Autoestima

Psicosociología. Enseñanza. Profesorado. Profesores. Padres. Educador. Autoestima. Ayuda. Juegos. Formación

  • Enviado por: Marcos Rico Barello
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
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LOS PADRES Y LA AUTOESTIMA

El deseo del niño de ser protagonista principal y ocupar el centro de atención le hace que tenga pretensiones excesivas, intentando cosas que superan sus posibilidades. Gracias a esta contínua ejercitación acaba apareciendo un importante sentimiento de autoestima, que le lleva a expresar con libertad sus necesidades y sus preocupaciones.

Los niños se forman una imagen de si mismo a través de la conducta que los demás muestran hacia él, por lo que el niño necesita sentirse valioso y reconocido por las personas que lo rodean, sobre todo por sus padres, éstos deben transmitir al hijo la importancia que éste tiene en el núcleo familiar y deben satisfacer la necesidad que el niño tiene de ser AMADO, RESPETADO Y ACEPTADO como individuo.

Una función básica en la educación del niño es el desarrollo de la autoestima por parte de sus padres, es importante reforzar la autoestima del niño cuando comienza a lograr hitos como comer sólo o darse la vuelta, porque el niño se forma una idea de si mismo a partir de lo que otras personas le transmiten, sobre todo las personas queridas y conocidas.

El cariño es básico, sino lo hay, se desarrolla una baja autoestima.

Según va aumentando la edad del niño, su autoestima va sufriendo cambios, ya que se ve afectada por nuevas experiencias y percepciones.

Los padres deben estar atentos al comportamiento de su hijo y detectar si el niño no tiene confianza en si mismo o baja autoestima. Esta situación se aprecia cuándo el niño habla mal de si mismo, muestra poca confianza en sus posibilidades o abandona actividades porque se siente incapaz de realizarlas; si se dan estas situaciones estamos ante un niño con baja autoestima y pesimista.

En cambio, un niño con confianza en si mismo, se siente valioso y capaz de afrontar situaciones de manera positiva, ya que se siente bien consigo mismo y cree en sus posibilidades, afrontando los problemas y disfrutando de la vida.

Como ya hemos señalado, la función de los padres es básica en el desarrollo de la autoestima del niño, su actitud debe ser cariñosa y positiva, alabando los logros del niño con sonrisas, abrazos y palabras de ánimo, mostrándole en todo momento confianza, así como elogios, no sólo cuando hacen algo bien, sino también, cuando se esfuerzan en conseguirlo.

EL EDUCADOR Y LA AUTOESTIMA

No hay un trastorno emocional más grave que el producido por un bajo sentido del valor y de la opinión que tiene uno sobre si mismo.

El hecho de sentirse una persona valiosa y válida para la vida es muy importante para la salud mental.

Las personas con alto nivel de autoestima son capaces de aventurarse en el mundo, trabajar para conseguir lo que esperan y reciben la vida con esperanza. Sin embargo, las personas que sufren bajo nivel de autoestima padecen sentimientos de inadecuación e indignidad, se sienten desamparadas e inferiores y tienen dificultad para dar y recibir amor, además de sentirse aisladas, culpables y deprimidas.

Por lo tanto, un buen concepto de uno mismo y una buena autoestima son cualidades deseables para fomentar en los niños pequeños, y evitar generar en ellos sentimientos raciales, como defensa ante la propia inferioridad.

La autoestima y el concepto de si mismo, están íntimamente relacionados.

Un niño que coordina bien, que es buscado por sus compañeros y se lleva bien con su educador se verá integrado y poseerá buenos sentimientos de autoestima; por el contrario, un adolescente de secundaria, con exceso de peso y con pocos amigos puede pensar que es poco atractivo y poco querido, desarrollando un pobre nivel de autoestima.

FUENTES DE AUTOESTIMA

Las personas pueden desarrollar fuentes internas para generar autoestima, pero en las primeras etapas del desarrollo del niño los sentimientos de autoestima provienen de la gente que le rodea. Cuando el niño empieza a relacionarse con un mundo más amplio, las fuentes de autoestima provienen de otros adultos, de su educador o de sus propios compañeros, por lo tanto, la sociedad ejerce una gran influencia en el desarrollo de la autoestima infantil.

Los educadores pueden establecer normas en sus clases que ayuden a fomentar la autoestima del niño y pueden evitar el empleo de prácticas que la desfavorezcan.

PRÁCTICAS QUE REDUCEN LA AUTOESTIMA

La utilización de comparaciones entre alumnos crea situaciones de competitividad, reforzando esta actividad sólo a los que “ganan”, aunque éstos no aumentan su autoestima porque sufren el rechazo de sus compañeros “perdedores”. La forma correcta de utilizar las comparaciones es utilizándolas con el mismo individuo. Por ejemplo: “Hoy lo has hecho mejor que ayer” o “Has mejorado mucho”.

El educador puede disminuir la autoestima del niño sin mala intención realizando sobre éste una sobreprotección especial a la hora del juego, por ejemplo, no dejándole tirarse por el tobogán o ayudándole en exceso a la hora de vestirse o ponerse los zapatos.

Los educadores deben evitar juzgar a los niños en presencia de otros, y no realizar comentarios como: “¡Qué lento eres!” o “¡Eres el peor!”. Este tipo de comentarios tienen un poder muy negativo en ellos, el educador debe evitar hacerlo, ya que, además de herir los sentimientos del niño crean en él, una autoestima negativa.

PRÁCTICAS QUE AUMENTAN LA AUTOESTIMA

Un método básico para reforzar la autoestima del niño es aceptarlo y aprobarlo tal como es, reconociendo que es diferente del resto y del propio educador, pero que forma parte del grupo. Esta actitud hará ver al niño que el educador tiene confianza en él.

El educador puede incrementar la autoestima de un niño que pertenece a una minoría, por ejemplo, a la raza gitana, valorándolo y poniéndolo como modelo para influir en la actitud de los otros niños.

El halago y el reconocimiento también ayudan a reforzar la autoestima, siempre y cuando sean honestos. No recomendándose utilizar mucho este método porque se convierte en mecánico y llega a perder sentido.

Los niños necesitan aprender a fallar, por lo que es importante el esfuerzo de éstos, cuando no han tenido éxito.

Por último decir, que al niño le favorece mucho sentirse respetado y es importante que el educador le pida su opinión y escuche sus respuestas con atención. El educador debe evitar por todos los medios humillar al alumno en presencia de otros.

AYUDAR AL NIÑO A SER COMPETENTE

Mirar positivamente, respetar y alabar con justicia son, por supuesto, actitudes que ayudan a edificar la auto-imagen positiva en los niños, pero estas actitudes tienen un fallo: hacen que esa imagen dependa del buen deseo de los otros.

Por esta razón hay que ayudar a los niños a ser competentes, ya que, es la forma más segura de conseguir sentimientos internos de auto-valor, logrando que la satisfacción nazca de si mismo. Por ejemplo, una vez que un niño es capaz de hacer algo bien en el rincón de juegos o con otra actividad, ha obtenido una pequeña porción de confianza en si mismo, que ya no requiere del aplauso de los otros para mantenerla.

Por último, destacar que una buena relación interpersonal es de gran importancia. El niño que siente que se lleva bien con sus compañeros y que tiene cubiertas sus necesidades se siente integrado.

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