Austrias

Historia de España. Revuelta de las Germanías. Guerra de los treinta años. Paz de los Pirineos. Carlos V

  • Enviado por: Carlos Tortajada
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                    CASA DE AUSTRIA

Dinastía ligada al Sacro Imperio Romano Germánico (1438-1806) y al trono de
España (1517-1700).
Esta familia, originaria de Suabia meridional, se estableció en Suiza.
Aumentó su patrimonio con Austria, Estiria, Carniola, Carintia y el Tirol,
al tiempo que abandonó sus intereses en Suiza. Todos los titulares del Sacro
Imperio Romano Germánico desde 1438 hasta su desaparición (1806) fueron
miembros de esta Casa.
Con Federico III (1440-1493) y su hijo Maximiliano I (1493-1519), la
política dinástica de la Casa se orientó a extender su poder sobre el
occidente europeo.
Felipe de Habsburgo y su mujer Juana la Loca accedieron al trono de Castilla
en 1504. En 1517, su hijo Carlos llegó a España para tomar posesión de la
herencia de sus abuelos, los Reyes Católicos, con lo que inauguraba la Casa
de Austria española como Carlos I (1517-1556). En 1519 fue elegido emperador
del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V (1519-1558).
En 1556 Carlos I abdicó de las coronas de Castilla y Aragón en su hijo
Felipe y abandonó el titulo imperial en beneficio de su hermano Fernando
(Fernando I).
Felipe II (1556-1598) se convirtió en el monarca más poderoso de su tiempo.
Su política siguió el eje trazado por Carlos V. Los problemas más graves
vinieron de la revuelta de los Países Bajos (desde 1566) y la guerra contra
Inglaterra (1585-1604).
Bajo Felipe III (1598-1621) la monarquía vivió un periodo de relativa
tranquilidad. Pero la implicación de España en la guerra de los Treinta Años
(1618-1648) impidió llevar a cabo las reformas necesarias.
El reinado de Felipe IV (1621-1665) estuvo dominado por la figura del
conde-duque de Olivares, por las guerras exteriores y los conflictos
interiores.
El último Habsburgo español fue Carlos II (1665-1700), que otorgó testamento
en favor de Felipe de Anjou (futuro Felipe V), con lo que el trono de España
pasó a la Casa de Borbón.







             CARLOS I DE ESPAÑA Y
                      V DE  ALEMANIA

 LA INFANCIA:


    Fue hijo primogénito de Juana I de Castilla y de Felipe I el Hermoso de
Borgoña. Huérfano de padrea los seis años, fue llevado a Malinas con su tía
Margarita de Austria, regente de los Países Bajos. Carlos fue educado en la
brillante corte borgoñona. Francoparlante, sus conocimientos del alemán
fueron siempre limitados.

    En Borgoña, Carlos adquirió la conciencia de cristiandad, de imperio y
de Europa en un momento en que empezaban a cristalizar las naciones
renacentistas. Sus preceptores más notables fueron Adriano de Utrecht y
Guillermo de Croy, señor de Chièvres, y Jean Sauvage, nobles borgoñones de
tendencia francófila y escasamente nacionalistas. Las enseñanzas de Adriano
de Utrecht le imbuyeron un catolicismo sólido. Convencido de la primacía y
de la unidad de la Iglesia frente a sus enemigos; era un defensor de la
Iglesia: es imposible separar la historia política y militar del reinado de
Carlos I de su aspecto religioso.

 Carlos fue un hombre de carácter firme, pero pese a su confianza se dejó
influenciar por sus consejeros. A veces tardó en tomar decisiones de
importancia, muestra de su meticulosidad y de la rigidez intelectual
obtenida en su infancia. Le gustaba el fasto de la corte borgoñona cuyas
costumbres introdujo él en la española.

  Su vida privada fue notablemente ordenada; su único importante vicio fue
la gula, y esta acelero su muerte  en Yuste.  Carlos se caso con su prima
Isabel de Portugal en 1526, pero 5 años antes tuvo por amante a Johanna van
der Gheenst, que le dio una hija, Margarita de Austria, y siete después de
la muerte de Isabel amó a Barbara Blomberg, hija de un noble de Regensburg,
de la que tuvo un hijo, Juan de Austria.

  El príncipe Carlos tuvo una infancia feliz hasta que en 1515 fue nombrado
duque de Borgoña y trasladó la corte de Malinas a Bruselas. En Enero de 1516
murió su abuelo materno Fernando II de Aragón. Aunque el testamento de
Fernando II no nombraba directamente a Carlos como su heredero en Castilla,
el 14 de Marzo de 1516 el joven príncipe fue coronado rey de Castilla y de
Aragón en Bruselas. Cinco meses más tarde y por consejo de Guillermo de Croy
firmó una primera paz con Francia -tratado de Noyon-, que perjudico los
intereses españoles. Mientras preparaba su viaje a la península nombró
regente de Castilla al cardenal Cisneros y de la Corona de Aragón al
arzobispo de Zaragoza, Alfonso de Aragón. Para las posesiones italianas
nombró a los catalanes Hugo de Montcada y Ramón de Cardona, expertos en
estas cuestiones.

UN MONARCA EXTRANJERO:
Hasta el 8 de Septiembre de 1517 no desembarcó Carlos I en Villaviciosa
(Asturias)  Con él llegó una corte de consejeros flamencos, ansiosos de
participar en el gobierno de los reinos hispanos. Entre estos consejeros
destacaba Guillermo de Croy, un sobrino del cual fue nombrado arzobispo de
Toledo tras la muerte del cardenal Cisneros, que nunca llegó a conocer a su
nuevo rey. La corte flamenca trató Castilla como territorio ocupado. Los
altos cargos fueron repartidos entre los recién llegados.

   La moneda de oro fue acaparada para las necesidades de los señores
flamencos; empezó a recaudarse el diezmo de las rentas eclesiásticas. La
insolencia de la corte no conocía limites.

  Las Cortes de Castilla, Aragón y Cataluña reconocieron al monarca, pero se
resistieron a sus exigencias. Sin embargo, Carlos no obtuvo sus plenos
derechos hasta la muerte de su madre Juana la Loca en 1555. Antes de otorgar
los habituales subsidios al joven rey, las Cortes de los tres Reinos
pidieron la exclusión de los extranjeros del gobierno, el reconocimiento
regio de los fueros y privilegios de cada reino, la prohibición de vender
cargos y sacar moneda del país, la libertad de movimientos para la reina
madre, la españolización del rey, etc... Apremiado por las necesidades
económicas, Carlos I fue cediendo de mala gana a estas condiciones, y en
1520 consiguió todavía un nuevo subsidio de 400 000 ducados de las Cortes de
Santiago.


