Aztecas

Historia de América. Culturas americanas precolombinas. Los mexicas. Agricultura, comercio, mercado. Religión azteca (sacrificios humanos)

  • Enviado por: Dora Soto
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
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LOS AZTECAS

Introducción

Los aztecas fueron un pueblo que dominó el centro y

sur del actual Mexico, en Mesoamérica, desde el siglo

XIV hasta el siglo XVI, y que es famoso por haber

establecido un vasto imperio muy bien organizado, el

que más tarde fue destruído por los conquistadores

españoles y sus aliados.

Nosotros escogimos este tema ya que habíamos escuchado

mucho sobre los aztecas, pero no conocíamos bien su

cultura, una de las más imponentes del mundo. Otra

cosa que nos llamó la atención y nos motivó a trabajar

sobre este pueblo fueron sus monumentales

construcciones arquitectónicas, las cuales hoy en día

son unas de las atracciones turísticas más visitadas

del continente.

En esta parte del trabajo queremos aprovechar de decir

que nos fue difícil conseguir información y material

en la biblioteca del colegio, ya que las enciclopedias

y libros existentes no se pueden usar fuera del

establecimiento. Pero en vista de la necesidad de

material, la Madame Charlie tuvo la buena voluntad de

facilitarnos los textos, y por esto, le queremos dar

nuestros agradecimientos.

También queremos agradecer a la biblioteca municipal,

la cual nos prestó mucho material que no se encontraba

en la biblioteca de el colegio, el cual nos fue muy

útil.

Gracias a este trabajo cada una de nosotras pudo

complementarse y aprender más a fondo esta gran

cultura perteneciente a una de las tres civilizaciones

americanas más importantes.

Religión

La religión azteca tiene una fuerte tendencia

dualista, la eterna lucha contra las influencias del

bien y del mal sobre el destino del hombre. También es

extremadamente politeista y naturalista.

En sus orígenes bárbaros, los aztecas habían

centrado su culto básicamente en divinidades astrales,

donde dominaba Huitzilipotchtli, dios del Sol y de la

guerra. Pero al migrar hasta el altiplano central, y

posteriormente al instalarse en el lago Texcoco,

fueron incorporando las ideas religiosas de otros

pueblos, especialmente de aquellos más civilizados,

portadores y herederos de las ricas tradiciones

Toltecas. Formaron una síntesis, muchas veces

incoherente, en la cual además de los dioses astrales

del pasado se sumaron otros relacionados con la

tierra, el agua y la lluvia.

De esta forma, en el momento de su apogeo

cultural, el lugar más destacado de la teología

imperial era compartido por Huitzilipochtli con

Tláloc, dios de la lluvia y el rayo, originario de la

tradición Tolteca. Pero además existían entre muchos

otros dioses, Xinhtcutle, dios del fuego de los

otomíes;Tlazolteotl, diosa del amor y la fertilidad de

los Huastecas; Tzapotlatenan, diosa de la medicina de

los Zapotecas.

Esta profusión de divinidades se insertaba

dentro de una concepción del mundo y del tiempo

bastante singular. Para los aztecas, como para otros

pueblos de la región, habrían existido cuatro períodos

o soles, en los cuales hubo humanidades previas a la

propia, las cuales fueron destruídas en forma

catastrófica por acción de algunas divinidades.

La época más antigua era conocida como Nahui-

Ocelot y su fin habría llegado al destruir los

jaguares a la humanidad. El segundo período, Nahui-

Ehécatl, habría terminado cuando Quetzacoatl, bajo su

forma de dios del viento, habría arrasado con el mundo

y convertido a los hombres en mono. El tercer sol,

Nahui-Quihutl, fue dominado por Tláloc, dios de la

lluvia y del rayo, quien habría aniquilado a los

hombres con una lluvia de fuego. El último período

previo a la era en que vivían los aztecas, se conoce

como Nahui-Atli, y su fin habría devenido a partir de

una gran inundación, de la cual sobrevivieron sólo un

hombre y una mujer, quienes posteriormente fueron

convertidos en perros por el dios del cielo nocturno,

Tezcatlipoca.

La era en que se encontraban los aztecas era

Nahui-Ollín y estaba destinada a sucumbir durante un

inmenso terremoto, en el cual los tzitizmine, especie

de monstruos que vivían en el occidente, matarían a

los humanos. Según el mito, el origen de la Era Azteca

se encontraría en la voluntad de Quetzacoatl, quien

habría recogido los huesos de los hombres muertos y

les habría dado la vida regándolos con su propia

sangre. De igual forma, el nuevo Sol y la nueva Luna

habrían sido creados por el sacrificio de los dioses,

especialmente de Nanahuatzín y Tecciztecatl, los que

se habrían arrojado a una fogata encendida por los

dioses en las ruinas de la antigua ciudad de

Teotihuacán, de la que habrían salido convertidos en

el Sol y Luna, respectivamente.





















