Asociaciones comerciales europeas

UE (Unión Europea). Paises integrantes. Organización. Evolución histórica. Sistema monetario europeo. Ampliaciones paises Este

  • Enviado por: Marabalos
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 13 páginas
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Trabajo Practico N° 01

Asociaciones Comerciales Europeas

  • ¿Qué es la Union Europea?; ¿Qué paises la integran?; ¿Qué finalidad tiene?

  • ¿Qué es el EURO y a partir de cuando se implementara?

  • Busca en diarios y revistas algo que se relacione con el tema.

  • Relaciona el tema con las medidas tomadas por el gobierno.

-¿Qué es la Union Europea? ¿Qué paises la integran? ¿Qué finalidad tiene?

Es la Organización Supranacional del ámbito europeo dedicada a incrementar la integración económica y política y a reforzar la cooperación entre sus estados miembros. La Unión Europea nació el 1 de noviembre de 1993, fecha en que entró en vigor el Tratado de la Unión Europea o Tratado de Maastricht, ratificado un mes antes por los doce miembros de la Comunidad Europea (CE) —Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Reino Unido, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y España. Con la entrada en vigor del Tratado, los países de la CE se convirtieron en miembros de la UE, y la CE se convirtió en la UE, que en 1995 se vio ampliada con el ingreso en su seno de Austria, Finlandia y Suecia.

Con el Tratado de la Unión Europea, se otorgó la ciudadanía europea a los ciudadanos de cada Estado miembro. Se intensificaron los acuerdos aduaneros y sobre inmigración con el fin de permitir a los ciudadanos europeos una mayor libertad para vivir, trabajar o estudiar en cualquiera de los estados miembros y se relajaron los controles fronterizos. Se fijó como meta conseguir una moneda única europea para 1999.

Antecedentes:

La CE, precursora de la UE, surgió de lo que en principio eran tres organizaciones independientes: la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), creada en 1951, la Comunidad Económica Europea (CEE, también calificada a menudo como Mercado Común) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (o Euratom), ambas fundadas en 1957. Los organismos ejecutivos de las tres instituciones se fusionaron en 1967, dando vida a la CE, cuya sede se estableció en Bruselas (Bélgica).

Organización:

La toma de decisiones en la UE se divide entre las instituciones europeas supranacionales y los gobiernos de los estados miembros. Los tres principales órganos de la UE son la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros (compuesto este último por ministros de cada uno de los gobiernos de los estados miembros). El Tribunal Europeo de Justicia actúa como árbitro final en asuntos legales o disputas entre instituciones de la UE, o entre éstas y los estados miembros.

Comisión Europea:

La Comisión Europea es el brazo ejecutivo de la UE. Elabora normas y las presenta al Consejo de Ministros. La Comisión Europea también representa a la UE en las relaciones económicas con otros países u organizaciones internacionales. La función administrativa de la Comisión afecta a los fondos y programas de la UE y al reparto de ayudas a otros países.

Consejo de Ministros:

Principal cuerpo legislativo de la UE, está formado por los ministros de los gobiernos de los estados miembros y auxiliado por el Comité de Representantes Permanentes (o embajadores) de cada Estado miembro.

Consejo Europeo:

El país que asume la presidencia del Consejo de Ministros convoca reuniones de los jefes de Estado o de gobierno de los países miembros, por lo menos, una vez cada seis meses. Esta cumbre recibe el nombre de Consejo Europeo. Tales reuniones tienen un carácter regular desde 1975. El Consejo Europeo se convirtió en parte oficial de la estructura de la CE en 1987.

Parlamento Europeo:

El Parlamento Europeo es el único órgano de la UE cuyos miembros son elegidos directamente por los ciudadanos de los estados miembros. Tan sólo un órgano consultivo en un principio, sus competencias aumentaron tras la entrada en vigor del Tratado de la Unión Europea. Se reúne en Estrasburgo (Francia), aunque la mayor parte del trabajo de sus comisiones se realiza en Bruselas (Bélgica) y su Secretaría está ubicada en Luxemburgo. Sus actuales 626 escaños se asignan en función de la población de cada Estado miembro. En 1994 Alemania tuvo la mayor representación, con 99 escaños.