 CARLOS V, EMPERADOR DE ALEMANIA:

  Con este dinero y con el facilitado por el banquero alemán Jacob Fugger,
Carlos se presento candidato a la elección  imperial en Alemania, ya que el
trono estaba vacante desde la muerte de Maximiliano I, abuelo paterno de
Carlos de Austria. En 1519 en la Dieta de Frankfurt le nombró emperador- con
el nombre de Carlos V -.

   La noticia de su elección le sorprendió en Barcelona, que durante unos
meses fue la capital del imperio.  El 23 de Octubre de 1520 fue coronado en
Aquisgrán.






LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES:

  Apenas salió Carlos I de España para su coronación, estalló la revuelta en
Castilla. EL levantamiento de los comuneros se la ha considerado un
movimiento liberal contra el absolutismo monárquico que encarnaba    Carlos
I, y también un ultimo esfuerzo de la nobleza y del alto clero para defender
sus privilegios medievales. Sin embargo, los últimos y más profundos
estudios realizados insisten en dos puntos básicos: las Comunidades fueron
un movimiento muy complejo e irregular, y en términos generales fue
protagonizado por la burguesía ciudadana de Castilla, decidida a mantener el
pacto monarquía-burguesía que había equilibrado el reinado de los Reyes
Católicos.

    La revuelta nació mal. León, Palencia, Toro, Valladolid, Zamora, Medina,
Salamanca, Segovia, Ávila, Madrid, Toledo y Murcia se levantaron en armas
contra Carlos I. Soria, Guadalajara, Cuenca, Úbeda, etc., adoptaron una
posición dudosa. Por el contrario Córdoba, Ecija, Jaén, Andújar, Sevilla,
Antequera, Jerez y Cádiz, unidas en la Liga de la Rambla(1521) permanecieron
fieles al monarca.

El regente Adriano de Utrecht estimuló las disputas comuneras con las
decisivas ayuda militar del condestable Castilla, Iñigo Velasco, y del
almirante de Castilla, Fadrique Enriquez de Cabrera, y finalmente en Abril
de 1521 la batalla de Villalar desbarató la revuelta comunera, que sólo
resistió en Toledo seis mese más. Una represión bien calculada terminó con
los caudillos comuneros -Padilla, Bravo y Maldonado fueron decapitados y
pasaron la epopeya castellana- y con su causa.


  LA REVUELTA DE LAS GERMANIAS:

  Al mismo tiempo que en Castilla se alzaban los comuneros, en los reinos de
Valencia y Mallorca estallaba una amplia revuelta social conocida por las
Germanías.

  Carlos I no había convocado las Cortes de Valencia, como era preceptivo, y
nombró virrey al conde de Melito, circunstancias que irritaron a los
valencianos. Las Germanías nacieron en Valencia hacia 1519 por la oposición
que existía entre la burguesía urbana y la nobleza rural. Armada la primera
para defenderse de las incursiones berberiscas y estructurada en gremios,
muy pronto fue adoptando una organización militar bajo las Juntas de los
Trece. La habitual elección de jurados de Valencia fue la chispa que
encendió la confrontación, y la muchedumbre atacó al palacio virreinal. La
guerra se extendió por todo el país con gran ferocidad.. Los menestrales se
batieron con energía y proclamaron una "guerra santa" contra la nobleza, que
era apoyada por las masas moriscas. El odio secular entre la burguesía
cristiana y los campesinos moriscos impidió su unión contra la nobleza
territorial y planteó la guerra como un típico conflicto de clases. Vencidos
los rebeldes en Oropesa y capturado su Caudillo, Vicente Peris, en Valencia,
y tomadas Játiva y Alzira el reino fue pacificado definitivamente. Algunas
partidas que se levantaron en Armas en Cataluña y en el Bajo Aragón fueron
disueltas con rapidez.

    En Mallorca la revuelta popular alcanzó una gran intensidad, y a
diferencia de lo ocurrido en Valencia, el campesinado se unió a los
menestrales. Los "agermanats" mallorquines llegaron a controlar toda la isla
y establecieron un régimen igualitario, tras diezmar la nobleza. A finales
de 1522 una flota imperial  procedió restablecer el orden anterior, y dio
paso a una severísima represión.

  El fracaso de las comunidades castellanas y de las Germanías valencianas y
mallorquinas tuvo consecuencias muy importantes para el futuro de España.
Por una parte, implantó definitivamente el absolutismo monárquico aliado con
la nobleza territorial. La burguesía hundida política y militarmente, quedó
en manos de los funcionarios reales, como los corregidores y de la
aristocracia rural y cortesana. Por otra parte, Carlos I entendió  el serio
aviso y a partir de entonces "españolizo" su política.





 LA PUGNA CON FRANCIA:

   Durante la guerra de las comunidades el rey de Francia, Francisco I,
consideró roto el tratado de Noyon por un incidente en Luxemburgo, invadió
Navarra, tomó Pamplona y sitió Logroño. Solo dos meses después de Villalar
las tropas francesas eran expulsadas de Navarra y este reino pasaba para
siempre a la órbita española. De este modo surgió una de las constantes  del
reinado de Carlos I: su rivalidad con la Francia de Francisco I. Francia era
el único país europeo que podía oponerse al eje de Alemania-España por su
cohesión y su fuerza económica y militar. Existían además numerosos pleitos
territoriales entre las tres potencia: Borgoña, Flandes, Italia, Navarra,
Rosellon, etc.. Era también una pugna entre dos formas renacentistas de
entender  o Europa: La nacionalista de Francisco y la imperial y
pancristiana de Carlos I. La ventaja inicial del emperador estaba
contrarrestada por la fragmentación y desunión de Alemania verdadero mosaico
político en aquella época. Está circunstancia empujo a Carlos I a apoyarse
en los reinos españoles y en sus posesiones flamencas e italianas. Este
trinomio fue la autentica base de la empresa imperial. La larga y tenaz
pugna entre Francia y el imperio no se desarrolló apenas en sus fronteras,
sino en suelo italiano, país mas desunido si cabe que Alemania y
prácticamente indefenso.

    El conflicto entre Francia  y el bloque imperial arrastró a otras
potencias europeas. Carlos I trabajó desde un principio para asegurarse la
neutralidad  portuguesa y la benevolencia de Inglaterra, país de escaso
poderío militar en aquella época. Otros países, como Polonia y Rusia,
gravitaron en la órbita alemana, aunque su influencia en los acontecimientos
del siglo XVI en Europa Occidental fue más bien escasa. Sólo los turcos
jugaron papel importante papel como rivales de Carlos I en la Europa central
y en el Mediterráneo.