Por estas razones, los aztecas sentían la obligación

de pagar el sacrificio de los dioses y se consideraban

a sí mismos el pueblo de el Sol, cuyo principal deber

era entregar a éste su alimento, que era la sangre que

le permitía vencer la oscuridad. Ello exigía de los

hombres hacer lo mismo que hicieron las divinidades

para revivir el mundo, es decir, entregar su propio

cuerpo y sangre. De esta forma el sacrificio humano

llegó a ser uno de los más importantes elementos del

ritual religioso.





























Sacrificio humano

El panteón de los dioses estaba dominado por dos

símbolos principales: los dioses del cielo y de la

tierra. Los primeros eran parte de la antigua

tradición Azteca y su principal manifestación era el

dios de la guerra y el Sol Huitzilipochtli. También

destacaba Tezclatipoca dios del cielo nocturno y

protector de los guerreros.

Las divinidades de la tierra eran encabezadas

por Tláloc, dios de la lluvia y el rayo, aunque tenían

cierta relevancia la diosa de las aguas dulces,

Chalchiuhtlicue;y el dios de las aguas saladas y el

mar, Huixtocihuatl.

Las víctimas de los sacrificios por lo general

eran prisioneros de guerra, esclavos comprados para

este fin o incluso personas que se ofrecían

voluntaria-mente, ya que una muerte así aseguraba una

feliz vida eterna. Las víctimas eran colocadas sobre

el altar de sacrificios, a la que llegaba con las

vestimentas y adornos del dios para el que se hacía el

holocausto. Una vez depositado sobre dicha piedra,

cuatro sacer-dotes sostenían cada una de las

extremidades de la víctima y un quinto le habría el

pecho con un cuchillo de piedra, y le sacaba el

corazón, que luego era quemado en una urna de piedra.

A este tipo de sacrificios se sumaban otros ritos,

tales como quemar a la víctima, ahogarla o decapitarla.

Los aztecas creían en la vida después de la muerte,

sin embargo este futuro no dependía del comportamiento

terreno, sino de la forma en que se moría. Los

soldados muertos en batallas y las víctimas de los

sacrificios tenían como recompensa vivir en el imperio

del dios solar Huitzilipochtli.

El dios de la lluvia y el rayo, Tláloc, se

adueñaba de los que morían ahogados, exterminados por

un rayo, o por enfermedades de la piel. Estos muertos

no se quemaban como los demás sino que los

enterraban.Lo niños sacrificados a Tláloc iban a un

paraíso lleno de flores y envuelto en nubes. Los demás

difuntos iban al Mictlán o mundo inferior, al cual se

llegaba después de un penoso viaje.

Los sacerdotes dirigían la vida intelectual y

religiosa de los aztecas. En los grandes templos

habían dos sacerdotes principales o quequetzalcoa. A

sus órdenes se encontraba otro que administraba la

recaudación de los diezmos y que supervigilaba la

instrucción de los nuevos sacerdotes y el

establecimiento de la fé en las regiones recién

conquistadas.

Solamente en Tenochtitlán habían cinco mil

sacerdotes. Vestían de negro y sus tilmantli o mantos

estaban adornados con calaberas y vísceras. Usaban el

pelo largo y trenzado, y de estas trenzas colgaban

coágulos de sangre.

Por otra parte, estos sacerdotes elaboraban

los rituales del culto y enseñaban en las escuelas

religiosas y, a la vez, difundían el conocimiento de

la escritura jeroglífica y los símbolos necesarios

para los complicados cálculos matemáticos y

astronómicos. También servían de mediadores con los

poderes invisibles, recordaban y recitaban los sucesos

históricos hasta que estos quedaban grabados en la

mente humana.

La fecha más importante del calendario azteca

se daba cada 52 años, lapso en que se cumplía un ciclo

mitológico de vida del mundo. Para esto, los

sacerdotes debían asegurar la continuidad de la vida

preparando un nuevo ciclo de 52 años. En la cumbre de

la montaña Huixachtécatl se realizaban varios

sacrificios humanos, en los cuales los sacerdotes

encendían el fuego del nuevo período sobre los cuerpos

de las víctimas. En 1507 se hizo por última vez la

renovación del fuego de la vida, y la siguiente debía

acontecer en 1559, pero ya no habían sacerdotes para

hacerlo.

