Arte románico

Artes suntuarias. Tejidos. Pilas bautismales. Altar. Crucifijos

  • Enviado por: Dave
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ARTE ROMÁNICO

Las artes suntuarias eran muy valoradas, que principalmente eran trabajos en oro, plata, bronce, talla en marfil, bordados, y otras llamadas artes menores, no solo por los materiales costosos utilizados para su confección, sino, principalmente por su belleza.

Emplear él termino artes menores para la obra de hombres semejantes parece inadecuado, y por eso se viene usando, desde los últimos años el termino de artes suntuarias.

Muchos de estos objetos que entran dentro de esta categoría tienen un prestigio adicional debido a sus funciones, como relicarios, frontales de altar o tapas de libros litúrgicos. En otras palabras estos objetos estaban íntimamente relacionados con la liturgia, y adquirieron un particular carácter de santidad debido a esta relación. Por desgracia, los materiales preciosos en los que muchos de estos objetos estaban hechos los hacían vulnerables al saqueo y al robo. También era frecuente emplearlos o venderlos en los momentos de necesidad. Pero, a pesar de la destrucción de tantisimos de estos objetos con el transcurso de los siglos, todavía quedan bastantes para dar una idea de lo que estas artes suntuarias fueron durante el periodo románico.

El altar era lugar más importante en la iglesia, y solía estar adornado, ya fuera con un frontal esculpido, ya con uno pintado. En las iglesias más ricas, estos frontales estaban hechos en marfil, oro o plata y por lo general se decoraban con relieves martillados por detrás (la técnica del repujados), esmaltes y piedras preciosas. Algunos de los ejemplos notables subsisten en España, Alemania y los países escandinavos. Cuando un Abad o un Obispo viajaban, solían llevar unos altares portátiles profundamente decorados que contenían reliquias.

El estilo lineal y dinámico de las obras del artista Roger Helmarshausen se cree que muestra influencia italo-bizantina.

De los objetos propios de un altar, es él más importante era el crucifijo, que se solía hacer de madera, metal o marfil. El crucifijo donado por el Rey don Fernando I de España y su mujer, la reina doña Sancha, a San Isidoro de Leon en 1063 es un magnífico ejemplo de tales cruces. Es de 52 cm. de altura y tallado por ambos lados. Otro famoso crucifijo de fines de periodo románico se encuentra ahora en el Metropolitan Museum de Nueva York y se atribuye a la abadía de Bury Saint Edmund, Inglaterra.

De los crucifijos del siglo XII, un ejemplar importante de mas de 6 metros de altura, existió en la abadía de Saint-Denis, en donde estuvo a la entrada de la cripta. Hecho por encargo al abad Suger y consagrado por el Papa Eugenio en 1147, consistía en una base de fondo dorado, adornada con figuras de los evangelistas y placas de esmaltes. Este crucifijo ya no existe, pero conocemos su aspecto por descripciones.

Relacionado con el altar estaban los libros litúrgicos, algunos de los cuales se guardaban en el mismo altar o próximos a él; otros en la sacristía, y en algunas ocasiones, si su encuadernación contenía reliquias, con los relicarios.

La encuadernación de muchos de estos libros solía llevar placas de marfil, esmaltes o diseños grabados y constituían obras de arte del orden mas elevado.

Además de los altares, habían en las iglesias románicas otros numerosos objetos de gran belleza: Facistoles, estatuas, pilas bautismales, cancelas y preciosas colgaduras. El Tapiz de Bayeux (que en realidad es un bordado) con su incomparable historia de la Conquista de Inglaterra, solía estar colocado entorno a la nave principal de la Catedral de Bayeux en la Festividad de las Reliquias, el día o1 de julio de cada año. Muchas iglesias debieron de tener tejidos decorativos para estas solemnes ocasiones.

Otros tejidos, con frecuencia sedas bizantinas e islámicas, fueron utilizados para las ropas del culto.

Las pilas bautismales, por lo general, estaban hechas de piedra o de mármol, y su decoración era con bastante frecuencia recargada. Algunas de las mas historiadas pilas bautismales de piedra se encuentran en Inglaterra y en los Países Escandinavos, Aunque que en Suecia de modo excepcional, incluso hay pilas bautismales de madera.

La ultima etapa de este proceso de desarrollo que se encamina hacia un naturalismo todavía mayor se debió a otro artista notable de la región del Mosa, quizás él más importante de todos ellos; Nicolás de Verdun. Su reputación debió quedar bien establecida a fines de la década de 1170, puesto que fue llamado a Klosterneuburg, cerca de Viena, para hacer un púlpito destinado al monasterio de los monjes agustinos, labor que concluyo en le año1181. El púlpito contaba de numerosas placas de esmaltes con la representación de escenas relacionadas del Antiguo y Viejo testamento.

El arte de Nicolás de Verdún ya no es románico y presagia el estilo que habría de propagarse durante las primeras décadas del siglo XIII.

La contribución de los diferentes países en la producción de las artes suntuarias es difícil de valorar: en muchos casos la atribución de obras tan fácilmente transportabais es insegura. Sabemos que España produjo algunos primitivos trabajos en esmalte champleve, y que Limoges fue un centro esmaltes similares durante el final del sigloXII, de sí estas son españolas o francesas. Lo mismo podemos decir de los trabajos de esmalte de la región del Mosa y los ingleses, que están estrechamente emparentados entre sí en cuanto al estilo.

Las artes suntuarias, por lo tanto, lejos de ser un simple reflejo de obras monumentales, como las pinturas murales y la escultura de piedra, estuvieron, en muchos casos en la vanguardia del desarrollo artístico de este periodo. A los ojos de los contemporáneos, fueron los más dignos de encomio. Por ello es esencial, en la valoración del arte románico, concederles todo el crédito debido.