  UNA FEDERACIÓN DE ESTADOS:

  Apenas coronado emperador, Carlos I tuvo que enfrentarse al cisma luterano
que se extendía por Alemania.  El 26 de Mayo de 1521 publicó un edicto de
Worms en el cual prohibió la expansión del luteranismo y desterró a sus
dirigentes. En el transcurso de esta Dieta, Carlos I nombró a su hermano
Fernando regente suyo en Alemania bajo el titulo de Duque de Austria y
concertó las bodas de su hermana María con Luis II de Hungría y de su
hermano con Ana de Hungría. También nombró regente de Flandes a su tía
Margarita y creó el Gran Consejo de Malinas.

   La Dieta de Formes demostró que Carlos I iba a organizar sus territorios
conservando las instituciones y leyes de cada uno.  El monarca era el único
nexo de unión  entre distintos reinos.

      Internacionalmente la situación general era muy grave. Los franceses
controlaban Milán desde 1515 y los turcos tomaron Belgrado en 1521 y Rodas
en 1522.  Carlos I firmó un tratado con el Papa León X y a la muerte de este
coloco en el trono pontificio a  Adriano de Utrecht (1522). Este trató de
reconciliar  a los 2 monarcas para poder detener el peligro turco, pero sus
esfuerzos fueron inútiles y la guerra entre ambas potencias por el control
de Milán continuó. Para el emperador, Milán era crucial a la hora de enlazar
posesiones austríacas con las italianas. Para Francisco I era importante si
quería unir sus fuerzas a las venecianas.

  LA ESPAÑOLIZACIÓN DE CARLOS I:

El nuevo emperador regresó a España en Julio de 1522 dando muestras de
reconciliación. En las Cortes de 1523 reconoció la primacía de España  por
baca de su canciller Gattinara, y él mismo se castellanizó y nombró varios
ministros españoles. Estos funcionarios españoles no solían participar en
los grandes proyectos imperiales y eran conscientes del costo que éstos
representaban para las limitadas arcas castellanas. La idea imperial siguió
a cargo de los consejeros flamencos e italianos, cuya conciencia nacional
era mucho menor.  Ello no significa que Carlos I emprendiera acciones
descabelladas o simplemente idealistas.  Siempre calculó perfectamente los
objetivos a lograr y los medios a su alcance. Su intención  principal fue
conservar intactos los vastos territorios heredados y para ello combatió a
los protestantes, a los franceses y a los turcos. A los primeros como
rebeldes, a los segundos por que contestaban su hegemonía, y a los terceros
por que su expansión amenazaba la cristiandad. Para desarrollar esta
política utilizó básicamente los escasos recursos económicos y demográficos
que le proporcionaba Castilla.

   Esta circunstancia y su realismo le hicieron evitar campañas grandiosas y
sin garantía de éxitos.



 LA GUERRA EN ITALIA:
   En el Milanesado y Provenza la guerra contra los franceses fue bastante
desfavorable para los imperiales, hasta que el 24 de febrero de 1525 las
tropas del condestable de Borbón deshicieron el ejército enemigo en las
puertas de Pavia y capturaron al propio Francisco I, pese a su inferioridad
en artillería y caballería. Prisionero el rey francés en Pizzighetone
(Lombardia), Carlos I le exigió a cambio de su libertad, la renuncia a toda
pretensión sobre Italia, la cesión de Borgoña a su persona, y la de Provenza
y el Delfinado como reino para el condestable de Borbón. Francisco I rechazo
tales propuestas y en junio de 1525 fue enviado secretamente a Madrid. Tras
un intento de abdicación, el 14 de enero de 1526 Francisco I firmó el
tratado de Madrid, que concedía las principales exigencias del emperador.
Esencialmente el francés renuncio a sus ambiciones italianas, a Borgoña, a
los estados del duque de Borbón y a Navarra, y se comprometió a casarse con
Leonor de Austria, hermana de Carlos I. Apenas puesto en libertad, Francisco
I denuncio el tratado e incumplió todas sus cláusulas.

  En Italia se fue consolidando la situación para los imperiales, a pesar de
la oposicion de numerosos magnates italianos, alentados por el papa Clemente
VII y dirigidos por el duque de Milán, Francisco Sforza. Así, el 22 de mayo
de 1526 Francia, el papado, Venecia y el duque Sforza firmaron un pacto en
Cognac para resistir a los imperiales. Carlos I, furioso por el engaño que
había sufrido, busco ayuda en la propia Italia, pero no pudo enviar dinero.
Un cuerpo de 3.000 españoles y napolitanos marcharon a finales de 1526 sobre
la desguarnecida Roma. Sólo fue un aviso. En enero de 1527, 26.000
mercenarios a las ordenes del condestable de Borbón se dirigieron hacia Roma
para cobrar las pagas atrasadas, después de haber saqueado la Lombardia y la
Liguria. Las gestiones de Clemente VII y del Virrey de Nápoles, Lannoy, para
detener la columna fueron inútiles y el 6 de mayo comenzó el saqueo total de
Roma. El condestable murió en el mismo asalto a la ciudad. Carlos I censuro
este hecho, pero el mal era irreparable: Inglaterra y Génova se unieron a la
Liga de Cognac y se reanudo la guerra tras un intento de reconciliación.

  La contienda cambio de curso cuando el almirante genovés Andrea Doria
abandono el bando francés y se paso al imperial. A partir de entonces Génova
estuvo durante 200 años al lado de la monarquía castellana sustituyendo a
Barcelona como soporte de la política mediterránea de los Austria. La flota
genovesa fue decisiva a la hora de derrotar al ejercito francés en Nápoles,
Miquel Mai, sucesor de Hugo de Montcada, gestiono una primera paz con
Clemente VII que fue firmada en Barcelona (1529), y ratificada poco después
en Cambrai. El tratado de Cambrai o de las Damas concedía Flandes, el
Artois, Milán, Génova y Nápoles a Carlos I, y el ducado de Borgoña a
Francisco I. Era una solución razonable.

  TURCOS Y PROTESTANTES:

   En 1529, las tropas imperiales detuvieron el arrollador avance turco
frente a Viena, y el papa Clemente VII coronó emperador a Carlos I en
Bolonia con la corona de hierro de los lombardos. Era el momento cumbre de
los consejeros flamencos, partidarios de resucitar el viejo imperio
medieval. Siguieron entonces unos años de relativa paz que han sido
considerados como los de mayor plenitud  del reinado de Carlos I. Esto le
permitió entender dos graves problemas que le apremiaban: la disensión
protestante en Alemania y el peligro turco-berberisco en el Mediterráneo.