Los distintos comités del Parlamento Europeo revisan la legislación propuesta por la Comisión Europea. Estos comités proponen enmiendas a las leyes antes de presentarlas al Consejo de Ministros. El Parlamento puede vetar una propuesta después de haber llegado al Consejo de Ministros si está en desacuerdo con la posición de éste. También interviene en la preparación del presupuesto de la UE y puede rechazarlo si no se llega a un acuerdo dentro del Consejo.

Comités:

Una vez que el Tratado de la Unión Europea incrementó el poder político del Consejo Europeo, otros órganos asumieron un papel consultivo similar al que antes tuvo el Parlamento. El Comité Económico y Social es uno de ellos. Sus miembros son nombrados cada cuatro años por el Consejo de Ministros para representar a empresarios, trabajadores y otros grupos de interés. El Comité tiene estrictamente una función asesora, pero el Consejo de Ministros y la Comisión Europea están obligados a consultarlo en muchas decisiones legislativas. Otro grupo importante es el Comité de las Regiones, creado por el Tratado de la Unión Europea para acercar la UE a los ciudadanos y permitir que se expresen las autoridades regionales y locales. Carece de poder legislativo pero tiene que ser consultado sobre temas relacionados con cuestiones económicas y sociales.

Tribunal Europeo de Justicia:

El árbitro final de todas las materias legales de la UE es el Tribunal Europeo de Justicia. Los jueces que lo integran, al menos uno por cada Estado miembro, son elegidos para un periodo de seis años. El Tribunal media en las disputas entre los gobiernos de los estados miembros y las instituciones europeas, y entre las instituciones europeas entre sí, así como en las apelaciones contra fallos y decisiones de la UE. Los tribunales de los estados miembros remiten a menudo al Tribunal Europeo de Justicia casos relativos a puntos poco claros de la legislación de la UE. El Tribunal emite fallos de cumplimiento obligatorio que ayudan a los tribunales nacionales a la hora de dictar sentencia. Los fallos del Tribunal Europeo de Justicia sientan precedentes legales y se convierten en parte de la jurisprudencia de cada Estado miembro.

Historia:

La II Guerra Mundial (1939-1945) devastó la economía del continente. Algunos europeos esperaban que la reconstrucción de Europa Occidental llevaría a un acuerdo para crear un Estado europeo unificado. Pero la idea de una Europa unida se quebró con el comienzo de la Guerra fría y la desconfianza que todavía inspiraba Alemania Occidental. Dos franceses, el político y financiero Jean Monnet y el ministro de Asuntos Exteriores Robert Schuman, creían que Francia y Alemania podrían superar su secular antagonismo si existían incentivos económicos que estimularan la cooperación. En mayo de 1950, Schuman propuso la creación de una autoridad común para regular la industria del carbón y del acero en Alemania Occidental y Francia; la oferta se extendía también a otros países de Europa Occidental. La idea fue bien recibida por el gobierno de Alemania Occidental y por los de Bélgica, Italia, Luxemburgo y Países Bajos. Junto con Francia, estos cinco países firmaron el 18 de abril de 1951 el Tratado de París (efectivo desde el 10 de agosto de 1952), por el que se creaba la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). El gobierno británico rechazó el carácter supranacional de la CECA y optó por no unirse a dicha organización.

En junio de 1955, en Messina (Sicilia, Italia), los ministros de Asuntos Exteriores de los seis estados que conformaban la CECA decidieron estudiar las posibilidades para lograr una mayor integración económica. Este nuevo esfuerzo desembocó en la firma del Tratado de Roma (25 de marzo de 1957), por el que se creaban la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom). Esta última resultó tener poca importancia ya que cada gobierno nacional mantuvo el control sobre su programa de energía nuclear.

Comunidad Económica Europea:

En términos económicos, el Tratado de la CEE estableció un plazo de doce años para la eliminación de las barreras comerciales entre sus miembros, la implantación de un arancel común para las importaciones del resto del mundo y la creación de una política agrícola conjunta. Políticamente, el Tratado otorgó a los gobiernos nacionales un papel mayor que el del Tratado de la CECA, aunque también determinó que la CEE fuera más supranacional conforme progresaba la integración económica.

