach y la concepción de Dios como ordenador

Música clásica barroca. Siglo XVIII. Bach. Santo Tomás de Aquino. Existencia de Dios. Orden. Orden del mundo. Mundi ordo. Dios ordenador. Música ordenada. Canto ordenado. Música actual

  • Enviado por: Felipe Rodríguez Barrera
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 12 páginas
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Ordo mundi

Sobre Bach, nosotros y la concepción de Dios como ordenador


MMV



Resumen

En la reflexión que hace surgir este trabajo se manifiestan dos inquietudes, a saber, ¿cuál es la necesidad estética que obliga a Bach a hacer una música como la que hizo?, y ¿en estos momentos, en estas latitudes, tal necesidad existe?

Para responder estas cuestiones, se revisará el término orden. La forma en que se entenderá este término se determinará tras revisar la “quinta vía” de Santo Tomás, hermosa prueba del Santo medieval de la existencia de Dios, donde esta palabra queda descubierta en toda su extensión.

Luego se revisarán dos momentos importantísimos en la vida de Bach con la intención de descubrir tal necesidad estética.

En la segunda parte de este ensayo, se propondrá la reflexión final, ¿en estos momentos, en estas latitudes, se puede realizar una música ordenada?, o lo que es lo mismo, ¿podemos cantar al orden?



Prima Pars



Quinta via sumitur ex gubernatione rerum. Videmus enim quod aliqua quae cognitione carent, scilicet corpora naturalia, operantur propter finem, quod apparet ex hoc quod semper aut frequentius eodem modo operantur, ut consequantur id quod est optimum; unde patet quod non a casu, sed ex intentione perveniunt ad finem. Ea autem quae non habent cognitionem, non tendunt in finem nisi directa ab aliquo cognoscente et intel-ligente, sicut sagitta a sagittante. Ergo est aliquid intelligens, a quo omnes res naturales ordinantur ad finem, et hoc dicimus Deum.

La quinta vía surge a partir del gobierno de las cosas. Ciertamente, vemos que hay cosas que carecen de conocimiento, a saber, los cuerpos naturales, las cuales operan movidas por un fin, el que queda claro a partir de todo aquello que siempre o frecuentemente opera del mismo modo, para conseguir aquello que es lo mejor. A partir de esto queda en evidencia que no llegan a conseguir ese fin por casualidad, sino que por una intención. Sin embargo, todo aquello que no tiene conocimiento no tiende hacia un fin sino es dirigido por algo que sí conoce e intelige, tal como la flecha es dirigida por el arquero. Por ende, hay algo inteligente, por el cual todas las cosas naturales están ordenadas de acuerdo a un fin, y a esto llamamos Dios.



“¿Qué quiere decir que este vía surja del gobierno de las cosas? Gobernar no un mero mandar, sino que es más bien dirigir, es indicar una dirección, una ruta a seguir: es ordenar. Ese orden no consiste en imponer una determinada disposición a algo, una disposición ajena a lo dispuesto, sino que tal disposición viene de cierta manera determinada por la cosa misma. La causa de tal disposición la encontramos en la cosa dispuesta.”

Es claro que las cosas que componen el mundo no son seres racionales, por lo que si es cierto que se dirigen ordenadamente hacia lo que es bueno y correcto, esto es, obedecen la dirección que les da su propia esencia, están siendo gobernadas por algo que conoce cual es su bien, su fin último.

Para Santo Tomás, eso que conoce el bien de cada una de las cosas es Dios.

Yendo un poco más allá, la existencia de Dios se deduce de la certeza, del conocimiento inicial, de que es Dios mismo el orden, lo que ordena, y hacia donde todo es ordenado.

Este conocimiento no nace de la especulación, pues los conceptos fin último, bien y orden, entendidos bajo la óptica cristiana, no responden a una pregunta sobre el mundo, sino que constituyen un principio, o mejor dicho, son parte esencial de lo que llamamos fe.

La fe en Dios se basa en estos principios, pues son ellos los que suponen una creación ordenada hacia el bien.

Ahora, Santo Tomás llama a este razonamiento “vía”. La llama así pues es uno de los caminos que describe para encontrarse con Dios y ver su cara.

De esto se desprende que descubriendo el orden del mundo se puede ver a Dios, pues Dios habita en el orden.

Es bajo esta premisa, este pensamiento profundamente creyente, que el arte sacro, y de manera particular, la música sacra, se construye, pues el arte sacro es, esencialmente, un arte ordenado, un arte que intenta mostrar el rostro de Dios creador, de Dios ordenador mediante la creación de objetos cuya belleza radica en su clara y coherente manifestación del Ordo Mundi, el orden del mundo, Dios mismo.