Periódicamente los aztecas se enfrentaban con sus

vecinos en grandes campos de batalla, para

protagonizar las guerras floridas o “xochiyayotl”,

cuyo objetivo era obtener prisioneros para hacer

sacrificios en honor a sus dioses.

En estas guerras no se peleaban los territorios y las

principales armas que los aztecas utilizaron fueron la

maza plana, flechas y dardos. La maza plana servía

para golpear, y estaba hecha de madera, en sus cantos

tenían estrechas ranuras donde se ponían vidrios

volcánicos.

Como defensas utilizaban escudos de madera y una

armadura hecha con tela y rellena con algodón.
















La economía azteca era muy compleja, y permitía,

mediante el tributo, que muchísimas personas se

dedicaran a tareas no directamente productivas, como

los sacerdotes, militares y artistas.

Para reunir recursos ,con los cuales desarrollaban

áreas que de otra manera eran difíciles de

implementar, como las obras públicas, las guerras de

conquista,etc. crearon un sistema de tributación , el

cual era pagado a través del calpulli, por todos los

ciudadanos. Dicha operación debía hacerse dos veces

al año, como norma general. Cada sector social

entregaba productos de su especialidad, que luego eran

almacenados en las principales ciudades o en los

almacenes estatales.

Para formarse una idea aproximada de los recursos

reunidos por el tributo, podemos citar algunas cifras

extraídas de un códice azteca, llamado hoy “Mendoza”,

dónde se detalla el con-tenido de los almacenes de las

tres ciudades capi-tales que formaban la Triple

Alianza: Tenochti-tlán, Texcoco y Tlacopán. Entre

muchos otros pro-ductos, había 7.700 metros cúbicos de

maíz, 5.775 metros cúbicos de porotos, 70 metros cú-

bicos de cacao, 36.000 manojos de cigarros puros,

27.600 calabazas pintadas, 16.000 pelotas de

caucho,etc.

Almacén de maíz.

La economía se basaba principalmente en la

agricultura, el comercio y el mercado.

No conocieron la ganadería, por lo que no tuvieron

acceso a los productos lácteos; tampoco desarrollaron

la minería, por lo que los comerciantes importaban

objetos elaborados en oro, plata, jade y obsidiana.

Desarrollaron un sofisticado sistema de distribución

de riquezas con mecanismos como el comercio a grandes

distancias con bienes de lujo, el salario en

retribución de servicios y el intercambio mercantil

basado en una unidad de equivalencia (dinero).

En su pasado bárbaro, los aztecas tuvieron una

economía basada en la caza y recolección. Sin embargo,

cuando se instalaron en la meseta central de México,

aprendieron de pueblos mucho más civilizados que ellos

las bondades de la agricultura.

· AGRICULTURA:

Era el eje central de la economía azteca. Cultivaban

principalmente maiz, porotos, pimientos y tomates.

El maíz era la base de la alimentación. Lo impregnaban

de cal, lo hervían y le desprendían la piel, luego se

molía mediante un rodillo de piedra estriado. Con esta

mezcla se hacía pan de maíz o tortillas. También el

maíz podía convertirse en atolli, una pasta hecha con

miel y ají.

Una de las técnicas que más utilizaron los aztecas

fueron los jardines flotantes o chinampas.

Cuando los aztecas llegaron al lago Texcoco, la

presión de los habitantes locales no les dejó otra

posibilidad que instalarse en un islote cercano a la

orilla, donde la tierra cultivable era muy poca. Por

estas razones explotaron cabalmente los recuesos del

lago, como los peces, aves acuáticas, moluscos,

plantas de ribera y muchos otros más. Adoptaron en

forma masiva el sistema de jardines flotantes, Por

esta razón, cuando los españoles llegaron, en torno a

Tenochtitlán se hallaban cultivados más de 35 km2,

especialmente los lugares con menos profundidad.


























En la práctica, las chinampas son grandes balsas de

madera rellenas con barro y ramas. Se anclan al fondo

del lago, plantándose en sus extremos sauces de rápido

crecimiento que echaban raíces en el piso. Estas

construcciones eran muy fértiles, por lo cual

necesitaban abono sólo esporádicamente y para esto se

utilizaba el limo que se extraía del mismo fondo del

lago. No había necesidad de regarlas y eran utilizando

la coa, una especie de azadón de madera con el cual se

cavaba la tierra.