Como respuesta a la CEE, el Reino Unido y otros seis países no comunitarios formaron la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) en 1960. Sólo un año después, tras el evidente éxito económico de la CEE, el Reino Unido inició negociaciones para su ingreso. Pero, en enero de 1963, el presidente francés Charles de Gaulle vetó la candidatura británica, especialmente por sus estrechos lazos con Estados Unidos. De Gaulle volvió a vetar la entrada británica en 1967.

Creación de la CE:

Las características económicas básicas del Tratado de la CEE se fueron cumpliendo gradualmente y las tres comunidades (CEE, CECA y Euratom) fusionaron sus respectivos ejecutivos en julio de 1967. Este hecho supuso el nacimiento de la Comunidad Europea (CE). Sin embargo, no se hizo ningún progreso sobre ampliación o cualquier otra propuesta hasta que De Gaulle hubo dimitido como presidente de Francia en mayo de 1969. El siguiente presidente francés, Georges Pompidou estaba más abierto a nuevas iniciativas en el seno de la CE.

En diciembre de 1969 y a su propuesta, se celebró una reunión de los líderes de los estados miembros en La Haya (Países Bajos). Esta cumbre preparó el terreno para la creación de una forma de financiación permanente de la CE, el desarrollo de un marco de cooperación en política exterior y la apertura de negociaciones para el ingreso de Reino Unido, Irlanda, Dinamarca y Noruega.

Ampliación de la CE:

En enero 1972, casi después de dos años de negociaciones, se firmaron los tratados para la adhesión de los cuatro países aspirantes el 1 de enero 1973. Reino Unido, Irlanda y Dinamarca se adhirieron como estaba previsto; sin embargo, en un referéndum los noruegos votaron en contra de su ingreso.

En el Reino Unido continuó la oposición a la pertenencia a la CE. Después de que el Partido Laborista volviera a ocupar el poder en 1974, llevó a cabo su promesa electoral de renegociar las condiciones de la pertenencia británica (especialmente las financieras); la renegociación acabó en cambios marginales, pero creó un periodo de incertidumbre en el interior de la CE. Un gobierno laborista dividido confirmó la pertenencia a la CE y convocó un referéndum nacional sobre el tema en junio de 1975. A pesar de la fuerte oposición de algunos grupos, el pueblo británico votó a favor de la permanencia.

En 1979 y 1980, el gobierno británico, que afirmaba que el valor de su contribución superaba con mucho el valor de los beneficios recibidos, intentó una vez más cambiar los términos de su pertenencia. El conflicto se resolvió en la primavera de 1980, cuando varios países miembros aceptaron pagar una mayor contribución a los costes de la CE. En 1984 se acordó que el Reino Unido recibiría una disminución parcial de su contribución anual neta a la CE, comenzando con una rebaja de 800 millones de dólares para ese año.

Grecia ingresó en la CE en 1981 y, tras ocho años de negociaciones, en 1986 se adhirieron España y Portugal. Otros acontecimientos importantes en las décadas de 1970 y 1980 fueron la ampliación de la ayuda de la CE a países menos desarrollados (especialmente a antiguas colonias de los países miembros); la institución del Sistema Monetario Europeo para dar una cierta estabilidad a las relaciones entre las monedas de los estados miembros, y los avances para eliminar las barreras comerciales interiores y el establecimiento de un mercado único.

Sistema Monetario Europeo:

El 13 de marzo de 1979 entró en vigor el Sistema Monetario Europeo (SME), lo que suponía el primer paso para la consecución de una unión económica y monetaria. Pero los planes iniciales (alcanzar la total unión monetaria en 1980) fueron demasiado optimistas; las monedas de los estados miembros fluctuaban y la devaluación de algunas de ellas limitaba el crecimiento económico y favorecía el aumento de la inflación. El SME pretendía estabilizar los tipos de cambio y frenar la inflación, al limitar el margen de fluctuación de cada moneda miembro en una pequeña desviación desde un tipo de cambio central. Se introdujo una unidad de cuenta europea común (ECU) mediante la cual se podía establecer el tipo de cambio central. El ECU afectaría a todas las monedas de la CE con un peso acorde con la importancia económica de cada país. Cuando una moneda alcanzaba el límite del margen de fluctuación, situado en un 2,25%, los bancos emisores de los respectivos países debían intervenir vendiendo la moneda más fuerte y comprando la más débil. EL SME también exige a los gobiernos que adopten políticas económicas apropiadas para prevenir la continua desviación del tipo de cambio central. El SME ayudó a mantener tasas de inflación más bajas en la CE y aligeró el impacto económico de las fluctuaciones monetarias durante la década de 1980.

Mercado Único Europeo:

El avance más significativo en la CE durante la década de 1980 fue la marcha hacia la puesta en práctica de un mercado único europeo. La campaña para lograr este objetivo fue promovida por Jacques Delors, antiguo ministro de Economía y Finanzas francés, que se convirtió en presidente de la Comisión Europea en 1985. En la Cumbre de Milán (Italia), la Comisión propuso un plazo de siete años para eliminar prácticamente todas las barreras comerciales que aún existían entre los estados miembros. El Consejo Europeo aprobó el plan, y el propósito de alcanzar el Mercado Único Europeo el 1 de enero de 1993 aceleró las reformas en la CE e incrementó la cooperación y la integración entre los estados miembros. Finalmente, todo ello culminó con la formación de la Unión Europea.

Un obstáculo para la total integración económica era la Política Agraria Común (PAC). Durante la década de 1980 la PAC recibía las dos terceras partes del desembolso anual de la CE (los ingresos se obtenían de impuestos sobre las importaciones por encima del 2% del impuesto sobre el valor añadido (IVA) recaudado por los países miembros). La PAC alentaba la producción de grandes excedentes de algunos productos que la CE tenía el compromiso de comprar, lo que era un modo de conceder subsidios para unos países a expensas de otros. En una cumbre extraordinaria celebrada en 1988, los líderes de la CE establecieron unos mecanismos para limitar esos pagos; en el presupuesto de 1989, y por primera vez desde la década de 1960, las ayudas a la agricultura representaron menos del 60% del gasto total de la CE.

Acta Única Europea:

El calendario fijado para alcanzar el Mercado Único Europeo puso al descubierto la necesidad de un mayor poder de la CE para resolver las cuestiones anejas a la eliminación de las barreras comerciales antes de la fecha tope. El Consejo de Ministros tenía que alcanzar acuerdos unánimes sobre cada decisión, con lo que, de hecho, se daba a los estados miembros poder de veto y se demoraba el proceso político. El Acta Única Europea, introducida en diciembre de 1985 y aprobada por los doce miembros en julio de 1987, introdujo los mayores cambios en la estructura de la CE desde el Tratado de Roma de 1957. Entre las modificaciones incluidas figuró la introducción del sistema de mayoría cualificada que ayudó a acelerar el proceso de creación del Mercado Único Europeo.

El Acta Única Europea introdujo también otros cambios importantes; el Consejo Europeo, que había aportado el impulso principal para la consecución del Mercado Único, consiguió personalidad jurídica; el Parlamento Europeo logró tener mayor voz e influencia, y los estados miembros acordaron unificar normativas fiscales, sanitarias y referentes al medio ambiente. Además, se estableció el Tribunal de Primera Instancia para atender las apelaciones a las decisiones de la CE que presentaran personas, organizaciones o empresas; y cada Estado miembro decidió alinear su política económica y monetaria con la de sus vecinos, utilizando el SME como modelo.

Cambios en Europa y en la CE:

Los partidarios de una unión económica y monetaria argumentaban que no habría mercado único mientras que las restricciones sobre las transferencias de dinero y las primas de cambio limitaran el flujo libre de capitales. Se sugirió un plan en tres etapas para alcanzar la Unión Económica y Monetaria (UEM). Al mismo tiempo, la Comisión Europea propuso una carta social sobre derechos humanos. Reino Unido se opuso a ambas propuestas, manifestando su preocupación por la pérdida de soberanía que sufriría cada Estado si se incrementaba el poder de la CE. Sin embargo, se sumó al proyecto de la UEM cuando los cambios operados por toda Europa provocaron la necesidad de una respuesta rápida unida de la CE.