  Carlos I trató la cuestión protestante  con moderación y evitando plantear
el conflicto  como un enfrentamiento religioso estrictamente.  Entre 1521 2
1529 el protestantismo había pasado de ser una protesta espiritual y
teológica a un movimiento de rebeldía política frente a un poder central
débil pero con planteamientos absolutistas. En 1523 el protestantismo alentó
una revuelta de caballeros dirigida por Sickinger y Hutten y en 1524-125
una sublevación de campesinos sofocada a costa de una feroz represión. Por
consejo de Nicolas Perrenot, señor de Granvela, y por sus embajadores en
Roma, Loaisa y Mai, el emperador hizo publico en la Dieta de Ausburgo(1530)
un edicto restrictivo que fue contestado por los protestantes con la Liga de
Esmalcalda y estalló la guerra civil. Sin embargo el emperador acosado por
los turcos y abandonado por Clemente VII tuvo que firmar una paz en
Nuremberg, en 1532.

  Al mismo tiempo las naves imperiales iniciaban desde Barcelona una
ofensiva contra los berberiscos y contra la coalición     franco-turca, que
culminaría con la toma de Túnez en 1535, expedición que dirigió
personalmente Carlos I y que maravillo al mundo entero. Carlos I no se
propuso nunca conquistar el Norte de Africa sino solamente las plazas clave.
Esta política tuvo éxito a medias, ya que en 1541 fracasó un ataque a Argel,
de donde procedían la mayoría de expediciones de piratería contra las costas
españolas y en 1555 se perdió la plaza de Bujía por culpa de su defensor
Alonso de Peralta.

  LA NUEVA FASE BELICA CON FRANCIA:

Cuando Carlos I regresó victorioso de Túnez a Roma, Francisco I, irritado
por la sucesión de Francisco Sforza que favorecía los intereses imperiales,
invadió la Saboya y despojó del ducado a Carlos III, cuñado del emperador.
Los franceses reforzaron su alianza con los turcos que pudieron utilizar los
puertos mediterráneos de Francia, mientras las tropas de Carlos I invadían
la Provenza. La guerra particularmente violenta, arrasó la zona y terminó en
tablas a través de la tregua de Niza (1538). En 1539 murió la reina Isabel
con la que Carlos I había tenido tres hijos: Felipe, María y Juana. Acosado
por los problemas alemanes, Carlos I nombró regente de Castilla a su hijo
Felipe, que en 1540 asumió tambien la regencia de Milán, en 1543 la de la
Corona de Aragón y en 1554 la de Nápoles. Empezaba así el relevo.

   En 1542 cuando el emperador preparaba una campaña contra la Liga de
Esmalcalda, se reanudó la guerra con Francia y Turquía. Los turcos ocuparon
Budapest, y los franceses atacaron Milán y los Piases Bajos para impedir que
Felipe fuera nombrado heredero del Milanesado. Francia, Turquía, Dinamarca,
Suecia y Escocia se alinearon contra Carlos I que fracasó en la reconquista
de Hungría. En 1543 la situación era muy sombría para el emperador, pero a
finales de verano y con la ayuda de Enrique VIII  de Inglaterra marchó sobre
el ducado de Cléves, lo ocupó y dio la vuelta al panorama militar sin
embargo, agotados ambos contendientes firmaron la paz de Crépy (septiembre
1544), que confirmaba los acuerdos de Cambrai. Carlos I logró además que
Francisco I se comprometiera a no aliarse en lo sucesivo como los turcos ni
a prestar ayuda a los príncipes alemanes protestantes, su objetivo principal
en la década de 1540.


  LA LUCHA CONTRA LOS PROTESTANTES:

El protestantismo había hecho grandes progresos en la Alemania del norte y
centro. Incluso algunos firmes bastiones del emperador y del catolicismo
como el arzobispado de colonia se tambaleaban. Carlos I, que se hallaba en
plena madurez política, actuó con suma habilidad. Consciente de la amenaza
que representaba la Liga de Esmalcalda, aprovechó las disensiones entre los
príncipes alemanes para preparar el definitivo choque frontal. Durante 2
años maniobró sagazmente contando con la neutralidad francesa y el apoyo
papal desde 1545. En la Dieta de Spira (1544), por ejemplo dictó una serie
de normas pacificas y contemporizadoras que le valió la voluntad de los
príncipes protestantes no afiliados  a Liga. Carlos I dejó la solución de la
cuestión religiosa a "un Concilio cristiano general" y libre", y evitó
entrar en las arduas disputas teológicas, El papa Paulo III convocó el
Concilio que se inauguró en Trento en diciembre de 1545. Ningún alemán
asistió a las primeras sesiones.

  La campaña militar contra la Liga, iniciada en octubre de 1546, fue un
paseo de las fuerzas imperiales que culminó en Abril de 1547 con la victoria
de Mühlberg pero el emperador no estuvo a la altura de las circunstancias a
la hora de la paz, seguramente por creer que el protestantismo había sido
barrido. Y sin embargo, la situación internacional le favorecía totalmente
se mostró severo con los príncipes vencidos y en 1547 rompió con el papa. En
la Dieta de Augsburgo (septiembre de 1547) se presentó como vencedor
absoluto pese a ello su proyecto para reestructurar el imperio en forma de
liga fracasó y tampoco pudo imponer el interim de Augsburgo, fórmula
religiosa que favorecía el catolicismo en Alemania.


   Entre 1549 y 1550 empezaron las discusiones entre Carlos I y su hijo
Felipe por un lado, y Fernando de Austria y su hijo Maximiliano por el otro
para establecer la sucesión imperial. Esto debilitó el sólido frente que
siempre habían presentado los Habsburgo, pieza clave en la política alemana.
Por otra parte, en 1551 el papa Julio III reanudó el concilio de Trento.
Carlos I se interesó mucho por él, confiando en esta gran reunión para
terminaron el cisma, pero la intransigencia de unos y de otros hizo fracasar
la reconciliación. Desde Innsbruck, Carlos I asistió al derrumbamiento de
esta política de unidad religiosa, mientras Mauricio Sajonia -uno de los más
poderosos aliado de Carlos I- cambiaba de bando.