Las chinampas formaban grandes laberintos, los

cuales se dejaban para permitir el desplazamiento de

canoas cargadas con los productos del cultivo. Cuando

los aztecas con su etapa expansiva, primero en torno

al lago Texcoco y luego hacia los cuatro puntos

cardinales, tuvieron acceso a grandes expansiones de

tierra, las que fueron expropiadas a pueblos que

habían sido sometidos mediante la guerra. En ellas

desarrollaron una agricultura a gran escala, basada en

le técnica de la tala y quema. Grandes extensiones de

bosques eran cortadas y luego incendiadas,

produciendose así el despeje necesario para las tareas

agrícolas, mientras la tierra se abonaba con las

cenizas resultantes de la quema. De este modo, se

incrementó considerablemente el poder económico del

naciente Imperio.





















· MERCADO:

Recibían productos que en calidad de tributo lo

enviaban de todas las regiones conquistadas por los

ejércitos. Ello permitía que el Emperador pudiera

mantener a su corte, la burocracia estatal y premiar

los servicios de los guerreros o más cercanos

colaboradores. El resto se distribuía al pueblo por

intermedio de los mercados localizados en recintos

claramente delimitados. Allí se ofrecían los bienes

destinados a satisfacer todas las necesidedes

cotidianas. Las mercaderías agrupadas por rubros se

apilaban sobre petates, a cuyo frente, sentado en el

suelo, el vendedor, premunido de balanzas o medidas,

voceaba su mercadería. Las transacciones eran

monetarias, empleándose como dinero semillas de cacao

o pepitas de oro.

























Resulta difícil creer que a comienzos del año 1500, en

un mercado Azteca se congregaran sesenta mil personas.

Esta sola cantidad revela la existencia de una

población que, para ésa época,era superior a muchas

capitales de la civilizada Europa.

La presencia de tan multitudinaria muchedumbre asombró

a los hombres de Hernán Cortés durante la conquista de

ese pueblo. El cronista Bernal Díaz del Castillo

relató la siguente impresión que le dejó este

acontecimiento: “Cuando llegamos a la gran plaza del

mercado, quedamos admirado de la multitud de gente y

mercaderías que en ella había y del gran concierto y

regimiento que en todo tenían.

Hay una calle de caza dónde venden todos los linajes

de aves que hay en la tierra como gallinas, perdices,

codornices, lavancos (patos),dorales(pájaro pequeño),

tórtolas, palomas, papagayos, búharos (ave de rapiña

parecida al búho), águilas, gavilanes y cernícalos.

Hay una calle de herbolarios, dónde hay todas las

raíces y yerbas medicinales que en la tierra se

hallan. Hay casas como de boticarios dónde se venden

las medicinas hechas, así potables como unguentos y

emplastes.

Hay casas como de barberos,donde lavan y rapan las

cabezas”.

Refería también el cronista que había venta de

esclavos, de ropa de algodón, tabaco y sal.

Severas leyes regulaban el comercio. Estaba prohibido

comprar o vender fuera del mercado, debido a que los

artículos pagaban un impuesto al ingresar en él.

Jueces vigilaban el estricto cumplimiento de precios,

pesos y medidas. Los infractores eran duramente

castigados.

El mercado de Tenochtitlan estaba frente al templo de

Huitzilopochtli, pero el más importante era el

Tlatelolco, dónde concurrían 60.000 personas.







· COMERCIO:

Paralelamente al mercado local se desarrolló un

tráfico de importación y exportación que englobaba

mercancías de lujo. A su cargo estaban los pochtecas,

clase social hereditaria que vivían en Tlatelolco y

poseían muchos privilegios.

Físicamente se diferenciaban del resto de la gente ya

que se rapaban y se deformaban la cabeza.

Ellos mantenían informado al Emperador de lo que

acontecía en sus dominios, informándolo sobre posibles

insurrecciones y dándoles datos militares cuando

emprendía la conquista de un pueblo. Por eso, fueron

considerados verdaderos espías imperiales, papel que

cumplían a satisfacción, ya que empleaban muchas

lenguas.

Importaban objetos elaborados en oro, cobre, jade y

obsidiana,vestimentas de plumas, tinturas, pieles de

conejo y esclavos. Plumas de aves tropicales y de

quetzal, turquesas y jade, pieles de jaguar,

vestimentas en general y cacao.

La posición privilegiada de los pochtecas, unida a la

riqueza que poseían , despertó la envidia de la

nobleza azteca. Por esta razón, se les obligó a entrar

de noche en la ciudad, a no hacer ostentación de sus

bienes y a aparentar pobreza y humildad, que estaban

lejos de ser verdaderas.


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