Cuando el comunismo se desplomó en Europa del Este, muchos de los países de su órbita buscaron en la CE ayuda política y económica. La CE aceptó concertar acuerdos de ayuda militar y de asociación con muchos de esos estados pero descartó adhesiones inmediatas. Una cumbre de emergencia, celebrada en abril de 1990, hizo una excepción con Alemania Oriental, permitiendo que este país fuera automáticamente incorporado a la CE tras la reunificación alemana. En la misma cumbre, la República Federal de Alemania y Francia propusieron una conferencia intergubernamental para conseguir alcanzar una mayor unidad europea después de los grandes cambios políticos que habían tenido lugar. La primera ministra británica, Margaret Thatcher, se opuso a una mayor unidad, pero en 1990 John Major se convirtió en primer ministro y adoptó una actitud más conciliadora hacia la idea de la unidad europea. La Conferencia Intergubernamental, junto con una conferencia similar que preparaba la UEM, comenzó a trabajar en una serie de acuerdos que desembocaron en el Tratado de la Unión Europea.

Tratado de la Unión Europea:

Representantes de cada país de la CE negociaron el Tratado de la Unión Europea en 1991, y en diciembre el Consejo Europeo se reunió en Maastricht (Países Bajos), para examinar un borrador. Tras intensas negociaciones entre los miembros, el tratado final fue firmado por el Consejo Europeo el 7 de febrero 1992. Una disposición del Tratado establecía que los electores de cada Estado miembro tenían que aprobar la Unión Europea por referéndum; el Tratado fue ratificado en octubre de 1993. La Unión Europea quedó establecida el 1 de noviembre, fecha en que el Tratado entró en vigor. El 1 de enero de 1995 se produjo una cuarta ampliación de la UE con el ingreso de Austria, Finlandia y Suecia. Ese mismo mes, el hasta entonces primer ministro luxemburgués, Jacques Santer, elegido el año anterior para ejercer la presidencia de la Comisión Europea, sustituyó a Delors al frente de la misma. El futuro reto de la UE pasaba por afrontar el cumplimiento de lo acordado en Maastricht. En este sentido, el 15 de diciembre de 1996 se aprobó el estatuto jurídico del euro (nombre adoptado un año antes para la futura moneda única europea), el nuevo SME y el llamado Pacto de Estabilidad, por el que los estados miembros deberían continuar sus respectivas políticas de convergencia una vez que, en 1999, comience a utilizarse el euro.

El Tratado de Amsterdam y sus consecuencias:

Si bien el Tratado de la Unión Europea firmado en Maastricht marcó las directrices sobre las que habría de construirse el futuro europeo, pronto se consideró la inevitable necesidad de revisarlo, especialmente para adoptar una reforma institucional que permitiera, a corto plazo, el previsible ingreso de nuevos estados miembros. Tal percepción fue la que surgió en la Conferencia Intergubernamental que tuvo lugar el 29 de marzo de 1996. Con la intención de elaborar un nuevo tratado de la UE que reformara el de Maastricht, se celebró una cumbre del Consejo Europeo en Amsterdam (Países Bajos), en junio de 1997, con el objetivo de abordar la reforma de algunos de los más importantes y controvertidos puntos de la Unión: reforma de sus instituciones, defensa, libre circulación, justicia, flexibilidad y empleo. Los dos primeros puntos, fundamentales para la consolidación de la UE, no fueron revisados. Respecto a los cambios institucionales (reducción del número de comisarios por Estado miembro en la Comisión, reparto del poder en el Consejo de Ministros y cuestión del voto, entre otros), las diferencias entre los jefes de Estado y de gobierno asistentes obligaron a retrasar la adopción de reformas hasta una nueva Conferencia Intergubernamental. Únicamente se llegó al acuerdo de que, cuando la UE se viera ampliada, sólo existiría un comisario por país en la Comisión. La cuestión del sistema defensivo en que habrá de enmarcarse la UE fue, igualmente, pospuesta, debido a la oposición británica a plantear la integración de la Unión Europea Occidental (UEO) en la UE. El Tratado de Amsterdam quedó, por tanto, carente de resoluciones auténticamente reformadoras: la ratificación del Pacto de Estabilidad y el acuerdo para fomentar políticas activas de empleo, financiadas por el Banco Europeo de Inversiones (BEI), fueron sus principales logros. Por lo que respecta a España, en Amsterdam se reconoció el estatuto de Canarias como región ultraperiférica, que permitiría a las Islas acogerse a un régimen económico y fiscal propio en virtud de su peculiaridad.