Revisemos en este punto la música de Bach. Tradicionalmente se ha entendido a Bach como un maestro del contrapunto y de la armonía. Generaciones de músicos nos hemos maravillado con la claridad de sus ideas, con el uso brillante de los materiales que utiliza en sus obras., con su habilidad discursiva.

¿Este talento a qué responde?, o mejor dicho, ¿cuál es la necesidad estética que obliga a Bach a hacer una música como la que hizo?

El libro de su segunda mujer, Ana Magdalena, se nos muestra al viejo maestro como un hombre profundamente religioso. De hecho, hay dos momentos en el libro, momentos capitales, en los que esta aseveración cobra una profundidad sorprendente.

El primer momento es el día de su primera investidura como organista de iglesia, en la que según palabras de Ana Magdalena, siente que es Dios mismo quien lo ordena músico sacro, un músico de los suyos. El segundo momento es en el que Ana Magdalena entra repentinamente a la pieza de Bach mientras éste compone el solo de Alto “Ach, Golgota”, y lo ve pálido, con el rostro cubierto de lágrimas. Ana Magdalena reflexiona diciendo que Bach, en ese momento, está sintiendo en sí mismo el sufrimiento de Cristo, a lo que se puede agregar que, en ese momento de la composición, ve las intenciones de Dios; Su rostro se le muestra claramente en los acontecimientos del evangelio.

En ambos momentos, Bach siente el orden de Dios. Ya sea en su propia vida o en la vida de Cristo. En ambas siente la presencia de Dios al contemplar la composición ordenada de Dios.

Esto obliga a Bach a componer obras que manifiesten tal orden, obras en que en todos sus aspectos, sean éstos de estructuración formal, relaciones métricas, construcción de motivos, etc., se descubra en la música la cara de Dios.

Es por ello que Bach tiene que profundizar en sus habilidades compositivas y llevar el barroco hacia su culminación, hacia su fin último.

Es mediante el desarrollo de la técnica del contrapunto, del discurso formal, que Bach logra crear una música evocativa de la naturaleza, una música que muestra con sonidos el trabajo que Dios realizó con el mundo, una música ordenada hacia su fin último, una música que no pudo haber sido mejor compuesta.

Entonces, recordando la pregunta motriz de este ensayo, ¿cuál es la necesidad estética que obliga a Bach a hacer una música como la que hizo?, tal necesidad es evocar la naturaleza, imitando su cualidad de ente creado por Dios, y como tal, dirigida hacia su fin último, naturaleza, mundo, que está compuesto por entes que no sobran, por entes ordenados, lo que en su música se manifiesta por el uso racional de los elementos constitutivos de la música, por su ordenamiento magistral.

Es entonces, la música de Bach, una manifestación de la creación, un canto al orden, una plegaria espejo, pues canta cantando lo que motiva el canto, canta ordenadamente al orden, canta a Dios replicando el trabajo que Dios hizo con la creación.

Altera Pars

Ahora nos enfrentamos a la segunda pregunta, a saber, ¿en estos momentos, en estas latitudes, se puede realizar una música ordenada?

Para responderla debemos rescatar esta reflexión: “A partir de lo que Aristóteles ha expuesto en relación con el , Santo Tomás asume una cierta comprensión de “fin” al exponer esta quinta vía. El fin es lo óptimo, lo mejor, el grado superlativo del bien, y hacia él tienden todas las cosas, aun las que no tienen “conocimiento”.”

Esta “comprensión” a la que se refiere el autor es, como se dijo anteriormente, un principio de la fe en Dios.

Un canto ordenado, por lo tanto debe nacer de un músico que posea este principio, dicho de otra manera, un canto ordenado sólo puede nacer de un compositor que pueda acercarse a Dios mediante el descubrimiento del orden de la creación.

¿Qué tipo de músico, si existe, puede acercarse a Dios de esta manera en estos momentos, en estas latitudes?

La música actual se basa en la manipulación individual de los elementos constitutivos de la música. El orden que se utiliza para organizar estos elementos viene dado a priori por el compositor, y puede tener los más distintos orígenes, como lo son la teoría fractal, los mecanicismos de reproducción de las células, los números de Fibonacci, por sólo nombrar algunos.

Es claro que en la medida de que estos motores no nacen de la fe, las obras así compuestas no serán ordenadas en el sentido detallado en la sección anterior.

En la medida que los componentes de la música se entiendan como entidades independientes que pueden ser manipulados libremente, no se podrá lograr un canto ordenado, pues, bajo la óptica creyente, las cosas que componen el mundo no son independientes, sino que estos objetos son parte de un todo ordenado, y por ello, están firmemente unidos por Dios mismo.