  EL FIN DE LA CARRERA IMPERIAL:

   Envejecido, cansado y absorbido por el concilio de Trento, Carlos I no
supo ver la tormenta que se avecinaba de nuevo en Alemania. En el este, los
turcos reanudaban su presión sobre Hungría, en el oeste, Enrique II de
Francia tomo Metz, Toul y Verdún (1552) y en Alemania Mauricio de Sajona se
sublevó abiertamente e invadió  Tirol (1552). Carlos I huyó precipitadamente
a Carintia y el concilio de Trento se disolvió. Mauricio de Sajona no abusó
de su ventaja, pero su rebelión tuvo dos consecuencias importantes:
consolidó el poder de los príncipes, muy quebrantado después de Mühlberg, y
salvó el protestantismo. Carlos I trató de recuperar el terreno perdido y en
1552-1553 sitió Metz, magníficamente defendida por Francisco de Guisa. La
derrota sufrida ante estos muros terminó la carrera política de Carlos I. La
Dieta de Augsburgo (1555) se celebró ya sin su presencia y estableció una
paz religiosa que duró 63 años, pero quedo claro que el Sacro Imperio era
sólo un nombre. En 1556 Carlos I firmó la tregua de Vaucelles con Francia.


LA ABDICACION:

   El emperador se encontraba agotado física y mentalmente por la agitada
vida que había llevado. Siempre fue un monarca itinerante. A los 55 años era
un anciano que se sentía desplazado y fracasado. Empezó a pensar en la
sucesión y en octubre de 1556 abdicó de los Países Bajos en su hijo Felipe
en una conmovedora celebrada en Bruselas. En enero de  1556 renunció a
España y América en Felipe II.  Su hermano Fernando le sucedió como
emperador de Alemania meses después. Lentamente y todavía como un monarca se
dirigió a Extremadura, donde se había hecho construir un palacete al lado
del monasterio de San Jerónimo de Yuste.  Desde su retiro extremeño vivió
por fin en paz, pero siguió muy de cerca la situación europea y aconsejó
frecuentemente a su hijo Felipe sobre los negocios de estado que habían
conformado su vida.


UN MAL ADMINISTRADOR:

   Aunque Carlos I fue un inteligente estratega, fue también un pésimo
administrador. Prácticamente todas las campañas terminaban con agotamiento
financiero, lo cual impedía además crear ejércitos  disciplinados y fieles.
El monarca obtuvo casi todo los recursos de Castilla, los Países Bajos e
Italia. Mientras que la Corona de Aragón le concedía únicamente algunos
subsidios y Alemania no le proporcionó ninguna ayuda financiera, al igual
que sus posesiones austríacas. Pese a los esfuerzos del Consejo de Hacienda,
creado en 1523, la recaudación de impuestos era poco racional y solo tenia
dos fuentes regulares: el servicio que cada tres años votaban las Cortes y
la alcabala. El resto eran arbitrios ocasionales que solucionaban pocos
problemas financieros y en cambio se presentaban a un fenómeno de corrupción
y al desorden administrativo. Hacia 1534-1535 empezaron a llegar los tesoros
de América de forma abundante. Si bien representaron un alivio para las
arcas reales, el veloz aumento de los gastos y la inflación impidieron un
uso adecuado de estas riquezas, hasta el punto que el emperador tuvo que
incautarse a menudo de los tesoros particulares procedentes del Nuevo Mundo.
A pesar  de ello el endeudamiento de la corona fue en aumento, y algunos
banqueros, como los alemanes Fugger y Welser, obtuvieron en compensación
amplios beneficios y prebendas, como la explotación de Venezuela. A partir
de 1530, los banqueros genoveses empezaron a sustituir a los alemanes.




  EL SISTEMA DE CONSEJOS:

    La administración española corrió a cargo principalmente de los
Consejos. En 1523 se creó, por sugerencias de Mercurino Gattinara, el citado
Consejo de Hacienda, siguiendo el modelo flamenco. Francisco de los Cobos
fue su secretario. El Consejo de la Cámara fue un apéndice del de Castilla y
asesoraba al monarca en las cuestiones relativas a nombramientos de cargos.
En 1524 fue fundado el Consejo de Indias que se ocupó de la administración
de los grandes territorios ultramarinos, siguiendo un modelo similar  al
establecido por la corona catalano-aragonesa. Los asuntos exteriores eran
llevados a cabo por el propio Carlos I con el asesoramiento del Consejo del
Estado, en el que figuraban y participaban los principales consejeros del
emperador. En 1527 creó un Consejo Secreto para atender las cuestiones
imperiales, tan complejas usualmente.

   A partir de 1546, con la muerte de su consejero catalán, Miquel Mai, los
organismos catalano-aragoneses se fueron inhibiendo de la política italiana,
hasta que en 1555 se creó el Consejo de Italia, que ocupó esta parcela
administrativa, hasta entonces vinculada tradicionalmente a los reinos de la
Corona de Aragón.







  LAS CONQUISTAS ULTRAMARINAS:

 Durante el reinado de Carlos I se llevaron a cabo las principales
expediciones de exploración y conquista en América y el Pacifico. Hacia
1516, los españoles habían agotado las posibilidades de enriquecerse en las
Antillas y pasaron al continente, donde efectivamente hallaron los grandes
imperios.  Este paso coincidió con el cambio de monarca en Castilla. Carlos
I estimuló esta política expansiva tanto por necesidad de oro y plata como
por espíritu renacentista que rompía los esquemas científicos y geográficos
de la Edad Media. En todo caso, a la muerte del emperador la conquista
estaba terminada en sus líneas generales y los dos virreinatos americanos
habían sido fundados.  Por esta razón, el nombre de Carlos I está también
ligado a la historia del continente americano.






















Felipe II (1527-1598), rey de España (1555-1598). Hijo de Carlos V (Carlos I
de España) y de Isabel de Portugal, gobernó el vastísimo imperio integrado
por Castilla, Aragón, Valencia, Cataluña y Navarra; el Rosellón, el
Franco-Condado, los Países Bajos, Sicilia, Cerdeña, Milán, Nápoles, diversas
plazas norteafricanas (Orán, Túnez), Portugal y su imperio afroasiático,
toda la América descubierta y Filipinas.
Su monarquía se apoyaba en un gobierno por medio de consejos y de
secretarios reales, y en una poderosa administración centralizada. Los
problemas fiscales fueron característicos durante todo su reinado. Su
recurso al Tribunal de la Inquisición fue frecuente para eliminar el
protestantismo, que ponía en peligro la unidad religiosa.
Durante su reinado los conflictos externos se sucedieron en varios frentes:
heredero de la guerra contra Francia, venció en San Quintín y Gravelinas
(1557 y 1558); contra el Imperio otomano (victoria de la Batalla de Lepanto,
1551); la conclusión militar contra Inglaterra vino determinada, en 1588,
por la derrota de la Armada Invencible. No pudo solucionar el conflicto
político-religioso generado en los Países Bajos que supuso la definitiva
emancipación de Holanda, Zelanda y el resto de las Provincias Unidas; en
cambio logró la anexión de Portugal y sus dominios.