La latente preocupación por la cuestión del desempleo (que en 1997 afectaba, aproximadamente, a 18 millones de personas en el conjunto de países integrados en la UE), condicionó (especialmente por parte francesa) la ratificación del Pacto de Estabilidad a la adopción de políticas tendentes a erradicar dicho lastre social. A fin de abordar este asunto, el Consejo Europeo se reunió en Luxemburgo los días 20 y 21 de noviembre de 1997 en la que fue denominada `Cumbre del Empleo'. El objetivo de los Quince era adoptar una política común (mediante mecanismos de coordinación de las políticas nacionales) para lograr que disminuyera la tasa de desempleo (especialmente juvenil y de larga duración). El principal acuerdo adoptado por el Consejo determinó la creación de un programa (ejecutable en cinco años) por el cual se ofrecería la reinserción laboral o formativa (a través de formación profesional, reciclaje o trabajo en prácticas) a los parados menores de 25 años que lleven seis meses en paro y a todos los trabajadores con un año de permanencia en situación de desempleo. El BEI aumentaría los créditos dirigidos al cumplimiento de este plan.

Ampliación al Este:

La futura consolidación de la UE como entidad aglutinadora de gran parte de los territorios europeos (tanto en el orden político como económico) quedó refrendada en una nueva cumbre del Consejo Europeo celebrada en Luxemburgo los días 12 y 13 de diciembre de 1997. En ella se gestó y planificó el proceso por el cual la UE admitiría el ingreso de nuevos países miembros en su seno. Salvo en los casos chipriota y turco, el grupo de candidatos estaba integrado por estados de Europa oriental. Finalizada la cumbre, once países recibieron la invitación formal para comenzar los distintos y progresivos pasos de adhesión. Esos once países fueron divididos en dos grupos, cada uno de los cuales representaría una distinta `velocidad' de ingreso. Chipre, la República Checa, Estonia, Polonia, Hungría y Eslovenia fueron seleccionados en el primer bloque; de hecho, el 30 de marzo de 1998 comenzaron las conferencias intergubernamentales que suponían el inicio de las primeras negociaciones formales. El segundo grupo (compuesto por países que necesitarían mayor tiempo para cumplir los necesarios requisitos de ingreso) lo formaban Bulgaria, Letonia, Lituania, Rumania y Eslovaquia. En ambos casos, el cumplimiento de determinados parámetros económicos y políticos será obligatorio para el definitivo ingreso, no fechado todavía, de cada uno de estos estados. La no mención de Turquía abrió una profunda brecha en las relaciones entre este país y la UE.

-¿Qué es el EURO y a partir de cuando se implementara?

Es el nombre dado en la cumbre del Consejo Europeo celebrada en diciembre de 1995 en Madrid a la moneda única que circulará, una vez completado el proceso de Unión Económica y Monetaria (UEM), en el seno de la Unión Europea (UE).

Los días 1, 2 y 3 de mayo de 1998, en Bruselas, el Consejo Europeo señaló los once países (Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal) que habían alcanzado los criterios de convergencia económica exigidos por el Tratado de Maastricht y en los cuales el euro arrancaría el 1 de enero de 1999. Reino Unido, Suecia y Dinamarca decidieron por voluntad propia no formar parte de este primer grupo, mientras que Grecia quedó excluida por no cumplir los requisitos de Maastricht. Ese mismo día 1 de enero de 1999 también iniciaría su funcionamiento el Banco Central Europeo (BCE), organismo que, junto a los bancos centrales nacionales de los correspondientes países, integraría el Sistema Europeo de Bancos Centrales, encargado de programar y ejecutar la política monetaria común. El euro sustituía así al ECU, unidad de cuenta europea creada en 1979 como elemento fundamental del Sistema Monetario Europeo (SME), que fue utilizada en todas las transacciones económicas realizadas en el ámbito de la UE.