¿Existe actualmente alguna música que responda a este principio?, o reformulando esta pregunta de esta manera, ¿existe actualmente una música que emule el orden, esto es, que esté ordenada a priori por los mismos principios, según la óptica creyente, que rigen a la naturaleza?

En la medida que la música docta contemporánea está inmersa en su búsqueda individualista del orden, queda inmediatamente excluida de la respuesta.

Del mismo modo queda fuera la música comercial popular, pues se ordena según los requerimientos del mercado musical.

Solo queda por revisar la música de tradición oral y la música de raíz folclórica.

¿Cómo se ordena esta música? ¿Qué principios rigen su construcción?

La música de tradición oral se va perfeccionando con el tiempo, tras ser interpretada por varias generaciones de músicos. ¿En base a qué principio sucede este perfeccionamiento?

Aceptando que el estilo musical es la respuesta a una necesidad estética, y que en sí mismo no constituye un principio de construcción, se puede decir que el perfeccionamiento dado en la música de tradición oral no sucede por un mero refinamiento del estilo, entendido esto como una actividad independiente.

Por otra parte, la música de tradición oral no es un fenómeno puramente musical. Es un fenómeno artístico que nace de una necesidad estética que también se manifiesta en la artesanía, en el idioma y en la forma de hablar, en las costumbres.

Entonces, preguntar por los principios que generan la música de tradición oral es preguntar por los principios que moldean un pueblo, estos es, preguntar por la forma de ver el mundo de un pueblo.

Si un pueblo moldea sus actividades según los acontecimientos del medio en el que viven, como lo son las estaciones del año, tiempo de siembra y cosecha, subidas del cauce de los ríos, ordenan sus actividades según el orden de la naturaleza, por lo que todas su actividades están ordenadas, dado que ellos mismos son elementos del mundo, no están separados de él.

Si esto es cierto, la música folclórica, y la música que nace de esta música, es la única música actual que sigue ordenada. Es la única música viva que permite ver a Dios siguiendo la “quinta vía” de Santo Tomas.

Ahora, para terminar, una última reflexión. Compositores tan grandes como Debussy, Bartók y Ligeti, por solo nombrar algunos, han utilizado material musical folclórico de diversos pueblos para sus propias necesidades estéticas. Esto responde a una necesidad de materiales compositivos.

Ahora, en estos tiempos, la música folclórica nos ofrece otra cosa, mucho mas profunda que meros materiales. Nos ofrece una dirección, un orden, una vía.

La revisión de la música folclórica ya no sólo se puede llevar a cabo para rescatar sonoridades, alturas y ritmos, sino también para recuperar lo perdido.

Hace ya varios años Nietzsche gritó a los cuatros vientos que Dios ha muerto, y con Él, su orden. Hace ya mucho tiempo que Dios no muestra su cara.

Quizá es el momento de ir a buscarlo allá, donde vive. En la tierra.

Bibliografía

La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach, Bach, Ana Magdalena, Editorial Juventud, 1995.

Dios como gobernador. Dios como fin del mundo. La “quinta vía” de Santo Tomás, Guerrero T., Hernán, Tesis para optar al grado de Licenciado en Filosofía.

Summa Theologiae, textum Leoninum Taurini 1954, Sancti Thomae Aquinatis

Dios como gobernador. Dios como fin del mundo. La “quinta vía” de Santo Tomás, Guerrero T., Hernán, Tesis para optar al grado de Licenciado en Filosofía.

Digo “fe en Dios” y no “fe cristiana” para poner en manifiesto que en este trabajo siempre se hablará de Dios Creador, Dios ordenador, pero no se hablará de Dios redentor.

“vio Dios que todo cuanto había hecho era muy bueno” (Génesis I, 31).

La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach, Bach, Ana Magdalena, Editorial Juventud, 1995.

Dios como gobernador. Dios como fin del mundo. La “quinta vía” de Santo Tomás, Guerrero T., Hernán, Tesis para optar al grado de Licenciado en Filosofía.

con tipo de letra normal

Por ningún motivo debe pensarse que esta frase contiene un juicio de valor. Es más, en los tiempos que vivimos, todo parece valer lo mismo, por lo que los juicios de valor tienen un sabor anacrónico.

En cierta forma, el hombre urbano se separa del mundo natural al inventarse uno para sí mismo.

Esto no impide que Dios sea visto a través de otros caminos u otras músicas. Es por esto que Santo Tomás nos mostró cinco vías, y no sólo una.