Felipe III (1578-1621), rey de España y Portugal (1598-1621), hijo de Felipe
II. Su reinado representa el paso del gobierno personalista al de valimiento
(en el que una figura política, el valido, pasaba a desempeñar los
principales cargos), a la vez que daba comienzo la decadencia de la
hegemonía española en Europa.
Las dificultades para coordinar el sistema de gobierno de los consejos,
unidas a la escasa capacidad del monarca, llevaron a la sustitución del
gobierno personal por el del poder delegado en un valido, o favorito. Desde
1598 gobernó como valido el duque de Lerma, amigo personal del rey.
En política exterior se inició un periodo de paz. Se firmó una tregua de
doce años con los Países Bajos, lo que representó el reconocimiento oficial
de la existencia de Holanda. Se llegó al final de las hostilidades con
Inglaterra, tras la muerte de Isabel I.
En 1618 finalizó este periodo de paz al apoyar España al emperador Fernando
II de Austria contra el elector del Palatinado, Federico V, en lo que fue el
comienzo de la guerra de los Treinta Años.









Felipe IV (1605-1665), rey de España (1621-1665). Hijo de Felipe III.
El reinado de Felipe IV puede dividirse en varias etapas. Una primera, hasta
1643, en que el protagonismo esencial le corresponde a su valido, el
conde-duque de Olivares; una segunda, en la cual don Luis Menéndez de Haro
dirigió los destinos de la monarquía (1643-1661) y, finalmente, los últimos
años de su reinado.
Con Olivares, la monarquía se implicó plenamente en la guerra de los Treinta
Años y reanudó la guerra en Flandes. Tras unos años de brillantes victorias
comenzó a cambiar la situación. Los levantamientos de Cataluña y Portugal
(1640) iniciaron la más grave crisis interna de la monarquía, que llevó a la
destitución del conde-duque (1643).
La Paz de Munster (1648) consagró la pérdida de las provincias del norte de
los Países Bajos (Holanda). La guerra franco-española acabó con la victoria
de Francia, consumada en la Paz de los Pirineos .

Meses antes de su muerte, la derrota de Montes Claros o Villaviciosa
permitía vaticinar la pérdida de Portugal.








Carlos II (1661-1700), rey de España (1665-1700), último de la dinastía
Habsburgo. Hijo de Felipe IV y Mariana de Austria, fue un ser débil y
enfermizo. Casado en dos ocasiones, no tuvo descendencia.
Carlos II heredó el trono cuando aún no había cumplido los cuatro años, por
lo que su madre ejerció la regencia. Este periodo (1665-1675/77) estuvo
dominado por las luchas entre la reina y sus favoritos (Juan Everardo
Nithard y Fernando de Valenzuela), y la oposición política capitaneada por
don Juan José de Austria. El nombramiento de Valenzuela como primer ministro
y grande de España provocó el golpe de Estado de don Juan José, quien
gobernó como primer ministro (1677-1679). Ello supuso el fin de la regencia
y el inicio del reformismo aristocrático, continuado por sus sucesores, el
duque de Medinaceli (1680-1685) y el conde de Oropesa (1685-1691).
Las iniciativas reformistas pusieron las bases para la recuperación
económica de Castilla. En el exterior, la monarquía se vio envuelta en
cuatro guerras determinadas por el expansionismo de Luis XIV, aunque supo
desarrollar una hábil política exterior. Al final del reinado, la monarquía
se mantenía casi intacta.Carlos II declaró heredero al duque de Anjou, el
futuro Felipe V.


El Escorial, Monasterio de, monasterio-palacio construido entre 1563 y 1586
por encargo de el rey Felipe II de España.
En su seno se incluyen un monasterio de la orden de los Jerónimos, una gran
iglesia basilical, un colegio, una extensa biblioteca, un palacio real y el
Panteón de los reyes de España. Está fabricado con sillares de granito y
pronunciadas cubiertas de pizarra, herederas de la tradición constructiva de
Flandes.
El arquitecto Juan Bautista de Toledo dirigió las obras hasta su muerte en
1572. En este momento Juan de Herrera ocupó su puesto.
Los reyes posteriores a Felipe II, y en especial los Borbones, dejaron de
utilizar El Escorial como residencia palaciega por su extrema austeridad.
Carlos IV encargó en 1772 a su arquitecto Juan de Villanueva la construcción
de dos pabellones de recreo en las cercanías del monasterio, la Casita del
Príncipe y la Casita de Arriba, magníficos ejemplos de arquitectura
neoclasicista.

















Herrera, Juan de (c. 1530-1597), arquitecto, matemático y geómetra español
del siglo XVI, máximo exponente del bajo renacimiento. Estableció un nuevo
estilo -llamado herreriano- estrechamente ligado al imperio español de
Felipe II.
En 1572 Herrera se hizo cargo de la dirección de las obras en El Escorial.
También realizó los proyectos para la Lonja de Sevilla (1583), la fachada
meridional del Alcázar de Toledo (1571), el Palacio de Aranjuez y el nuevo
plano para la villa de Madrid. Una de sus obras más influyentes fue la
inconclusa catedral de Valladolid.
Entre sus características fundamentales destacan el rigor matemático de las
proporciones compositivas, los chapiteles de pizarra de origen flamenco y
los motivos decorativos geométricos, especialmente pirámides y esferas o
bolas.











































Olivares, Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde-duque de (1587-1645), político
español, valido de Felipe IV.
Hijo del conde de Olivares, rama menor de la Casa de Medinasidonia, se
trasladó a la corte en 1617. Al acceder al trono Felipe IV (1621) aumentó su
influencia con el desempeño de oficios palatinos.
En 1623 comenzó a actuar como favorito del monarca. Desde entonces basó su
poder en la relación de amistad mantenida con Felipe IV y en la colocación
de sus fieles en las instituciones de gobierno. La práctica olivarista
consistió en integrar en su grupo al mayor número de nobles y funcionarios y
marginar a los que se negaran a colaborar. Creó una amplia red clientelar
que le servía, a la vez que le creó profundas enemistades entre los que se
consideraban injustamente rechazados.
Olivares contó con un programa político reformista, expresado en el Gran
Memorial (1624). En este texto elevado al rey se planteaba la Unión de Armas
y una profunda reforma de la Hacienda castellana y de la estructura
institucional del gobierno. Asimismo, uno de los principales planes de
Olivares consistía en el establecimiento de un sistema bancario nacional que
sustituyera la dependencia de los banqueros extranjeros. Cuando intentó
aplicar sus proyectos encontró la fuerte oposición de las Cortes castellanas
y de los otros reinos peninsulares.
En 1635, la ruptura de hostilidades con la Francia de Richelieu le obligó a
posponer las reformas y a concentrarse en la defensa. La situación empeoró
en 1640, año del levantamiento de Cataluña y la secesión portuguesa. Con la
monarquía al borde de la quiebra, Felipe IV, finalmente, decidió prescindir
de Olivares (1643).




GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS serie de conflictos europeos que se extendieron
desde 1618 hasta 1648, en los que participaron la mayoría de los países de
Europa Occidental.
La lucha tuvo sus orígenes en el profundo antagonismo religioso engendrado
por la Reforma protestante. Sin embargo, según la guerra iba ganando
impulso, su carácter cambió, primando las rivalidades dinásticas de los
príncipes alemanes y la determinación de ciertas potencias europeas, sobre
todo Suecia y Francia, de frenar el poder del Sacro Imperio Romano
Germánico. La guerra, uno de los conflictos más destructivos en la historia
europea, ha sido dividida por la historiografía en cuatro fases:
Fase palatino-bohemia (1618-1625) 0.

Las tensiones religiosas en los principados alemanes se vieron agravadas
durante el reinado del emperador Rodolfo II de Habsburgo (1576-1612). Con la
creación (1608) de la Unión Evangélica, alianza defensiva de príncipes y
ciudades protestantes, y de la Santa Liga Alemana (1609), organización
similar formada por los católicos, se hizo inevitable la crisis. La facción
bohemia de la Unión Evangélica lanzó el primer ataque.
Los rebeldes protestantes alcanzaron un gran éxito inicial y la revuelta se
extendió rápidamente a otras partes del Imperio. A finales de ese año los
bohemios concedieron la Corona a Federico V, elector del Palatinado.
Aprovechando las disensiones protestantes y la invasión española del
Palatinado, el emperador Fernando II de Habsburgo asumió la ofensiva. A
finales de 1624 el Palatinado retornó a manos católicas.
Fase danesa
La segunda fase de la guerra adquirió una dimensión internacional. Francia e
Inglaterra se abstuvieron de intervenir debido a sus dificultades internas.
Sin embargo, Cristián IV, rey de Dinamarca y Noruega, acudió en ayuda de los
protestantes alemanes debido principalmente a consideraciones no religiosas.
La victoria para la causa imperial se produjo el 6 de marzo de 1629 cuando
Fernando promulgó el Edicto de Restitución, documento que anulaba todos los
títulos protestantes sobre las propiedades católicas expropiadas desde la
Paz de Augsburgo.


Fase sueca
Las victorias de Fernando agudizaron el sentimiento contra los Habsburgo del
cardenal Richelieu, primer ministro de Luis XIII de Francia. Richelieu no
pudo intervenir directamente en Alemania, pero Gustavo II Adolfo de Suecia
entró en el conflicto. Mientras tanto, Tilly recibió el mando del ejército
de Wallenstein.
Los ejércitos imperiales asestaron una devastadora derrota al duque Bernardo
en Nördlingen (Baviera), por lo que los líderes de la coalición protestante
abandonaron la lucha. La Paz de Praga (1635) hizo ciertas concesiones a los
luteranos sajones, modificando cuestiones básicas del Edicto de Restitución.
Fase francesa
En su fase final, la guerra se convirtió en un conflicto por la hegemonía
entre los Habsburgo y Francia. Se inició en mayo de 1635 cuando Francia
declaró la guerra a España, que apoyaba de forma decidida al emperador. Los
franceses, a las órdenes de los generales La Tour d'Auvergne y Luis II de
Borbón, cuarto príncipe de Condé, tuvieron éxito en la mayoría de sus
empresas. Condé derrotó al Ejército español en Rocroi (Francia) el 19 de
mayo de 1643.
Finalmente, el emperador Fernando III se vio obligado a acceder a las
condiciones de paz de los vencedores.
Paz de Westfalia
La Paz de Westfalia influyó en la historia posterior de Europa: debilitó
gravemente al Sacro Imperio y a los Habsburgo, supuso el surgimiento de
Francia como principal potencia del continente europeo y retrasó la
unificación política de los estados alemanes.
El enfrentamiento entre Francia y España finalizó con la Paz de los Pirineos
en 1659.

LEVANTAMIENTO DE  CATALUÑA, conflicto entre la Monarquía Hispánica y los
territorios catalanes, conocido también como guerra dels Segadors (1640-1652
o 1659). Las causas de esta rebelión se encuentran en la política imperial y
sus elevados costes, en la oposición a la monarquía absoluta, en el malestar
campesino y en la presencia de las tropas de la Monarquía Hispánica en
Cataluña.
El programa del conde-duque de Olivares tenía por objetivo la reforma del
Estado para conseguir la colaboración de los reinos no castellanos en la
financiación del mismo. Este programa reformista, que incluía la Unión de
Armas, fue rechazado por las Cortes catalanas.
A partir de enero de 1640 los enfrentamientos entre las tropas imperiales y
los campesinos aumentaron. Se produjo un clima de lucha antiseñorial que se
sumó al conflicto político. El día del Corpus el virrey de Barcelona cayó
asesinado y los dirigentes de la Generalitat optaron por encabezar la
revuelta.
Olivares formó un ejército para invadir Cataluña, al mismo tiempo que la
Generalitat se aliaba con los franceses. La revuelta nobiliaria de la Fronda
debilitó el Ejército francés, coyuntura aprovechada por Juan José de Austria
que tomó Barcelona (1652). Las aspiraciones territoriales francesas se
vieron satisfechas con la firma en 1659 de la Paz de los Pirineos.
LEVANTAMIENTO DE PORTUGAL, conflicto iniciado en 1640 y que finalizó en 1668
con la independencia definitiva del reino de Portugal de la Monarquía
Hispánica.
La política del conde-duque de Olivares supuso la culminación del progresivo
descontento político vivido en Portugal, por la falta de respeto y
reconocimiento hacia el reino y hacia lo acordado por Felipe II en los
artículos de Lisboa de 1579.
La existencia de un descendiente directo al trono, don Joao (Juan) de
Braganza -el futuro Juan IV de Portugal-, permitió que este descontento se
encauzara hacia la separación de los Habsburgos españoles.
El enfrentamiento militar se limitó a acciones fronterizas, puesto que las
tropas de Felipe IV se encontraban en Cataluña y en Centroeuropa.
PAZ DE LOS PIRINEOS tratado firmado en 1659 por el que finalizó la guerra
entre la Corona española y la francesa declarada en 1635 dentro de la guerra
de los Treinta Años (1618-1648) y la rebelión de Cataluña de 1640. Dibujó
una nueva frontera franco-española en el Pirineo oriental. Fue firmado por
Luis Menéndez de Haro, representante de Felipe IV, y el cardenal Jules
Mazarin, representante de Luis XIV de Francia.
Los negociadores españoles aceptaron la mutilación de Cataluña a cambio de
mantener posiciones en Flandes. Una cláusula de trascendencia política fue
el matrimonio de Luis XIV con la hija mayor de Felipe IV, María Teresa, que
abriría las puertas del trono español a los Borbones.
Haro y Guzmán, Luis Menéndez de, marqués de Carpio (1598-1661), político
español, valido de Felipe IV. Sucedió al conde-duque de Olivares como
favorito real. Su atención se dirigió a los frentes de guerra en Cataluña,
Portugal y Francia. Fue derrotado por los portugueses en Elvas durante la
guerra de Separación de Portugal. Negoció la Paz de los Pirineos con Francia
(1659).
