Desde el 1 de enero de 1999, los ciudadanos europeos de los once países citados podrían abrir cuentas bancarias en esta moneda, así como pagar en esta unidad con cheques y tarjetas de crédito. Asimismo, las emisiones de deuda negociable pasarán a lanzarse en euros. Está previsto que el 4 de enero de 1999 el euro cotice por vez primera en el mercado de cambios de divisas. La introducción del euro implica la fijación irrevocable de los tipos de cambio entre las monedas de los países participantes.

Los billetes y monedas de euros comenzarán a circular el 1 de enero del año 2002, pudiendo coexistir con las respectivas monedas nacionales, como máximo, hasta el 1 de julio de ese año. La desaparición de la peseta, franco francés y lira motivará que el euro también circule en San Marino, Ciudad del Vaticano, Andorra y Mónaco.

-Busca en diarios y/o revistas algo que se relacione con el tema

Nota El ejecutivo sostiene que la inclusión del euro en la convertibilidad puede mejorar las relaciones entre Europa y la Argentina

Sección Economía 

Fecha de publicación  22/04/01

Philippe Citerne, director general del grupo financiero Société Générale
El ejecutivo sostiene que la inclusión del euro en la convertibilidad puede mejorar las relaciones entre Europa y la Argentina.

Asegura que el equilibrio entre dólares y euros depende de índices americanos

ð Cree que si se adopta la medida se podrá negociar con más facilidad con el Viejo Continente

ð Sostiene que su filial local continuará invirtiendo en el país

Philippe Citerne es director general de Société Générale. Eso equivale a decir que es el número dos de un grupo financiero en proceso de expansión, con más de 11 millones de clientes en el mundo y representación en más de 70 países.

Esta semana pasó por Buenos Aires en visita de rutina y fue una buena oportunidad para charlar con él, un hombre de larga experiencia en la banca y ex funcionario del Ministerio de Economía de Francia, sobre las posibilidades e implicancias que puede tener la proyectada inclusión del euro en el sistema monetario argentino.

-¿Qué impacto puede tener la proyectada inclusión del euro en la convertibilidad?

-Le va a permitir a la Argentina flexibilizar su moneda y esto es importante. Y también va a indicar una voluntad de mejorar las relaciones con Europa, lo cual es transcendente para la gestión de su política externa.

-Entonces, ¿sólo ve beneficios en este cambio?

-No, desde ya también hay perjuicios, que son tal vez más visibles ahora. De hecho, esto provoca incertidumbre entre nuestros clientes argentinos que no logran dimensionar qué significado económico puede tener esto y se ponen un poco nerviosos.

-Para la operatividad del banco, teniendo en cuenta que son europeos, ¿representa alguna ventaja?

-Nuestra mayor expectativa está centrada en la agilización que puede dar al flujo comercial entre Europa y la Argentina.

-¿Cree que lo facilitaría?

-Sin duda. Lo que nos beneficia, porque somos, en este sentido, un actor importante para facilitar, ya que trabajamos mucho en el financiamiento de exportaciones locales. Así podríamos ser un vínculo más importante para facilitar y aumentar el comercio con Europa.

-Argentina le vende a Europa muchos productos agrícolas que pelean contra un sistema de barreras artificiales creadas por la subvención... Perdone, pero no veo el beneficio...

-Estamos hablando de otra cosa. Por un lado está la gestión de la divisa extranjera y por otro lado la de la economía argentina. No dudo de que este proyecto aumentará la capacidad de exportación de la Argentina, y no sólo en lo agrícola. Pero me parece que acá además deben hacer el esfuerzo de ser más competitivos.

-¿De qué manera?

-El futuro a largo plazo no va a estar sólo en la exportación de materia prima, sino en la venta de bienes con valor agregado. Para estos bienes los mercados de Europa serían una buena salida y para lograrlo deben aumentar la competitividad de su industria. A mí me sorprende lo elevados que son los costos aquí comparados con el resto del mundo. Tienen la materia prima, la mano de obra y los capitales listos para invertir. Pero para que pasen de proyectos a hechos deben trabajar duro sobre sus costos.

-¿Esto quiere decir que los subsidios están para quedarse un largo rato en Europa?

-Hace un par de años era un tema tabú, pero entiendo que ahora se está pensando en abrir el juego. En este sentido, la inclusión del euro puede aportar algo para una negociación bilateral sobre esta cuestión entre Europa y la Argentina.

-Teniendo en cuenta la idiosincrasia de los europeos, ¿este gesto puede hacer que vengan al país más inversiones de ese origen?

-Cuando miramos a América latina, y en particular a la Argentina, no vemos una razón para que mantengan una relación privilegiada solamente con América del Norte. Mundialmente, Europa representa un mercado igual o quizá más grande que EE.UU. Por eso es importante todo lo que aporte para que esta relación se equilibre. Además, hoy vemos una desaceleración en EE.UU., un crecimiento en Europa y una situación difícil en Asia. En este marco, para la Argentina sería importante tener relaciones económicas más diversificadas. La introducción del euro y el acercamiento a Europa les van a permitir una gestión económica menos cíclica y vulnerable ante las coyunturas. Y sería un aliciente para más inversiones.

-Recién fue crítico respecto de la situación local. Si piensa así, ¿por qué el banco está aumentando su actividad en la Argentina en los últimos tiempos?

-Société Générale no va a invertir en la Argentina para irse ante la primera dificultad. Estamos aquí hace más de 10 años y lo que tenemos es una visión a largo plazo. Obviamente hoy tenemos una actitud prudente por la situación actual; pero eso aún no nos hace decir que debemos dejar nuestras inversiones.

-¿Cómo evalúa hasta aquí la experiencia del euro y qué expectativa futura tiene teniendo en cuenta que comienza a circular efectivamente el 1º de enero?

-Por un lado está el euro como moneda, como divisa, que ya existe. Nuestra expectativa en este sentido es que se realice una gestión más activa de la moneda para coordinar mejor las políticas económicas en el nivel europeo. El segundo tema es que sólo el 1º enero el euro se va a meter en las billeteras de los ciudadanos. Va a ser una operación logística complicada, dado que hay que reemplazar millones y millones de billetes y de monedas. Pero eso va a tener un efecto psicológico que va a fortalecer la moneda y crear en la gente una mayor conciencia de unidad continental.

-¿Cree que ese efecto psicológico le va a permitir al euro empatar con el dólar?

-El punto importante en cuanto a las posibilidades de paridad es que la economía europea llegue a una verdadera y más efectiva unificación, algo que aún no se ha logrado en el nivel fiscal ni reglamentario de los mercados financieros.

Nosotros y los otros

-¿Qué le preocupa más: la posible recesión en EE. UU., la situación en Japón o la situación en la Argentina? Los analistas dicen que somos una bomba de tiempo.

-La situación de EE. UU. es más importante a nivel mundial. Pero creo que el manejo que de ella hace la Reserva Federal evitará el escenario más negro. En cuanto a Japón, hace bien en mencionarlo. Las autoridades japonesas parecen haber perdido el rumbo. Un mes tienen un plan de reactivación y al mes siguiente otro y no se les ve salida. Y si la situación continúa en los 3 o 4 años próximos puede tornarse grave para la economía mundial. La Argentina tiene un problema coyuntural grave. Pero debo decir lo mismo para EE. UU.: si las autoridades hacen lo que deben y está a su alcance la situación se encamina.

-Y, ya que lo dice, ¿qué debe hacerse?

-Lo principal ahora es evitar el accidente financiero. Las primeras medidas que se han tomado van por el buen camino para evitar este riesgo. Pero no sirven si al mismo tiempo no se tratan los problemas de fondo: la cuestión fiscal y el armado de una base productiva para la exportación.

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