                           CONSEJOS
En la historia política española, organismos colegiados, de carácter
consultivo, que ayudaban en la gobernación a los reyes de España durante la
edad moderna. Por lo general, tenían atribuciones de gobierno y de justicia.
Los consejos, no obstante, no son privativos de España. Su origen está en
los respectivos consejos reales que surgen en las Cortes medievales. Con el
desarrollo de las monarquías modernas, el número de consejos tendió a
multiplicarse, como consecuencia del proceso de especialización
administrativa. La amplitud y complejidad de la Monarquía Hispánica dieron
lugar en ella a la creación y desarrollo de un elevado número de consejos
que configuraron el sistema de gobierno llamado polisinodial.
A grandes rasgos, podemos dividir los consejos de la Monarquía Hispánica en
tres grandes grupos: los que tenían atribuciones sobre toda la Monarquía,
los consejos territoriales, encargados del gobierno de un territorio o un
grupo de territorios pertenecientes a una misma área geográfica, y los mal
llamados consejos por materias, que no son tales porque, a pesar de la
especificidad de las cuestiones de las que se ocupan, su ámbito de actuación
no abarcaba toda la Monarquía.
Los consejos decayeron en el siglo XVIII con la aparición y el desarrollo de
las Secretarías de Estado y de Despacho. El único que resultó reforzado fue
el Consejo de Castilla, convertido en el gran organismo de gobierno interior
de la Península.
MONARQUIA HISPANICA
Entidad política formada por el conjunto de los territorios pertenecientes a
los soberanos españoles de la dinastía Habsburgo (1516-1700). También
llamada monarquía de los Austrias, Católica, Castellana y de España o
Española.
Sus orígenes se hallan en el reinado de los Reyes Católicos y su final en la
Paz de Utrecht. El matrimonio de Isabel y Fernando (1469) sentó las bases
para que la Corona de Castilla y la Corona de Aragón pasaran a manos de un
único rey, el heredero de ambos, que recibiría también los reinos y
territorios conquistados o adquiridos por ellos.
La Monarquía Hispánica se convirtió en un formidable conjunto territorial
como consecuencia de la confluencia, en la persona del emperador Carlos V
(Carlos I de España), de cuatro grandes líneas dinásticas: la castellana,


















 aragonesa, la de Borgoña y los Países Bajos, y la de la Casa de Habsburgo.
En 1580 Felipe II incorporó Portugal y su Imperio ultramarino, que
permanecieron en el seno de la Monarquía hasta mediados del siglo XVII.
Se constituyó así una realidad política que se asentaba sobre amplias zonas
de Europa. Sin embargo, cada uno de los reinos y territorios mantuvo sus
instituciones, leyes y privilegios. No se produjo, por tanto, ningún proceso
de integración o fusión.
En la Monarquía coexistían diferentes naciones, múltiples tradiciones
políticas y varias lenguas. Por ello, se hizo necesario dotar a la Monarquía
de un sustrato ideológico que le proporcionara una mayor unidad y que le
identificara, y este elemento sería la religión católica.
Carlos V será el brazo armado de la cristiandad y el defensor de la
ortodoxia católica, frente a la ruptura de la Iglesia a partir de la Reforma
protestante. La Monarquía iniciaba así un camino hacia la ideologización
católica.
A pesar de todas estas dificultades, la organización
burocrático-administrativa de esta realidad política tan compleja resultó
modélica. Sin embargo, en el siglo XVIII, perdidas todas las posesiones
europeas exteriores a la península Ibérica, no se había resuelto aún la
cuestión básica de la vertebración política de España. La solución
centralista y uniformizadora, impuesta por los Borbones, no serviría más que
para aplazar y enconar los problemas.
Inquisición, institución judicial creada por el pontificado en la edad media
para localizar, procesar y sentenciar a las personas culpables de herejía.
En el siglo XII, en respuesta a la herejía de la doctrina albigense, el papa
Inocencio III organizó una Cruzada contra esta comunidad; sin embargo, no
fue muy eficaz. La Inquisición en sí no se constituyó hasta 1231 por el papa
Gregorio IX. El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los
franciscanos y dominicos, nombrados directamente por el Papa.
Los acusados estaban obligados bajo juramento a responder de todos los
cargos que existían contra ellos, convirtiéndose así en sus propios
acusadores. El testimonio de dos testigos se consideraba prueba de
culpabilidad; en 1252 el Papa autorizó la práctica de la tortura para
extraer la verdad de los sospechosos. Si el hereje se presentaba
voluntariamente se le imponían penas menores.
Los castigos y sentencias se pronunciaban en una ceremonia pública al final
del proceso (auto de fe). Los castigos podían consistir en una
peregrinación, un suplicio público, una multa, la confiscación de
propiedades, encarcelamiento o prisión perpetua. Una vez que los albigenses
estuvieron bajo control a finales del siglo XIV, la actividad de la
Inquisición disminuyó.
En 1542, alarmado por la difusión del protestantismo, el papa Pablo III
estableció en Roma la Inquisición romana y el Santo Oficio. Más libre del
control episcopal que su predecesora, se preocupó de la ortodoxia que
aparecía en los escritos de teólogos y eclesiásticos.
El papa Pablo IV emprendió en 1555 una persecución de sospechosos, incluidos
obispos y cardenales, y elaboró en 1559 la primera lista de libros que
atentaban contra la fe o la moral: el Índice de libros prohibidos.
La Inquisición española se fundó en 1478 a propuesta del rey Fernando V y la
reina Isabel I, para ocuparse del problema de los judíos y más tarde de los
musulmanes que por presión social se habían convertido al cristianismo. La
Inquisición española se convirtió en un instrumento en manos del Estado más
que de la Iglesia. Además, fue un tema popular por su crueldad y
oscurantismo. Tomás de Torquemada, el más notable gran inquisidor, ejecutó a
miles de supuestos herejes. Fue suprimida en España en 1843.